Estrenando casa y cama

Mi casa por fin estaba ya toda amueblada y arreglada. Ya habían pasado dos semanas desde la última vez que tuve sexo con alguien. Empezaba a estar “nervioso”. Mis acercamientos con Carmen la vecina, no llevaban buen camino. No así con su hija Bárbara, que se la veía demasiado interesada, se hacia la encontradiza, cada vez que me descuidaba. Con Antonio, el acercamiento era muy bueno, eso sí, siempre cotilleando. Solo hablaba de futbol y mujeres. Eran sus temas preferidos, si lo sacabas de ahí se sentía perdido, bueno de coches también hablaba.

Como sabía que me acababa de sacar el carnet de conducir, se puso muy pesado con que tenía un amigo que vendía coches de segunda mano. Todos los días ofreciéndose a llevarme a verlo.

Me invito varias veces a su casa, acudí muy gustosamente, pero solo por la intención de tener un acercamiento con Carmen. Pero todas las veces sucedía lo mismo, ella se marchaba del salón. Por lo que decidí no acudir más a su casa. Estaba claro que poco o nada había que hacer.
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Últimos días en casa de la tía Lucia

Me pareció oír como unos golpecitos suaves, pero estaba tan cansado que no tenía fuerzas ni para pensar, seguí durmiendo. Cuando de pronto oigo que me zarandean llamándome, yo estaba completamente desnudo y boca abajo. Me incorpore un poco, era mi tía, que me decía que me levantara rápido, que me pusiera algo y la acompañase rápido, me asusto verla así, peque un bote de la cama y me puse unos pantalones cortos nada más.

Mi tía ya iba con paso acelerado cuando yo salía de la habitación, ya bajaba las escaleras. Cuando la logro alcanzar la pregunto qué sucede, ella solo estira un brazo y señala con su dedo.

-¿No me dijiste que no me preocupara que tú te encargabas de todo?
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Profesoras universitarias calientes 2

En la cafetería, en medio del bullicio, dos mujeres maduras y casi desnudas, Pamela y Sheila ,mantienen una conversación amigable. Pamela no lleva bragas, porque acaba de practicar sexo anal con uno de sus alumnos, el cual le ha pedido quedarse con tan íntima prenda. La profesora, por supuesto, ha accedido y ahora, prácticamente, lleva el culo al aire, debido a su costumbre de usar unas minúsculas minifaldas de látex negro que la dejan casi desnuda de cintura para abajo. Sheila, sonriente frente a ella, se encuentra en la misma situación un poco embarazosa, porque a su vez, también acaba de regresar de una sesión de sexo con uno de sus alumnos– en este caso sexo oral– y el chico le ha pedido, también, quedarse con sus bragas y la madura profesora se las ha quitado y se las ha entregado sin dudarlo. Sin embargo, Sheila oculta un poco el culo, ya que la minifalda de látex negro que usa no es tan mínima como la provocativa prenda que siempre lleva su amiga Pamela. No obstante, en compensación, Sheila, dotada de unos pechos de más que generosas dimensiones, lleva ahora desabrochados todos los botones de su chaqueta roja ,salvo el último; en consecuencia, las grandes tetas de la profesora, desbordantes y voluptuosas, están casi a la vista por completo. De hecho, Sheila tiene gran parte de los pezones fuera y a Pamela le cuesta concentrarse en la conversación.
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La vida de Carmen

A sus 49 años, la vida de Carmen no pasaba por su mejor momento. Con un marido que no la miraba desde hacía 10 años, y unos hijos que habían desaparecido de casa habiéndose olvidado de su madre, el tedio y la tristeza invadían su ánimo por completo.

Se sabía poco agraciada de cara, aunque desde jovencita se pintaba con primor y se vestía haciendo resaltar lo mejor de ella misma: su buen culo y unas buenas tetas. Y todo eso aún lo conservaba; para entregárselo a los personajes de su imaginación.

Todos los días, mientras hacía las labores de la casa, paraba un rato para encerrarse en la penumbra de su habitación. Allí se pintaba un poco y en ropa interior, se tumbaba en la cama y permitía que su imaginación la llevara con un macho que supiera dominarla. Sus dedos hacían el resto.

