Besos robados

Alguna vez escuche de los labios de un querido amigo, que el arte de besar es la muestra de afecto entre dos persona en común. Otras me han manifestado que es el instinto o una función biológica del ser humano. En lo particular el beso es una práctica que señala diversas facetas como: suplica, afecto, cariño, saludo o arrepentimiento; lo que hace la unión de dos almas, de dos seres que se aman.

Siempre he querido experimentar la sensación que genera un beso, eh escuchado de las bocas de mis amigas que al unir los labios con la otra persona, se distingue un sinnúmero de emociones, que te traslada a otra dimensión y en ciertos casos te produce un elevado grado de excitación, liberando adrenalina y por consiguiente tu corazón se dispara en un ritmo acelerado ¿Qué tan cierto puede ser? Cada vez que lo pienso, mi mente se plantea la idea de que tal cosa no puede existir, es algo irreal que inventan las personas para buscar una realidad alterna a la que viven.

Con el tiempo mi deseo fue difuminado y llego a desaparecer por completo, o al menos eso creía, hasta que apareció ella.

Mi vida, consistía en estudiar los cuerpos celestes que albergaban en el universo, su registro y la investigación de su origen, esos datos eran proporcionados por los telescopios o en su defecto la detección y el análisis de la radiación electromagnética que ofrecen nuevos descubrimientos. Ya eran más de las cinco de la tarde y aun el grupo que se supone que debería darle clases no había llegado.

Esta situación ocurría a comienzo de cada semestre, en vista de que los alumnos nuevos tenían la tendencia a perderse por los largos pasillos de la facultad e incluso me pasó a mí hace dos años cuando recién comencé a impartir clases. Mi mente comenzaba a divagar sobre los planes para este fin de semana, cuando de pronto un tumulto de jóvenes aparece por el umbral de la puerta.

La silueta que lideraba la multitud era un joven, de mediana estatura, cabello negro, delgado y vestía de forma casual.

— ¿Esta es la clase de la profesora Aurora? — Pregunto el chico, con voz ronca.

Asentí por inercia, los chicos comenzaron a entrar como si de un rebaño de ovejas se tratase, haciendo un ruido constante conforme iban pasando para tomar asiento, desde mi posición podía observarlos a todos, con rasgos de incertidumbre y temor. Me presente como su tutora, le explique que esta clase sería diferente a las demás, por la extraña razón de que cada tarde a esos de las siete de la noche, podrían salir al campus con la excusa de admirar el cielo en busca de algún objeto. Las instrucciones eran simples, cumplían con sus deberes académicos y al final de lapso expondrían un proyecto en pareja, para determinar los resultados de la asignatura.

Una vez dada las instrucciones para permanecer en mi clase, comencé a hablar sobre la mecánica celeste o astro mecánica, conforme iba exponiendo el objeto de interpretar los movimientos a través de la ley de gravitación universal por Isaac Newton. Veo llegar a una chica, por su apariencia se trataba de otra alumna, lucia algo perdida. Como no fijarme en su aspecto, si era encantador, su cabello era lacio, su piel blanca como un papel, sus labios rosados y esos ojos que fueron mi perdición.

— ¿Usted es la señorita Aurora Guttemberger? — Preguntaste con tu mirada penetrante.

— Me temo que sí, ¿Se le ofrece algo? — Indague, retomando mi postura.

— Me perdí en los pasillos, ¿Puedo entrar a su clase? — Preguntaste finalmente.

Asentí levemente con mi cabeza, te vi pasar contoneando tus caderas, escogiste un asiento a mitad del salón. Debo admitir que tus ojos me encantaron, pude percibir un brillo especial, en más de una oportunidad nuestras miradas se cruzaban, luchando por ganar, obviamente la tuya ganaba sobre la mía. La hora de la clase termino, me despedí hasta el próximo viernes y antes de salir te viraste para guiñarme tu ojo derecho.

Mi piel automáticamente cambio de tono, hasta posarme en mis mejillas el típico color rojizo, ante tu coqueteo tan directo, me quede estática al verte partir. Después de aquella clase, mi vida había cambiado por completo, contaba los días e incluso las horas para volverte a ver, tu mirada y tu forma tan descarada en coquetearme me cautivo al instante.

