Bienvenida mi jubilación

Me animo a contar esta historia pues creo que mi vida dio un giro imprevisto a una edad que yo me creía aparcado.

Me llamo Juan, me casé jovencito y mi vida desde entonces ha sido normal, creo yo, con altibajos pero no me quejo.

Mi esposa al principio era bastante cariñosa en la cama pero con los años se fue apagando hasta que prácticamente no teníamos sexo, quizá la rutina, no sé.

Yo la verdad tampoco lo echaba mucho de menos y me acostumbré.

Por desgracia me quedé viudo hace poco, desde entonces vivo solo, ya que no tuvimos hijos.

Hace algunos años me tocó ser presidente de la comunidad de vecinos y como soy bastante “manitas” me entretenía arreglando cualquier desperfecto de la comunidad.

Mi relación con los vecinos era la normal y cuando dejé el “cargo” a veces me llamaban para que les arreglara algo.

Cuando cumplí los 62 años me jubilé y aunque estaba solo no me aburría mucho, pues siempre tenía algo que ver o hacer. Tengo varios hobbys y eso me ayudó mucho.

Al estar solo me ofrecí a mis vecinos, si querían algo de mí, estaba a su disposición.

Al principio no había muchas peticiones, con el tiempo alguien me pedía que fuera a hacer alguna gestión para ellos o arreglar algún grifo etc.

Yo me organizaba bien, la comida, la lavadora, la plancha etc.

Un día que estaba tendiendo mi ropa en el patio interior, me fije en el tendedero del piso de enfrente.

Hasta entonces no me había llamado la atención ver tendidas prendas de todo tipo y tamaño, pero aquel día fue especial porque entre las demás prendas había un conjunto de sujetador y braga muy sexi y la señora que vivía allí no era ninguna adolescente.

Después de aquello me olvidé, pero siempre que salía a tender miraba por curiosidad. La verdad es que ya no volví a verlo.

Pero llegó un día llamando a mi puerta la vecina y me pidió por favor que mirara un problema que tenía en su habitación que no podía ver la tv.

La señora tendría alrededor de 45 años y vivía sola, tenía un hijo de 21 y una hija de 19, pero casi no venían.

Al contármelo caí en la cuenta de que la famosa lencería sería de su hija, pero estando mirando la conexión de la tv, en un momento que salió a buscarme unas tijeras, me di cuenta que tenía el armario medio abierto y estaba todo un cajón con sujetadores y bragas preciosos, todos ordenados. Yo me quedé embobado mirándolos pues siempre me gusta ver las maravillas de diseños que hacen para ropa que en teoría no se ve.

Me pilló infraganti, desde detrás oí…

— Que tal, le gustan?

Yo me volví rojo de vergüenza, pero me tranquilizó al decirme que era su vicio secreto. No lo sabía nadie, por eso lo tendía siempre en un tendedero dentro de casa, menos el día que lo vi yo, pues tenía prisa y no se acordó.

Yo le dije que no pensara mal de mí pero era un admirador de la belleza y que me atraía mucho la lencería de calidad y que no comprendía que costara tanto dinero unas prendas que no se lucían.

Me aclaró que lo importante era que al llevarlas la mujer se sentía bonita por dentro y le daba seguridad y placer.

No acabó de convencerme pero asentí, ella lo notó y me dijo…

— Quiere ver la diferencia?

— Si, claro.

— Fíjese en el sujetador que llevo para estar por casa…

Se quito la camiseta que llevaba y se quedo con la falda.

Levaba un sujetador color carne que aunque tenía unos bonitos pechos no decía nada.

— Pues vea la diferencia ahora…

Cogió uno de los del cajón sin mirar y poniéndoselo delante se quitó el que llevaba, se puso el nuevo casi sin dejarme parpadear.

— Que tal la diferencia?

— Wooooaoow, dije sin pesar, que maravilla.

— Pues este no es nada, los tengo mucho mejores, mire este.

Esta vez se desabrocho el azul que se había puesto y más lentamente lo plegó con cuidado y se puso unos de color blanco de encaje.

Mientras hacía el cambio dejó al aire un par de tetas de una talla 100 creo, que aunque la gravedad las afectaba un poco, eran redondas y duras, con un buen pezón.

Al agacharse para plegar el sujetador se quedaron colgando, balanceándose suavemente, yo no perdía los ojos entre las tetas y lo que estaba haciendo, cuando se puso el blanco, primero se abrochó detrás y después de ponerse los tirantes se las metió en las copas arreglando la pezonada.

Me miro a la cara y dijo…

— Mejor este?

— Precioso, como cambian.

— Ah! Pues tengo otro que le gustará más…

Y buscó otro negro de seda y se lo cambió con todo esmero.

Yo estaba deseando que se cambiara de modelo, pues la visión era de vértigo.

— Este es muy bonito, pero me gustan más los de tul, dije yo.

— Pues tengo uno que te encantará, es de tul negro.

Unos minutos más de emoción y el sujetador negro hacía su función recogiendo dos hermosas tetas.

Los tirantes eran de quita y pon y se podía llevar sin ellos, por lo que me animé y acercándome le dije…

— Y si te quitas los tirantes?

Se volvió y me dijo que los soltara detrás y al quitárselos por delante no pudo, pues estaban muy sujetos y me pidió que se los quitara yo, al principio iba con la punta de los dedos y no podía, por lo que para no hacerme el torpe cogí la copa desde bajo y levantándolo lo pude soltar.

Al bajarlo, la copa se bajó de golpe y me quedé con la mano abierta y con la teta entre mis dedos, haciéndome el “experto” le metí otra vez la teta en su sitio, percatándome que se marcaba en el tul el pezón todo duro.

El gemelo ya lo saqué de primeras y sin pensarlo pellizque el pezón y le dije…

— Es para que estén iguales.

Ella me miró y me dijo sonriendo…

— Pues tengo el juego completo.

Buscó en el cajón y sacando unas braguitas del mismo tul, se cambió de bragas por bajo de la falda y cuando estaba acabado se soltó la falda y la dejó caer, quedándose solo con el conjunto negro.

Yo que ya con la ayuda prestada, me había reaccionado mi polla, ahora al verla entera con el conjunto no podía disimular la erección que llevaba bajo el pantalón y me dijo…

— Si ve algo mejorable me lo dice.

Yo me acerque y cogiendo la copa del sujetador la plegué bajo su pecho con lo que se quedaba más alto y con el pezón duro suelto mirando hacia arriba.

— Así me gusta más, le dije

— Pues ponme el otro igual…

— Con mucho gusto.

Lo cogí con las dos manos y cuando lo colocaba le di un beso suave primero y un mordisquito después, y ya parecía que me apuntaban desafiantes.

Me cogió la cabeza y me la puso entre sus tetas y me dijo…

— Puedes comerte las dos si quieres…

No me hice de rogar, las mordía y chupaba las areolas grandes con avaricia mientras ella se ocupaba de mi cinturón y soltándolo dejó caer los pantalones al suelo.

Metió la mano por la cintura del slip y cogiéndome la polla la sacó y la descubrió de piel.

Tenía el glande hinchado y rojo y echando un poco de saliva en él, me lo acarició de arriba abajo poniéndolo aun más duro al estar libre.

Yo le había soltado el cierre del sujetador y las tetas estaban libres de toda atadura, ella arrodillándose me miro a los ojos mientras se metía mi polla entre sus labios y se la tragaba casi toda.

Me acarició los huevos y me dijo si quería que me quitara las bragas y le dije que quería estrenarlas, con lo que dándose la vuelta se la separó un poco y cogiendo mi polla se la metió hasta la mitad y yo tirando de sus caderas se la acabe de clavar hasta dentro.

Yo hacía mucho tiempo que no tenía sexo y mi polla ya no era la de antes, por lo que me costó correrme, pero ella sí que pronto tuvo su primer orgasmo y quitándose las bragas dijo…

— Ahora trabajaré yo…

Me sentó en el borde de la cama y se subió encima de mí, metiéndose otra vez la polla, cabalgo a su gusto con toda clase de movimientos, hasta que me vio la cara de ausencia y aceleró hasta notar como mi glande se hinchaba y palpitaba, hasta llenarla de leche, este fue el momento que sintió su segundo y fulminante orgasmo.

No se bajo de momento, pero al flojear mi polla se desparramó todo el semen y sus jugos por mi polla.

Me besó y me dijo…

— Ya tenía ganas de que alguien me viera mi lencería y la apreciara. Te gustaría volver otro día y te iré enseñando toda? Tengo mucha.

Yo asentí con la cabeza, no podía casi hablar.

— Cuando quieras, dije al fin, estaré encantado.

Y vaya si volví…

Continuará

Ruego sus comentarios

Bienvenida mi jubilación (2)

Continué mi vida rutinaria acordándome como me había sorprendido tan gratamente la vecina.

Paso un poco de tiempo y un día la vecina de bajo de mi casa llamó a mi puerta, abrí y sonriéndole le pregunté…

— Hola Laura, que tal?

— Hola Sr. Juan, estoy bien gracias, es que… me gustaría pedirle un favor…

— Si puedo, por supuesto.

— Quisiera que le diera una mirada al calentador del agua, pues como sabe tengo un bebé y me hace mucha falta, y como cobran los técnicos…

— Bueno lo veré y si es algo fácil bien, pero si no…

— Gracias, pues… cuando quiera.

A la mañana siguiente cogí unas pocas herramientas y bajé a casa de Laura.

Abrió y me hizo la señal de que no hiciera ruido, pues la niña dormía en ese momento.

Me llevó a la cocina y me enseñó el calentador que tras un breve examen comprendí que no recibía gas.

Mientras desmontaba el sistema de inyectores, la niña empezó a llorar con fuerza y mi vecina, que hasta ahora estaba haciendo sus tareas tuvo que ir a atenderla.

Trajo en brazos a la niña de meses y dijo que era que tenía hambre y que era como un reloj.

Se sentó en una silla en la cocina y abriendo la bata que llevaba se sacó el pecho derecho, que enseguida se guardó mirándome.

— Oh perdone Sr. Juan no me había dado cuenta, le molesta que le dé el pecho a mi hija aquí?

— No de ninguna forma, es más, me parece una de las imágenes más tiernas y bonitas que se pueden ver.

— Huy, pues hay mucha gente que no le parece normal ver amamantar a un bebé.

— Algo he oído, para mí no hay cosa más hermosa.

Se sacó el pecho y acercó al bebé y presionando un poco la teta salió un chorrito de leche por el pezón y la niña se apoderó de él, ávida de alimento.

Lo cierto que la escena era tierna, pero la visón de la teta hinchada, con una areola grande y oscura y un pezón goteante sobresaliendo me gustaba mucho.

Laura ayudaba a la niña a colocarse, acercándole la boca en su sitio, el bebé se aplicaba con fuerza.

Al rato, mientras yo intentaba desembozar los chicles del gas, la niña se sintió satisfecha y dejando de mamar se durmió.

Mi vecina la separó de su pecho y le limpió la cara.

Mientras por el pezón no dejaba de manar un chorrito de leche que le bajaba teta abajo.

Yo hice un comentario sin pensar…

— Que lástima de leche que se pierda.

— Pues sí, se ve que tengo buena calidad de leche y mucha cantidad, pues la niña no necesita del otro pecho y tengo que sacarme la leche con una ventosa para que no me estalle.

