Buenos días princesa

Mi anodina vida se vio sacudida por unos acontecimientos que se desencadenaron precisamente por una casualidad, y la felicidad plena llegó a mí sin haber orquestado de forma voluntaria cuanto sucedió.

— había tomado una ducha y puesto ropa cómoda pues no tenía previsto salir de casa hasta la tarde; esa mañana había dejado a mi tesoro en la guardería camino del trabajo, al acercarme vi coches de policía y bomberos y algunos de mis compañeros en la acera frente al edificio donde trabajo que estaba envuelto en llamas, una supervisora nos dijo que marcháramos a casa y que nos avisarían cuando pudiéramos regresar, me sobresaltó el teléfono. Me senté en la cama y atendí la llamada.

— ¿Dígame? — Buenos días princesa. — era una voz desconocida, dulce a la vez que firme y supuse que se trataba de una confusión pero respondí divertida por ver cuando se percataría de su error.

— Muy bien gracias ¿y vos? — Ansioso por escucharte. ¿Qué haces, esperabas mi llamada o te ha sorprendido? Es igual, ¡dime! Que llevas puesto.

— eso me pareció más divertido aun. — un desconocido estaba tratando de iniciar una sesión de sexo telefónico con esa frase tan manida que aparece siempre en las malas películas en situaciones de ese tipo pero me decidí jugar. — llevo un blusón largo a rayas blancas y negras con el que me siento muy cómoda porque no pensaba salir de casa. — Me gustaría estar ahí como supondrás pero tendré que conformarme con que me cuentes cómo te sientes.

— ¡Apoya tu mano en el vientre! ¿Notas un cosquilleo? — me pareció algo ridículo, pero le hice caso y una sensación desconocida hasta el momento se apoderó de mí, sentía que esa voz era algo más que un sonido en un aparato, me parecía notar el calor de su aliento en mi oído y eso me agitó de una forma extraña; bajé mi mano hasta la vulva y la noté muy caliente; apenas hacia unos instantes que oía esa voz y había comenzado a perturbarme. — ¡Noto ese cosquilleo que dices! ¿Cómo lo sabes? — No te apures por eso princesa, piensa que esa mano será mi instrumento para hacerte gozar.

— estaba loco si suponía que iba a masturbarme en la distancia para él, pero seguí atenta a su voz.

— ¡No te toques! Por el momento quiero que pienses en la última vez que hiciste algo que realmente desearas de verdad. — No te hablo de una comida o comprarte un vestido, algo realmente importante. ¿Cuándo hiciste el amor por última vez con alguien a quien escogieras? Y por favor no mientas ya que no sueles hacerlo.

— estaba confusa, sabía que no debía contestarle pero lo hice. — Hace demasiado tiempo y además no fue como esperaba; resultó ser una experiencia desagradable por vacía, al hacerlo con alguien egoísta y que solo pensó en el propio placer. — ¿Cómo te gustaría que fuera la próxima vez? Cierra los ojos y no contestes de momento, sueña con ese momento y suelta el teléfono; dale libertad a esas manos para que recorran tu cuerpo como si fueran mías y cuando creas que lo merezco ¡Cuéntame!

— me quedé inmóvil unos instantes, notaba que mi corazón palpitaba con fuerza y tenía la respiración agitada, solté el teléfono sobre la cama y no tuve que pensar demasiado, solo imaginar a un tipo robusto con rasgos agradables que me susurraba tiernas palabras mientras yo misma me acariciaba; mis dedos jugaban con el botoncito que cada vez reaccionaba mejor a las caricias y pronto comencé a notar los primeros calambres; con una de mis manos sobre el pecho que retorcía con saña el pezón porque quería retrasar al máximo el momento de la explosión.

— poco después mi piel brillaba y estaba jadeando en medio de un tremendo orgasmo y aunque no era la primera vez que me satisfacía sola si la única en que pensaba en un perfecto desconocido a quien deseaba tener junto a mí; seguí jugando con mi cuerpo sin pensar que el teléfono seguía descolgado y a ese primer orgasmo se le unió un segundo más fuerte aún que me dejó agotada y en posición fetal con varios dedos en la vagina y respirando agitadamente.

— me serené lo suficiente como para ser consciente de lo sucedido, tome el teléfono y supuse que se habría cortado la comunicación. — ¿Hola? — Hola princesa. ¿Todo bien? ¡Cuéntame! Que tal ese primer momento de verdadera libertad. — seguía confusa pero agradecida porque sin estar presente me había ayudado más de lo que imaginaba. — por primera vez fui capaz de encadenar dos orgasmos; nunca antes lo conseguí y las escasas ocasiones en que disfruté alguno fue en mí ya lejana época de universitaria.

— ¿Ya sabes cómo quieres que sea tu próxima aventura? — lo sabía o al menos imaginaba como me gustaría; con alguien atento y capaz de pensar en mi como una igual y no como “algo” con lo que disfrutar. — alguien que sin anteponer mi placer buscara obtener el máximo para ambos. — quería decírselo; debía decírselo y así lo hice.

— Imagino que esto es lo que esperabas. ¡Quiero encontrar a alguien capaz de hacerme perder la cabeza! Alguien con quien abandonarme y que me lleve al éxtasis una y otra vez haciéndome sentir totalmente satisfecha.

