Cambio de pareja

Susana y Carlos llevan once años casados y en ese tiempo su relación está más que afianzada; ella continua trabajando en la tienda de ropa familiar que regenta su madre y él está considerado uno de los mejores contables de su empresa dedicada a realizar auditorías externas.

Tienen una perfecta organización en todos los aspectos y a Carlos no le molesta ir a comer a casa de sus padres los segundos domingos de mes y los cuartos a casa de sus suegros, ni encontrar siempre los calzoncillos a la derecha del cajón y las camisetas a la izquierda; ni siquiera que las vacaciones de semana santa las pasen cada año en Hellín y las de verano en Peñíscola.

El sábado, es el día de más venta en la tienda y por tanto no se ven; ella come en casa de sus padres para no cerrar a mediodía y para Carlos es el mejor día de la semana; puede vestir sin corbata, con tejanos y una camisa vieja o un suéter raído; su triunfo personal de años atrás fue conseguir que Susana guardara siempre algunas prendas de ese tipo para emplearlas esos días; se levanta tarde, lava el coche y come en un restaurante que hay cerca del puerto; después pasa la tarde jugando al mus con unos amigos y llega a casa antes que Susana a tiempo de cambiarse de ropa; después suelen cenar en un hamburguesería antes de entrar al cine a ver cualquier cosa que proyecten.

Carlos solo encuentra un “pero” en su vida y es en el aspecto sexual; los martes, polvo rápido sin sacarse el camisón, los viernes jamás, porque el sábado Susana tiene mucho trabajo y a de madrugar; después del cine de los sábados, ella permite que la fiesta se alargue un poco más y en ocasiones se desnuda totalmente, pero el sexo es siempre con la luz apagada, algunos domingos si todo va bien también hay fiesta pero nunca han tenido una verdadera fiesta que destacara sobre las demás; con todo, a Carlos jamás se le ocurrió ir de putas y mucho menos buscarse una amante o tener una aventura.

Susana piensa que su vida sexual es normal pues es tal como le dijo su madre antes de casarse que debía ser y otras cosas ni se le pasan por la cabeza.

Aquel lunes, Carlos llegó a casa eufórico y antes incluso de sacarse la chaqueta y atropelladamente le contó a su esposa lo que le habían propuesto.

— ¡Quieren que vaya a Tenerife a hacer una auditoria sorpresa! Podemos ir juntos; pagaran tu pasaje así como la estancia en el hotel y como trabajaré solo de nueve a cinco podemos ir a la playa a la piscina o a conocer algunos rincones de la isla; me llevara varios días y podremos disfrutar juntos del fin de semana; me brindan la oportunidad de tomarme unos días de vacaciones en que solo deberíamos pagar el hotel ya que el viaje esta pagado para ambos.

Susana lo miró y con apatía respondió.

— Imposible; en junio comienza la temporada de verano y no puedo dejar a mama sola en la tienda, ve y disfruta lo que puedas, haz muchas fotografías y a tu regreso me cuentas cosas de ese sitio; algunas clientas que han estado dicen que es muy bonito, aunque a mí que sea una isla con volcán me da un poco de miedo.

Carlos se sentó en una butaca en silencio y no volvió a hablar hasta que comenzaron a cenar y la conversación fue sobre un programa que estaban viendo en televisión.

El miércoles de la semana siguiente voló a Tenerife y se instaló en un hotel del Puerto de la Cruz; al día siguiente se presentó en la empresa y comenzó su trabajo; a mediodía mientras comía en un restaurante, solo, pues no quiso hacerlo con ninguno de los directivos pensó que era una lástima que Susana no aceptara viajar pero trataría de disfrutar esos días tanto como pudiera, al salir esa tarde fue a una tienda y se compró un bañador y ropa veraniega, dos “bermudas” y varias camisas informales, satisfecho se encaminó al hotel; al día siguiente pensaba llevarse una muda de turista y cambiarse al salir en cualquier sitio para ir un rato a la playa.