— Le digo un secreto? Como sabe, no hemos tenido hijos y si los hubiéramos tenido me habría gustado probar la leche materna.

— Bueno eso no es un problema, como ve a mi me sobra y la tengo que tirar, si quiere probarla…

— Muchas gracias, con una cucharadita me bastará.

— Como con una cuchara? Mire…

Se sacó el pecho izquierdo que estaba súper hinchado y chorreando leche sin parar.

— Si quiere inclínese sobre mí y chupe del pezón y así me ayuda a descargarlo.

Yo no veía la forma para hacerlo pero mi vecina dejo a la niña en su cuna y me senté a su lado y metí el pezón en mi boca y empecé a succionar.

Al principio no salía casi nada hasta que me explicó que tenía que cogerlo con los labios y el paladar.

Al fin cogí la manera ideal y la boca se llenaba de leche.

En un principio la noté rara, lógicamente insípida y clara como la desnatada, pero luego me pareció ideal.

Me sabia mal estar chupando de la teta una vez probada, pero cuando intenté soltarla, me cogió de la cabeza y me dijo…

— No se preocupe siga, siga, así me vacía la teta, lo hace muy bien.

Yo ya solo chupaba y apretaba la teta para que saliera más, hasta que noté que disminuía el chorro y me separé.

— Ah! no sabe la sensación tan deliciosa que me ha proporcionado.

Se guardó la teta y con la excusa de ir a por unas piezas que necesitaba salí de la casa diciendo que luego volvería.

Fui a buscar las piezas al centro y cuando volví, llamé expectante sin saber el recibimiento que tendría y salió con la niña en brazos llorando.

— Hola pase, precisamente la niña se acaba de despertar y la voy a cambiar.

Me dirigí directamente a la cocina y empecé a montar el calentador, cuando Laura entro con la niña llorando y dijo…

— Pues se ve que además de mojada tiene hambre.

Ya sin preguntar, se sentó en la silla y sacando el pecho izquierdo que yo había vaciado y que estaba otra vez hinchado se lo presento delante de la boca a la niña que lo agradeció.

Yo estaba colocando piezas con cuidado y de reojo miraba como el pecho derecho manchaba la bata de leche. Me miró y me dijo…

— Es una suerte que hoy esté aquí pues si quiere me puede vaciar el pecho derecho luego, pues esta que se sale.

— Como quiera, por mí encantado.

Me contó que tenía 38 años y que su marido trabajaba en el transporte internacional y cuando venía siempre habían intentado que viniera un bebé pero como no podía ser, se hizo la fecundación in vitro.

Después de terminar la niña con su merienda, se quedó dormida en los brazos de su madre, que la dejó en la cuna.

Desde allí me llamó y sentándose en la cama mí señaló a su lado y dijo…

— Siéntese aquí, así estará más cómodo.

Me senté a su derecha y tumbándome en la cama sobre sus piernas me puse bajo su teta derecha. Me goteaba sobre la cara y ella me ayudó, cogiéndome la cabeza y apretándola sobre su pecho me metió en pezón apretándolo con los dedos.

Un chorro de leche llegó a mi paladar y lo lamí contra el paladar mientras mis labios abarcaban toda la areola, tenía la boca llena de teta y tragaba todo lo que podía.

Con mi mano cogí el otro pecho y lo acariciaba suavemente y pellizcaba el pezón, mojándome la mano de leche. Me dijo…

— Me alegro que le guste mamar, me da mucho gusto. A mí también me gustaría poder mamar.

— No la entendí a la primera y cogiéndole el pezón se lo acerqué a su boca, pero me dijo que no era eso, y bajando su mano a lo largo de mi pecho llegó al cinturón y aflojándolo, metió la mano y apretó mi polla que estaba bastante dura ya, la estuvo acariciando mientras yo aceleraba las chupadas hasta que buscando en el slip sacó fuera mi polla y dijo…

— A mí también me gusta la leche.

— Me gustaría tener tanta como tú.

— Pero esta es más espesa…

Me bajó los pantalones hasta las rodillas y levantándose se puso de rodillas a mi lado en la cama y cogiéndome la polla con una mano y otra en los huevos, dijo…

— Esto también está a punto de reventar.

Comenzó con un leve movimiento hacia abajo y sacó todo el glande brillante…

— Este pezón tampoco está mal.

Lo lamió dos veces y abriendo los labios se lo metió dentro de la boca espirándolo hasta que estuvo casi dentro del todo, me apretaba los huevos como yo había hecho con sus tetas y su cabeza subía y bajaba poniéndome la polla cada vez más dura y más gorda.

— Quiero toda tu leche, te voy a dejar seco.

Yo ya no atendía a nada, ni sus tetas ni nada, relamía los labios de la leche de sus tetas y procuraba que la mía no saliese muy pronto.

Ya como estaba mi polla dura y no me corría, cogió con las dos manos la polla y cuando una la bajaba la otra empezaba desde arriba a bajarla con lo que era como si estuviera metiéndola continuamente, a la vez que con los labios me chupaba el glande.

Sus deseos fueron al final concedidos y notando que me venía la eyaculación y me palpitaba el glande rápidamente se trago media polla y con la boca me masturbó hasta que de varios chorros llene su boca de leche espesa y caliente hasta que se salía por la comisura de sus labios.

Luego la sacó y mirándome, abrió la boca, me enseño que estaba llena y haciendo un movimiento se lo tragó todo.

— Así estamos igual, llenos de leche.

Se levantó y se estiró la bata y se colocó las tetas en su sitio.

Yo admirando su figura, le dije…

— Pues para hacer poco que has parido tienes una figura ideal.

— Claro, me explicó, me tuvieron que hacer una cesárea y por eso no me ha quedado vientre. El médico me dijo que volvería a ponerme un bikini.

— No me digas… pues qué bien y no se notará nada?

— No creo, mira…

Y abriéndose la bata me enseño las bragas que llevaba, eran pequeñas pero color lila.

Se bajo un poco las bragas, me enseñó una cicatriz fina de derecha a izquierda que apenas se veía, justo sobre el pubis y me dijo…

— Ah! Lo siento pero me depilaron en el hospital muy mal y aún no he podido ir a que me retoquen.

Bajándose más las bragas me enseñó el monte de Venus con el vello apenas crecido pero mal cortado y sin cuidarse de las ingles.

— Me da vergüenza que me veas así, pues hasta por las ingles se asoman los pelos.

— No te preocupes no está tan mal, como son cortos no se aprecian casi nada.

— Cuando me depile lo haré totalmente hasta que me pueda recortar como a mí me gusta.

— Y… como te gusta a ti?

— Me gusta dejarlo con unos pocos rizos y recortado recto por arriba y un dedo separado por las ingles. Y pelado del todo por los labios.

— Pues los labios se te ven bastante bien así.

— Huy! Qué va!, mira…

— Los tienes muy carnosos, y si me permites decirlo, te asoma un clítoris muy apetecible.

— Vaya… sí que quieres quedar bien.

— Por una parte te ha venido bien lo de la cesárea, no te habrán deformado la vagina y cortado para facilitar el parto.

— Pues es verdad, la vagina esta estrecha como una adolescente y los labios muy sensibles, fíjate que con solo estar hablando sobre ellos, me estoy mojando sola.

Metí la mano entre sus muslos y dije muy serio…

— No me has engañado, tus labios están chorreando y mi polla esta dura como antes.

— Me sabe muy mal decirte esto, pero no quisiera engañar a mi marido, y aunque estoy muy caliente y quisiera que me metieras tu polla, no lo puedo hacer.

— Bueno, lo entiendo, pero por lo menos permíteme que me coma ese coño tan suculento que tienes.

— Bien creo que eso ya es otra cosa, me estoy derritiendo.

Le bajé las bragas del todo y echándose sobre la cama abrió las piernas todo lo que podía, empecé a lamer sus muslos hasta ir llegando a su coño y separando los labios, metí la lengua en su vagina saboreando sus jugos.

Era verdad que no mentía, tenía la vagina estrecha como una joven por lo que me comí su coño primero y después me dediqué al clítoris que ya sobresalía como un pequeño dedo que me señalaba. Lo lamí, chupé y mordí hasta que se retorcía de placer, su cintura subía buscando mi boca y se balanceaba de lado a lado, le cogí las nalgas y las abrí y con la lengua llena de flujos, le lamí el agujero marrón y arrugado desde fuera a dentro.

Cuando me noto chupando su culo se encogió y me dijo…

— No por favor, eso no, nunca lo he hecho por ahí.

— Tranquila y relájate.

Con mucho cuidado estuve masajeando el ano hasta que noté que se relajaba y metí despacio el dedo meñique.

— Por favor, me vas a hacer daño.

— Tranquilízate y siente como entra el dedo poco a poco.

Con los otros dedos no dejaba de acariciar el clítoris, con lo que estaba pendiente solo de él.

Mientras, mi dedo se había hundido dentro y salía poco a poco, después de notar poca resistencia, añadí otro dedo y ya más confiada lo admitió sin mayor resistencia, cambié el dedo por el corazón y después el índice también.

Con estos dos dedos entrando lubricados ya no se quejaba y me acercaba su culo a mi cara, me levante sobre ella y sacándole los pechos hinchados de leche los apreté y vi como salían de ellos sendos chorritos de leche, apoyando mi glande en su ano, fui apretando poco a poco hasta que entro la mitad de él. Laura dejó de respirar un momento y abrió los ojos de par en par, pero un empujón más y entró el glande.

Al notar como había pasado el escalón de la cabeza de mi polla ya suspiro y se relajó.

Ya estaba dentro, luego solo fue acercarme a ella cada vez más y mi polla entrando más y más hasta que mis huevos chocaron con sus nalgas.

Me rodeo con sus piernas la cintura y me atrajo hacia ella, teniéndome clavado dentro de ella y me dijo…

— Mmm, que rico, esto no es engañar a mi marido, por ahí él no ha entrado nunca. Muévete por favor, me gusta notarte dentro.

— Te meteré el dedo en la vagina y me notarás por los dos lados.

Sin más, metí dos dedos en su vagina, notando todos sus pliegues a la vez que notaba mi polla separada por un fino tejido.

Al acariciar su clítoris, su pelvis me buscaba y mi polla se clavaba mas en ella, sus movimientos se hacían más intensos por momentos y de pronto se cogió ambas tetas y apretándolas dijo…

— Me voy a correr, siiii me voy a correr ya, mira mis fuentes de leche, quiero notar dentro tu fuente de leche caliente saliendo de tu durísima pollaaaa.

— Ahí voy yo también…

Y en un mete saca rápido me corrí dentro de su culo a la vez que su vagina se contraía en su éxtasis.

Quede exhausto sobre ella y mi polla salió al momento dejando salir un reguero de mi leche.

Me levanté como pude y dije.

— Voy a probar el calentador.

En un momento lo monté y tras un momento de prueba al final se prendió y comenzó a salir agua caliente.

Nos alegramos mucho y me abrazó diciéndome…

— Que alegría, otra vez agua caliente, no sé como agradecérselo…

— Bueno, yo sí, le dije.

— Cuenta con ello.

Desde entonces las averías de multiplicaron, pero ya se lo contaré otro día…

Continuará

Ruego sus comentarios

Bienvenida mi jubilación (3)

Estaba más que contento de los casos que me había ocurrido sin buscarlos y de vez en cuando hacía alguna “reparación” en casa de mis vecinas.

