A la conquista de una madura inalcanzable (i)

Todo iba volviendo a la normalidad. Aquí todavía en el mes de septiembre hace una buena temperatura y se puede ir todavía a la playa. El barrio volvía a estar como siempre, los que se habían ido de vacaciones ya estaban de vuelta.

Acudí otra vez al consejo parroquial y ahora había más gente, bastantes más mujeres, eso sí un hombre de unos 70 años también estaba en el consejo. No sé qué hacia allí, porque al rato de estar hablando la gente, él estaba más dormido que despierto, tampoco era de extrañar porque Eugenia y el párroco en un mano a mano, nos soltaban un tostón que aburría hasta a las ovejas.

Después de finalizar, decidieron ir a una cafetería cercana a tomar algo, yo me iba cuando me insistieron para que las acompañara, quise disculparme para no ir, pero al final acepte. En la cafetería la conversación llevaba más o menos los mismos derroteros que antes, pero entonces una de las mujeres nuevas, empezó a contar sus vacaciones, que si había visto una playa nudista, que había algunos que eran una “barbaridad”… enseguida Eugenia toda colorada se despidió diciendo que tenía prisa.

Una vez que salió de la cafetería todas rieron, porque el comentario lo hizo para que se pusiera nerviosa y se marchase. Cuando oí eso, decidí tirar la “cañita” para averiguar más de ella, pero sin mostrar mucho interés. Me quedé asombrado de lo fácil que fue. En resumen, iba todos los días por la mañana a la iglesia, algunas decían que le hacía falta un buen revolcón y lo decían riéndose. Otra decía que por lo que ella sabía, no tenía sexo hace mil años. Como vio duda en algunas caras, nos confesó que una vez en una media discusión, dijo que eso del sexo era un mito, que si llevas mucho sin hacerlo te acostumbras y no lo necesitabas.

Después de decir eso, se produjeron todo tipo de comentarios, bueno más que comentarios, simplemente burlas. Yo decidí irme, fui analizando todo lo oído, que fue mucho y me extrañaba que hubiera alguien así, lo digo por Eugenia. Pero si una cosa tengo clara es que todo el mundo tiene un lado débil, frágil o vulnerable, sería cuestión de encontrarlo.

Cuando iba para mi casa me encontré con Bárbara que iba con una amiga, esta vez me regalo una sonrisa de oreja a oreja. Cosa que me extraño, pero lo que más me llamo la atención fue el repaso visual que me dio su amiga, fue una descarada, era de la misma edad y me di cuenta a la primera que tenía que ser muy “peligrosa”. Era como ella, pero prácticamente sin tetas, pero el resto estaba muy bien, caderas anchas y un buen culo.

Esperando el ascensor, Bárbara me dijo que lo había dejado con el chico que salía y yo le pregunte… ¿Y eso?, ella lacónicamente me dijo… “Era un criajo”, ahora entendía lo de la sonrisa. Cuando llegamos a nuestra planta ella abrió la puerta de su casa y yo la de la mía, cuando iba a cerrarla oí…

-Oye Carlos, un momento que te quiero preguntar una cosa. (Diciéndole a su amiga que entrase que ahora iba ella)

-¿Qué quieres preguntar)

-Si esta tarde tendrías un momento para charlar en tu casa.

-Para charlar precisamente no tengo tiempo.

-Jo, como eres, quien dice charlar….

-Pues si quieres “charlar” (Dije con ironía) tendrás que venir bien acompañada.

-¿Y eso que quiere decir?

-Pues por ejemplo con tu madre o con esa amiguita que te está esperando.

-Imposible del todo. Porque con mi madre no quiero y con Paola imposible. No la conozco tanto para… está aquí accidentalmente, ha venido a recoger una cosa. Pero ni tan siquiera hemos salido nunca juntas.

-Mira es tan puta o más que tú. Así que tú misma. Ciao.

