Ayudandole al jefe! Parte1

Aquella noche me encontraba en la oficina. El trabajo se desbordaba de mi escritorio. Y a lo lejos, lo vi; iba caminando tan apresurado que ni siquiera se dio cuenta de que estuve ahí.

Era tan tarde como para que nadie más estuviera. Solo estaba yo, con todos los papeles desordenados y sin saco y las zapatillas tiradas de lado. De repente, se asomó en la puerta mi jefe, y me dijo con todo impresionado: “¿Aún sigues aquí Andrea? Si, fue lo único que le respondí, después de mostrarle todos los documentos sin ordenar y las cuentas sin revisar.

El me dedicó una sonrisa y me dije: “Venga vámonos te llevo, es tardísimo; el lunes lo terminamos, contrataremos a una asistente si lo necesitas”. -¡No!- me apresuré a contestar. No quería que mi sueldo se redujera a la mitad por una persona más. Así estaba bien, yo trabajaba lo que dos personas, pero también ganaba lo que dos.

Le agradecí la gentileza de llevarme a casa. Bajamos en el elevador, mientras platicábamos de lo que había sucedido en la oficina y más. La verdad es que mi jefe siempre me había caído muy bien. Tanto como para charlar con el como si fuese mi amigo.

Llegamos a su vehículo, me abrió la puerta y subí. En el camino, me pregunto si deseaba comer algo, y como me daba mucha pena, decidí decirle que no, que solo quería descansar. El sonrió, me miraba de reojo y me decía, -Pero Andrea, ni que te fuera a comer-. Yo solo atinaba a reírme, y a confesarle que me sentía un poco cansada, que mejor otro día. Que estuviera próxima la quincena.

Cuando llegamos a mi departamento, le dije: -Quieres subir a mi casa, te invito una copa de vino-.

Respondió que sí; así que subimos a mi casa, cuando entramos, le dije que se sentara.

Mi casa no era simple, me había costado tenerla justo como siempre quise. La única realidad es que poca gente conocía mi casa, no tenía suficientes amigos como para hacer fiestas o ir a reuniones, no tenía pareja, y por su puesto mi familia vivía en otro lado, alejada de mí. Me encontraba sola en la ciudad, por lo mismo, el trabajo era lo único que tenía. Eso y los pocos compañeros de trabajo que tenía. Por ser la secretaría del jefe y asistente personal del jefe todo mundo creía que era la típica mujer calienta pollas que llega a donde llega solo por el cuerpo que tiene y por ensalivar unos cuantos penes en el despacho contiguo. Cuando la realidad, era mucha presión tan solo ser secretaria y seguir estudiando para completar la carrera que elegiste.

Él se sentó en mi sofá, yo corrí a poner algo de música, un poco de jazz; Caminé hacia mi habitación y me coloqué un short de mezclilla y un blusón color mamey, me quite tanto el sujetador como las bragas. Y Por supuesto andaba descalza. Le invité un poco de pasta que había cocinado la noche anterior, cenamos con la copa de vino; charlando de cualquier tontería. De ahí me enteré por que su padre (el dueño de la empresa, mi jefe realmente), había dejado de hablarle y por qué incontables veces lo había ignorado enfrente de mí. El señor, le había bajado a la novia. ¡Vamos que se la había follado en su oficina!

Cuando me enteré puse una cara totalmente de asombro. ¿Quién en su sano juicio dejaría al hijo del dueño, que estaba como quería, por su papá? Un viejito rabo verde que lo único que hacía en la oficina era mirarle el culo a cuanta podía, además de hacer miserable a todos aquellos que tan siquiera lo voltearan a ver y tirarlos de “maricas”.

Francamente no sabía que decirle. Así que lo único que hice fue tomarle la mano y decirle que todo estaría bien, que francamente esa mujer era súper voluble, y comenzamos a reír.

Saco un cigarro, y yo saque uno de mi bolsa. Comenzamos a platicar más y el vino comenzaba a consumirse más rápido de lo que esperaba.

Eran las 12:30 am cuando nos dimos cuenta de lo tarde que era, seguíamos charlando plácidamente cuando su celular sonó. Pausé la música y comencé a recoger la mesa, a vaciar el cenicero y a sacar otra botella de vino.

En la puerta del baño, comencé a escuchar que con quien hablaba era con su papa. Le decía, “si papá, pero ya te dije que no iré. No quiero verlos a ninguno de los dos. “cuando colgó y regresó a la sala, me preguntó si se podía quedar a dormir, que no me incomodaría y que podría dormir en el sillón. Le dije que no era necesario, que tenía un cuarto de invitados. Que no se preocupara y que podría llegar cuantas veces quisiera. Que esta era su casa.

El tiempo paso volando en cuestión de dos horas nos bebimos dos botellas de vino más. La verdad es que a mí el vino no me embriaga mucho, pero si llegue a sentirme un poco mareada. El en cambio a mí, estaba muchísimo más sobrio que yo.