— sonó el timbre de la puerta y mi corazón dio un vuelco. ¿Sería él que estaba esperando junto a ella hasta que dijera algo semejante? Con paso tembloroso me acerque y cuando estaba junto a ella sonó de nuevo con insistencia, abrí dispuesta a entregarme sin reservas a ese desconocido. (Quizás estaba loca) pero en ese momento era en lo único que deseaba.

— abrí ilusionada y dispuesta; ante mí apareció un hombre bien parecido pero sin teléfono en la mano y que comenzó a contarme las bondades de una colección de libros románticos; se trataba de un vendedor a domicilio a quien despedí con muy malas formas; ¡Me había interrumpido en un momento muy delicado! Además, que no fuera él desencadenó en mi pensamientos contrapuestos.

— después de cerrar la puerta de forma violenta, tomé conciencia del teléfono que aún permanecía en mi mano y grité. ¡HOLA! ¿Estás ahí? — ¡No! No estaba y aunque sabía que solo se trataba de un espejismo, una fantasía, me dolió y supuse que solo había sido un juego para él y que en estos momentos estaría riendo quizás con algún amigo al que le dejaría oír la conversación jactándose de sus dotes de seductor.

— ¿Era razonable mi actitud? soy una mujer casi decente; casada desde hace varios años con un hombre mucho mayor y que siempre imaginé como mi guía y maestro aunque en poco tiempo todo cambió pero soy feliz con mi hijo; una bendición que llegó de forma inesperada cuando casi había perdido la esperanza.

— por otro lado me sentía infravalorada, desde hacía tiempo mi esposo no se ocupaba de mí como suponía que merecía y aunque me esforzaba por excitarlo tratando de que cumpliera conmigo, resultaba una misión imposible pues no reaccionaba y después del amago de infarto se escudaba en él para evitar todo tipo de sexo.

— tuve un par de experiencias extramaritales pensando que quizás de ese modo me sería más fácil soportar ese estilo de vida pero fueron decepcionantes al topar con hombres egoístas con los que lejos de gozar sufrí, el uno no me miró a los ojos ni una sola vez y el otro resultó ser un flojo y me recordó las últimas ocasiones en que tuve sexo con mi esposo; a ninguno de los dos he querido ver jamás.

— quedé derrotada junto a la puerta, oía un pitido extraño que no identifique y arrastrando los pies fui hasta mi dormitorio, echada en la cama rememoré todos y cada uno de los pasos que di desde que sonó el teléfono; de forma totalmente automática estaba acariciándome hasta alcanzar otro impresionante orgasmo y en mi mente se formó la imagen de un tipo alto y fornido pero con el rostro desdibujado que murmuraba. Princesa eres mi diosa. — miré el reloj y me sorprendí al comprobar que llevaba más de tres horas en la cama y que pronto debía ir a recoger a mi angelito.

— reaccioné de inmediato y al levantarme de la cama recogí el teléfono y en ese momento supe que es lo que oí junto a la puerta. — ¡El puñetero inalámbrico se quedó sin batería! no es que él cortara la comunicación, fue por mi culpa que se interrumpió; lo puse en su base y comprobé en otro la línea que funcionaba perfectamente, desolada decidí centrarme en lo primordial.

— me di una ducha rápida porque estaba hecha unos zorros después del mucho tiempo que había pasado en ese limbo en que me dedique tan solo a darme placer sin tregua; no comí nada pero llegue a tiempo a la guardería; ver a mi hijo fue lo único que me ayudó a apartar de mi mente momentáneamente lo sucedido esa mañana; fuimos a un parque y cada hombre que veía lo escrutaba por ver si podía ser “él”; marchamos a casa donde comencé a preparar la cena para el niño.

— era viernes y al rato llegó mi esposo que apenas me besó en la mejilla y se puso a ver la televisión; acosté al niño y mientras cenábamos me dijo que iríamos otra vez a la misma sala de fiestas que la semana anterior junto con sus amigos; me gusta mucho bailar y por eso no me importan esas salidas aunque casi siempre las paso bailando con otros porque dice que está cansado. — lo que realmente le gusta a él es lucirme y que sus amigos me miren con cara de deseo a sabiendas de que soy suya e inalcanzable y ese punto le llena de orgullo.

— le mostré un par de vestidos de fiesta que me compró hacia unos días y que no había estrenado, en eso como en algunas otras cosas es peculiar; le gusta ser el eje de todo y me resulta fácil complacerlo; uno, rojo ceñido a la cintura, la falda con vuelo por debajo de la rodilla con escote palabra de honor y espalda descubierta.

— el otro, una túnica blanca tirada hasta los tobillos que se sujeta con un broche sobre el hombro derecho; con un ceñidor dorado en la cintura y de ahí hasta abajo la tela se cruza y al andar se abre mostrando parte de las piernas; un par de zonas con doble tela evita que las transparencias muestren los pezones y la vulva, ya que esta desaconsejado emplear ropa interior pues de clarearse seria bochornoso.