Cerré la puerta y mire por la mirilla. Se había quedado bloqueada, tardo un poco en reaccionar. Pero reflexione en lo que me había dicho. Era verdad a esa chica nunca la vi por aquí y conocía a todas sus amigas. Me sonó el teléfono y era Carmen…

-Te fuiste muy pronto de la cafetería.

-¿Hubo algo interesante en mi ausencia?

-Que más de una se acostaría contigo, bueno, por lo menos de palabra.

-Oye Carmen una duda que tengo. Como es que Eugenia no viviendo por aquí, viene a esta parroquia.

-Ella en su tiempo vivió, bueno el piso de sus padres sigue estando aquí, lo tiene alquilado. Pero es por el párroco, es como antiguamente se decía, su maestro espiritual o algo así. Pero es una mujer inalcanzable, ya te lo digo.

-Se me olvidaba, tu hija quiere “charlar” conmigo, ya me ha dicho que lo dejo con el chico que salía.

-¿Qué le has dicho?

-Que vengas tú también.

-Eso no.

-Pues entonces de ninguna manera.

-No seas capullo, me da igual con cualquier otra pero con Bárbara no.

-Pues te digo lo mismo que a ella, tu misma.

-Pues… YO MISMA… ADIOS. (Colgó dejándome con la palabra en la boca)

Ya veríamos quien cedía antes. Porque yo no tenía intención de ceder. Por separado eran dos “bocados” muy exquisitos, pero juntas era… la apoteosis.

Esa misma noche, me llamo Bárbara, para decirme que había convencido a su amiga para que se quedase el día siguiente por la noche a dormir en su casa. Para luego pasar a hacerme una visita y que por lo que se ve le gusto eso, pero eso sí, que sería yo el que tuviera que iniciar todo, que con esta chica no quería meter la pata. Yo para que volviera al redil, la dije que no sería suficiente, que tenía que venir su madre también.

Por su voz se notó, que se enrabieto y se mosqueo, diciéndome… ¿Qué parte es la que no has entendido de que con MI MADRE ¡NO!? El tonillo no me gusto, así que directamente corte la llamada. Volvió a sonar el teléfono y corte sin contestar, así hasta cuatro veces.

Puse la televisión, estaban poniendo una película de suspense, la pille empezada pero estaba interesante. Pero me venía una y otra vez como poder estar con Eugenia. Empecé a ordenar en mi mente toda la información que me llego por distintas personas. La cosa era complicada. Lo primero era conseguir un punto de unión con ella, un puente para acercarme a ella. Ya que cuando llegaba a las reuniones, todas las mujeres me daban dos besos menos ella, que antes de acercarme ya tenía estirada la mano para saludarme, luego durante las reuniones, no dejaba ningún resquicio para tomarme ninguna confianza.

Al día siguiente lo primero que hice fue llamar y hablar con mi tía, que seguía fuera de Alicante. La pedí el favor de que contactara con Eugenia, con cualquier excusa, para hacerla saber que yo era su sobrino, vamos que me allanara el camino. Oí como mi tía se reía y me decía que era una pérdida de tiempo, pero que si era lo que quería… me haría el favor, que ya encontraría una disculpa para llamarla.

Mi tía haría de puente o eso esperaba yo. Ahora era cuestión de irse al gym y pensar en que pasaría esta noche. Al salir de casa, más o menos a la misma hora que otros días, se abrió de golpe la puerta de la vecina, era Bárbara que por lo que se ve estuvo pendiente de mi salida y se bajó conmigo a la calle.

-Carlos, lo de esta noche con mi madre no puede ser. Primero porque esta mi padre. Segundo porque ella seguro que no querrá y tercero porque a mí no me apetece.

-Primero, tu madre sabe cómo hacer para torearse a tu padre. Segundo, tu madre lleva mucho sin follar, seguro que querrá y tercero si a ti no te apetece, pues no pasa nada, ves a buscar a tu ex, que seguro que no te sabia follar como yo, ¿Verdad?

