Una madura saca la fiera que lleva dentro

Ya estábamos metidos en la primavera. La verdad que tenía muy poco tiempo para mí. Entre la universidad, que estábamos casi a final de curso, por lo que había que estudiar más que de costumbre, no se podía confiar uno y bajar el ritmo. Las clases que daba a chavales que flojeaban en matemáticas, que junto al arreglo de ordenadores, me hacían tener unos ingresos, para no tener que andar dependiendo de todo de mis padres.

Así que poco tiempo me quedaba para disfrutar. De vez en cuando tenía algún encuentro furtivo con alguna de mis amigas maduras. Pero me apetecía un montón seducir y conquistar alguna nueva, pero una vez que acabara el curso ya aprovecharía. Que a alguna ya la tenía en mi mente.

Lo único que hacia fuera de mis estudios y mis formas de ganar dinero, era hacer un poco de ejercicio en el gym. Pedro que también andaba súper liado con su nuevo trabajo, me llamaba de vez en cuando para quedar en algún momento, diciéndole siempre que en terminar todos los exámenes, nos correríamos una buena juerga.
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Mañana me voy a follar a tu madre

Me llamo Luis, tengo 63 años, soy fontanero pero estoy jubilado. Nada de curro. Mi vicio: los culos de las señoras. Me encantan. Ahora tengo uno a tiro, una casada de 44 años. Se llama Maribel, su marido es un ejecutivo de Telefónica, él se marcha temprano y regresa a última hora de la tarde. Ella es una tía bien, gimnasio, peluquería, spa. Vive en un chaletazo en Pozuelo. Alguna chapucilla he hecho en su casa. Todos los días me siento en un banco en un parque por el que trota Maribel a las 10:30 de la mañana. Lleva unos leggins ajustados a su culazo que me ponen a mil. Con su hijo veinteañero coincido en un pub por la noche, él con su tropa y yo con mis viejos colegas. Maribel casi ni me saluda cuando se cruza conmigo, como si le diera asco. Estoy gordito, vale, llevo unos pantalones desgastados por el uso, y la miro como si fuera a comérmela. Lo nota. A veces la espío y hace un año aproximadamente descubrí uno de sus secretos. Todos los miércoles, cuando libra el servicio, se colaba por la verja de su casa un jovencito, un pipiolo. Me extrañó. Le saqué unas fotos y se la enseñé a Miguelito, el hijo de Maribel: “¿Ese? El novio de mi hermana. ¿Cómo tiene usted esa foto, don Luis?”. “Cosas mías, chaval”. Un miércoles me metí en el chalet de Maribel y lo vi todo: se folla, o se follaba porque el chico ya no va por allí, al novio de su hija. Les hice fotos y hasta varios vídeos dale que te pego. Uno es magnífico. Maribel le comía la polla al chico en la chaise longue en el jardín, al lado de la piscina. ¡Qué putón, mi vida! He dejado pasar un tiempo pero ha llegado mi hora.
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Sexo con la masajista

Un día llegue a casa y me encontré con mi madre y una mujer

de unos 45 años. Mi madre la presentó como una ex compañera de curso. La salude

con un beso en la mejilla, mientras escuchaba las adulaciones de la vieja para

mi madre, diciendo lo grande que yo estaba, que ella me había conocido de guagua, que era buen mozo , en fin una serie de adulaciones.
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El Vagón del metro

Todas las mañanas cojo el metro para ir o volver del trabajo en la ciudad, soy un currante más de los que por la mañana vamos con los ojos pegados y la prisa metida casi por instinto en el cuerpo. Es cierto que yo puedo llegar a la hora que me de la gana y volver cuando yo quiera, pero si que tengo que cumplir con mis 45 horas semanales y me las administro según me convenga. Casi siempre cojo el penúltimo vagón y me apoyo en la puerta que da paso al siguiente vagón mirando el móvil o con algún periódico leyendo las noticias. Como siempre hago el mismo trayecto en el mismo sitio con alguna gente que también coge el mismo metro te acabas saludando, sobre todo con una señora algo mayor que a mi parecer debe de ser un encanto de mujer. Desde hace un tiempo solo cojo el metro a esas horas por verla y saludarla.

Una de esas mañanas el metro se quedó parado por una avería entre dos estaciones. La señora y yo fue cuando comenzamos a hablar sobre la avería y de podría ser. Yo miraba el reloj pensando a que hora llegaría al trabajo y a que hora tendría que salir. Ella me preguntó:

– ¿Llevas mucha prisa? (más…)

La amiga de mi abuela

Aquella tarde de un lunes prácticamente veraniego tardé más tiempo del habitual en regresar a casa porque tenía que pasar por casa de Carmen al salir de la universidad. Como era de costumbre, terminé antes de lo previsto la clase y me dirigí hacia ella rápidamente a fin de entretenerme lo menos posible. Le llevaba una bandeja de sequillos y otra de rollitos de anís, que le había comprado mi abuela por la mañana y me mandó que se los llevara en un ratito que tuviera libre, coincidiendo que yo estudiaba en la universidad de la ciudad que vivía Carmen, San Vicente del Raspeig.
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Con mi tia, seduciendo a madura muy conservadora.