Ese viernes, después de un par de horas en la playa regresó al hotel y tras una larga ducha para aplacar el sofoco de ver a tanta mujer guapa se vistió con ropa de sport y bajó a cenar al segundo turno que eligió precisamente para cenar a la hora que suele hacerlo en casa; le sirvieron un aperitivo y se acercó el metre que comedidamente preguntó.

— Disculpe señor. ¿Le importaría compartir mesa con una señorita? Ha llegado tarde para cenar en el primer turno y si no se sienta ahora deberá esperar hasta que termine este.

— ¡No! No tengo ningún inconveniente; estaré encantado y además la compañía siempre es agradable.

El metre se giró y asintió; una bella mujer avanzó entre las mesas y Carlos se levantó para recibirla cuando el metre retiró la silla para que se sentara.

— Soy Carlos.

Se presentó tendiéndole la mano que ella estrechó enérgicamente replicando a su vez.

— Idaira; mi nombre es Idaira. Le agradezco que me permita compartir su mesa, de otro modo habría tomado un bocado en cualquier sitio porque quiero ir a una sala de fiestas que me recomendaron; ¿Tiene planes para más tarde? Es viernes y supongo que mañana no trabajará.

— La verdad es que no tengo planes pero soy un hombre casado y no creo que.

La mujer lo interrumpió con su voz suave.

— También yo estoy casada pero eso no impide que pueda disfrutar de una agradable velada de música y baile, no es necesario mucho más para pasarlo bien y se me ocurre que podríamos tutearnos y así durante la cena me resultará más fácil convencerte para que vayamos juntos; saber que me acompañaras de vuelta al hotel es garantía de que seré una buena chica.

Carlos aceptó el tuteo aunque dudaba que fuera capaz de convencerlo, entre otras cosas porque desde que comenzó a frecuentar a Susana dejó de ir a las discotecas; ella es una verdadera patosa y se siente mal en ese ambiente en el que tan bien se desenvolvía él; llegaron incluso a asistir a clases de baile de salón donde él aprovecho para aprender con suma facilidad los que más le gustaron y hacer algunas amistades aunque ni lo uno ni lo otro fue del agrado de Susana y al año aproximadamente lo dejaron.

Después de tantos años se sabía totalmente desconocedor de las nuevas modas y formas de bailar y cada vez que aparecía una escena de baile en una película reciente alucinaba con los nuevos ritmos.

Carlos trató de hablar de trabajo pero Idaira de forma sutil cambio de tema y terminaron hablando de sus respectivas parejas; ella comentó, que la mala relación con los padres de su marido hacían que una vez al año, él fuera a verlos a Huelva y ella aprovechara para visitar la isla; es hija de militar y se había criado allí; al marchar a los catorce años perdió el contacto con sus amigos que como ella también eran hijos de militares al cambiar los padres de destino; aseguró que le fascina pasear por sus calles y no le importaría vivir en ella.

También él le contó sus cuitas; la férrea disciplina matriarcal que imperaba en su casa y la negativa de su esposa a acompañarlo porque su mama “la necesitaba” en la tienda.

Al terminar de cenar, tomaron un taxi que les llevó a una discoteca muy cerca del “Jardín Botánico” Carlos no quiso conducir el coche que alquiló en el aeropuerto para ir a las diferentes sedes que la empresa tiene diseminadas por la isla; a pesar de no beber jamás en exceso le aterraba la idea de dar positivo en un control de alcoholemia estando lejos de casa.

La música era suave y la mayoría de parejas estaban entre los cuarenta y los sesenta años; las mujeres vestían elegantemente y apenas se oía nada más que la música y los aplausos al terminar cada pieza para agradecer a los músicos su buen hacer.

Después de algunas piezas sonó un tango y Carlos preguntó a Idaira si se atrevía; disfrutaron ambos bailando como si fueran pareja desde hacía años y al terminar se sentaron algo cansados; Carlos preguntó si le apetecía tomar algo.

