Me encontré con Marta en una fiesta

No tenía muchas ganas de salir esa noche, pero me había invitado un cliente a la inauguración de su nueva casa y no me quedaba más cojones que ir.

Me duché, me puse guapo y para allí me fui. Una copa y a casa, pensaba.

La fiesta estaba a parir de gente, y sinceramente no conocía a nadie. Busqué con la vista a mi anfitrión el cual según me vio vino a saludarme. Hablamos un rato, me presentó a un par de personas y en cosa de media hora volvía a estar más solo que la una.

Pensé en tomarme la copa que tenía en la mano e irme a casa cuando dos manos cubrieron mis ojos.

– Cucu – oí a mi espalda.

Cogí las manos y separándolas dulcemente me di la vuelta. Detrás mía una impresionante Marta me sonreía.
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La deuda

Irene tenía los ojos clavados en aquellas horribles fotografías, sus manos estaban temblando, su boca se secó y un escalofrío le recorrió todo el cuerpo cuando sintió un par de lágrimas rodar por sus mejillas.

-No ha sido la única, tengo pruebas de que han habido otras, pero a ésta es a la que ve más seguido… ¿Quiere ver las otras fotografías?-le dijo el hombre que estaba sentado frente a ella.

-No, envíelas a mi oficina en un sobre sellado, yo sabré que hacer con ellas, posteriormente.

-Lo que usted diga, en este otro sobre están las conversaciones de Whatsapp, correos electrónicos, estados de cuenta y direcciones de los puntos de encuentro.

-Usted es demasiado bueno en su trabajo.

-Siempre estoy dispuesto a ayudar a quien pueda pagarme.-El hombre la miró condescendiente.
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Un paseo por Madrid que termina en locura sexual 3

Esa cosa seguía creciendo y poniéndose dura en mi boca, más dura si cabe, algo casi imposible. Los suspiros y jadeos se oían más entrecortados pero más claros, el cabronazo estaba disfrutando…..y yo también. Estaba como loco chupando ese trozo de carne, me asombraba tanto a mi mismo que no podía pensar en nada más, solo hacerlo disfrutar.

A mi espalda oí un pequeño chasquido. Me saqué la polla del vecino de la boca un momento y oí un pequeño gemido de desagrado pero seguí moviéndola con la mano. Mientras lo hacía giré la cabeza hacia donde había venido el chasquido y vi en la pared contraria de esa cabina como la puertecita se había abierto y un par de ojos oscuros asomaban de ella escrutándome.

“Quieres mirar, no? Pues adelante, mira lo que quieras” musité para dentro al nuevo invitado…o invitada, vete a saber. Para darle más “carne” y como ya me daba igual todo, me incorporé un poco, aparté el sillón donde estaba sentado mamando esa magnífica polla, tiré de mis pantalones hacia abajo y me los saqué de las piernas junto a los bóxers.

Desnudo de cintura para abajo y con mi polla dura como un palo de hierro entreabrí las piernas un poco y me agaché para seguir con el “trabajo” a mi vecino que andaba desesperado porque siguiera jugando con mi boca en él, ofreciendo a esos ojos oscuros todo mi culo en perspectiva. Estaba realmente desquiciado, jamás se me había pasado por la cabeza hacer algo así nunca pero es que QUERÍA hacerlo, quería que me mirase bien, culearle como una puta, encenderlo más…..

Me metí otra vez la polla húmeda y dura del chico en la boca para seguir chupando y lamiendo. Este recibió mi boca con otro gemido y pegó las caderas a su pared para que me la metiera más al fondo. Seguro que si no hubiera existido esa pared me habría cogido la cabeza con las dos manos y me hubiera follado la boca, cosa que, como estaba de excitado yo, no me habría importado lo más mínimo. Era toda una revolución interior, estaba disfrutando como nunca de la situación y no regía, solo me apetecía hacer de todo, sin pensar, sin preguntarme….loco, ido.

