Adios a la ñoña

Acababan de cambiarme las vacaciones, ahora empezaban tres días antes.

Era como una señal, quería vivirlas a tope, quería más aventura en mi anodina vida y por eso estaba en el aeropuerto tras canjear mi billete.

Aún no había localizado a mi prima para avisarla que iba tres días antes; durante un par de segundos me preocupó el hecho, pero enseguida me regañé y zanjé la preocupación, ya iba a dar con ella antes de subir al avión o al llegar al aeropuerto.

Ahora y durante los próximos quince días iba a ser una mujer aventurera y despreocupada de todo en busca solo de distracciones.

En el avión recordé la conversación con mi prima, la había hecho partícipe de mi aburrimiento, me había quejado de como la chica despreocupada que había sido se había convertido en una chica de solo veinticinco años que lo analizaba y controlaba todo al milímetro, el trabajo, las relaciones, las responsabilidades, todo.

Quería vivir esos días, indiferente y sin pensar en nada que no fuera pasar mis vacaciones lo mejor posible, antes de incorporarme a mi nuevo puesto en su misma ciudad. Por eso entre ambas decidimos que las pasaríamos juntas.

Mi prima era un encanto y al enterarse que me trasladaban a su ciudad se había ofrecido a alquilarme una habitación, al menos hasta que encontrara algo sin prisas.

Al bajar del avión llamé de nuevo a mi prima y por fin contestó.

-Hola guapa, he visto tus llamadas perdidas pero estaba liadísima. No te lo vas a creer una amiga me convenció y hemos salido a pasar el fin de semana al campo. Pero el lunes te recojo en el aeropuerto ¿a qué hora llegas?

-Ya estoy ahí, me adelantaron las vacaciones –le dije sentándome en un banco-

-Vaya, déjame pensar. Te llamo en unos minutos.

Me quedé totalmente desinflada, la aventurera había desaparecido de un plumazo, no debería haberme lanzado a la aventura, nunca debí moverme de casa hasta tenerlo como acostumbraba todo atado.

Sonó mi móvil y descolgué al ver que era mi prima, apenas la oía y me separé un poco de la gente girándome para poder oírla mejor.

-Iria acabo de dar con la solución, puedes coger un taxi e ir hacia mi casa, te mando la dirección exacta y sube al tercero b, mi vecina tiene una llave de casa

-Pero… no quiero invadir tu espacio

-No seas tonta va a ser también tu espacio. Cuando entres, la habitación de al lado del baño es la tuya, aprovecha estos dos días para instalarte. Y no te preocupes tanto por todo. Mañana te llamo para ver como esta todo.

Colgué un poco reconfortada, pero mi tranquilidad duro poco, cuando me giré hacia el banco descubrí que mi bolsa había desaparecido.

Mientras me dirigía a poner la denuncia recordé que dentro en el neceser de los billetes llevaba la tarjeta de crédito. Puse la denuncia, anulé las tarjetas y salí de allí.

De los nervios me dolía muchísimo la cabeza; recordé que una compañera me había dado una pastilla para el dolor días antes. Saqué un botellín de agua y me tomé la pastilla antes de salir a coger el taxi.

Llegué casi a media noche, me daba vergüenza molestar a esas horas pero solo esa mujer tenía las llaves.

Toqué varias veces y nadie abrió, seguía mi mala suerte. Miré hacia ambos lados y vi un bar abierto. Fui hacia allí, entré y vi que había mucha gente. Me senté en un taburete en la barra y pedí una cerveza.

A mi derecha había un grupo de cinco hombres charlando animadamente, mirando hacia donde yo estaba para luego tras alguna sonrisa volver a lo suyo.

Mientras pensaba en cual sería mi siguiente paso, me di cuenta que uno de esos hombres seguía mirando disimuladamente.

Se me ocurrió de repente, volvería al aeropuerto, pasaría allí la noche y seguro que al día siguiente la vecina me abriría. Quería, necesitaba ser positiva para que no desapareciera la aventurera que estaba decidida a ser y no volviera la ñoña en la que me había convertido.

Ya con las cosas más claras, me forcé a relajarme y pensar de manera positiva, total solo me había robado algo de ropa para pasar un fin de semana, ya que el grueso de mis cosas llegaba en dos semanas.

Miré hacia ambos lados y me fijé en el hombre del grupo que me había mirado antes, pensé que tendría unos cincuenta y muchos, iba bien arreglado aunque informal. Me gustó su porte recio y pensé en como seria estar con un hombre maduro como él, llevaba días dándole vueltas a esa idea de estar con alguien mayor.