— eligió el blanco y me hice un recogido para mostrar el cuello desnudo y tampoco me puse pendientes ni otro adorno, incluso cuando le mostré el anillo encogiéndome de hombros me dijo que la belleza natural era la mejor y lo dejé en el joyero. — al mirarme en el espejo me gusté y cuando me vio lista para salir me jaleó aunque sabía que era el propio orgullo el que vibraba en ese momento; llegó la chica que suele quedarse con el niño cuando salimos y poco después marchamos, en el auto pensé en el desconocido del teléfono y comencé a imaginar que habría pasado si en lugar de tocar al timbre aquel vendedor lo hubiera hecho él y me excité de tal modo que temí que se me notara, traté de apartar esos pensamientos y por fortuna enseguida llegamos al club; sus amigos me desnudaban con la mirada y sus esposas me miraban con disimulado desdén unas y envidia otras.

— tomamos una copa y Leonardo, uno de sus amigos me sacó a bailar. — ¡Que guapa estas! ¿Si tú quisieras? — ¡No seas travieso! Soy una mujer casada y mi marido tu amigo. ¿Qué pensaría si le contara lo que me dices siempre que tienes ocasión? — el tipo calló y su rostro cambió de color. — ¡Por favor no le digas nada! Son muchos años de amistad y no quiero perder la oportunidad de seguir admirándote; seguimos bailando un par de piezas más y de regreso en la mesa me senté junto a mi esposo para tomar otro sorbo de mi copa, un hombre maduro y muy elegante se acercó y con mucha educación preguntó a mi marido.

— Disculpe ¿Puedo pedirle a su bella acompañante si me concede bailar una pieza? — él divertido al tiempo que orgulloso por la situación me miró y respondió. — Puede usted preguntarle y ella decidirá aunque me consta que estará encantada; el hombre repitió su ofrecimiento que acepté y apoyada en su brazo salí a la pista y comenzamos a bailar, fuimos danzando hasta el otro extremo y cuando me era imposible ver la mesa y apenas nos movíamos noté un cuerpo pegado al mío y el aliento en mi oído al tiempo de oír. ¡Buenas noches princesa! Me sobresalté pero me quedé disfrutando el momento olvidando incluso al bailarín que me tenía en sus brazos.

— me giró y vi su rostro apenas unos instantes antes de que nuestros labios se fundieron en el más dulce de los besos y para nada cargado de lujuria como había imaginado, solo fue algo dulce que me hizo temblar por la intensidad; sus manos me sujetaban y eso evito que me desmoronara; poco después me rodeó la cintura con su brazo y caminando despacio me acompañó a la mesa y al vernos llegar mi esposo preguntó.

— ¿Qué ha sucedido? ¿Y aquel señor con el que bailabas?

— miramos hacia el otro extremo de la pista y vimos a la gente agitada; “él” intervino. — Si se refiere al caballero que bailaba con la señora ha sufrido un colapso y se lo llevan al hospital; al verla tan afectada he decidido acompañarla para que no cayera por el camino. Creo que sabrán que hacer pero que tomara una copa sería muy recomendable en este momento. — trato de despedirse pero mi esposo intervino.

— ¡Por favor! quédese un instante, ha sido usted muy amable y lo menos es que se tome un trago con nosotros. — aceptó y se presentó como Rodrigo y ese nombre me gustó, le pegaba con su forma de ser.

<< ¿Qué forma de ser? >> Solo sé que se trata un hombre ardiente capaz de ilusionarme por teléfono pero en realidad es un perfecto desconocido; charló amigablemente con mi esposo mientras nosotras tratamos de seguir con la mayor naturalidad; baile un par de piezas con otro de los amigos pero en mi mente solo tenía un pensamiento. — ¿Qué pasaría esa noche? Mi esposo pidió alguna copa más y cada vez parecía más bebido y para cuando decidimos marchar estaba totalmente borracho aunque no había tomado tanto como en otras ocasiones.

— salimos a la calle y mi esposo insistió en conducir el auto y el aire pareció despejarlo un poco, nos despedimos de unos y otros que habían aparcado en la otra dirección y nos acompañó Rodrigo que dijo tener el suyo cerca del nuestro; llegando, a mi esposo le fallaron las piernas y si Rodrigo no lo sujeta habría caído al suelo; nos acompañó hasta el coche y lo acomodó en el asiento trasero. — ¡Colócate junto a él princesa, yo manejo! — obedecí convencida que era lo mejor, y mientras circulábamos en mi mente se sucedían escenas de lo más variopintas a cual más excitante y en todas mi esposo estaba presente aunque desdibujado.

— Me sorprendió al llegar a casa sin preguntar la dirección, aparcó muy cerca de la portería y sacó a mi esposo del auto; cargándolo en sus espaldas lo subió hasta casa y lo tendió en el sofá; se ocultó en la cocina antes de que Lucía; la chica que cuidaba a mi niño apareciera soñolienta y que al ver a mi esposo en el sofá preguntara. — ¿Quiere que la ayude a llevarlo a la habitación? — ¡No es necesario! En cuanto descanse un poquito se acostará el solo pero muchas gracias de todos modos. — miré el reloj, la 1.30, y le pague cuatro horas al precio acordado, marcho e instantes después oí petardear su ciclomotor.

