Lefazo en la cara

Una de las cosas que más morbo me produce, es imaginarme en la posición de una actriz porno, de rodillas, esperando que un macho se corra en mi cara, sentir como convulsiona y notar los chorros de leche caliente.

Ya hace años, la mayoría de las pajas que me hacía viendo porno, eran con este tipo de escenas, por mucho que me pusiese ver cómo las chicas eran folladas o cómo les comían el coño… al final, para terminar la paja, siempre acudía a las corridas faciales.

Con el tiempo me fui aficionando a las pollas, me he ido metiendo en el sexo gay, pero esta fijación ha seguido ahí y he podido experimentarla con gran placer.

Hecha esta introducción, os voy a contar cómo fue mi primer facial, o lefazo en la cara. Desde aquella he podido disfrutar de unos cuantos más, y recuerdo todos ellos (tampoco han sido tantos la verdad), pero este primero lo recuerdo con “cariño”.

Debió ser allá por 2003 ó 2004, en verano. Un día de semana, por la noche. Estaba en casa y con ganas de marcha. Yo estaba solo, mi mujer de viaje fuera de Madrid, así que el día perfecto para sexo furtivo, yo solo una buena paja guarra, o buscar algún macho con el que tener sexo homo. Empecé con lo segundo.

Estuve chateando buscando sexo en un portal típico que he usado durante años, y, después de un buen rato, encontré a un hombre maduro, de unos 45 años, extranjero… con un pedazo de polla… joder, tremenda. Me la enseñó por la webcam cuando ya nos lanzamos y menuda herramienta, qué pedazo de rabo. Quedamos en que me acercaría a su casa a hacerle una mamada.

Me pegué una ducha rápida y me lavé los dientes, él también había quedado en que lo haría para estar los dos bien limpios. Llegué a donde me dijo, un edificio de lofts. Para poder entrar me tuvo que abrir un portero que me preguntó a quién venía a ver… menudo corte. Se lo dije y me dejó entrar, indicándome donde podría aparcar.

Aquello estaba vacío, había muy pocos coches, me imagino que la mayoría de los lofts eran de empresa (se veían carteles por todas partes) y pocas viviendas. Aparqué en frente del portal que me había dado y bajé.

Hacía calor, yo iba en pantalón corto vaquero y camiseta. Estaba nervioso, mucho, de aquella tenía muy poca experiencia con otros hombres y en este tipo de contactos. Llamé al telefonillo y me contestó la misma voz que oí por la webcam. Nos saludamos y entré.

Además de nervioso, estaba bastante excitado claro, tenía la polla medio dura y, la verdad, no paraba de tocármela y frotármela. Todo el trayecto en coche hasta allí había estado rozándome el rabo con la mano. Estaba muy caliente.

Subí hasta su piso, aquello parecía un edificio de oficinas, bueno, de hecho lo era claro, cuando iba por el pasillo se abrió una puerta y salió alguien, era él supose. Me acerqué andando y llegué hasta él.

Sí, era él. Era muy alto y grande, me sacaba una cabeza de altura por lo menos. Nos saludamos y dimos la mano (que también era muy grande):
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A los 30 por primera vez

El timbre apenas se escuchó por los ladridos del perro, que atravesó el jardín en unos segundos rompiendo el silencio.

-Creo que han llamado.

La apreciación del invitado no obtuvo respuesta.

-¿No abres? -insistía.

-Calla y sigue follándome -habló Carlos restando toda importancia.

El otro obedeció y siguió clavándole la polla hasta retomar sus gemidos por el placer que las suaves embestidas estaban propiciando. Sus cuerpos ya sudorosos se mecían al compás de los movimientos del mete y saca.

-Vaya, ahora te suena el teléfono.
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Sexo oral en el auto

Hola soy Sandy, soy un chico afeminado con un enorme gusto por travestirme, hace tiempo publique esta misma historia bajo el nombre de danielitaxxx, ahora regreso con mas historias, espero que le sea de su agrado, disfrútenla! Besos!

Era un viernes por la noche, un viernes caluroso a pesar de haber llovido, un viernes de verano sin duda, de esos días en que la tarde y mañana hace un sol insoportablemente irradiante sin nubes, y al final como si tratara de recompensarnos, caía una lluvia efímera pero abundante para de nuevo comenzar el calor.