Animada pedí una segunda cerveza sin acordarme de la pastilla, hasta que acabé esta y me sentí algo mareadilla. Intenté levantarme pero tuve que volver a sentarme.

Esperé unos minutos antes de repetir la hazaña de intentar salir a coger un taxi y entonces vi como el grupo de hombres se disolvía y solo quedaba el que había llamado mi atención, este pidió otra copa y volvió a mirarme, la aventurera que había salido esa mañana de casa hizo aparición de nuevo y le devolví la sonrisa.

Busqué en mi bolso el móvil y este se cayó al suelo, mientras intentaba levantarme él se acercó a recoger todo lo que había terminado esparcido por el suelo.

-Gracias –le dije cogiendo mi bolso avergonzada-

-¿Se encuentra bien señorita?

-Sí, no es lo que parece

-¿Y qué cree que parece señorita?

-Seguro que piensa que soy una de esas golfillas que pasa los viernes noche de bares, bebiendo y sonriendo a desconocidos.

-No tiene que darme ninguna explicación cada cual vive su vida como le apetece ¿no cree?

No quería que pareciera lo que no era y entonces después de todo lo sucedido ese aciago día me lancé, descubriendo que era cierto eso de que es fácil sincerarse con un desconocido.

-Llevo un día de perros, esta mañana salí de casa dispuesta a vivir unas alocadas vacaciones con mi prima, me presenté sin avisar y ya en el aeropuerto descubrí que ella no estaba. Después de solucionar eso, me robaron la maleta, me tomé una pastilla que jamás había tomado, llegué a este mismo edificio y no estaba la vecina que debía darme la llave, además me tomó dos cervezas que al no estar acostumbrada junto con las pastillas me ha atontado un poco -dije atropellando las palabras-

-Vaya no esperaba eso la verdad –dijo realmente sorprendido-

-Lo siento no esperaba darle la charla, pero es que llevo todo el día dando tumbos sin hablar con nadie, no suelo contarle mis problemas a desconocidos. Me siento avergonzada

-Es normal, es el estrés de todo. ¿Dices que venias a este edificio?

-Si justo arriba al segundo

-¿Tu prima es Marta?

-Sí, ¿la conoce?

-De vista yo vivo en el tercero –contestó él-

-La llave la tenía la vecina del tercero, la señora María

-Mi vecina; siento decirte que no está, se ha ido de fin de semana con mi mujer precisamente

-Qué casualidad –dije sorprendida por la coincidencia-

-¿Y ahora qué planes tiene?

-Volveré al aeropuerto, está abierto toda la noche y espero a ver como lo soluciono mañana-le dije dejando las monedas en el platillo y levantándome-

-¿Está bien?

-Si ya se me ha pasado, gracias por escucharme.

Salí de allí sin ganas y ya fuera buscaba el móvil para llamar al taxi cuando apareció de nuevo.

-Mira no estás en condiciones de ir de un lado al otro, me siento responsable. ¿Quieres que te lleve a un hotel?

-No tengo dinero, me robaron la tarjeta de crédito y ya la he anulado al poner la denuncia.

Me miró de arriba abajo como intentado decidir algo y me soltó:

-Si quieres puedes quedarte en el sofá de mi casa por esta noche

-¿Porque debería fiarme y por qué deberías fiarse usted? Podría ser una ladrona y tú un asesino en serie

-Venga ya chiquilla, soy el vecino de tu prima desde hace años y no voy por ahí persiguiendo a jovencitas, aunque tampoco es que tengas una opción mejor, en el aeropuerto a estas horas no sabes con quien puedes cruzarte. Pero tú misma –dijo dirigiéndose al portal-

Solo necesité unos segundos para decidirme, me colgué el bolso y le seguí en silencio.

Entramos en el portal, subimos en el ascensor donde nos presentamos antes de que entrara tras él.

Mientras desaparecía y me dejaba en el salón pensé en cómo habían cambiado las cosas, de repente pensé en que haría la aventurera en esa situación, en la que estaba a solas con un desconocido en su casa. Las imágenes de esas grandes manos recorriendo mi cuerpo llenaron mi mente, calentando mi cuerpo. Ese hombre tenía el poder de hacerme desear vivir cosas nuevas.

Interrumpió mis pensamientos volviendo con unas sábanas limpias y una almohada. Luego volvió a desparecer y al volver llevaba una camiseta en la mano.

-Toma, está limpia. Al menos para que duermas más cómoda. Intenta dormir, mañana lo veras todo diferente -dijo prácticamente huyendo del salón-

Me quedé pensando en lo que me hubiera gustado que ese hombre se quedara conmigo y me quede dormida olvidando todo lo ocurrido para fantasear con él.