— No sé si te gusta, pero hace años me aficioné a beber cava y es lo único que tomo pero puedo tomar un refresco si a ti no te gusta; las botellas “benjamín” me parecen ridículas.

A Carlos le gusta el cava aunque solo puede beberlo en casa de algunos amigos; la familia de Susana prefiere la sidra y ella es de esas personas que son capaces de añadir gaseosa a un “Vega Sicilia” y considera que es un “despilfarro” gastar más dinero en un vino espumoso caro cuando lo hay más barato.

Sin responder a su nueva amiga hizo un gesto a una camarera que sin preguntar les trajo una botella de cava en un cubo de hielo y dos copas de cristal; se sorprendió cuando un tipo trajeado que se presentó como el dueño, coloco sobre la mesa un pequeño rotulo y después de felicitarlos se retiró en silencio.

— ¿A que ha venido esto? Preguntó Carlos y su acompañante respondió.

— Nos ha obsequiado con un pase VIP aunque desconozco porque.

Preguntó a la camarera cuando pasó cerca.

< Son la pareja que mejor ha bailado el tango y eso es muy importante para don José; cada noche elige un baile antes de abrir y los músicos son el jurado. Gratamente sorprendidos comprobaron que las demás parejas los miraban; Idaira lo tomó de la mano y volvieron a la pista que llenaron de inmediato otras parejas, que les sonreían al pasar junto a ellos; Idaira besó a Carlos en la mejilla e inmediatamente le susurró. — No te apures, piensan que somos pareja y no debemos decepcionarles. Este sonrió y pensó que era una mujer muy divertida y espontanea; bailaron un par de piezas más y regresaron a la mesa donde tomaron otra copa y se quedaron mirando en silencio como bailaban los demás; de súbito hablaron ambos a la vez y después de otras dos tentativas Carlos se llevó las manos a la boca para evidenciar que no pensaba intentarlo de nuevo y al fin ella pudo decir. — Me gustaría bailar sin público, solos, la música tú y yo. Al tener su cuerpo tan cerca y aspirado su fragancia experimentó algo muy raro. Jamás sintió nada parecido con Susana ni con las otras dos mujeres que la precedieron mucho tiempo atrás. Le apetecía abrazarla aunque sabía que era una mala idea, esa mujer estaba casada al igual que él y seguro que se enfadaría y con razón, aunque los sentimientos y deseos no entienden de razón y por ello respondió entusiasmado y sin pensar pues de otro modo su respuesta habría sido otra. — Pues vamos; he visto aquí al lado un pequeño parque y estoy seguro que se oye perfectamente la música; podemos mirar y si no hay nadie podemos bailar con esa intimidad de la que hablas. Se levantaron de la mesa y camino de la salida el dueño les preguntó si marchaban y fue Idaira quien le respondió que debían hacerlo; el tipo contrariado les dijo que los esperaba al día siguiente para que participaran en el fin de fiesta; habían conseguido la mejor puntuación de la semana según los músicos. Salieron a la estrellada noche sonrientes, Idaira tomo la mano de Carlos que se emocionó recordando momentos muy lejanos en el tiempo y se sintió otro hombre, aquel muchacho que conoció el sexo en una noche estrellada como esa de la mano de una chica mayor que él; Lola le enseño que el sexo es pasión, pasión y algo de técnica pero principalmente entrega y pasión. Retornó a la realidad al oír la voz de su bella acompañante. — ¡Tenias razón! este sitio es perfecto. No nos molestará nadie y detrás de estos arbustos hay incluso una mesa donde podemos dejar mi bolso y tu chaqueta. Se oía la música y Carlos, por primera vez hizo un repaso mental de como era su amiga. Casi tan alta como él, con el cabello negro muy liso hasta media espalda, unos bellos y enormes ojos también negros con largas pestañas; cejas finas así como los labios, graciosas orejas adornadas con pequeños diamantes y una barbilla redondeada que