Amor, Pasión o Deseo. Capítulo 7

En la sala de maestros; Herminia quedaba al descubierto en su plan de alejar a Fernando de Bradley; muy nerviosa volteaba a observarle a él; quién le sonreía en burla.

Ella tensa le replicó. – ¡Joder, por qué soy la superior de esta institución y me informaron de vuestra respuesta!

– Fernando habló con toda actitud de un buen abogado. – O será porqué usted tramó todo esté circo, únicamente para apartarme de Bradley, sólo por el simple hecho de que tú le extorsionas en revelar nuestra relación, obligándolo a él en tener sexo contigo, ya que tú no tienes quien te lo haga de manera formal.

– Bradley sorprendido le decía. – ¡Vaya, mejor que tú no lo pude haber dicho! – Él se acercaba a Fer diciéndole. – Debí creerte cuando dijiste que ella había tramado todo ese asunto de Guido, ahora sí tiene sentido, sólo con verla nerviosa y alterada, solita se delata.

– Herminia furiosa, tomaba impulso con su brazo y le daba una cachetada a Fernando gritándole. – ¡Vos no tenéis os derecho a tutearme!, ¡y sí, fui yo quién os ideo eso!, ¡pero que estúpido eres, sacrificas lo más por lo menos!

– Luego de haber escuchado la confirmación de lo que ya se sospechaba, de nuevo la tormenta comenzó más fuerte que hace rato; los truenos hacían cimbrar las ventanas y en el salón se empezaba a sentir una inmensa sensación de nerviosismo, presión y estrés.

Fernando tras la bofetada, era sujetado por Brad; quién le ayudaba a no caerse tras el impacto.

Fer quejándose decía. – Auch, eso dolió y mucho.

– Con su mano en la mejilla, Brad le preguntaba preocupado. – ¿Estás bien?

– A lo qué quitando la mano de él, serio respondió. – Sí lo estoy, gracias.

– Fernando violento se volteaba, miraba con rencor y le gritaba. – ¡Yo nunca me guardo una cachetada, nunca!

– Tomando gran impulso, muy veloz; tan veloz que ni Bradley lograba detenerle.

Él tomaba fuerza y regresaba la cachetada; que sonaba como si una persona hubiese caído al agua.

Fer tras lo hecho, le advertía. – Eso es para que aprenda a no meterse en relaciones ajenas.

– Herminia caía al piso muy aturdida; Bradley impresionado no sabía qué hacer.

Fernando señalándola le decía enojado. – ¡No tenemos la culpa que usted sea una mujer gorda, insípida y que no incite la más mínima provocación en un hombre como Bradley o cualquier otro!

– Herminia enajenada imprecaba. – ¡No sabéis con quien os estáis metiendo, ostia, no sabéis!

– Fernando demostrando ser impávido expresó. – ¡Y tú no sabes cómo los mexicanos nos desquitamos por algo!

– Él tomaba su gabardina, se la colocaba y salía diciendo serio. – Te veo en un rato.

– Azotando fuertemente la puerta él se iba.

Bradley sonreía, ayudaba a levantarse a Herminia diciéndole en burla. – Le dije claramente que usted debía de calmarse, mire ahora como quedó, con la cara inflamada del gran cachetadon que le arremetieron.

– Herminia le divisaba con desprecio, diciendo. – ¡Os se van arrepentir, en especial tú Landucci!

– Bradley tomaba su maletín, guardaba su computadora, unos papeles y tras una risa de burla; exhaló airé hablando serio. – Como dijo Fernando, usted no sabe cómo los mexicanos nos desquitamos por algo o de alguien; son su permiso, buena tarde.

– Bradley salía del salón, dejando a Herminia recargada en la mesa, llorando de impotencia.

Ella muy furiosa; se iba directo a su oficina, cuidando de no ser vista de la cara, entraba; allí sacaba de su bolso maquillaje; para disimular la inflamación de la mejilla y del haber llorado; finalizando el retocarse, muy seria, tomaba el expediente de Fernando; el cual ya estaba preparado para que se lo llevará Guido.