Como espejos oscilando, los charcos dejaban ver las sombras de edificios y las luces de la ciudad, de manera esporádica los autos pasaban y distorsionaban las imágenes formadas en ellos. Era más de las 9:00 de la noche, me encontraba caminando con la gracia de una chica tratando de evitar los charcos para no mojarme los pies, la calle se encontraba alumbrada tenuemente por el alumbrado público, había sido un día pesado en la escuela, iba exhausta rumbo a mi hogar, vestía un short ajustado y una playera fresca, calzaba converse azules. Sin duda gracias a la lluvia me había retrasado, a lo lejos un auto se escuchaba, poco a poco su motor compacto se escuchaba mas y mas cerca, volteé un poco la cabeza hacia un costado para mirar, el auto venia en la misma dirección que yo, lentamente comenzó a detenerse y exactamente a lado mío se detuvo, era un Honda fit gris, sus cristales negros reflejaban mi sombra obscura y poco clara por la tenue luz amarilla del alumbrado, el cristal más próximo a mi comenzó a bajar dejando ver el interior apenas visible por las pequeñas luces led del auto-estéreo, una silueta apenas visible de una persona se proyectaba en el lado del conductor, en el auto solo había una persona.

–Buenas noches, una pregunta, ¿hacia dónde se encuentra la Avenida central?–exclamo amablemente una voz de un hombre adulto.

–mmmm como a 3 cuadras, luego doblas a la derecha, manejas de frente hasta encontrar el semáforo y esa es la avenida– conteste.

El hombre volteo hacia enfrente como si pudiera ver el camino a seguir, luego volteo a verme, volvió a voltear, tardo unos segundos y volteo a verme diciendo.

–¿Hacia dónde vas?, la verdad ando perdido, te molestaría si me indicas por donde, te dejo donde tú me digas, claro si vas hacia la misma dirección sino no te preocupes—

Tal vez fue su voz, la amabilidad con la que hablo, la noche cálida, o algo que no se, que me hizo aceptar su propuesta, asenté con la cabeza, estiré el brazo hacia la manija de la puerta del copiloto, antes de que mis dedos tocaran su objetivo, la puerta emitió un sonido mecánico, abrí sin problemas la puerta.

–Buenas noches, mi nombre es Julio, me indicas por donde, vale–dijo el hombre mientras me sentaba en el asiento del copiloto y me colocaba el cinturón de seguridad.

El auto comenzó su andar, el interior estaba obscuro, su ambiente era ligeramente templado pero confortable, mientras avanzaba el auto, las luces de alumbrado pegaban una y otra vez por nuestros cuerpos, dejándonos ver por instantes antes de que de nuevo la obscuridad nos invadiera para después esfumarse de nuevo con la siguiente luz que se proyectaba de la cintura hasta nuestras cabezas una y otra vez. Fue la primera vez que pude verlo perfectamente, era un hombre casi calvo, de una edad entre 50 y 55 años, con un cuerpo que no era nada atlético, su panza daba entender lo bien que le trataba la vida, en esos instantes me entró una atracción efímera por julio, me preguntaba que se sentía estar con un hombre maduro, ¿qué prácticas sexuales tendrá?, un sin-número de preguntas eróticas comenzaron a suceder en mi cabeza. El auto se había desplazado unas cuantas calles, cuando le dije que doblara a la derecha, él maniobro con maestría, el coche obedeció y sus ruedas giraron hacia la derecha con suavidad.

–¿Te molesta si hago algo incomodo?, por precaución y seguridad—exclamo Julio.

No había entendido aun la pregunta cuando sus manos pasaron por mi cuerpo, como si se tratase de un cacheo policiaco pero muy light, el toqueteo cerca de mi pelvis y el modo que pasó sus manos por mis piernas esbeltas y mi pequeña cadera hizo encender algo en mi interior, ¡un brote de excitación estaba por salir! muy amablemente me pidió que me quitara el cinturón de seguridad y me inclinara ligeramente hacia delante, lo obedecí sin razón, sus manos tocaron mi cintura por la espalda y el detonante de mi excitación lo dio cuando toco parte de mi trasero y espalda baja.

–Perdóname es que en estos tiempos no se debe confiar en nadie, perdóname en verdad—como si hubiera hecho una ofensa, me pedía disculpas, hasta que se percató que me encontraba excitada.

