Casual encuentro I

Termino de arreglarme y me veo al espejo, vestido corto negro, tacones color plata, collar que va a juego con el collar, sombra ahumada para dar un poco de vida nocturna a mis ojos y labios color rojo intenso. Me gusta ver mi cuerpo con esta pinta… suena mi teléfono celular el cual hace que me salga de mis pensamientos, corro a contestar.

– ¿Estas lista amiga?

– Si claro, ¿pasas por mi o nos vemos allá?

– Paso por ti muñeca, prefiero que andemos en un solo auto.

Y tras decir esto, afirmo y cuelgo el celular, en menos de cinco minutos ya ha llegado Vanessa por mí.

– Que alegría que te hayan dado el trabajo amiga, me emociona mucho. –me dice mi amiga caso gritando.

– Gracias amiga, quiero celebrar hoy porque sé que cuando esté trabajando me quedara muy difícil hacerlo. ¡jajaja! – le digo guiñándole el ojo y ella sonríe.

Llegamos a un bar de buena pinta, uno de los mejores de la ciudad, por suerte Vanessa fue quien me invito y ella tiene una familia la cual el dinero no es ningún problema.

– ¿Esto no es muy costoso Vane? – le digo deteniéndola antes de entrar.

– Te dije que sin comentarios, hoy soy yo quien cubre los gastos, quiero que la pases genial, ya cuando hagas dinero con tu trabajo, me tocara a mí. – al terminar de decir esto, le doy un abrazo y entramos al bar.

Al entrar inmediatamente me quedo impresionada por la decoración y fachada de este, las paredes eran azules, y las luces blancas, lo que hacían que la iluminación se viera de un azul claro, la barra si tenía sus luces poco luminosas en un azul que le daban un toque de modernidad, la barra iluminada con decoraciones orientales. Y a sus alrededores mesas con sillones, y en lugares más escondidos, muebles par a una mejor privacidad. No había mucha gente, pero si lo suficiente como para ver a los lados. Nos sentamos en uno de los muebles que estaban en una esquina, al sentarme noto que dos hombres nos miran y al notar que yo los veo, uno de estos me saluda alzando un vaso de whisky que tiene en la mano. Vanessa se da cuenta del gesto y le devuelve una sonrisa.

Al llegar el mesero, es Vanessa quien se encarga de pedir.

– ¿Qué te apetece? A mí me gustaría un poco de whisky.- dice dirigiéndose hacia mí.

– Me parece muy bien, amiga.

– Bien, por favor una de etiqueta negra. –le dice al mesero viéndome a mí para afirmar lo que ha dicho y yo hago lo que ella espera.

El chico se retira y al momento vuelve con lo que se la he pedido. Al comenzar a beber, veo a los hombres que están a un lado de nosotras y estos hablan animadamente, pero sin hacer ruido innecesario, uno de ellos me mía y me sonríe. Me vuelvo a Vanessa quien disfruta de la música de fondo…

Media hora más tarde Vanessa va al baño dejándome sola, al regresar veo que para un momento donde los hombres y estos se vienen detrás de ella. Mis ojos como platos al ver esta acción le causa risa a Vanessa y a sentarse me dice al oído – no te preocupes, aquí no conseguiremos violadores-

– Hola, no te preocupa si las acompañamos un rato, ¿verdad? – me dice uno de ellos, y yo niego con la cabeza sin dejar de verle.

Este era de unos 40 a 45 años, cabello canoso y de buena contextura, se notaba que se cuidaba mucho. El otro se sienta junto a Vanessa, este un poco más joven como de unos 30 años y comienza a hablar con ella.

– Bueno, y ¿que las trae por estos lados tan solas? –me dice el hombre tras llevarse su vaso a su boca.

– He conseguido mi primer trabajo como profesional. ¿Y a ustedes? – le digo imitando su último movimiento.

– Me alegro por ti, y nosotros, celebramos que he concretado un gran negocio el cual quería desde hace más de un año. – me dice sonriendo.

– Genial, creo que el motivo de este casual encuentro es porque casi se nos ha arreglado la vida. –le digo mientras este hombre suelta una linda carcajada.

– ¿cómo te llamas linda?

– Marcela, mucho gusto, y ¿usted señor? – le digo colocando mi mano en disposición de saludo.

– Diego, y agradecería que no me dijeras señor, llámame por mi nombre por favor. – me dice tomando mi mano y llevándosela a los labios.

– Esta bien.

Al decir esto, Vanessa y su nuevo amigo se nos unen a la conversación. Hablamos, reímos y pedimos otra botella invitada por los caballeros que nos acompañaban en ese momento…

– Amiga, no me dejes sola. – le digo suplicándole a Vanessa que no se vaya.

