Azafata despechada II

Me sorprendió entrar en la sala de tripulaciones y encontrarme a Juan entre los miembros de mi tripulación. Lo cierto es que hacia años que no habíamos coincidido en una y fue una muy agradable sorpresa. Y aunque los primeros años cuando coincidíamos follábamos como posesos, en los últimos diez habíamos coincidido unas cuantas veces pero los dos habíamos reposado la cabeza.

– Hombre, mi auxiliar favorita – me dijo entre risas.

– Don Juan Fernández – le conteste – veo que aun no te han echado de Iberia.

– J aja ja, a puntito han estado en más de una ocasión, no te creas – sonrió.

– ¿Qué es de tu vida?

– Pues ya ves

Subimos al avión, hicimos las comprobaciones típicas y subieron los primeros pasajeros. Los vuelos ese día fueron muy tranquilos y nos dio tiempo a charlar en el galley. Esa noche dormíamos en Madrid pero las siguientes tres noches las íbamos a pasar en Málaga, Viena y Barcelona.

El segundo día y una vez que habíamos aterrizado en Málaga, nos dirigimos al hotel, después de una ducha y una siesta nos fuimos todos a cenar por ahí y rompiendo mi costumbre de años salí a tomar unas copas.

– Ósea que al final has dejado a Paula.

– Bueno, realmente me dejo ella a mi, pero bueno, no había críos y la cosa es mucho más fácil.

– Desde luego, si yo te contase. Si llego a saber el lio que me metía pillando a Antonio con la polla metida en la boca de esa zorrita, me hago la sueca. No veas el lio que es tener niños y volar.

La noche se fue alargando y una copa llegaba detrás de la otra. Llegamos al hotel a las 4 de la mañana.

– te invitaría a pasar, pero aun no estoy preparada – le dije.

– Tranquila, te entiendo aunque a mi me paso lo contrario.

– Conociéndote te habrás tirado a toda azafata joven con la que te has cruzado.

– Ja j aja, a más de una, a más de una.

Dormí plácidamente pero con un cosquilleo en mi barriga. Juan seguía siendo un hombre atractivo a sus 45 años, eso no podía negarlo.

El tercer día de trabajo volvió a ser la mar de apacible. Esa noche cenamos en el hotel ya que Viena es una ciudad muerta y cara. Juan se pasó por mi habitación y estuvimos hablando de futbol, algo de la que soy una apasionada. Discutimos sobre el resultado de un Real Madrid, del que yo soy aficionada, Atlético de Madrid de el que él es un forofo incorregible. Yo afirmaba que en la temporada 98 en la que el Madrid había ganado en el Calderón y él que no había pasado del empate.

– No tienes ni idea Juan, menudo colchonero que estas hecho. Os barrimos.

– Que no, que no. Empatamos.

– Te apuesto lo que quieras.

– ¿Lo que quieras?

– Lo que quieras.

– Ok, si el Madrid no gano me la chupas.

– ¿Qué te la chupe?

– Me la chupas.

– J aja ja, no se si me acordare como es chuparla.

– Pues haces memoria.

– ¿Y si estoy yo en lo cierto?

– Me pagas una tarde en el spa.

– Joder pensé que querrías que te la comiese.

– No, es spa me vendrá mejor, aunque un orgasmo no te creas que no me vendría mal.

Esa noche recordé como fueron mis noches con Juan hacia más de 10 años, dormí con una sonrisa en la boca.

Solo nos quedaba un ultimo día y un ultimo vuelo desde Barna a Madrid antes de iniciar nuestro ya merecido descanso.

Al aterrizar en Madrid y sin que el avión aun hubiese parado tanto Juan como yo encendimos nuestros móviles. Yo iba delante en Business y Juan atrás del todo. Internet en Viena nos hubiese costado una pasta por lo que esperamos hasta poder usar nuestros datos en España para ver el resultado. Me quede boquiabierta cuando vi en la pantalla que el resultado había sido 1 a 1. Me dirigí hacia la cortinilla que separa turista de business y a mirar hacia atrás sacando mi cabeza entre la tela vi Juan con su iphone en la mano sonriendo y haciendo el gesto de chupar una polla con la mano y moviendo su lengua dentro de su boca. Los pasajeros miraban para adelante y no le podían ver. Sonreí.

