30 años no es nada

30 AÑOS NO ES NAD

Tuve que hacer unas gestiones en un pueblo donde tengo una casita de vacaciones y mientras esperaba la llegada del bus me encontré a un amigo de la infancia al que no veía desde hacia más de treinta años y que también iba al mismo pueblo, lógicamente hicimos el viaje juntos durante el cual, (poco mas de una hora y media) Juan y yo nos contamos anécdotas ocurridas a lo largo del tiempo y me dijo que se había acordado de mi con frecuencia.

Juan continuaba con la costumbre de abrazarse al brazo de su interlocutor al mismo tiempo que se reía cuando algo le hacia gracia, lo que ocurría a cada minuto por lo que no le di mas importancia porque ya digo que era una costumbre que ya tenia en la adolescencia, pero noté que la intensidad y duración de los abrazos se prolongaban en exceso y empecé a sentir un cierto cosquilleo y en uno de los abrazos mantuve el brazo a lo largo de su cuerpo y con el antebrazo rozando su paquete; él no se movió y yo tampoco. Situaciones similares se repitieron varias veces y decidí, en uno de los abrazos apoyar mi mano en el interior de su muslo bien cerca de su paquete sin que Juan se moviera. Aunque llevo una vida hetero bastante activa mi relación con hombres ha sido casi nula (tres o cuatro trabajos manuales en mi adolescencia) pero la verdad es que, aunque estas relaciones no me habían interesado tampoco había tenido ni buscado la oportunidad de tener ninguna así que el escenario me estaba atrayendo al punto que estaba iniciando una erección.

Cuando llegamos al pueblo y como las gestiones no nos iban a ocupar mucho tiempo decidimos quedar para ir a comer juntos pero antes y dado que disponíamos de un buen tiempo libre le dije que yo pensaba pasarlo tomando el sol en el jardín de mi casa y que como ya hacia buen tiempo, lo iba tomar desnudo y con cierto nerviosismo le pregunté si quería acompañarme. Me dijo que si y nos despedimos.

Resuelto el asunto que me había traído me fui a casa, preparé dos hamacas juntas en el jardín, me desnudé y esperé la llegada de Juan tomando el sol sin tener muy claro lo que iba a pasar pero estaba bastante nervioso y mantenía la erección.

Como a la media hora llamaron a la puerta, me puse un albornoz y fui a abrir. La verdad es que se me aceleró el pulso aun sin saber quien era. Cuando abrí la puerta, allí estaba Juan, entró y le dije que ya estaba tomando el sol, así que pasamos directamente el jardín; durante el breve camino dejé que se me abriera el albornoz y se me viera la erección que mantenía y pude notar que Juan no quitaba ojo a mi entrepierna. Cuando llegamos al jardín me quité el albornoz, Juan también se desnudó y nos tumbamos cada uno en su hamaca.

Pasaba el tiempo y lo unico que hacíamos era tomar el sol, mirarnos y hablar y Juan seguía con sus achuchones en el brazo pero dado que estábamos desnudos el asunto empezó a darme mucho morbo pensando en tener una, para mi novedosa experiencia sexual, pero había que romper el hielo. Me vino a la cabeza una idea feliz y pensé que el aceite de protección solar podía ser mi aliado así que le dije: “Juan no te has dado protección solar y te vas a quemar, si quieres te traigo una crema” la idea a Juan le pareció estupenda.

Entré en la casa y tomé un frasco de aceite protector y cuando volví al jardín le dije “Juan si no te importa, me encantaría darte yo el aceite” “Me parece estupendo” me contestó. Empecé con los brazos extendiendo suavemente el aceite en su brazo extendido que apoyaba sobre mi muslo y cerca de mi miembro, que se mantenía levantado. Cuando terminé con los brazos empecé con la cara y el cuello también con toda la voluptuosidad que era capaz. Inicié el recorrido por el pecho, Juan mantenía los ojos cerrados y respiraba de forma entrecortada porque le estaba dando un buen sobeteo y estaba claro que se estaba poniendo a tono; le magree sobre todo las tetitas hasta conseguir que los pezones se le pusieran bien tiesos. Seguí con el aceite por todo el pecho hasta llegar al ombligo y comprobé que Juan tenia ya una erección (parecida a la mía), se veía que el masaje estaba haciendo los efectos deseados. Al sobrepasar el ombligo evité el tocarle el pene y le pregunté con la voz más suave que pude y casi tartamudeando por los nervios:

“Juan ¿quieres que siga? Dio un pequeño gemido y asintió con la cabeza.