Cierto día me encontraba caminando por la calle en dirección a mi clase de astronomía estragaláctica, afortunadamente era de las pocas chicas que había ganado el privilegio de dar clases en la prestigiosa Universidad de Padua aun siendo una estudiante, el secreto estaba bien custodiado entre el decano y yo.

Mi vista estaba enfocada en el pavimento observando como el resplandeciente sol quemaba el asfalto, creando una especie de vapor humeante que ascendía a la superficie. Por una milésima de segundo mis ojos se enfocaron en un grupo de jóvenes quizás de mi edad, estaban conformando un circulo alrededor, posiblemente se desarrollaría una pelea clandestina, pero justo allí mis ojos vieron tu reflejo, eras tú, la chica que me había coqueteado.

No podía creerlo ¿Qué estaría haciendo aquí? Me cuestione conforme mis pies iban en dirección al lugar, al estar a pocos centímetro de ella, titubee en si posar mi mano sobre su hombro o no, mi mente estaba en un conflicto mental, cuando tome el valor para hacerlo, inesperadamente la chica volteo hacia a mí. Me quede estática observando su rostro, desafortunadamente no era ella, mi mente había jugado conmigo de la forma más cruel.

Desilusionada me di media vuelta para ir a mi clase, no podía darme el lujo de llegar tarde, a paso firme entre al salón, me ubique en el mismo asiento de siempre, lateral a la pared, el profesor era bueno impartiendo esa asignatura, tan bueno como yo suelo hacerlo con los jóvenes de la otra universidad.

Al culminar la clase, mis compañeras deciden invitarme a la apertura de un nuevo local de comida tailandesa, no tenía mucho que hacer esa tarde por lo que termine aceptando la invitación. Nos dirigimos al lugar, en una camioneta Chevrolet que pertenecía a una pelirroja hermosa, esa que aún no se daba por vencida en conquistarme.

Al llegar, Tatiana la hija del dueño del local, nos hizo pasar como si fuéramos personas con pase Vip, aunque la realidad era otra, solo éramos compañeras de clases. El lugar no estaba nada mal, poseía un recibidor amplio, sus mesas estaban ubicadas a cada lado de la pared, en el centro se hallaba una estatua de bronce con la imagen de Bangkok a Railay y sus alrededores variaban de un color roble a caoba. Minutos después todas comenzaron a cuchichear entre sí, ningún tema del que estaba en discusión lograba llamar mi atención, a penas y me salía una que otra risa para aparentar que estaba prestando atención.

Me incorpore de la mesa, me disculpe con el resto de las chicas y me dirigí al tocador, tenía la firme intención de esparcir agua tibia sobre mi rostro para relajarme, pero al entrar me quede paralizada. La chica que me había coqueteado días atrás, estaba justo enfrente de mí, fue tal la sorpresa que permanecí inmóvil por unos minutos, esos que fueron suficientes para que ella se percatara de mi presencia. Contoneo sus caderas para acercarse a mí, se veía tan hermosa, era lo que me repetía una y otra vez en mi cabeza hasta que sentí la suavidad de sus labios rosando los míos.

Al principio no respondí, me había agarrado con la guardia baja, cuando sentí sus manos alojarse en mi cintura apretándome más a ella, le correspondí. El beso era suave, sus labios recorrían lentamente los míos, acariciándolos como si fuesen plumas de algodón, la punta de su lengua rosaba la mía conforme me besaba. Mi cuerpo se estremeció ante su contacto, su respiración suave me producía pequeños espasmos, su aliento húmedo me hacía sentir cosquillas en mi estómago y al mismo tiempo podía sentir como mi intimidad se humedecía.

Estaba perdida ante sus encantos, deseaba que no parara de besarme, se sentía tan bien, tan placentero, mi corazón pedía a gritos que me llevara a su casa y me hiciera suya, pero desafortunadamente el momento fue interrumpido por la pelirroja que entro al tocador en busca de mi presencia. La chica se sobresaltó al escuchar ese grito ensordecedor y yo lo hice con ella, se apartó de mí bruscamente, sin que pudiese decirle algo se marchó del lugar.

