Aquel maduro me folla y mi marido nos ve por Skipe

Había ido esa mañana a la playa sola, pues mi pareja Mario tenía asuntos que resolver en hacienda, y aunque la mañana estaba algo fresca y nublada me apetecía un baño y un paseo por la arena.

Tome el sol,pero como hacia algo de fresco y se comenzaba a nublar amenazando algo de lluvia, decidí pasear por la arena, llegando hasta un espigón donde suelen ponerse algunos a pescar.

Pase atrevidamente por las piedras hasta el fondo pues las vista desde allí de la playa son magníficas, cuando de pronto se puso a llover.

Quede me dio atolondrada pues no sabía qué hacer en ese momento ante aquel inesperado y fuerte chaparrón, por lo que intente darme la vuelta rápidamente, con la mala fortuna que las chanclas que llevaba me hizo resbalar, torciéndome el tobillo.

Me había fijado que había a unos metros uno con una caña pescando, sorprendiéndole igualmente la lluvia, aunque él se lo tomo con paciencia, pues parecía no molestarle la lluvia, si bien se dispuso a recoger todos los artilugios de pesca para salir.

Me quede sentada sobre una piedra con un fuerte dolor de tobillo, dándose cuenta él al pasar que una estaba en apuros, por lo que pregunto si necesitaba ayuda.

Entre la lluvia y el dolor apenas pude fijarme en él, pero rápidamente note que me ponía sobre mi espalda una fina chaqueta impermeable que llevaba, a la vez me dijo:

– Veo se dañó el pie, déjeme ayudarla, aunque esta ya mojada, póngase esto y cójase a mí que le ayudo a salir a la orilla.

Salí no sin dificultad caminando apoyada y sujeta por sus fuertes brazos hacia fuera del espigón, fijándome ahora que aquel inesperado rescatador, debía tener unos 60 años, de aspecto corpulento pero con buen físico y una cara de las que enamoran a primera vista, pues sus gafas finas y elegantes, así como su corte de pelo con la barba bien afeitado y aquella ropa mojada pero al igual que las gafas de marcas caras, le hacían ser un maduro de aspecto muy elegante y atractivo, además del trato educado que me estaba dispensando, pues se notaba en su forma de hablar y ser, una educación exquisita.

Nos sentamos en la orilla bajo un pequeño toldo y me miro el tobillo con delicadeza y sumo cuidado, diciéndome que no veía nada preocupante, aunque debería ponerme hielo cuando llegara a casa.

Cuando puso las manos sobre mi tobillo para comprobar su estado, sentí un calambrazo por todo mi cuerpo, que me hizo temblar, pues en segundos aquel maduro me había encandilado de una forma que me dejo anonadada.

Le dije que no sabría si podía conducir con el dolor ,por lo que tomaría un taxi, ofreciéndose el rápidamente a llevarse con su coche, si bien primero pasaría por la suya a cambiarse de ropa, y de camino me pondría una venda pues según me dijo, tenía un botiquín en casa de primeros auxilios con una crema antiinflamatoria que me vendría bien ante aquel imprevisto.

A los quince minutos estábamos ya en su dúplex, sentada sobre una silla mientras él me atendía mi dolorido tobillo.

Pregunte por su familia, y me dijo era separado y vivía solo, pues sus hijos eran ya independientes.

Lo observaba y me puse más ardiendo si cabe aun, cuando agachado masajeaba suavemente con crema mi tobillo, notando se había cambiando aquel pantalón mojado por otro seco aunque parecía no se había puesto nada debajo de este.

Su torso ya seco pero desnudo me hacía estremecer, pues aquella robustez y fortaleza física la adornaba un poblado y lacio pelo blanco, que me hacía perder el sentido.

Note en su pantalón un bulto que amenazaba contener un buen paquetón y más cuando sentándose en el suelo para atenderme mejor, abrió u poco sus piernas y vislumbre a través de una pata de aquel pantalón corto, asomar un velludo testículo gordo y hermoso que confirmaban mis sospechas.

Me dijo que debería cambiarme de ropa, pues aunque me había dado una toalla que tenía sobre mi mojada blusa, esta me estaba dando ya algo de escalofríos, aunque no sabía una, si era por lo mojada o por lo que estaba viendo delante de mí.

Dijo que aún conservaba ropa de su exmujer en un armario, por lo que me saco una blusa y una falda, si bien dijo que ropa interior no tenía nada.

Le dije que no importaba e inconscientemente le comente que muchas veces no usaba, pues a mi marido le gustaba verme sin ella.

