Mi primera experiencia con un arnés

Resoplaba como un búfalo después de pelearme como una manada de leones hambrientos, mi abdomen estaba lleno de mi propio semen y el culo me ardía como si hubiese pasado por allí un convoy del metro y mis ojos estaban cerrados porque mi corrida no había sido de este mundo y mi orgasmo me había sacudido hasta las ternillas de mi orejas; pero perdonar que no me haya presentado y que comenzase por el final, me llamo Joan y un tipo normal, que le gustan las cosas normales, que tiene aspecto normal, vamos, alguien que por la calle no llamaría la atención de ninguna manera; quizás lo único que podría parecer que no es normal es que soy árbitro de rugby y en mi vida “normal” mando sin que nadie pueda replicarme y por eso en mi otra vida busco otro tipo de experiencias que sean radicalmente distintas a las mías.

En una de las revisiones de la federación, una bendita lumbrera sugirió que deberían hacernos un examen de próstata y a pesar de las consecuentes protestas de los más machotes, al final no hubo problemas y todos pasamos por el dedo de en mi caso uróloga, no voy a entrar en detalles de mis resultados médicos pero si puedo confesar que sentir ese dedo hurgando dentro de mi creo una necesidad de probar cosas más potentes que un simple dedo que apenas entraba cinco centímetros.
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Matrimonio Obligado: Interludio

Los meses siguientes a la fiesta familiar fueron de gran intensidad. Armand me introdujo en los negocios de la familia, que eran muchos y variados.

Aprendí el valor de una vida humana. Aprendí cómo la familia trabajaba y cómo prosperaba. La lección era simple: O comes o te comen. Y en esta tesitura, prefería comer a ser comida.

Empecé acompañando a mi marido a varias reuniones para, cuando pasaron un par de meses, dar alguna idea oportuna. Por supuesto todos sus hombres me miraron y después le dedicaron una mirada interrogante a Armand. Él sopesó rápidamente que mi idea era buena, y asintió calladamente con la cabeza.

En otra ocasión me enseñó a disparar un arma. Fuimos hasta un club, lejos de la ciudad, donde pude ver que habían colocado varias dianas en distintos puntos, de metal. Me situó en una de aquellas curiosas casillas individuales con sus paredes y su tabla donde me esperaba una cajita llena de balas doradas.. Me dio una pequeña arma que entendí que era una Sig Sauer P230, un arma pequeña y manejable, niquelada y con cachas blancas. Me enseñó a empuñarla, cargarla, verificar el seguro, la corredera, montarla y, finalmente, disparar. Dios, aquello me encantó. Disparé el cargador entero y sentí la adrenalina correr en mí, y me excité. Mucho. Le pedí otro cargador y volví a disparar.
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Dulces artesanales

Bajo el sol intenso de las dos de la tarde, Estefanía conducía en línea recta a través de la vasta llanura. Afuera, la pampa parecía infinita. Dentro de la cabina del Honda Civic la potencia del aire acondicionado anulaba el calor húmedo y agobiante del exterior. De todas formas la mente de Estefanía ardía producto de los insidiosos comentarios de su madre, Rosa, que viajaba a su lado. Del asiento trasero provenían los aullidos provocadores de los niños que parecían ensañarse con ella toda vez que la percibían debilitada o a punto de perder el control. Estefanía se preguntaba una y otra vez en qué momento pudo haber pensado que irse de vacaciones al campo, con los mellizos y con su madre, podría haber sido una buena idea. Ellos eran su familia, sí; su única familia. Pero el sentido de aquella palabra se le desvanecía entre los dedos.

-Quiero preservar a mi familia- le había dicho Sergio, sin pelos en la lengua, luego de informarle que se marcharía a España para siempre con su verdadera esposa y sus legítimas hijas; su verdadera familia; su única familia. Entonces Estefanía se acarició el vientre con ambas manos, como queriendo recordarle que los mellizos que crecían allí también tenían algo que ver con él; que a pesar de todo también eran su familia. Que a ella podría abandonarla, pero que eso no cambiaba las cosas respecto de la paternidad… Pero no pudo decir una sola palabra. Apenas derramó dos lágrimas pesadas mientras frotaba su vientre en círculos lentos y autocomplacientes.
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Rompiéndole el culo a Mili (31)

En el camino Guille y Mili se despertaron un par de veces, más bien Vane, tras dejar sentado su mensaje, mejor dicho su nuevo chantaje, se durmió nuevamente. No hubo mayores contratiempos… solo en mi mente por lo que dijo Vane.