El resto del vuelo fue muy placido. Llegamos a Barcelona a las seis de la tarde. Me duche, eche una siesta y salimos a cenar. Nos retiramos pronto pues teníamos el vuelo de las 7 de la mañana. Alguien llamo a mi puerta.

– Hola, venia a cobrar la apuesta.

– ¿De verdad?, ¿te lo tomaste en serio?

– Veo que eres una mala perdedora, ya lo veo.

– Ok, pago, que no se diga.

– Vale, empieza.

– ¿Qué empiece?, ¿Así?, ¿Sin preliminares?

– Chupa – me dijo sentándose en el sillón de la esquina.

No me quedaba más remedio, me puse de rodilla ante él abrí su bragueta, aparte su calzoncillo y saque una reluciente polla que ya casi ni recordaba. La miré, sonreí y baje mi boca. Empecé a darle lametadas en el capullo, no hizo falta dar más de tres para que aquello se pusiese como una piedra. Poco a poco fue lamiendo lateralmente el tronco de aquella magnifica polla, pasando después a los huevos y más tarde me la metí entera en mi boca. Hacia años que no había hecho una garganta profunda y me sorprendió que no había perdido destreza ninguna. Empecé a succionar y mamar fuerte, Juan se retorcía de placer y se bajaba los pantalones para estar más cómodo, yo aprovechaba la situación para lamerle los huevos casi llegando a su ano. Juan me agarraba la cabeza casi gritando de placer mientras se corría en mi garganta como hacia años que nadie lo había hecho. Juan quedó muerto y yo con ganas de más. Sinceramente estaba esperando que me empotrase contra la pared y la cama y me poseyese como él sabia, pero ante mi sorpresa se subió los pantalones, me dio un beso en la mejilla y me dijo.

– estamos en paz – saliendo por la puerta como si allí no hubiese pasado nada.

No lo pude resistir, me desnude aun con el sabor a lefa en mi boca y poniéndome a cuatro patas me masturbe como una condenada corriéndome a gritos y dando botes en la cama. Hacia años que no me lo hacia y sinceramente no recordaba el gusto que daba quererse una misma un poco.

A las cinco y media de la mañana estábamos todos en el lobby del hotel. Alberto, el comandante, al que conocía desde hacia años por haber viajado juntos en muchas ocasiones me dijo:

– como te lo pasaste anoche.

– ¿disculpa?

– Que veo que Juanito no cambia, menuda follada te pego anoche.

– Solo se la chupe y después me masturbe solita – le solté sin pensarlo y quedándome cortada al momento.

– Pues menudo escandalo que monta el pollo cuando se la comen y menudo escáldalo que montas tu cuando te masturbas – me dijo guiñándome un ojo.

Llegue a Madrid, fui a casa. Dormí un rato y me fui a buscar a los niños al cole. Era viernes y tenia hablar con el tutor de Antoñito pues sus notas empezaban a flaquear. Me sorprendió encontrarme a su padre allí.

– Espero que no te moleste que me haya apuntado, el otro día me aviso su tutor de esta reunión y quería ver que le pasaba al cabrón del niño-

– ¿Qué le va a pasar?, que le a afectado nuestro divorcio más que a ti. No hay que ser Freud para darse cuenta.

Los profesores no veían mayor problema en el tema por lo que nos quedamos más tranquilos y salimos a cenar todos juntos. Aquella noche y después de acostar a los niños Antonio me poseyó atándome a la cama con unas cuerdas que el hijo de puta había traído. Estaba seguro que estaba practicando conmigo el sexo que practicaba con su zorrita, esto es un sexo más duro que el que había practicado conmigo durante 10 años. Antonio disfruto de mi cuerpo todo lo que quiso y más. Me penetró mientras yo totalmente inmovilizada ardía por dentro. Antonio recorrió con su lengua todas las partes de mi cuerpo, me lamió el sexo, el ano, mis pezones, mis axilas, mi cara. Me la metió en la boca y el coño y después de una par de horas de darme placer con calma, acabo eyaculando en mi cara.

Follar con Antonio, que al fin de cuentas era con el único que follaba, era una maravilla, me daba lo que nunca me dio, pero los siguientes días me quedaba jodida por que lo veía cada vez más lejos y follándose a otra.

Paso un mes y en la fiesta aniversario de Iberia una voz me dijo.

– Hombre la que se masturba a gritos – me gire y me encontré al comandante Andrés enfrente mía.

