Cadena de favores: Un letrado muy versado

La apuesta de hace un mes nos salió cara, eso de cometer escando publico después de la que montanos en la calle, nos causó un par de denuncias de vecinos. Menudo desastre, aunque ya teníamos cierta fama en el barrio de ser fáciles de follar. Reputación totalmente ganada en los últimos meses.

Cuando recibimos el requerimiento del juzgado, Mónica se llevó un gran susto y se puso a llorar, la intente calmar, le dije que habíamos salido de otras más difíciles, seguro que encontraríamos la solución.

Así que de nuevo recurrí a algunos “amigos” para que me ayudaran a buscar un buen abogado. Varios coincidieron en el mismo, Facundo. Era el más duro y contundente de la ciudad, famoso por su facilidad en resolver temas complejos en poco tiempo.

Cuando lo conocí me causo una muy buena impresión, un tipo alto y delgado, elegante, de apariencia seria, sabia como decir las cosas y sobre todo muy profesional. Al principio se negó por completo, tenía muchos casos pendientes e incluir otro le complicaría su apretada agenda. Le insistimos, sabiendo su valía y relación con los denunciantes. Primero accedió a reunirse con nosotros al vernos tan desesperados, y termino por tomar nuestro caso, no sin decirnos que hacia una excepción porque veníamos bien recomendados.

Tuvimos un par más de encuentros a los que fui junto con Mónica, al fin de cuentas era arte importante implicada, si no ella sus grandes tetas.

Le explicamos lo que ocurrió para que nos denunciaran: por ciertos motivos que no le quise contar a fondo, y no eran más que satisfacer a unos que nos habían hecho un favor, le describí sucintamente lo que hicimos aquella noche en un pequeño jardín de una urbanización de postín: había un grupo de gente al que Mónica se acercó en tanga con sus enormes tetas al aire llamando la atención, se paró en un banco puso su trasero en pompa y yo me la folle, pasaron algunas personas que se escandalizaron a otros los invitamos a que se acercan, una pareja se quedó mirando y a un grupo de chicos los invitamos a sobar los colgantes pechos de mi chica que bamboleaban en cada una de mis embestidas, cuando oímos a la policía , nos vestimos rápido, pero nos cayó la denuncia, El abogado nos dijo que no era algo grave y que solo nos pondrían una multa, yo le insistí en que tenía que conseguir que el expediente desapareciera y no costara en ningún sitio. Me sonrió de forma socarrona, le guiño un ojo a mi mujer mientras le echaba un vistazo al provocativo canalillo que lucía.

Pocos días después, me llamo: había negociado y conseguido que retiraran las denuncias. Quede extrañado por la rapidez, pero efectivamente lo hizo. Cuando le pregunte por sus honorarios me comento que ya tocaríamos ese tema, que no me preocupará, que de momento lo invitáramos a cenar en un buen sitio y que intentara que Mónica llevara un buen escote.

Así que eso hicimos, reservamos mesa en un buen restaurante de la ciudad, esa misma semana. Visto lo que nos había pasado en nuestros últimos encuentros con gente del entorno de nuestro abogado, le comente a Mónica mis presagios sobre que se cobraran el favor de forma sexual de nuevo. Ella sin prejuicios me dijo que a este abogado no le importaba tirárselo, que estaba muy bueno, pero no pensaba que fuera el tipo de persona que nos hiciera pagar de esa forma, lo veía como un tipo morboso, más que sexual. No le di más importancia, si nos pedía algo sexual se lo daríamos.

Mónica iba preciosa aquella noche. Llevaba un vestido negro, largo, ceñido que le marcaba las curvas del cuerpo, con una raja lateral que permitía ver su pierna derecha. Y como habíamos prometido, un escote en forma de v abierta que dejaba ver gran parte de sus grandes tetas, prominentes y erguidas por un sujetador “up” que las hacia turgentes y apetitosas.

El acudió con su esposa, era alta y atractiva, no llegaría a los treinta, antagónica a mi mujer, delgada, fibrosa y al menos 10 años más joven.

Era una pareja simpática. Al principio pretendimos centrar el tema en nuestro asunto legal, pero lo fueron desviando hacia una plática más de amigos, a pesar de ser la primera vez que salíamos nos sentimos cómodos, en confianza y conversamos en libertad a manera de conocernos mejor.

– ¿Cómo se os ocurrió salir desnudos a la calle?

– Fue tu amigo Luis. Me ayudo con unos asuntos y me dijo que teníamos que gastar una broma a unos conocidos suyos.

– Me lo creo de Luis, le gusta que le paguen los favores así. ¿Por qué accedisteis?

– Siempre cumplimos con quien nos ayuda, no sabes eso de “hoy por mí, mañana por ti”

– Entonces ¿A todos los que os hacen favores los devolvéis así?