— entre en la habitación del pequeño que dormía plácidamente, noté los labios en mi cuello y retrocedí lentamente mientras sus fuertes brazos rodeaban mi cuerpo, — cerré la puerta y aunque sentía curiosidad por cuanto lo rodeaba no pensé; me di la vuelta y nos besamos como si no hubiera un mañana, mi esposo seguía en el sofá sin moverse de cómo lo habíamos dejado; abrazados me llevó a nuestra habitación y supuse que me arrancaría la ropa y no me importaba; me sentí desnuda desde que me la puse pero era un capricho de mi esposo y sentirme deseada aumentaba mi autoestima.

— sus labios se pasearon por mi cuello y me sentía mojada y muy excitada, soltó el broche de mi hombro y el vestido cayó hasta la cintura dejando mis pechos al descubierto, los besó con insistencia evitando el pezón hasta que guié su cabeza para que lo hiciera y entonces me sentí morir; paseaba su lengua acariciándolo con el anverso y me oía jadear ruidosamente; una forma sublime de excitarme aún más si es que era posible; me hizo sentar en la cama y supuse que se abalanzaría sobre mí para penetrarme y lo estaba deseando desde hacía mucho rato; me soltó el ceñidor y abrió el vestido; me empujó hasta quedar tendida de espaldas, vi su rostro unos instantes antes de que comenzara a besar mis pechos, sus labios me arrancaban suspiros allá donde se posaban y pronto llegó al vientre donde se entretuvo jugueteando en mi ombligo, traté de acariciarlo pero apartó mis manos suavemente con una de las suyas murmurando.

— ¡Ya llegará tu momento! Este es el mío.

— sus atenciones se desplazaron hasta mi vulva y perdí la cabeza, incluso antes de que comenzara noté los primeros calambres. — era incapaz de razonar ni lo pretendía; esperó unos instantes y de forma cruel prosiguió con sus sabios manejos y lo que comenzó como unos simples calambres se convirtieron en el más despiadado de los calvarios; mi cuerpo vibraba sacudido por tremendos espasmos en el que fue el primer orgasmo de los muchos con que me premió ese diablo.

— los espasmos se multiplicaban y los orgasmos se sucedían sin pausa y eso me estaba destrozando pero no quería que parase, sujeté su cabeza para tratar de evitarlo aunque estoy segura que no entraba en sus planes; en varias ocasiones perdí momentáneamente el mundo de vista pero la sensación de vacío y abandono era soberbia; parecía que me viera desde el exterior de mi cuerpo en manos de ese sátiro y deseaba vivir esa sensación una y otra vez.

— en una de estas ocasiones me quede como adormecida y es que Rodrigo aflojó lo suficiente para que por fin el orgasmo que estaba disfrutando se extinguiera aunque los espasmos seguían sacudiendo mi maltrecho cuerpo espaciándose cada vez un poco más pero sin desaparecer totalmente.

— ¿Qué me ha hecho? Logre murmurar — ¡Nada que no merezcas! — esas palabras resonaron en mis oídos como una bendición y deseaba compensarlo, supuse que ahora si me permitiría jugar con él; se tendió junto a mí y nos abrazamos, nuestros besos me dejaban prácticamente sin aire pero no quería que ese momento terminara.

— comenzaba a clarear y se puso en pie. — Debo marchar y tu hacerte cargo de tu familia. — me sorprendió la forma en que lo dijo, salió un instante al salón y de mi bolso tomó el móvil e hizo algo en él. — Te he puesto mi número en la agenda con el nombre de Friné para que puedas reconocerlo por si decides emplearlo; llámame o envía un mensaje si quieres que nos veamos en otra ocasión. — ¡Espero que así sea! Y entonces serás tú mi anfitriona aunque nos veamos en mi casa. — ¡Sabrás el por qué y el cómo llegue hasta ti y todo cuanto desees saber!

— no me quedaba otra opción, tenía que verlo otra vez y pronto mejor que tarde, estaba loca pero esa locura de sexo era lo que podía evitar que enloqueciera de verdad; en ese momento solo me importaban dos cosas en este mundo, mi hijo por encima de todo y estar con ese hombre del que lo que menos me importaba eran sus motivos para encontrarme y seducirme y la forma de hacerlo, solo quería tenerlo para mí y poder gozar tanto o más que en esa maravillosa jornada. — entré a la habitación y me quedé mirando a mi ángel que dormía plácidamente; salí al salón y cubrí a mi esposo con una manta y arregle un poco la cama antes de guardar el vestido en una percha y después me quité el maquillaje y toda huella que pudiera señalar algo de lo vivido esa noche, me tendí en la cama y acurrucada entre las cobijas me quede profundamente dormida hasta que oí a mi niño que me reclamaba. — Entre los dos despertamos a su padre que nos sonrió y se levantó; fue a asearse y cambiarse de ropa y mientras desayunamos preguntó.