Me di cuenta de mi metedura de pata, riendo el picaronamente ante mi sorprendente comentario.

Me cambie mientras él iba a la cocina a por un poco de hielo, dándome cuenta de que si volvía a sentarse como antes , mi conejito desnudo estaría a su vista.

Sucedió así, y aunque intente taparme con la corta falda mientras él me ponía la bolsa de hielo sobre mi tobillo, al final al apoyar mi pierna sobre su fuerte muslo, este quedo al descubierto.

Como hombre que era, su mirada se dirigió rápidamente hacia mi almeja abierta y desnuda por aquella posición, y aunque fue cortes y educado retirando rápidamente la mirada, está en segundos volvió nuevamente a echar otro vistazo.

Ante mi grata sorpresa me dijo:– Afortunado tu marido de tener una mujer tan sexy así, que pena la mía no se pareciera a ti un poco, seguro aún estaba con ella.

Yo, le correspondió también con cumplido, diciéndole igualmente, que no sabía cómo una mujer podía haber dejado escapar un hombre así.

Bueno…- dijo el, tuve que hacer vida extramarital fuera de casa, pues ella era demasiado rectada en el sexo y al final me pillo y tuvimos que divorciarnos.

Yo le dije que en nuestro caso eso no pasaba pues, éramos una pareja muy liberal y el sexo para nosotros es algo que no interfiere en la pareja, pues ya habíamos mantenido muchas relaciones juntas y separadas y todo iba sobre ruedas, respetándonos mutuamente y disfrutando si podemos juntos más aún.

Ummmm resoplo el… eso es lo que buscaba yo, una mujer así, liberal que deje fluir los instintos sexuales a cada uno sin tapujos ni trabas, pues mi mujer en ese campo era una arcaica y además apenas hacíamos el amor, y eso a mí me ponía estresado y de mal humor.

Su mano ante aquella creciente y caliente conversación, subió lentamente acariciando el resto de mi pierna hasta llegar a la rodilla.

Lo mire pues note que paraba en esta, y le dije—no te pares que masajeas muy bien y se me está quitando el dolor rápidamente.

Mi miro fijamente mientras su mano ahora continuo hasta llegar a mi rasurado conejito, al que acaricio con ternura, haciéndome suspirar de gusto, mientras mi otro pie se descalzaba de mi chancleta para posarse sobre su gordo bulto al que masajee fuertemente.

Este creció de una forma escandalosa y ahora se perfilaba en aquel fino y claro pantalón, una barra de carne dura y rígida que me hacía palpitar de gusto.

Me introdujo primero un dedo y rápidamente paso el segundo mientras una,suspiraba recostada sobre la silla ante las atenciones de aquel macho.

Me dijo—¿Estas segura de que tu marido esto no le va a importar?

Le respondí— No te preocupes, como te digo es liberal y si estuviese aquí, estaría encantado de hacerlo con nosotros, lo tengo acostumbrado a fiestas así, y el goza si cabe más que una.

Pues a mí me da morbo y me encantaría me viera como te lo hago, pues una hembra como tú se merece la traten con pasión y se recreen en este magnífico cuerpo hasta hacerlo explotar una y otra vez… —-me dijo con tono de acorado y pasional.

Seguro disfrutaba también el viéndolo, le respondí.

— Pues se mi dejas te voy hacer pasar una mañana increíble, volvió a repetirme.

Soy toda tuya, y de esto que estoy tocando que quiero ya me lo des y me dejes devorarlo,… a la vez que mi pie desnudo continuaba frotando su duro rabo a través de la fina tela del pantalón.

Pues ven, déjame que te voy a dar una sorpresa, a la vez que me tomo en brazos y me llevo a su cama, depositándome sobre ella mientras me besaba dulcemente, si bien una de sus manos seguía en mi acalorada y mojada almeja.

La cama era de esas antiguas, alta y con barrotes de metal, me desnudo sobre ella mientras besaba todo mi cuerpo, no dejándome que le agarrara su tremenda herramienta, esquivando mi mano, a la vez que me decía— tranquila la vas a degustar bien y la vas a tener buen rato dentro de ti, pero ten paciencia que quiero juegues a una cosa conmigo.

Saco de una de las mesitas que acompañaban aquella bonita y antigua cama, unas ligas de seda, con las que me ato con mi consentimiento a cada extremo de ella.

Todo con un juego erótico que me tenida mojada a punto de explotar.