Un día el vecino de al lado me pregunto si yo entendía algo de electricidad, yo le dije que lo más elemental y me dijo que su mujer se había empeñado de cambiar las bombillas por luces LED.

— Bueno, no es muy complicado, tú puedes hacerlo.

— Confieso de que soy un inútil total para los trabajos manuales. Mi mujer y yo somos muy amantes de la naturaleza y la ecología, queremos estar al día, pero me da vergüenza de que no sé por dónde empezar.

— Bien, pero sin prisas, porque es un trabajo delicado y hay que subirse a escaleras.

— Sin problemas, yo tengo escalera y si quiere le doy dinero y va comprando el material.

Quedamos conforme, a los dos días llamé a su puerta y abrió mi vecino. Se alegró y me hizo pasar, me presento a su mujer, una chica muy joven, delgada y con poquito pecho pero con la cara muy alegre. El marido por supuesto es también bastante joven y tiene la pinta clásica de empollón de biblioteca.

Conté las lámparas y me dieron dinero para comprar material y como yo conocía en almacenes lo compré a buen precio.

Al día siguiente pasé al lado y empecé a sustituir las lámparas viejas por las nuevas, lógicamente iba con cuidado pues la mayoría eran empotradas, y la chica a veces me acompañaba en la habitación dándome conversación.

Cuando llevaba la mitad de lámparas cambiadas, en un momento que estaba arriba de la escalera, se partió un peldaño y aunque pude asirme a unas cortinas, me caí aparatosamente.

El resultado fue un brazo roto y una muñeca dislocada, pero lo peor es que me inmovilizaron los dos brazos, de manera que no podía hacer nada.

La chica, naturalmente me llevó al hospital y me trajo de urgencias cuando me curaron.

El problema verdadero lo percibí cuando llegué a mi casa, allí estaba yo sentado frente a la tv con los brazos separados inmóvil y sin poder ni rascarme.

Estuve toda la tarde pensando qué solución podía tomar, fue el timbre el que me sacó de mis pensamientos, era mi vecino que se interesó por mí y le conté toda la historia.

El se sintió responsable de lo que me había pasado y me dijo que le diría a su mujer que me hiciera ella la comida y la cama.

Me pareció de maravilla y efectivamente al anochecer vino la chica y me preguntó que quería cenar y me hizo una ensalada con unas verduras que no había visto nunca.

Como no podía coger los cubiertos me dio la cena ella. Y la verdad es que mis brazos no se valían para nada.

Tengo que reconocer que estaba deliciosa y se lo hice saber, me lo agradeció y se dispuso a marcharse, pero cuando iba a cerrar la puerta se detuvo, volvió y apoyándose en el marco de la puerta de mi habitación me dijo…

— Sr. Juan, eeeeh…. Me he dado cuenta ahora de un detalle. Como podrá ir al wc. Solo?

— Pues me da mucha vergüenza decirlo, pero con las vendas y el yeso no llego bien, me he hecho pis tres veces encima.

— Pues tendremos que buscar una solución, es tan importante como comer.

— Pues si, dije con la cabeza baja.

— Mire, dijo, hoy lo vamos a solucionar rápido y mañana buscaremos una solución más definitiva.

— Vale, le dije sin comprender bien.

— Levántese y vamos al wc.

Me levante y fui al servicio detrás de ella y me dijo…

— No se preocupe, tengo tres hermanos y sé de lo que va.

Yo me acerqué a la taza y Carmen, que así se llamaba la chica, se puso a mi derecha, me cogió de la cintura con el brazo izquierdo y abriendo con la mano derecha la bragueta me busco mi pene hasta que lo encontró, lo estiró y cuando lo tenía fuera lo descapulló y lo sostuvo en la mano hasta que acabé de orinar, después lo sacudió y volvió a guardarlo.

— Que tal lo he hecho?

— Mejor que lo habría hecho yo, le contesté sonriendo.

Al día siguiente yo pensaba que se habría olvidado mi problema, pero cuando paso a mi casa para el desayuno me dijo…

— Ya tenemos la solución para su problema.

— Hice cara de incrédulo y dije, de verdad?

— Si, y es ideal, mi marido y yo hemos pensado que hasta que se pueda valer, venga a vivir con nosotros, tenemos una habitación que no usamos y creo que estará muy bien.

No me gustaba la idea mucho, pues tendría que adaptarme a su forma de vida, pero no tenia mejor idea tampoco.

Esta misma mañana me cambié con lo justo, pues tenía el resto al lado y me instale en una habitación pequeña, pero agradable con ventana al exterior.

Tengo que reconocer que la idea era buena, ya no obligaba a Carmen a estar pendiente de mí y solo dependía para comer e ir el servicio.

Ya las idas al servicio eran corrientes, tanto si estaba como si no el marido, Carmen me llevaba cuando me hacía falta.

Una de las veces, y creo que por motivo de que Carmen llevaba una blusa escotada, al agacharse y aunque no tenía mucho pecho, me dejo ver unas tetas pequeñas, puntiagudas y unos pezones duros con una areola pequeña.

Fue una visión fugaz, pero hizo que mi pene estuviera mas erecto que de habitual al cogerlo para sacarlo a orinar.

Carmen al tocarlo instintivamente retiró la mano pero en seguida lo cogió con toda la mano y lo sacó y siguió la rutina de siempre.

No me atreví a mirarla y ella no se dio por aludida.

Estaba temiendo la próxima vez que pasara, pero todo fue de lo más normal. Hasta la mañana, que por lo que fuera, tenía una fuerte erección, nada más entrar ya se dio cuenta del gran bulto que había en mi pijama, me dijo…

— Sr. Juan, creo que hoy necesita algo más.

Y cuando llegamos al servicio, en vez de buscarme el pene, bajo el pijama, me desato el cordón y lo bajó al suelo, mi pene saltó directo y duro, sin inmutarse lo cogió con la mano, retiro el prepucio y lo mojo con saliva, el movimiento que le imprimió aun lo puso más duro todavía y más grueso, yo ardía al ver mi polla a pocos centímetros de su cara, con la mano que cada vez se movía a mayor ritmo hasta que me puse rígido y ella notándolo, puso la palma de la otra mano bajo de mi capullo y recogió mi chorro de semen hasta la última gota, cuando me corrí.

— Gracias… me hacía mucha falta, fue lo único que acerté a decir.

— Lo había notado, dijo ella.

Los días pasaban y Carmen me contaba cosas, tenía 25 años y desde siempre le habían interesado los temas del ecologismo y la naturaleza, en una reunión conoció a Mario, su marido, congeniaron y se fueron a vivir juntos. Mario trabajaba en una fábrica que hacía tres turnos y ella era maquetista de una revista y trabajaba en casa a través de internet.

Yo le contaba también un poco mi vida y a veces nos reíamos de alguna anécdota.

Una tarde estábamos hablando cuando se quedó pensativa y me dijo…

— Hace bastante tiempo que no se ha duchado y debe estar incómodo.

Yo me sonrojé, pues efectivamente desde el accidente no me había duchado del todo y debía hacer olor ha sudado.

Me dio apuro, pues es lo más que me molesta y creía que Carmen lo había notado.

Carmen se levantó y me dijo…

— Pues vamos, Mario viene a las 10 del trabajo y querrá cenar pronto, pues mañana cambia de turno de mañana.

Se fue al baño y oí como abría los grifos de la bañera y me llamaba…

— Juan, ya puede venir.

Yo fui a mi habitación y me desnudé y me puse un albornoz.

Cuando entré me dijo…

— Ale, quítese la ropa que le voy a cubrir los brazos con plástico para que no se moje la escayola.

Entonces me di cuenta de que me tenía que haber puesto el pijama, pero ya era tarde, me solté el cinturón del albornoz y lo colgué en una percha. Carmen y yo somos de la misma altura y al entrar en la bañera empezó a lavarme el pelo.

No hizo ningún caso de que yo estuviera en pelotas delante de ella y encima, con los brazos abiertos que parecía que quería volar, la verdad el cuadro era cómico y nada erótico.

Al entrar en la bañera Carmen se quedó más baja que yo y para enjabonarme la cabeza estaba en dificultades, por lo que entró también.

Ella iba vestida con una blusa y unos pantalones y cuando fue a aclararme el pelo abrió el grifo demasiado y se salpicó toda, yo con los ojos cerrados apenas la vi pero la oí quejarse y dijo…

— Un momento, esto no lo había previsto, y salió.

Cuando volvió, yo la esperaba con la cabeza llena de champú hasta los hombros, traía una bata abierta por delante y se la quitó, colgándola en la percha. Se había puesto un sujetador deportivo y unas bragas también de hacer deporte, blanco los dos y dijo…

— Así mejor.

Entró en la bañera y cogiendo el grifo, terminó de enjuagarme la cabeza y cogió la esponja para enjabonarme el cuerpo.

Yo me quedé mirándola sonriendo y ella se miró y se quedó asombrada, pues el sujetador deportivo se había vuelto transparente con el agua y se le veían totalmente los pezones.

Igualmente las bragas mostraban su pubis cubierto de vello negro, por cierto muy bien depilado, marcándole los labios de la vulva como si lo estuviera absorbiendo.

Me miro y sonriéndome se echo a reír a carcajadas.

Quiso aclararme la situación y mientras me enjabonaba la espalda me contó…

— No me lo esperaba, la falta de costumbre, yo siempre voy a playas nudistas, allí conocí a Mario de verdad, y nunca me he comprado un bikini, me pongo un pareo hasta la playa y luego me lo quito. Este sujetador lo compré para una ocasión que fuimos a inaugurar una Vía Verde en bicicleta porque el short de licra me marcaba todo el sexo, como ahora. Desde entonces no me lo había puesto, no me gusta llevar ropa interior, de hecho como ve, no sirve de mucho y si no le parece mal me lo voy a quitar.

Cuando se puso frente a mí para enjabonarme de frente, ya se lo había quitado, me di cuenta que de verdad no tenía casi nada de pecho, un bultito apenas coronado por una areola pequeña y un pezón como un garbanzo.

Su pubis era delgado y con una mata de vello negro rizado y muy bien depilado, los labios eran una fina raya vertical.

Me enjabonó el pecho, el vientre y los muslos y las piernas, pero pasó de lardo mi pene que ya estaba semirrígido.

Cuando terminó, cogió mi pene y con delicadeza lo descapulló y metiendo la esponja bajo mis huevos la pasó entre mis nalgas hasta detrás.

Hizo caso omiso a que ya presentaba una buena erección

Y cuando ya estaba totalmente blanco de champú me dijo…

— Ahora túmbese en la bañera con los brazos fuera.

Le obedecí y cogió la ducha y empezó de arriba abajo a enjuagarme. Como no llegaba bien se sentó sobre mí estomago, desde donde abarcaba toda la cabeza y pecho.

Fue bajándose y para llegar a vientre se sentó sobre mi pene ya bastante duro y mientras me quitaba en jabón notaba como sus labios vaginales abrazaban mi pene cada vez más grueso y tieso. Cogiéndome de mis tetillas me dijo riéndose…

— Vaya, si tiene más tetas que yo!

Nos reímos de la ocurrencia, pero notaba como bajaba y subía a lo largo de mi polla sin levantarse ni una vez.

