Al final ¡Me folle a mi cuñada!

Dos meses habían pasado desde que me corrí en la boca de mi cuñada, ¡perdón!, en su garganta; ¡aún me sonrojo al recordarlo!, me siento canalla; ¡con lo que amo a mi mujer!

En estos dos meses nos hemos visto varias veces, pero siempre con mi mujer presente; tampoco he querido yo buscar estar a solas con ella.

Además de las dudas que ya tenía, se sumó en mí “el cargo de conciencia”, que me dio haber depositado mi esperma dentro de su boca, ella ya conocía mi sabor.

¡Y además hacerlo como lo hice!, de ese modo tan bajo; ¡y esa bajeza al mismo tiempo me ponía a cien!; “ser ella tan refinada”, me excitaba “aún más”, y esa excitación me hacía sentir sucio.

Seguía soñando con follar su coño, no era una necesidad, era como una obsesión que siempre tuve, incluso cuando estaba casada, pero ahora después de humillar su boca es una fijación en mi subconsciente.

Mi mujer ha sido ascendida en el trabajo, ¡qué bien!, ya ganaba más que yo, pero dentro de poco “lo mismo me quita de trabajar a mí”.

Su nuevo puesto será de directora en España de una multinacional,

Le harán entrega del cargo en una ceremonia en Londres y estará allí una semana; me alegro por ella. Desde que encontró ese trabajo hace un año su carrera ha sido meteórica.

Ella ha decidido que como soy un “manazas” en la cocina y con la plancha, que me valla esa semana, a casa de su hermana mientras ella está en Londres, que es con quien tengo que estar, ¡para no ir al trabajo hecho un desastre!, como siempre voy, ¡que alguien tiene que cuidar de mí, y que, ¡para qué tiene ella una hermana divorciada!

Mis padres viven lejos, y no he podido decir que no.

Antes de salir de viaje mi mujer ¡me hizo una advertencia!, cuando íbamos a casa de su hermana; yo con mis maletas y ella con las suyas para ir al aeropuerto; así me dijo.

-Cariño mi hermana está divorciada, “y sola”, tienes que cuidar de ella, ¡que no me enteré yo que no eres amable con ella o que la haces enfadar!

Esa advertencia en mi mente “impúdica” me hizo tener pensamientos contrarios a sus palabras.

Al llegar a casa de mi cuñada deshice mis maletas en el cuarto de invitados, mientras ellas hablaban abajo.

Al salir de mi dormitorio miré la puerta de enfrente, abierta, y la gran cama de matrimonio “de ella”, no quise mirar mucho porque sólo con eso ya me estaba excitando.

Despedimos a mi mujer en la puerta y entramos otra vez en su casa; después, estando allí sentados ella me hablo.

-Cuñado esto ha sido cosa de mi hermana solamente, yo le habría dicho que no, pero no sabría haber explicado ¿porque no?, y eso podría haberla hecho pensar.

Quiero que sepas que estoy arrepentida, y no te permitiré hacerme ninguna cochinada, ¡vale! -dijo nerviosa.

Entonces contesté.

-Cuñada yo también me siento culpable, ¡no sé qué nos pasó!

Respondió escuetamente así.

-No te atormentes hombre; ¡a lo hecho pecho!, y a ser mejores desde ahora.

Al día siguiente trabajé mañana y tarde, volví a su casa y ella me preparo la cena, no se insinuó ¡ni lo más mínimo!, solo cenamos muy cordialmente, ella olía a gloria. Pero su trato nunca había sido tan amable, ¡qué diferencia había con el trato de hace años!; cuando me trataba de forma altiva y estúpida, aquel día cenamos juntos hablando con normalidad.

(Como si ella nunca hubiera tragado mi polla como lo hizo). Ese trato tan cordial lejos de enfriarme me calentaba “aún más”.

Al subir a dormir hacía mucho calor, en pleno verano, y tuvimos que atenuar esa pose “recatada” y dejar las puertas de nuestros dormitorios abiertas (una puerta enfrente de la otra).

Mi cuñada no se quedaba dormida por la calor, la escuchaba “arrastrar su cuerpo entre las sábanas”, yo sudaba; ¡eso de tener aire acondicionado solo en el comedor un coñazo!