Ocurrió que en el invierno de 2015 su marido pensó que estaría bien pasar unos días en una casa rural de la montaña por lo que encargó a Carmen que preparara todo lo necesario.

Y allá se fueron.

Les recibió un antiguo caserón reformado, bien amueblado y con unas vistas estupendas. El marido de Carmen resolvió que allí podría descansar maravillosamente. Carmen resolvió que allí su hastío sería total.

Pero se equivocaba.

La casa estaba gestionada por una pareja de una edad similar a la suya con un hijo de unos 25 años.

Pronto se dio cuenta Carmen de que el dueño de la casa la miraba de una forma especial, con deseo, tal vez con mucho deseo; algo a lo que ella no estaba acostumbrada. Y le gustaba; le gustaba mucho la mirada dominante de aquel hombre.

Una tarde, el marido de Carmen se fue a visitar el pueblo con el hijo del dueño del caserón. Horas después, al anochecer, ambos llamaron para advertir que no llegarían hasta el día siguiente dadas las condiciones climatológicas imperantes y la nevada que cortaba el camino de acceso a la casa rural. Se quedarían en casa de unos conocidos del muchacho.

El marido, de forma mecánica, con ese tono del que no le importa nada de lo que dice, recomendó a Carmen que se acostara. Se verían al día siguiente.

Carmen se acostó, no sin antes, como tenía por costumbre, maquillarse y ponerse en ropa interior para dejar volar la imaginación.

Tumbada en la cama, en penumbra, pensaba en los ojos dominantes de aquel hombre. Y se excitaba

En esos pensamientos estaba cuando la puerta de la habitación se abrió.

Allí estaba él.

A Carmen el corazón se le salía del pecho.

El hombre se sentó en el borde de la cama y comenzó a acariciarle las piernas.

-Estoy casada… balbuceó.

El comentario fue poco afortunado, pues, con un solo movimiento, el hombre la cogió sobre sus rodillas, le bajó las bragas y le propinó dos buenos azotes.

Ahora eres mía –dijo.

Carmen lloraba mientras se ponía de pie, dolorida y excitada, y aún con las bragas a medio subir, se acariciaba el culo.

El hombre se desnudó y acercándose a ella la apoyó contra la pared. Comenzó a susurrarle al oído:

-¿Sabes? Voy a follarte, por delante y por detrás. Pero antes voy a comerte la raja. Toda. Vas a disfrutar, preciosa. Voy a volverte loca.

Mientras él hablaba, ella le había cogido el rabo y lo meneaba con ansia. Estaba enormemente cachonda. Se vió a si misma desnuda, salvo las bragas a la altura de las rodillas, excitada y entregada. Pensó en el cornudo de su marido. Le gustaría que la viera. Y que viera todo lo que, intuía, iba a pasar a continuación.

El hombre, arrodillado, le estaba comiendo todo el coño. Carmen gemía de placer. Suspiraba. Hasta que llegó el orgasmo. Fue alucinante. Ella, apoyadas sus manos en la cabeza de él, chilló, bizqueó, se desvaneció, mientras le decía que era su puta y que hiciera con ella lo que quisiera

-Me vas a comer todo el rabo, dijo él. Ahora.

-¡Oh, sí, sí¡ -dijo ella. Y arrodillándose, se metió aquella polla en la boca y empezó a mamarla.

Oía jadear al hombre, que marcaba el ritmo de la mamada con las manos en su cabeza. Ella, además, le acariciaba los huevos y cuando el avisó de que iba a correrse y que quería que se tragara toda su leche, ella, ejerciendo de buena hembra, no se dejó ni una gota. Tragó todo lo que el hombre le dió. Ejerció de mujer, de hembra en celo, de puta. Y todo ello la llevó al paroxismo.

El macho era mucho macho por lo que, después de correrse, levantó a Carmen y llevándola a la cama la puso a cuatro patas. Ella, loca de placer, veía como el hombre se la iba a follar como a una perra. Giró la cabeza para observar como él disfrutaba de la vista de su maravilloso culo y esperó a que se la clavara. El pollazo fue tremendo. Se la clavó toda de una. Hasta dentro. Carmen aullaba de placer. Él disfrutaba con su coño. Era un buen follador. Con la polla dentro, dejaba un pequeño espacio que era el que utilizaba para el mete y saca. Carmen chillaba al ritmo que le marcaba aquel poderoso rabo. El macho la dominaba y ella se corría como una perra.