SEGUNDA PARTE “Agustín”

No me podía creer lo que había cambiado mí fin de semana.

Había cenado con mis amigos sin preocuparme de la regañina al volver ya que mi mujer se había ido con una vecina a pasar un fin de semana a un balneario para relajarse, por cierto no sé por qué estaría estresada.

Estaba tomando la típica copa de después cuando uno de mis amigotes nos hizo saber que había entrado una chica que estaba como un pan, la miré una primera vez y pensé en lo viejo verde que se había vuelto mi amigo, en la segunda mirada pensé que también yo debía haberme vuelto un viejo verde en algún momento, porque al pillarla estirando el taburete para sentarse me fije en ese culazo apretado bajo unos vaqueros y pensé que era lo mejor que había visto en años.

Más tarde aprovechando que nadie me esperaba en casa, me di el homenaje de quedarme a tomar la última, sin saber que eso me llevaría a tener ese culo ahora mismo en mi sofá.

Me levanté con cuidado, tenía la garganta seca y necesitaba beber.

Nada me había preparado para la visión que me encontré en el salón.

Esa chiquilla estaba de lado en “mi” sofá, con “mi” camiseta puesta que se había subido lo suficiente para que pudiera corroborar que realmente tenía el mejor culo que había visto nunca. Lleno, redondo y seguro que estaría bien duro ya que era una chica muy jovencita, yo le echaba unos veintitrés años. La garganta se me secó aún más cuando tras un gruñido se dio la vuelta y vi como tenía la mano bajo las braguitas. Esa chiquilla se había quedado dormida tocándose o bien se tocaba de dormida, ambas cosas me pusieron a mil.

Escapé a la cocina y me eché agua en un vaso sin saber si beberla o echármela dentro del pantalón para poder dormir.

Un ruido a mi espalda me alertó de que no estaba solo antes de oír su voz.

-¿Puedo beber un poco de agua?-dijo en el marco de la puerta-

Con solo la luz de las farolas de la calle que se colaba por la ventana podía distinguir su cuerpo bajo mi camiseta en la penumbra y al girarme seguro que también ella pudo ver el bulto que amenazaba con romper ya mi pantalón.

-Claro que puedes beber –dije intentando coger un vaso mientras ella entraba en la cocina-

De repente me sentí enlatado y como si el espacio se hubiera reducido considerablemente, ella andaba lentamente, contoneándose y se paró frente a mí.

Lo siguiente volvió a secar mi garganta. Cogió el vaso de mi mano y lo llevó a sus labios, no podía apartar la mirada de esa acción pensando que esa mano que ahora agarraba el vaso antes había estado bajo sus braguitas.

Me obligué a bajar la mirada, pero fue peor porque entonces pude ver claramente las dos turgencias que se marcaban en mi camiseta, eran sus pezones duros bajo la tela.

-Me voy a dormir –dije casi tartamudeando-

Cuando ya salía por la puerta la oí decir con voz melosa:

-¿De qué huyes Agustín? –terminó con una medio sonrisa que me crispó-

-De ti, de tu boca, de tus pezones… ¿eso querías oír?-dije saliendo indignado con esa chica-

-¿Porque huyes?-repitió con la misma voz excitante-

-¿Porque estoy casado, porque te doblo la edad, porque es un juego para ti seducirme…? ¿Con cuál te quedas? -le chillé desde el salón, canalizando mi primitivo deseo hacia el cabreo-

Entré en mi habitación enfadado, cabreado, molesto, picado y terriblemente excitado. Me era más fácil digerir el enfado que la excitación primitiva que despertaba esa chiquilla en mí.

Por un momento desee arrancarle la ropa en la cocina y follármela en el suelo como un salvaje. Sentía como toda la sangre de mi cuerpo se concentraba en mi polla como nunca antes.

Todo había sido desproporcionado, pero así me había sentido minutos antes, totalmente desbordado.

TERCERA PARTE “Iria”

No sabía lo que acaba de pasar en la cocina, pensé apoyada en la mesa.

Me había despertado excitada en mitad de la noche soñando con ese hombre, sin pensarlo metí mi mano bajo mis braguitas y empecé a tocarme como había hecho muchas veces, solo que esta vez mil imágenes se agolpaban en mi mente mientras mis dedos resbalaban por mi sexo mojado. Enfrascada en darme placer no le oí levantarse hasta que fue tarde y no me dio ni tiempo de sacar la mano, fingí estar dormida.