-Eso que más da. ¿Es que no tiene bastante con nosotras dos, que tiene que venir mi madre? Además así será más difícil con Paola, si hay alguna posibilidad estando mi madre se pierde.

-Tu sabes que no es así, si hay alguna posibilidad, que tú ya sabrás si la hay, no pasara nada por estar tu madre. Bueno haz lo que quieras te dejo que voy al gym.

No sabía si vendrían o no, tenía bastantes dudas. Lo único a mi favor eran las ganas tanto de la hija como las de la madre. Estuve un buen rato en el gym y me fui para casa. Cuando iba en dirección a mi casa, vi a madre e hija, con bolsas del supermercado que iban en la misma dirección, pero yo a unos pasos de ellas. Las veía gesticular y como si fueran medio enfadadas, no sé porque pero me daba que iban hablando de lo de la noche y no conciliaban posturas.

No las quise alcanzar, pero cuando se metieron en la panadería del barrio, acelere mi marcha para no coincidir con ellas en el ascensor. Por la tarde quede con unos compañeros de la universidad y nos fuimos a tomar algo. Cuando salía para encontrarme con los compañeros, llegaba Paola la amiga de Bárbara, vaya como venía la niña, no sé cómo sus padres la dejaron salir así, más que una falda era un cinturón grande lo que llevaba. La deje pasar y la salude, ella me devolvió el saludo con una mirada y una sonrisa pícara total.

Ahora pensaba que sería una pena que esta noche no fructificase la “reunión”, una autentica pena. El problema iba a estar en madre e hija, porque el marido llegaría como casi todas las noches pasadito de copas y se quedaría dormido en nada de tiempo. Con Paola no veía yo mucho problema.

Se me hizo un poco más tarde de lo que yo quería, aligere el paso para llegar a casa. Nada más llegar decidí darme una ducha antes de picotear algo en la cocina. Ya que al haber llegado tarde no me daría tiempo a cenar. Nada más acabar la ducha, oí sonar el timbre varias veces. Me dio la sensación de que llevaban llamando un rato y con el ruido de la ducha no me entere, me enrolle una toalla a la cintura y fui a abrir todo mojado.

Efectivamente, nada más abrir, Bárbara me dijo que llevaban un rato llamando, si es que no quería invitarlas a la copa que dije. Las hice pasar Paola se la veía encantada, A Carmen ni fu ni fa y Bárbara se la veía muy decidida.

Me disculpe y dije que me iba a terminar de secar y vestirme, Bárbara que se veía que llevaba la voz cantante, dijo que por ella podía seguir así, sonriéndose la tres. Me cambie rápido y regrese al salón. Dije que no sé si tendría alcohol y vi que habían traído una botella de Baileys Original Irish Cream, no sabía si tenía alcohol o no. Ellas me lo aclararon rápido, tenía alcohol. Me dijeron que ahora lo único que hacía falta era hielo. Riéndose me dijeron que de eso si tendrás.

Fui a la cocina a sacar el hielo, cuando note a alguien que me abrazaba desde atrás y llevaba una mano a mi polla, diciéndome las ganas que tenía, era Bárbara. Estaba como una “moto”, me di la vuelta y la di un morreo pequeño. Sali con el hielo dejándola ahí. Cuando llegue al salón, lo primero que me llamo la atención fue su amiga, se la veía todo, claro con esa falda, lo raro era que no se viera, además ella lo sabía de sobra.

La más cortada era Carmen, no la veía por la labor. Está ahí, pero la notaba totalmente distante. Tenía que cambiar esa situación o se iría al traste todo. Por lo que dije… “Carmen ven un momento conmigo, que te enseño lo que te dije”, ella se levantó y me siguió. La lleve a la habitación de estudio. Nada más entrar la bese, ella al principio no era muy colaboradora, pero al final hasta me mordió los labios, cosa que hacia cuando estaba muy caliente.