– Hombre el comandante que escucha a las que nos masturbamos a gritos – le conteste entre picarona, chula y acojonada.

– J aja ja. Si por cada uno que he oído follar en esta compañía me diesen un euro ya no tendría que hacer de taxista aéreo, créeme.

– Si, aquí hay muy mal ambiente.

– Ya te digo.

– ¿Qué tal todo?. ¿Tu mujer?

– Pues ya sabes, el mal ambiente que acaba rompiendo matrimonios.

– Que te voy a contar.

– Vaya, tu también.

Andrés y yo acabamos en la barra tomándonos unas copas. Lo conocía de hacia años y nunca lo había visto como follable, pero esa noche y sabiéndonos libres de ataduras los dos me parecía que tenia el sex appeal que nunca le vi.

Acabamos en su casa besándonos como adolescentes. Los críos estaban con Antonio y no tenia hora por lo que estaba dispuesta a romper mi maldición sexual.

– Ósea que se la chupaste a Juanito…

– Si, perdí una apuesta y se la tuve que chupar.

– Joder con tus apuestas.

– Bueno, ya sabes… Juan y yo nos conocimos bien en los primeros años en la compañía y me imagino que la apuesta fue un exceso de confianza.

– Si, menudo pieza, yo también me corrí alguna juega con él en mis años mozos.

– Me imagino el tipo de juegas.

– Si, alguna azafata se quedo más que satisfecha.

– ¿Os la turnabais?

– No, ¡que va!, a la vez.

– Bueno, al menos eso es algo que yo nunca hice.

Andrés me cogió por la cintura y me clavo un beso profundo con lengua. No se cuantos años hacia que no me besaba otro hombre, pero desde luego para una re-entree no estaba mal. El comandante fue subiendo su mano hasta llegar a mi pecho y abriendo los botones de mi camisa y apartando el sujetador agarro mi empitonado pezón que pellizco con firmemente provocándome un gemido.

– ¿Me la vas a chupar como a Juan?

– Eso depende de lo que apostemos – le dije ya entre jadeos.

– Tu dirás que quieres apostar.

– Quiero algo a cambio.

– ¿Y que quieres a cambio?

– Que me comas el coño tu a mi.

– Dalo por hecho.

Me agache poniéndome de rodillas y saqué aquella dura polla de su bragueta. Le di un cariñoso beso en la punta y de un golpe me la metí en la boca.

– Beatriz, me matas.

Yo chupaba con glotonería, le saque todo el paquete del pantalón y empecé a pasar mi lengua por sus peludos huevos y de nuevo me metí todo aquel pedazo de carne en mi boca. Chupe durante más de 10 minutos volviendo a ejercer mi don de mamadora que tanto había hecho disfrutar a mis amantes hasta que conocí a mi ex.

– para, para, para que tengo 50 años y si me corro, la noche se acabó.

Me levante de cómo estaba y bajándome las bragas y subiéndome la falda me puse a cuatro patas dejando mi chocho y culo a su disposición dije:

– Lo prometido es deuda.

– Claro que lo es.

Andrés metió su cabeza en mi culo y con una habilidosisima lengua empezó a comerme primero el culo, después bajo hasta mi raja y más tarde abriendo mis piernas se hizo sitio hasta mi pepitilla que a esas alturas estaba extremadamente salida. Cuanto tiempo sin que otro macho me comiese la almeja, estaba disfrutando de la lindo.

– chupa hasta que me corra Andrés, yo no tengo tus problemas.

Y chupo, chupo y chupo. Sus lamidas provocaron en mi un sin fin de orgasmos, solo necesitaba que me desnudase del todo y me penetrase para que la noche fuese completa. De reojo veía la polla de Andrés aun dura y dispuesta a embestirme pero parecía que le había tomado la gracia a mi raja y la comía con devoción.

– Por dios Andrés, follame ya, me estas matando – grite al sentir un ultimo gran orgasmo. Andrés no se hizo de rogar, levanto la cabeza, apunto a mi depilado coño y de un estacazo me penetro hasta el fondo – ahhhhh, me encanta – llevaba años sin sentir una polla distinta y la espera había valido la pena.

– ¿Te gusta?

– Me encanta.

– Hacia años que te tenia ganas.

– Demuéstralo torero, demuéstralo. Enséñame como tratas a una hembra y no a las crías esas que os follais los pilotos.