— ¿Qué pasó anoche? Te pido disculpas si hice algo inapropiado pues no recuerdo nada. ¿Tanto bebí? Lo último que recuerdo es parte de la conversación con aquel tipo que te acompañó cuando el caballero mayor que te sacó a bailar se desvaneció y después ya nada. — Cuando salimos del club insististe en conducir pero no estabas en condiciones y ese hombre me acompañó hasta el portal y logré subirte hasta casa pero te tumbaste en el sofá y aunque Lucía, la chica que se quedó con el nene quiso ayudarme a acostarte le dije que no era preciso porque supuse que te despertarías pero fue imposible, te quite la corbata los zapatos y te aflojé la ropa y hasta esta mañana dormiste como un lirón.

— la noche anterior apenas hablamos y para evitar que me interrogara sobre nada más le conté lo del incendio en la oficina y pasamos la mañana charlando de eso, otras tonterías y jugando con el nene, por la tarde hicimos los tres la siesta y como supuse se durmió antes de que pudiera siquiera tratar de excitarlo; me habría gustado tener sexo con él y quizás al sentirme culpable me seria menos penoso intentar pasar página y apartar de mi mente a Rodrigo que me obsesionaba. — tuve un sueño tórrido y muy agradable en el que hacíamos el amor de forma salvaje, al despertar olí en mis manos efluvios a sexo; me había masturbado en sueños y no estaba segura de que mi esposo lo hubiera notado aunque llegados a este punto dejó de importarme. — en muy poco tiempo muchas cosas habían cambiado en mí y esa era una de ellas, el total desprecio por mi esposo, o mejor dicho, el mismo nivel de interés y respeto que él me tenía.

— pasamos el domingo en el Parque Metropolitano de Santiago donde llegamos a las 10 de la mañana y regresamos ya oscuro pasadas las seis de la tarde, justo para preparar la cena del niño y acostarlo poco después; mi marido se puso a ver los resultados de los partidos de futbol en la televisión y después de cenar vimos una película que alquilé a principios de semana y que debía devolver ese martes; nos acostamos y tampoco pasó nada aunque en ese caso no lo busque.

— por la mañana me preparé y antes de salir de casa envié un escueto SMS al contacto Friné. — ¿Estarás en casa? ¡Dime que sí y donde es! — casi al instante me llegó la respuesta. — En Diez de Julio Huamachuco esquina a San Isidro hay un café te espero ahí hasta que llegues.

— llevé a mi angelito a la guardería y tomé un taxi que me llevó al lugar indicado y por el camino me convencí de que estaba actuando bien y la muestra es que me sorprendí al oír al taxista cuando preguntó si me sucedía algo; estaba respirando agitadamente y tenía la cara congestionada y una de mis manos bajo la gabardina entre mis piernas acariciándome, en unas pocas horas lo había hecho más veces que en todo un mes de los más agitados. — ¡No! No me pasa nada, estoy un poco acalorada pero no es necesario que baje la calefacción, yo me apeo enseguida y usted ha de seguir aquí todo el día.

— el hombre me sonrió por el retrovisor y por fortuna llegamos enseguida; entré en el café y ahí estaba en una mesa, se levantó para recibirme y nos besamos como lo más natural del mundo. — ¿Cómo estas, descansaste el fin de semana? — Rodrigo eres un canalla. ¿Cómo quieres que descansara después de cómo me dejaste? Fue del todo imposible, pero estoy segura que ya lo sabes. ¿Porque me has citado aquí, no piensas llevarme a tu casa? — ¿Te apetece tomar algo o quieres que marchemos ya? — ¡Vámonos ya!

— salimos a la calle y me colgué de su brazo caminando lentamente notando su cuerpo junto al mío y el simple contacto de su brazo contra mi pecho fue suficiente para ponerme a mil. — No he dado una dirección por si ese SMS era leído por quien no debía. No quiero causarte más problemas de los imprescindibles.

— ¿Mas de los imprescindibles? ¡Conocerte ha sido un gran problema! Tratare de solucionarlo de la mejor forma posible pero hay problemas gratos de resolver e intuyo que este lo será. ¿Vives muy lejos? — ¡No! Ya llegamos y no te apures porque se trata de una finca sin otros vecinos. — entramos en un portal que abrió con su llave y atravesamos un patio hasta entrar en una amplia vivienda; en el salón había una chimenea encendida que además de calentar la estancia la hacía acogedora.

— bajo la gabardina llevaba el mismo vestido que la noche del viernes. — ¡Me apetece bailar contigo! El viernes noté tu cuerpo pero no llegamos a bailar. — puso música y me tomo en sus brazos, me dejé ir y su abrazo me transportó al paraíso, con la cabeza apoyada en su hombre giraba y giraba aspirando su embriagadora fragancia, olía a ¡él! a algo que se me hizo muy familiar y agradable. — sus labios rozaban mi oído al musitar. — Vibraremos para elaborar la más hermosa de las melodías. — estábamos abrazados inmóviles en medio del salón, solté su cuerpo y mis manos temblorosas trataron de aflojar su cinturón que se resistía, se apartó un poco y me ayudó solicito aunque cuando quedó libre me abrazó otra vez; juntamos nuestros labios al tiempo que acariciaba su verga con las dos manos y es que me parecía un sueño.

— me alzó en vilo y caminando despacio con sus pantalones en los tobillos me llevó hasta su habitación.