Una vez que estaba en el “punto” que yo quería, la apoye en la mesa del ordenador y me agache mordisqueándole las nalgas, eso la gustaba, aparte un poco sus braguitas y la pase mi lengua por su coñito, para pasarla luego por su culito. Ella se movía para facilitarme las cosas, pero una vez más me levante y me fui al salón. Donde Paola y Bárbara miraban los CDs de música, para seleccionar algo que poner.

Bárbara cuando me vio, me dijo… “Por esas luces tan chulas que tienes”. Yo me había instalado varias luces de fiestas, pero solo encendí la luz negra y un para más de luces muy tenues. Esa luz que se utilizan en muchas discotecas, salas de fiestas… que dan poca luz, que hacen resaltar los colores blancos, convirtiéndolos en un blanco violáceo brillante.

Cuando lo hice ya estaba el ambiente perfecto para pasarlo bien. También encendí de igual manera el pasillo y mi habitación. Ahora era cuestión de sin prisas pero sin pausas, empezar a pasarlo bien. La música que selecciono Bárbara era un CD, que tengo solo de música instrumental.

Ya estábamos los cuatro en el salón. Bárbara se puso a bailar con su amiga, al principio se hacían las graciosas, gastándose bromas. Pero poco a poco se iban pegando más bailando entre ellas. Iba subiendo la temperatura, pero de pronto Paola corto el rollo, se vino a sentar, diciendo que hacía mucho calor y se tomó un sorbo de baileys.

Bárbara se quedó contoneándose al ritmo de la música, nos estaba haciendo una autentica exhibición, provocativa, caliente, estaba en ese punto en el que todo da igual. Tanto Carmen como Paola, no dejaban de mirarla, ella extendiendo sus manos nos hacía gestos para que nos acercáramos. Para que no se enfriara la situación me levante y me fui para ella.

Nos pusimos a bailar con mucha pasión, rozándonos totalmente, cuando ella se daba la vuelta, la atraía hacia mí, para que su culo contactara con mi polla y ella cuando la notaba movía su culo con mucha sensualidad.

Estaba claro que a Bárbara no hacía falta ponerla en “canción”, había que saber cómo se encontraban las otras dos y si hacía falta animarlas. Me separe de Bárbara y fui a por Paola, no tuve que insistir mucho se levantó rápida. Me puse a bailar con ella, la tanteaba para saber en qué punto estábamos. Salí de dudas al momento, cuando se pegó bien a mí, la cogí de su culito y la pegue más, mi polla quedaba casi en su tripita, ya que era bajita, pero ella ya se apañaba muy bien. La deje junto a Bárbara y ahora a por Carmen, que nos miraba desde su asiento sin quitarnos ojo.

No quería, estaba reacia o se lo hacía. Así que me acerque la cogí de la mano y la hice levantar. Nos pusimos a bailar, pero la notaba distante, sabía que era cuestión de desarmarla, porque seguro que estaba más que deseosa. Al rato me di cuenta de que no me equivocaba se estaba haciendo la dura. Bailando, bailando, la fui llevando hacia mi habitación.

Una vez que llegamos allí, la di un beso profundo, que eso la desarmó. Ella ya no se hacia la dura, me ayudaba a desnudar su bello cuerpo. Y ella con nerviosismo de una jovencita, me desnudaba a mí, costándole quitar mi cinturón de lo excitada que estaba. La empuje suavemente haciéndola caer en la cama. Me acerque y la volví a besar en la boca, para luego ir besándola por todo el cuerpo, su cuello, sus hombros, sus pechos, sus pezones, que se ponían durísimos, luego fui lamiendo y besando su tripa, hasta llegar a su pubis que lo tenía muy arregladito.