La casa de Mili estaba más cerca, así que la deje ahí y mientras me despedía cariñosamente de ella, volví a sentir la mirada de Vane clavada en mí, deseando ella que me la volviera a clavar seguramente… esperaba que Guille no lo notara… luego fuimos a la casa de Guille, pensé quedarme ahí y que el llevara a Vane… pero ella dijo que había descansado y que podía manejar sola a su casa…
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Sexo anal en un baño publico

Me llamo Elizabeth, tengo 41 años, alta de 1,71cm, tez trigueña, pechos normales, buena cola. Tuve pocos novios formales. Mi novio en ese momento se llamaba Eduardo, morocho, alto, flaco.

Siempre me decía que le volvia loco mi cola, le encantaba verme vestida con ropas ajustadas, Hasta ese entonces yo me vestía lo mas cómoda posible es decir con ropas holgadas lo que hiso que me viera mas en el espejo y comprobara que realmente tenia buen cuerpo y me gustaba mostrarlo.

Un Jueves me llama y me dice que a la noche fueramos a cenar y luego a bailar y que me vistiera muy sexy. Esa tarde estuve como loca viendo que me iva a poner. Llame a mi mejor amiga Laura le comente de mi salida y me acompaño a comprar. Me compre un vestido negro bien ajustado y corto, una tanga hilo dental negra, medias haciendo juego con la lencería. Laura me dijo “ guau vas a estar increíble esta noche, si fuera hombre te comería jajaja). Nos despedimos y me fui a mi departamento.

Eran las 21hs de la noche, me bañe y luego me vestí. Realmente me quedaba rebien el vestido realzaba mis tetas y mi cola. A las 23hs paso a buscarme Eduardo , apenas me vio quedo paralizado.
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Mi primer encuentro por internet

La historia que les voy a contar, como dice el título, es acerca de la primera vez que me encontré con un hombre totalmente desconocido que saqué de internet. No sé si es una historia que va a deslumbrar a alguien, pero al menos en mi vida fue algo que vale la pena recordar en lo que a sexo refiere, y me gustaría contarlo.

Sé que es común describirse en los relatos así que les comento un poco: me llamo Camila y vivo en Buenos Aires (Argentina), hoy en día (febrero de 2016) tengo 25 años. Soy supuestamente “alta” para ser mujer, mido 1,73 m. y peso 55 Kg., en otras palabras, soy bastante delgada para mi altura aunque no es porque no coma, de hecho cuido mucho mi cuerpo sin comer comida chatarra y hago mucho ejercicio todos los días. Tengo el pelo largo y de color castaño, ni muy oscuro ni muy claro, simplemente castaño, y soy de tez más bien blanca aunque generalmente como me gusta mucho ir a la playa en el verano y soy de quemarme fácil, estoy gran parte del año con un cierto bronceado. Tengo ojos de color celeste, aunque la verdad es que a veces se ven oscuros, depende mucho de la luz, por lo general se nota bien el tono celeste. Respecto a mi cuerpo, ¡creo que tengo que agradecerles mucho a mis viejos! Tengo tetas grandes, no exageradamente grandes pero si de un tamaño con el cual estoy muy feliz, y buena cintura que hace que mis caderas se vean muy bien, del ancho perfecto creo yo. Como voy al gimnasio regularmente tengo buena cola en general. No tengo tatuajes ni piercings aunque ahora estoy pensando en un tatuaje para la parte baja de la espalda.
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Indecencia al Alba

Ella es rubia de bote, de unos 47 años. Tiene muy buen físico para la edad que tiene. Pecho bastante grande aunque algo separado, pero lo que más destaca es su culo, sin duda. Poco sé de ella, sólo alguna de sus aventuras amorosas. Pese a que poco he tratado con ella, es de esas personas que no es difícil hacerle el perfil. Creo que es perfecta para mi fantasía. Ella trabaja en un bar, con horario intempestivo. Muchas veces agobiada por la soledad y el lento pasar de las horas. Sobretodo a primera hora de la mañana, cuando para ella ya significa la mitad de la jornada. Lina es una persona bastante impulsiva y no muy centrada mentalmente. Debo ser directo, darle el mínimo tiempo posible para que se lo piense.