— Dispón de mi princesa. — esas palabras me enervaron y solo deseaba darle placer; nos tendimos en la cama fundidos en un beso que construimos lentamente, me sentía muy bien pero quería más y sobretodo llevar la iniciativa y mostrarle que era una buena elección; abrí su camisa para besar su pecho, esos diminutos pezones recibieron tanto o más castigo que los míos.

— notar como se estremecía hacia que me sintiera mojada y muy excitada, traté de hacer un recorrido semejante al que hizo conmigo y cuando llegue a su verga me invadió una gran emoción. — desde que conocí a mi esposo no había vuelto a hacer una mamada y es que la primera vez que hicimos el amor sentenció.

— Esas parejas que todo lo reducen al sexo oral son unos viciosos sin moral.

— eso fue suficiente para que jamás insinuara siquiera esa posibilidad y ambos nos perdimos esa parcela que para mí había sido tan placentera en el pasado.

— besé su vástago lentamente, recorriéndolo en su extensión varias veces con la lengua lamiéndolo aunque ya no pensaba, tan solo ¡estaba! y eso era suficiente; retiré el prepucio con los labios y la imagen brillante y carmesí del capullo hizo que mis ojos se abrieran desmesuradamente, todo su miembro tenía un aspecto aterrador plagado de gruesas y oscuras venas y coronado por ese capullo que parecía atraerme como un imán.

— no fui consciente del momento en que lo envolví con mis labios pero me pareció un privilegio extraordinario sentir como rozaba mi garganta; habían sido varios años los transcurridos desde mi última vez y temí que unas engorrosas nauseas fastidiaran el momento pero decidí seguir adelante y no erré, lentamente me fui atascando la garganta y aunque sofocada conseguí llevarlo tan adentro que mi frente chocó con su pelvis. — llegados a ese punto comencé a moverme arriba y abajo oyendo como bufaba primero y jadeaba después.

— Rodrigo trató de apartarme cuando notó que se venía pero quise demostrarle cuanto me importaba; sujeté su verga con las dos manos y me retiré lo suficiente para que la primera descarga chocara contra el paladar y me apresuré a saborearla. — fue delicioso; las siguientes siguieron el mismo camino y cuando cesaron lamí y sorbí cuanto encontré asegurándome de no dejar resto alguno.

— tiró de mí dejándome encima de él abrazándome y me besó sin importarle que mi boca supiera a él.

— eso no me había sucedido nunca; por lo general hasta que no me enjuagaba la boca no seguíamos con la fiesta pero Rodrigo me hizo sentir especial y ese abrazo fue mucho más que eso, hizo sentirme diferente y notar su cuerpo me tenía extasiada; me quedé sobre él soñando como sería tener un hombre así para siempre aunque me quedaba algo por hacer y al rato comencé a acariciarlo por ver que tal reaccionaba.

— no fue como esperaba y lejos de permitirme seguir sirviéndolo, me hizo rodar para colocarnos de lado y con una mano comenzó a acariciarme con tal acierto que pronto comencé a jadear, tiene la virtud de acertar en todo cuanto hace y me lleva al paraíso con suma facilidad, me rozaba el clítoris con un dedo mientras otro me destrozaba al presionar arriba y abajo el punto “G”. — ¿Qué lo hacía tan especial? seguramente la dedicación con que se entrega y eso es primordial para alguien que se siente tan ninguneada como yo.

— el primero de los orgasmos me sacudió con violencia pero no aflojó y eso me enloquecía, apenas unos minutos después llegó demoledor otro y otro más; me sentía desfallecer y abriendo un poco los ojos mirándolo con dulzura murmuré.

— ¡Tu! Quiero sentirte dentro de mí. — se movió arrodillándose en la cama y colocando mis piernas sobre sus hombros; sin apartar sus ojos de los míos tiró de mis caderas y noté como me iba ensartando en él lentamente, nuestros cuerpos iniciaron la más bella de las danzas al compás de la melodía de mis suspiros y jadeos que no pude al principio ni quise después reprimir pues parecían espolearlo y cada vez las acometidas eran más y más violentas hasta que de mi garganta escapaba un continuado sonido parecido a un lamento aunque en nada se correspondía con ello.

— me vine en incontables ocasiones; soy una mujer multiorgásmica que desconocía esa faceta aunque quizás él lo intuyó desde el primer momento. — los pequeños desvanecimientos se sucedían y cada uno me sumía en un estado de extraña felicidad que soy incapaz de mesurar o compararlo pues desconocía y sigo desconociendo nada que se asemeje.

— noté como se vaciaba en mí y saberme receptora de su esencia me hizo una mujer totalmente feliz; siguió con sus embestidas incluso después de vaciarse y hasta que su verga no comenzó a perder firmeza no se quedó al fondo doblándose exageradamente para besarnos por enésima vez, notaba su virilidad en mí y me resistía a pensar que se había terminado, poco después nos tendimos de lado uno frente al otro y mientras acariciaba mi rostro con un dedo decía. — Eres preciosa princesa, realmente el nombre de Friné te queda mejor a ti que a esa imaginaria amiga a la que asigné mi número de teléfono.