De pronto noté una mano en la parte de atrás de mis muslos, unos dedos rozándolos levemente como pidiendo algún tipo de permiso. El propietario o propietaria de los ojos oscuros que tenía en la otra cabina había metido su brazo por el agujero de la pared y palpaba mis piernas. Yo, claro, me dejé hacer…..es más, las abrí un poco más y me incliné hacia donde estaba para que sobara lo que quisiera. Su mano subió hasta arriba y suavemente abarcó mis huevos hinchados por detrás. Era un hombre, la mano, el tacto lo delataba. Empezó a acariciarlos despacio, tocando con la punta de los dedos el principio del tronco de mi polla que no paraba de segregar precum. Tanto era el placer que me estaba dando solo acariciándome los huevos que me daban ganas de darme la vuelta para que me cogiera la polla y me masturbara aunque sabía que tardaría poco en correrme pero de pronto lo que tenía en la boca se paró, se tensó un poco más y oí gemir al chico de al lado algo como “me corro, hijo de la gran puta, me corro, ya, me corro yaaa”… Y vaya si se corrió!

No lo esperaba, había pensado retirar la boca cuando fuera a pasar pero no, al revés, me la tragué un poco más. Chorros calientes llenaban poco a poco mi boca, me iba a atragantar y la abrí para que saliera por las comisuras la lefa un poco amarga pero a la vez dulce del chico ya que me llenaba la boca. Pero no dejé salir mucho. La saboreé y me di cuenta de que me gustaba, es más, me ENCANTABA el sabor!….así que empecé a tragarme ese liquido como podía mientras el otro no paraba de correrse el cabrón. Cuando acabó, la limpié despacio con la lengua y labios hasta que de pronto se hizo para atrás y la quitó del maravilloso agujero del placer. Me quedé como huérfano, habría estado chupando y tragando más tiempo, así que miré por el agujero como implorando más polla pero mi vecino ya se subía los pantalones dando por concluida la “sesión”.

Resignado, pero aun excitado, noté que el que me acariciaba los huevos con la mano haciéndome disfrutar como un perro, me empezó a acariciar el agujero del culo con uno de sus dedos. Di un pequeño respingo porque no estaba acostumbrado pero de pronto el dedo entró un buen trecho por mi culo virgen. No sabía qué hacer, no sabía lo que sentía, no era dolor, quizá una leve molestia…. pero no me dio tiempo a analizar más: su dedo llegó a un punto de dentro de mi culo que yo no conocía y gemí como un becerro del placer……

La torre de babel

Todas las parejas ya estaban en el salón. Porque se habían desperdigado momentos antes. Yo sabía que había la posibilidad de que más de uno quisiera que yo me quedara sin participar activamente y me dedicara al manejo de la música, pero no pensaba estar de acuerdo y lo sometería a sorteo, esa sería mi propuesta. Hare un resumen de las nueve parejas, todas de la misma edad año arriba año abajo. Los que me trajeron Valentina y Jorge, Larisa y Dacio, Rosario y Tabares, Marcia y Geraldo, Teresiña y Edson, Isamar y Gregorio, Isadora y Cristóbal, Agustina y Martin, Mónica y Miguel. Una vez más y como suele pasar con cierta frecuencia, las mujeres estaban más cuidadas físicamente que los hombres, aunque había alguna excepción.

Llego el momento de la verdad cuando Dacio pidió que le prestáramos atención y pregunto que, si había algún voluntario, paradójicamente los hombres no dijeron nada, pero si tres mujeres, que dijeron que su marido. Las tres mujeres fueron Isadora, Rosario y Mónica. Al final lo echaron a suertes y el “afortunado” fue Cristóbal. Me volvieron a preguntar a mi como seguía el juego, les explique que los hombres se desnudaban y las mujeres se quedaban vestidas e iban perdiendo las prendas. Hubo risas, muchos comentarios desternillantes y atrevidos.
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Vecina Entrometida