Me ayudó a acostarme, comenzó por tirarme en la cama, sacarme el short y luego la blusa. Antes de cubrirme con las sabanas, me miró por unos minutos. Suspiró y me dio un casto beso en los labios. Salió de mi habitación, mientras yo me quedaba en shock. ¡El hijo de mi jefe me había besado! El magnífico hombre que hacía que todas las chicas de la empresa suspiraran cuando pasaba, o solamente cuando oían su voz u olían su loción. Ese chico me había besado.

Sin pensármelo dos veces salí de la habitación. Cuando salí de ahí, lo encontré de espaldas a mí, sentado en un pequeño sillón en el pasillo, con los pantalones hasta el suelo, haciéndose una paja.

Me sorprendió alcanzar a ver ese gran falo. Era enorme. Estaba gorda, venosa, grande, de la cabeza salía líquido pre seminal. Se veía tan, apetitosa. Me esperé viendo ese espectáculo, totalmente desnuda, de mi vagina, comencé a sentir que escurrían fluidos. Me estaba mojando por verlo, haberse excitado por mí.

Así que cuando, comenzó a gemir un poca más fuerte, me acerqué a él. Tenía los ojos cerrados, así que abrí mi boca, y quité sus manos, el abrió de repente los ojos como si estuviera asustado, y justo en el instante en el que su polla toco mi lengua, se corrió fuertemente.

Los chorros de semen, estaban por todos lados; en mi cara, en mis pechos, en el cabello, en la boca y escurrían por todos lados.

El al verme, me pidió perdón. Me dijo que no pudo controlarlo, que hacía mucho que lo único que se hacía era pajas, que tenía mucho tiempo sin que una mujer lo tocara con la lengua. Yo sonreí. Me levante del suelo, fui por un trozó de papel y el seguía ahí, con la cabeza baja, y el pene entre sus manos. Mientras me limpiaba los senos y la cara, el levantó la vista. Cuando abrió la boca para decir algo, yo solo le puse mi dedo en la boca, una señal para decirle que cerrara la boca.

Él lo único que hizo fue hacerlo. Lo tomé de la mano y lo llevé a mi habitación. Ahí adentro, lo terminé de desnudar. Y lo tumbé en mi cama. El no puso ningún pero, y parecía que le agradaba que fuera yo la que llevara el control. Y eso justamente era lo que haría.

Cuando estaba acostado, me arrodille entre sus piernas, y tomé su pene que para estas alturas ya estaba otra vez en pie de guerra y listo para la batalla. Cuando lo tome entre mis manos, el dio un suspiro. Pero gimió cuando sintió mis labios alrededor de su cabeza.

Mi lengua hacia círculos en la cabeza, mientras mis manos acariciaban su largo. Cuando me sentía preparada intente metérmelo a la boca, pero he de reconocer que estaba grande y no me entraba. Hasta que comencé a forzarme para que entrara, llego un momento en el que entraba completa y hasta la garganta. El gemía, me tomaba del cabello y me follaba la boca mientras me decía. –“Que jodidamente buen es esto, la mejor mamada de mi vida; sigue Andrea, sigue. Que Jodidamente buena estas Andrea, cómeme la polla, anda”. Yo cuando lo escuchaba aumentaba el ritmo de mis mamadas, mientras lo metía más hasta que mi barbilla tocara sus huevos. Cuando vi que se vendría otra vez, lo detuve en seco. Él iba a protestar hasta que me senté en su cara.

Era hora de que me devolviera el favor. Mas tardé en sentarme, el comenzó a comerme el clítoris con maestría, yo hace mucho que nadie me lo comía también, desde una noviecita anterior que me hacía gemir como perra, pero esto, era la gloria, movía la lengua alrededor de mi clítoris, y me arrancaba gemidos tan fuertes que podían haberme escuchado hasta el primer piso.

De repente comencé a sentir esas claras muestras de un orgasmo. Así que lo pegué más a mi chochito, lo tomé del cabello y me restregué en su lengua. El orgasmo se intensificaba con cada lengüetada, y mi cuerpo vibraba, mis pezones se ponían totalmente erectos y duros.

Cuando me relaje, bajé a su boca, y la besé. Lo bese como si no hubiera mañana y el no fuera mi jefe, como si fuera un chico que me encontré en un bar. Desaté mi cabello, y mientras yo hacía esto el me besaba las tetas. Lamia mis pezones, los mordía, y los volvía a lamer con desesperación.

Cuando, sentía que no podía más de la excitación que él me causaba, lo jale del cabello para detenerlo, lo besé mientras bajaba mis caderas, y abria más las piernas, tome su pene con mi mano y comencé a empalarme. Era grande, me costó trabajo metérmela en el chocho, sin embargo, la tomé completa. Al principio el escozor de tener algo más grande de lo que había tenido era insoportable, pero conforme me fui acoplando al tamaño me di cuenta de que se sentía jodidamente bien. Sentirme tan llena, y tan completa con ese pedazo de carne ahí adentro, hasta el fondo de mí.