No lo pensé más, me unté la mano de aceite y fui directamente a sus huevos que embadurné e inicié un suave masaje incluyendo las ingles mientras Juan suspiraba y gemía suavemente. Ya no pude mas le tomé el pene con ambas manos y tras tres o cuatro vaivenes me lo metí en la boca y empecé una suave chupada. A Juan le gustó pues me cogió de la cabeza y de un empujón me la metió entera en la boca. Después de darle unas chupaditas desde la base de su pene hasta la punta le descapullé bien (Juan no está operado de fimosis) y rodee glande con los labios y froté el ojito con la lengua chupando como si fuera un helado. Viendo la calentura que teníamos los dos le propuse que fuéramos a la cama. Juan asintió y, abrazados como dos novios, nos encaminamos hacia la escalera (el dormitorio está en el segundo piso). Durante el camino nos estuvimos magreando y descubrí que morderle el lóbulo de la oreja y meterle la lengua dentro del oído le hacia ponerse como loco agarrándome las nalgas, apretándose contra mi pene y presionándome el ano con los dedos. Fue la primera vez que me acarició el pene, lo que me hizo estar a punto de correrme varias veces. En el camino nos confesamos:

“Juan va a ser la primera vez que me voy a la cama con un hombre”

“¿De verdad que voy a ser yo quien te desflore?”

“Si cariño, te voy a dar mi tesoro en donde nadie ha entrado, pero por favor házmelo con suavidad, que no me duela y que me haga desearlo para mas veces”

“Te voy a hacer disfrutar lo que no te imaginas porque te voy a hacer lo que he soñado en mis fantasías eróticas a lo largo de estos años, en las que frecuentemente eres protagonista recordando tu cuerpo y tu culito cuando éramos adolescentes y nos bañábamos desnudos en el río y que ha sido motivo de que me hiciera muchas pajas con tu recuerdo.”

Con esta confesión nos enlazamos en un apasionado beso y allí mismo, al pie de la escalera nos abrazamos, besamos, restregamos y acariciamos nuestros sexos y entre suspiros y gemidos y casi a la vez nos derramamos empapando nuestros vellos de torrentes de leche y seguimos restregándonos durante un buen rato. Sin hablarlo, quedó bien claro que en esta pareja yo tendría el papel de hembra.

Algo mas tranquilos y después de limpiar el suelo de la leche caída, fuimos al bidet para lavarnos el uno al otro. Empecé yo con él, después de jabonarle los vellos, el pene y los huevos con suave delicadeza, le aclaré y me gustó tanto que no pude por menos empezar una nueva mamada, hasta que ya en erección, Juan me dijo que parase que teníamos que dejar algo para la cama.

Ahora empezó él con mi lavado, lo mismo que hice yo me enjabonó bien toda la zona pero noté que hacia especial incidencia en mi ano, con el dedo embadurnado de gel lo que, aparte del gusto que me estaba dando, me hizo preguntarle que pretendía, “Calla tonta que te estoy preparando para que disfrutes haciéndote lo que no te imaginas”

Por fin fuimos a la cama desnudos y los besos, caricias, mordisquitos y chupadas nos calentaron bien y yo inicié unas caricias manuales en la zona entre el final del escroto y el ano que a Juan le volvieron loco, seguí con una mamada disfrutando de las caricias que Juan me hacia en mi cabeza que yo tenia entre sus muslos y de los suspiros y gemidos de placer conque mi niño me regalaba.

Cuando ya estábamos bastante calientes me hizo ponerme a su lado y me dio unos cuantos azotes que me gustaron y pusieron aun mas caliente y me dijo.

“Prepara tu culito virgen que va a dejar de serlo y vas a gozar como nunca”

“¿A base de azotes? Le dije yo en broma.

“Tu déjame hacer a mi que yo también voy a disfrutar lo mío…”

Me hizo poner a cuatro patas y abierta de piernas ofreciéndole la flor que ningún hombre antes había poseído.

Me dio otros tres o cuatro azotes con lo que se enrojecieron y sensibilizaron mis nalgas y a continuación después de un buen sobeteo de nalgas me cogió las dos cachas y me las abrió dejando mi anito del todo a su merced. Me asuste un poco y le dije que si no iba a lubricarme porque, aunque su pene no es muy grande, hacerlo en seco podría ser doloroso. No me contestó pero de pronto sentí una sensación muy intensa que me subía desde el ano, algo suave y húmedo que se movía sobre él y pedía paso, en seguida me di cuenta, ¡¡Juan me estaba lamiendo el ano y metiendo la punta de la lengua!! La sensación era maravillosa y solo podía dar gemidos de placer y animarle a que siguiera y no se cansara. Pasado un maravilloso rato, Juan sacó su lengua de entre mis cachitas y me dijo:

“Has disfrutado lo tuyo mi amor, ahora vamos a disfrutar los dos” Tomo el frasco de aceite solar, se embadurnó bien el pene y los dedos y me introdujo uno suavemente en mi flor. No me dolió nada, supongo que entre la salive y el aceite, la lubricación era excelente. Ahora Juan apoyó en mi cadera una mano y con la otra dirigió su pene a mi tesoro restregándolo y humedeciéndolo aun más con su líquido preseminal. Yo le rogaba que tuviera piedad, no me hiciera desearlo más y que me penetrara de una vez que estaba loca por recibirle…

En poco tiempo note la presión de su pene abriéndose paso por mi tesorito. Al principio noté una ligera molestia pero fue pequeña hasta que me entró su bellotita y cuando quise darme cuenta tenia los huevos de Juan pegados a mi culo le dije “Ya me la has metido entera te he dado mi flor, ya soy tu mujer” me contestó, “Si mi vida ahora hay que gozar” y empezó el meneo adelante y atrás hasta casi sacarla y volverla a meter hasta el fondo, lo hacia muy despacio y cuando casi salía su bellotita y volvía a entrar las sensaciones eran maravillosas y yo le animaba entre gemidos de gusto “Así mi vida, sigue que me vuelves loca, así siiiii asiii…no te pares” (la verdad es que me he dado cuenta que soy un poco escandalosa cuando me enculan). Por desgracia Juan estaba muy caliente así que un no hubo muchos vaivenes hasta que Juan empezó a acelerar el movimiento y se quedó por un momento parado, presionando contra mi culo abrazando mis caderas y gimiendo con fuerza ¡¡se estaba corriendo y llenándome el culo de su leche!!Después de un ratito deshicimos el abrazo, Juan me desmontó y nos quedamos abrazados con su leche empezando a escurrir por el interior de mis muslos y es que la corrida había sido tremenda.

Después de un rato de caricias y besos le dije: “Juan, tu ya te has corrido y a mi me has hecho gozar, pero yo no me he corrido y fíjate como la tengo de tiesa que parece que se me va a romper, ¿no quieres hacer nada a tu nena?” A esto Juan se río y dijo, “Pues es verdad, habrá que hacer algo al respecto” Empezó a masturbarme con toda suavidad, yo le rogaba “Por favor sácame toda mi leche” y cuando notó que mis suspiros delataban que estaba a punto de correrme se agachó, me metió un dedo en el culo y con la otra mano me agarró el pene y me hizo una mamada maravillosa con la que me vine abundantemente.

Al poco tiempo decidimos comer y yo cociné como ama de casa que era. Seguí desnudo pero me puse un mandil para no salpicarme pero la espalda y las nalgas los tenia al aire, a Juan le encantó y cada vez que pasaba cerca de mi me daba un azote o un pellizco en las nalgas y me decía que reparase bien sus fuerzas porque después de comer me iba a dar una buena sesión como así fue y pasamos la tarde, yo haciéndole lo que mas le gustaba que eran mis atrevidas chupadas y él montándome como un semental caliente a su yegua en celo y dándome placer en mi recién estrenado juguete y confesándome que mis nalgas eran apetitosas, bien duritas, sin nada de celulitis y con una piel suavísima, cosa que yo nunca había comprobado pero que es totalmente cierto. Mis nalgas son su zona favorita en los juegos sexuales.

A decir verdad nunca me había planteado tener una relación con un tío y además asumir el papel de mujer teniendo en cuenta que en mi vida laboral soy considerado eso que llaman un “ejecutivo agresivo” pero he descubierto que me encanta comportarme de forma opuesta, ser sumisa, vestirme de mujer muy provocativa y que me trate como a una princesa y me haga regalos y tenga detalles femeninos como regalarme cajas de bombones o ramos de flores En nuestra relación vivimos separados y nos vemos de vez en cuando en su casa donde guardo mis coquetas medias negras con costura y blonda en la parte superior (nunca pantys), mi liguero, mis tangas o braguitas negras de encaje, mi minifalda negra bien cortita y apretadita, mi sostén que relleno con goma espuma para dar mas credibilidad, mi picardías transparente para los fines de semana y los zapatos rojos que me regaló Juan con unos espectaculares tacones altos de aguja con los que es imposible que me acostumbre a andar pero que con mis medias me hacen unas preciosas y femeninas piernas. Lo completo con mi lápiz de labios de rojo intenso y una sombra de ojos negra y suelo llevar un pañuelo en la cabeza (aunque tengo buen pelo) anudado como las campesinas rusas (la peluca la probé pero ni a mi ni a Juan nos gustaba) lo cierto es que, como dice Juan, con todo parezco un auténtico putón, pero a mi me encanta y a él también…