– No, en absoluto.

– Qué pena, a mí también me gustaría que me devolvierais el favor así.

Mónica, con una sonrisa pícara y con disimulo sobo la entrepierna del abogado.

– ¿Te importa? Le pregunto a su mujer

– En absoluto, si le debes un favor debes pagarlo.

– Esto promete. Dijo al notar como crecía el pene con sus caricias.

El vino había hecho su efecto y la última cucharada de mousse de chocolate hizo que Mónica se relamiera los labios lujuriosamente. El abogado la observo con la boca abierta como le caía una gota de chocolate sobre sus sobresalientes pechos, la limpio con el dedo y se lo metió en la boca hasta el fondo, sacándolo muy despacio.

Solo lo saco de su trance el oír su nombre desde el fondo de la sala, tanto el cómo su mujer se levantaron a saludar a un grupo de personas.

– Ves, me dijo Mónica, es más morboso que sexual, te lo he dicho.

– Venga si no deja de mirarte el escote en toda la noche.

– Pues yo me lo tiraría.

– Como puedes decir eso, mira que eres golfa.

– Además este tipo de restaurantes me ponen cachonda.

– Pues a mí su mujer no me gusta, muy flaca, no es mi estilo.

– Tu estilo soy yo, añadió mientras me daba un dulce beso en los labios.

– Cierto pero no me importaría romperle ese culo estrecho de pija. Ensartarla por detrás y golpearle el trasero.

– Pero que bestia eres a veces. Y me volvió a besar

Su mujer volvió a la mesa antes que el que seguía hablando con su amigo. Algo nerviosa y con prisas empezó a hablarnos

– He oído por ahí que devolvéis favores de forma distinta.

– ¿A qué te refieres?

– Bueno Facundo os ha hecho un favor ¿verdad?

– Si, un gran favor

– Y a vosotros os gustaría devolverlo ¿verdad?

– Ves al grano.

– Pues,…

– Queréis follar ¿no?

– Él no os lo va a pedir, pero está claro que le gustas. Le gustan las chica de tetas grandes y yo me niego a ponerme unas de plástico.

– ¿Qué quieres?

– Que le des el capricho.

– Y el capricho ¿hasta dónde llega?

– Hasta que él quiera. Pero eso sí, conmigo delante.

– ¿Te gusta mirar?

– No, me gusta el. Lo quiero. Lo plantearemos como un juego de intercambio. Luego iremos a casa a tomar una copa y allí te desnudas y jug…

Calló al ver acercase a su marido, que muy eufórico pidió la cuenta, yo me levante para impedírselo pero me dijo cortésmente: “tú pagas las copas, vamos hay un sitio muy bueno cerca”

Paseamos hasta el bar, a pocas calles del restaurante, delante iban ellos cogidos de la mano, cuchicheándose y sonriendo, de pronto se detuvieron, él le dio un largo beso, volvió la vista y recorrió de arriba abajo a Mónica con una mueca libidinosa en su cara y continuaron andando.

Me hacía falta una copa, otra vez la íbamos a liar con unos desconocidos, eso sí, con mucha clase, me quede apoyado en la barra, mirando alrededor, no había mucha gente, la música no estaba muy alta, era un sitio agradable con infinidad de posibilidades para la elección de bebida, pedí una copa para cada uno y volví a donde estábamos. Sentados en unos taburetes me aguardaban charlando. Fue Paola, su mujer, la que se ofreció a bailar, nunca he sido un buen bailarín pero con un par de whiskies soy capaz de cualquier cosa. Así que me deje llevar, a pocos pasos de la mesa la chica se contoneaba agarrándome y restregándose de espaldas, la noche prometía, pensé, no era mi tipo pero tenía sus cosas buenas, sobre todo era muy guapa, divertida y algo recatada.

– Veo a tu mujer muy lanzada, le dijo Mónica al abogado

– Es maravillosa, no esperaba que consintiera esto, siempre ha sido muy recatada

– Se nota que te quiere. Pero no tiene las tetas que tengo yo.

– Ni mucho menos.

– ¿Quieres tocármelas?

– ¡Aquí!

– Mete las manos bajo mi blusa.

Mónica se inclinó, dejando su busto por debajo de la mesa, el letrado con rapidez busco sus tetas, acaricio los enormes melones por encima del sujetador, se sintió en la gloria eran justo del tamaño que él deseaba, las apretó y jugo con ellas.

– ¿no te pone hacerlo en público?

– Siiii.

– Cuidado que viene alguien.