-Arréglate, ponte ropa interior y un vestido, -dijo el hombre. La fiesta no ha hecho más que empezar.

Mientras se arreglaba sonó el timbre de la puerta de la calle y el hombre bajó a abrir. Se oyó la voz de otro hombre.

Intrigada, Carmen terminó de acicalarse y se encaminó hacia el salón. La luz estaba apagada y necesitó unos segundos para descubrir a los dos hombres sentados en el enorme sofá.

-Es el hijo de un vecino de aquí cerca. Amigo de mi hijo.

Carmen saludó al muchacho, que no tendría más de 20 años, y este correspondió con cierta timidez.

-Ella es Carmen, -dijo el dueño de la casona al muchacho. Una hembra de la que estoy seguro te vas a llevar un grato recuerdo.

Carmen le miró.

-Siéntate aquí, Carmen, entre los dos.

Ella obedeció. Estaba excitada. Ese hombre la ponía a mil con solo mirarla.

Se había puesto un vestido negro por encima de las rodillas por lo que al sentarse quedaron a la vista sus piernas.

El más joven solo miraba, el otro, sin embargo, comenzó a besarla. Ella se entregaba a la vez que pensaba que ese chico tenía edad para ser su hijo. Pero eso no hacía sino excitarla más.

Se habían movido mucho y ya el vestido se había subido lo suficiente como para enseñarle al muchacho las bragas empapadas por la excitación.

-¡Cómele el coño¡, -dijo el mayor

El joven, inexperto e indeciso, no se movía

-Ayúdale, Carmen.

Carmen cogió la mano del muchacho y la llevó hasta sus bragas para apartarlas.

-¡Cómeme la raja, por favor¡ -suplicó.

El joven hundió la cabeza entre las piernas de la hembra y comenzó a comerle el coño. Mientras, el otro se había sacado la polla y se la metía en la boca para que se la mamara.

El muchacho, demasiado excitado, decidió que era el momento de follarse a la mujer, por lo que, cogiendo a Carmen por las piernas se las abrió por completo. Empezó a follarla. Carmen creyó morirse. Dos hombres, uno joven y otro maduro, se la estaban tirando, la trataban como una verdadera zorra. Y ella se moría de placer.

-¿Te han dado alguna vez por el culo? –preguntó el hombre.

-No, dijo ella.

-Bien, pues aún queda noche …

La historia continúa por lo que os agradeceré que, en su caso, me hagáis llegar vuestro interés por la segunda parte. Acepto cualquier tipo de sugerencias.

Mi suegra- sexo furtivo

hace unos años qe me case,y aunqe al principio mi relacion con mi suegra no fue buena,poco a poco ha ido mejorando,ella es una mujer de 48 años casada, no muy alta, con bastante pecho, algo caido por amamantar a sus hijos, creo yo…pero bien puestas,es una mujer coqueta,con un buen culito.

Todo empezó un viernes de verano qe fuimos a su casa de fin de semana, mi mujer se qedo en el coche acabando de coger cosas para subir mientras yo y mi hijo subiamos a casa,era tarde y estaba ya cansado de toda la seman,por lo qe me pidio qe lo cogiera en el cuello.
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Carmen, vaya dilema!

Soy Juan, tengo 20 años, mido 1.70 sin ser un playboy me mantengo en forma gracias a que voy 4 dias a gym, pelo rizado, ojos marrones y con un cuerpo donde lo que mas destaca es mi tren inferior destacando mi culo, eso dicen mis amigas. Me gusta vestirme informal pero elegante sobretodo polos ajustados sin que sean demasiado ceñidos y vaqueros.

Tras esto empiezo…

Mis amigo/as siempre ibamos a un bar que regentaban los padres de un amigo, era una especie de salon de bodas venido a menos por la crisis, con parking privado y con un billar. Siempre que iba habia alguien de nuestro circulo de amigos para pasarlo bien.

