Luisa, la amiga de mi madre

La situación había cambiado. Los encuentros entre Luisa y Paco se hacían cada vez más frecuentes y en sitios más insospechados. Algunas veces con Marisa en la casa. Las tres personas andaban todo el día calientes por casa. Marisa no perdía ocasión de espiar a Luisa y su hijo sin que estos se enteraran. Solía decir que iba a su habitación a echarse largas siestas o se levantaba a media noche para pillarlos en el salón.

Un día que pilló a Paco solo, buscando algo en el ordenador de su habitación, le preguntó, haciéndose la ignorante:

– Y, al final, ¿hiciste como te dije cuando os dejé solos?

Pacó se sonrojó. Su madre lo tomó por el sí que ya conocía.

– ¿Y qué tal es? – dijo golpeando suavemente con el codo a su hijo.

– Muy… efusiva – dijo bajito Paco.

– ¿Y habéis repetido? – Marisa se estaba poniendo cachonda sólo con la conversación.
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Luisa, la amiga de mi madre

Era una tarde lluviosa a mediados de Mayo cuando sonó el timbre con insistencia. Los timbrazos eran continuados y rápidos. Paco, de 18 años recién cumplidos se encontraba sentado frente al ordenador en su habitación.

– ¡Mamá! – gritó sin levantarse -. ¡La puerta!

El timbre siguió sonando y Paco recordó que hacía tres días que su madre se había apuntado a Pilates y era a esa hora.

Con gestos cansados y arrastrando los pies fue hacia la puerta. Abrió y vio a Luisa, la amiga de su madre.

Era una mujer de pelo largo, morena, rellenita con muchas curvas y pechos grandes, sin caer en lo grosero. De la edad de la madre de Paco, 45 años. Lloraba desconsolada y pareció decepcionada cuando fue Paco quien abrió la puerta.
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Trabajo veraniego en las islas afortunadas – II

Después de la noche tan intensa y sorprendente llegue al trabajo con los ojos pegados del sueño que llevaba. Las primeras personas en aparecer como cada mañana eran los extranjeros, que bajaban a desayunar muy temprano. Encontrándome con las dos alemanas que estaban siempre detrás de mí. Para que me dejaran en paz y no atendiendo mucho a lo que me decían, conteste que sí. Ellas se fueron con una enorme sonrisa, lo que me hizo pensar que no sabía en qué, pero acababa de meter la pata.

Debería estar más atento para no meter la pata nuevamente. Estando en estos pensamientos Dña. Marta apareció diciéndome que en cinco minutos en su despacho que tenía que hablar conmigo. Pero me sonrió la fortuna hicieron acto de presencia Alonso y Alicia, que sin preguntarme a mi dijeron… “¿Marta, te importa que Carlos nos acompañe en el desayuno?, contestando ella como me va a importar, Carlos tomate el tiempo que sea necesario”
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Entregada: al inquilino – 1ª parte

Bueno no sé como empezar a contaros lo que me ocurrió, tampoco sé porque lo hago debe ser por el sentimiento de culpabilidad que llevo dentro.

Diré antes de empezar que todo lo que cuento es real, solo he cambiado nombres y algún detalle menor.

Lo que cuento ocurrió hace un año.

Soy Susana, tengo en la actualidad 48 años, casada con Luis de 55 años, tenemos un hijo de 24. Vivimos en Madrid en un chalet. Soy abogada de un grupo de empresas. Como otras vi que lo ponen diré como soy: castaña con mechas, mido como 172, peso sobre 52, talla 115 C de pecho, culo respingón,
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El placer inesperado.

Me llamo Lucio. Tengo 28 años y me fui a vivir solo hace tiempo. Pero tuve que volver a casa de mis padres porque mi casero me dijo que le hacía falta el piso para su hijo que acababa de conseguir un traslado de residencia. Como no soy persona de fastidiar ni que rehuya de conflicos volví a la casa de mis padres.

Efectivamente, mi piso de soltero había sido durante casi dos años mi picadero. Pero todo se acaba. En ese momento servidor tuvo otros motivos, aparte de no buscar conflictos, para volver temporalmente a casa de mamá. Al poco de tener la casa, tuve un conflicto con mi novia que desembocó en ruptura.

