El enigma de mi profesora

Esta experiencia real me ocurrió a los 18 años, ya trabajaba a tiempo completo y estudiaba en un instituto nocturno que se llamaba INBAD para sacarme al menos el BUP. Acudía 3 días por semana a estas clases nocturnas, teníamos dos profesoras en clase, yo era el alumno mas joven con diferencia…

A una de las profesoras, le caí muy bien, me hacía más seguimiento y me prestaba más atenciones que al resto de alumnos-as, supongo que por ser el más jovencito de la clase. Esta mujer que entonces rondaría los 40 años, no tenía ningún atractivo físico apreciable, vestía muy informal con ropas de épocas pasadas, siempre muy holgadas y que no le quedaban bien, una melena bastante descuidada y desarreglada, unas gafas de mucha graduación nada bonitas y en clase nunca le vi trazos de ningún maquillaje, como os decía, no mostraba ni se percibía ningún atractivo. Lo que si destacaba en ella, era una voz preciosa y su agradable forma de ser, aunque bastante tímida y retraída, era muy amable con todo el mundo y realizaba su trabajo de forma admirable.

Tras un trimestre y unos exámenes bastante flojos, me pidió que me quedara al finalizar una clase para charlar conmigo y se ofreció a darme clases de refuerzo si yo estaba dispuesto a esforzarme un poco más, mi trabajo no me dejaba más opciones que los fines de semana… me costó aceptar, creo que por pereza, aunque puse excusas de que trabajaba toda la semana y que necesitaba descansar, bla bla bla…pero al final acepte, aunque no con mucha convicción, no fui capaz de decirle que no, esa forma de hablar que tenía me seducía enormemente y lamentaba que detrás de ella, no habría una mujer atractiva, siempre me sentí muy atraído por mujeres bastante mayores que yo.
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Las Empresarias

Elena y Claudia son dos cuarentonas que tienen una tienda preciosa en La Coruña, son dos mujeres simpatiquísimas, muy activas, me encanta ir a visitarlas, cuando lo hago, suelo ir a última hora de la tarde y salimos a cenar y hablar de moda hasta altas horas de la madrugada.

Román es una persona muy inteligente, desde que se jubiló hace un par de años no deja de sacar al mercado productos nuevos, muy talentosos. Yo conozco más a su hijo, menos creativo que su padre, pero un excelente comercial, paso de su trabajo vendiendo seguros a patentar los desarrollos de su padre y ganar mucho dinero

La historia que les voy a contar me horroriza, pero es la cuarta vez que la oigo y he decidido escribirla, la he escuchado desde cuatro puntos de vista, el de Caludia, el de Elena, el de Roman y el de su hijo y la he querido recrear para guardarla para la posteridad. Me llamo Daniel, me gano, muy bien la vida representando a cuatro empresas del mundo de la moda, pero no de esas horribles tipo Zara que copan el mercado de productos fuera de gusto y tejidos horribles, yo represento a las mejores y tengo clientes en las principales ciudades de España.
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Una doctora muy cachonda I

-Hoy fui al centro médico de mi ciudad para realizarme un chequeo que me pedían para entrar en el trabajo de mis sueños, para eso pedí cita con mi médico de cabecera de siempre. Al llegar allí la recepcionista me cuenta que está de baja pero que otra doctora está atendiendo por él, yo le respondo que no hoy problema y me siento en la sala de espera. Cuando se abre la puerta y oigo mi nombre veo que la doctora sustituta es mi ex-pediatra Carmen, una mujer de unos 45 años, con un cuerpo increíble para su edad. Ella me invita a pasar y me reconoce al instante.

Carmen: Hola Pablo, ¿Cómo te va? No te veía desde que tenías 16 años.

Pablo: Muy bien, ya acabe la universidad y ahora estoy a punto de empezar a trabajar.

Luego de una pequeña charla me dice que me quite la ropa menos los calzoncillos y me manda subirme a la báscula.