Cuando nuestro trabajo nos lo permite, nos vemos por la tarde en su casa, suelo llegar yo primero, me lavo en el bidet y me perfumo, preparo algo para comer y me visto con las ropas que os he contado me pinto los labios, me doy la sombra de ojos y me pongo el pañuelo, cuando Juan llega salgo a recibirle con mis zapatos rojos de tacón alto exagerado. Siempre me trae un regalito, sobre todo flores, y me dice cosas sobre mi aspecto, lo mas habitual es “Que pinta de puton tienes” o “Hola zorra” y cosas parecidas; yo le contesto de la manera mas grosera que puedo, nos reímos y nos damos unos achuchones, con cuidado porque yo soy mas alta que él y mas con los tacones y al abrazarnos su cara me llega a las tetas y un día se me ahoga.

Me encanta hacer lo que llamamos “el caballito” en que después de haberle contestado lo mas obscenamente que puedo a sus frases acerca de lo puta que soy y cosas parecidas me dice que hay que domarme y me pone tumbada boca abaja en su regazo, me levanta la falda y me da unos buenos azotes hasta que mis nalgas se ponen coloradas y la piel muy sensible. Con las nalgas bien coloradas me da un buen magreo con sus pellizcos, algún que otro mordisquito y restregón del pene, luego se baja los pantalones y se sienta en el sofá con el pene bien tieso y me dice: “Anda putita cabalga a tu semental” y yo, vestida como una golfa, me lubrico el ano y su pene con el lubricante vaginal que usamos, me hago a un lado la cinta del tanga y me siento sobre él con cuidado de quedar empalada por su miembro, luego una cabalgadita de sube y baja dándome azotes y pellizcos en los pechos. Otras veces es el semental el que actúa y me hace ponerme a cuatro patas como si fuera una yegua y mi semental me cubre con furia. Cuando ya me ha penetrado y le pido “dame caña y lléname de ti”, empieza el vaivén, me acaricia los pechos y me masturba hasta que nos derramamos los dos, yo en el tanga y Juan dentro de mi culo. Así que yo tengo que hacer tres trabajos, ¡lavar el tanga con mi leche, lavarle los bajos a Juan y lavarme la leche que me chorrea por el interior de mis muslos!

Los fines de semana que pasamos juntos también son deliciosos. El viernes por la noche cena en un restaurante, copas y algún lugar con música, luego volvemos a su casa y puede pasar cualquier cosa (incluso no pasar nada). Nos dormimos desnudos y abrazados. Por la mañana yo me levanto la primera, preparo el desayuno y mientra él se despierta, me visto (es una forma de hablar) con el picardías transparente y un tanga mínimo de encaje negro y me maquillo muy exageradamente sobre todo los labios, como una puta barata, me meto debajo de las sábanas y empiezo una chupada de los huevos y el pene con la que despierto a mi niño, y le digo que necesito algo de leche para el café y que si sabe donde puedo encontrarla. Me encanta dejarle los huevos y el pene y sobre todo la bellotita bien manchaditos del carmín de mis labios y luego con mi picardías y tanga, dejo que estando yo totalmente pasiva juguetee conmigo hasta llevarme a un buen orgasmo; luego viene una ducha mutua en la que me tengo que esmerar en limpiarle el carmín de la bellotita y los huevos mediante una buena enjabonada, pero tengo que descapullarle para lavarle bien la bellotita, eso le trae unas sensaciones deliciosas y me dice cosas como que le voy a dejar seco. Yo soy mucho más dulce y le digo cosas como “Tómame que soy solo tuya” solemos acabar con otra sesión de sexo de manera que las mañanas de los sábados las acabamos bien relajaditos y bien ordeñados, incluso a veces demasiado, de hecho hace dos fines de semana durante el sábado que nos lo pasamos entero en la cama, excepto para comer, yo me corrí ocho veces…

A Juan le encanta y a mi mas, el comerme el culo, las sensaciones al lamerme el ano y meterme la punta de la lengua son maravillosas, sin embargo a mi no me gusta hacérselo a él, como tampoco el tragarme su leche cuando se corre en mi boca. Lo que funciona bien es mi ano que está dilatadito y no me duele cuando me mete la bellotita y todo es placer antes, sobre todo los fines de semana, me dejaba el ano muy irritado y lo tenía dolorido durante dos o tres días.

Esta es mi historia real que no se cuanto durará pero mientras dure¡¡a disfrutar!!

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