Aún recuerdo esa vez en el callejón con aquel desconocido y aquel gran orgasmo, ahora no esperaré más en el callejón a Armando, hemos quedado de vernos en casa. Estoy esperándolo cuando suena el timbre, acudo a abrir y mi sorpresa es cuando llega una conocida mía, no sabía cómo decirle que estaría ocupada en unos momentos más, ella se ha invitado a entrar y vaya nos hemos puesto a platicar; minutos más tarde vuelven a tocar la puerta, acudo al llamado y en esta ocasión si era Armando, como siempre guapo, alto, fornido, con este cuerpo atlético que me apasiona, y disimuladamente le hago una mueca indicándole que tenemos visita, el siempre tan educado pasa y como si fuera lo más normal y conocida le hace la plática.

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Me la follaron en un congreso

No sé si lo he dicho ya en algún otro relato, pero mi mujer trabaja para un organismo de la Junta de Castilla y León, y a veces tiene que andar viajando a congresos y reuniones en distintos puntos de España durante varios días. A mi me excita mucho la idea de que pueda estar con algún otro hombre durante esos días, así que no es extraño que cuando estamos follando muchas veces la pinche con la idea de que pueda estar con otros:

– Ummmmm, cariño, ahora vamos a estar 5 días sin follar mientras estás fuera.

– Bueno, sin follar igual estarás tú. Yo puedo estar con otros tios mientras estoy allí.

– Pues es verdad, ya sabes que tienes mi permiso.

– Ummmm, ya sé que eres un cerdo cornudo.

– Pero te dejo con dos condiciones.

– ¿Cuales?
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Mi sobrino Damián coge bien rico

El cumpleaños de mi esposo se celebró este viernes 11 de noviembre. La familia y amigos convivieron, excepto yo. Con una copa en la mano no fue suficiente para pasarla bien. Miraba a todos. De un momento a otro no se porqué mis ojos se centraron en mi sobrino Damián. Un chico de 24 años. Alto, delgado, piel clara y cuerpo atlético. No es feo, incluso diría que tiene muchas admiradoras. Lo vi aburrido. Se paró de la silla y entró al pasillo que daba a las recámaras. La duda me entró y lo seguí. Entró a mi recamara. Vió unas fotos mías con su tío. Mi esposo.

– ¿aburrido?

– tía, perdón.

– ¿por entrar a mi cuarto y ver mis fotos.

– …pues si, jeje.

– descuida. Está foto me recuerda a ti cuando tenía tu edad.

– ¿porque?

– pues…porque estaba soltera, me divertía en las fiestas, salía con mis amigas, coqueteaba con chicos. Hasta que salí de universidad. El trabajo y los años me comieron y me hicieron más vieja.

– como crees tía!! Digo, se que tienes 44 pero aún sigues estando bien.

– jaja ¿bien?

– jaja valla… Te mantienes sana. Luces delgada, eres hermosa, ojos cafés, cabello lacio, piel blanca, como a los hombres nos gusta, la verdad.

– órale que halagador eres, dije riendo.

– no me tomes a broma, lo digo en serio. Siempre haz sido hermosa. Si te contara como los amigos de mi tío te comen con la mirada.

– jaja no exageres. No te creo.

– en verdad, tía.

– uno de mis amigos le eres atractiva, dices que estás…
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Doña Cachonda. Cap.2.

El chaval aquel seguía inquietando a doña Lola, ése que laboraba de ayudante general en la abarrotera luego de haber desertado de la preparatoria antes sus malas notas y que optó por buscar un ingreso de dinero mientras concluía sus estudios mediante el sistema abierto. Le gustaba mucho a doña Lola, le apetecía, se le antojaba bastante. Guapo, alto, esbelto, un tanto atlético debido a que practicaba deporte, de buen porte, que acostumbraba usar jeans muy ajustados que delineaban su varonil y juvenil figura al igual que sus camisas entalladas. Era un como un pequeño manjar que doña Lola se quería devorar. Y, dejándose llevar por ese deseo, comenzó a seducirlo de a poco. Charlaba con él sin pretexto alguno, por el simple hecho de convivir un poco, preguntándole cosas de su vida que quizá resultaban banales pero que mostraban el camino a seguir y, la vez, lo allanaban. Conocer más de la presa, es lo que le da una ventaja al depredador.
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Lefazo en la cara

Una de las cosas que más morbo me produce, es imaginarme en la posición de una actriz porno, de rodillas, esperando que un macho se corra en mi cara, sentir como convulsiona y notar los chorros de leche caliente.

