Azafata despechada VI

Pasaron los años, Braulio y yo llevábamos siendo pareja los últimos 20 años. Yo seguía volando y él acabo de presidente de la compañía. Desde luego su trabajo no era fácil ya que Iberia estaba muy mal organizada después de 75 años siendo una compañía publica con todo lo que ello representa. Braulio tuvo que tomar decisiones que sencillamente a él no le gustaron, pero que eran parte de su trabajo. Cada vez que ello ocurría me trasladaba a casa de Andrés durante una semana y a mi vuelta lo tenia un par de semansa más sin sexo. Bueno, lo de sin sexo es un decir por que éramos como cuando empezábamos una pareja liberal y aun entonces lo seguíamos siendo.

Yo follaba con Andrés al principio una vez al mes aunque con el tiempo no había trimestre en que no pasase la noche con él. Braulio por su parte también tenia sus líos más o menos discontinuos. A veces estando sola en casa me corroían los celos pero sabia que al él cuando yo no volvía a casa le pasaba lo mismo Era parte del juego y nunca ninguno de los dos protestamos.

En el último vuelo de Andrés antes de jubilarse lo organizamos para ser todos amigos los de la tripulación. En el avión viajaba Juanito, Vanessa, Rosa, Rafael que logró volar como segundo a pesar que era comandante ya en aquella época. El resto de la gente era más o menos gente apreciada por él. Además de los amigos de la compañía nos acompañó Andrea, una de las más viejas follaamigas de nuestro piloto. Viajamos a NYC. El vuelo de ida fue bastante divertido pues todos queríamos que Andrés tuviese un buen viaje y no hacíamos más que visitarle en cabina donde rompiendo todas las normas de la compañía el champan corrió a raudales.

Esa noche ya en Nueva York cenamos todos en un conocido restaurante Oriental muy conocido por las tripulaciones de Iberia. Bebimos, bailamos y después de unas horas, Juanito les comunicó al resto que se iba con las chicas al hotel pues quería prepararnos para la llega del homenajeado. La gente joven se había retirado hacia un rato por lo que no teníamos el corte de invitar a desconocidos a nuestro show.

Salimos de la última discoteca entre risas. Al llegar al hotel todos nos fuimos a la habitación de Andrés que debido a que era su ultima noche en el establecimiento y por sus multiples noches allí, le habían obsequiado con una suite.

Todas nos desnudamos y Juanito procedió a atarnos una a una con los ojos cerrados en distintos sitios de la habitación.

Rosa fue atada de cruces en la cama. Tensó las cuerdas hasta que quedo totalmente abierta de piernas. A Vanessa la ato a una escalera de pintor que había pedido ese medio día en recepción. En Nueva York nadie se extraña de nada por lo que ni pusieron cara rara. Le ató las muñecas por encima de la cabeza al escalón más alto y las piernas abiertas a las patas. Andrea que aunque nunca había “jugado” con nosotros fue atada en medio del salón. Le agarró los tobillos con una barra solida ad-hoc que le impedían cerrar las piernas y los brazos a la espalda y los codos a las rodillas con una cuerda de manera que no se podía mover ni un milímetro y quedando en posición de huevo. A mi me ató a la taza del wáter con una esposas de cadena larga de manera que quedando con mi cabeza y pecho apoyado sobre la tapa de inodoro y mis muñeca atadas por detrás de él, por lo que no podía moverme.

Antes de llamar a los chicos no puso a cada una de nosotras una bala vibratoria que se manejaba desde el mismo mando a distancia. Lo conecto.

Nos estaba dando un gusto increíble. El alcohol y la cachondez que provocaba la bala en nuestro culo unido a la incertidumbre de estar con los ojos tapados y oír suspirar al resto de las chicas en las distintas habitaciones estaba siendo muy morboso.

Tardaron más de media hora en subir. Oímos la puerta y aparte de las voces de Juanito, Rafael y Andrés oímos las voces de un chico que no identificamos y de dos chicas más jóvenes que nosotras. Según supe luego, aunque me lo podía imaginar por los ruidos y lamentos.

Andrés ni le dio mucha importancia a las balas vibratorias, simplemente las puso a tope y se olvido del mando.

Según entraron por la puerta Juanito le metió un dedo en el coño a Andrea.

– A esta no la conozco, ¿te importa Andrés que la pruebe?

– Toda tuya, aunque luego vuelvo – Juanito saco su dedo y sacándose la polla de sus pantalones se la metió sin piedad y empezó a mover su cadera.

Rafael empezó a tocarle el coño a Vanessa que estaba realmente agitada sin que la tocasen. Andrés pasó y la besó agarrándole una teta antes de pasar por su habitación y encontrar a Rosa abierta de piernas y con sus pezones en punta. Se agacho entre sus piernas y empezó a lamer su coño. Le lamio la pepitilla hasta que se corrió en su boca. Dejo a Rosa mientras en el salón se oía a los gemidos de Vanessa y Andrea.

Andrés entró en el baño y aprovechando mi culo en pompa me pasó un dedo desde mi clítoris a mi ano como a mi me gusta. No dijo nada hasta que me penetró. Era muy excitante verse atada así, había que ver las cosas que se ocurrían a este Juan. Llevaba Andrés y su polla dándome coña durante más de 15 minutos cuando note como alguien separó mi cabeza de la cisterna y se metió en medio y me puso un coño en mi boca.

– ¿Quién ha sido la zorra que se ha soltado?

– Nadie dijo una voz que no era la de ninguna de mis amigas.

– ¿Quién eres?

– Fátima.