Bajé al aseo y al pasar por su puerta vi su culo firme asomando por su pijama corto, “que rica estaba”. ¡Eche una meada con un gran chorro!, (el aseo está debajo de su dormitorio), el chorro de orines que salía de mi polla “parecía como si estuviera regando”, en el silencio de la noche.

Al subir, vi que ella daba vueltas en la cama, con la almohada entre las piernas; me acosté empalmado y al final me dormí.

Trabajé muy vivaz al día siguiente, la tensión sexual creció en mí y me sentía pletórico, y muy amable con los compañeros, ella me estaba haciendo feliz.

Al medio día comí en la calle y hablé por teléfono con mi mujer, le habían puesto un secretario “para ella sola” y la estaban tratando de lujo, ¡cuánto me alegré!; ella merecía eso y más.

Por la noche al volver con mi cuñada la encontré en la piscina nadando, le dije que me cambiaba y la acompañaba.

Nadamos un rato, luego cenamos en la mesa del patio ensaladilla rusa, ¡durante la cena mi cuñada no dejó de rascarse el coño sobre el bañador!, viendo su sopor le pregunté.

-Cuñada, ¿te han pegado ladillas?, se ve que te pica el coño, ¡lo digo sin maldad!

-Eres un bandido, no he estado con ningún hombre, desde que tú en mi boca; lo que pasa es que después de dos meses desde que me afeitaste los pelos han crecido y me acostumbré a tenerlo rasurado y me pican los pelos con la humedad de la piscina.

-Cuñada, ¡sólo como cuñada!, sin maldad ¿quieres que te lo rasure otra vez?, como un favor, ¡sin nada más!

Ella dudó, dio dos vueltas por el filo de la piscina pensando y al final me dijo.

-No sé, no está bien, pero me hace ilusión; ¡Vale cuñado!, ¡pero nada sexual!, sólo algo amistoso, ¡vale cuñado!, solo como algo de ayuda íntima no vayas más allá.

Bajó su bikini y “abrió las piernas”, junto al filo a la piscina, yo nervioso traje lo necesario del aseo y se lo hice rápido, sin toquetear; se lo dejé rasurado a tope (solo me permití meterle un dedo en su vagina, ¡como por accidente!, ¡¡Joder!! tenía la vagina abierta, húmeda y muy cálida.

Cumplí mi palabra y al terminar me fui a la ducha con mi pene estorbándome al andar, (como si arrastrara oculto un salchichón escondido del supermercado).

Esa noche me masturbé en la cama, pensando en ella, después de correrme ella no cesó a dar vueltas en su cama, cuando antes de mi paja no se movió; me dormí y desperté a la cinco de la madrugada otra vez empalmado, ¡tenía que verla desde la puerta!

Me asomé a su habitación y la encontré desnuda sobre la cama, y dormida. Con la luz del pasillo resplandecía su coño recién afeitado.

El siguiente día era sábado y no trabajábamos ninguno de los dos, hablamos por teléfono con mi mujer, que seguía en Londres, mi cuñada le dijo que estaba siendo buenísimo.

Ese sábado fue especial, comimos en el patio junto a la piscina, reímos y hablamos los dos, después de la comida vimos una película en el interior, ¡otra vez tormenta!, ¡y otra vez en el mismo sofá!, parecía que el destino quería repetir.

Mientras yo tomaba un té ella se zampo “tres cubalibres”.

La película era “un mojón”, pero ella tenía su cabeza apoyada en mi hombro y eso “me hacía tanto bien”; ya no tenía ninguna duda.

¡¡Quería follarme a mi cuñada!; ¡si o si!!

Entonces decidí no esperar, tenía que rematar su coño.

Su camisón corto de verano dejaba ver sus muslos, firmes y apretados, entonces le hablé.

-Cuñada ¿te he dejado bien el recorte?

-Muy bien, de verdad, pero con el cloro de la piscina lo tengo irritado, sabes.

-Yo tengo una crema especial para pieles irritadas, “sin alcohol”, para después del afeitado, ¡es de marca francesa!, y hace efecto al instante, ¿te la traigo cuñada?

-Si por favor, tráela.