Carmen: Mantente recto que voy a pesarme y a medirte.
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Isabel – I Parte

Hoy les voy a contar la historia de una mujer, que tuvimos trabajando hace unos meses Marisa y yo en nuestra casa de putas y que ella misma nos contó. Voy a narrarla como ella lo hizo en primera persona, seguramente dado lo largo de la historia me ocupe al menos dos capítulos si no son tres al final. La historia comienza así:

Voy a contarles mi historia de cómo he llegado a la situación en que me encuentro y las vicisitudes que hicieron que esto pasara.

En primer lugar les diré que soy una mujer de 50 años, y que a pesar de mi edad aún tengo la regla y por tanto estoy en periodo de ser fértil, quizás no se me haya retirado a mi edad (como a otras mujeres) porque la verdad es que mi primer periodo me llego bastante tarde, cuando ya todas mis amigas llevaban cerca de dos años o más teniendo la regla. Estoy casada, (bueno digamos que estaba pues ahora no estoy con mi marido, cuando lean la historia comprenderán porque) y por aquel entonces cuando ocurrió lo que les contaré más adelante tenía un hijo, aunque él fue el tercer parto, pues los otros dos murieron al nacer en el parto. A pesar de mis tres partos y de mi edad, soy consciente de que por aquel entonces hace 6 años me mantenía bastante bien y que mi cuerpo a pesar de todo lo que he pasado desde entonces, es aún apetecible a los hombres (como me lo demuestran las miradas y cosas que me dicen algunos al pasar a su lado). Mido 1, 72 de altura y mis pechos son bastantes generosos al igual que mis caderas, pues uso una talla 150 de sujetador y las bragas me gusta usarlas normales y su talla es la XL, la cintura ya no es la que era, pero aún se la vislumbra un poquito su forma y porque no decirlo con la edad y los partos tengo un poquito de tripita. Soy una mujer normal y no creo destacar mucho de las demás mujeres de mi edad aunque de joven era considerada como una de las chicas más bonita de mi pueblo y la verdad que aún con la transformación que mi cuerpo ha sufrido por la edad y los partos aún conservo algo de ese atractivo que tanto gustaba a los chicos cuando era joven.
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Nueva vida en Barcelona

Inicie mi viaje a Barcelona, a mi nuevo trabajo, como decía mis padres a un trabajo de verdad, no como os que había tenido hasta entonces, durante mi etapa universitaria. El viaje se me estaba haciendo larguísimo, pero no por los kilómetros, si no por el cansancio de lo vivido en la noche anterior. Lo que me llevo a tener que hacer una parada más larga de lo esperado. Durante esa parada me dio tiempo a pensar en mi nuevo trabajo, como seria, la gente que me encontraría allí, pero también me llevo a pensar en mis tíos, que para mí eran un misterio, me preguntaba si encajaría con ellos.

Por fin y después de perderme por Barcelona, llegue a la casa de mis tíos, era una buena zona de la ciudad. Aun con la parada y el rato que anduve perdido, llegué antes de la hora. Una vez que logre aparcar, saque el equipaje y llegue al portal, donde me paro un portero que me paro rápidamente, de forma hosca me pregunto que a donde iba. Le dije a donde iba y su respuesta fue que los señores no estaban. Le conteste que era su sobrino, entonces su cara cambio y me dijo que un momento, llamo por un telefonillo, a alguien le dijo que yo estaba allí, colgó y me abrió la puerta del ascensor diciéndome la planta en la que Vivian mis tíos. Subí y cuando salí del ascensor una de las dos puertas de la planta estaba abierta y una chica vestida de asistenta de unos treinta y algo de años, me dijo que pasara que mis tíos no habían llegado, que mi tía tuvo que salir por una urgencia. Que pasar y en todo momento me trataba de usted, algo que me chocaba. Le pedí que me tuteara, pero me miro con cara de susto y me dijo que mis tíos se enfadarían, pero le dije que llegáramos a un acuerdo, que cuando no estuvieran mis tíos me tratara de tu, ella meneo la cabeza, no entendiendo lo que quiso decir.
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En la residencia