El las quito aunque la pareja que paso a su lado se dio cuenta de lo que estaban haciendo. Les sonrieron. Ella volvió a inclinarse para disimular y el no tardo ni un segundo en volver a meter las manos para sobar sus tetas, le encantaba hacerlo allí, rodeado de gente, ella se soltó el sujetador y él pudo acariciar la carne turgente de sus enormes melones, los apretó, eran suaves y esponjosos, que delicia, pensó. Al acercarnos nosotros ella se recompuso, colocándose con maña el sostén, nada había pasado. Ambos se sonrieron y dieron un sorbo más de ron.

El ambiente estaba los suficientemente caliente así que decidimos ir a su casa que no quedaba lejos, casi sin hablar, deseábamos llegar, era muy erótica la situación, tenía razón mi chica, había morbo en el ambiente.

Cuando nos vimos en el salón hubo un momento de confusión, nadie supo cómo empezar, así que bese a Mónica con pasión, ella me abrazo y jugueteamos con nuestras lenguas, ellos se quedaron helados mirando, yo comencé a sobarla hasta comenzar a quitarle la blusa, ella se liberó de inmediato del sostén lanzándolo sobre la mesa y liberando sus voluminosos senos.

– Vaya sí que son grandes dijo la esposa del abogado

– Son inmensos, dijo el hombre babeando

– Tú crees. Añadió mientras los alzaba entre sus manos

Se acercó despacio contoneándose al tiempo que se sacaba la falda y quedaba en bragas. Sus pezones redondos y claros apuntaban hacia él, que observa como un poderoso acorazado con potentes misiles le iba a abordar. El movimiento de las tetazas al andar le sobrecogía, se desplazaban suavemente de un lado a otro, rebotaban contra un plano imaginario, volviendo a subir, un balanceo sutil que lo dejaba mudo ante el avance de la contundente hembra.

Cuando se hubo parado frente a él se lanzó como un poseso a chuparle las tetas, a amasarlas como si estuviera haciendo pan, ella noto su inexperiencia en el manejo de tales magnitudes, pero el insistía como un poseso, lamia, mordisqueaba, sobaba con desesperación, se le salían de las manos y eran tan blandas y suaves que quería hacerlo todo con ellas y no adivinaba como.

Mónica aprovecho para bajarle el pantalón, tenía el pene erecto que le iba a reventar, lo libero de los calzones para acariciar la punta. Estaba mojada y necesitaba acción.

– ¿Quieres que te la chupe?

– No, todavía no.

– Cómemelo tú. Estoy muy cachonda. Cómemelo

– Después, déjame que la meta entre tus tetas.

Mónica se sentó en el sofá y dejo que colocara su rabo inhiesto entre los pechos, la cara del hombre era de satisfacción, no se lo podía creer, no sabía cómo colocarla bien, se le resbalaba entre los pechos, no encontraba el camino entre las grandes montañas, la inexperiencia, ella mojo sus ubres con restos de bebida, ahora el camino estaba húmedo, coloco la mano para que la pija no pudiera escaparse y la movió entre ellas gimiendo en cada movimiento. Ella la notaba dura, potente, la veía subir y bajar. Lo miro a la cara, estaba absorto, concentrado en cada instante, disfrutaba del irrepetible momento, miraba su pene entrar y salir entre las enormes montañas, su deseo era mayor que su propio placer.

Yo miraba la escena sorprendido, realmente este tipo nunca había disfrutado de unas buenas tetas, su mujer junto a mi daba suaves sorbos de su copa si perder detalle, suspiraba al ver a su marido embelesado por las protuberancias de mi chica.

Yo me baje los pantalones, tenía ganas de no ser simplemente un cornudo, estaba dispuesto a reventar a Paola, al mismo tiempo que cachondo, mi afán competitivo me hacía pensar, “si tú le follas las tetas a mi mujer yo voy a follarme el culo de la tuya.”

Me acerque a ella y comencé a quitarle la ropa, ella me agarro la polla, le gusto sostener mi herramienta, erecta y bien depilada, y mientras se dejaba desnudar me masturbaba suavemente. Intente que se la metiera en la boca pero no quiso, miraba la masturbación de su marido en las tetas de la otra, no perdía detalle. No sabría decir si era vicio, morbo o tal vez la sensación del nacimiento de sus cuernos.

Era una chica que llamaba la atención, no era mi tipo y eso me ponía más cachondo, su rostro de rasgos finos, su cabello rubio hasta la altura de los hombros, su cintura delgada, su culo prieto y su exceso de atención en lo que hacía su hombre, de alguna manera me atraía.

Le baje las braguitas de encaje, y deje que siguiera contemplando la escena de pie, me coloque detrás de ella y le comí el coño primero y después el ano, note que le gusto por sus suspiros.

Mientras su marido había encontrado el placer en sus movimientos y hacia que Mónica moviera las tetas al ritmo de sus embestidas. Ella picara, le sonreía, cedía ante sus recónditos sueños, era sublime.