completaba su amable rostro, el cuello era largo y adornado por un fino collar de perlas y descubierto hasta los hombros; sus pechos talla 95-100, a pesar de que su vestido no era escotado se notaban firmes; al bailar había acariciado sus caderas que resultaron perfectas y el vestido era incapaz de disimular sus torneadas piernas y el culo se intuía bien puesto. Notó las manos de ella rodeando su cuello y puso las suyas en las caderas; sus cuerpos se juntaron y como algo natural comenzaron a besarse, sus labios eran suaves y Carlos los atrapó con los suyos al tiempo que sus manos pasaron a la espalda estrechando fuertemente sus cuerpos. Sus corazones palpitaban violentamente y con la respiración acelerada notaron como crecía la erección de Carlos; Idaira comenzó a temblar y Carlos reaccionó de inmediato apartándose y preguntando si tenis frio; sin esperar una respuesta puso la chaqueta sobre los hombros y rodeando su cintura con un brazo comenzaron a andar. Pasearon hasta el hotel en silencio; cada uno tenía sus propios pensamientos y en el rostro de Carlos se apreciaba una gran tristeza. Llegaron al hotel y después de retirar las llaves subieron a la tercera planta, la de Idaira; la acompañó hasta la puerta de la habitación donde ella se despojó de la chaqueta que le entregó y cuando Carlos se disponía a marchar lo abrazó suplicó. — ¡No me dejes sola! esta noche no por favor. Tiró de él y Carlos se dejó llevar; la mujer lo abrazó y él buscó esos labios que no pudo apartar de su pensamiento desde que los besó; este beso se hizo interminable y sus cuerpos se fundieron; con los sentimientos a flor de piel ninguno de los dos pensó en nada que no fuera ese momento y lugar; el deseo dio paso a la lujuria y es que ambos necesitaban sentirse vivos. Las manos de ella se afanaban por retirarle la camisa y las de él lograron con facilidad desabotonar el vestido; más por instinto que por costumbre pues no lo había hecho nunca, besó su cuello y ella suspiró profundamente, Carlos besó suavemente esos ojos que le cautivaron desde el primer momento; al fin cayeron los pantalones y ella pudo acariciar esa verga que ansiaba. Hicieron el amor de forma simple, sin grandes estridencias y es que ninguno de los dos tenía otra experiencia que no fuera la tradicional; Idaira experimentó el primer orgasmo de su vida. Tendidos en la cama hicieron realidad sus anhelos y al rato satisfechos y mirándose a los ojos Idaira murmuró. — Ha sido fabuloso; un sueño hecho realidad. Carlos asintió en silencio y en ese momento le vino a la mente una imagen que por primera vez le resultó desagradable; una ocasión en que su esposa se mostró desnuda y su desmesurada reacción al intentar masturbarla para animar la fiesta; no se le pasó por la cabeza intentar con esa mujer ninguna de esas cosas de las que había oído hablar y visto en alguna película porno junto a sus amigos, esos con los que suele jugar al mus y todo porque consideraba a Idaira una “señora” y que esas cosas son más propias de viciosos. ¡Cuánto daño ha hecho la falsa moral! Acarició al rato la cadera de su compañera que ronroneó antes de montar sobre él para reemprender esa peculiar batalla de la que ninguno se sabía vencedor ni lo perseguía. Al fin se durmieron abrazados y el despertar de Carlos fue sorprendente; ella lo estaba mirando amorosamente y una sonrisa fue suficiente para que iniciaran de nuevo su recién estrenada afición; hicieron el amor hasta quedar satisfechos; después de ducharse bajaron a desayunar y pasaron el día juntos así como el domingo y las noches; el lunes y martes Carlos acudió al trabajo con normalidad aunque a partir de las seis de la tarde se reunía con esa mujer junto a la que había descubierto un mundo del todo diferente; el miércoles a mediodía había terminado la inspección y mientras