Lo metía en una caja junto con otros papeles, diciendo. – Me encargaré de qué desaparezca todo vuestro currículo y rastro de que vos habéis estudiado aquí.

– Sellaba la caja y justo por escribirle dirección de envió, ella miraba su reloj exclamando. – ¡Joder, debo irme a casa, es tarde y mis felinos necesitan de su madre!

– La caja con todo el archivo y documentos de Fernando la colocaba en el piso; debajo de su escritorio; tomaba su bolsa, su abrigo y salía dejando con seguro su oficina; se despedía amablemente de su secretaria y del personal de limpieza.

Bajando en el elevador pensaba en la forma que se vengaría. – “Vosotros no sabéis la clase de persona con la que os enfrentáis, por algo me nombraron directora, por ser capaz de mucho, mucho más; lo que vosotros me ocasionaron me habéis cabreado, por eso llegando a mi hogar informaré a los periodistas sobre vuestro romance, marica Bradley Landucci, se correrá como pólvora encendida y agregando que Fernando os no podréis escapar del país para esconderse, ya que sus documentos escolares son importantes, mismos que serán enviados a otro lugar, causándole un gran conflicto, ¡vale que soy la puta ostia, joder!”.

– Herminia notaba que la tormenta estaba minimizando de poco; aun así usaba su sombrilla para cubrirse.

Caminando en dirección a su auto, a lo lejos notaba que una persona estaba haciéndole algo a su coche; ella sorprendida le gritaba. – ¡Hijo de puta, alejáis de mi auto!

– Esa persona sin voltear, cerraba presuroso el cofre y corría entre la lluvia.

Herminia trató de mirar, pero el aguacero le impedía ver quien era; sólo alcanzaba a darse cuenta que era un hombre.

Ella muy molesta; más de lo que ya; apagaba su paraguas y dejándose mojar, miraba atenta sí le habían hecho algo a su carro; pero al no ver nada raro, decía exaltada. – ¡Coño, seguro ese gilipollas habéis meado en mi automóvil, menos mal que ahorita con la tempestad se limpian vuestros residuos!

– Ella abría la puerta, se subía y acomodando el espejo retrovisor, decía. – ¡Hijo de puta, os habéis dejado la cara hinchada, pero os juro que me vengaréis de vosotros, aunque seáis lo último que os hagáis en vida, par de maricones!

– Encendía su vehículo, avanzando lento para salir y se percataba que había una silueta de un hombre parecida a la de hace unos instantes; intentaba ver quién era, pero la lluvia arreciaba de nuevo, evitándole ver a la perfección.

Ya sin darle importancia, ella seguía conduciendo para salir del estacionamiento de la universidad; con una sonrisa decía. – Por fin habéis vacaciones, os descansaré unas semanas de tantos estudiantes y profesores que únicamente sirven para causarme estrés, nerviosismo y ansiedad.

– Continuaba manejando con lentitud, encendía un cigarrillo y decía alegre. – Mañana que regresáis a la institución os encargaréis de ese asuntillo pendiente con vos Fernando, ya luego disfrutaréis las vacaciones.

– Herminia proseguía conduciendo, ahora acelerando un poco más, con rumbo a casa.

Por primera vez, cambiaba el trayecto, al recordar de que habría mucho tráfico por motivo del inicio de vacaciones y por la tormenta que nuevamente se intensificaba; así que pasando por la torre Agbar, junto a la plaza de las glóries, donde se cruzan las principales avenidas de Barcelona la diagonal, gran vía y meridiana; Herminia comenzaba a notar algo extraño en su carro; trataba de bajar la velocidad, pero le era imposible.

Tirando el cigarro encendido, rodaba hacía abajo, se alteraba, gritando. – ¡Jolines, la puta que me parió que os paséis maldito carro de mierda!

– Ella asustada trataba de frenar, pero no podía; ¡los frenos estaban desconectados!.

Mirando por el parabrisas, que se estaba acercando a la glorieta; ella gritaba. – ¡Os matare, coño, os matare, no!

– Por sus nervios, Herminia perdía el control del volante, tratando de dar vuelta.

