Aquellos dias en la estancia 2

Al día siguiente Mateo se levantó tambaleando. Saturnino ya andaba en la cocina. Yendo y viniendo, silbando una canción y sonriendo feliz.de a poco el chico fue sintiéndose mejor. Un buen desayuno lo dejo como nuevo. La hora del almuerzo estuvo tranquila. Tuvieron que limpiar un poco más de la cuenta, debido al menú que había requerido más utensilios.

Mateo dejo hasta el último plato brillante, guardando cada cosa en su lugar. Prácticamente en la mañana no habían cruzado palabra con Saturnino. Pero cada vez que podía el hombre lo rozaba con su mano como sin querer. Era una especie de juego. Mateo aprendió a jugarlo bien rápido. Y también el pellizcaba al pasar el culo de Saturnino que reía, casi histérico. Para los que lo veían de afuera, este no era un comportamiento extraño en Saturnino, generalmente estaba de buen humor. Pero nadie sabía el motivo real de su buenísimo humor. Esa mañana en una oportunidad que fueron a buscar al almacén unos ingredientes se besaron largamente y a punto estuvo Saturnino de ponerse allí mismo a chupar la verga de su amigo, pero se contuvo, al escuchar unos ruidos que al fin de cuentas no era nada.

La siesta llegó inevitable, pero Saturnino no pudo irse a acostar con Mateo porque don Horacio el capataz lo había mandado a buscar, porque lo necesitaba en forma urgente. Allá se fue obediente Saturnino. El calor estaba empezando a avanzar incontenible. El muchacho ojeo una revista tranquilamente y luego se durmió un buen rato.

Así llegó el mate de la tarde. El muchacho fue al comedor a repartir la merienda y los muchachos otra vez lo cargaron bastante, pero ya Mateo contesto a mas de uno, dejando ver que no era ningún tonto. Algunos quedaron sorprendidos y vieron la mano de Saturnino detrás de ese cambio de un día para el otro.

Cuando salió del comedor, observó en un costado del galpón la presencia de un hombre que no había visto adentro del comedor. Era un peón, supuso. Estaba fumando un cigarrillo negro. El humo no dejaba ver bien su rostro.

__¡Hola muchacho!__ saludo el extraño

__¡Hola señor!

__¿Como te han tratado hoy, se han portado mejor esos vagos?

__Mucho mejor, señor

__Son buenos muchachos, pero a veces se les va la mano, perdón soy Polo__ dijo el extraño y le extendió la mano a Mateo

__ Yo soy Mateo

__Mucho gusto. Me gusta fumarme un cigarro de vez en cuando aquí afuera. A la noche también me gusta caminar bajo el poncho de estrellas, sobretodo ahora que no hace fresco.

__¡Es lindo!

__Veo que a ti te gusta muchacho, digo, caminar, te han mostrado los parajes que hay por aquí

__No señor, no he visto nada aún

__Esta noche después de la cena yo andaré por allí, si quieres conocer cosas nuevas, búscame

__Bien señor, creo que lo haré

__Yo estaré encantado__ diciendo así, el hombre se movió de allí y se perdió entre los arbustos, dejando el rastro de su tabaco en el aire del atardecer. Mateo quedó pensando en aquel peón. Un tipo de unos cuarenta años. Bastante más maduro que los peones que lo esperaban en el comedor. De rasgos bonitos. Cejas pobladas y labios gruesos. Eso es lo que pudo observar en aquellos cortos instantes en que estuvo a su lado.

La noche llegó sin mayores contratiempos. Saturnino siguió con sus juegos. La cena transcurrió en calma. Mateo recogió los platos. Empezó a lavar y rápidamente los dejo brillantes que era costumbre. Una vez que hubo terminado, se escurrió sin que nadie lo viera, en verdad no quería que lo viera Saturnino.

Una vez afuera, se dirigió hacia la espesura. Entró donde lo había hecho Polo en la tarde. Camino unos cuantos pasos guiándose por el brillo de la luna redonda. De pronto olfateó en el aire el tabaco que había impregnado sus sentidos en la tarde.

