CUATRO HERMANAS. Cap. 13. Celebrando mi cumpleaños

Mis sobrinas Isa, Yolanda y Macarena organizan una orgia/cumpleaños para mí con la sola participación de mis cuatro mujeres. Ellas se encargan de diseñar la actuación, el vestuario de sus mamis y de grabar en video la orgía de mi 54º cumpleaños.

Fue un domingo de julio, empezamos por la mañana yendo a una playa donde nadie nos conociera y se hiciera toples. Allí fue mi primera sorpresa al encontrarme con mis cuatro mujeres maduras y barrigonas enseñando las tetas por primera vez en su vida.

Todas excepto Mariana, la mayor, las tenían gordas y tiesas. Pero ellas no se cortaban jugaban a las paletas enseñando sus ubres entre jóvenes pivones sin darles corte. Eso me hizo calentarme por primera vez en el día.

Luego me hicieron que les untara crema solar por todo el cuerpo y allí estuve magreando sus carnes maduras, sus piernas, sus culos y sus tetas blancas como la leche.
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Una mera espectadora-

A veces, muchas veces, ni siquiera sabes el porqué pasan las cosas, solo pasan. Puedes ser espectadora o personaje, a veces ambas cosas a la vez. Estás allí, parada o activa, depende del papel que te toque representar en ese momento. Pero el hecho es que estas.

En aquella ocasión, como en otras, me consideraba una mera espectadora. Casi escondida en la oscuridad, como si no quisiese estar allí pero deseando estarlo.

Podía, desde mi palco creado, contemplar la escena casi sin rubor. Al menos sin sentir esa comezón en las mejillas que te avisa cuando algo te estimula.

Tomaba sorbos de mi copa mientras mis pupilas abiertas se recreaban en el escenario improvisado, en la obra representada solo para mí.

El sonido me llegaba como lejano, como amortiguado por el escai de los sofás, suavizado por la dulce melodía que envolvía al silencio.
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Mis amigos de la escuela II

La relación con Perla no cambio en lo más mínimo, Javier era el que quería estar todo el día con acosándola, pero después de que ella le aclaro que solo había sido un juego, ellos se hicieron más amigos.

Faltaban un par de días para celebrar el cumpleaños de Fernando. Montse y Dalia no se enteraron de la fiestecita previa que le organizo Perla a Fernando un día antes, así que las cosas seguían normal con ellas.

Javier era el más emocionado con celebrarle el cumpleaños a Fernando, ya que quiera repetir la experiencia con Montse y Dalia, pero yo estaba algo escéptico en que ellas se prestaran para ese tipo de celebraciones. Ellas eran el polo opuesto de Perla, solo eran las mejores amigas porque las tres tenían el mismo nivel socioeconómico y porque eran amigas desde la primaria.

Fernando no se metió en la organización, y como era mi costumbre, me mantuve al margen hasta el día de la fiesta.

Ese día en la hora del receso cuando estábamos almorzando Perla llego a nuestra mesa, venia algo contenta.

-¿Y si invitamos a Fredy?- llego diciéndole Perla a Fernando.
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Orgia en el WC de los grandes almacenes

El orín de JJ se derrama torrencialmente sobre la blanca cerámica y la satisfacción de vaciar su hinchada vejiga se pinta en su cara. No ha terminado todavía de evacuar todo el amarillo líquido y percibe que en el urinario contiguo a él se ha colocado un individuo. Lo mira por el rabillo del ojo y lo que ve no le desagrada por completo: un chaval de veintipocos años, de cabello moreno, guapetón, delgado, no muy alto, con un pequeño “percing” adornando su labio… Como si fuera un movimiento reflejo, el sevillano baja la mirada hacia la zona del cuerpo del veinteañero que está introducida en el meadero y sus ojos captan sorprendidos algo que no se esperaba: el chaval está empalmado. Si esto no fuera suficiente para darle entender que allí había tema, ve como sus manos acarician un majestuoso pene de no menos dieciocho centímetros de largo, aunque más que acariciarse, el muchacho lo que hace es masturbarse descaradamente.

Es subir la mirada y siente como ésta es perseguida por los ojos del chico, el cual le saluda con un guiño. Como si de una enfermedad contagiosa se tratase, ante la visión del tieso cipote, la polla de Juan José crece de manera descompasada. Con la osadía propia de su edad, el joven deja más a la vista su miembro con el único cometido de provocar, más aún, al hombre que tiene junto a él. Sin pudor alguno, este alarga la mano y aprieta suavemente el enorme falo entre sus dedos. Una mueca de placer se dibuja en la cara del joven, quien remeda su acto, alcanza el tieso nabo del cuarentón y lo agarra con fuerza. Cuando se quieren dar cuenta están pajeándose mutuamente.
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La despedida (completa) *extra

Capítulo 1: Reunión de conocidos

A finales del 2002, Juan terminaba su tercer año de la carrera de abogacía, en una de las universidades privadas más prestigiosas del país. Juan había aprovechado su tiempo libre para mezclarse en el mundo político de la universidad. Formó un grupo universitario y ganó las elecciones de consejo estudiantil, ante el asombro de sus competidores, los cuales eran de niveles superiores y tenían mayor experiencia.