–No te preocupes, por cierto me llamo Sandy [antes Daniela] — le dije

Julio a manera de respuesta alzo las manos ligeramente y me pidió que lo cacheara de la misma manera, mientras el de nuevo deslizaba su mano sobre mis piernas lampiñas y esbeltas, entonces algo surgió de en mi y lo comencé a tocar por las piernas y abdomen mis manos por segundos rozaron su entrepierna, me percate en un instante que un gran bulto comenzaba a crecer un poco más abajo donde yo tocaba, mi mirada se poso en ese bulto formado.

–¿te gustaría tocarlo? , con confianza puedes hacerlo—me dijo dirigiendo su mirada hacia mí y yo le correspondí mirando a su rostro mientras mis manos tocaban ese bulto que atraves de la tela del pantalón de vestir color negro se sentía enorme y caliente, la expresión de su rostro cambio a un modo de éxtasis total.

–ábrelo si quieres, es para ti –esas palabras hicieron magia en mi interior y comencé a emitir sonidos, gemidos de deseo, me incline un poco hacia él, mi trasero se deslizo un poco en posición contraria, bajé lentamente la bragueta, metí la mano, realicé algunos movimientos dentro y saque lo que buscaba, un pene gordo y algo grande se alzaba a unos centímetros de mi cara.

–anda chúpala, cométela si quieres—me decía Julio mientras su cara se inundaba de placer sin perder de vista la dirección del auto, seguía conduciendo pero ya a una velocidad baja.

Incitada por el momento y al ver ese pene gordo, me lo saboreaba y deseaba tenerlo entre mi boca, así que en el primer ataque de mi boca ¡entró todo! sentí la cabeza del pene tocar mi garganta, retire mi boca lentamente, los hilos de saliva unían mi boca con su pene mientras Julio emitía gemidos de placer. Una y otra vez comencé a comerme ese pene, a manera de sincronización cada 5 o 6 atragantamientos lo lamia desde la enorme cabeza hasta donde la bragueta lo permitía. En cada acto en el donde su pene entraba en mi cavidad bucal yo emitía sonidos de satisfacción que resonaban en mi boca tapada por aquel mastodonte gordo que devoraba.

Julio maniobro un poco sin que estorbara lo que realizaba entre sus piernas, pronto giro y se estacionó. Era una calle solitaria y sin transeúntes o automóviles, con alumbrado escaso, un lugar ideal para lo que acontecía. Julio me tomo de los cachetes con las dos manos, una en cada cache y comenzó a dirigirme con velocidad y agresividad, mis manos se sostenían del borde del asiento y de la palanca del freno de mano. Después de varios movimientos me soltó el cual yo me alce lentamente, mi boca escurría de saliva, su pene se encontraba lleno de saliva, sonreí y él me regreso la sonrisa.

–Regresa a lo que estabas putita, come mas—como obediente ferviente lo obedecí, me volví a inclinar un poco y comencé el ataque. Sin separarse de su asiento Julio comenzó a desatarse el cinturón y con movimientos torpes se bajo los pantalones y el calzón hasta sus rodillas, ahora nada impedía comerme todo, los pequeños vellos que se asomaban como arbustos mostraban ver su edad, se encontraban algunos con apariencia canosa pero eso no impidió que yo siguiera mi labor, al contrario me excitaba la idea de estar con esa persona madura.

Una y otra vez mi garganta era blanco de la cabeza de su pene, un liquido salado comenzó a embargar mi boca pero continúe mi labor, su sabor me incitaba a buscar ese premio que me indicaba que ya no estaba lejos, en cada acto me comía su polla (o verga) de un solo golpe y me deslizaba poco a poco de regreso procurando que mis labios no se separasen de cada delicioso centímetro, una vez que mis labios llegaban a su cabeza la lamia toda y el tomando su pene me daba ligeros golpes sobre mi rostro y lengua, para después iniciar todo de nuevo, así una y otra vez hasta que perdí la cuenta.

Entre gemidos de felicidad y placer tanto míos como de Julio, escuchaba:

–¿Quieres comértelos todos mi mecos?, mi leche será para ti—

Retire mi boca de su pene para contestar con una afirmación e inmediatamente después de contestar embestí con entusiasmo su pene, el cual entro todo en mi boca.

