Trio de ases

Haber perdido la virginidad anal es para una chica algo tan importante como haber perdido la virginidad original en su coñito.

Para mí resultó ser una liberación de complejos tremenda. Ya me habían abierto el culo, ¡por fin!. Y, en contra de lo que yo pensaba, no había supuesto ningún drama. Antes bien, muy al contrario, me encontraba eufórica en cierta medida. Ya lo había hecho todo, o eso creía yo, y me podía lanzar a un encuentro sexual con otro chico sin las trabas y respetos, sin los temores y tabúes que me atenazaban antes de la clase de trigonometría con Santi.

Quedé con él algunas veces y realizamos el acto sexual, como os podréis imaginar, de todas las formas concebibles. Pero aquellos encuentros no dejaron huella en mí, o por lo menos no tanto como el primero.

Fue más adelante cuando volví a tener con el mismo protagonista, con mi querido Santiago, un encuentro que si marcó un punto de inflexión en mi vida y por eso este relato lo quiere reflejar con todo lujo de detalles.
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Mi primer trió y cuarteto

Muchas son las experiencias que compartí con Manolo, me limitaré a relatar las más bizarras, extrañas, singulares o como queráis llamarlas. Desde luego le gustaba encularme, tanto que mi esfínter se hizo al grosor de su verga dándome tremendo placer. También, cuando le comía el culo, mi dedo medio se convirtió en un experto acariciándole la próstata hasta el punto que su verga parecía un grifo mal cerrado, emanando del prepucio un delgado y constante líquido pre seminal que, por supuesto degustaba con gran deleite. Mi coño fue el que más tardó en acostumbrarse al grosor de su verga pero, con paciencia lo consiguió. Ni qué decir que entre Manolo y yo surgió una gran amistad pero sobre todo una complicidad sin igual en nuestras relaciones sexuales. Por su mirada llegué a saber lo que pensaba y sobre todo, al follar, sentí en mí misma el placer que él sentía y eso, creedme es difícil ya que suele ser frecuente tener una satisfacción personal sin importarnos el placer que la otra persona pueda sentir.
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El trío con Josefa y Celia

Volví al Madrid de mi alma con cierto sabor agridulce de aquella localidad alavesa en donde fui destinado; y que en tan sólo cinco meses viví dos aventuras tan intensas que me hizo ver el mundo femenino tal como es, no tal yo creía que era. Tenía la creencia (como he repetido muchas veces) que para la mujer el sexo era consustancial con el amor; es decir, que la mujer sólo ama, hace el amor. No folla.

Pero ¡Sí! Sí! Estibaliz sabía muy bien antes de entrar en mi alcoba que me marchaba para siempre de allí. ¿Qué es lo que la motivó a que un joven diez años más joven que ella la desvirgara?

Estaba muy claro, que fue la llamada del sexo lo que le motivó, ¿O quizás la desesperación? Evidentemente unido a la elección del hombre que tuviera ese honor; no creo que se hubiera ido con cualquiera. Pero con 30 años, una mujer que no ha sido desvirgada todavía, debe ver su futuro con cierta hipocondría, y le llegará el momento que rompa con sus conceptos morales y haga lo que hizo Estibaliz conmigo.
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Sentirse cómoda con una amiga

Soraya llegó en taxi al gimnasio quince minutos tarde y fue directamente al vestuario a ponerse el bañador. Se desnudó pausadamente, como quien no tiene un compromiso, contemplándose a si misma en el espejo. Pese a estar en el séptimo mes no se encontraba para nada torpe o pesada. Se veía guapa, se le habían hinchado los pechos y tenía los pezones muy sensibles. El roce con la blusa le daba mucho placer mientras simplemente caminaba por la calle. Se miró el trasero. Había ganado algunos quilos, pero le sentaban bien, en cuanto pudieran ponerse unos vaqueros iba a ser el foco de todas las miradas.

De repente irrumpió Sandra en el vestuario.

— ¡Hola Soraya! ¿Tarde tu también, he?

Soraya la saludó con una sonrisa. Intencionadamente no hizo ademán de ponerse el bañador. Sabía muy bien como la miraba Sandra. Se mostró por delante y de pronto, distraídamente, se giró para obsequiarle con un vistazo de su trasero. Sandra tendría en que pensar cuando se encontrara a solas sin nadie que le impidiera aventurar sus manos entre las piernas.
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Apestas

Apestas a sexo. Y no me extraña. Llevas todo el día pensando en ello. Todo el día deseándolo, todo el día mojada, oliendo a coño todo el día.