Su coche golpeaba a un vehículo que a su vez la hacía rebotar entre otros dos, mismos que se detenían y únicamente el carro donde ella iba, diera varias vueltas sobre sí, hasta que de frente golpeo directo a la barrera de contención, ocasionando que saliera de pista, volteándose y cayendo directo a un terreno.

Herminia con múltiples golpes y adolorida; quedaba atorada entre el techo del carro y el volante; aún consiente trataba de salir; asustada gritaba. – ¡Ayuda, ayuda, os estoy atrapada, ayuda, me duelen mis piernas!, ¡por favor auxilio, socorro, que alguien os vengáis a sacadme de aquí, carajo!

– Las personas que habían presenciado el accidente, junto los conductores de los vehículos chocados, de inmediato pedían ayuda.

Cuando de pronto, una estruendosa y gran explosión terminaba con la vida de Herminia; a su vez, dejaba de llover, lo que hacía que el fuego se mantuviera vivo por un buen rato más, hasta que llegaron los reporteros, bomberos, patrullas y ambulancias al lugar del accidente.

Horas después; Bradley y Fernando se encontraban en la entrada del edificio dónde Brad vive.

Los dos sorprendidos, se miraban y Fernando cuestionaba. – ¿Dónde andabas?, mírate que vienes empapado.

– Bradley respondía interrogante. – ¿Tú dónde estabas?, pues al igual que yo, estas muy mojado.

– Fernando serio respondía. – No importa, mejor entremos y cambiémonos de ropa.

– Brad serio le decía, dándole el paso primero. – Tienes razón, sirve que me ayudas a hacer mi maleta.

– Los dos serios, con semblante nervioso, tenso, misterioso subían al piso del departamento.

Allí entraban y Brad caminaba a prisa a su habitación a quitarse la ropa y darle una toalla a Fernando; quién se desnudaba en plena sala del lugar.

Brad le decía con algo de frío. – Ten, sécate y enseguida te paso ropa limpia.

– Fer tomaba la toalla, le mostraba una cálida sonrisa, sugiriendo. – En casos como este es mejor bañarse y luego vestirse.

– Bradley sonreía de forma picara y decía. – Vamos a bañarnos entonces.

– Ambos entraban al baño, besándose de forma ardiente, provocativa, excitativa.

Abriendo la llave del agua caliente, Bradley y Fernando se dejaban acariciar por el líquido; Fernando besaba y mordía con esmero las tetillas de él.

Brad se comenzaba a masturbar y le decía exaltado. – Anda, mamalo como sólo tú sabes hacerlo.

– Fernando bajaba más y comenzaba a practicarle el sexo oral que tanto le gusta a Brad.

Conectando miradas, él observaba la forma en que su miembro desaparecía dentro de la boda de Fer, quién sin dejarle de mirar, succionaba con cuidado su sexo.

Con la fogosidad pasional a flor de piel, Brad expresaba. – ¡Trágatelos, trágatelos!

– Fernando proseguía con la felación, que concluía con un chorro de semen en su boca.

Mismo que saboreaba y luego tragaba, para sonreír diciendo. – Estuvo riquísimo mi amor.

– Brad sonreía, relajado diciendo. – Estuvo delicioso, lo haces excelente, mamas como nunca.

– Fer se incorporaba y le daba un gran beso, abrazados se estaban así unos instantes y luego continuar a bañarse de prisa.

Al salir, se ayudaban a secar; Brad amablemente le prestaba ropa interior, una playera y un pantalón de dormir; Fer se comenzaba a vestir y estornudaba muchas veces seguidas.

Brad preocupado, se le acercaba diciendo. – Creo te vas a resfriar.

– Fernando sonreía, diciendo. – No, no creo, pero para evitar eso, tomemos algo caliente.

– Brad le sonreía, le daba un beso en la frente y se ponía su ropa de dormir.

Los dos se dirigían a la cocina para preparar una infusión, comer unos pastelillos, ayudar a hacer la maleta y al finalizar, agotados, irse a la cama, dónde ahí abrazados bien cubiertos de sabanas.