Yo ya no podía aguantar y levantando las caderas notaba como iba a correrme, pero no se apartaba, por lo que me abandoné y mientras su clítoris abrazaba mi glande me salieron varios chorros de leche caliente que se repartió por mi vientre. Carmen dijo…

— Vaya aquí sí que hay espuma

Y cogiendo la esponja me limpió toda la leche espesa.

Me termino de limpiar y me secó todo especialmente mi polla y me dijo…

— Muy bien, ahora recién duchadito a cenar y a dormir como un bebé. Mario no tardará.

Efectivamente al rato se abrió la puerta y llegó Mario, nos contó que había tenido un día muy malo, estaba hecho polvo y encima tenía que madrugar.

Yo cené rápido y me fui a mi habitación para dejarles en intimidad. Al momento oí como Mario se iba a dormir y Carmen terminaba de recoger la cena.

De madrugada me despertaron unos cuchicheos e imagine que estaban haciendo el amor antes de irse, la verdad es que fue muy breve y me dormí.

Al poco rato note como se levantaba mi sabana y alguien entraba en mi cama. Como era estrecha, instintivamente le hice un hueco y seguí durmiendo. Pero noté una mano que me soltaba el cordón del pijama y me cogía la polla dormida y agachándose sobre ella la descapullaba y se la metía en la boca.

La absorbía y notaba como iba creciendo dentro de su boca, lo que primero era un trozo de carne blando, se iba transformando en un tronco duro y gordo, que ella aprisionaba entre su lengua y su paladar.

Yo como no podía dormir de otra forma, estaba boca arriba con los brazos extendidos, note como desabrochaba la chaqueta del pijama y bajaba el pantalón hasta las rodillas y se situaba lentamente pasando una pierna sobre mí, hasta dejar mi cara entre sus piernas delgadas.

Siguió chupándome el pene cada vez más duro hasta que se dio cuenta de que ya palpitaba y que me había despertado y entonces separó las piernas dejando que su sexo descansara sobre mi boca.

Abrí la boca y noté que estaba empapada de sus jugos, pero no olía a semen, por lo que pensé que Mario tenía demasiada prisa.

Yo le hubiese cogido el culo y el clítoris con mis manos pero no podía hacer nada, solo lamer y chupar, ella hacía lo demás, se movía hacia donde quería ser lamida.

Note que en una ocasión su cuerpo se ponía rígido, después de unas convulsiones dejo mi polla a un lado y se dejó caer entre mis muslos.

Se dio la vuelta y se pegó a mí y me dijo…

— Buenos días Juan, ha sido bueno el desayuno?

— Delicioso, no podía ser mejor… aunque creo que tú ya habías desayunado…

— Pues no, estuve intentándolo pero cuando me la iba a meter se levantó y se fue a la ducha y se marchó, entonces me dije: vamos a desayunar con Juan.

— Muy buena idea, pero no noté cuando llegaste.

— Entré despacio, como soy delgada no ocupé mucho espacio y cómo voy desnuda no notaste el cambio de temperatura.

Yo me giré hacia ella y cuando quise tocarla me di cuenta de las limitaciones que tenia y volví a quedarme boca arriba. Carmen me entendió y me dijo al oído, dime que me quieres hacer, yo te ayudo.

— Me gustaría comerte los pechos.

— Que pechos? Se rió.

— Aunque no sean grandes tienes dos tetas que están pidiendo que se las coma alguien.

— Es verdad, Mario nunca me las acaricia, me dice que me opere, pero creo que si la naturaleza me ha hecho así, yo estoy conforme.

Se inclinó sobre mi y puso su pezón sobre mis labios y los chupé haciéndolos salir con fuerza, parecían el doble de lo normal y le dije…

— Tú ves?, quiero chupar toda la teta, notar toda tu piel suave para lamer la areola, de las dos.

Carmen fue situándose para que chupara sus tetas que en esta posición caída parecían ser más grandes y al llegar a las areolas suspiraba y se relamía los labios.

— Gracias Juan, me has dado una alegría, has sido el único que ha valorado mis pequeñas tetas y me ha hecho sentir lo sensibles que son, mi coño se ha mojado por completo y te voy a premiar.

Pasó una pierna por encima de mi cadera y cogiendo con la mano mi polla se la puso en la entrada de la vagina y se fue dejando caer.

Fue una entrada lenta pero continua, hasta que se sentó literalmente sobre mí, se balanceó hacia delante y hacia atrás y se fue sacando y metiendo mi polla a su gusto.

Se agacho a mi oído y me dijo como en secreto…

— La tienes más buena que la de mi marido, me llena mucho más y me toca en el fondo, me gusta mucho tu polla.

La verdad, me llenó de orgullo, dada la diferencia de edad entre nosotros.

— Tú también tienes un coño divino, muy estrecho y que me absorbe la polla hacia dentro, parece que tienes lengua dentro de él.

— Me gusta estar encima de ti con tu polla dentro de mí, tu experiencia me gusta, aunque nos llevemos unos años.

— Me encantaría que me llenaras el coño con tu leche, no te preocupes, tomo anticonceptivos, pero una corrida tuya se nota que no es rutinaria y la gozas completamente.

— Es que no todos los días puedo estar dentro de una belleza como tú, ni en mis mejores sueños.

— Pues quiero que sepas, que hasta que estés bien y cuando te vayas y podamos, follaremos hasta caer rendidos.

Aceleró el movimiento y agachándose para que pudiera morderle las tetas hizo que me corriera dentro de ella hasta que con la vagina me escurrió la polla hasta que se salió.

Luego se acurrucó a mi lado mientras entre sus muslos salía mi blanca y espesa leche y así se durmió.

Continuará

Ruego sus comentarios

Bienvenida mi jubilación (4)

Mi vida en casa de Mario y Carmen era de lo más tranquila, desayunaba, leía el periódico, veía la tv y a ratos acompañaba a Carmen viendo como trabajaba en el ordenador, por las noches según el turno de Mario, se pasaba a mi habitación y aunque estrechos, siempre acabábamos dándonos unas mamadas de antología, para volver a nuestras respectivas camas.

Por las tardes pasábamos el rato viendo el ordenador y me dijo si tenía en casa, le dije que no lo entendía muy bien. Me enseñó lo básico y me pregunto si quería ver las películas porno que había. Yo le dije que bien, pero hacía mucho que no veía ninguna desde que alquilé una en el videoclub para el video.

— Pues ha cambiado mucho y gratis.

Pronto encontró una página que ofrecía una gran cantidad de temas y me dio a elegir. Yo estaba abrumado de tanta variedad y elegí la de adolescentes. Pronto estaba viendo a chicas jovencísimas con unos cuerpos de infarto como chupaban pollas y eran folladas sin parar durante muchísimo rato.

Carmen me miraba con atención de reojo mientras yo me arreglaba mi polla en mis pantalones, ella cada vez seleccionaba otras páginas y me puso una de web de aficionadas. Las chicas adolescentes normales se desnudaban frente al ordenador y se masturbaban y se metían consoladores por todos lados. Carmen me dijo…

— Yo creo que esto está amañado, eso de meterse los consoladores por todos los agujeros no me lo creo.

— No crees que sea verdad? Le dije.

— Pues no, debe hacer mucho daño.

— Todo depende de cómo se haga y como se ayude.

— Ayudar? Como

— Ya que te gusta la naturaleza, te diré que cada órgano del cuerpo tiene una función y hay que tratarlo en consecuencia.

— Ah sí? Y como lo hacen?

— Es muy fácil, si se trata con dulzura y se confía en el chico, sale de maravilla y se goza algo especial.

— Siempre me he preguntado que se sentiría ser penetrada por detrás, pero no me he atrevido a insinuárselo a Mario y él nunca me ha dicho nada.

— Bueno, tú tienes lo principal, que es la voluntad y yo la experiencia, si quieres podríamos probar, si no te gusta, lo dejamos.

— Me tientas, pero que tendría que hacer yo?

— Simplemente dejarte llevar y hacer lo que te diga.

— No sé… pero la verdad, me gustaría intentarlo.

— Pues no hablemos más, túmbate en el sofá y quítate el pantalón.

Así lo hizo ilusionada y le dije, separa las piernas y deja que te coma el coño.

Le fui lamiendo el coño hasta mojárselo, mientras ella me sacaba la polla y la mojaba también con la lengua,

Me acerqué a su agujero oscuro y con saliva se lo moje hasta que estaba suave, después le dije…

— Tienes alguna crema suavizante?

Al momento se levantó y trajo un tarro con crema y le dije…

— Úntate el dedo y reparte la crema alrededor del ano y después te lo metes un poco, solo un poco.

— Ya está, me he metido la punta del dedo.

— Bien, ahora mete un poco más el dedo hasta que puedas meterlo todo.

— Mmm, pues se mete suave y no duele.

— Claro, porque tú colaboras y tienes el esfínter relajado, ahora sácalo y mete dos dedos despacio,

—Huy esto cuesta más, pero ya me he metido la mitad pero duele un poco.

— Tranquila, siento no poder ayudarte, ponte más crema y prueba otra vez.

— Mmm ahora ya, han cabido los dos dedos hasta dentro,

— Bueno ahora coge mi polla y ponla todo lo más dura que puedas.

Sus manos y boca se pusieron en acción y en un momento estaba como una estaca. Me senté dejando mi polla apuntando al cielo y le dije…

— Ahora siéntate sobre mi y te apoyas la punta en tu culo.

Lo hizo en seguida y cogiéndose a mis hombros con una mano y la polla en su agujero se fue dejando caer.

Estaba súper dilatada y la crema hacía su labor.

Fue bajando mientras giraba sus nalgas abiertas, el glande se iba metiendo despacio hasta que cuando estaba casi dentro se paró y dijo…

— Lo siento, no cabe, la tienes demasiado gorda.

— No te preocupes, cógeme por debajo de los brazos, cuando me tenia cogido, levante con fuerza mi pelvis hacia arriba con lo que se coló todo el glande dentro.

— Aaah, no me lo esperaba, pero he notado como pasaba lo más gordo.

— Ahora ya está, baja dejándote caer hasta dentro.

Así lo hizo y no paró hasta sentarse sobre mis huevos.

— Carmen, acabas de desvirgarte el culo, anuncié,

— No lo hubiese pensado nunca, estar sentada con una polla grande y gorda en mi culo, pero lo has hecho muy bien, estoy feliz, puedo moverme?

— Claro, puedes cabalgar a tu gusto hasta que te corras de placer.

Empezó suave y fue acelerando hasta saltar literalmente sobre mi polla, hasta que cogiéndose los pezones, se pellizcaba, los estiraba hasta hacerlos crecer y quedándose parada con toda la polla dentro, convulsionándose, se abrazó a mí hasta que yo levantando la pelvis me vacié dentro de ella.

— Que sensación mas buena, notar cómo me llenas de leche mi culo, estoy tentada de no dejarte salir.

Nos echamos a reír y al levantarse de mi salió una buena cantidad de leche alrededor de mi polla.

— Siento que no me puedas acariciar con tus manos.

— Y yo más aún.

Continuará

Ruego sus comentarios

Bienvenida mi jubilación (5)

Ya estaba mejor y me quedaban pocos días para que me quitaran los vendajes, por una parte iba a sentir dejar la casa de Carmen, pero necesitaba seguir mi vida en casa y poder salir y tomar el sol.