Descubrió que a través de ese pequeño monte apareció ante si, un espejo de agua. Una especie de laguna. En el borde, sentado, estaba Polo.

__Esperaba que vinieras__ dijo el hombre

__¡Es hermoso este lugar!

__Si claro, vengo cada vez que puedo, me parece sensacional. Pero ven sígueme__ diciendo esto se pone de pie. Mateo lo sigue. El fuma y dispara el humo en grandes bocanadas al aire de la noche. En un momento el muchacho queda al costado de Polo y este pasa su mano por sobre el hombro del chico. Mateo no dice nada, es mas, le gusta la situación. Llegan a una especie de choza frondosa y bien puesta.

__¿Te gusta?__ vuelve a preguntar Polo

__Sí, me encanta__ dice Mateo. Polo sin mas vueltas levanta la barbilla del chico y busca su boca. Mateo no se resiste y se besan acaloradamente. La lengua de Polo penetra profundamente en la boca sedienta del chico. Se lamen las bocas. Se muerden los labios, húmedos, calientes. Están de pie y lentamente entre besos se van acostando en la amplia cama o lo que hace de cama. Es cómoda, mullida y suave. Los cuerpos se estiran sin dejar de besarse.

Polo encuentra una mano de Mateo y la lleva a su entrepierna. Mateo toca y descubre una poronga monumental a través de la tela del pantalón de Polo. La aferra. La apresa en su mano de largos dedos. En tanto Polo sigue besando aquella joven y golosa boca del muchacho..

El pantalón de Polo ha volado por los aires. Su pija es enorme. Mateo la mira, la observa y se va acercando a ella. Primero la besa, le pasa su lengua larga y rugosa. Polo siente escalofríos, gime, resopla. Empuja la cabeza del chico aunque no haga falta para que ataque aun mas su verga poderosa. El chico trata de tragarla. La cabeza entra. Traga. Muerde ese mástil rígido como hierro. Ahora con las dos manos, masturba al hombre maduro que gime sin remedio. Arde. La boca de Mateo vuelve a engullir la herramienta. La saliva se desparrama sobre la estaca. Mateo traga y sacude aquel enorme fierro. Goza. Lame. Besa la cabeza brillosa. La mira embelesado

__¿Te gusta la poronga? ¡Cómela, es toda para vos!__ Mateo sonríe mientras sigue baboseando la pija de Polo que se sacude, se contorsionado como un réptil a punto de estallar. La boca del chico es encaminada hacia unas bolas grandes y redondas. El chico abre la boca y se mete un huevo y luego otro en su boca. Luego los lame. Los chupa. Los ojos de Polo se ponen en blanco. Disfruta tremendamente de aquello que le da un terrible placer. Resopla. Dice palabrotas y guía al muchacho hasta la vara que sigue firme y dura. Mateo se entrega a las chupadas con evidente satisfacción y le pone ganas. Juega con la varilla enrojecida de tantas chupadas. El hombre que se nota sabe lo que hace, le quita la ropa entre chupadas y lamidas y besos. Ahora los dos están completamente desnudos. Polo atrapa la verga del joven chico. La rocía de saliva. La besa. La prueba. Se la mete a la boca y ambos se maman en un sesenta y nueve extraordinario.

Polo llega hasta el culito sabroso del chico. Mateo se retuerce y gime al recibir esa lengua en su culo apretadito y joven. La saliva hace que la lengua febril del hombre se clave muy adentro de ese anillo deseado. De igual forma el hombre no deja de succionar el mástil de mateo que erguido esa una masa voluminosa y venosa, de un color hermoso.

Los dedos de Polo son tres y el culo de el joven pide a gritos una verga. Allí avanza ahora el hombre caliente, con su poronga bañada de saliva. Mateo se coloca en cuatro patas. Rodillas al suelo. Levantando un poco las caderas y apuntando con su bello culo hacia donde se ha colocado Polo. Polo acaricia esas nalgas. Las frota y las aprieta llevándolas lentamente hacia donde esta su arpón salvaje y deseoso.