Me follaba a cuatro patas con saña, como podía me agarraba las tetas se que caían de el sujetador y la camisa abierta. Él se liberó de su camisa y fue perdiendo los pantalones poco a poco hasta quedar estos en sus tobillos.

Me dio la vuelta donde aproveche para quedar completamente en pelotas, él se deshizo de sus pantalones y mientras me follaba a lo misionero tocaba mi clítoris y mis tetas. Yo aprovechaba para darme placer en mis clítoris cuando Andrés lo desatendía y me torturaba las tetas. Me corrí como una cerda mirándole directamente a los ojos, Andrés no tardo más de un minuto en regar mi barriga con su esperma.

– Tengo ya cuatro hijos y no quiero un tercero.

– Ufff, pues menos mal por que no tomo nada y a ver como les explicaría yo a los míos que mama va a tener un hermanito.

Me quede a dormir en su casa rompiendo todas las reglas de cortesía de nuestra compañía a aérea. El domingo antes de irme a casa me volvió a poseer y por la noche a punto estuve de volver a su casa a que me bajase los calores.

Empecé a ver a Andrés con cierta regularidad, evidentemente sabia que Andrés en sus viajes daba buena cuentas de azafatas jóvenes tan putas como yo lo fui en su momento y de otras amigas que como yo le liberaban de la tensión de nuevo hombre soltero. Andrés pensaba que por mi parte yo me estaba follando a la mitad de las tripulaciones de Iberia y que en tierra tenia un harem de hombres que me daban lo mío. No me importaba hacérselo creer, pero la cruda realidad que entre los polvos esporádicos de mi ex, y los polvos esporádicos y cada día mas morbosos de Andrés Gómez, comandante de la Aerolínea, una iba satisfecha.

Supe por una amiga común que Antonio había acabado con su secretaria y es más, la había despedido. Por lo que me dijo mi amiga, el hombre andaba fuera de si follandose todo lo que encontraba – si esta supiera que entre otras me folla también a mi – pensé. Efectivamente al menos una vez al mes Antonio aprovechando temas de los niños o que me los devolvía tarde y ya se quedaba a acostarlos me follaba duro, lo cierto es que de alguna manera esperaba que algún sentase la cabeza y pudiese quedarse vivir con su familia, por lo que aun sin estar del todo segura aceptaba de buen grado los encuentros sexuales con él.

En aquella ocasión llego de casa de sus padres bastante tarde y con los niños ya dormidos. Cada uno cogió a uno en brazos y lo deposito en su cama – un segundo – me dijo y bajo al coche corriendo. Cuando volvió a entrar en mi casa me empujo contra la pared, desgarro mi vestido de algodón y rompió mis bragas. Aquello me puso a cien, y más aun cuando del bolsillo sacó unas esposas y me las puso inclinando mi cuerpo contra la pared de manera que con mi cabeza me sujetaba y dejaba mi culo en pompa. Antonio no dejaba de agarrarme de mis muñecas presas y poseído por la lujuria me penetraba con todas sus fuerzas. Me sentía poseída por un dios del sexo y a pesar de la polla normalita de mi ex estaba en la gloria siendo totalmente sometida a su voluntad.

Me llevo a empujones hasta mi/nuestra cama, allí me hizo arrodillas a sus pies, me puso un antifaz, una bola en la boca que creo que fue lo que más me sorprendió y dos pizas en los pezones, que desde luego fue lo que más me dolió. Me hizo incorporarme y dejando mi culo en pompa, penetró mi coño con un vibrador de goma a pilas. Parece mentira pero un alguien como yo que lo había hecho todo en lo relacionado al sexo descubrí aquella noche que nunca me habían sometido del todo y jamás a mis 41 años recién cumplidos había tenia un pollón de estos dentro de mi. Fue la sensación de mi vida, jamás de los jamases pensé que los famosos toys podrían ser tan gustosos. Creo que Antonio me insultaba mientras me martilleaba el coño con aquel aparato de los ángeles y los cielos, me corría sin parar y entraba en trance por lo que ni oía ni quería oír lo que este idiota tuviese que decirme. Fue decepcionante que me sacase la mecánica de mi parrús y me metiese aquella polla del montón que solo le sirvió para correrse dentro de mi.

Antonio se fue como había venido, me desato dejo todos los juguetes en mi armario y salió de casa. Por primera vez en mucho tiempo su ausencia no me dejo tristeza sino mucha curiosidad. Me había encantado sentirme poseída y follada a la vez. Pero poseída de verdad.