Una tarde Carmen tuvo que salir a comprar tinta para la impresora y me dejó solo, bueno casi, pues al salir se encontró con la hija de unos vecinos y le dijo si podía quedarse un rato cuidándome, a lo que la chica se quedó en casa conmigo, tenía unos 17 años y era muy movida, no paraba quieta en ningún sitio y no dejaba de preguntar cosas, me dijo que tenía novio y no era el primero y se iba con él a la discoteca y luego en el coche…

Yo le dije…

— Pero eres aún muy joven para ir con chicos y tener sexo con tantos, y dijo que no, que le gustaba mucho y que cuantos más mejor.

Yo alucinaba pero ella de momento se quedó callada y dijo…

— Lo que nunca lo he hecho es con un viejo…

— Con un viejo?

— Si alguien de tu edad, por ejemplo.

— Yo ya no puedo y menos con los brazos en cruz.

— Eso me da más morbo, has visto que tetas tengo?

— Pues… no me he dado cuenta.

— Las tengo duras y con unos pezones que no has catado nunca mejores, no te gustaría probarlos?

— Pues la verdad…

— No digas mentiras, mira como se te ha puesto la polla de dura.

Y sin más me cogió de la entrepierna, me desabrocho la bragueta y me sacó la polla.

— Vaya pues tienes una buena polla, mejor que la mayoría de chicos.

— No será tanto, dije yo

— Te voy a hacer una paja y si se te pone dura me la meteré en el coñito, te apetece?

No me dio opción ya estaba moviéndome la polla y después de darle dos lamidas se la metió en la boca y empezó a chupar hasta ponerla dura, y sin pensarlo se quito las bragas y abriéndome los pantalones la sacó del todo y se sentó encima hasta metérsela de golpe, estuvo saltando sobre ella hasta que dijo…

— Abuelete, me voy a correr, espera un poco.

Se corrió fácilmente y después me dijo…

— Lo cierto es que no me lo esperaba, una polla a estas horas y de un abuelo. Te mereces una buena paja,

Y con las manos llenas de saliva me estuvo meneando la polla hasta que cuando me iba a correr acerco la boca y sacando la lengua se trago toda la leche,

— Leche añeja, como un buen vino, me gusta.

Después de arreglo la ropa y se puso a leer una revista como si nada hubiera pasado.

Al rato llegó Carmen y le preguntó.

— Que tal como se ha portado?

— Ah! Muy bien, ni se ha movido, dijo mientras me miraba guiñándome un ojo y salió tan contenta.

No me atreví a comentarle a Carmen la tarde con mi acompañante. Y solo cuando pasó cerca de mi murmuré…

— Juventud, divino tesoro.

Al día siguiente tenía que ir al hospital para quitarme las vendas y Carmen me llevó y después de un rato de espera me dejaron libre, aunque tenía que hacer un poco de rehabilitación.

Al volver a casa de Carmen le dije…

— Carmen no sabes lo que te agradezco lo que habéis hecho por mí, Mario y sobre todo tú, no podré agradecértelo nunca.

— Quita, quita, es lo menos que podíamos hacer después del porrazo.

— Bueno, ahora iré a mi casa y traeré una botella de champagne francés que guardaba para momentos importantes, creo que este es el mejor.

Al entrar en mi casa me dio una sensación de sosiego, aunque iba a añorar los cuidados de Carmen, cogí la botella de champagne y con una cubitera la llené de cubitos de hielo y volví a casa de Carmen.

Se había cambiado de ropa y se había pintado un poco los ojos y los labios y llevaba un vestido amplio.

— Antes de nada, bienvenido a mi casa, “Juan curado”, me dijo mientras me abrazaba y me besaba en los labios.

— Me siento muy querido en esta casa,

Al abrazarme se pegó a mi cuerpo y yo le correspondí apretándole la espalda con una mano y la otra en el culo, pegándome sus pequeñas tetas y su pubis al mío.

— Tienes un cuerpo perfecto, le dije, que placer poder acariciarlo.

— Gracias, y ahora vamos a brindar, mientras el tapón saltaba, se llenaron las copas y las apuramos de un sorbo.

El segundo trago fue más lento y me dijo…

— Quieres que cambiemos nuestro trago?

— Ideal.

Bebimos otro trago y nos besamos cambiándonos el champagne del uno al otro, luego fueron nuestras lenguas las que se enredaron entre si hasta que nos dejamos caer en el sofá donde seguimos besándonos, le solté el vestido y lo bajé, descubriendo sus tetas pequeñas pero sensibles, las cogí con las dos manos y con los dedos apretaba sus pezones que se sintieron muy agradecidos hasta que los metí en mi boca hasta que su dueña suspiraba y me acariciaba la cabeza.

Me acordé que me dijo un día que no llevaba ropa interior nunca, metí la mano entre sus muslos que fue abriendo según se acercaban y cuando las tenía abiertas del todo, metí los dedos entre sus labios y después dentro de la vagina. Se hundieron en ella entre un chorro de jugos y después de abrirlos, acaricié el clítoris hasta ponerlo como una almendra pelada, Los suspiros que se le escapaban me decían que un orgasmo estaba llegando y no me equivoqué, al momento cerro las piernas aprisionándome la mano y se corrió en ella. No las abrió hasta que se relajó.

Se saco el vestido del todo y tumbándose boca arriba con las piernas abiertas me suplico…

— Por favor, métemela toda.

Me solté el cinturón y me desnudé en un segundo y viendo este cuerpo tan joven esperándome me tumbé encima de ella entre sus piernas, con las manos en sus tetas, la boca sobre la suya y mi polla entrando suavemente dentro de ella, imprimiendo el ritmo por primera vez.

Mi culo subía y bajaba entre sus piernas plegadas favoreciendo mi penetración hasta que ya viniéndome la eyaculación me hundí entre sus piernas y sus brazos y me vacié de leche hasta quedar seco.

Luego de descansar un rato, nos dijimos adiós y me marché a mi casa, justo al lado.

Continuará

Ruego sus comentarios

Bienvenida mi jubilación (6)

En mi casa ya me organicé para la vida en solitario y lo primero que hice fue salir a comprar comida, la calle me parecía estrecha porque me sentía pletórico y mis manos ya me funcionaban casi al cien por cien.

Cuando volví, iba cargado de bolsas y en el ascensor coincidí con mi vecina del último piso, nos saludamos cordialmente y se interesó por mi recuperación, le confirme que ya estaba casi bien del todo y me contó que me estaba esperando, pues su lavadora no sacaba el agua y dejaba la ropa muy mojada.

Le pregunté si había cambiado el filtro hacía mucho y me dijo que bastante tiempo, me resigné a no explicarle todo, pues no iba a saber hacerlo.

Quedamos que cuando tuviera un momento subiría a ver lo que pasaba.

La verdad es que no me apetecía estar agachado con la lavadora, pero ya que le había dicho que iría…

Una mañana me la crucé en el patío y me recordó la lavadora y ya no tuve excusa, le dije…

— Vale, ahora puedo subir.

Cogí algo de herramientas y llegué al último piso y me abrió sonriente.

Me acompañó a la cocina y me enseñó la lavadora, era un modelo bastante antiguo y me dio mal fario.

Me agaché y probé a desenroscar el filtro y ni se movió.

Le dije si me podía ayudar y claro, me dijo que sí, le dije que inclinara la lavadora hacia atrás mientras yo miraba el filtro desde bajo.

Le advertí que por nada soltara la lavadora, pues me caería encima, ella me lo prometió.

Le incliné yo la lavadora y cuando vi que la sujetaba, me tumbé en el suelo sobre una manta y me fijé en los tubos del desagüe.

Yo no me había fijado demasiado mucho en mi vecina, pero al pasar por bajo de entre sus piernas, vi que tenía unas piernas torneadas y bajo su falda vaquera seguían unos muslos muy apretaditos, empecé a pensar que edad tendría y calcule que estaría cerca de los 50 años pero bien llevados.

No estaba gruesa pero tenía bastante pecho y lo comprobé cuando desde bajo vi, a través de la holgada camiseta que llevaba, por la cintura se veían dos tetas importantes bajo un sujetador celeste.

Estuve algo de tiempo para comprobar las mangueras y ella ya se cansaba de la postura y me dijo si podíamos descansar…

No tuve más remedio de aceptar, ante el peligro de caer la lavadora.

Al verla de frente corroboré la impresión que desde bajo tenía y vi que también tenía una cara bastante simpática.

Me preguntó un poco con doble intención si había visto algo interesante y le dije que si… luego rectifique y le dije se conservaba muy bien, yo me refería a la lavadora, pero lo cogió como un galanteo y me dijo que tenía unas piernas desde joven muy bien formadas.

Me tocó seguirle el tema y le dije que no solo las piernas, a lo que me dijo que las tetas aun seguían bastante erguidas y a pesar del tamaño, también que usaba unos sujetadores de jovencita. Yo no sabía cómo salir del lio que me estaba metiendo, por lo que dije, vamos a seguir. Y me agache bajo, mientras ella sujetaba la lavadora.

Esta vez separaba mucho más las piernas con lo que la falda vaquera corta que llevaba, se subía casi al nivel de sus bragas, además que dejaba su tanga a la vista con el hilo que se incrustaba entre sus labios depilados y que desaparecía entre sus nalgas, entonces me dijo…

— Ahora ve algo más que antes?

— Siii, ya casi lo he visto todo, parece que esté sin apenas estrenar…

— Pues casi que sí.

Yo jugaba al juego del doble sentido, pues no confiaba mucho en ella, quería tener una posible salida airosa.

Pude soltar el filtro, saliendo de bajo entre sus piernas y su tanga, le dije que ya podía soltar ya.

Después de aflojar la tapa de filtro, apareció la causa de la avería.

Ella estaba inclinada sobre la lavadora y me mostraba un escote generoso con un par de tetas que se salían del sujetador.

Yo salí con el problema en la mano y le dije…

— Esto es lo que obstruía la bomba, un aro de sujetador, no ha notado ninguno en falta?…

— Ay! Pues no yo no uso aros de esos, no me hacen falta.

— Pues si me permite, le diré que ahora una teta la tiene bastante más alta que la otra.

Sin fijarse más, se levanto la camiseta y se quedo en sujetador, diciéndome…

— Fíjese, están las dos iguales…

— Pues lo siento pero no, la derecha está más caída que la izquierda.

— Imposible…

Y quitándose el sujetador me enseño en vivo como las dos tetas con unos pezones rosados y un poco separadas estaban al mismo nivel.

Yo a estas alturas ya había perdido el miedo y me lancé.

Con permiso, le dije rápidamente y cogiendo las dos tetas las sopesé y dije…

— Esta parece que pesa más que la otra.

— Ni pensarlo, mire y cogiendo las dos me dijo…

— Son gemelas, fíjese hasta los pezones son iguales y salen al mismo tiempo, mientras se mojaba con saliva sus dos pezones.

— Pero si se agacha, ya no son iguales, una es más grande…

Se agacho hasta casi tocar las manos en el suelo y dijo…

— Compruébelo usted, coja las dos a la vez y las mide.

Me puse detrás de ella y le apoye mi pene entre sus nalgas, cogía las dos tetas y le apretaba los pezones a la vez.