De mi físico no me podía quejar, es más, en cierta forma vivo gracias a él Llevo diez años levantando pesas y mi cuerpo musculoso que vuelve locas a las mujeres, a medias entre un tipo fibradito y un fisicoculturista .De hecho gracias a él conseguí trabajos como modelo masculino, muy esporádicos, de vez en cuando iba a Barcelona o Madrid a hacer sesiones fotográficas por las que me pagaban un dinero que se complementaba con mis ingresos como conductor de una furgoneta trasladando ancianos a una residencia de día. No es que me volviera rico pero en aquellas sesiones pagaban bien por posar en catálogo de ropa de baño e interior,, y me pude permitir el lujo de pagarme un coche nuevo y tener ahorros aunque fuera a costa de sacrificar el fin de semana.
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¿Quién me lo iba decir? Un viaje muy rentable

Hola lectores antes de comenzar el desarrollo de la historia haré una breve descripción sobre mí. Soy un joven andaluz de 23 años, de pelo castaño y una altura de 1 metro 74 centímetros. Pese a que no soy un enano sí que soy de más los pequeños de mis colegas, pese a ello nunca he tenido dificultad para ligar. Queda un poco feo decirlo pero si es verdad que me considero un chico guapo y que llama la atención a primera vista. Por cierto, mi nombre es Alberto.

En lo personal, puede decirse que mi vida ha dado un gran cambio… hasta hace unos meses tenía una novia de la cual estaba realmente enamorado, de hecho aún lo estoy. La ruptura llegó al finalizar la carrera universitaria. Ella que era una alumna excelente, de matrículas, rápidamente fue contratada por una multinacional en un país nórdico. Pronto llegaron las peleas, una mayor desconfianza y unos celos excesivos…la distancia y rencillas del pasado acabaron con esta relación.
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Un gringuito fogoso

Resumen: Acababa de enviudar cuando conocí a un gringo, muy joven, de la edad de mis hijos, quien quiso tener relaciones sexuales conmigo. Las circunstancias se dieron y vivi un fin de semana inolvidable con ese muchacho. Aquí se los cuento.

Hola,

Soy una mujer de 45 años, empleada en una fábrica de plásticos. Soy una mujer como muchas mexicanas, morena, cabello negro, no fea pero tampoco una belleza deslumbrante, normal, nada de qué llamar la atención. Mido 1.57 m y peso 55 kg. Entré a ese trabajo como secretaria pero sobretodo porque era bilingüe, inglés – español, y ahí en la fábrica siempre tienen asesores extranjeros. No tengo mucho en el empleo, de hecho lo tomé porque acabo de enviudar y me hacía daño estar en mi ciudad, así que aproveché para “cambiar de aires”.
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La (dura) vida del estudiante – 3

Esa semana, me encontré a Laura por los pasillos. No llevábamos ninguna asignatura en común, así que llevaba sin verla desde la noche de la fiesta. Llevaba su pelo negro en una coleta, una camiseta de la universidad y unos pantalones de deporte.

Apareció por mi espalda y me dio un azote.

– ¿Qué pasa, chico, ya no quieres cuentas?

– Hola, Laura, ¿qué tal?

– Te voy a ser sincera – y se acercó a mi oído para susurrarme -, muy caliente al verte de nuevo.

Vaya con Laura, no perdía un momento Tenía fama de viciosa, pero allí, en la universidad, me resultaba un poco fuerte, además, quería seguir follándome a Carolina el resto del curso, y no quería tener más disputas con ella por Laura.
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La (agotadora) vida del estudiante – 4 y FIN

Cuando Jesús volvió, ya de noche, le confesamos todo. Se quedó perplejo. Decía que no se lo esperaba para nada. Hablamos un rato con él. De golpe, parecía muy distante. Él y yo nos conocíamos entre nosotros más que a Carolina, así que ella se fue a dormir pronto y nos dejó hablando.

– Tío, nos conocemos mucho tiempo. Puedes sincerarte conmigo…

– Joder, Tomás… Estos últimos años han estado genial y los hemos pasado juntos, seguro que ahora todo cambia… Ya no volverá a ser igual que antes…

– No, Jesús, a ti no te pasa eso, ¿qué es?

Miró al suelo y quedo callado unos segundos.
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La vida del estudiante

Me desperté a las 9 de la mañana y fui a la cocina. Todo estaba por en medio. Carolina y Jesús, mis compañeros de piso lo habían dejado todo manga por hombro antes de volver a su pueblo para el fin de semana. Yo me había quedado para estudiar.

Me preparé un café y fui al salón. Puse la tele mientras desayunaba, pensando en acabar pronto y comenzar con el estudio.

Tan sólo iba vestido con los pantalones del pijama. Mi torso, moldeado en el gimnasio y depilado lucía desnudo.

De repente, escuché un grito femenino en el piso de al lado. Me quedé parado un momento, aún adormilado pensando en si habría sido cosa de mi imaginación hasta que oí un segundo chillido.
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