Pasaron algunos instantes, cuando él me detuvo con su mano me sujeto de la frente, con la otra terminaba lo que yo había comenzado, comenzó a realizar los últimos movimientos,, entonces supe lo que ocurriría… abrí grande la boca y saque la lengua lo mas que pude, mientras gemia de placer. De la punta de su pene comenzó a salir tan ansiado premio que salpicó toda mi cara e hizo que cerrara los ojos, las gotas habían caído en mi rostro, el resto caía sobre mi lengua y en el interior de mi boca, Julio no contenía el placer y el éxtasis emitiendo gritos de placer, después de terminar, julio exprimió su pene de abajo hacia la punta para que alguna gota no se quedara y callera en mi boca, abrí los ojos y como autómata lamí la cabeza exhausta del pene ,me trague toda la leche que había caído en mi boca y lengua y me erguí sobre el asiento, con la ayuda de mis dedos recogía las gotas que habían caído a mi rostro para dirigirlas a mi boca donde las saboreaba y luego tragaba, Julio me veía con felicidad pero exhausto. Yo lo miraba con una sonrisa, mientras con mi mano no dejaba de darle masajes a lo que antes había estado en mi boca. Comenzamos a relajarnos mire la calle atraves del vidrio, bajé el vidrio para que entrara aire fresco y mientras lo hacía Julio me dijo.

–Te dejo en tu casa—con lo que asenté con la cabeza, me encontraba todavía excitada, llena de emoción y satisfacción.

Julio se acomodo los pantalones, maniobro, mientras lo hacía me pregunto a donde vivía, lo fui dirigiendo entre las calles hasta que me dejo enfrente de mi casa.

–Gracias—exclame mientras él me preguntaba como regresar a la avenida donde nos habíamos encontrado, Salí del auto, cerré la puerta y me incline un poco para solo para recordarle las instrucciones de cómo encontrar la avenida que buscaba, parecía que todo había acabado cuando Julio se inclino hacia donde me encontraba y me beso, luego con un simple adiós, que nos dijimos mutuamente, el auto comenzó su andar hasta perderse de vista. Nunca mas volví a saber de él.

Mi amigo de paseos

Esta historia comenzó en la mañana de un día cualquiera. Una de aquellas mañanas en las que yo salía a caminar, como cada día, alrededor de la ciudad.
Había coincidido alguna otra vez con un señor, un poco más jóven que yo, que solía caminar a mi lado. Alguna vez él había hecho algún comentario sobre el tiempo, y poco más… Pero aquella mañana inició una conversación un poco más profunda…

-Hola amigo, veo que siempre haces el mismo recorrido…
-Si, es que tengo que caminar cada día, al menos una hora, para mantenerme en forma y tratar de perder algunos kilos…
-Pues si no te importa, podemos caminar juntos, y así vamos hablando. De esta forma el camino se nos hará más ameno…

A mi me pareció una buena idea, aunque ellos me impedia escuchar las tertulias de la radio. Pero no me importó, porque siempre es bueno hacer nuevos amigos.
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Compañeros de Piso

Mi nombre es Santiago y tengo 20 años. Mido 1.68, de complexión delgada, aunque siempre he intentado mantenerme en forma, y tengo un trasero duro y redondito.

A un par de meses de iniciar un nuevo semestre en la Universidad, me encontré en la necesidad de buscar otro lugar para vivir. La casa donde estaba compartiendo con seis chicos más, simplemente dejó de agradarme.

El compartir el día a día con tanta gente llega a ser demasiado cansado. Al inicio era agradable, nos llevábamos bien y, aunque no lo admitiría nunca frente a ellos, me deleitaba con ese desfile de cuerpos semidesnudos, y en ocasiones completamente desnudos, que formaba parte de mi rutina.

Ellos sabían que era gay, pero como nunca hice ningún intento con ellos y, cuando me ponía muy caliente al verlos en pelotas por la casa o masturbándose en el sillón durante el día, calmaba mis pasiones con algún compañero de clase o desconocidos en bares, nunca hubo problema. Claro que había un par de mis compañeros con los que fantaseaba. Tenían un cuerpo bien esculpido y sus pollas eran muy grandes. Cuando me tocaba verlos desnudos, de inmediato llamaba a alguien para que me follara, porque la tentación era muy grande. Si algo siempre me quedó en claro era que no debía intentar nada con un compañero de casa, tan solo para evitarme problemas a la larga.