Al principio al notar mi polla en su culo se quitó un poco, pero después se apretó contra mí, abriendo un poco las piernas se restregaba contra ella.

Aunque en principio ya había comprobado su teoría de las tetas, la verdad es que no se incorporaba, le levanté del todo la falda hasta la cintura y separando el hilo dental del tanga lo hice a un lado y sacándome la polla se la pasé por las nalgas de arriba abajo hasta llegar a sus labios de su coño. Me dijo con voz entrecortada…

— Por favor, hace mucho tiempo que no lo hago, debo estar muy seca.

— No se preocupe y mojándome la mano con saliva me mojé el glande y apuntando entre su labios se lo fui metiendo poco a poco, la verdad el primer centímetro estaba seco pero dentro ya estaba húmedo del todo, por lo que se metió suave pero sin parar hasta dentro del todo, sus caderas eran mías y las separaba o las acercaba con violencia mientras sus tetas oscilaban en todas las direcciones.

Se tuvo que apoyar en la lavadora, dejando las dos tetas sobre la tapa, solo sacaba el culo hacia mí para recibir mi polla ardiente, hasta que me dijo…

— Por favor Sr. Juan, no se corra dentro, mi marido tiene muy buen olfato y cuando venga querrá lamerme, aunque no puede meterla.

— Pues dese la vuelta y mamela hasta correrme.

— Deje que me corra yo primero.

— Pero no tarde, estoy a punto de llenarla de leche.

Se concentró y al momento tras unos grititos se dejó caer sobre la lavadora, le di la vuelta y arrodillándola, le metí la polla hasta la garganta y aunque tenía arcadas le llené de leche su garganta.

Cuando se repuso cogí el sujetador que estaba en el suelo y busque los aros y en efecto solo tenía uno, se lo demostré y dije, tenga cuidado otra vez, puede embozarse la lavadora, y aún esta de muy buen uso.

Abrí la puerta y me marche a mi casa.

Continuará

Ruego sus comentarios

Bienvenida mi jubilación (7)

Cuando cerré tras de mí la puerta de mi casa, miré alrededor y me sentí aliviado.

Me animé y me hice una buena comida, después me tumbé encima de mi cama grande y me puse a pensar en todo lo que me había pasado en poco tiempo. Me parecía sorprendente que después de llevar una vida bastante gris, precisamente ahora me ocurrían cosas que no creería nadie y además casi seguidas.

Me encontraba joven y eufórico, pero entonces me di cuenta que había algo que me estaba estropeando el día, una cosa era la experiencia de la señora del último piso, de su obstinación a la vez de su provocación, aunque me consolé pensando en el castigo que le imprimí después, tratándola sin consideración.

Pero había algo más que no acertaba a recordar… y me preocupaba.

Me pareció que tenía que hacer algo con Carmen, me parecía que se merecía algo más de cariño.

Me decidí y me arreglé para salir al centro, entré en una tienda especializada en corsetería y me dirigí a una dependienta que tenía poco pecho también.

Le pedí un sujetador muy bonito para una chica que tenía poco pecho, me sacó varios pero al final tuve que decirle la verdad…

— Es que no tiene nada de pecho…

— Nada? Yo tengo muy poco y uso esta talla…

— Me fijé en la copa y le dije con la cabeza que no, ni eso.

— Pues entonces uno con relleno.

— Nooo, ella está contenta con sus pechitos y no admitiría el relleno, era para darle una sorpresa.

— Es que no le servirían ni los de niña, mire estos, además no son nada sexi.

— Es cierto, bien pues lo siento, perdone las molestias.

Salí decepcionado de la tienda pues quería subirle la autoestima a Carmen y que se viera guapa aun sin tener casi tetas, pero no había solución.

A la semana siguiente me encontré en el rellano a Carmen y me dijo…

— Hola Juan, precisamente iba a su casa a decirle que mi marido ha comprado una escalera nueva muy segura y resistente, por si usted quiere acabar con las lámparas.

— Aaah, la seguridad ante todo, jaja, pues si, ya me encuentro bien y puedo subir a una escalera, mañana pasaré a seguir.

— Gracias, pero no lo haga por compromiso, si no puede, tranquilo, ya busco a algún electricista.

— No es ninguna molestia, pasaré.

Al día siguiente acudí y Carmen me enseñó la escalera, la verdad era estupenda, muy ligera y segura.

— De todas formas la sujetaré para que no se mueva.

Así me ayudaba a darme las herramientas y coger la escalera y mientras yo conectaba los hilos ella bajó la mano desde mi pecho hasta llegar a mi bragueta y me apretó el paquete. Estuvo apretándolo hasta que notó la reacción que me producía y que se enderezaba en su mano.

— Le voy a ayudar con su herramienta.

— Gracias, espero que le sirva.

Abrió la bragueta y bajando la cintura del slip, me sacó mi polla y mis huevos a la vez, yo seguía haciendo como que trabajaba y ella soltando la escalera se apoderó de mi polla y descubriéndola le dio un beso en la punta y la metió en la boca, yo no tuve más remedio que cogerle la cabeza y ayudarle a seguir el ritmo hasta que cuando empezó a palpitar el glande peligrosamente me cogió los huevos y apretando la polla solamente con sus labios fue recibiendo mis chorros de leche hasta no dejar rastro, luego me lamió polla y los huevos hasta dejarlos brillantes, después con sumo cuidado lo guardó todo y subió la cremallera. Después me dijo…

— Buena herramienta, sí señor. Ah! Mi marido hoy viene a comer, tiene fiesta y ha aprovechado para ir a comprar cosas.

Al poco rato se oyó la puerta y entró Mario cargado de bolsas de comida.

— Hola Sr. Juan, me alegro de verle y de que esté tan bien, hoy y mañana tengo fiesta y voy a hacer una comida especial, por supuesto cuento con usted para que nos acompañe, que te parece Carmen?

— Me parece ideal, precisamente te lo iba a proponer cuando vinieras.

Yo me vi abrumado por la insistencia y por la presencia del matrimonio junto, pero no tuve excusa para negarme.

El marido se metió en la cocina y Carmen se puso a hacer la ensalada y a poner la mesa, mientras yo seguía cambiando lámparas, pues quedaban bastantes.

Cuando estuvo preparada la comida me dijo Mario,

— Sr. Juan, deje todo por favor, la comida está en la mesa.

Me lave las manos y me senté donde me dijeron, admiré y alabé la comida tan exquisita que había cocinado en un momento, la ensalada con unas verduras raras pero deliciosas y con un vino tinto de muy buen paladar.

Estuvimos comiendo y comentando un poco sobre naturaleza y demás, cuando terminamos, dijo…

— Le apetece café? Nosotros tomamos té.

— No por favor, yo también tomaré té.

— Lo prefiere verde o rojo?

— Verde, dije yo al azar, la verdad es que no tomaba té casi nunca.

— Muy bien igual que nosotros.

Carmen sirvió el té y nos sentamos relajadamente en la sobremesa.

Comentamos de casi todo, del trabajo de los turnos, de las vacaciones,

Entonces Mario dijo, se me ocurre una idea, como yo no tengo muchas fiestas y esta es entre semana, por qué no vamos a la playa?

Carmen dijo estupenda idea, tenemos que aprovechar estos días tan buenos.

Yo dije… sí que es buena idea, seguro que se lo pasan muy bien.

Pero Mario dijo…

— No, si yo digo de irnos todos, los tres.

— Yo también? Si hace años que no piso la arena, mi bañador es antiguo y soy blanco de piel y no sé nadar…

— Nada, eso son excusas, yo tengo un bañador nuevo y protector solar de 100 y no hace falta que nade.

Iremos a una cala tranquila que conocemos y que se está de maravilla.

Me vi acorralado, no sabía que decir, a la vez Carmen me miraba silenciosa con unos ojos suplicantes, así que dije que sí.

A la mañana siguiente llamaron a mi puerta y aparecieron Carmen y Mario preparados con el bañador mío en la mano y dijeron…

— Ya estamos listos, ya nos cambiaremos en la playa.

Subimos al coche de la pareja y encaramos la carretera, yo miraba los letreros que anunciaban las salidas a la playa cercanas y me extrañaba, hasta que comentaron…

— Esta cala está un pelín lejos, pero vale la pena, aguas cristalinas, arena blanca y poca gente, no está ya lejos.

Al poco rato nos salimos por un camino lateral y nos dirigíamos hacia la costa. Llegamos a una explanada que habían dos coches aparcados y lo dejamos en la hierba, salimos y Mario dijo…

— Creo que se me ha olvidado decirle algo, pienso que no tiene importancia, pero es una playa nudista, por supuesto si quiere, puede ponerse el bañador, pero nadie lleva nada.

— Nada… Nada? Y vosotros tampoco? Uf, que vergüenza voy a pasar, nunca he estado en una playa nudista, temo hacer el numerito.

Se rieron los dos a un tiempo, Carmen me dijo…

— Mire Sr. Juan, verá como todo es normal, ahí hay gente de todas las edades, niños, jóvenes, viejos y nadie se mira ni comenta de los demás, cada uno vive su vida, de eso se trata.

— Bueno, ya os aviso que no confío conmigo, vamos a cambiarnos.

Carmen entró en el coche primero y se cambió, si así se puede llamar, y salió con un pareo que le cubría desde debajo de las axilas hasta los tobillos, se dio la vuelta y dijo…

— Os gusta?

— Preciosa, dijo Mario, que le parece Sr. Juan?

— Si es muy bonito, parece tribal.

Luego entró Mario y salió con una toalla grande alrededor de la cintura.

Por último entré yo y me puse el bañador, que por cierto me venía bastante pequeño.

Bajamos por una senda hasta la arena entre unas rocas y al fondo apareció una cala preciosa azul turquesa que tenía una zona de sombra tras unos arbustos.

Solo había unas ocho personas, dos parejas y una familia con dos niños, yo respiré un poco aliviado al ver poca gente y extendimos las toallas gigantes y dejamos nuestras pertenencias bajo ellas, Mario dijo…

— Vamos… al agua…

Y quitándose la toalla se quedo en pelotas y salió corriendo hacia el agua turquesa, Carmen me miró de reojo y haciendo lo mismo, se quitó el pareo y se quedó completamente desnuda y corrió tras Mario que ya nadaba.

Yo me vi el bañador y a la demás gente que se veía a lo lejos y sentí un ridículo espantoso.

Me acerque a la orilla y me fui metiendo hasta que el bañador se mojó y me lance de cabeza.

En seguida Mario y Carmen estaban a mi lado y me preguntaban…

— Que tal Sr. Juan? Verdad que no es para tanto? Mire todos sin ropa, los niños, sus padres, nadie, solo usted.

Aún me hizo sentir más ridículo aún, no queriendo ser más retrógrado, me agache y me quité el bañador y lo saque fuera del agua como una bandera, la pareja empezó a aplaudir y me felicitaron.

Empezaron a tirarme agua y yo acabé haciendo lo mismo a ellos, nos cogíamos y nos lanzábamos como de un trampolín, yo me admiraba de que no me importara mucho que el pene de Mario estuviera tan suelto, ni de ver a través del agua cristalina el sexo de Carmen como se abría y cerraba con sus piernas a mi lado. Igual pensarían de mí, pues mi pene y huevos parecían flotar en el agua.