Bradley seriamente le decía. – He pensado bien las cosas, nuestra situación y nuestra relación.

– Fernando intrigado preguntaba. – ¿Qué piensas amor?

– Respondía decidido. – Iré a México pasaré la noche buena y navidad con mi familia, les hablaré sobre ti y vendré de nuevo hasta aquí para que juntos celebremos el fin de año; no quiero esconderte, nuestro amor debe ser libre, como tal me sinceraré con la leyenda, aunque eso repercuta en mi futuro, pero nuestro amor debe ser lo principal.

– Fernando emocionado, lo abrazaba con fuerza, le besaba diciendo. – Es un gran sacrificio el que haces por nuestro amor, mucho más grande del que yo hice por lo que siento por ti; te estaré esperando amor, con mucha paciencia, deseando que tu familia sepa comprender las cosas y entienda que nuestro amor es especial.

– Fer bostezaba y Bradley le abrazaba con mucho amor diciéndole. – Ahorré lo suficiente como para solventar gastos en próximas semanas, además que me siento tranquilo pues renovaré contrato con la universidad esta vez por un año.

– Fernando bostezaba de nuevo, recargaba su cabeza en el pecho de él, tomaba su mano entrelazándola con la suya, para decir ilusionado. – Cuando regreses debemos viajar a Madrid y pasar fin de año y recibir el nuevo en la puerta del Sol, con un gran y largo beso, deseo con muchas ganas empezar el nuevo año a tu lado.

– Bradley sonreía hablándole suave. – Así será Nando, así será.

– Se abrazaban, acurrucaban y lentamente se quedaban dormidos, sin haberse enterado por las noticias de la trágica muerte de Herminia.

8:21 de la mañana; Fernando dormido se giraba sobre la cama, sintiendo una sensación de que algo faltaba; él abría de inmediato sus ojos, notaba la ausencia de Bradley y gritaba. – ¿Amor, estás en el baño?

– El cielo estaba nublado; no llovía y se sentía un poco de frío; extrañado se incorporaba, caminaba y buscaba en el departamento a Brad; sorprendido veía el reloj y regresaba a la habitación, percatándose que la maleta de él ya no estaba.

Un poco triste se decía. – No puedo creer que me haya quedado dormido y que tú no hayas tenido la intención de despertarme para despedirte.

– Caminaba triste a la sala, mirando que junto del mueble de entretenimiento, estaban las llaves del carro y una carta.

Con intriga la tomaba y leía:

“Amor Fernando: Lamento no despertarme y despedirme de ti, pero tu rostro tranquilo soñando es digno de ser admirado; tenía intención de interrumpirte con un beso de despedida, pero sabía que te levantarías y tus ojos se llenarían de lágrimas por verme partir; anoche te platiqué mis planes que llevaré acabo, los cumpliré y después regresaré por ti para irnos a Madrid a pasar el final de año y el comienzo de uno nuevo sin mentiras, sin nada que ocultar, únicamente tú y yo con nuestro gran amor que nació; te dejo las llaves del carro y las del departamento, puedes quedarte sí así lo deseas, te extrañaré mucho estas semanas, cuando regrese haremos el amor hasta el cansancio, te amo, gracias por esto, cuídate de no resfriarte, estaremos en contacto; no llores, siempre estaré en tus pensamientos, con amor Bradley.

P.D: no hay adiós sin decir adiós, esto es un hasta pronto, besos.”

Fernando con ojos llorosos abrazaba la carta y decía triste. – Hasta pronto amor mío, te estaré esperando impaciente.

– Él para animarse un poco encendía la televisión y programaba el canal de noticias, en lo que se iba a preparar un café para despertar.

Mientras tanto unas horas antes de partir; Bradley escribía la carta seriamente, pensando en lo que plasmaría; en silencio y calma tomaba su maleta, su gabardina y las colocaba en la sala; él se vestía y movía con cuidado a Fernando.

Mirando que seguía dormido con suave voz le decía. – Surtió efecto el somnífero que te di Nando.

– Él hacía memoria de que justo cuando estaba sirviendo los tés, agregaba un cuarto de pastilla para dormir en la taza de Fernando y se la daba sin haberse dado cuenta de lo que había puesto.