Ella se agitaba en la cama, pase a lamer sus labios vaginales, que estaban hinchados y cada vez que mi lengua pasaba, ella no podía evitar emitir algún gemido. Cuando mi lengua fue a su clítoris, estaba duro y totalmente erecto, con mi lengüeteo ella solo sabía cogerme mi cabeza, entre caricias y empujándome contra su coñito.

No quería que se corriera todavía, no era mi intención, no fuera a terminar. Me subí y ella se vino a mi polla, se la comía como una autentica golosa. Mire hacia la puerta y estaban las dos jovencitas mirando, no perdían detalle, la cara más expresiva era la de Paola, una cara, entre incredulidad, excitación y no saber qué hacer. Con una mano la hice una indicación de que se acercara, parecía que sí, pero no, era muy grande la indecisión. Bárbara que se dio cuenta, la animo a acercarse, puso una mano en su cintura y suavemente la empujaba hasta donde estaba yo. Se quedó en un lado, ahora podía ver perfectamente mi polla y como entraba en la boca de Carmen.

Estire mi mano, agarrando la suya y atrayéndola hacia mí, cuando estuvo lo suficientemente cerca, con mucho cuidado acerque su cara hacia mí, besándola suavemente, con mucha delicadeza, hasta que ella misma empezó a meter su lengua en mi boca. Mientras metí una mano por debajo de su falda, estaba totalmente mojada, mis dedos pululaban por su coñito sin ningún problema.

Mientras Bárbara se había acercado, ya estaba desnuda no había perdido el tiempo y ahora ayudaba a Paola a desnudarse. Paola era como una autómata, se dejaba hacer, se había metido en nuestra espiral. Sentí que otros dedos por detrás querían también tocar ese coñito, Bárbara los manejaba muy bien. Me moví en la cama, para dejar sitio para que se tumbaran en ella.

Una vez estaban en la cama, hice que Paola se acercara a comer mi polla también. Carmen agarro bien mi polla, para ofrecérsela a Paola, se miraron Carmen la sonrió y Paola inicio un mamada perfecta, sabía lo que se hacía. Mientras Carmen acariciaba su pelo.

Bárbara era la más lanzada, no hacía falta decirla nada, estaba comiéndole el coñito a Paola. Que saco mi polla de su boca y se corrió sin nadie esperárselo, por lo menos ni Carmen ni yo. Como grito la jovencita, parecía que la estuviesen matando.

Vi la cara de satisfacción de Bárbara, seguro que se había calentado más al hacer que su amiga se corriera. Luego Bárbara se quedó mirando a su madre, la indecisión entre ellas era palpable. Hice que Carmen se sentara encima de mi polla, se la fue metiendo como con miedo. Bárbara no lo dudo, mientras su madre se la metía muy lentamente, ella se puso a comerle un pezón y Paola hizo lo mismo con el otro, era una estampa preciosa.

Pero la sorpresa vino cuando Carmen sin moverse apenas, se corrió como nunca de una forma brutal, no sé si por el tiempo de abstinencia, si porque lo tenía todo más sensible… hasta su hija, medio riéndose la dijo… “Joder mami, creía que la necesitada era yo…” la madre cuando estaba medio recuperándose solo decía…”Anda, calla, calla, que me flojean las piernas… nunca me había pasado… uuufffffff”

Se quitó y quedo tumbada, estaba como si hubiera corrido un maratón. Creía que Bárbara se pondría en su lugar, pero no, le dijo a su amiga que probara una buena polla, que no encontraría otra igual por ahí. La amiga con cara de cachonda la decía que ella todavía no se había corrido y ella como respuesta le dijo que ella prefería que me corriera en su culo.

La amiga con cara de asombro le dijo… “Lo dirás en broma, es imposible que te metas eso por detrás” Bárbara riéndose dijo… “Ya verás… que fácil es y con tu ayuda más”

Paola se abrió las piernas y a horcajadas se fue sentando sobre mi polla. Notaba que aun estando mojada, estaba estrechita, prieta. Me llamo la atención, por esas caderas y ese culo tan estupendos que tenía, pero imagine que eso no tendría que ver nada. Pero ella no paraba, se sentaba con convencimiento y ganas.