Te mande un mensaje quiero verlo, lo sabes, hazlo.

Soy un pedazo de hijo de puta impresionante. Por eso te gusto. No solo me encanta que te mojes pensando en mi, me encanta provocarte, me gusta sentir tus temores, tus dudas, y ver cómo cedes a mis caprichos, y cómo se somete tu cuerpo y tu ánimo, me gusta verte temblar de gusto, pero también verte temblar sin más, me gusta mi poder y tu peculiar forma de rendirte.

Has quedado conmigo por el msn, es lo más práctico y lo menos peligroso. La hora. Lo demás estaba preparado. Ya tenía la llave. Y costumbre. Entro siempre sin hacer ruido.
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Colgada en Buenos Aires II

La reunión fue como la seda. La entrada de escena de Bruno me dejo helada, pero desde luego hizo que las cosas rodasen y antes de levantarme de la mesa ya tenia firmado un contrato para la implantación de un campo de molino eolicos a falta de pocos flecos que se limarían en futuras reuniones por skype.

Perez y Bruno me acompañaron al ascensor, le di dos besos a cada uno en el que Bruno aprovecho para pellizcarme el culo con disimulo mientras me sonreía.

Salí disparada pues perdía el vuelo. Ya en el avión y con más de 10 horas por delante me relaje y recapacite sobre todo lo vivido en los últimos días. Los cuernos de mi novío, mi despertar sexual, el cierre del contrato que me arreglaba el año. Aprovechando el wifi del avión mande un mail a Bruno dandole las gracias todo.

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De putas con mi hermano…

Sentí que me correría en cualquier momento, intentaba desacelerar pero me era imposible. Eyacular se me presentaba mas una necesidad que otra cosa, en ese minuto percibía que necesitaba liberar todo el placer contenido durante esa masturbación en una explosión de semen. Pero no debía. No.
Si me corría ahora le daría el primer lugar a mi hermano, y no deseaba eso.
Desde hacía varios años nos masturbábamos juntos, creo que desde que el se presentó un día frente a mi y se bajo los pantalones y me dijo.
—Mira que velludo estoy.
Esa vez me sorprendí bastante, porque yo era un un niñato y no sabía que eso me esperaba. Cuando ví la polla de mi hermano cubierta de una gruesa mata de vello negro pensé: ¡Yo quiero tenerla igual!, luego recordaba cuál era el estado de mi polla. Pequeña, lampiña, blanca.
Por eso, cuando comencé a desarrollarme, sentí un alivio bastante grande.
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El primer y unico trio

Antes k nada me presento soy Alejandro del sur de Chile. Soy de fisico ni flaco ni gordo tengo 30 años. Casado ya hace 9 años mi mujer tiene 31 años s vajita pero de culo y senos espectacular.
Ella solo le gusta l sexo solo lo normal.
Hasta k cierta dia llega a nuestra casa su adorable y rica prina una chikilla morena de 21 años con unos senos enormes y de un trasero normal.
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Fóllame, mi cuerpo es tuyo

La noche era húmeda. El mar estaba agitado, y las olas
rompían con brusquedad en la orilla. Oscar, mi novio, Sara, mi mejor amiga y yo
éramos los únicos habitantes de la cala solitaria… en un pueblo de Almería.

Habíamos estado de copas, y el mareo y la confusión nos
habían llevado hasta allí. Los tres estábamos tumbados sobre la arena,
escuchando y sintiendo los sonidos de la naturaleza marina. Yo me levanté y me
dirigí hacia la orilla, dejando mis zapatos sobre la arena. Llevaba una faldita
de playa y podía sentir el viento suave en mis piernas desnudas. El agua rozó
mis pies, y una ola me empapó la ropa. La falda y la blusa que llevaba quedaron
ceñidas a mi cuerpo, y mis pezones, erectos por el frío, se me transparentaban a
través de la blusa.
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El trato

Estaban los dos ahí, sentados en el borde de la cama. No sé cuánto habríamos bebido pero cuando me asomé a la puerta y me acerqué me costó mantener una línea recta. Ellos parecían estar iguales, pues no dejaban de mofarse de mi forma de andar.

-¿Qué hacéis aquí? -les pregunté.

-Hicimos un trato, ¿no lo recuerdas? -me inquirió Ella. Sus profundos ojos oscuros me miraban de forma provocativa.

-Pues la verdad es que no me acuerdo de mucho…

-Quien ganara tendría derecho a una noche… una noche especial con los dos que perdieran… -me explicó Él. No terminaba de entender a qué se refería.
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