Después de la noche con Lili, estuve deseando que se dieran las circunstancias para vernos, pero entre unas cosas y otras fue imposible. Por motivos de estudios otra vez que estuve bastantes días en dique seco y como me solía pasar cuando esto sucedía, estaba que me subía por las paredes. Ni tan siquiera las vecinas, que madre e hija llevaban prácticamente un mes sin dar señales de vida. Era martes y el próximo fin de semana era el último para disfrutar bien, ya que luego me marchaba a Madrid para pasar las navidades, eso sí en principio tenía intención de pasar el año nuevo aquí.

Hable con Eva y trataríamos de quedar el sábado, pero no era seguro, ya que lo mismo le venía familia. Estando en la universidad, me encontré con mi tía, que me dijo que era importante que habláramos. Por lo que quedamos en ir a comer juntos, cerca de la universidad, no me quiso adelantar que quería hablar.

Una vez en el restaurante, me dijo que bajo ninguna circunstancia revelara a mi madre que era yo el famoso amigo de ella. Que si lo quería hacer, teníamos que decirlo los dos juntos. Me pareció bien y así se lo hice saber. Por ese lado se quedó tranquila. Pero luego me dijo que me quería pedir un favor, un poco delicado, pero que seguro que no me disgustaría.
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Fin de semana con Pilar…la ex amiga de Alicia

Película del año 1967 dirigida por Mike Nichols con Dustin Hoffman y Anne Bancroft en los papeles principales, El Graduado, la recuerdan? La historia de Mrs. Robinson, una mujer madura y cansada de su matrimonio, que no cesa en el empeño de seducir a su joven vecino, Benjamin Braddock, hasta conseguir llevarlo a la cama…estoy seguro que se acuerdan…pues yo, estaba viviendo mi versión particular de fin de semana de esa historia.

Mi Mrs. Robinson, se llamaba Pilar. Su marido falleció dejándole una inmensa cantidad de dinero, la cual ella había sabido invertir hasta conseguir una fortuna de valor incalculable, tenía una hija de mi edad, Ximena, que estudiaba en un internado en Suiza y su pasión de era la crianza de caballos de pura raza española. Tenía un establo con, posiblemente, los doce mejores caballos de toda Europa.

Y allí estaba yo, flotando en un sillón dentro de su piscina de agua salada, con el sol bronceando mi piel y una copa de champán helado en mi mano. La música sonaba por el hilo musical de toda la casa, hasta que…

“Buenos dias mi semental, que tal te encuentras? “
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En la fiesta de Alicia…con su amiga Pilar

“Buenos dias mi semental !!! “

“Joder Alicia, señora, que hace usted por aquí?”.

“Jajaja, tendrías que ver tu cara, estas rojo como un amapola, jajajaja.”

“Señora no es para menos, casi tenemos que estrenar el equipo de reanimación portátil que esta en el pasillo, menudo susto me ha dado, no la esperaba”.

“He venido para darte tu invitación a la fiesta que damos este sábado en mi casa…me muero de ganas que las zorras de mis amigas te conozcan”.

“Pero señora, usted cree que es buena idea?”.

“Buena ? La que esta buena soy yo que llevo semanas caliente como una perra pensando en esa polla que tienes…me he hecho mas pajas que una quinceañera!!! “.
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Soy el que Soy…Mi Madura Jefa de Recursos Humano

Estaba trabajando en una gran empresa como técnico de mantenimiento informático, cuando tuve mi segunda relación sexual con una mujer madura, se llamaba Marta y era la jefa del departamento de recursos humanos.

Marta tenía 48 años, 1,70 cm de altura, rubia con el pelo cortado a media melena, ojos color miel, labios rosados y carnosos, pechos operados y un culo que provocaba mas de un atasco en los pasillos de la oficina por verlo caminando.

Marta tenía muy mal carácter, todos la temían, algunos compañeros decían que antes no era así, pero que un día salió un poco antes de trabajar y al llegar a casa pilló a su marido follándose a la asistenta de servicio, desde entonces, nunca jamás la habían vuelto a ver sonriendo por la oficina.

Una mañana, me llaman por teléfono a mi departamento y me dicen: “Oye, sube a ver a la jefa del departamento de recursos humanos, dice que tiene un problema, no le enciende el ordenador”.
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Se me acababa la fiesta con Aurora

Las horas y los días de placer en VillaCornudo acababan, una semana llena de continuo sexo que empezaba a crear sentimientos tanto en ella como en mí. Estos sentimientos que comentamos aquella tarde acostados en la cama tras un magnifico y excitante polvo.

Aurora me comentaba que durante la mayor parte de su vida de casada había sido infiel a su marido, de hecho quedé impactado cuando me dijo que su hijo Edu seguramente no era hijo del hombre de la casa, a este le dije:

Yo- Aurora como puedes dudar que lo sea, ¿Tú no has visto el parecido que tienen padre e hijo?

Aurora- No corras, espera que te explico. Hubo un hombre que me llenaba plenamente como mujer, ¡lo amaba! Me hacía volverme loca en la cama, arriesgarme continuamente a ser pillada por mi marido.

Yo- ¿pero quién es?

Aurora- ¡Mira que eres impaciente! Jajaja No sé si llegaste a conocerlo, se llamaba Fran.
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