El regreso de Obil

Al despertar, a las siete de la mañana, lo primero que hice fue coger el teléfono y ver si tenía un mensaje, no uno, sino tres:

Primero- una de la madrugada: Primer asalto, estupendo, estoy ya a medio camino.

Segundo- dos y media de la madrugada: Conseguida la meta

Tercero- cinco menos cuarto: Acabo de llegar a casa, extra de tres. Te cuento esta noche, pero se suave conmigo. Tenemos un regalo para los dos. Me acuesto. Besos.

Más que un mensaje estoparecía un telegrama. Frases cortas, palabras precisas pero ni una de más. Estaba cansada, no había duda. La dejaría dormir hasta que llegara, que no sería antes de las tres o tres y media de la tarde.

De todos modos, parece que la cosa había ido bien, porque estaba claro el mensaje. Estaba deseando que llegara la noche y después de una cena suave, una copita de vino y los dos juntitos nos contáramos nuestras aventuras respectivas. Ya acabaríamos como nos apeteciera. No teníamos niño hasta el domingo a media mañana o a media tarde.
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El regreso de Obil

nosotros y nos podemos contar muchas cosas mientras follamos. Porque aunque no te lo creas, después de follar ayer hasta las tantas y con una tía que tiene el clítoris más grande que he visto en mi vida, tengo ganas de follarte a ti y contártelo con mi polla en tu boca o en tu cuño.

-Pues sabes una cosa, yo tengo ganas de que me lo cuentes en esa misma posición, pero si tengo yo también algo que contarte, primero lo tuyo, porque ha sucedido antes y además porque hace más tiempo que no me cuentas nada tú a mí.

-Bien, acepto la propuesta. Ahora te dejo que tengo que hacer un par de llamadas y si seguimos hablando voy a tener que parar para hacerme una paja.

-Ves, en eso te llevo ventaja, yo estoy en la cama, sin tanga y con las piernas abiertas, justo cuando cuelgue me correré, porque llevo un rato haciendo tiempo para no hacerlo mientras hablamos, porque no quiero ponerte a cien mientras conduces.

-Serás cabrona, te estás masturbando mientras hablamos de lo que hice yo anoche y de lo que vas hacer esta noche. Dios, cuanto te quiero, cuanto te quiero. Como me gusta que seas tan puta.
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Clases de salsa

Nos hemos apuntado a un club que tiene de todo, en principio la idea era hacer piscina y un poco de gimnasio, pero a la semana me dijo que le gustaría aprender salsa, salsa?….pero si nunca has querido bailar, ni siquiera en las bodas….pues por eso tonto, ya va siendo hora de que aprenda, además más vale tarde que nunca,…… vale, dije convencido que se avergonzaría el primer día.

Cuando llegó el día y entramos en el parquet comprendí el porqué de su interés, el profesor…….un cubano de unos 28 años, un metro ochenta de altura y que movía su cuerpo como las anguilas, ella se había equipado para la ocasión con una faldita corta, y un suéter con un generoso escote, por el que se podían ver sus maravillosas tetas de talla cien, ponía todo el interés conmigo por bailar correctamente, pero la verdad es que eso no es su fuerte.

A los diez minutos se nos acercó Oswaldo, que ese era su nombre y me dijo, amigo permítame que le de unas clases a su esposa para que, por lo menos aprenda a defenderse en los primeros pasos, por supuesto le dije que sí, la tomó de la mano, y veo que desaparece por una puerta que había en la sala,

Como me había quedado sin pareja, los seguí, y estaban en otra sala pero la puerta tenía miradores de cristal y podía verlos, al principio me daba risa ya que ella ponía sus brazos en el pecho de él, y sacaba el culo hacia atrás como los patos.
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Mi jefe burak khan, su apartamento y yo

Era una locura, pero aquella mañana de inicios de este verano, cuando mi jefe, el dueño del supermercado en el que he entrado a trabajar de interina por primera vez, el viejo turco Burak Khan, me dijo que me invitaba a comer aquel mediodía y a visitar su apartamento en un edificio de la playa de Castelldefels, no supe decirle que no.

Hacía dos semanas que él me había aceptado para cubrir las vacaciones de verano de las dependientas del negocio, aprovechando mis vacaciones en el instituto, y, desde el primer día, como no soy tonta, me di cuenta de las encendidas miradas que el hombre constantemente me dirigía, sin apenas disimulo. Ya me conocía desde hace años, abrió este gran supermercado como franquicia de una conocida cadena muy cerca de mi casa, y mi familia y yo entramos frecuentemente a hacer compras. En el negocio tiene también en la dirección a su hija mayor, Bahar, que hace poco ha sido madre de su primer hijo, el primer nieto de Burak. Es ella la que se queda a cargo del supermercado cuando él se ausenta, como ha hecho hoy.

Precisamente, cuando me he quitado la bata de trabajo y me he dirigido al ascensor que baja al estacionamiento del edificio, Bahar me ha dirigido una mirada sonriente e irónica, he imaginado que ella sabía quién me esperaba en su auto y que probablemente yo no vendría a trabajar aquella tarde.
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El negro de mi hermana: el comienzo

Mi nombre es Julia, tengo 35 años. Soy un ama de casa, puesto que mi marido cobra un sueldo que nos permite vivir desahogados, por lo que decidimos que dada la situación laboral en estos momentos, me quedara en casa. Yo hasta hace 3 años trabajaba de jefa de Recursos humanos en una empresa de limpieza. Físicamente soy bajita, 1.58 de estatura, aunque soy morena de pelo, lo tengo teñido de rojizo, mis ojos son verde oscuro, y tengo un físico, aunque esté mal que yo lo diga, muy bonito, aun sin ser una modelo. Tengo una cintura estrecha, unas nalgas de las que estoy orgullosa, con apenas celulitis de sujetador gasto una talla 110. Estoy casada desde hace 8 años. Vivo en Madrid, desde hace 5 años, y no tengo hijos, mi marido y yo creemos que no es el mejor momento, ya que él pasa fuera de casa la mayor parte del tiempo, a veces durante semanas. Hoy precisamente se ha marchado nuevamente de viaje, ya que es jefe regional de un concesionario y ello le hace estar de reuniones continuamente, por lo que paso mucho tiempo sola.