Ya hace años, la mayoría de las pajas que me hacía viendo porno, eran con este tipo de escenas, por mucho que me pusiese ver cómo las chicas eran folladas o cómo les comían el coño… al final, para terminar la paja, siempre acudía a las corridas faciales.

Con el tiempo me fui aficionando a las pollas, me he ido metiendo en el sexo gay, pero esta fijación ha seguido ahí y he podido experimentarla con gran placer.

Hecha esta introducción, os voy a contar cómo fue mi primer facial, o lefazo en la cara. Desde aquella he podido disfrutar de unos cuantos más, y recuerdo todos ellos (tampoco han sido tantos la verdad), pero este primero lo recuerdo con “cariño”.

Debió ser allá por 2003 ó 2004, en verano. Un día de semana, por la noche. Estaba en casa y con ganas de marcha. Yo estaba solo, mi mujer de viaje fuera de Madrid, así que el día perfecto para sexo furtivo, yo solo una buena paja guarra, o buscar algún macho con el que tener sexo homo. Empecé con lo segundo.

Estuve chateando buscando sexo en un portal típico que he usado durante años, y, después de un buen rato, encontré a un hombre maduro, de unos 45 años, extranjero… con un pedazo de polla… joder, tremenda. Me la enseñó por la webcam cuando ya nos lanzamos y menuda herramienta, qué pedazo de rabo. Quedamos en que me acercaría a su casa a hacerle una mamada.

Me pegué una ducha rápida y me lavé los dientes, él también había quedado en que lo haría para estar los dos bien limpios. Llegué a donde me dijo, un edificio de lofts. Para poder entrar me tuvo que abrir un portero que me preguntó a quién venía a ver… menudo corte. Se lo dije y me dejó entrar, indicándome donde podría aparcar.

Aquello estaba vacío, había muy pocos coches, me imagino que la mayoría de los lofts eran de empresa (se veían carteles por todas partes) y pocas viviendas. Aparqué en frente del portal que me había dado y bajé.

Hacía calor, yo iba en pantalón corto vaquero y camiseta. Estaba nervioso, mucho, de aquella tenía muy poca experiencia con otros hombres y en este tipo de contactos. Llamé al telefonillo y me contestó la misma voz que oí por la webcam. Nos saludamos y entré.

Además de nervioso, estaba bastante excitado claro, tenía la polla medio dura y, la verdad, no paraba de tocármela y frotármela. Todo el trayecto en coche hasta allí había estado rozándome el rabo con la mano. Estaba muy caliente.

Subí hasta su piso, aquello parecía un edificio de oficinas, bueno, de hecho lo era claro, cuando iba por el pasillo se abrió una puerta y salió alguien, era él supose. Me acerqué andando y llegué hasta él.

Sí, era él. Era muy alto y grande, me sacaba una cabeza de altura por lo menos. Nos saludamos y dimos la mano (que también era muy grande):
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La invitada

Entonces Ana mirándome otra vez con cara de complicidad cogió por la nuca a Teresa y la fue empujando y acercando poco a poco hasta la cabeza de mi polla, la cual debido a la situación empezaba ya a sacar las primeras gotas de líquido lubricante.