Mis semanas de curro seguían igual, algún tejo por parte de algún comandante o algún azafato madurito, pero tampoco estaba interesada. Cada vez que quería sexo o llamaba a Andrés o probaba aquel diablo de goma que Antonio había dejado en mi casa y que vive dios era un fantástico invento.

Un viernes cene en un céntrico restaurante con Andrés, andaba bastante caliente y me apetecía ser tomado con morbo con mi comandante favorito. La conversación versó sobre mi encuentro con Antonio. A Andrés se la describí como con un amigo, no me hubiese gustado nada que supiese que estaba a disposición de mi exmarido.

– Si Andrés, casi me corro cuando me vi esposada y contra la pared. A merced de mi amigo, desnuda, inclinada hacia delante, notando como mis tetas colgaban y por detrás me poseían con dureza.

– Pero, cielo. ¿Nunca habías hecho nada igual?

– Nunca. El grueso de mi historial sexual se basa en esta nuestra empresa y generalmente no se viaja con utensilios de sometimiento en el bolso.

– J aja ja, es verdad, pero hombre, hay vida más allá de las Líneas Aéreas Españolas.

– Ya pero, bueno nunca surgió… me imagino que haberme casado y estar 10 años con un aburrido sexual no ayuda.

– No desde luego.

Nos tomamos unas copas y con cierto punto fuimos a su casa. Allí mientras el se iba al baño a tomarse en secreto su pastilla azul, yo me coloque a cuatro patas esperándole. Como ya era costumbre Andrés salió del baño y se dirigió directamente a mi entrepierna que comió, lamió, chupó, magreó, penetró con los dedos, masturbó, rozó hasta que los orgasmos pudieron conmigo y caí rendida sobre la cama. Andrés colocó una almohada debajo de mi cadera y procedió a penetrar mi coño.

– ¿te gustaría probar un poco de caña?

– ¿Que caña? – contesté.

– Ser sometida y follada.

– Me encetaría – solté junto a un suspiro.

– ¿Recibir polla por todos lados?

– Me volvería loca.

– Hacer cosas nuevas e inmorales.

– Me encantan las cosas inmorales.

Y Andrés se corrió. Me mato de gusto, pero teniendo un polla en aquellos momentos como un chaval de 18 años, no lo desaprovecho y me follo en todas las posturas y formas. Me corrí mucho y bien. Andrés parecía una fuente publica, los chorros de lefa salían uno detrás del otro y yo me lo tragaba todo o con el coño o con la boca.

Morí de gusto.

– Bien mañana quedamos entonces.

– Por mi perfecto, no tengo niños.

– Bien, pero tienes que aceptar que vas a ser sometida a mis caprichos y que a cambio vas a reventar de placer.

– De acuerdo, de acuerdo. Me muero por que llegue mañana.

Pasé el día sola en casa, los niños estaba con Antonio y yo ni me podía imaginar la que me iba a caer horas después. A las 10 de la noche y ya cenada me dirigí hacia su casa . Me había llegado un sms en que me decía que la llave estaba debajo del felpudo y que dentro recibiría instrucciones.

Abrí la puerta y en el suelo de la entrada leí una nota manuscrita que decía:

“Desnúdate, ponte en los tobillos y las muñecas estas abrazaderas plásticas de manera que no te queden muy cerradas y tapate los ojos con el antifaz. Espérame de pie en medio del salón y apaga la luz.”

El bueno de Andrés había dejado un antifaz de los de Iberia, lo cual me hizo sonreír.

Seguí las instrucciones al pie de la letra.

