Una cena con final inesperado (vaya desayuno)

Me di la vuelta sobre la cama y quedé tumbado boca abajo evitando que la luz que entraba por la ventana me molestase.

Me pareció escuchar como Marta se levantaba y se encaminaba hacia el baño, pero yo estaba agotado y al parecer al cerrar los ojos entré en un profundo sueño casi sin darme cuenta.

¡Despierta dormilón! Escuche a mis espaldas.

Poco a poco fui abriendo los ojos intentado despertar mientras giraba mi cabeza en dirección a las voces que seguían gritándome en tono de broma que me despertase.

Conseguí darme la vuelta y allí estaban las dos.
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Sometida por León, el viejo amigo de mi madre

Llevábamos toda la vida viviendo las dos solas y mi madre jamás había llevado un hombre a casa. Ahora que yo empezaba a mantener relaciones aquello me parecía sorprendente. Aurora era una mujer imponente y siempre era el centro de atención de todo macho que se cruzaba en nuestro camino, incluyendo a mis amigos. Si yo en apenas unas semanas había logrado seducir a tres chicos distintos, su lista de conquistas debía ser enciclopédica. Pero ella se mantenía discreta y el destino de sus salidas nocturnas era un secreto para mí.

Aquella noche iba a ser la excepción. Después de mucho tiempo íbamos a salir juntas. Estaba emocionada. No sólo por lo que prometía la velada, sino por la identidad de nuestro anfitrión. Días atrás había tenido un encuentro fortuito con León, el dueño de un nuevo local en el centro que dijo conocer a mi madre. Cuando le hablé a Aurora de él ella palideció pero no tardó en llamarle para aceptar su invitación. Sin duda algo había en aquel hombre que la perturbaba.
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Una cena con final inesperado (amaneciendo)

A la mañana siguiente desperté con una sensación de hormigueo en el brazo y con las piernas aplastadas e inmovilizadas, al abrir los ojos descubrí la razón de estas sensaciones, Marta se había dormido sobre mi brazo y una de sus piernas estaba sobre las mías.

Habíamos dormido toda la noche sin movernos debido al cansancio de la noche anterior.

Giré mi cabeza hacia la otra parte y me encontré a Ana boca abajo totalmente dormida, tal y como se quedó la noche anterior.

Me estaba meando y necesitaba levantarme de la cama, por lo cual con mucho cuidado y con la intención de que ninguna de las dos despertase me dispuse a quitar la cabeza de Marta de mi brazo moviéndola muy despacio pero al primer movimiento, Marta abrió los ojos y mirándome a los ojos sonrió y me preguntó que donde iba.

No te preocupes – le dije muy bajito – voy al baño y vuelve, sigue durmiendo que es pronto.
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León, el viejo amigo de mi mamá

Los dos paquetes habían llegado esa misma mañana. Al abrir la puerta, el repartidor nos miró y pude ver en sus ojos que creía estar en el umbral del paraíso. Causar aquella reacción en los hombres me excitaba cada vez más. Sabía que la mera visión de mí y de mi madre -rubias, altas, de piernas estilizadas y cuerpos esbeltos- era un estímulo brutal para cualquiera de ellos. Especulé con invitarle a entrar solo para que hubiera visto incrédulo cómo su más secreta fantasía se hacía realidad. Para su desgracia, estábamos demasiado interesadas en el misterio que guardaban aquellas cajas.

No tardamos mucho en desvelarlo. En cada una de ellas, un vestido y una invitación. Sabía exactamente quién nos lo enviaba y a juzgar por el nerviosismo de mi madre, ella también. Llegada la hora nos pusimos la ropa que nuestro benefactor nos había enviado y nos contemplamos ante el espejo. Sin duda era un hombre con gusto, buen ojo y gran pasión por el morbo. A mi madre, Aurora, la había agraciado con un vestido corto de noche, de color negro, ceñidísimo a su escultural cuerpo y rematado por un escote vertiginoso que potenciaba sus enormes pechos.
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Adios a la ñoña

Acababan de cambiarme las vacaciones, ahora empezaban tres días antes.

Era como una señal, quería vivirlas a tope, quería más aventura en mi anodina vida y por eso estaba en el aeropuerto tras canjear mi billete.