Cogí la crema y bajé las escaleras y al entrar al salón le pregunté.

-Cuñada si quieres te doy yo la crema que se untarla muy bien, ¡total ayer te lo pelé otra vez!

-Vale pero, como el recorte ” sin maldad”

-Lo intentaré, le respondí.

-Cuñada siéntate en el filo del sofá, y pon los pies en el filo también, será la mejor posición.

Se desprendió de su pantalón del pijama y se sentó. Levantó las piernas y con sus dos pequeñas y delicadas manos bajo sus bragas color negro hasta los tobillos; y después las tiró al suelo, dejado a la vista aquel manjar, “y mirándome a los ojos abrió las piernas más y me dijo”.

¡Úntame!

Me arrodille delante de ella y me eché un buen puñado de crema en mi mano derecha, la restregué contra la izquierda y comencé a untar.

Pasé la mano por aquel coño carnoso, “sin mirar nada más”; hice bailar aquel “bollo suizo” con mi mano “con rabia”, después impregne su ano y su pubis, ¡estaba empalmado!, ¡como nunca!, ¡yo era un toro!

Tanta pasión puse que incluso metí mi mano en su vagina; ella en pocos minutos comenzó a jadear y me apartó con los pies diciéndome ¡¡No!!

-Lo siento cuñada por darte la crema con tanto ímpetu.

-Cuñado no es eso es que estaba a punto, de correrme y no quería, que fuera así.

Cuñada, ¡una de dos!, o cojo mis maletas ahora y me voy a mi casa, y cuando llegue tu hermana se lo cuento “todo”, ¡pase lo que pase!

O acabamos aquí lo que empezamos, ¡desahogando este deseo!, para que no nos tenga en tensión; y después no lo hagamos más nunca más; ¡yo no puedo con esta tensión!

¿Qué contestas?, ¿Te follo como a una perra o me voy ya?

-Cuñado tienes razón, este juego nos está dislocando el sentido, lo mejor es que me folles para que este fuego se apague, yo tampoco puedo aguantar más, ¡¡fóllame!!

La cogí por las caderas y arranqué su camiseta del pijama, después le quite el sujetador sin desabrochar y agarré aquellas tetas de ensueño, grandes y firmes.

Después le hice ponerse de rodillas allí en el comedor, con la espalda doblada y su imponente culo mirándome con su ” único ojo” que estaba ya “solo entornado” bajé mi cabeza y le di mordiscos en los cachetes como un animal, después chupé “el ojo de su culo”, ¡horadando con mi lengua!, y bajando después hasta su coño, ella daba gritos como una posesa, alzando más su culo para mí.

Me quité el pijama y sin miramientos le metí mi polla dura como el mármol en el ojo de su gran culo, ¡con ímpetu!, entró apretada, ¡¡ pero le entró!

Comencé a meter y sacar haciendo que su ano “hiciera ruidos” y se dilatará del todo, patinando mi pene sin resistencia, ¡que placer follar su culo!, ella daba alaridos ya.

Saque mi polla, y ella cayó de lado arranada, la cogí de un puñado y la lleve al dormitorio de ella, ¡la tire en la cama y me hociqué en su coño devorándolo!

Me subí encima de ella y mientras la besaba en la boca, con una mano acaricié su coño, dándole pellizcos; acerque mi pene duro y grande a su coño y lo metí hasta el fondo, ¡lloré al sentir su calor!, comencé a darle embestidas muy intensas, ¡la cama se quería desarmar!, crujía y se zarandeaba, mientras el cuerpo de mi cuñada se mecía al compás de mi polla.

¡Bailaban sus tetas!, acelere y ella se corrió tres veces empapando la cama como una perra en celo, cuando ella notó mi pene tensarse para escupir mi esperma dentro, ¡me agarró por el culo con sus piernas!, y apretó.

Mi leche fluyó como un chorro continuo, sin parar, ¡jamás había soltado tanta leche!, ¡cuando aún salía un torrente de mi polla!, de su coño se escapaba ya por los lados empapando a mis huevos por fuera.

Ya hace un mes de aquello y no hemos vuelto a repetir, la tensión sexual cesó, y comenzó otra tensión.

Ahora esperamos la prueba de embarazo con ansiedad.

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