Ante mi sorpresa me dijo, ¿tiene Skype tu marido?..

Le dije que sí, que lo usamos entre nosotros cuando él está fuera en algún viaje.

Pues dámelo, mientras a la vez abría un portátil que había justo enfrente a la cama sobre en una cómoda con un gran espejo.

Le pregunte, medio inquieta,…¿qué vas hacer?..

Pues conectarme con él y que tu marido vea cómo te hago el amor y de camino lo calentamos para un próximo encuentro entre los tres, pues veo eres una hembra que necesita algo especial.

Me pareció excitante y más como me tenía sobre la cama, por lo que acepte y se lo di.

Se conectó y le hizo una video llamada usando mi cuenta, por lo que Mario que acababa de llegar a casa, pensando era yo respondió rápidamente.

Se quedó Mario un poco cortado, cuando vio la cara de un hombre a través de mi Skype, y yo al fondo sobre una cama atada y desnuda

Le dijo, tranquilo amigo, todo está bien, tu mujer esta así con su voluntad, y desea que tú veas como la follo hasta dejarla sin sentido para que luego cuando regrese a casa se lo hagas igual, y si te apetece la próxima vez se lo haremos juntos.

¿Es una broma? respondió Mario, medio sorprendido..

Que te responda ella, para que veas que no, pero solo le voy a dejar decirte dos palabras, las demás van a ser quejidos de placer, le dijo mi sorprendente y sexy acompañante.

Tranquilo Mario, le dije.. Es un juego erótico. Cuando me vi sorprendía por su rabo en mi boca a la vez que me dijo,— te dije solo dos palabras…mientras su gorda cabeza que ahora vislumbraba desnudo ante mí, frotaba mi boca y mis labios, queriendo entrar dentro.

Mmmmm , la besaba y chupaba con pasión, notando que aquel hombre estaba dotado sobradamente, acompañando aquel cuerpo de ensueño con un rabo digno del mejor sueño de una mujer.

Mira Mario, que bien la chupa, aunque eso ya tú lo sabes bien; me dijo que desea la folle con lujuria y te enseñe como se le hace gozar a una hembra como esta, además veo tiene el coñito depilado y listo para comérselo y meterle un buen trancazo hasta reventarla de placer.

Había transformado su lenguaje cortes en uno caliente y poco delicado, pero me estaba deleitando con aquel tono, haciéndome calentar y casi seguro a mi marido también.

Pajeate si quieres a través de la cámara y así tú también gozas, que ella vea como a ti también te gusta ver cómo me la follo.

Me comió los pezones delicadamente, mientras miraba a la cámara y le decía a Mario… –que ricos están, y este coñito más empapadito, está pidiendo ya atención, a la vez que sus sensuales dedos jugaban con él.

Me hizo explotar , pues la inesperada y rocambolesca situación , me había calentado fuera de lo normal, y un orgasmo descomunal, me llego ante el placentero juego de sus dedos en mi supurante almeja, a la vez que ahora posaba sobre mis labios,sus enormes y peludas pelotas, para que se las chupara, mientras volvía a dirigirse a Mario diciéndole:

— Mira amigo, como le encanta chuparme lo huevos, ves cómo se corrió rápidamente, me parece que esta hembra necesito más macho de lo que tú le das, voy a tener que quedarme con ella una temporada y follártela a diario para calmártela.

Levantaba su cadera y me hacía subir mi cuello buscando sus enormes y gustosas pelotas, a la vez que riendo picaronamente y mirando a la cámara , le volvió a decir a mi marido: mira ves como las busca,, mira como las chupa…

Me tenía a su merced y además excitada como una tigresa en celo, cuando ante mi sorpresa dijo, mmm veo que tú también esas bien equipado, vamos a hacer seguro buenos tríos los tres.

Mire la pantalla del portátil y allí estaba Mario, sentado desnudo, meneándose su enorme y bonito rabo que ahora deseaba también tener allí a mi lado.

Ahora amigo te voy a dejar de hablar un momento, pues voy a darme un banquete comiendo este conejo delicioso al que voy a devorar hasta dejarlo sin sentido.

Se agacho dejándome su enorme pollon sobre mi cara en la posición del 69 y mutuamente comenzamos a disfrutar de lo que teníamos delante, aunque yo con mis manos atadas, debía emplear mi boca como único medio de placer hacia aquel bonito y gusto falo.