Siempre he amado a mis abuelos. Me han criado desde pequeño y tan pronto como he tenido sentido de la responsabilidad, he sentido gratitud por todo lo que han hecho por mi durante estos años. Tal vez por eso, me sentí tan mal cuando mi abuela fue internada en una residencia, en contra de su voluntad, pero por culpa de una caída que la dejó postrada en la cama durante meses.
Poco o nada sé del sexo en la tercera edad, pero está claro que existe, pero siempre ayudado por las pastillitas azules que hacen de las ganas una realidad consistente. Lástima que en las residencias, estas “ayudas” no formen parte de las ayudas diarias para mantener a los viejos contentos hasta sus últimos días.
Fue por ello por lo que el mes pasado, al visitar a mi abuela, ya comida por la demencia, mi abuelo me pidió algo que escapaba de toda lógica: “Hijo, yo ya no puedo, pero se que tu abuela quiere y necesita un último polvo antes de irse.”, me dijo avergonzado. “¿Podrías ayudarme?“. No sabía qué decir. Por mi abuela lo haría todo, pero sexo… me parecía excesivo.
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Me follo a mi jefa

El verano pasado, trabajé en una tienda de ropa,para poder pagar la matrícula de la universidad del curso siguente.

Como me quedaba el verano en la ciudad tuve que alquilar una habitación en la ciudad y lo conseguí cerca de la tienda donde empezaba al día siguiente.

Cuando llegué a la casa, resulto que mi casera, tambien iba a ser mi compañera de piso,era una mujer de unos 33 años(me saca unos 14 años), todo empezó muy formal, llevé las cosas a mi habitación, lo dejé todo listo y esa misma noche mientras cenabamos hablamos un poco para conocernos.

En la conversación salió el tema y nos dimos cuenta que además de ser compañeros de piso, ella iba a ser mi jefa, ya que era la encargada de la tienda de ropa donde iba a trabajar.

En ningún momento le ví ningun atractivo `pero desde ese momento, empecé a fantasear en que pasaría si me la follaba.
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El verano que todo lo cambió

El verano pasado marcó un antes y un después en mi vida. Fue eso que llaman un verdadero punto de inflexión. Pero antes de empezar, déjenme presentarme. Soy una mujer de 49 años de Barcelona. Maestra de profesión. Llevo 25 años casada y tengo dos hijos, uno de 24 y otro de 18. Soy una mujer muy directa, discreta y educada y he dedicado gran parte de mi vida a la familia.

En verano tengo dos meses de vacaciones y el fin de curso acostumbra a coincidir con un punto en el estoy harta de la ciudad. Barcelona me encanta, pero me agota y llega un momento en el que necesito desconectar. Así que paso prácticamente todas las vacaciones en el chalet que tenemos en la playa, cerca de Tarragona. El verano pasado no fue una excepción. Mi marido apenas tuvo un par de semanas de vacaciones y solo venía los fines de semana. Mi hijo mayor estaba en Londres buscándose la vida. Por lo que se podría decir que pasé gran parte del verano con mi hijo pequeño en el chalet.

Cada día seguía la misma rutina. De buena mañana, con los primeros rayos de sol, me levantaba, me ponía ropa de deporte y salia a correr o andar, dependiendo de las ganas. Aunque… no sé a quien pretendo engañar, casi siempre me conformaba con andar una hora. Después iba a la playa, antes de que se llenase de gente, me daba un baño y volvía a casa. Salía a comprar lo necesario para cocinar y preparaba la comida que después compartía con mi hijo. Prácticamente ese era el único momento del día que le veía. Después tocaba una buena siesta. Por la tarde bajaba a la pequeña piscina que teníamos en el jardín. Allí tomaba el sol y me bronceaba. Y al atardecer salía con algunas amigas a tomar algo, al cine o a cenar, dependiendo del día.
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Mi vecinito

Yo vivo cerca de una universidad de enseñanza técnico – profesional; vivo en una unidad habitacional que me queda cerca del trabajo, en una zona industrial, de nivel popular.

Algunas ocasiones en que salía por las mañanas a tomar mi transporte, muchas veces coincidía con un chico que salía, igual que yo, a la carrera, para llegar a su escuela.