No quise moverme, quería esperar lo que ella quería, pero no se hizo de esperar, una vez que la noto toda dentro, estiro sus brazos, apoyándolos en mí, para moverse con bastante ímpetu. No aminoraba sus movimientos, además se levantaba y se dejaba caer bien. Ahora era Bárbara la que le comía los pezones, más que tetas eran pezones, eran llamativos por su tamaño. Paola agradecía lo que estaba haciendo Bárbara, se le notaba en la cara. Carmen se unió y se apodero del otro pezón, la cara de Paola era ahora un poema. Decía…”Si seguís así me correré otra vez, lo aviiiiso…” su voz era de calentura máxima, su respiración se aceleraba y era más profunda, hasta que se oyeron otra vez sus chillidos, cosa que hizo que Carmen de una manera veloz, la besase, evitando así que se oyera tanto.

Pero a Paola no le ocurría como a Carmen, estaba dispuesta a seguir, era infatigable, se le notaban las ganas y que le gustaba el sexo. Bárbara la dijo… “Quítate, mira y aprende…” se lo dijo desafiante, en tono chulesco y desafiante.

Se puso a cuatro patas, esa posición la encantaba, bueno, cualquier posición la encantaba. Cogí un poco de lubricante, luego de untárselo a ella y a mí, se la empecé a meter por el culito, recordaba el primer día, lo que costo y ahora entraba estupendamente. Paola ya no podía abrir más los ojos de ver ensarta así a su amiga. Después de follarla durante un buen rato y con embestidas fuertes, cambiamos de posición, yo me tumbe boca arriba y Bárbara se sentó de espaldas a mí metiéndosela otra vez por el culo y le dijo a su amiga que se lo comiera.

Yo empecé a moverme, Paola tardo un poco en decidirse, por lo que se ve y por lo que notaba, no debía de estar muy animada Paola en su faceta lésbica. Carmen se levantó se animó y la explicaba cómo hacerlo, ahora si Bárbara se animaba más, ahora si se lo hacían bien. Carmen dejo ya a Paola sola comiéndose el coño de su hija y ella se puso a comérselo a Paola. Yo de tanto meter y sacar fui el primero en correrme en el culo de Bárbara, que al notar que el culo se le llenaba, decía… “SIIIII, SIIIII…” y no tardo nada en correrse, se quitó y vino a darme un buen morreo.

Estuvimos así un rato, cuando paramos, vimos como Carmen y Paola hacían un perfecto 69, se devoraban con desesperación. Una vez que terminaron, Carmen miro la hora… “Joder, vámonos que como se levante tu padre…” y se vistieron rápidas y dispusieron a marcharse, cogí a Bárbara y la dije en el oído… “A esta amiga tienes que traerla otro día con más calma…” se rio y en voz alta me dijo… “Estoy completamente de acuerdo contigo” y me dio un beso, marchándose las tres.

Al día siguiente nos encontramos Carmen y yo en la calle, la invite a tomar un café en la terraza del bar, ella me dijo que sí. Era buena señal no andaría muy “enfadada” por lo de anoche.

-¿Muy disgustada por lo de anoche?

-En absoluto. Mira no le daré más vueltas, si tiene que pasar, pues que pase.

-Jajaja. Que decidida te veo, me gusta. (Al pillarla si quise tantearla) Bueno y que me cuentas de tu amiga Eugenia.

-Eres increíble, estás dispuesto a estrellarte, tú no te das por vencido.

-Tú cuéntame.

-Pues poco te puedo decir. No va sola con nadie, siempre en grupo y si van hombres y no está su marido ella no suele ir. Todas las mañanas sobre las 10 llega a la parroquia, ayuda en cosas administrativas y en lo que haga falta, por las tardes no viene. Y poco más te puedo decir.