Cuando salimos, yo con el bañador en la mano, nos dirigimos a las toallas y nos pusimos crema protectora, yo me puse por los brazos y hombros, Mario por las piernas y pecho y Carmen por las piernas vientre y pecho.

Nos tumbamos al sol y estuvimos un rato tostándonos, pero yo no podía estar tranquilo, estando Carmen a mi lado, me levanté y dije…

— Voy a andar un poco, Mario dijo…

— Si quiere le acompaño…

— Bueno.

Salimos por la orilla de la playa y me estuvo contando las excelencias del nudismo y la libertad que se respiraba.

Al pasar al lado de las parejas, estaban jugando en la arena, las señaló y dijo…

— Ve lo que le digo? estas chicas están estupendas, las tetas le bailan de un lado al otro, pero como si nada.

Miré de reojo a su miembro y vi que se había puesto semirrígido, y la verdad el mío también, señalándomelo le dije…

— Yo parece que aun no estoy mentalizado y tú tampoco del todo, ja ja ja.

— El se miró y asintiendo, dijo, bueno es que unas tetas cómo esas… ja ja ja

Fuimos hasta el final de la playa y pasamos junto a la familia que bajo una sombrilla, almorzaban sobre unas toallas, la madre de agachada, preparaba los almuerzos dejando ver entre sus muslos el sexo con bastante vello, el marido sentado con las piernas separadas se bebía una cerveza, la hija de unos trece años se quitaba la arena del cuerpo con unos incipientes pechitos y unos pelillos en el sexo, y el niño jugaba en la arena ajeno a todo lo demás.

Mario me miró y con los ojos me demostró que no pasaba nada con el nudismo.

Al pasar de vuelta las parejas habían dejado de jugar y estaban tumbados sobre las toallas separados, pero se notaba perfectamente como la cabeza de una chica estaba entre los muslos del chico, la otra estaba sentada sobre el otro chico que tenía las manos en sus tetas.

Nos miramos, cruzamos la vista a nuestras pollas que estaban erectas las dos, nos sonreímos, y seguimos hasta donde nos esperaba Carmen.

Cuando llegamos al lado de Carmen ya estábamos calmados y nos tumbamos cada uno al lado de la chica.

Nos miró sonriente y preguntó…

Continuará

Ruego sus comentarios

Bienvenida mi jubilación (8)

— Que tal ha ido el paseo?

— Muy bien, he aprendido muchas cosas, he admirado el azul del cielo y la claridad del agua…

— Y nada más?

— Bueno he recibido una lección sobre el nudismo, está claro que es un tema de mentalidad, hay una familia con dos niños que están pasando un día de playa y ninguno demuestra el más mínimo pudor.

Mario callaba y asentía como que me había convencido.

Carmen dirigiéndose a los dos nos pregunto…

— Y que pasó cuando pasasteis al lado de las parejas al venir hacia acá?

Nos miramos los dos y dijimos a la vez…

— Que va a pasar? Nada…

Entonces Carmen alargo las manos, cogiéndonos la polla a los dos, nos volvió a preguntar…

— Estáis seguros de que vuestras pollas no se empinaron cuando pasasteis al lado de los pares de tetas de esas chicas?

Nos vimos pillados, y dijimos…

— Como nos has visto?

— Estaba esperando que pasara y os estaba espiando.

— Es que tenían unas tetas… dijo Mario.

— Claro, yo no tengo nada, dijo Carmen con resignación.

— Como que no? Dije yo, defendiéndola, tienes dos igual que ellas y seguramente más sensibles, la cantidad no indica calidad.

— Gracias Sr. Juan pero no se esfuerce, no tengo tetas.

— Me apostaría algo que tienes más sensibles los pezones que esas chicas.

Mario me miró y me dio una mirada como diciendo… no exageres.

Carmen no soltaba nuestras pollas y como movía las manos mientras hablaba, se iban espabilando.

— Seguro que esos pezones se ponen duros como piedras, si los tratas bien.

Mario dijo…

— Yo creo que no. Te apuesto lo que quieras.

— Vale, pago unos cubatas.

Nos giramos los dos y besamos cada uno una teta de Carmen y las chupábamos a la vez. Yo le mordía un poco y le soplaba para que saliera el pezón al notar el aire frio. Carmen me apretaba la polla ya dura, para darme a entender que lo hacía mucho mejor que Mario.

Nos separamos los dos a la vez y Mario preguntó a su mujer…

— Y bien, cual has notado más?

— Pues tú, Mario, me ponías a cien, mintió Carmen, el Sr. Juan ya ha perdido la práctica.

— Lo siento, dije yo, ya hace mucho que no huelo un coño bueno y los sentidos se atrofian.

Carmen por reflejo separó las piernas y dijo…

— Si solo es oler, el mío lo tiene cerca.

Mario se rió con superioridad y me animó…

— Sr.Juan mejor oportunidad que esta no tendrá en su vida. Huela este coño.

No me hice de rogar y agachándome entre sus piernas abiertas del todo, metí la nariz, primero haciendo el ruido de un perro al oler, y después cuando Mario no miraba saqué la lengua y recorrí toda la raja desde el ano hasta el clítoris. Carmen me peló la polla y la apretó con fuerza, mientras la otra mano sostenía el pene fláccido de Mario.

Me incorporé al momento y dije…

— Mmm cuanto tiempo hacía que no olía este aroma, ya no lo recordaba.

— Si quieres sigue oliendo, yo me voy al agua, dijo burlándose Mario.

— Jajaja, gracias Mario te cojo la palabra.

Al volverme los ojos de Carmen estaban clavados en mi polla.

— Mientras tú “hueles” yo puedo comerte la polla? Me preguntó.

— Por supuesto, pero tendrá que ser rápido pues Mario puede venir pronto.

— Tranquilo sé cuando hay que darse prisa.

Me cogió la polla entre los labios y desapareció en su boca, mientras yo lamia sus pliegues vaginales hasta llegar al clítoris donde me entregaba a fondo, no tardo mucho en llegarle el primer orgasmo y me dijo que siguiera que venía otro de camino, seguí mordisqueando el botón y pellizcando sus pezones mientras ella con las manos me pajeaba y con la boca recibía mis chorros de semen sin dejar escapar ninguno. El segundo orgasmo llegó casi seguido y se quedo con las piernas abiertas recibiendo los rayos del sol y secándose el coño, su garganta dejó pasar toda mi leche y no quedó ningún testigo del momento.

Miramos hacia al mar y vimos la cabeza de Mario a lo lejos como nadaba de un lugar a otro.

Cuando vino al fin de nadar, me encontró “dormido” boca abajo y el echándose en la toalla le preguntó bajito a Carmen…

— Que te ha hecho?, pobre hombre.

— Huy nada, parecía un niño con zapatos nuevos, me olió, se volvió y se quedó dormido.

— Ya lo suponía.

Almorzamos sobre las toallas, después para no agobiarlos me fui a bañar, estuve un buen rato, durante el que miraba atento a la pareja. Ella intento tocarle la polla pero como no se la ponía dura, al final desistió y se tumbo boca abajo, el se levantó y fue paseando cerca de las dos parejas a ver lo que hacían.

Carmen aprovechó para entrar en el agua y se acercó a mí, que como no sé nadar siempre hacia tierra, solo saltaba cuando venia alguna ola. Cuando llegó a mi lado le pregunté…

— Como es que estás sola, os he dejado para que estuvierais tranquilos los dos.

Carmen me miró con rabia contenida y me dijo…

— El muy… he intentado hacer el amor con él y me ha dado de lado.

— Algo había notado, es una pena, en cambio está obsesionado en ver las tetas de esas dos, se le puso dura cuando pasamos al lado de ellas.

— En cambio a ti se te pone dura al estar junto a mí.

— Como lo has notado?

— Porque el agua es transparente y te la estoy viendo.

Me cubrí pudoroso, Carmen quitándome las manos, me la cogió y me dijo pegándose a mí…

— Esto sí que es una polla de verdad, quiero tenerla dentro ahora mismo.

— Pero cómo, estamos a la vista de tu marido.

Se puso a hacer la posición del muerto y abriendo las piernas las coloco frente a mi cara, no tuve más que cógele las nalgas y pegar mis labios a los suyos.

Estaba con los brazos y las piernas en cruz, yo pegado a su coño miraba de reojo a Mario allá a lo lejos.

Luego se bajó sobre mi pecho rodeándome con sus piernas hasta caer sobre mi polla dura, con una mano se la metió y luego se abrazo a mi cuello, las olas nos mecían y hacían que entrara y saliera sin esfuerzo pues no pesaba dentro del agua.

Le besé sus pezones y los chupé hasta que estaban dos veces su tamaño, ella con los músculos de su vagina me estrujaba la polla hasta que le dije…

— No sigas así, porque me voy a correr dentro de ti.

— Y qué? Córrete cuando quieras, te tengo bien adentro y no te dejaré salir, yo ya me he corrido cuando me comías el coño.

El mar se alió conmigo y vinieron una serie de olas seguidas que hicieran que se subiera y bajara sobre mi polla, lo que me produjo una corrida bestial.

Se soltó de mí y se alejó unos metros mientras yo veía que tras ella le seguía una estela de semen flotando.

Salimos y nos sentamos a esperar a su marido, a lo lejos se notaba que al pasar cerca de las parejas, que ahora se habían cambiado de chica, él se cogía la polla tiesa y se la meneaba disimuladamente, las parejas indiferentes siguieron follando.

Al llegar ya se le había calmado la polla y venía canturreando, nosotros hacíamos montones de arena como casas y calles y se rió de nosotros…

— Vaya, os dejo un momento y os ponéis a jugar a castillos de arena, jajaja.

— Si, dije yo, es de lo único que no me he olvidado, jajaja.

— Buenos chicos, dijo Carmen, aquí no hay donde comer, porqué no vamos a algún sitio.

Aplaudimos a la idea, recogimos todo y volvimos al coche, pasando al lado de las parejas que estaban haciendo un 69, Antonio me miró con complicidad y las señaló, yo abrí los ojos con envidia y me reí por lo bajo.

Comimos en un restaurante cerca de allí, ya vestidos claro, insistí en invitar yo y después de mucho pelear, lo conseguí, pero Carmen cortó la discusión diciendo…

— Vale, pero yo invito en casa a una buena cena.

— Mario, qué opinas?

— Bien, me habéis ganado.

Después de una pequeña sobremesa en la que me querían convencer de las ventajas del nudismo, salimos a pasear un poco y rebajar la comida hasta que empezó a anochecer.

Luego cogimos el coche y volvimos a casa, yo me fui a la mía, me duché y me vestí más elegante aunque informal, cuando comprendí que ellos ya habían hecho lo propio llamé a su puerta.

Carmen me recibió con una sonrisa de oreja a oreja y me hizo pasar al salón mientras terminaba la cena. Al momento me sirvió un Martini, Mario pidió una cerveza.

La cena estuvo enseguida y nos la comimos entre risas, sacábamos a la luz el tipo que hacía yo con el bañador, dos tallas menos de la que necesitaba.

También alabé el buen acierto de la playa tan tranquila y bonita, limpia, azul y todo lo demás, me contaron que fue de casualidad, cuando fueron con otra pareja, pero no se adaptaron al nudismo y sobre todo al ver que hacían otras parejas, aunque él quería hacer el amor allí, ella que no se había quitado la parte de abajo del bikini, se negó en rotundo y la fiesta se acabó.