Pensé que pasaría de largo pero noté que se paraba, por eso me giré fingiendo estar dormida y vi como sus ojos se abrían más aun al ver donde estaba mi mano.

Oí como soltaba el aire antes de desaparecer en la cocina y cuando decidí levantarme no sabía muy bien lo que quería hacer hasta que al girarse vi en la penumbra su erección bajo el pantalón y entonces lo tuve claro. Quería probar de “eso”.

Mandé salir a la aventurera, encerré bajo llave a la ñoña y me acerqué a él. Todo parecía ir bien, al acercarme vi el deseo en sus ojos pero luego se molestó por sentir lo que sentía y desapareció enfadadísimo, dándome motivos irrelevantes.

Aunque “la ñoña” pugnara por salir al oír la puerta de su habitación cerrarse, “la aventurera” oyó como caminaba por esa habitación como un gato enjaulado y no quiso irse, me levanté de nuevo y toqué a la puerta con los nudillos.

-¿Qué quieres ahora?

-Lo mismo que hace unos minutos queríamos ambos

-No juegues conmigo, no soy uno de esos jovenzuelos con los que estas acostumbrada a estar

-Esa es la idea, lo que realmente me atrae. Y no hay tantos jovenzuelos cómo crees. Llevaba casi seis años con un jovenzuelo como tú dices.

-Vete a dormir Iria, no va a pasar nada entre nosotros, porque no lo deseo.

Lo dijo tan convencido que me chirriaron los dientes de rabia y estaba dispuesta a irme cuando la aventurera hizo su entrada estelar y me oí decirle:

-Lástima que no solo no te crea, sino que no has convencido ni a tu polla –le dije con una carcajada histérica casi, que el no vio asi-

CUARTA PARTE “Agustín”

De nuevo de pie en mi habitación esa chiquilla acaba de sacarme de mis casillas, cuando al decirle que no la deseaba se había reído en mi cara diciéndome que ni mi polla se lo creía y era cierto esta no podía estar más dura.

La miré allí de pie con mi camiseta, la cual no volvería a mirar de la misma manera, como si fuera un animal en celo, un poco de aire llevó a mi olfato su olor y puedo decir que en ese momento perdí totalmente la razón, no podía pensar en nada que no fuera follarme a esa hermosa criatura.

Ella también lo deseaba aunque solo fuera por experimentar y pensé que sería a mi manera.

-¿Realmente quieres follar? -me aseguré otra vez-

-Si –dijo ella con voz de repente débil-

La cogí de la mano sin delicadeza y la saqué de mi habitación, no quería asociar nada de lo que iba a suceder con mi habitación.

La llevé a la otra habitación, esta estaba enmoquetada y era más pequeña.

-Arrodíllate –le dije rudamente casi esperando asustarla-

Pero esa chiquilla estaba decidida, se arrodilló ante mi sumisa y eso de nuevo me desbordo. Saqué mi polla del pantalón de pijama y agarrándola por la base froté sus labios con ella.

Iria sacó la lengua y lamió las primeras gotas, producto de mi tremenda excitación y empezó así una perfecta mamada que me tuvo al borde del orgasmo desde el primer minuto.

-Si niña chúpala bien, succiona así fuerte… me encanta-decía totalmente entregado a esa boca-

No sé quien la había enseñado a chupar así pero era toda una maestra, pasaba su lengua por toda mi polla, agarraba esta con una manita y mientras me la meneaba lamia mis pelotas con devoción antes de tragarse casi por completo mi estaca de nuevo.

-¿Te gusta?

-Mucho, me encantaría llenar tu boquita de leche

-Pues hazlo –dijo flojito-

Succionaba tan fuerte como su mano apretaba la base, pasó la lengua por la punta y volvió a succionar, esta vez soltó la presión de su mano y me sentí como una botella de champan al descorcharse, tras la succión dejó que empujara hasta el fondo de su garganta y descargara toda mi leche allí, chillé cuando me vaciaba en esa experta boca que no se amilanó en ningún momento y tragó todo mi semen.

Durante unos segundos me concentré en volver a respirar con normalidad, apoyado en sus hombros ya que aún me temblaban las piernas…

Unos minutos después admiraría su cuerpo desnudo que se me antojaba casi virginal, sus mejillas rojas y sus ojos brillantes contrastaban con sus braguitas mojadas y la espectacular mamada que acababa de regalarme… esa dualidad era enloquecedora.

No podía seguir engañándome desee tenerla así desde el primer instante que la vi en el bar.

Supe entonces que Iria iba a ser mi mayor locura, lo tenía tan claro como de que esto solo acaba de empezar…

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