Sonriendo le decía. – No quiero que sufras cariño, eres un chico muy tierno y noble, espero pases una excelente y maravillosa navidad.

– Ya vestido él pasaba a la sala, dejaba la carta, sus llaves y salía de inmediato del edificio, donde un taxi le esperaba para ser llevado al aeropuerto.

Dónde ahí, casi por documentar su maleta, en las noticias informaban sobre el accidente ocurrido la tarde/noche de ayer, dónde notificaban que Herminia, la directora de la universidad había muerto.

Bradley sorprendido exclamaba. – ¡No puede ser!

– Sin más que hacer, procedía con su maleta y abordaba el avión.

Al despegar él iba pensando serio. – “No pensé que murieras así, una lástima que ese haya sido tu final, aunque tú misma te lo buscaste y pues mi padre al no hacer algo al respecto pues…”

– Bradley sonreía y se colocaba sus audífonos para escuchar música de su iPod nano.

Regresando con Fernando; él con taza de café en mano izquierda y en un plato huevos estrellados con tocino en la otra, se disponía a sentarse, cuando de momento daban la noticia de la muerte de Herminia.

Él impresionado exclamaba. – ¡Estás muerta! – Él sonreía para decir. – Yo claramente dije que no sabías como un mexicano se desquita, una lástima que haya pasado eso, ni modo.

– Se sentaba y quitado de la pena comenzaba a desayunar; posteriormente él salía del departamento, tomaba el carro de Brad y manejaba hasta su departamento; ahí se cambiaba, vistiéndose de negro.

Gabardina larga color negro y una boina, acompañadas de una bufanda y guantes de piel; mostrando una imagen de luto; él indagaba la dirección dónde sería el funeral de Herminia; al llegar veía que el cortejo fúnebre partía; intrigado se bajaba del carro, preguntaba ¿a dónde irían?, a lo que le respondían con tristeza que llevarían el cuerpo a cremar, puesto que había quedado casi irreconocible.

Él fingiendo tristeza, daba su pésame y les seguía despacio en el carro al crematorio, donde horas después entregaban las cenizas que eran llevadas al cementerio; Fernando colocando una rosa roja en el nicho, decía con voz baja y serio. – Al menos disfrutaste del sexo, te hicieron sentir mujer y acabaste como no te hubieras imaginado; descansa en paz y hasta el más allá te llevas el secreto de mí relación con Bradley, que no será revelado hasta cuando él lo haga con su familia.

– Saliendo del lugar, manejaba directo a la universidad; pues él junto con otros alumnos más no tendrían vacaciones, ya que se preparaban para los exámenes de evaluación y asesorías con sus tesis.

Al llegar a México Bradley era recibido por sus padres; muy emocionados lo abrazaban y mostraban su alegría de verle; su padre en el camino a casa, mostraba seriedad y Bradley le miraba de reojo en lo que su madre la actualizaba sobre asuntos familiares.

En casa sus hermanas contentas le daban la bienvenida con una comida especial; posteriormente él pasaba a su recamara, en disposición de descansar; su padre solicitaba permiso de entrar y al permitírsele, él serio y sin tapujos le avisaba que el problema con la directora ya estaba en proceso de solución; Bradley algo confuso le daba las gracias, pero que ese problema ya se había solucionado; Pietro serio le explicaba que desde ayer comenzarían con darle un escarmiento a Herminia con motivo de los chantajes; Bradley intrigado y a la vez tranquilo, agradecía nuevamente la ayuda a su padre.

Pietro repetía diciéndole que nadie se metería con su familia mientras él viviera y que haría lo que fuera con tal de protegerlos; una vez aclarado lo dejaba a solas para que descansara del viaje; vaya que el asunto de la muerte de Herminia es un misterio; sea como sea, quien haya sido, ella no dará más molestias.

Conforme pasaban los días; Bradley disfrutaba de su familia, amigos y su padre le presentaba a una nueva integrante de la firma Landucci; misma que quedaba sorprendida por la guapura de Bradley; él caballerosamente se presentó, ella igual y hubo cierta conexión que motivó a Bradley a frecuentarla; olvidándose por completo de Fernando.