– Marcela, tranquila que vas a estar muy bien, Diego te llevara a tu casa, es que no quiero perder este bomboncito hoy. – me dice Vanessa al oído y en ese momento me odie por ser tan alcahueta.

– Bien, vete… pero ya, antes de que me arrepienta.

Sale Vanessa con Samuel del bar tomados de la mano.

-¿Quieres que te lleve ya a tu casa?

– Seria una gran idea.

– vamos. – me dice diego levantándose y tendiéndome la mano para ayudarme a levantarme.

Nos montamos en el auto y Diego comienza a hablar de lo bonita que es la ciudad por la noche, una opinión que yo le comparto.

– Eres una muchacha muy linda, inteligente y madura. ¿Qué edad tienes?

– muchas gracias por los cumplidos, tengo 23, creo que yo también podría saber su edad, ¿verdad? – le digo viéndole y sonriendo me responde.

– 44 pequeña, tenía la esperanza de que tuvieras un poco más. – al oírle decir esto último sentí que mi corazón explotaría, me sentía a millón, sentí temblar la tierra. Lo mire y el sin verme continua diciendo- eres muy inda, es la primera vez que alguien me atrae con solo una noche de conocerla. Eres un mujeron Marcela, no te sorprendas, ni creas que ando por ahí conquistando muchachitas, como te he dicho, latina que no tienes un poco más, poco me gusta liarme con jovencitas. La idea de que nos sentáramos con ustedes fue de mi amigo, desde que las vio, no les quito un ojo de encima, estaba encantado con tu amiguita.

– Tranquilo, entiendo. –le digo mirando a la ventana del auto

– ¿te ha molestado algo?

– Me has llamado jovencita, creo que no fue muy amable de tu parte. – le digo sin dejar de mirar la ventada.

– Disculpa, no creí que te afectara….

– Pero lo hizo, yo que tu pensaría mejor que decir al hablar con una mujer. – le digo viendo la hora en mi reloj y este frena el auto haciendo que yo suba la vista hacia el.

– Tienes razón, pero es que me ha afectado tanto tu existencia pequeña, pensar que en estos momentos te deseo y saber que no puedo. ¿Qué muchachita tan llena de vida querría estar con un hombre tan…

– ¿tan qué? Ni tu edad ni la mía deberían de impedir una relación, porque quizás con 10 años más, no habría llamado tanto tu atención, y quizás tú, con 10 Años menos, no me habrías parecido tan interesante. – al terminar de decir esto, veo como ha quedado boquiabierto, me levanto un poco del asiento, me acerco a él y con mis labios, cierro los suyos y me vuelvo a incorporar.- ¿podrías seguir conduciendo? Quisiera llegar hoy a mi casa.

Sin decir nada, comienza a conducir de nuevo, al llegar a la puerta del edificio donde está mi apartamento, me despido de este increíble hombre, al intentar darle un beso en la mejilla de despedida, este me toma por los brazos y me da un increíble beso en los labios que me ha dejado anonadada. Salgo del auto sin decir nada, entro al edificio y al abrir el ascensor siento el sonido del auto arrancando.

– Ni un número de teléfono, ni u lugar donde coincidir ni un adiós. Ha sido el mejor beso que me han dado en mi vida. –hablo sola en el ascensor mientras llego a mi piso, entro en mi apto. Me ducho y sin más me acuesto.

-Un poco más tarde y me despiden – digo para mis adentros al llegar a mi oficina.

– Hola Marcela, ¿cómo va tu día?

Dirijo mi vista a la puerta y veo a mi jefe que asoma la cabeza para verme.

– Buenos días Lic. López, disculpe que casi llego tarde, el tráfico estaba malo. – le digo un poco apenada.

– Tranquila, es tu primer día, no quiero que te inquietes, ¿vale? – me dice muy amable como el día de la entrevista.

– ¡oh, gracias! – contesto mientras me siento en mi sillón del escritorio.

– No te acomodes mucho, tengo que presentarte a una persona que, al igual que tú, hará parte de esta empresa desde hoy. – me dice haciéndome señales de que me levante.

Lo sigo por casi toda la planta hasta que llegamos a la oficina que se supone que es del dueño de la empresa. Entramos y veo a un hombre de espaldas con un vaso de lo que supongo sea whisky, este contempla la ciudad por la ventana de vidrio que ocupa un 75% de la oficina.

– Hola Sr. Lucci, vengo a presentarle a una nueva trabajadora, está comenzando hoy. – dice Lopez mientras se acerca a él.

Al darse vuelta casi se me cae el alma al suelo, veo que el al mirarme coloca los ojos como platos y me mira de arriba abajo. No puedo creer que mi nuevo jefe sea el hombre con el que hace dos noches estaba queriendo ir a la cama.

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