comían en un restaurante frente al mar ella con voz triste comentó que esa sería su última noche, al día siguiente debía regresar a su ciudad y recobrar la rutinaria vida. — También yo he de regresar; han sido los mejores días de mi vida y no te olvidaré, lástima que nuestros caminos se separen aquí. En silencio se dirigieron a sus habitaciones a preparar el equipaje, se encontraron para cenar y después de un paseo por los alrededores regresaron al hotel donde pasaron la última noche de lujuria y desenfreno; de madrugada Carlos volvió a su habitación y antes de que despertaran a Idaira partió hacia el aeropuerto, devolvería el coche, facturaría el equipaje y desayunaría en el bar, pero no quería prolongar la agonía de la despedida; la noche ya fue difícil a pesar del mucho sexo del que gozaron. ¡Última llamada a los pasajeros del vuelo IBE4847! Idaira atravesó la puerta en último lugar, una azafata la acompañó hasta su asiento de ventanilla, corrió las cortinillas y la ayudó a colocar el equipaje de mano; anunciaron que tardarían unos minutos en ir hasta la pista de despegue y entretanto se dedicó a consultar una Tablet tomando notas en un pequeño bloc sin prestar atención al tipo que ocupó el asiento de pasillo hasta que el avión comenzó a rodar, y entonces oyó una voz familiar. — Hola bella dama. Levantó la vista y ahí estaba Carlos sonriendo. — ¡Hola! No imaginé que volaríamos juntos; ¿Cómo no se nos ocurrió dar a conocer nuestros respectivos destinos? ¿Vives en Barcelona? — Si, en el centro. Se tomaron las manos y al iluminarse la señal de soltarse el cinturón, apartaron el reposabrazos y ella apoyo su cabeza en el cuerpo de Carlos que preguntó. — ¿Nos veremos otra vez o ahora que regresamos todo acabó? — He de ser sincera; no quise hacerlo en la isla porque mi intención no era comprometerte pero parece que nuestro destino está escrito. Es cierto que estaba en la isla porque mi marido visitó a sus padres pero hay algo más; un par de veces al año los visita aunque no solo es a ellos; tuvo una niña al poco de casarnos con una ex que si es del agrado de sus padres y que vive con ellos; las visitas son más por la niña y la ex que por sus padres; muchos fines de semana con la excusa de ver el partido de su equipo viaja y lo pasa con ellos, de modo que solo pasamos juntos algunos domingos. No sabe que descubrí todo esto a raíz de un misterioso correo que me enviaron; sospecho que sus padres, para que tuviéramos un enfrentamiento y así tratar de convencerlo para que lo arregle con su ex por la niña, que a fin de cuentas es su nieta. Así que de momento tengo tiempo para mí y llegado el caso no creo que mi marido se oponga al divorcio, nuestra vida en común es solo de cara a la galería y la magia así como todo sentimiento desapareció hace mucho tiempo, ahora cuéntame. ¿Cuál es tu panorama? — Puedo divorciarme en cualquier momento; no tenemos hijos ni propiedades en común, el piso es de sus padres y la tienda está a nombre de mi esposa por cuestiones fiscales, de modo que ni siquiera habrá pensión compensatoria pues ella gana más que yo sobre el papel. — ¿Seguro que has de ir directamente a tu casa? Me deben días y me ofrecieron quedarme una semana o dos en Tenerife si me apetecía; envié los resultados de la auditoria por e-mail y por tanto solo he de hacer una llamada. ¿Tomamos un vuelo de vuelta al paraíso? Idaira lo besó y acurrucada entre sus brazos exclamó. ¡Hagamos una locura! Será la primera desde que hice toples por primera vez, ¡En la piscina de un monasterio! Fuimos unas cuantas amigas a un retiro espiritual. Ambos rieron con ganas, al bajar del avión recogieron el equipaje y fueron a un mostrador para pasajes de vuelta a la isla; Carlos llamó a su empresa y dos horas después estaban en el aire. ©PobreCain

Leave a Reply

*