En Barcelona, Fernando desde las 7 de la noche hasta muy de madrugada, se conectaba el Messenger con la esperanza de chatear con Bradley o con su amiga Aurora, pero ninguno mostraba señales de vida cibernética; su tía Alejandra era la única con la que conversaba casi a diario e incluso ella se ofrecía a buscar a Bradley para verificar que estuviera bien, pero Nando rechazaba la ayuda.

El tiempo continuo su curso; Noche buena llegaba, la familia Landucci estaba presente, junto con invitados especiales; entre ellos esa chica nueva en la firma Landucci; quien mostraba cierto interés por Brad; Fernando pasaba la noche buena a solas en el departamento de Brad, triste y melancólico comiendo chatarra, viendo películas alusivas a la fecha con ropa de dormir, mostrando rostro desanimado.

Tres días después, Fernando ya muy impaciente, se comunicaba al celular de Bradley; que afortunadamente lo lograba contactar; él algo tenso contestaba. – Hola, ¿cómo estás?

– Fernando algo triste respondía. – Hola, he estado bien, espero tú igual.

– Bradley serio hablaba. – Sí, lo estoy gracias, disculpa el no haberte llamado en estos días, pero sabes que quiero estar el mayor tiempo con mi familia.

– Fernando cabizbajo dijo. – Entiendo bien, por eso tampoco estuve insistiendo en llamarte, no quiero parecer posesivo, pero sólo quiero saber algo y que me respondas con sinceridad.

– Bradley en su cama, preguntaba intrigado. – ¿Y qué es?

– A lo qué Fernando le interrogaba con miedo. – ¿Harás lo que me prometiste de venir conmigo y pasar fin de año juntos?

– Bradley sintiendo incomodidad, sentimientos cruzados y confundido, contestaba. – Sí, te lo prometí y lo voy a cumplir.

– Fernando con su ilusión restaurada sonreía diciéndole. – ¡Me alegra escuchar eso!, ya faltan unos cuantos días para vernos.

– Bradley sonreía diciendo. – Así es, falta poco, es más, ahorita mismo iré a ver lo de mi boleto de avión y prometo avisarte cuando salga para allá.

– Fernando feliz decía. – Sí, está bien, estaré al pendiente.

– Fer recordaba lo que había pasado con Herminia y en tono serio le decía. – Hay algo que debo de contarte.

– Bradley presuroso le decía. – Será luego, debo ir al aeropuerto a ver lo del boleto, te hablaré más tarde.

– Fernando hacía mueca de inconformidad hablándole. – Bien, tendré el celular prendido, hasta luego.

– Suspirando le dijo. – Te amo mucho Brad y te extraño demasiado.

– Bradley nervioso le decía. – Yo igual, gracias, nos hablamos después.

– Bradley finalizaba la llamada presuroso y sonreía al ver a aquella mujer salir del baño desnuda.

Él entusiasmado, se levantaba de la cama igual desnudo, mostrándole su erección, para posteriormente cargarla y besarla, para iniciar con el acto sexual; Fernando sospechaba que ando no iba bien, pero trataba de ser positivo y no ser tan paranoico como si fuera una mujer celosa.

En las charlas que Fernando tenía con su tía Alejandra, se mostraba ansioso por ver de nuevo a Bradley, ella deseaba conocerle; pues lo único que sabía era su nombre y rasgos físicos, pero ninguna imagen.

Sorpresivamente Aurora ingresaba al Messenger, ocasionando una felicidad inmensa de Fernando al verla en línea; él amablemente se despedía de su tía comentándole que Aurora estaba en línea y deseaba hablar con ella; así que de inmediato él le escribía, pero ella con prisa le ponía que estaba bien, que por trabajo y por estar conociendo a un chico, no había podido entrar a chatear, pero que esperaba pronto platicar con él y actualizarse luego de mucho tiempo sin hacerlo.

Alegre por saber que su mejor amiga le estaba yendo bien en el amor y trabajo, él no hacía más que escribirle que la extrañaba y deseaba suerte con ese muchacho.