El mientras hacía movimientos lentos me decía entre gemidos. “Valla que tienes un coño apretado, que rico coño apretadito, jodidamente bueno, Que maravilla de nalgas, vamos cabalga mi verga, saca toda la leche de ahí, exprime mi polla con tu coño”. No hable, solo le dirigí una mirada y una sonrisa maliciosa.

Después de esto, comencé a moverme rápidamente, de arriba a abajo, mis tetas rebotaban. Él me tomaba fuertemente de las caderas y me decía. “si, muévete así, vamos más rápido, más duro.”

En un momento, salió de mí. Me tomó de la cadera y me volteo, me levanto el culo, y me dio una nalgada. Entonces tomó su polla y la puso en mi entrada. Yo voltee a verlo y le dije. –“Vamos cabrón, métemela hasta el fondo”-

El obedeció y de un solo empujón metió toda su verga en mi coño apretado. Comenzó un mete y saca violento, mis tetas bamboleaban al ritmo de las embestidas. Me jalaba del pelo, me daba nalgadas y me decía puta. Esta mezcla de sensaciones me hacía tener un orgasmo tras otro.

Cuando de repente me dijo. “Venga puta, date placer”. Se sentó en la silla de mi habitación, y yo, me senté de espaldas a él. Comencé a moverme en círculos, cada vez más rápido. Cuando el ya no pudo más, me detuvo y volvió a ponerme en cuatro patas, me cogía violentamente mientras apretaba mis tetas en sus manos, pellizcaba mis pezones y hacia que mis nalgas rebotaran de el golpeteo con ellas, el ruido de los golpes de sus huevos con mis nalgas me excitaba, mi vagina esta chorreante y sentía que venía otro orgasmo. De repente, comenzó a moverse más rápido y más salvaje, pensé que esto no era posible, y aun así lo hacía. Yo ya era una perra que gemía como tal.

El, se quedó quieto, mientras que de su polla salían chorros calientes de esperma que golpeaban en mi interior. Al primer chorro, mi vagina respondió con agradecimiento y me dio otro orgasmo casi brutal, mi vagina se contraía como exprimiéndole la verga. Y él no se soltaba de mis tetas. Cuando por fin se salió, sentí muchísimo semen saliendo de mi interior. Él se recostó en mi cama y me dijo: -“Ven aquí-“. Me recosté junto a él y me besó. Eran las 4 de la mañana, y después de eso, apagamos la luz. Nos dispusimos a dormir. Cuando desperté, había una nota que decía.

“Andrea: Abrí una oficina, ayer fui a la oficina por los últimos documentos que tenía ahí. Cuando te vi pensé proponerte que te unas a mí. Trabajemos juntos, si gustas. Hablaré con mi padre si es necesario para que te deje irte conmigo, te necesito, eres un elemento casi indispensable para mí. Se mi asistente personal. Y sabes que no solo hablo del trabajo. Perdón por no quedarme, háblame a este número si es que deseas irte conmigo y yo prepararé todo lo que respecta a tu finiquito de la empresa de mi padre, y te llevaré a trabajar conmigo el lunes. Tú no tendrás que volver ahí. Te prometo muchas aventuras juntos. Y claro, tú trabajo, un sueldo sustancioso, horario normal y sobre todo. , mucho de eso que tuvimos ambos anoche… ¿Qué dices? ¿Te espero?

Atte.: T.K.H. “

Tomé mi teléfono celular, y comencé a marcar, me contestó el: “hola, que tal señorita Andrea, dígame en que puedo ayudarle.-

-Licenciado, respecto a la propuesta de anoche tengo que decirle que sí, que acepto, ¿Qué es lo que procede?-

-Nada señorita, le envió la dirección por vía e-mail, le ruego se presente el día Lunes lista para comenzar. Y por favor, valla vestida adecuadamente. Pero cumpla con la regla de anoche.-

-Gracias señor, nos vemos el lunes, Saludos-

Después de colgar, me pregunte a mí misma, ¿Qué tanto me esperaría con este hombre? Aún podía sentir el semen en mis piernas, y en mi coño. ¿En qué otros lugares podía llenarme?

Y claro, ¿Qué pasaría el lunes? Lo cierto era que llevaría el vestido negro ajustado. Pero eso sí, ajustándome a la regla de sin bragas.

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Continuará.

PD. Gracias por sus correos! me encanta recibirlos y escucharlos.

Este es el primer relato “largo” que escribiré así que pido estén al pendientes, y si les gusta diganmelo. Dudas, comentarios o criticas serpan bien recibidas en mi correo.

Gracias y espero que lo disfruten tanto como yo lo he estado haciendo al escribirlo.

Saludos!

SG.

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