-No es mucho.

-Bueno, esto no creo que te ayude mucho, lleva toda la vida con el marido y le costó mucho quedarse embarazada. Pero muchísimo.

Seguimos hablando un ratito más, pero en ese momento lo que me aporto no me decía nada, a excepción de lo de las mañanas.

Durante varios días me fui a desayunar a un bar cerca de la parroquia, desde el ventanal se podía ver toda la calle sin problemas. Lo que vi esas mañanas era lo mismo. La llegada de una mujer elegante, recatada, con paso firme, con cara seria y algunas veces cabizbaja. Siempre con trajes de falda chaqueta, con la falda un pelín más debajo de las rodillas. Todos los trajes del mismo estilo, lo que variaba el color. Ropa holgada, que dificultaba saber cómo sería su cuerpo y siempre, con el pelo recogido en coleta o con un moño y portando siempre gafas de sol demasiado grandes para mi gusto.

Estaba claro que tenía que armarme de paciencia, iba a ser difícil. Vería y tantearía si había alguna posibilidad, aunque fuera muy remota, pero si no fuera así, desistiría y no perdería el tiempo. Para dificultar más las cosas, mi tía, desde que la llame pidiéndola el favor, no dio señales de vida.

Ya habían pasado varios días, cuando recibí una llamada para una reunión del grupo parroquial. Cuando llegue no habían entrado todavía, estaban hablando en la puerta y esperando a que llegase el párroco con las llaves y abriera el local.

Mi enorme sorpresa fue cuando Eugenia, se dirigió a mí, eso sí, sin muchas confianzas, pero muy amablemente.

-No sabía que eras sobrino de Lucia.

-Pues sí, de toda la vida. (Chiste malísimo, pero a ella le hizo gracia)

-Que sepas que yo te conocía de pequeño, de muy pequeño, la de veces que te he tenido en brazos y la de veces que te sentaste en mis rodillas.

-Pues no me acuerdo de nada.

-Cuando se lo conté a mi marido le hizo mucha ilusión, porque contigo se lo pasaba muy bien, sobre todo cuando te hacia rabiar.

-Jajaja, pues dile que no estuvo bien, hacerme rabiar.

Llego el párroco abrió y se cortó la conversación. Pero me llamo la atención que ahora no evitaba mi contacto visual, como hizo todas las veces que nos vimos. Ahora el contacto visual era permanente. No sé qué le diría mi tía, pero fue un puente importante y el primer buen resultado fue ese, ya no evitaba mi mirada.

No sé cómo lo hacía, pero en esas reuniones casi siempre acababa al lado de una mujer que se llamaba Mariví, yo creo que era la mayor de todas entre 50 y 55 calculaba yo. Era la más picantona en sus comentarios, era la más divertida, siempre de bromas. Sin dejar los comentarios picantes al margen y que casi siempre iban dirigidos hacia mi físico. Algunos eran muy subidos de tono, que al hacerlos en público me dejaban un poco cortado, pero a ella le daban igual, aunque algunas de las mujeres le dijeran, eso sí sonriendo, que se pasaba.

Estando allí recibí un mensaje, “Sábado 14,30 comida en casa. Lucia. Besos” Por lo que se ve ya estaba en casa. Mariví trato de ver el mensaje, se reía porque la pille. Estaba bastante bien. Me entere de que era funcionaria y el marido también. Pasaba de lo que decían en la reunión, ella seguía de charla conmigo. Llego un momento que tenía la impresión de que me “entraba” a saco. Si no hubiéramos estado con tanta gente, hubiera salido de dudas rápido.

Al finalizar la reunión, se hicieron varios corrillos, donde me entere más de la reunión, ya que lo que se había estado tratando, era un viaje a Madrid, a unas convivencias para adolescentes, que del consejo tendrían que ir tres personas y por lo que se ve, sin yo enterarme por estar a otras cosas, mi nombre salió por ser de Madrid. Se quedó para una próxima reunión, para saber las personas que irían. Bueno ya me las arreglaría yo para no ir.