Juan trabajó arduamente en su plan electoral y campaña, sus proyectos fueron un absolutamente novedosos y de gran aceptación. Como parte de su plan de trabajo realizó una incansable búsqueda de alianzas, con diferentes grupos interdisciplinarios de la universidad. Una de aquellas alianzas en especial, le permitió asegurar la victoria.

Contactó a uno de los grupos más importantes y poderosos en la universidad. Dicho grupo estaba compuesto por aquellos estudiantes hijos de distinguidas y acaudaladas personalidades del país. La agrupación presentaba una fachada principalmente religiosa, pese a que Juan no profesaba ninguna religión, le pareció que una asociación de este tipo podría ser una jugada muy inteligente. Esto debido a que la universidad, en la que estudiaba, tenía claras inclinaciones religiosas. Sin duda, la asociación de aceptarse, podría significar entre el triunfo y la derrota.

Juan fue capaz de convencer a la organización estudiantil, pese a que él era prácticamente un desconocido en estos medios político. La única condición, que puso el grupo, fue que ellos escogerían el candidato para presidente. El resto de cargos se repartirían, entre Juan y su equipo. Esta idea disgustó por completo a Juan, pero al final dejaría de lado completamente sus intenciones de ser presidente. Aceptó la propuesta por dos razones: primero porque aún le quedaban un par de años de estudio; dos porque escuchó rumores que la candidata elegida por la organización sería Fernanda. Una hermosa e inteligente mujer, a la cual Juan admiraba y deseaba demasiado. Las posibilidades eran innumerables teniéndolo a él como vicepresidente.
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Emputecimiento en el campo 7

Marcela despertó en su cama, sacudida por Don Pancho – Despierta putita, despierta – Marcela no reaccionaba, estaba medio mareada luego de las dos intensas sesiones de sexo, una en el establo con Don Pancho, el veterinario, compadre de su papá, Don Mariano, y su hijo Leonardo y la segunda con los seis amigos junto con Mario y Remigio, eso sin contar la mañana con Don Pancho en la que aprendió a tragar hasta el fondo. Estaba cansada, medio mareada hasta balbuceaba algunas palabras sin sentido. Don Pancho para despertarla empezó a meterle dos dedos en la concha que la tenía muy irritada así que por el dolor mas que por el placer despertó sujetando la mano de su amo y arrugando el rostro en claro signo de dolor. Déjame ver – ordeno Don Pancho. Levántate que la noche recién comienza, quiero que te laves y te pongas bonita – y la llevó a la mesita del cuarto donde encontró una esponja, jabón, toallas y una batea de metal con agua, luego sacó del cajón el vestido floreado que le quedaba a media pierna y ordenó – ponte esto, apúrate, ya vengo – y abandonó el cuarto.

Marcela con poco ánimo tomó la esponja y el jabón y empezó a frotar su cuerpo frente al espejo que colgaba de la pared. Mientras limpiaba lentamente su cuerpo se maravillaba como tenía semen reseco en partes insospechadas; esperaba encontrar semen en el culo y concha (lugares donde metió con dolor varias veces los trapos húmedos) sus pechos eran lugares de abundante esperma donde se habían formado como costras o escamas blanquecinas resecas, el rostro era como una máscara de caspa reseca y su lengua y paladar estaban pegajosos y ásperos; pero la oreja, los pies, la nuca, no sabía cómo había llegado hasta ahí y lo que es peor no sabía de quienes eran.
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Gangbang para mi novia

Somos una pareja joven 33 y 34 años, de buen ver, bastante viciosa, nos gusta mucho el sexo y que nos acompañen en nuestros juegos sexuales, tenemos alguna experiencia en tríos HMH y HHMH, es lo que más nos gusta, más que el intercambio o trio con un chica, a mi me encanta verla disfrutar, ver como entra otra polla en su coñito, los orgasmos que tiene, es multiorgásmica y no para de correrse… Además nos es fácil, encontrar chicos por internet, ella está muy buena y tenemos algunas fotos de ella desnuda que enviamos y los chicos se vuelven locos con su cuerpo y quieren quedar enseguida para follársela… Le quiero preparar un gangbang, busco unos 5 o 6 chicos, algunos de color seguro y todos con una buena tranca. Buscando en webs de contactos, encuentro a un Chico negro con una polla enorme, dice que ha sido actor porno y que calza 25cm i una anchura descomunal por lo que se ve en la foto. Creo que en la boca de mi novia costará de entrar. El Chico pide una ayuda económica y me parece bien el precio, 100€ una hora. Decido enviarle un mail para contactar y explicarle lo que deseo.