No fue por esto que decidí mudarme. Era demasiado el deleite de verlos desnudos como para irme solo por esa razón. No. Fue algo más sencillo: en una casa, no tan grande, con seis personas viviendo en ella, nunca te sentías solo.

Quizás por eso eran tan desinhibidos y hasta se masturbaban con uno cerca. Pero a mí no me sentaba bien eso. Era hijo único y nunca había sentido que no tenía espacio personal en mi propia casa.

Así que, alegando que quería algo más cerca de la Universidad, decidí mudarme.

No fue tan fácil como imaginé.

Tras semanas de ver anuncios, contactar caseros y visitar departamentos y habitaciones, estaba casi tirando la toalla.
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Mi primera experiencia homesexual.

Hola a todos,

Soy Mario, tengo 39 años y estoy casado. Con una chica. Si, con una chica. A pesar de ello, desde muy temprana edad tuve mucha curiosidad por el sexo masculino. Recuerdo que mis primeras masturbaciones iban acompañadas con fantasías sexuales con chicos. Después de mucho tiempo de reprimir mis deseos, a los 20 años me atreví a hacerlo.

Al chico en cuestión le conocí en clases de baile. Bailo fatal y pensé que apuntarme a un curso me ayudaría mucho. No fue así, sigo bailando fatal, pero en fin, esa es otra historia.

Recuerdo que se llamaba Julio, era moreno, 1,70 de estatura de complexión atlética. Era muy divertido, gran conversador. Al conocernos quedamos un día para tomar unas cervezas, me caía realmente bien. Nuestra amistad fue creciendo y un día me invito a su casa a ver una peli. Hasta el momento nunca me había planteado que pasara nada. Él sí que lo tenía más claro.

Aquella tarde me presente en su casa, yo iba vestido de vaqueros y polo el al estar en su casa estaba más cómodo con un pantalón corto y una camiseta blanca.
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Unas vacaciones calientes

Como cada año, es empezar las vacaciones e irme a la playa y sentirme totalmente cachondo y salido a todas horas. Dicen que el mar relaja, pero en mi caso debe tener propiedades excitantes porque un cosquilleo ha recorrido mi verga casi de manera constante. Quizá algunos piensen que estoy enfermo, pero en mi defensa diré que llevaba meses sin follar, ya que cuando estoy en Madrid el trabajo y estudios absorben la totalidad de mi tiempo. Además, haber perdido unos kilos y recuperar cierta seguridad que perdí tras cogerlos, ha hecho que me sintiera atractivo y decidido a tirarme todo lo que se me pusiera por delante. Claro que con unos amigos aburridos como los míos, que apenas salen de fiesta limitándome a mí a conocer tíos, hacía que internet y diferentes apps fueran mi único recurso, lo cual por otro lado agradecí, pues estaba dispuesto a probar de todo.

Así, nada más instalarme actualicé viejos perfiles dispuesto a quedar con tíos todas las noches que mis colegas me dejaran libre. Claro que ya se sabe cómo es esto de internet y lo difícil que es encontrar gente con las ideas claras que no sean unos calientapollas que te dejan tirado en el último momento. Esto me ha ocurrido varias veces, si bien no me impidió seguir con mi empeño y desistir harto de tanto descerebrado que siempre me ha rodeado. La primera cosa seria que surgió fue con un maduro un tanto seco que me mandó la foto de su apetecible polla pidiéndome que le enviara yo una de mi culo abierto. Obedecí y le gustó lo suficiente como para querer quedar. Le recibí en mi casa un rato después tras haber “pactado” que llegaría, me follaría y se piraría justo después. El hombre, de unos cincuenta años, se conservaba bastante bien, con un cuerpo delgado carente de grasa, moreno y completamente depilado. Al desnudarse casi sin mediar palabra corroboré el buen tamaño de su rabo, ya algo morcillón, pero que sin embargo, no me dejó estimular con mi boca. Él mismo comenzó a pajearse mientras yo acababa de desnudarme para situarme a cuatro patas sobre mi cama. No dijo una palabra e intuí que ya estaba listo al sentir una de sus manos agarrándome de la cintura. Con la otra se ayudó a clavármela, pues le costó entrar al principio recordándome en ese instante que tendría que comprar lubricante. Sus embestidas se tornaron estables y decididas provocándome tal placer que me hizo olvidar lo aburrido de la situación por monótona, ya que permaneció así hasta que se corrió sobre mi espalda, apurando en ese momento mi paja para descargar poco después. Tal como estaba planeado, se marchó sin más dejándome satisfecho por esa noche.
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Mi vecino motero

Mi vecino de arriba a sido desde que tengo uso de razón el mismo, y de pequeños jugábamos en el parque juntos y tal hasta que la edad nos fue separando. Sé que era un donjuán por que tenía a bastantes chicas detrás suyo y estas no es que fuesen feas, ni fuesen a por el feo. Ya desde pequeño apuntaba maneras y según iba creciendo más aún…. Cosa que ayudo el gimnasio, y la pubertad….