— Pues a mí me ha encantado, dije yo, no pensaba nunca que iba a ser tan normal todo.

— Hombre, normal normal… dijo Carmen.

— Pues sí, normal, dijo Mario, no visteis las parejas que habían cerca de nosotros? Pasaron un día ideal, jugaron, después un poco de sexo y luego se cambiaron y probaron lo que los otros ya habían probado, un día completo.

— Si ideal, dije yo, un día completo, que envidia, yo ya no puedo esperar nada así.

— Seguro que sí hombre, dijo Mario, la vida da muchas oportunidades.

Miré a Carmen y me callé. Ella se levanto de momento y dijo…

— Vamos a tomar algo, que os apetece?

— Yo un vodka, con hielo, por favor, con mucho vodka eh?

— Pues yo un cubalibre de ron.

— Y yo para empezar un whisky sin hielo, dijo Carmen.

Continuará

Ruego sus comentarios

Bienvenida mi jubilación (9)

A los primeros vasos siguieron otros y otros y la conversación fue derivando a las parejas de la playa.

— Yo no sabría qué hacer con unas tetas como aquellas, además la otra chica tampoco estaba mal, verdad Juan?

— No me lo puedo imaginar siquiera, dije yo, aunque opino que una mujer no es solo un par de tetas.

— Daría cualquier cosa por tener unas tetas así en mi boca.

— Te puedo decir que yo las he tenido más gordas todavía y no es ninguna garantía.

Carmen nos miraba a los dos en silencio como quien mira un partido de tenis.

— No sé si debería decirlo, pero mi difunta esposa tenía unas tetas inmensas y no por eso eran más sensibles, le daba igual si se las chupaba y si la metía entre ellas y me desaparecía.

— Huy que envidia me das, tener unas tetas que no se puedan abarcar con las manos, no me lo imagino.

— Pues yo siempre he soñado con unas tetas pequeñas y poder morder los pezones de un solo bocado y meterlos en la boca absorbiéndolos.

— De verdad? Pues Carmen te gustaría, tiene todo lo que a ti te gusta.

— Pero Carmen es mucho más, tiene un cuerpo muy bonito y creo que muy ardiente.

— No creas, me dijo acercándose a mí, no le gusta hacer nada fuera de lo normal.

— Aaaaah! Dije yo como si lo entendiera.

— Carmen, verdad que no te gusta muchas cosas del sexo?

— Algunas sí, pero es que tú tienes los gusto un poco fuertes.

— Bueno eso lo entiendo, dije yo, si son muy fuertes…

— Que va! Dijo Mario, a veces le pido que me la chupe y no quiere, y solo quiere que me suba yo arriba, a lo clásico.

— Si es así… dije yo, a ver, Carmen porque no quieres chupársela?

— Si que quiero, pero es que quiere correrse en mi cara.

— Bueno eso se puede arreglar. Quizá no sepas que te lo puedes hasta tragar…

— Siii? Y no es malo?

— Nooo, no es malo.

Mario ya se estaba metiendo la mano en la bragueta, con la polla dura seguro y me dijo…

— Tú ves? No te lo decía yo? a ver si la convences.

— Mira a veces hay cosas que más vale hacerlas que contarlas… tú te atreverías a chupármela a mí y te lo enseño?

Carmen miró a Mario como pidiéndole su conformidad.

— Claro mujer, a ver si aprendes algo, Juan es un hombre experto.

Yo me saque la polla como con vergüenza y me quité los pantalones, la cogí de la mano y le expliqué…

— Mi polla es bastante normal, y me gusta que me chupen sobre todo el glande, sabes lo que es?

Y descapullándome el miembro, se lo enseñé, y dijo…

— Y donde te da más gusto?

— En el frenillo, que es esto de aquí.

Ella lo miraba de cerca con mucha atención, Mario por su cuenta se había sacado la polla y se la estaba meneando solo.

— Ahora cógelo con la mano y muévelo bien y después te lo metes en la boca.

— Eso así, decía Mario.

Carmen como si no entendiera bien lo lamía un poco, me miraba y yo le cogía la cabeza y la guiaba para que se lo metiera todo.

— Enséñale Juan, guíala para que aprenda a chuparla bien.

— Bien… lo estás haciendo bastante bien.

— Seguro que te gusta?

— Si, pero podías estar más cómoda, déjame que me tumbe en el sofá, así podrás arrodillarte y comerla bien.

Mario se hizo a un lado, ya con la polla descaradamente en la mano se hacía una paja a gusto.

Acabé de desnudarme con la excusa del calor y me eché en el sofá mirando hacia Mario.

Carmen se puso sobre mi pecho y chupaba la polla con maestría, yo metí la mano disimuladamente bajo su vestido y al no llevar bragas no me costó meter un dedo en su vagina, luego fueron dos, luego el pulgar se ocupó del clítoris mientras ella separaba las piernas para facilitarme la maniobra.

La mano de Mario casi no se veía de la rapidez que la movía y decía…

— Eso así, chupa más, haz correrse a Juan en tu boca, quiero verlo.

Note en mis dedos como le llegaba un orgasmo a Carmen y lo disimuló como pudo mordiéndome la polla.

— Ahí! me quejé yo, para disimular…

Mario estaba desatado haciéndose una paja, sudaba como una fuente, por lo que no pudiendo más, se quitó toda la ropa quedándose solo con la polla en la mano.

Al ver que estábamos los dos desnudos y su mujer vestida, dijo…

— Carmen, debes estar ahogándote de calor, quítate el vestido como nosotros.

Ella obedeció con ganas y se sacó el vestido por la cabeza y se quedó como nosotros completamente desnuda, yo aproveche la pausa y dije…

— Descansa un momento Carmen, y llenándole el vaso de vodka le ofrecí al marido…

— Mario, refréscate la garganta, y tú también Carmen.

Yo me serví otro medio cubalibre después de servirle el trago a la chica.

No tardó en coger mi polla y seguir chupando con fruición mientras su marido se la meneaba, a él al parecer le gustó la escena, se levantó un poco con dificultad y poniéndose detrás de Carmen, apoyo una rodilla en tierra, le apunto la polla en el coño y se la metió de golpe.

Ella para demostrarme su descontento me mordió la polla, lo cual él interpretó como una torpeza, se la volvió a meter hasta el fondo con lo que hacía que se tragara la mía hasta la garganta.

Después de estar un momento metiéndola y sacándola le dijo…

— Vamos Carmen, enséñame lo que has aprendido, sentándose en el sofá y cogiéndole la cabeza, obligándole a meterse la polla dentro de la boca.

Yo me había quedado a la espalda de la chica, él me hizo una señal para que se la metiera yo en el coño.

Le hice un gesto como que no debía hacerlo, pero siguió insistiendo, me encogí de hombros y me puse detrás de Carmen. Me moje con saliva la punta y al notar que era yo movió su culo hasta enfocar su coño con mi polla arqueando la espalda para facilitar la penetración.

La metí suavemente, notando cada pliegue de su vagina, acariciando con mi mano el clítoris mientras abría con sus manos sus nalgas.

— Que tal Juan?, como tiene el coño Carmen?

— Muy bien, creo, hace mucho que no la había metido en ningún sitio.

— Que pena, lo que se ha perdido, Carmen no tiene tetas, pero de coño no va mal servida.

— Eso parece, dije entre dientes, dándome ganas de que su mujer le diera un mordisco en la polla por tratarla con tanto desprecio.

— Pues yo tengo ganas de hacer algo que nunca me deja, igual a usted le permite meterla por el culo.

— Huy no sé, en mi época no se estilaba todo eso, mentí.

Se sentó recostado en el sofá y le dijo a Carmen…

— Súbete sobre mi y te metes mi polla en tu coño que el Sr. Juan te la va a meter en el culo.

— No por favor, eso no, me dolerá mucho, dijo sin mucha energía.

Se subió, se sentó en su polla y dejo para mí sus nalgas abiertas, le unté todo el ano con crema de un pastel que había sobrado, metiéndole primero el dedo y dilatándolo, le fui metiendo la punta de mi polla mientras ella fingía gritar de dolor, hasta que el glande desapareció dentro de ella y después todo el resto hasta notar cómo se tocaban las dos pollas dentro del cuerpo de Carmen, pronto empezó a moverse con las dos pollas dentro y se notó cuando le llegó el primer orgasmo, después al momento el segundo, lo que animó a Mario a cambiar la posición y me dijo…

— Ve usted? Nunca ha querido conmigo, vamos a cambiar.

— Mario con cuidado eh?

Carmen se sentó de espaldas a su marido y se metió su polla por el culo, que ya dilatado no notó, además de que lo tenía más fino que yo, aunque algo más largo.

Me dejo a mí la visión de sus piernas plegadas sobre las rodillas de su marido totalmente abiertas y no me costó nada, primero chuparle las tetas con los pezones más duros que había visto y después apuntar mi polla entre sus labios y subirlo y bajarlo sobre su clítoris hasta que cuando pasaba por su vagina me dijo al oído…

— Yaaaa, por favorrr.

Ya no le hice esperar, se lo fui metiendo entre sus labios empapados de flujos hasta que toco el cuello del útero, me abrazó y me mordió el lóbulo de la oreja.

— Fóllame, solo te noto a ti, soy solo tuya.

Aunque a su espalda estaba su marido con la polla dentro de su culo, no se podía mover, por lo que todas las metidas las hice yo, hasta que me dijo…

— Juan, me voy a correr y va a ser por ti, solo te siento a ti, quiero tu leche dentro de mí.

El marido no se enteraba y solo decía…

— Por fin he conseguido meterla en un culo, por fin.

Le cogí la cara y ladeándola, le di un beso en los labios carnosos en el momento que tembló con una sacudida y yo me derramé dentro de ella.

Entonces Mario dijo…

— Me voy a correr, en tu culo, Carmen, en tu culo.

Ella me miró con un gesto de resignación y le dijo sin volverse…

— Si cariño, córrete por fin, gracias al S. Juan.

Cuando se le salió la polla de su culo, Carmen se levantó

Y haciéndose la agotada dijo…

— Jamás he disfrutado y he aprendido tanto, gracias al Sr. Juan… gracias Juan y me besó en la mejilla.

— Es cierto Sr. Juan, gracias a usted ha superado los tabúes y ahora podremos hacer el amor con otras novedades que se me ocurran, dijo Mario.

Carmen me miró y levantando la mirada al cielo, dijo…

— Sin remedio.

Me vestí y me despedí agradeciendo la cena y la sobremesa y quedé para venir otro día a acabar lo de las lámparas.

Me duché con urgencia, estaba empapado de sudor y olía a sexo por todos lados, el día había sido muy intenso y estaba bien aprovechado.

Me acosté desnudo, boca arriba y me dormí como un bebé, después de un buen desayuno, puse la lavadora y al

ir a tender la ropa vi a Carmen haciendo lo mismo, nos miramos y le dije…

— Buenos días Carmen, ha dormido bien?

— Pues sí, Sr. Juan, es que anoche comí demasiado y la digestión ha sido pesada, pero como la cena era exquisita, me ha sentado de maravilla.

— Si que me alegro, espero que no sea la última.

— Lo procuraré, pero comiendo la mitad.

— Buenos días Carmen.

— Buenos días Juan.

Continuará

Leave a Reply

*