Acaricia con el aparato buscando la entrada. Hurga. El chico se mueve instintivamente hacia atrás. Busca clavar la herramienta. Sus deseos están a full. La cabeza se apoya en la entrada. Empuja uno hacia adelante y otro hacia atrás. La cabeza penetra. El hombre siente que lo aprietan y hace esfuerzos por no acabar allí mismo. El muchacho gime y pide que lo cojan. Polo asiente y su ariete se va hundiendo milímetro a milímetro. Los ayes de Mateo inundan la noche y la cabaña. El lago recibe los aullidos del chico cuando es penetrado totalmente por aquella vigorosa poronga.

Ha entrado profundamente y ahora los amantes se mueven. Polo lame suave las orejas del chico que levanta un poco más el culo. Los huevos del hombre chocan con las duras nalgas de Mateo que se sacude. El hombre lo ataca rápidamente para luego calmarse y casi detenerse. Para que el chico sienta como palpita su enorme pija dentro de ese cuerpo, que tan gentilmente le ha entregado aquel muchachito.

Mateo percibe como late aquel enorme porongón. Siente que se ensancha, que su túnel siente enorme placer, olvidándose del pequeño dolor que sintió en un principio. Su verga está más dura que nunca. Polo la alcanza y la menea y la aferra, la sacude. El chico retiene y trata de aguantar el tremendo placer que está sintiendo. Aquel es un amante que lo tienta, que lo conmueve.

Polo sale de su amante. Se besan cruzando las lenguas que arden en toda magnitud. Los reflejos de la luna se inquietan al oír y ser testigos de aquellos amantes volcánicos. Se acuesta el hombre y hace señas para que el muchachito se siente en su verga enhiesta, dura como mármol. Mateo despacio se abre de piernas, esas piernas musculosas y casi sin vello, como todo su cuerpo joven. Con una mano toma la verga y la guía hasta su entrada. La pija resbala y se hunde. La boca del chico se pierde en la boca del hombre. Suavemente el chico va y viene en esa vara que enterrada hasta el tronco lo hace gozar y gozar.

Polo acaricia el pecho del chico. Se incorpora y lame las tetillas duras. Las chupa, mordisquea como jugando con aquellas frutillas sabrosas. Con sus manos acaricia la pija de Mateo que bufa, resopla y dice que va a tirarle la leche sobre el pecho, que no aguanta más y Polo le dice que si que largue lo que tiene para el, que lo riegue con su leche, gruñendo el chico empieza a correrse con ríos de semen, que bañan la cara, la boca, el pecho a Polo que se sonríe y empieza también el a lubricar el anillo de Mateo que siente como los jugos del hombre lo penetran totalmente, y goza aún más al sentir el líquido que cae, se resbala y cae, cae. Mientras el recoge con su boca su propio semen que ha caído en la cara de Polo y luego busca la boca del hombre y los dos se confunden y se regalan saliva y leche con una perversidad que calienta y excita. La verga del hombre no cede. Sigue dura. Tan dura que Mateo la saca de su culo y la mete en su boca, mientras el hombre gime. El chico la sacude, al notar que la pija sigue dura y tan gruesa y monumental como rato antes. La boca del chico la engulle, con los dedos juega con unas pelotas enormes, que están juntando nuevos líquidos. La lengua del muchacho recorre los centímetros de aquel aparato erguido. Se saborea. Polo lo deja hacer, en tanto, balbucea palabras sueltas, dale seguí, ahhhhh como la chupas, sos una ricura, pareces una nena, ahh, ahhh. Ahora la boca y la lengua del chico se comen los huevos del hombre, Polo deja que su leche salga y el chico la tome sin reparos. Gime, gime, aferra la cabeza del muchacho y la hunde para que trague toda la semilla. Descarga hasta el final. Mateo ha tragado todo, solo se ven hilos de baba. Sonríe y se acerca a Polo y están besándose nuevamente.

La luna sigue ahí arriba. Los amantes escuchan los grillos. Se acarician. Las vergas se están levantado otra vez. Polo y Mateo seguirán allí, sin tiempos, sin apuros…-

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