– ¿Fátima? – dije como pude y sin parar de comer su coño.

– Siiiii.

– ¿Y que haces tu aquí?

– Mientras esperaban estos dos a subir nos los encontramos en el bar y nos invitaron a unirnos, espero que no os importe.

– ¿A quienes?.

– A Pedro a Irene y a mi.

– ¿Y que hacen ahora’

– Pedro la última vez que le vi le estaba dando por el culo a la amiga de Andrés, Irene estaba sentada en la cara de Rosa y a mi que me apetecía que me comiese mi tesoro la mujer del presidente de la compañía.

Lamí con fuerza e hice correrse a la niñata.

Todos los chicos pasaron por mis agujeros esa noche, algunos se corrían, algunos no, pero todos me mataron de gusto. Todas incluyendo Irene y Fátima fueron igualmente folladas con ganas.

El segundo día lo pasamos descansando y de compras. Por las bolsas con las que nos subimos las tripulaciones a los aviones, no entiendo como llegamos con algo de dinero a fin de mes. Salimos hacia el JF Kennedy a las cinco de la tarde y a las siete despegabamos con el avión hasta arriba. La primera que pasó por la cabina fue Andrea que quería ver como se despegaba desde NYC. Cuando salió de ella para sentarse en su asiento en primera clase era más que obvio que había visto alejarse Nueva York con una polla en alguno de sus agujeros. Rosa fue la siguiente en pasar por allí, lo único que no llego sola. Rafael y Andrés vieron como Pedro la apoyaba sobre el panel de control y como la daba por el culo mientras ella veía anochecer en el exterior. Los gritos de Rosa se oian hasta en la cola, era un autentico escandalo por que ni siquiera los pasajeros dormían para entonces. Irene fue la siguiente en entrar. Rafael se la folló sin miramientos, la chica llevaba 12 años en la compañía y solo había entrado a servir cafés a la cabina. Fátima le siguió y en esta ocasión fue follada por Juan el cual le tenia ganas desde hacia años. Vanessa fue la siguiente para en esta ocasión volver a utilizar a Rafael el cual sacó lo mejor de si mismo para correrse con fuerza sobre su mojado coño. La última en pasar fui yo. Era su gran amiga y quería ser la última que se lo follase como piloto de compañía aérea.

Andrés pidió a Rafael que saliese cuando yo entré. El piloto se levantó para recibirme. Le bese en la boca, me puse de rodillas y sacando su polla empecé a mamar su dura polla. Siempre pensé que Andrés iba a tener un problema algún día por llevar siempre en su maleta unas pastillas de viagra, pero jamás los tuvo. Andrés retiro mi cabeza cuando veía que se venia en mi boca. Me levantó y muy sensualmente me fue quitando la ropa. Habían pasado los años pero el uniforme de Iberia seguía siendo imposible de quitar con prisas. Quede totalmente desnuda.

– ¿cómo quieres que te folle? – me dijo mientras pasaba su mano por mi depilado y húmedo coño.

– Hoy es su día mi comandante, usted decide.

– Si fuese la última vez en mi vida que pensase follarte lo haría mirándote a los ojos, pero como te voy a follar creo que hasta que me muera – me cogió por un brazo y me puso apoyada sobre los controles y mirando por la ventana. Abrió mi piernas y se metió entre ellas lamiendo mi culo y mi raja en sus primeras chupadas.

– Apaga la luz – le dije

– Me ha gustado siempre follarte Bea, me encanta sentir tu cuerpo entre mi polla y manos. – me dijo mientras se incorporaba, cogia mis tetas y me la iba metiendo poco a poco en mi inundado – era maravilloso sentirse invadida por un hombre, un amigo, un caballero cuando alrededor nuestra todas las estrellas del mundo se iluminaban sin ninguna contaminación lumínica a nuestro paso.

Fue un polvo largo, lleno de pasión, placer y amor incluso. No le iba a echar de menos en el trabajo por que solo un par de veces al años volábamos juntos, pero si sabia que era duro para el dejar de ser el gran jefe blanco y quedarse en casa cada semana.

Cuando ambos nos corrimos y sin vestirnos hablamos durante un par de horas sentados en las dos butacas. Solo decidimos vestirnos cuando hacia una hora que habíamos sobrevolado las Azores y estábamos a una hora de las costas Portuguesa.

Era fin de semana y Braulio me esperaba en casa. Me hizo contarle toda la despedida antes de darme por el culo mientras me interrogaba sobre los detalles mas excitantes. Le encantó saber que una azafata recién llegada a la flota me había puesto el coño en la cara, le éxito mucho más saber que le ponía saber que la mujer del presidente le comía el coño. Hacia años que mis hijos se habían independizado y el pequeño estaba estudiando en Amberes. Los tres tenían llaves de casa, pero conociéndonos llamaban a la puerta en vez de usarlas cuando venían de viaje.

Pasaron más años y era yo quien me preparaba para hacer mi último viaje como azafata en unos días, me llegaba la edad y era ley de vida que me tocase jubilarme. Nos habíamos corrido un par de juegas como la de Andrés cuando Rosa, Rafael y Juanito se jubilaron, de nuestro grupo duro solo quedábamos Vanessa y yo en activo, los demás habían ido cayendo. Cada despedida había sido más bestia y más placentera. La mía prometía ser especial. Braulio había conseguido que nuestra tripulación pasase dos días libres en Buenos Aires. Todos se apuntaban al viaje, incluido Braulio que generalmente y pesar de su muy buena relación con la gente no se metia en nuestros temas. Pero eso creo que va a ser algo que cuente mañana…

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