Casual encuentro I

Termino de arreglarme y me veo al espejo, vestido corto negro, tacones color plata, collar que va a juego con el collar, sombra ahumada para dar un poco de vida nocturna a mis ojos y labios color rojo intenso. Me gusta ver mi cuerpo con esta pinta… suena mi teléfono celular el cual hace que me salga de mis pensamientos, corro a contestar.

– ¿Estas lista amiga?

– Si claro, ¿pasas por mi o nos vemos allá?

– Paso por ti muñeca, prefiero que andemos en un solo auto.

Y tras decir esto, afirmo y cuelgo el celular, en menos de cinco minutos ya ha llegado Vanessa por mí.

– Que alegría que te hayan dado el trabajo amiga, me emociona mucho. –me dice mi amiga caso gritando.
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El polvo en el camino

El pasado 22 de septiembre, último día de verano, puse fin a mi periplo por la senda GR-92 que recorre la costa mediterránea. Había comenzado tres semanas antes en el sur de Francia y mis obligaciones no me permitían continuar más por aquellos inolvidables pinares y campos de algarrobos; con el mar a mi vera, a veces calmado y otras con alegres puntillas revoltosas.

Tres semanas sin internet: Con mis reflexiones, recuerdos y asombros me bastaba para ser feliz. Pero en la GR92 no abuna la soledad. Hay multitud de caminos transversales y pistas de tierra por donde transita gente hacia las innumerables calas.

Salí de Hospitalet del Infante con intención de llegar hasta La Ampolla, meta final de mi aventura El día era precioso, luminoso. Poca gente en el camino, y alguna que otra playa nudista. A media hora de La Atmella vi, a unos veinte metros delante de mí, a un extraño sujeto quieto tras un matorral, con el torso desnudo y el moreno muy intenso. Vestía un pantalón negro y zapatillas de deporte… Me extrañó que vistiera un pantalón inapropiado para transitar aquella senda, un pantalón negro como el del camarero de una Tagliatella, o del testigo de una boda…
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Desahogo

-Joder, las nueve de la noche pasadas… ¡Estupendo Javi! ¡ESTUPENDO! Hoy ni tan solo veras a los niños- Me gritaba a mí mismo en el coche mientras aparcaba en el parking de casa.

Había sido un día especialmente jodido. Sí, era una putada que mi jornada laboral se alargase hasta tan tarde, pero ya tenía asumido desde hacía mucho tiempo que cuando un cliente venía a auditar la fábrica mi horario de trabajo comprendía tantas horas como fuesen necesarias. Al menos podía escaparme de las cenas de negocios y los compañeros asumían el último sacrificio del día sin mí. Aquel era un pequeño privilegio que el director tuvo a bien concederme desde que dos años atrás me había quedado solo con los niños. Tampoco podía quejarme ya que mi trabajo de ingeniero me proporcionaba los ingresos suficientes para que no les faltase de nada a pesar de estar los tres solos.

No, no había sido mi maratoniana jornada de trabajo lo que tanto me había tocado los cojones aquel día. Perdonad por el taco, pero es que realmente me habían tocado mucho, pero muchísimo los cojones…
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Aquel maduro me folla y mi marido nos ve por Skipe

Había ido esa mañana a la playa sola, pues mi pareja Mario tenía asuntos que resolver en hacienda, y aunque la mañana estaba algo fresca y nublada me apetecía un baño y un paseo por la arena.

Tome el sol,pero como hacia algo de fresco y se comenzaba a nublar amenazando algo de lluvia, decidí pasear por la arena, llegando hasta un espigón donde suelen ponerse algunos a pescar.

Pase atrevidamente por las piedras hasta el fondo pues las vista desde allí de la playa son magníficas, cuando de pronto se puso a llover.

Quede me dio atolondrada pues no sabía qué hacer en ese momento ante aquel inesperado y fuerte chaparrón, por lo que intente darme la vuelta rápidamente, con la mala fortuna que las chanclas que llevaba me hizo resbalar, torciéndome el tobillo.

Me había fijado que había a unos metros uno con una caña pescando, sorprendiéndole igualmente la lluvia, aunque él se lo tomo con paciencia, pues parecía no molestarle la lluvia, si bien se dispuso a recoger todos los artilugios de pesca para salir.
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Sublime aquel abuelo con su arte y su falo

La semana estaba siendo de un ritmo difícil de aguantar, pues a pesar de que soy una mujer que me cuido mucho, tanto con la alimentación como con el deporte, y aunque parezca presuntuosa, no aparento mis años, aunque estos últimos días parecía haber envejecido varios, ya que el lunes y martes José Manuel, Josema como a él le gusta le llamen, me había dado tal sesión de rico sexo, con ese misil balístico transoceánico que tiene de dotación, que apenas podía sentarme.