Aún no había localizado a mi prima para avisarla que iba tres días antes; durante un par de segundos me preocupó el hecho, pero enseguida me regañé y zanjé la preocupación, ya iba a dar con ella antes de subir al avión o al llegar al aeropuerto.

Ahora y durante los próximos quince días iba a ser una mujer aventurera y despreocupada de todo en busca solo de distracciones.
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Una cena con final inesperado

Por fin ya son las 20:00 del viernes, llevamos toda la semana planeando en el trabajo esta cena de verano.

Todos los años, cuando llega el mes de Julio, los compañeros de la oficina organizamos una cena de despedida, por cuestión de turnos en las vacaciones veraniegas, algunos estaremos hasta tres meses sin vernos.

Para este año, la velada se presenta tranquila, somos todos casados y después de un agotador mes, lo que nos apetece es salir de fiesta y comer y beber hasta hartarnos.

El evento está planeado en un restaurante cliente de la oficina, en el que aparte de comer muy bien, el propietario se comprometió a hacernos un buen precio y a colocarnos en un reservado que tiene para los eventos, de esta manera por mucho escándalo que pudiéramos montar, no molestaríamos al resto de la clientela.
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Mónica: Una nueva alumna sumisa

En sus mails me contaba que los chicos de su edad la habían tratado miserablemente y se sentía fatal por ello,, pero que a pesar de eso le gustaba sentirse así y que lo había disfrutado a su manera. Pero quería aprender todo de la sumisión con alguien mayor y con experiencia.

Yo le expliqué que no me gustan las relaciones basadas en mensajes que si quería aprender tendría que tener valor y encontrarse conmigo cara a cara. Mónica me dijo que estaba dispuesta a todo.

Y así empezó esta nueva historia.

En un primer mensaje le detallé todo lo que habría de cumplir:

Hacerse un usuario de LINE para poder contactar
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El profe de historia

Sabía que me estaba mirando. Desde la corta distancia que separaba mi pupitre de su mesa podía sentir el calor de su mirada clavada entre mis piernas, ligeramente abiertas mostrando la braguita transparente que dejaba poco a la imaginación.

Su voz me llegaba como entrecortada, apenas si sabía de qué estaba hablando desde su mesa de profesor. Mi mente calenturienta de 17 primaveras corría en morbosos paisajes de sexo salvaje y sudor, de lenguas traviesas y durezas en mi interior.

Me ponía, me ponía muchísimo aquel profesor de historia, con su vaquero apretado y su camisa de franela a cuadros, su barba escasa y sus ojos azules.

Mis muslos se frotaban uno contra otro aumentando mi excitación. No podía reprimirme, mis más íntimos deseos se desbordaban a cada gesto suyo, a cada mirada disimulada a mi entrepierna. Me bastaba su entrada en clase para ponerme a mil.
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Sólo quise dar una mano

Hola mi nombre es Paola, ya había subido unos cuantos relatos y he tenido muy buena respuesta por parte de los lectores y eso me excita mucho jiji. Como ya saben, pues soy México y tengo 18 años, tengo un buen cuerpo, mido 1.71 m tengo unos pechos promedio (36B) no pequeños pero tampoco muy grandes, un trasero bien paradito piernas grandes. Soy de labios gruesos y ojos negros, cabello negro y tez entre blanca y morenita. En pocas palabras los hombres me dicen de cosas cuando me ven.

Bien, esta vez es algo corto pues fue con el intendente del gimnasio al que voy a entrenar. Muchos me dicen que si sólo cojo con maduros y les digo que no, solamente que es con quienes mas he hecho locuras jiji o me han obligado a hacerlas y me son mas excitantes.
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La venganza es un plato que se sirve frio II

Me metí en la cama tras darme una ducha, recordando la fiesta, las manos de Cloe, las manos de Roberto, su boca, su sexo… no daba crédito a lo sucedido.

Quería vengarme de ese hombre, hacer que se volviera loco por mí para luego dejarle tirado, pero no pensaba llegar tan lejos.

Ahora tenía claro que quien juega con fuego puede terminar quemándose y yo me había chamuscado.

Al día siguiente no cogí el teléfono cuando vi que era Roberto, no estaba preparada para afrontarle.

Le di vueltas a todo y al final decidí afrontar las consecuencias e intentar salvar los muebles lo mejor que pudiera.
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