Amores de juventud IV

Me levanté temprano. En el barco todo el mundo dormía, el mediterráneo era un plato. La bruma de la mañana envolvía tanto el barco como la costa. La noche había sido una locura, ¿quien me hubiese contado a mi hace unos años que iba a ser lamida por una mujer, se la iba a comer en publico a un hombre e iba a ver como mis acompañantes follaban como animales en celo?. Bueno, era un viaje, solo eso. Al volver a Madrid la vida seguiría como hasta ahora.

La gente se fue levantando uno a uno, Juan como de costumbre el último de todos. Nos desplazamos al pueblo a comprar comida y sobre todo bebida. Fue bastante rápido, no había mucho que ver o hacer más que nada por que el pueblo eran 4 casa y un supermercado para los barcos.

Esa mañana la pasamos en la playa, como el día anterior puse mis tetas al sol. La verdad es que las tengo preciosas, Rosa las tiene enormes, pero las mías son lo que se dice una teta perfecta. Las de Susana no tienen demasiado, desde mi punto de vista, nada que descartar, pero tiene dos grandes pezones que las hacen ciertamente llamativas.

Comimos en la propia playa y volvimos al barco para navegar durante unas horas hacia la playa de Cargot. De nuevo las chicas tomamos el sol mientras Alberto, Paco y Juan gobernaban la goleta.

Sonreí cuando vi que anclábamos enfrente de una playa nudista. Había unos cuantos barcos, unos más lujosos y otros más modestos con todos sus ocupantes en la playa en ese momentos.

De perdidos al rio, bajamos a la zodiac y los 6 nos dirigimos hasta la orilla. En 2 minutos estábamos los seis en pelotas. Aunque parezca raro no me sentí en ningún momento cohibida por estar con cuatro semidesconocidos y Juan desnudos en una playa. Me da la impresión que ver follar a la gente rompe muchos tabús.

Rosa y Alberto se fueron a pasear por la orilla y a lo lejos les vimos hablando con una pareja, cuando los cuatro se acercaron a donde teníamos las toallas vimos aparecer ante nosotros a dos alemanotes de estos de catalogó. Él el típico alto, musculado y con un pene que realmente destacaba, su compañera parecía una modelo, la típica rubia, alta, risueña y con una tetas incluso más perfecta que las mías. Se llamaba Klaus y Sybille. Por lo que nos contaron tenían casa en Menorca y estaban recorriendo el Mediterráneo en un barco que estaba justo fondeado a unos metros de nuestro. La verdad es que nuestros chicos no estaba ninguno mal del todo, pero al lado de Klaus parecían campesinos manchegos, un hombre de tomar pan y mojar. Me imagino que Juan debía de pensar lo mismo de nosotras respecto a Sybille.

Pasamos el resto de la tarde charlando con los alemanes hasta que empezó a refrescar. Les invitamos a cenar en nuestro barco aprovechando nuestra nueva amistad. Evidentemente eran gente bien, pero igualmente se quedaron encantados de poder subir a nuestro barco que sin duda destaca sobre el resto en la ensenada.

Cada uno en su zodiac nos dirigimos a nuestros barcos en pelotas como estábamos. Nosotros en la cubierta nos duchamos con agua dulce mientras podíamos ver como en su barco nuestros nuevos amigos hacían lo propio. Una hora después estábamos los ocho preparando las viandas con una copa de vino cada uno en la mano.

Juan, Susana y Alfonso se encargaban de atender a Sybille y Klaus mientras Rosa y yo abríamos unos sobres de ibéricos, paté, quesos y unas ensaladas. Paco mientras ponía la mesa.

No tenia ni idea de cómo se iba a desarrollar la jornada, por un lado no sabía si estos depravados pretendían tener sexo en grupo contando que yo había soltado amarras, o bien se comportarían con decencia por respeto a nuestros invitados.

Durante la cena nos contaron que no eran pareja, Sybille se había separado recientemente y había decidido pasar el verano con su viejo amigo Klaus. Ante nuestra miradas incrédulas nos explicaron que el ir desnudos juntos por la playa no significaba nada ya que en Alemania con la birria de tiempo que tenían cada vez que veían el sol era casi tan normal tomarlo desnudo que con bañador.