Precisamente hoy viene a quedarse unos días mi hermana Clara, al saber que iba a estar una semana sola, para hacerme algo de compañía y ayudarme en lo que pueda. La verdad es que me hace mucha ilusión verla, hace un año ya que no nos vemos y tengo ganas de rememorar viejos tiempos.
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Trio interracial

Hasta ahora siempre ha sido Jose el que ha hablado en primera persona, dando cauce a nuestras fantasías, ahora, en cambio, seré yo la que hable en primera persona sobre mis deseos.

Fdo Gema.

Mi marido y yo, como otras muchas parejas adultas, vamos conociendo paulatinamente lo corta que es la vida y la necesidad de apurar hasta la última gota del placer que nos ofrece. Por eso, en materia de sexo, hemos ido probando muchas posibilidades que han ido surgiendo en nuestro camino, dentro de un orden eso si, tratando, como decía, de sacarle el máximo partido a nuestra juventud. Sexualmente hemos practicado en la cama todo tipo de posturas, juguetes, masajes tántricos con mujeres y hombres, hemos follado dejando que nos vieran otros hombres en El Pardo, etc …… e, incluso, hemos compartido cama con una masajista erótica, con la que pasamos un par de horas increíbles, donde su boca logró llevarnos al climax tanto a Jose, aunque Jose no llego a follar con ella. Hemos tenido ofertas para cambios de pareja, para participar en orgias, etc, pero nunca hemos pasado la frontera de lo que nosotros llamamos “lo salvaje”

Me llamo Gema, tengo 40 años. Soy rubia, en buena forma, 1,65 e altura y 55 Kgs. Rubia, de buenas tetas y buen culo. Soy una mujer a la que miraras cuando me veas (si alguien quiere conocerme más, en infidelidades encontrareis muchos relatos sobre mi).
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La tendera de mi barrio

Iba a comprar pan todos los días a su tienda. Y todos los días me fijaba en su escote. Aquella madurita colombiana me excitaba. Sus pechos eran muy generosos y además su manera de hablar era muy sensual. La charla no iba más allá de un coqueteo y lanzamiento de indirectas por ambas partes. Me sacaría por lo menos 15 años pero no me importaba. Aquel escote voluptuoso me ponía a mil.

Poco a poco fuimos cogiendo confianza, nunca fuera de la tienda, pero dentro a veces me quedaba charlando con ella un rato mientras cobraba a los demás clientes y en ocasiones solos también. Yo intentaba disimular mis miradas a su escote, pero era impresionante. Era colombina y su color de piel era muy oscuro. Cabe decir que yo a mis 23 años era el más blanco del barrio y quizás de Madrid, ya que no me he puesto nunca moreno.
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Sexo negro

Tras el apasionado y entusiasta orgasmo vivido en la ducha buscó la compañía del chico. Multitud de imágenes se amontonaban en su cabeza haciéndola sentir todavía cachonda y perfectamente lista para unirse a él…

You think you’re denying me of something

well I’ve got plenty

you’re the one who’s missing out

but you won’t notice

‘til after five years

If you’ll live that long

you’ll wake up

all loveless.

I dare you

to take me on

I dare you

to show me your palms.

I’m so bored with cowards

that say they want

then they can’t handle…

5 years, BJÖRK

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Mi pecado es demasiado hondo para usted

Genaro siente su fortuna a cada paso. Dios ha premiado su fe y devoción con un florido camino de felicidad y buenas sensaciones. Atrás quedaron las dudas y los temores que lo atormentaron en su juventud. Se siente tan feliz y puro que necesita contagiar a la gente de su gozo, ¿y que mejor manera de alegrar la vida de los demás que mostrándoles el sendero del Señor?.

Él siempre le ha tratado bien desde que abrazo su amor. No necesita lujos ni comodidades. Vive en una burbuja de felicidad en medio del sufrimiento mundano pero está convencido de que quien sufre es porque lo merece. “Los caminos del Señor son inescrutables y que no tengamos la capacidad de comprender algunas cosas no puede hacer que se tambalee nuestra fe”.
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En la oficina de correos (II)

No me lo podía quitar de la cabeza. Aquel polvo en la oficina de correos había sido… espectacular. Por la noche no pude dormir, no sólo por dolor que tenía en mi vagina, sino por el deseo de ser penetrada de nuevo por Ibrahim. Necesitaba de nuevo su poderoso miembro en mi interior. ¡Aquello había sido algo fantástico que necesitaba repetir como sea!

Mi marido estaba acostado a mi lado y seguramente mis continuos movimientos en la cama lo despertaron:

¿No puedes dormir? –me preguntó-

No. Aun me duele. –Le contesté sin querer confesarle toda la verdad-

¿Te gustaría follártelo de nuevo?

Aunque no lo veía en la oscuridad de la habitación, supuse que en su pregunta había la misma lascivia que yo sentía al recordar a Ibrahim.

No lo sé –mentí-
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