En una ocasión me saludó, muy sonriente; tan sólo me dijo:

= ¡ya se me hizo muy tarde…!.

Al otro día, regresando de mi trabajo, lo vi parado en una tienda de la esquina de mi unidad habitacional. Me saludó desde lejos y yo le contesté, desde lejos. De inmediato se me acercó y se presentó:

= yo soy Rodrigo…, vivo aquí, en la misma unidad que usted.

Junto con otros compañeros rentamos un depa; yo soy del norte (del país),

y tengo mi cuarto…, pa mí solo…,

me dijo, con un cierto orgullo.
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La novia de mi tio

Hola, hace unos días escribí mi primer relato que era algo que llevaba un tiempo queriendo hacer. Gracias a toda la gente que le ha gustado y también a los no les ha gustado y me han hecho llegar sus criticas, las que me gustaría comentar brevemente.

Primero, por desgracia para mi no soy un gran lector, así que sabía que la calidad de mi escritura no era lo que mas iba a gustar, trataré de mejorar eso hasta donde me permitan mis limitaciones. Además pertenezco a una región de España en la que hablamos otro idioma diferente al castellano y eso hace que cometamos algún error, uno muy común y que me comentaron bastante los lectores es el de no utilizar bien del todo alguna forma verbal. También trataré de mejorarlo. Otra critica fue el exceso onomatopeyas, esto no creo que lo cambie porque a mi me gustan los relatos con ese recurso. Otro error que cometí es que en algunos momentos del relato cambié el nombre de la chica, mi idea fue utilizar un nombre falso pero en algún momento me confundí e utilicé el nombre real de la chica, trataré de estar más atento en las próximas ocasiones. Y por último se me criticó que la historia no era demasiado original y tienen razón, es una historia real que a mi me resultó muy morbosa al realizarla pero como relato quizá no lo sea tanto. De todas formas también escribiré relatos que no sean reales y pertenezcan a mis fantasías, y espero en estos si ser mas original.

Y aquí empieza ya mi relato.

LA NOVIA DE MI TIO

Esta historia ocurrió ya hace unos años. El hermano pequeño de mi madre, Juan, estuvo casado muchos años con una mujer con la que tiene una hija, mi prima. Pero se acabaron divorciando ya hace muchos años. Mi tío sigue siendo muy atractivo y por eso no tuvo problemas para ligarse a chicas tras su divorcio. Nada especialmente serio hasta que conoció a Miriam.

Miriam era una mujer de Tenerife que también estaba divorciada. Tenía 34 años y creo que algo de ascendencia sudamericana. Medía alrededor de 1,65, piel bastante morena, pelo liso, ojos marrones casi negros y una gran sonrisa. De cuerpo era una mujer bastante voluptuosa, sus piernas eran bastante gruesas y terminaban en un culo muy grande y redondo, mientras su tren superior era bastante más fino y adornado con unos pechos naturales de la talla 95. Cuando la conocí me pareció una mujer atractiva pero no era el tipo de mujer que a mi me excita, sobre todo por el tamaño de su culo. Sin embargo todos mis amigos coincidían en que tenía un culo espectacular.

Mi tío había venido con ella a pasar el verano al pueblo. Quedaban dos semanas para la boda de uno de mis primos, m primo y su futura esposa ya superaban los 30 años y eran dos personas bastante serias. No querían una despedida de soltero habitual, sino una conjunta haciendo algo tranquilo y eso fue lo que hicimos.

Nos juntamos unas 40 personas entre familia y amigos de la pareja. Fuimos a la ciudad a buen restaurante y luego iríamos a una discoteca. Durante la cena lo pasamos muy bien, comimos buena comida, contamos anécdotas de los novios y sobre todo, bebimos mucho.

Eran más o menos las dos de mañana cuando fuimos a la discoteca. Nos pedimos allí unas copas mientras se acababa de llenar la discoteca y yo quería aprovechar que estaba en la ciudad para ligarme a alguna chico. Mi pueblo es bastante pequeño, todo el mundo se conoce y eso hace complicado ligar con una chica. Por eso siempre que voy a la ciudad intento no desaprovechar la ocasión.
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