Entonces cuando estaba a pocos centímetros de ella, Teresa sacó su lengua y empezó a lamerla por todo su contorno. A continuación bajó hasta mis testículos y también me los estuvo lamiendo y chupando. Seguidamente se pasó un buen rato arriba y abajo saboreándola en toda su longitud desde la base hasta la punta, intentando también tragársela toda como si le fuese la vida en ello. Para ella debía de ser toda una gozada el poder estar sintiendo dentro de su boca aquella polla con la que tanto había soñado desde siempre, habiendo llegado incluso a masturbarse pensando en ella. Por eso se debía estar recreando tanto en cada cosa que iba haciendo. Realmente se notaba que estaba muy necesitada de una buena herramienta como la mía. Después mi esposa quiso unirse también a la fiesta junto a ella y entre las dos me la fueron chupando una y otra vez. Yo suelo aguantar bastante antes de eyacular, pero el tener a dos mujeres como aquellas allí lamiendo sin parar, la verdad es que me estaban haciendo llegar al clímax total, por lo que le propuse a mi esposa que si realmente quería seguir con aquello sería mejor que pasásemos los tres a la habitación, así me podría relajar un poco para que se me bajara algo la excitación y así poder continuar mejor. Entonces Ana se fue a preparar (esta vez sí) la última copa y al regresar y sin decir nada aunque mirándonos a los dos, se fue sola a la habitación. Teresa sin embargo se lo pensaba más. Por eso la tuve que coger de la mano para tranquilizarla y le dije que Ana normalmente no era así, y que si estaba haciendo todo aquello era tan solo por ella, para que pudiese disfrutar de una noche de placer y sexo del que tanto estaba necesitada.

Así que no debíamos de defraudarla. Teníamos que intentar pasarlo lo mejor posible y sin ningún tipo de problemas. Le dije también que aquello no debía de afectar para nada en nuestra relación de pareja, ni en su amistad con nosotros. Dicho todo eso, nos adentramos también en la habitación. Una vez lo hicimos vimos que Ana ya se había desabrochado la blusa, dejando entrever así sus bonitas tetas bajo el sujetador. Entonces Teresa se abalanzó sobre ella queriendo abrazarla de nuevo para agradecerle todo lo que yo le había estado contando, pero al estar las dos bastante alegres, cayeron juntas a todo lo largo de la cama quedando una frente a la otra con sus caras casi pegadas. Ninguna de las dos paraban de reírse y se miraban a los ojos con mucha sensualidad, tanto que yo desde mi privilegiada posición me atrevería a decir que las dos estaban deseando volver a sentir aquella nueva sensación del beso en los labios que se habían dado con anterioridad.

Yo al entrar en la habitación llevaba ya la polla a media asta, pero después de ver todo aquel espectáculo volvía a tenerla otra vez mirando al techo. Entonces comprendí que aunque ellas tuviesen ganas de hacerlo debido a la calentura del momento, por sí solas no iban a atreverse a dar el paso, así que decidí ser yo quien tomase las riendas de la situación. Para ello me desnudé por completo ante ellas y me subí también a la cama indicándoles que se pusieran de rodillas una frente a la otra. Entonces sin dejarlas reaccionar mucho, les puse mi polla en medio de sus caras, diciéndoles que entre las dos tratasen de lamerla en toda su longitud. Ellas al principio se miraron extrañadas pero fue Ana quien poco a poco, empezó a jugar con su lengua sobre mis testículos e invitó a Teresa a que hiciese también lo mismo. Después tras una indicación mía, fueron subiendo por mi polla cada una por su lado hasta llegar a la punta. Una vez allí empezaron a lamerme todo el glande y luego en círculo toda la cabeza de la polla. Yo desde arriba podía ver como en cada vuelta que daban sobre ella con su lengua, acababan juntando sus labios una y otra vez dándose unos buenos besos mezclados entre salivas y líquido de mi polla. Después siguieron chupando y tragando como si aquello para ellas fuese un campeonato de haber quien se la podía meter más adentro, notando en alguna ocasión como chocaba ya mi polla contra sus gargantas. Yo con todo aquello estaba encantado y para no dejar que se enfriase ninguna de las dos, les dije que si querían seguir adelante ahora era el momento. Entonces se miraron con caras de viciosas y al aceptar les indiqué que se acabasen de quitar toda la ropa y se pusieran a cuatro patas sobre la cama, una junto a la otra.
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