Cuando nos marchábamos, Carmen se venía conmigo y se nos unió Mariví. Íbamos charlando y las dos decían que ellas no podían ir, que les gustaría pero que era imposible. Yo me limitaba a escuchar. También me entere que el fin de semana el marido de Mariví se iba de caza, era un empedernido cazador. Por lo que quedaron las dos para irse el sábado de compras y a comer por ahí.

Nos paramos porque Carmen tenía que entrar un momento a comprar una cosa en una tienda. Lo que aprovecho Mariví para decirme… “Me han dicho que eso de la electrónica e informática, se te da muy bien, que además eres económico. Tengo un problema con mi televisión, ya sabes el problema que tenemos todos con las antenas que están viejas. Si me podrías ver la mía” Yo la conteste que sin problemas. Ella lo único que me dijo que tenía que ser antes de llegar el marido, porque si no se pondría a decir que lo hacia él y así llevaban meses.

Le dije que el único día era el sábado, pero yo tenía comida, ella se iba de compras… “yo calculo que como muy tarde a las ocho estaré en casa”, bueno no te prometo nada, tratare de estar a esa hora, según se me dé lo de la comida, que se cuándo empieza, pero con la familia nunca se sabe.

Salió Carmen y nos fuimos, al rato ella se fue para su casa y nosotros continuamos el camino a la nuestra. Le comente lo que me pidió Mariví y la dije que me parecía “peligrosa” riéndome. Carmen me dijo que estuviera tranquilo, que Mariví era así, muy lanzada muy picante, pero que luego era muy cobarde. Que si yo la hubiera replicado, se hubiera puesto colorada y hubiera replegado velas. Que le ocurre desde que la conoce.

Pues sí que me había equivocado yo. Menos mal que lo hable con Carmen si no, seguro que el sábado hubiera metido la pata.

El sábado sobre las doce de la mañana llegue a casa de mis tíos. Mi tía estaba en la cocina ayudando a preparar la comida, por lo que se veía vendría más gente. De los alemanes no había rastro. Después de saludar a mi tía y darle las gracias, recibí una sonrisa enigmática de ella, diciéndome que me fuera con mi tío que estaban liadas en la cocina. Me fui con mi tío y estuvimos hablando de todo un poco.

Empezó a llegar gente, en concreto tres parejas, que la primera impresión era de muy estirados todos ellos. Me daba la impresión de que no me gustarían. Me los presentaron y hablábamos todos un poco, yo el que menos, cuando llegaron prácticamente a la vez dos nuevas parejas, entre ellas Eugenia y su marido. Era como si hubiera visto un fantasma.

Nos saludamos y Eugenia me dio dos besos, la primera vez, diciéndole a su marido “Aquí tienes a Carlitos”, caramba con el Carlitos dijo el marido. Se puso a recordar viejos tiempos conmigo, yo con una sonrisa y mientras pensando que me estaba contando este tío, que yo no me acordaba de nada.

Se sentó a mi lado y me hizo un “tercer grado” preguntándome por mis padres, por mis estudios, por mi vida aquí. Que se veía que era buena persona, que pocos jóvenes se apuntan ya a los consejos parroquiales… yo mientras pensaba, “Si tú supieras…” Mientras él me hablaba yo miraba bastante a Eugenia, que de vez en cuando me sonreía, pero ella estaba en su tónica habitual, no hablaba prácticamente nada, vestía de manera muy formal, que hoy no desentonaba con el resto. Que todos se conocían muy bien.

La comida fue muy bien, pero no como a mí me hubiese gustado, porque si bien había habido un acercamiento a Eugenia, ella seguía manteniendo las distancias conmigo. Pero bueno era cuestión de paciencia.

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