Le digo que le quiero preparar a mí novia un gangbang con unos 5 o 6 chicos, le digo que es muy guarra y muy puta, dice a todo que sí, sexo anal, dobles penetraciones, le gusta que la traten con dureza y con algunos azotes, que le digan lo puta que es… Está muy buena, un cuerpo perfecto, joven, una cara angelical, completamente depilada y muy hermosa, esta delgadita, 1,60, unas buenas tetas, no muy grandes pero perfectamente colocadas, un cinturita pequeñita, un culito que dan ganas de penetrarlo, un chochito perfectamente depilado con unos labios que dan ganas de chupar, unas piernas y unos piececitos preciosos… Le mando una foto de mi novia desnuda sin rostro para que vea lo buena que está.
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Una tarde con la webcam.

Todo empezó de la manera más tonta. Era una tarde de jueves, cuatro amigos en casa, una pareja una amiga y yo. Bebíamos y contábamos historias sobre nuestras vidas. La tarde noche parecía abocada a terminar en un “Ya es tarde, nos vamos”, hasta que la pareja nos contó cómo se habían conocido. “En una web de exhibicionismo”, comentó ella entre risas. No supimos qué decir, pero obviamente teníamos mil preguntas.
Yo tenía 23 años y necesitaba dinero para pagarme la carrera. Me exhibia por monedas, que luego se transformaban en dinero real. Juan fue uno de mis mayores fans y siempre terminaba haciendo un privado con él. Y un día nos conocimos en persona y surgió la chispa. – dijo Carmen.
Juan se acercó a ella y le dio un gran beso entre risas.
¿Y con ese dinero te pagaste la carrera? ¿Tanto ganabas? – Preguntó su amiga Marina.
Sí, era muy buena y no se si recuerdas, pero por esa época no salía mucho… esa es la explicación…
La verdad es que era muy ardiente y la esperaba todas las noches con el dinero y mi polla preparada. – dijo Juan.
Eso explicaba todas las noches que mi amigo se iba corriendo a casa y esa “novia” misteriosa con la que hablaba siempre por Internet.
¿Y qué web era? A lo mejor yo también pagué tu carrera… – comenté.
Todos rieron y Carmen se sonrojó un poco.
Ya no creo que exista, aunque podemos mirar… – agregó bebiéndose su copa de un trago.
Acerqué mi portatil y le dejé que entrase en Internet en busca de la “misteriosa” fuente de sus ingresos. Pronto apareció una web llena de cámaras donde chicos y chicas se mostraban desnudos y en posición sexual sin ningún pudor.
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Sola en una boda

David, un antiguo amigo del colegio de Luis se casaba. Les había invitado a él y a su novia Sara al evento que tendría lugar a principios de verano.

La propia semana del casamiento a Luis se surgió un imprevisto por el cual tendría que cubrir una urgencia y trabajar todo el fin de semana. Como se suele hacer en estos casos, y lleno de pesar, llamó al novio para informarle sobre su ausencia.

David no podía admitir el desplante, e insistió para que fueran hasta la saciedad. No había forma de cambiar sus obligaciones laborales, así que, cediendo ante la insistencia de su viejo amigo, Sara iría a la boda en representación de ambos. Total, los cubiertos estaban ya pagados y no les iban a devolver el dinero a los novios.

Sara no cogió con mucho agrado la noticia, y tras algunas pequeñas rencillas con su pareja, decidió ir. Así al menos sacaría partido al vestidito azul, corto en forma de palabra de honor y anudado al cuello por un cordel que se había comprado para la ocasión.
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Una noche loca

Todo comenzó cuando tenía 19 años. Mi novio acababa de dejarme por otra. Mis dos mejores amigas me consolaron y para animarme me propusieron salir de fiesta, a emborracharnos y a zorrear. Yo, despechada, acepté sin pensarlo mucho. Me puse el vestidito con la minifalda más corta y el escote más amplio que encontré en mi armario, un tanguita negro muy sexy, unos zapatos de tacón y me maquillé y peiné lo mejor que pude.

No fuimos a la discoteca a la que solíamos ir, sino a otra más grande, con fama de haber siempre gente buscando tema. Bebimos unas copas y cuando empecé a sentirme borracha me arranqué a bailar. Un chico alto, musculoso y bastante atractivo se puso a bailar a mi alrededor, mirándome. Yo le guiñé un ojo y sonreí, como dándole permiso para acercarse más. Se puso detrás de mí, colocó sus manos en mis caderas y empezamos a movernos juntos. Estaba claro que, más que bailar, se estaba restregando contra mi culo. No tardé en notar su erección entre mis nalgas, y eso me puso caliente.
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