Después de 10 minutos de tensa espera oí abrirse la puerta. Unos pasos se dirigieron hacia mi, yo tenia la respiración agitada. Note como me dirigían hacia un lado del salón, como metían unas cuerdas entre mi piel y las abrazadera y como mis brazos se elevaban sobre mi cabeza dejándolas atadas a lo que supuse era las escaleras que desde ese cuarto subían al ático. Otras cuerdas pasaron por las abrazaderas de mis tobillos y de un tirón mis piernas se abrieron dejándome indefensa ante Andrés. Este ajusto las cuerdas de mis brazos y quede en tenían crucificada para él. No me toco hasta que un hielo empezó a recorrer mis pezones. Hacia muchos años que no había jugado con ellos y la sensación era increíble. Unas pinzas se cerraron sobre ellos cuando estaba totalmente empitonados. Empezo a pasar sus manos por mi coño abierto que poco a poco empezó a emanar jugos así como provocaban que mi respiración se debocase al igual que los latidos de mi corazón. Una polla de goma entró en mi coño, como era la vida de no haber catado una en mi vida había empezado aquello en convertirse en costumbre. Andrés empezó a follarme duro con ella y yo empezaba a sentir descargas de placer por mi espalda. Unas manos cogieron mis tetas con cuidado de no arrancar las pinzas y una boca empezó a lamer mi cuello. No estábamos solos, el cabrón de Andrés había invitado a un amigo, o amiga a participar. Me corrí al instante. El de adelante empezó a lamer mi clítoris mientras no daba tregua al falo de látex mientras en de atrás empezó de meterme un dedo en mi culo.

– Por el culo, no – El de atrás apretó una pinza sobre mi pezón derecho.

– Quedamos que no había limites – oí decir a Andrés que ahora sabia que era el de detrás.

Un segundo dedo entro en mi cerradísimo culo, el de adelante no paraba de chupar y de joderme con la polla plástica. Me sentía en la gloria, dos machos para mi cubriendo todas sus perversiones. Yo era la reina de todo aquello, todo era hecho por mi y para mi. Me corrí innumerable ocasiones. Hasta que note como las cuerdas se aflojaban. Me dirigieron hasta una cama donde me hicieron sentar sobre la polla de uno de ellos, empezó a follarme fuerte y yo a gozar como una desaforada. Hay que reconocer que donde este una polla de carne y hueso que se quiten las de goma y evidentemente lo dejaba notar con mis gritos de placer. Mis tetas ya sin las pinzas, que se habían caído, era mordidas por él que me follaba y desde atrás me tocaban el ojo del culo y mis tetas cuando había hueco.

El de atrás sacó mis manos de mi culo y note como empezaba a meterme su polla en mi culo sin estrenar.

– Por el culo no, por dios que nunca lo he hecho – solo recibí por respuesta un tremendo azote.

La polla de atrás se hizo hueco y después de esfuerzos debido a la estrechez del mismo y que otra polla ocupaba mi interior finalmente entró. Creo que sin el placer que estaba recibiendo por mi coño hubiese muerto de dolor, por que aquello era demasiado. No recuerdo mayor dolor en mi vida. El de atrás empezó a bombear mientras el de delante aguantaba y se movía poco. Yo gritaba de dolor y morbo, el que me follaba por el culo no iba a parar y pasaron más de 15 minutos hasta que aquel dolor se convirtió en placer. Me estaban dando por mi culo y me estaba encantando. Mi amante de delante empezó a moverse y en pocos minutos me trituraban por dentro a pollazos totalmente acompasados. Yo gemía como una gata en celo y ellos respondían con bravura.

– te gusta ser follada por dos, ¿eh Bea?

– Me encanta

– ¿Quiere más?

– Me pasaría toda la noche así a vuestra disposición.

– Te llegan con dos.

– No creo que aguantéis por que estoy burra y con hambre de polla.

– Pues a lo mejor tenemos que llevarte a algún sitio.

– Hoy soy vuestra hacerme lo que queráis.

– Luego no te quejes.

Mi ultimo orgasmo coincidió con el orgasmo de mis dos titanes. Me habían estado follando dos horas seguidas sin correrse y habían aguantado el tipo como autenticas maquinas.

Ya relajados y sin sacarla de mis agujeros, el de atrás me quitó el antifaz y me quede volada cuando descubrí que era Juan, Juan el auxiliar de vuelo quien había estado follando mi coño y que Andrés era quien me había desvirgado mi dolorido culo.

– hombre Juan tu por aquí – sonreí.

– Pues si, pasaba por aquí y vine a ver si recordaba viejos tiempos.

– No será conmigo.

– Ja aj ja. Contigo solo el sexo, los tríos los dejamos a otras.

Nos desencajamos, pusimos unas copas y empezamos a hablar.

– Bueno Bea, ponte un abrigo y vamos a un sitio – dijo Andrés.

– ¿A un sitio?, son las 3 de la mañana. ¿A donde vamos a ir a estas horas?

– Te recuerdo, hoy estas a mi disposición. Solo ponte los zapatos y un abrigo. Nada debajo – cosa que hice.