Cuando reaccione, quise ir a su encuentro, pero al salir del local no vi ningún rastro de ella ¿Por qué se fue? ¿Abra pensado que esa chica era mi pareja? Me cuestione por unos segundos que fueron interminables, aturdida me retire del establecimiento dejando a mis compañeras, deambule hasta llegar a mi hogar, debía preparar la clase que daría mañana, pero mis pensamientos le pertenecían a ella.

Al día siguiente, me encontraba entusiasmada esperando pacientemente a que llegaran mis alumnos, en especial que llegaras tú, conforme iban pasando los minutos vi llegar a todos, menos a ti, jamás había sentido este sentimiento. Desilusión mezclado con una pisca de dolor y tristeza, ese día comprendí que tu habías cambiado algo en mí, no podía preguntar a los otros chicos por ti, ni siquiera sabía tu nombre o como ubicarte. Decidid dar la clase lo más normal posible, intentando ocultar la tristeza de no verte allí, ni cruzar mi mirada con la tuya.

Después de la clase, investigue sobre ti, deseaba tanto volverte a ver, que no me importo violar el protocolo de la facultad, aunque ponía mi puesto de tutora en juego, anhelaba estar entre tus brazos otra vez.

Afortunadamente salí librada de que me pillaran husmeando los documentos internos de cada alumno, mi objetivo esa noche era ir a tu domicilio, tocar tu puerta y hablar contigo. Aquella alegría que sentía al saber que te vería, se convirtió en tristeza al verte salir de tu casa tomada de la mano de un chico, lucias tan sonriente a su lado, que mis ilusiones se esfumaron al verte partir en su auto.

Desecha volví a mi hogar, no comprendía porque me sentía así, lo que había sucedido entre nosotras solo fue un “Beso” uno muy especial para mí ¿Me abre enamorado? Me cuestione, sería ridículo pensar una cosa así, he escuchado que las personas se enamoran a primera vista, pero no por el primer beso ¿Porque las cosas tenían que resultar así? No podría terminar como los cuentos de hadas, con un final feliz.

Los días siguientes no fueron mejor, siempre te tenía presente, me gustaba como me observabas a medida que daba mi clase, aunque solo lo hiciste una vez, era descabellado pensar que tú también hayas sentido algo por mí, con aquel beso. La semana continuo sin mucho percance, había decido que ese viernes enviaría a una suplente para dar mi clase, sería la primera vez que lo haría, pero no quería llevarme otra desilusión si no te veía sentada a mitad del salón.

Sin embargo, a pesar de que encontré una excelente suplente para ese día, ella no podía dar la clase de práctica, así que después de todo volvería a sentir ese sentimiento de vacío al no verte.

Era pasada de las seis de la tarde, me encontraba finiquitando los últimos detalles en el campus, arreglando cada telescopio para los alumnos, cuando te vi llegar en compañía del resto de los chicos, al verte, desviaste la mirada a otro lugar, en esta ocasión sentí tu desprecio, produciendo un dolor en mi corazón. Quise opacar esa fea sensación dando las instrucciones de lo que querían que hicieran esa noche despejada, deseaba que observaran la luna y los planetas conocidos para ustedes con el telescopio que estaba enfrente de cada uno, así identificarían los cráteres u relieve que contenía cada uno de ello.

Una vez dada las instrucciones quise alejarme de esa zona por un momento, quería quitarme esa sensación en mi corazón, mis pasos me condujeron a un paraje desconocido para mí, a pesar que las estrellas alumbraban esa noche, era casi imposible ver la belleza de aquel lugar. Estaba pensando en ti, en voz alta, tenía que decirle a las estrellas y a la luna, todo lo que sentía por ti. Simplemente quería tener a alguien de confidente, ¿Qué me habías hecho con tu mirada? Que me tenías tan atrapada, todo era inexplicable para mí, tu coqueteo insinuante, el chico de esa noche en tu casa, creo que no debí creer ni si quiera imaginar que tú y yo……. Que había una química entre nosotras, es imposible…..Dime luna, tu que sabes de amores callados, cuando volveré a ver esa mirada cautivadora, me conformare con solo admirarla de lejos, dime luna, cuando podre.