Explote antes la experta comida de aquel macho ibérico que con aquel juego me estaba llevando a un éxtasis difícil de explicar, y más cuando tras aquella larga sesión de sexo oral, donde me había llevado a casi mi limite, acerco más aun el portátil, poniendo la imagen de mi sexo casi en primer plano, para ahora dirigir su misil gordo y venoso a las puertas de este.

Miro de reojo hacia atrás a Mario, y le dijo—Ahora vas a ver como una buena polla folla a tu mujer y la revienta a polvos, la voy a dejar inundada de leche para que luego la tuya entre con facilidad, además vas a ver como goza tu mujer con este buen rabo.

Puso su enorme cabezón en la puerta de mi conejo, jugando a entrar y salir y esto me hacía levantar la cadera buscando me penetrara, a la vez que le susurraba … “métemela .. Métemela ya.. Ya por favor métemela ya…”

Tranquila tesoro, la vas a tener pronto… dirigiéndose a mi… ves Mario, le dijo a mi marido, ves como desea la folle… mira bien pues le voy a dar un polvo que me va a suplicar se lo repita…

Con un golpe seco y certero, me metió toda aquella tranca de una estocada hasta el fondo de mi mojado y agradecido conejo, comenzando ahora tumbado sobre una, abierta y atada sobre la cama, una sesión de metida con un ritmo acompasado pero incansable, que me tenía sin aliento y sin apenas respiración.

Por mi boca solo salían gemidos de placer ante aquel semental y su ritmo endiablado, mientras me follaba como un experto macho; Mario suponía estaba viendo aquella escena, seguramente aliviándose solo, lo que hacía más morbosa aun aquella situación.

Pensé se iba a correr en aquella postura, viendo la intensidad de su ritmo, pero ante mi sorpresa me libero de los pies y subiéndolos estos a sus hombros, volvió a penetrarme fuertemente para darme otra sesión en aquella postura.

Volví a correrme, si bien había perdido la cuenta de mis cortos pero intensos orgasmos, no deseaba aquello se cortara, pues el momento era único y muy placentero.

Nuevamente me sorprendió su iniciativa, ya ahora liberándome de las manos también, me puso cara a la cámara como una perrita en celo, y poniéndose por atrás, me copulaba con una maestría digna del mejor actor porno.

Mi cara frente a la pantalla del ordenador denotaba el placer que estaba recibiendo, a la vez veía a Mario que fuertemente se pajeaba deseando comerle ahora su enorme y gordo pollon que tenía frente a mí, pero del que solo podía hacer uso visual.

Se agacho sobre mi espalda y poniendo su cara junto a la nuestra, le dijo a mi marido:

Mira como goza tu mujer con mi rabo, ves como esta de caliente esta hembra… la estoy poniendo a tono y fina para ti… díselo cariño a tu marido, lo que te gusta mi polla dentro de ti.. Díselo que él te oiga… me repetía..

Si Mario , me gusta mucho como me folla este macho, me encanta, es un semental que quiero me lo repita ,pero contigo …… cuando otro enorme y explosivo orgasmo me llego, haciéndome doblar los brazos y las rodillas, cayendo mi cara sobre el colchón toda rendida ante las acometidas de aquel duro falo.

Sus brazos fuertes y seguros sujetaban mi cadera, para ahora tras un acelerón de golpes secos y profundos, comenzar a vomitar leche por aquel largo y grueso apéndice que tanto placer me estaba dando.

La corrida fue de escándalo, pues note mi conejito empapado y ahogado como pocas veces, mientras aquel semental, daba sus últimos coletazos soltando las ultimas gotas a la vez que su agitada respiración delataba había gozado también mucho.

Mario estaba soltando ahora chorros de rica nata sobre su pectoral peludo frente a nuestras caras a través del portátil, y vi reflejado en su rostro había gozado viéndonos también.

Tras recuperarnos, Joaquín, que era como se llamaba aquel rico y sorprendente amante momentáneo, charlo con Mario, a través del Skype, comentándole que todo había sido un juego y que si con el calor del momento le había ofendido en algo, no era su intención, pues solo era un juego erótico del que todos éramos participes, insistiendo en pedir disculpa si se había pasado.

No hubo rencor por parte de mi marido, pues vio que yo goce y era parte de este juego, concretando un encentro los tres para los próximos días, si bien este no se demoró mucho, pues deseaba ya una, fuese realidad lo antes posible….y a la noche siguiente…….. Bueno esto se lo cuento en el próximo si quieren y me lo piden claro…. Un besote a todos mis fieles lectores que disfrutan con mis experiencias.

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