Cogimos el coche y conducimos hacia Gran Vía. Fue aparcar el coche y encontrarnos a un matrimonio compuesto por una sobrecargo y un piloto de la compañia, evidentemente nos conocíamos los 5 y estos dos se daban codazos al verme con estos dos pájaros. Hablamos durante 5 minutos sin poder quitar en ningún momento la idea que sabían que debajo del abrigo no había nada.

Nos dirigimos hacia Leganitos y entramos en un club.

– ¿Que coño es esto? – dije viendo el ambiente.

– Un club de intercambio.

– ¿Un que?

– Un club de intercambio, pero uno especial. Aquí se viene a follar duro, no a dejar que un director de sucursal bancaria se folle a tu mujer – los dos sonreían – quítate el abrigo.

– ¿El abrigo?, pero si estoy en pelotas.

– Pues eso, en pelotas estas mejor.

– Pero si aquí nadie esta en pelotas.

– Aquí no nos vamos a quedar mucho, ósea que el abrigo fuera, entra por aquella puerta y esperamos que te vemos en un segundo. Tenemos que ir a cambiarnos – como el lógico todo el bar se quedo mirando a una chica alta con buenas formas que se quedaba en pelotas en medio de la zona destinada a las copas y entraba en la sala.

Me quede alucinada. LA sala tenia una luz tenue y por todos lados la gente follaba duro. Muchos vestían complementos sado otros no, pero no había pareja que no estuviese usando un aparato sexual. Desde una cruz puesta en la pared, hasta una jaula donde colgaba una chica que se masturbaba como un mandril. No sabia que hacer.

Juan y Andrés llegaron 5 minutos después con una toallita muy graciosa que les cubría la polla a los dos. Me dirigieron hacia una potro, me ataron mis manos dejando mi pecho y barriga apoyado sobre el mismo, abrieron mis piernas y las ataron a unas argollas dejándolas abiertas y rápidamente note como me penetraban. El polla martirizaba mi ya dolorido coño, Juan y Andrés charlaban sobre lo buena que estaba mientras uno me follaba. Me quede a cuadros cuando los vi pasar enfrente mía. ¿Quién coño me follaba?. Un negro. No había ni mirado, pero un negro me clavaba su negra polla en mi rojizo coño. No podía del gusto cuando una polla entró en mi boca y dándome pequeñas bofetadas en mi cara me hizo chupar como una posesa. Me jodieron hasta el amanecer. Juan y Andrés venían de vez en cuando y ocupaban el sitio de mis dos amantes. Otros chicos venían, otros volvían. Al final de la noche me había follado a media sala y no podía con mi alma.

Me habían dado por el culo en un par de ocasiones dándome más placer si cabe que en la casa del piloto. He de decir que me sorprendió el respeto pues cunado decía por el culo no, era por el culo no.

Esa noche Andrés durmió en mi casa. Me levante muerta, tanto que por primera vez rechace a Andrés cuando me quiso montar. No me quedó más remedio que chuparle la polla pues estaba fuera de si.

Pasamos un día agradable por mi barrio y sobre las 9 de la noche se fue por que ambos volábamos al día siguiente.

La siguiente semanas fueron tranquilas, solo vi a Andrés un día y no le cogí el teléfono a Juan que se ve que quería unirse a la fiesta.

La primera arcada me vino pasando el carrito de duty free en un vuelo a Moscú. Pase el viaje de cinco horas muerta, esa noche me la pase todo el día en el baño y la vuelta al día siguiente fue lo que se dice horrible. Gracias a dios mis compañeras me cubrieron y me pase todo el viaje relajada en el wáter del avión vomita que vomita.

Después de una semana igual y con los resultados del medico en mis manos supe que estaba embarazada.

Pánico, terror, vergüenza, asombro. ¿El padre? En esos dos meses solo había follado con Andrés y con Antonio. Además de esos Juan también me había follado y la legión extranjera del club de Leganitos. En teoría todos con condón, pero ¿y si alguno me lo había colado? O ¿si alguno había chispeado antes de ponérselo?.

Ni idea que hacer. ¿Cruzar los dedos diciéndoselo a Antonio y que no hiciese preguntas? O no decir nada y reclamarle al padre una vez sabido quien era el germinador.

– Antonio, tenemos que hablar.

CONTINUARA.

Leave a Reply

*