El simple roce de unas braguitas o tanga me hacía ver las estrellas, pues el ultimo polvo de la noche con el que había terminado la fiesta, fue de tal intensidad y virulencia por su parte que pensé de allí no salía viva, y no podría contar a nadie como ese hombre conseguía que una se trasladara a otra dimisión donde solo existía goce y placer.
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Aquel abuelo reunía los requisitos de un semental

Estando Mario unos días fuera de casa para solventar unos asuntos familiares y mi zapatero con una gripe de caballo en cama, decidí salir de compras por la ciudad y así olvidarme de mi escasez momentánea de sexo.

Circulaba por una vía de dos carriles cuando mi vista se fijó inconscientemente en un abuelo que se disponía a cruzar con una niña pequeña y su carrito por un paso de peatones, pensando para mi interior “menudo abuelo más rico, que cuerpazo, afortunada la abuela que se aprovecha de semejante portento de la naturaleza” , pues ciertamente aquel espigado maduro llamaba la atención por su planta.

Fui a parar para que cruzaran, cuando el hizo ademan con la mano que continuara, por lo que contradiciendo la prudencia de un paso de peatones donde siempre se debe dejar paso, acelere suavemente haciéndole caso a su indicación.
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Refollada gustosamente por los dos viejos hermanos

Fui a los dos días de mi último encuentro con el viejo zapatero, a recoger mis zapatos pues el día de autos con la fogosidad del momento me los deje allí sin reparar.

Llegue y me lo encontré en la puerta con su hermano Luis, camino del bar a tomar un café, pero al verme llegar se pararon y dejaron que aparcara el coche para invitarme.

Me baje y me saludaron ambos efusivamente, pero fue Manuel el que agarrándome sin ningún tapujo mi trasero, me acerco hacia él, para darme un beso en la boca.

Su hermano Luis, picaronamente dijo- veo esto lleva buen camino y este bombón de mujer va a ser mi nueva cuñado.
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¿Y porque no? En un paraíso parte 1

Con la tibieza de la noche encima cruzamos un césped perfectamente alineado. Seguimos andando por un caminito de cerámica de mármol, hasta llegar delante de un lugar extraño. Parece un trozo de jungla salvaje, de maleza y lianas. Todo el mobiliario es de madera, tallado a mano, la decoración es obra de un gran arquitecto, es asombroso. Decidimos sentarnos para investigar con la mirada y tomar la temperatura ambiental (Jeje). Enseguida un camarero de traje blanco nos trae una carta compuesta por los alcoholes más caros del mundo. Nos decidimos los cuatro por un champán Louis Roederer Brut Premier, uno de los mejores champanes del mundo. Estamos como niños, fascinados por la belleza del entorno, de los cuerpos bailando o follando bajo el juego de las luces coloridas.

Hace mucho calor, por suerte una ligera brisa entra por todas las aperturas del vestido para rozar y refrescar mi piel
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El viejo zapatero me remendo mi conejito

Tras unos gloriosos 30 días con mi marido y mi tío Mario, este tuvo que partir para Uruguay no sin antes prometer que en unos meses regresaría, si bien nosotros no íbamos antes a conocer aquella tierra.

Al tercer día de la partida una ya andaba echando en falta aquellas fogosas atenciones de mis dos macho, pues Mario tras la marcha de su compinche parecía haberse tomado un pequeño paréntesis en el sexo para retomar fuerzas, pues salvo un amago de polvo en la ducha que quedo solo en eso, no lo habíamos vuelto a hacer esos días posteriores, dejándola una descansar pues el ritmo que había soportado era difícil mantener más tiempo.

Decidí salir de compras y a llevar unos zapatos de tacón que le tenía mucho cariño a un zapatero que me habían recomendado, pues la noche anterior al salir del restaurante se metió el tacón en un agujero de alcantarilla y lo partí.
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La facultad

Me revuelvo incómoda en la cama, finalmente abro los ojos y los dirijo hacia mi mesita de noche, el reloj marca las 3:20 am cierro nuevamente los ojos, me hago un ovillo y me tapó con el cobertor hasta la cabeza, pronto me quedo nuevamente dormida, vuelvo a despertar el reloj marca ya las 5:50 am, me estiró sobre la cama y me quedo inerte viendo el techo, el sonido estridente de la alarma me saca de mi letargo, apartó las cobijas y me levanto lentamente, corro un poco la cortina y me doy cuenta que los vidrios están empañados, afuera llueve fuertemente y la temperatura ha descendido nuevamente.
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