Solo había permanecido unos segundos allí, cuando presiento que alguien viene tras de mí, ¿Habría escuchado todo? Si era algún maestro o director de la facultad, estoy metida en serios problemas, volteo lentamente para ver la silueta de la persona, no lo podía creer, era ella, ¿Me abra seguido? Me cuestione, nos quedamos estáticas, sin mover ninguna parte del cuerpo, nuestras miradas se cruzaron en completa complicidad, se fue acercando lentamente para susurrarme algo.

— Aquí estoy, sutilmente coqueteando de nuevo conmigo, como si supieras que esa mirada me encanta.

— ¿Cuánto llevas ahí parada? — Pregunte con temor.

— Lo suficiente como para darme cuenta de muchas cosas — Te acercabas más a mí, como queriendo invadir mi espacio personal, llevada por el momento, esta vez te bese yo.

— Deseaba tanto, volverte a besar — Me susurraste, al apartarte de mí.

— Lo siento, no debí hacerlo, soy tu profesora — Fue la frase más estúpida que había dicho, más que nadie deseaba volver a sentir tus labios.

Ella me miro extrañada por lo que salió de mis labios, como si no le importara, se acercó a mí y me volvió a besar. Con un movimiento suave me recostó sobre el césped húmedo, se colocó encima de mí, sin apartarse de mis labios.

Era el mejor momento que había experimentado en mi corta existencia, por más que deseaba continuar y llegar a algo más, tuve que detenerla, la aleje de mi con sutileza, mire sus ojos encantadores y le dije.

— No es correcto lo que estoy haciendo, deseo continuar, pero aquí no — Me disculpe.

Ella se incorporó para sentarse a mi lado, me sonríe, me da un beso fugas y me extiende la mano.

— Es hora de volver a clase profesora — Me expresas con una sonrisa maliciosa. Ayudas a incorporarme y te presentas como debiste de hacerlo hace días, justo esa noche conocí tu nombre de tus labios.

Mañana no tengo mucho que hacer, me encantaría pasear contigo a algún lugar, ¿Te parece a las dos de la tarde? Te dije, mientras unía mis dedos en señal de buena suerte. No dijiste nada, ante mi petición, al contrario me volviste a besar, deduje que ese gesto sería un sí.

Volvimos al campus silenciosamente, intentando ocultar lo que había sucedido minutos atrás, te ubicaste en tu telescopio y comenzaste a tomar apuntes. En cuanto a mí, retome mi lugar. Media hora después la clase había llegado a su fin, antes de irte pasaste a mi lado, extendiste tu mano en forma de saludo, al tomarla note que habías dejado un papelillo entre mis dedos. Te vi partir junto con el resto de los chicos.

Cuando ya no podía percibir tu silueta desde el lugar donde me encontraba, leí ese papelito, tenía una apariencia toda arrugada, este, decía lo siguiente.

“Pasa por mí al terminar la clase, estaré a una cuadra de la escuela, espero verte, si no entenderé que te has arrepentido”

Instintivamente apresure a guardar todo, firme los documentos de la devolución de los quince telescopios intactos, me fui al estacionamiento a buscar mi coche rápidamente, ya casi no había nadie en el campus y tu ahí sola esperándome. Intento controlar mis nervios, para que me permitan manejar mi coche con precisión, estoy cerca lo presiento, con un movimiento de mi pulgar, enciendo las luces altas de mi coche, justo al frente veo tu silueta, allí estabas a punto de irte.

Baje rápidamente la ventanilla de mi auto, saque mi cabeza y te grite tu nombre con todas mis fuerzas, volteaste, de nuevo tu mirada se cruzó con la mía, te acercaste poco a poco hasta estar a la altura del vehículo, al subirte me diste un beso que no esperaba.

— Por qué esperar hasta mañana, si podía verte a final de la clase — Me susurraste al separarte de mis labios.

El volver a verla me hacía morir de la alegría, quería llevarla a un lugar especial para mí, ese que uso cuando necesito pensar. Puse en marcha mi automóvil, para dirigirnos al lugar. Recorrimos las oscuras calles de Italia, parecía no haber ningún alma esa noche, nos aventuramos por un laberinto verde, hasta llegar a una especie de colina. Nos bajamos con cuidado, pues el césped estaba húmedo.