Los clientes eran los de toda la vida y mantenian mas o menos los mismos horarios. Un dia David me comento.

– Juan menudo bombon ha empezado a venir a tomar cafe todos los dias. Tienes que verla.

– Venga ya fantasma, tu lo que quieres es que me pase todo el dia aqui.
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Mi suegra el amor de mi vida

Hola amigos les contare este relato espero les guste
Me llamo miguel soy de stgo y con mi pareja llevamos 7 años desde el dia que llegue a su casa me fije en su mama en ese tiempo ella tenia 42 una mujer hermosa de donde la miraras ojos cafe pelo rubio ceniza media 1.55 aprox tenia el cuerpo como una joven de 20 siempre la mire con otros ojos pero ella nunca penso que a lo mejor yo sentia algo por ella despues de 5 años de pololeo yo me fui a vivir con mi pareja en una casa que compramos y ella y mi suegro siempre nos visitaban me encantaba cuando llegaba con falda o vestido ella siempre fue mi fantasia erotica pero un dia pillo a mi suegro con otra mujer y se separaron y nos pidio que si podia quedarse unos dias en casa a lo que yo dije que si enseguida ella solo se trajo la ropa yo con mi mujer teniamos de todo y le hicimos un espacio en la planta baja de la casa en una habitacion k usabamos como bodega que tenia pocas cosas jaa pero ella quedo conforme ahi.
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La señora de los tacos

Esto que les cuento sucedió apenas en abril de 2004, o sea
hace apenas tres semanas, resulta que andaba en la parranda con unos amigos pero
pronto se fueron dejándome bien picado en el trago, iba caminando rumbo a otro
bar que conozco y cerca de la oficina, al pasar por un local donde en ocasiones
me como unos tacos de carne muy buenos estaban cerrándolo sus dueños, ellos son
bastante jóvenes, el debe tener unos 23 años y ella de 20 a 22 añitos, el se
encontraba con más alcoholes que yo, es más casi tirado en el suelo y
discutiendo con su esposa, que llorando trataba de ponerlo en pie, ella es
morenita, delgada con senitos pequeños y trasero con cadera pero no con mucho
volumen, sin embargo con sus jeans se veía muy bien, al pasar como les digo por
el local, los salude como otras tantas veces lo había hecho, es decir no era
desconocido para ellos, el tipo me saludaba y abrazaba pidiéndome que lo
perdonara por su estado casi recargado sobre mi, mientras veía a Claudia (así se
llama la señora) que lloraba y trataba de esconder su rostro de pena ante mi.

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Tímida ella, inexperto él

“Ante todo, espero que ella no se entere que te he enseñado esta fotografía y ni que mucho menos se entere de que te he contado nuestra apasionante vivencia sexual”.

Este fue el comentario que me hizo mi sobrino, cuando por fin conseguí que me relatase su historia con aquella sueca madura.

Mi sobrino, un chico de 18 años, hasta este verano pasado, podríamos decir, que no había salido de las faldas de su madre, mi cuñada.

Cuando vi la foto, comprendí en cierto modo, el reparo que tenía Svenka (por lo visto así se llamaba), en hacérsela. Se le ve una mujer retraída y pudorosa a pesar de haber accedido a hacerse la fotografía desnuda, no sé…quizás si observamos su expresión y vemos como con su mano tapa parte de su vagina…en fin, me da cierta impresión de pudor.
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La margarita deshojada

Nuestra historia transcurre en Querétaro, un estado situado en el centro de México. Más concretamente en una cafetería que la protagonista de nuestra historia, Maggie, acude todas las mañanas entre semana a tomar café durante su media hora de descanso. Sin embargo, dicha cafetería había permanecido cerrada unos días, hasta que un joven empresario de origen español decidió adquirirla y ampliar la oferta culinaria.

Tras la barra, un joven con la veintena superada, pelo corto y moreno, sin entradas, ojos achinados y oscuros tras unas gafas de montura metálica, bastante alto y de complexión delgada, sacaba brillo a unos cuantos vasos la mañana que Maggie decidió volver a aquella cafetería.
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