Durante las copas Rosa estaba lanzada con un pequeño punto alcohólico y contaba chistes e historias muy graciosas medio en español medio en ingles. La verdad es que se contenía hasta que empezó a contar la historia del día en el que estaba follando en casa de un novio que tenia por aquella época el cual la tenia esposada al cabecero de la cama con un consolador metido en el culo y la polla de su novio en el coño. Nos contó que no había dejado de correrse en toda la noche y cuando creía que iba a morir un movimiento del chico le apretó mas una de la esposa por lo que debido al dolor se le cortó de cuajo toda el placer que estaba recibiendo. Su torpe amante corrió a coger las llaves y cuando fue meterla para abrir los grilletes rompió la llave. – hay que joderse – dijo – allí estaba yo en pelotas, con el coño encharcado, un pepino en mi culo y un gilipollas mirando la llave con cara de tonto. El dolor era muy fuerte por lo que después de intentar abrirlas con un click abierto decidió que eso lo arreglaba su amigo Luismi, policía para más Inri. El amigo del idiota llegó a la media hora haciendo sonar la sirena de su coche, lo cual yo agradecí pues realmente la situación lo justificaba. Lo que no se le ocurrió al bueno de Luismi dejar el coche bien aparcado, lo cual llevo a que mientras el bobo uniformado intentase con una ganzúa abrir las esposas conmigo tapada por una toalla de Naranjito y sin haber siquiera escondido el consolador, empezaron a aparecer policías avisados por los vecinos que fueron llenando la habitación. ¡Que vergüenza por dios!, el tal Luismi con aquello de los nervios de tener una hembra como yo tumbada y atada, el calor de la habitación y que éramos multitud allí gracias a los uniformados no atinaba a abrirlas.

Todo reímos, incluidos los alemanes.

No se conformo con ello.

– ¿Os he contado cuando me echaron de un hotel por que gritaba mucho al follar?

– Bueno, a ti y a mi – dijo Alberto.

– Bueno nos echaron del hotel a los dos.

Cada historia que contaba era más loca que la anterior.

Klaus y Sibille se despidieron ya entrada la noche y se dirigieron a su barco, la día siguiente cuando amanecimos resacosos su barco ya no estaba y nos imaginamos que habían ido a buscar otra cala.

Pasamos de nuevo el día en la playa de es Cargol y a media tarde nos dirigimos hacia otra playa, que yo me imagine nudista cerca de Bellver. Realmente se nos hizo más tarde de lo esperado y llegamos a oscuras. Lo cierto es que no era mucho problema por que había una gran luna y ver se veía.

Anclamos, recogimos velas y preparamos la cena y las copas.

Estábamos hablando de todo y de nada cuando de repente oigo a Paco decir:

– Mirar a aquellos – y efectivamente en el barco de al lado nuestra, como a 50 metros dos siluetas estaban claramente follando.

– Joder que fuerte – dije yo.

– Ahí delante de todo el mundo, ¿no, cielo? – me dijo Juan muerto de risa.

– Deja a los chicos que disfruten – dijo Rosa.

– ¿Y si te digo que creo que este es el barco de la pareja de ayer y esos dos que follan son Klaus y Sybille?

– Que van a ser ellos hombre, si ni siquiera eran pareja – dije inocente de mi,

Todos se descojonaron de mi. Si como era los dos alemanotes que follaban como conejos a la vista de todos, bueno a la vista es mucho decir, pero si sin ningún tipo de pudor ni privacidad.

Klaus le estaba dando a Sybille con rabia. Se podía ver la silueta de ambos haciendo una clara follada a lo perrito. Sybille aullaba ante cada embestida y gritaba

– Klaus fick mich, gib mir schwer (follame Klaus dame duro).

– genießt ficken (disfruta puta)

Cuando Sybille se corrió con un grave grito de placer todos estallamos en aplausos y vítores. Ellos nos saludaron con la mano habiéndonos reconocido.

Aquella noche todos follamos en nuestros camarotes, cada uno con su pareja para variar. Juan me folló con saña, evidentemente influenciado por lo cachondo que le había puesto por esos dos follando. Mi última visión antes de correrme mientras Juan me rompía duramente el culo fue la silueta del barco de los alemanes a través de ojo de buey de nuestro camarote.

Juan y yo nos levantamos tarde, para mi sorpresa ya estaban en nuestro barco como dios les trajo al mundo la pareja Alemana, aun era pronto para comer pero ya estaba todos bebiendo por lo que sin siquiera desayunar nos unimos a la bacanal alcohólica. Comimos una paella traída por un restaurante cercano y a continuación procedimos a echar la siesta en cubierta todos salvo Paco y Susana que se dirigieron a su camarote.

No habían pasado ni 5 minutos cuando a través de su ventana abierta oímos a ambos gemir fruto de salvaje polvo que estaban disfrutando.

Todos sonreíamos, alguno soltaba un chiste en ingles e incluso al Alberto se le puso la polla dura, algo que no trató de ocultar dándose la vuelta o algo parecido. Su mujer no se si fruto de la lascivia o del alcohol, o de ambas cosas, empezó a masturbarlo poco a poco, subiendo su mano despacio y bajándola aun mas despacio dejando su grande al aire. Klaus empezó a tocar el escaso bello púbico de su pareja la cual instintivamente abrió un poco las piernas.

– Joder como me están poniendo estos – le susurré al oído a Juan mientras con la punta de mi lengua le hacia circulitos en su oreja.

– Ya, se te ve – me contestó.

Susana seguía gritando en su camarote, Rosa aceleraba su ritmo y Klaus había pasado del pelo al coño y la respiración de Sybille se aceleraba por momentos.

– Vámonos al cuarto – le dije a Juan

– camarote, cielo camarote.