El día esperado llegaba; Fernando sabía que su amado regresaría esa misma noche; Bradley por su parte, la tarde anterior había hablado con sus padres que debía regresar a Barcelona; pero nunca mencionó a Fernando, sino dijo otra cosa; él serio y decidido, les comentaba que regresaría para despedirse y agradecer la oportunidad brindada durante esos meses allá, pero que él quería quedarse en México pues había encontrado un fuerte motivo para hacerlo.

Su padre le apoyaba, su madre igual, diciéndole que estaba contenta por tener a su hijo de nuevo en casa; aunque la señora mostraba rostro cansado y angustiado; muy temprano Bradley con una pequeña maleta salía rumbo al aeropuerto.

Él estando ahí se comunicaba con Fernando; quién emocionado le decía. – Hola mi amor.

– Bradley sonreía diciendo. – Nando ya estoy en el aeropuerto, el avión saldrá a las 8:30 de esta mañana tiempo México, me imagino estaré llegando muy noche por allá.

– Fernando entusiasmado le dijo. – ¡Lo principal es que llegues con bien mi amor!

– Brad de momento sintió una presión en su pecho, quedo mudo un instante y Fer preocupado preguntaba. – ¿Qué pasa, sucede algo?

– Respondiendo él con calma. – Nada, no pasa nada, creo es la emoción de verte amor.

– Él instantáneamente volteaba a su derecha y veía caminar presurosa a su hermana Luciana.

Brad intrigado decía. – Nando debo colgar, debo documentar maleta, en unas horas mi precioso nos veremos, nos besaremos y haremos el amor hasta el cansancio.

– Fernando suspiraba hablando. – Sí, eso quiero, ya verte, quiero estar entre tus brazos siempre, nos vemos mi amor.

– Bradley extraño por la forma de ver a su hermana dirigirse con él; le decía en tono serio. – Te amo amor, hasta después.

– Finalizaba la llamada y guardaba su celular en la funda asegurada en su cinturón.

Luciana al acercarse, su hermano preguntaba con duda. – Hola hermanita, ¿qué haces aquí?, ¿viniste a despedirte?

– Luciana preocupada le respondía. – No hermano, no vine a eso, vine a impedir que te vayas.

– Él exclamaba preguntando. – ¡¿Qué, por qué?!

– Ella le respondía con tristeza. – Porque no puedes irte, mamá se puso muy mal y se la llevaron al hospital luego de que tú te saliste de la casa.

– Bradley empalidecía y decía. – ¡¿Qué paso?!

– Luciana le tomaba de la mano, jalándolo diciendo. – Vamos en el camino te cuento.

– Bradley con todo y maleta avanzaba a prisa para ir a ver su madre.

Entre la multitud de gente, chocaba con un hombre, disculpándose con él, pero sin fijarse que dicho impacto, ocasionaba que su celular se le cayera al suelo, desarmándose y pateado por la gente que pasaba.

En Barcelona, las horas pasaban; Fernando con mucha ilusión esperaba a su amado aparecer, pero no había rastro o señal alguna de él; con cierta preocupación e impaciencia, se acercaba a preguntar sobre el vuelo proveniente de México para acá, a lo que le respondían que ese avión tenía escasos quince minutos que había llegado, únicamente había hecho escala en Madrid.

Fernando sintiendo una ansiedad y desesperación, le marcaba al celular, mismo que no daba tono indicando estar apagando; insistiendo una y otra vez, Fernando se iba al carro, dónde estando dentro, comenzaba a llorar de tristeza diciendo. – Me mentiste Bradley, me mentiste de la peor forma, sólo me ilusionaste y te aprovechaste de mi amor.

– Golpeando el volante gritaba. – ¡Eres un maldito!

– Llorando desconsolado, manejaba a su departamento, dónde ahí rodeado de un gran silencio, tomaba la carta que le había escrito y lloraba con mucho sentimiento, recordando la sonrisa, besos y mirada de Bradley.

Aparentemente eso fue un adiós sin decirse adiós.

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