— pensé en mirar en internet quien era esa tal Friné pues parecía que debía conocerla y todo cuanto provenía de Rodrigo me interesaba sobremanera. Le sonreí y le pregunté. — ¿Tienes algo para tomar? Tanta actividad me ha dado sed. — ¡Soy un zopenco! Preparé algo que estoy seguro te encantará. — nos levantamos y tomados por la cintura fuimos al baño donde nos dimos una ducha rápida, arropados con sendos albornoces salimos al salón y me hizo sentar mientras traía de la cocina dos vasos y una jarra con “Terremoto” además de una tarrina con helado de piña y una botella sin inscripción.

— después de preparar mi vaso preguntó. — ¿Cuánto más te quedaras? — miré mi reloj. Cuatro horas más es lo que nos queda hoy para estar juntos. — añadió una cantidad a mi vaso y un poco más al suyo, lo probé y estaba riquísimo aunque me consta que es demoledor si no se toma con prudencia. — no era más que curiosidad y en realidad no me importaba pero le comenté. — Recuerdo que lo último que me dijiste en mi casa fue “¡Sabrás el por qué y el cómo!” no me has preguntado qué pasó al día siguiente ni si mi esposo reaccionó de alguna forma extraña o si sospechó algo de lo que allí sucedió. ¿No te importa nada de eso? Le vi sonreír y me tomó de la mano. — ¡Acompáñame!

— me arrebujé en el albornoz y por un largo pasillo llegamos a una especie de vestíbulo donde había varias puertas, tras una de ellas se veía un baño, cruzamos otra y entramos en un despacho, lo atravesamos así como la recepción y nos asomamos a una calle más estrecha. — Soy detective privado y se accede a mi despacho desde esta otra calle, de modo que puedo escabullirme cuando quiero eludir a alguno de los clientes; por las mañanas una chica atiende al teléfono desde su casa y por las tardes desde aquí, trata con los clientes que solo quieren recoger informes de los trabajos que me encargan.

— ¿Qué tipo de trabajos? Me interesé. — Principalmente investigaciones comerciales e infidelidades, y cada vez son más de estos últimos; antes la gente prefería no saber a tener la certeza pero ahora con tantos divorcios, son muchos y muchas las que reclaman nuestros servicios tanto por el tema de custodia como por el de la pensión. — ¿Mi esposo te encargó que me investigaras? — ¡No! Fue algo mucho más cómico, estaba en un bar siguiendo a un tipo que se puso a charlar con tu esposo y oí como él le decía. — Mi esposa en una mujer extraordinaria, a pesar de que hace meses que no la toco es incapaz de serme infiel y eso que es preciosa, mucho más joven que yo y llena de vitalidad.

— ¡No pude resistirme! El tipo al que seguía le mostró una foto de su amante y mientras charlaban logré verla claramente y recordaba que era una de las que había fotografiado con él en varias ocasiones, en un descuido cogí y cloné el móvil de tu esposo y al salir lo seguí a él; grabar sus conversaciones me dio la oportunidad de conocer tu nombre, rutinas, lugar de trabajo pero no sufras porque no fui yo quien provocó el incendio.

— también supe donde vivíais y conocí la guardería de vuestro niño.

— lo miré entre indignada y divertida. — ¿Qué más hiciste? Porque supongo que habrá más.

— Tienes razón, hay algo más pero solo te contaré una parte porque no quiero que te enojes conmigo pero te aseguro que en cuanto reciba una llamada lo sabrás todo, de momento te puedo decir que el “caballero” que te sacó a bailar es un colaborador que se encarga principalmente de recabar información pública de los investigados aunque de vez en cuando hace otras cosas para mí.

— Así que el colapso fue fingido. — ¡Naturalmente! Pero le habría gustado bailar un rato más contigo y es que eres tan linda. — ¿Cómo emborrachaste a mi esposo? No bebió lo suficiente para quedar tan fuera de juego, durmió toda la noche y a la mañana siguiente no recordaba nada.

— ¡Le puse Rohypnol en la copa! Pero no te apures porque desde el principio estuve al tanto de su ritmo cardiaco y esa droga es algo que nunca emplee con una mujer ni lo haré pero resulta muy eficaz en algunas circunstancias, mejor que un golpe cuando preciso entrar en algún lugar y el guarda acepta un trago.

— me pareció algo arriesgado pero con la seguridad que lo contó me tranquilizó, además, desde aquel amago de infarto mi esposo se cuida tanto que me extrañaría mucho que se repitiera el episodio.

— regresábamos al salón cuando sonó el teléfono. — atendió y poco después me dijo. — Ya te puedo decir que después de verte un par de veces decidí que eras un gran premio y aposté por ti, entré en tu casa y coloque algunas cámaras. — ¡Sí! No me mires de ese modo. Quería saber cómo eres y me gustaste tanto que monté todo lo demás, ahora puedes hacer dos cosas, enojarte o alegrarte.

— lo despojé del albornoz y le hice el amor salvajemente sobre el sofá, grité sin pensar si alguien podía oírme ni me importaba mientras otra serie de orgasmos me dejaba agotada acurrucada sobre su pecho; me abrazó con mucho cariño y supe que nos veríamos con frecuencia, regresé a casa después de recoger a mi angelito de la guardería y pasar un rato en el parque donde jugó con algunos amiguitos y charlé un poco con las demás madres, comí algo mientras le preparaba la cena y cuando llegó mi esposo lo esperábamos para que le diera un beso antes de acostarlo.