– Allí también si quieres me sonrió.

Rosa se subió sobre la polla de su marido y viendo el movimiento, Klaus se giró y de un solo golpe de cadera ensarto a la walkiria.

– Espera, ahora bajamos – me dijo Juan.

Rosa gemía y se tocaba sus grandes tetas, estirando de sus pezones como si chicle se tratase, yo me moría de envidia sobre todo cuando Klaus levantó las piernas de su amiga y empezó a darle con fuerza, ella se moría de gusto y nos lo dejaba ver con la boca abierta y la lengua fuera.

Alberto cambió a Rosa de posición de manera que su cara quedo a un palmo de su entrepierna, en aquel momento ya no me sorprendía nada y menos cuando puso su lengua sobre mi mojado coño y empezó a chupar mientras su marido martilleaba su coño con cara de salvaje. No me contuve y me metí la ya muy dura polla de Juan en la boca y empecé a chupar como una loca.

Sybille y Klaus se separaron. Ella había quedado destrozada y él demostrando un aguante increíble seguía con su herramienta por todo lo alto. Sybille se tumbo al lado mía y empezó a chuparle los huevos a Juan. Creí que me moriría de celos, pero me pareció algo lógico y normal, a su vez, Klaus apartó la boca de Rosa de mi coño y le metió la polla en la boca. Rosa se alegro de recibir aquel bicho en la boca y empezó a chupar todo lo que Alberto le dejaba pues se moría de gusto según se la veía en la cara. Klaus empezó a masturbarme, me sentí incomoda hasta que Juan con un ligero gesto de cabeza me dio su aprobación. Realmente necesita una buena polla y no veía el momento en que Juan me la clavase, pero no fue así. Klaus sacó su polla de la boca de Rosa y separando mis piernas enfilo su miembro en mi coñito, yo cerré un poco las piernas pero Juan tocándome la nuca y mirándome tiernamente me dio de nuevo su aprobación. Aquello era la mayor cantidad de carne que nunca había entrado en mi vagina. Estaba sencillamente empalada por una polla espectacular. Sybille se apoderó de la polla de Juan para ella sola y empezó a chupar como loca. Evidentemente Juan estaba en la gloria.

Klaus me levantó y me puso encima, yo ya no podía con mi alma pero esta disfrutando de verdad. Un dedo empezó a abrirse paso en mi ojete, mire a Juan y él no era, pero si vi que quien me tocaba el culo era Paco que habían abandonado ya su sexual retiro. Susana le estaba comiendo el culo a Alberto que no paraba de darle a Rosa, ahora por el culo. Yo miré a Juan cuando Paco empezó a meterme aquella polla que dios le había dado y por tercera vez me dio su bendición. En cinco minutos estaba empalada por Klaus con aquel tótem castigador y por Paco con un muy bien dotada polla. No tuvieron piedad de mi, los dos parecían que habían echado una competición por ver quien me la metía salvajemente. Susana a su vez le estaba chupando el coño a Rosa la cual le comía la polla a su marido en una suerte de trenecito. Paco y Klaus me llevaban a séptimo cielo con un orgasmo tras otros. Mis tetas era magreadas por los dos y cuando uno no me mordía los pezones el otro era el que me las sobaba desde atrás. Algo se rompió en mi cuando vi a la rubia alemana a cuatro patas y Juan agarrándola por los hombros le metía aquella polla que hasta entonces solo había sido mía. Me corrí al instante seguida de Klaus y Paco que se corrieron al unísono llenando me de lefa todo mi cuerpo. Susana empezó a bajar el ritmo de sus lamida una vez Alberto se había corrido en la boca de Rosa y esta había alcanzado ya un montón de orgasmos. Tuve que aguantar mas de 15 minutos una vez acabada como Juan se follaba a nuestra invitada en mi presencia en posturas que solo creí que compartía conmigo.

Juan tensó su cuerpo y sacando aquella polla de mi propiedad de aquel rubio conejo regó a la pobre alemana de una buena ración de corrida. Empezaba a anochecer. Todo el mundo estaba relajado, todos salvo yo. Me sentía sucia, usada, enferma, salida, reventada, ósea, una puta.

Me levanté y sonriendo entre en la cabina soltando un reguero de lefa que salía por mi chichi y mi culete, una vez en mi camarote empecé a llorar. Juan que se temía mi reacción e siguió.

– que te pasa cielo – me preguntó.

– Me siento sucia Juan, son unos enfermos y lo peor de todo es que yo he sido parte.

– Tranquila mi amor, piensa que hay muchos mundos y están en este y realmente no has hecho daño a nadie.

– Ya Juan, pero esto no es normal, El sexo es algo para compartir con tu pareja, no con todo el mundo.

– ¿Qué quieres que te diga?

– Dime algo, que tu no eres así, que yo no soy así, que esto no ha pasado, que me quieres, que no se repetirá.

– No se repetirá sino quieres.

– ¿sabes lo peor de todo?

– No dime.

– Lo peor de todo es que me ha gustado.

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