Hace mucho que no la veo, pero estoy seguro de que se acuerda de mí. Esta semana iré todos los días a su bar. No voy a plantearle nada de momento, necesito acercarme un poco, no mucho, pero lo justo. Quiero que mi proposición le coja desprevenida. Y cuando se la haga, tendrá unas horas para decidirse y luego tanto si acepta como si no, no me volverá a ver jamás.
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Rompiéndole el culo a Mili (26)

En la cabaña había dejado a Guille sumido en pensamientos, quizás en dudas por lo que vio. ¿Estaría sospechando?¿se le habría antojado la misma situación?… o quizás la imagen de verme amarrado quizás le trajo a Guille recuerdos de su depa, cuando Vane era la amarrada.

– Guille, me llevas a mi casa por favor… le había pedido Vane avergonzada en aquella ocasión.

Guille bajo con ella al estacionamiento. Vane estaba nerviosa, contrariada, por momentos temblorosa, había sido una terapia de shock la que se le impuso. Por momentos lucia ida, Guille quería direccionarla al auto o quizás confortarla con su mano en su hombro… pero Vane reaccionaba huyendo.

Evidentemente Guille al notar lo turbada que estaba también sintió remordimiento, lo audaz que sonó aquel engaño para neutralizar a Vane, también tuvo consecuencias. Solo habíamos pensado en como bloquear sus chantajes, pero no se nos ocurrió como reaccionaria, como la afectaría. Olvidamos que a pesar de todos sus arranques, Vane también tenía sentimientos.

Subió al auto, Vane por instinto se sentó detrás… quizás acostumbrada a que cuando ella no manejaba, lo hacia el chofer de la familia, un mestizo como Guille. Esta vez el entendió la situación, no se molestó, solo le pidió amablemente que lo acompañe adelante, total más de lo que le hizo en el departamento no le podía hacer ya en el auto.
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Con el culo roto por una apuesta.

Comenzare este relato diciendo que todo lo sucedido es totalmente cierto, sino lo quereis creer ya es cosa vuestra.

Creo que deberia comenzar por el principio, mi nombre obviamente no lo pienso decir, digamos que me llamo Angel, tengo 19 años, mido 1,75 y peso 71kg. En cuanto a mi forma fisica diria que es atletica por que me gusta bastante la natación y el gimnasio. Dejemos de hablar de mi y hablemos de la que ahora mismo es mi exnovia pero en su momento fue novia, Paula. Ella es una chica pequeñita, medira cosa de 1,65 y pesara unos 50kg, tiene 19 años, igual que yo, media melena rubia (de bote), ojos marrones, la verda des que me parecio y me sigue pareciendo una chica monisima y aun que esta plana como una tabla de planchar lo compensa con un culazo de infarto.

El relato sucedio durante el mes de julio del 2015, es decir, este verano pasado. El tema es que por razones de trabajo de mis padres estaban viviendo en nuestra casa del pueblo, por que a ambos les pillaba más cerca de sus respectivos trabajos, asi que yo vivia practicamente solo en nuestro piso en la ciudad (no dire que ciudad, solo que esta cerca de Madrid). Recalco el practicamente por que una vez a la semana venian a casa para ver como estaba y demás.
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Desfloración anal

En los primeros tiempos de mi relación con Leonardo, me sucedió otro asuntico que me gusta recordar, porque me dejo un gustillo a desquite, además de algunos merecidos beneficios.

La necesidad, algunas veces, la convierte a una en una mujer fácil, pero “la vida es así, no la he inventado yo”, como dice la canción.

Resulta que… en la empresa donde trabajamos Leonardo y yo, los ejecutivos (mí Leonardo, es uno de ellos) tienen la autorización -desde que son admitidos o incluidos en nómina- para practicar la cacería de subalternas como parte de su paquete de beneficios contractuales -digo yo- por la intensa devoción que suelen poner en el asunto…claro está, que esta actividad cinegética se suele practicar con fines meramente sexuales, aunque no siempre… hay peores motivos.
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