— por hablar de algo me preguntó al quedarnos solos. — ¿Qué tal en tu trabajo, te avisaron? Seguro que tardarán en hacerlo, esta mañana he visto alguna fotos en el periódico y todo el edificio está afectado, quizás tengáis qua cambiar de sede. — Eso es lo que explicaban en un correo que mi coordinadora envió a toda la plantilla, mañana nos citaran para que acudamos a un despacho provisional y si reúne las condiciones nos instalaremos y puede que de forma definitiva.

— ahí terminó nuestra conversación y se dedicó a ver televisión mientras yo recogía la cocina hasta que poco antes de acostarnos me dijo como si hubiera tenido una visión. — El próximo, viernes iremos a la misma sala de fiestas que el ultimo, quiero darle las gracias a ese tal Rodrigo; el hombre que fue tan amable contigo allí y que después nos acompañó ayudándote a traerme a casa.

— me pareció curioso y divertido al tiempo y lo comentaría al día siguiente con Rodrigo; solo recordar su nombre hizo que me mojara y esa noche tardé en dormirme rememorando todas y cada una de las cosas vividas durante el día. — Nos vimos dos horas y fue más que suficiente para quedar rendida y servida para el resto de la jornada, después me desplacé hasta el lugar indicado y mi amiga Lurdes me dijo al verme.

— ¿Cambiaste de potro? Te veo muy feliz. — somos amigas desde hace mucho tiempo y conoce nuestra situación. — ¿Tan evidente es? le pregunté. — ¡Mucho cielo! Parece que hayas rebrotado, tu piel brilla y tu sonrisa es esa que se nos queda a todas en esas pocas ocasiones en que estamos saturadas de sexo y totalmente satisfechas. — reímos con ganas y a grandes rasgos le conté lo esencial de mi aventura con Rodrigo.

— Pues ya sabes lo que sucederá el viernes. — esas palabras me desconcertaron y con gran interés pregunté. — ¿A qué te refieres? — muy seria Lurdes aclaró. — El viernes, tu esposo escrutará a su suplente para asegurarse si es lo suficientemente bueno para ti, estoy segura que al igual que yo se habrá dado cuenta de tu cambio y ambas sabemos que es muchas cosas menos tonto. — esas palabras me asustaron porque al poco de conocernos asistí a un episodio violento; un compañero de trabajo se propasó conmigo y mi esposo entonces novio, le dio tal paliza que el tipo se despidió de la empresa.

— esa semana la pasaron acondicionando el nuevo local para poder trabajar y me vi con Rodrigo cada día al menos un par de horas, el miércoles le conté tanto la intención de mi esposo de regresar a la misma discoteca así como parte de lo que me había dicho Lurdes y entre risas me respondió. — Si al vernos resulta que lo sabe ya veremos como resulta el asunto, si tenemos su bendición estupendo y en caso contrario ya buscaremos una solución pero no nos precipitemos.

— hicimos el amor y no solo es que cada vez resultara más y más placentero, nos compenetrábamos de tal modo que llegue a plantearme luchar por mi hijo en un eventual divorcio si se daba el caso; llegó el viernes y mi esposo me pidió que estrenara el vestido rojo para salir, así lo hice y poco después de las diez nos encontramos con sus amigos que me jalearon ante las miradas nada complacidas de sus esposas.

— como siempre fue Leonardo el primero en pedirme bailar pero ese día solo bailamos, en silencio me desnudaba con la mirada y eso me convenció de que aquello que había comentado Lurdes era cierto o se trataba de mucha casualidad; de regreso a nuestra mesa me sorprendió ver a Rodrigo departiendo con mi esposo y al acercarme me ofrecieron un asiento entre ambos en el sofá que ocupaban. — Le contaba a nuestro ángel de la guarda lo agradecido que estoy de que entrara en nuestras vidas del modo en que lo hizo.

— Las otras mujeres tiraron de sus esposos hacia la pista y nos quedamos solos; Rodrigo me sirvió una copa de champagne Brut “Viña Valdivieso” fresquito que alcé y mi esposo brindó. — Por nuestra amistad y la discreción. — bajando la voz continuó. — Espero y deseo que sepas hacerla tan feliz todos los días como lo ha sido esta última semana; ya me diréis si puedo colaborar en algo a esa felicidad; que yo no pueda darle más, no quiere decir que no lo merezca.

— tomó nuestras manos y las unió junto con la suya añadiendo. — Ahora marcharemos porque estos amigos no lo son tanto como parecen; iré un rato al casino y vosotros, vosotros id a ser felices ¡A! recuerda que mañana iremos con el niño a la playa en san Antonio y son dos horas de coche, trata de no llegar a casa mucho más tarde de las ocho.

— mi esposo nos había hecho un gran regalo, puede que en otra época nos hubiera matado a ambos pero tenía razón, necesitaba mucho más de lo que podía darme y me permitía tenerlo con Rodrigo, por ello lo sigo amando y respetando y jamás lo pondré en un aprieto con una indiscreción, en ocasiones salimos juntos los cuatro y mi angelito se lleva muy bien con Rodrigo.

© PobreCain

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