Yo había dejado de lamer y perforaba su vagina desde la parte de atrás, tenía un culito redondito bien formado, con muy fácil entrada. No ponía ninguna pega, se dejaba que se la metiera hasta el fondo, con apenas unos leves gemidos, como una puta deseando terminar, eso todavía me motivaba más, no sé porque, siempre he odiado que se deje hacer.

Facundo había hecho que Mónica se tumbara sobre el sofá y subido a ella volvía a meterla de nuevo entre sus tetas, había vuelto a mojar el canal que las separaba que era una mezcla de champagne y semen.

– Chúpala cuando salga por el otro lado

Mónica se lo consistió y lamia la punta del pene cuando atravesaba sus pechos, esto fue lo máximo para el hombre.

– Ya va, ya va.

Mi mujer aparto la cara y apretó los pechos, una andanada de abundante semen se esparció entre ellos llegándole al cuello. Aun permaneció unos segundos con el rabo estrujado entre ellos dejando hasta la última gota.

En ese momento Paola se volvió hacia mí.

– Follame duro, me dijo.

La agarre por las caderas y la levante, pesaba poco, la apreté, note su suave piel sobre mi sudoroso cuerpo, la entrada de su vagina era como una autopista y mi verga estaba dura como pocas veces la había notado, era un hervidero de morboso sexo desenfrenado. Ella pretendía vengarse de alguna forma de su marido, recelosa de que se hubiera dado un festín con la tetona. Sus jadeos eran desgarradores sus movimientos reflejaban su buena forma de gimnasio, comenzó a jadear como una loca, yo creo que para llamar la atención de él, estaba tan excitada que puede notar como llegaba al orgasmo, casi mareándose.

Yo estaba pletorico, con una polla erecta y dispuesto a todo, deja a la flaca en el sillon y me acerque a Mónica al que le estaba comiendo el coño Facundo, le dije que se apartara y me la folle sobre el sofá hasta correrme.

No sé cuántos cubatas bebimos después, las risas y bromas ridículas pusieron fin a la velada hasta quedarnos dormidos cada uno donde encontró.

A partir de ahí de ese momento sé que me desperté solo en el salón, había sido una noche agitada. Mire alrededor y me pregunte donde estaba mi mujer y la otra pareja, la orgia de ayer, no había sido un sueño. Tenía la boca seca y busque la cocina donde refrescar mi garganta y comer algo sólido. No recordaba por donde se iba, he de confesar que casi me pierdo hasta que hoy un ruido tras una puerta, la abrí y cuál fue mi sorpresa: encontré a Facundo culeando a mi mujer ante la presencia de su esposa que observaba mientras tomaba café. Quede boquiabierto cuando con toda naturalidad me dieron los buenos días, casi a coro.

Mónica estaba de pie apoyada de espaldas sobre la bancada de la cocina mientras que el abogado la penetraba por detrás, esforzándose en metérsela hasta el fondo en cada embestida. Ella, muy tranquila, como si en lugar de follar estuviera recibiendo un masaje, le rogaba que le agarrara las tetas que no hacían más que moverse libres de un lado a otro; él fervoroso lanzo sus torpes manazas a apretar las ubres, de manera anárquica e indiscriminada, con más lujuria que erotismo, sin coordinar sus movimiento traseros, provocando sonrisas en su mujer que sin perder ojo, le mandaba besos mientras tomaba un café. Yo al verlo no pude evitar una erección y comencé a sobármela.

– Que desayunando salchicha y huevos le dije a mi mujer a la que di un beso.

– Que bruto eres. Me respondió ella entre gemidos. Además no me follo ayer y tenía ganas de catarlo.

– ¿Y tú? le dije a Paola ¿Quieres más?

– No, yo estoy bien.

El abogado estaba ensimismado penetrando el hermoso pandero sin dejar de agarrar los pechos, como un conejito enganchado a su hembra, lo hacía a toda velocidad como si de una muñeca de plástico se tratase. Las palabras de mi mujer aun lo motivaban más.

– Vamos machote, vamos, dame más, agárrame las tetas con fuerza.

Él no decía nada, solo sudaba y movía su pelvis a toda velocidad metiendo y sacando su pene de la vagina de mi esposa.

– Todo dentro cariño, todo dentro. Deja tu lechita dentro.

Facundo apretó las tetas con mucha fuerza y apoyo su cuerpo sobre ella entre espasmos y una amplia cara de satisfacción.

– Joder, que rico. Que buen polvo.

Se sacó el condón y lo tiro a la basura. Yo estaba empalmado de ver la secuencia y en cuanto vi a Mónica libre la subí sobre la mesa, la bese profundamente y se la metí directamente.

– Eres una golfa, le susurre al oído

– Y tu un cabron. Calla y follame que este me dejo a medias otra vez.

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