De pequeños sí que teníamos más relación entre los dos por eso de bajar al parque a jugar y ya a partir de los 13-14 años empezamos a distanciarnos. El empezó a salir con chicas y se nota que hacía ejercicio pues empezaba a sobresalir entre los chicos y era un ligón. Os voy a describir como es el no ha cambiado mucho desde entonces. Él es alto de un metro ochenta y pico, más o menos, moreno de piel, ojos verdosos, con el pelo moreno cortito, con barbita recortada de 3 días, y un mentón profundo y sonrisa preciosa. Lo que sí ha ido cambiado ha sido el tamaño de su musculatura en los brazos y en el pecho, estaba como un toro… Así es ,i vecino Cristian.

Hacía tiempo que no lo veía por el bloque, pero un día cuando volvía encontré a un motero que aparcó delante de nuestro portal y se bajó el motero y se le apreciaban unos músculos fuertes y unas piernas definidas sin bello. Y al quitarse el casco, vi que era mi vecino y que tenía un cuerpo follable cien por cien. Y nos saludamos y subimos cada cual a su casa. Paso una temporada sin verle pero al final le volví a ver. Parece ser que tuvo un accidente con la moto porque iba con una muleta en una mano y el brazo contrario estaba roto. Un día cuando subíamos para arriba, se tropezó un poco con la escalera, y acabo dando un resbalón y apoyándose en la pared. En seguida le ayude
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Ni me lo imaginaba

Supongo que voy retrasado, al menos para mi generación. Tengo 21 años y en sexo no tengo demasiada experiencia. Algunas pajillas con un amigo holandés durante el Erasmus y ahora, con mi novia, follo sólo de vez en cuando porque ni tenemos sitio ni a ella parece interesarle demasiado.

También es verdad que la primera experiencia fue un poco decepcionante. Tanto hablar de sexo y al final meterla tampoco fue para tanto.

El caso es que me fui de vacaciones con mis tíos y mi primo de dos años a una ciudad de levante.

Soy bastante tranquilo y me lo pasé bien de playa y saliendo a cenar con mi familia. Por la calle había pandillas de jóvenes casi siempre voceando y medio borrachos y aunque me insistían en que saliera yo a dar una vuelta ir por ahí, sólo no me gustaba la idea. Así que pasaba las noches por el paseo de la playa entre otros cientos de familias.

El apartamento era una planta doce con unas vistas increíbles y sólo estaba separado de la terraza contigua por un cristal translucido. De vez en cuando, dependiendo del viento, se escuchaba a los vecinos, también un matrimonio con un bebé.
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Con un machito

Hace poco, chateando en busca de algo de sexo entre tios, me conecté con un chico de mi zona que buscaba alguien con quién descargar, a poder ser, en su culo o boca. Quería un tío que se la chupase y follárselo por el culo. Él no tocaba ni chupaba ni nada, solo ofrecía su polla.

Normalmente paso de estos tíos, me mola encontrar a otro macho como yo, que le guste chupar y que le chupen, y luego ya surgirá lo que sea en cuanto a encularse, pero no tan restrictivo. No hice mucho caso pero estaba bastante salido y no era capaz de encontrar nada desde hacía días, así que me conecté por skype con él ya que, como mínimo, tenía sitio.

Chateando con él por skype me empecé a calentar. Él me decía que fuese a su casa a comerle la polla y a que me follase el culo. Yo le iba haciendo preguntas y calentando también, diciéndole que le comería los huevos, que se la iba a chupar mejor que su novia… hasta que me mandó una foto de su polla dura. Esto fue lo que ya me decidió. Tenía una polla larga y fina, medio descapullada, pero sobre todo, se le veía muy apetitosa. Me la quería comer.

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