Bienvenida a mi lugar especial, ese que todos buscan para refugiarse del mundo y olvidarse de todo, pero que solo yo conozco — Exprese, embozando una sonrisa.

Te vi, caminar contoneando tus caderas por la zona, como queriendo grabar cada detalle en tu cabeza. A simple vista el lugar es perfecto — Musitaste.

Mientras continuabas en tu reconocimiento, saque una manta que solía llevar en mi coche, era de limo fino, poseía mis dos colores preferidos rojo con recuadros negro, la extendí sobre el césped húmedo, me senté para admirar la ciudad. Desde aquí podía distinguir un sinnúmero de luces que pertenecían a casas u edificios, era como una ciudad de papel, cerré mis ojos para aspirar el aroma a humedad y tierra mojada.

No sé en qué momento te me acercaste o como se dieron las cosas, solo sentí la suavidad de tus labios rozarse con los míos, me recostaste sobre la manta con cuidado, tus manos recorrían mi cuerpo con dulzura, mordí levemente tu labio inferior. Te incorporaste un poco para deshacerse de mi blusa, yo solo me dejaba llevar por tus caricias, bajaste por mi abdomen dejando un camino de besos húmedos, con sutileza y rapidez te deshiciste de mi jean, dejándome solo en ropa interior. Esa que no tardaste en sacarme con tus dientes, te ubicaste entre mis piernas y con tu lengua recorriste toda mi intimidad. Gemí al sentir tu lengua en ese lugar, estuviste jugando allí por mucho rato, hasta que viste que era momento de cambia tu táctica.

Sujetaste mi cadera para perderte en ella, mis muslos se fueron tensando a medida que me penetrabas con tu lengua, juro que casi me vengo en ese instante. En cambio tú, no tardaste en incorporarte dejándome a flor de piel, con movimientos rápidos te fuiste retirando cada prenda, dejándome admirar tu hermoso cuerpo. En poco tiempo te encontrabas sobre mí, ubicando tu pubis junto a la mía, perdí mis sentidos al sentir tu húmeda rosar con la mía, me cabalgabas con dulzura, haciendo movimientos cortos y profundos. Escucharte gemir era lo máximo, ver como cerrabas tus ojos con cada cabalgata, como te mordías el labios inferior, fueron suficientes para que llegara al clímax.

Al parecer tu aun no habías llegado, seguías moviéndote como toda una fiera, gimiendo cada vez más, decidí que era hora de retribuirte el placer que me habías dado, deslice mi dedo índice entre nuestros cuerpos para estimularte el clítoris, basto solo dos segundos para que tuvieses tu orgasmo y te desplomaras sobre mí.

Mientras tu respiración volvía a la normalidad, te acariciaba el cuerpo, con un susurro te exprese que eres muy especial, tú te incorporaste un poco, para mirarme fijamente.

— Aquella vez que te vi frente a mi casa, supe que eras para mí — Me expresaste con tu voz sexy.

Yo solo acaricie tu mejilla con dulzura y te dije — Quédate conmigo Ashey.

Mary y Arj FIN

Hola mis lectores, espero les haya gustado esta corta historia, recuerdan que había retirado mis historias para formar un nuevo proyecto, déjenme decirle, que está listo. Les invito a que lean mi novela de amor lésbico “Eres Ese Algo que Buscaba” aquí les dejare el enlace, donde pueden encontrarla.

HombreFX (ID: 853437) Gracias corazón por aun seguirme y dejar comentarios, personas cmo tu hacen que siga escribiendo.

Este libro narra la vida de Laura Henderson una mujer decepcionada de su pareja, temerosa al amor y atrapada en la cotidianidad de la vida. En su intento de huida, decide emprender un viaje para renovar su espíritu.

En el camino se cruza con personas significativas para su vida, pero nunca imaginó, que el encuentro con un hombre misterioso en el interior del crucero, la llevaría a luchar por el amor. Sin embargo, el giro del destino le arrebataría las posibilidades de estar con su chica ideal al sufrir un improvisto accidente.

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