Cena entre amigos

Todos los años celebramos una cena “especial” en casa. Ellas, amigas de la universidad con sus parejas y sexualmente “compatibles”, por decirlo así. Todos liberales y sin tapujos en lo que se refiere al sexo.

Hay recuerdos memorables de esas noches y muchas ganas de repetir. Cierto pique entre las chicas sobre todo para ver quién vestía más guapa y provocativa. Habíamos quedado a las diez en casa de Ana y Alberto. La cena estaba preparada, sólo quedaba calentar los platos y la mesa del comedor, donde pasaríamos la mayor parte de la noche, con un mantel blanco, cubiertos y vajilla. Todo muy elegante.

A las siete de la tarde Ana recibió la llamada de su amiga Patri. La típica conversación previa a estos eventos.

P: ¿Qué tal?

A. Muy bien… impaciente.

P:¿Estás nerviosa?.

A: ¿Yo? ¡Qué va!. Caliente en todo caso. Jajaja. Llevo chorreando toda la tarde. Parezco una perra en celo.

P: Jajaja. Bueno, una perra sí que eres…¿qué te vas a poner?. Yo no sé todavía…

A: Pues vete pensando que quedan tres horas….y recuerda que no puedes venir vestida como una mojigata como la otra vez.

P: Ya, ya. Todas ibais tan monas….

A: Bueno, se trata de darle un puntillo a la cena ya sabes.

P: A ti sí que se te da bien. Seguro que te has pillado algo nuevo.

A: Claro. Unas sandalias.

P.: ¿Tacón?

A: El obligado. Ni más ni menos. A Alberto no le gusta otra cosa ya sabes. Son negras y de pulsera, preciosas…

P: Qué ganas de vértelas puestas…..

A: Jajaja. Bueno, aquí te espero. A ver qué cómo aparece Susana que siempre se lleva el premio gordo.

Alberto estaba sentado en el salón cuando sonó el timbre.

Alberto: Ana, abre la puerta que llegan los primeros. Seguro que es Patri con su chico. Susana siempre se retrasa.

Allí estaban Patri y Ángel. Él camisa y pantalón de pinzas. Patri vestía una minifalda ajustada y unos tacones negros de infarto con una cazadora de cuero.

A.: Patriiii!. Qué ganas de verte. Hola Ángel qué tal? Dos besos. Mua, mua.

Ángel: Bien. Tú estás guapísima como siempre.

A: Muchas gracias.

Ana estaba espectacular. Llevaba un pantalón negro de gasa casi transparente ajustado a los tobillos y sus sandalias de tacón nuevas. . La blusa blanca transparentaba su sujetador de encaje y el pantalón dejaba ver su culo de gimnasio. Los labios pintados en un tono oscuro discreto. Estaba muy sexy, dejaba ver casi todo pero de modo elegante. Muy de su estilo.

A.: Patri, dame la cazadora que te la cuelgo en el perchero.

P.: Uhhhmm. No. Antes debería saludar a Alberto.

Ana se extrañó un poco y Patri tenía una especie de sonrisa en la boca muy rara. ¿por qué no quería quitarse la cazadora?

A: Eh…claro. Pasad al salón.

Alberto esperaba sentado en el sofá justo enfrente de la chimenea. La temperatura era perfecta y él disfrutaba de un whisky sin hielo que tenía apoyado en una mesa auxiliar. Le toca hacer de anfitrión y en estas cenas eso es importante, sobre todo para las chicas.

Patri entró pisando firme con sus tacones altísimos. Se situó enfrente de Alberto con la columna muy erguida y un punto desafiante. Ángel la seguía mirando cómo movía su culo y sus espléndidas piernas. Alberto se puso cachondo en cuanto la vio con esa minifalda sin medias en pleno invierno. Los tacones le hacían parecer una diosa y llevaba el pelo suelto rizado y oscuro

Alberto: Patri!. Qué guapa estás. Está claro que has aprendido de la última vez….jaja.

El tono de voz lo decía todo. Sabía que ella se estaba presentando y esperaba obtener su aprobación. Le hablaba con un tono condescendiente y a ella le gustaba la situación.

Alberto: ¿Pero qué haces ahí parada?. Quítate la cazadora anda…

P.: Claro, como tú digas.

Le miraba fijamente a los ojos. Se inclinó levemente hacia adelante y comenzó a bajarse la cremallera. Sujetó los dos extremos de la cazadora para mostrar mejor sus espléndidas tetas, grandes pero bien proporcionadas y con los pezones erectos. Estaba claro que se había propuesto ser la reina de la noche. Estaba altiva, segura de sí misma, reivindicando su papel de mujer fatal dispuesta a cualquier cosa. Y muy cachonda.

P.: ¿Ángel me ayudas?

Ángel: Claro que sí, pero date la vuelta para que Alberto te vea completa.

Le quitó la cazadora. Y ahí estaba ella dando la vuelta como si fuera una esclava que se exhibe al mejor postor. Estaba preciosa. Al quedarse desnuda por la parte de arriba le entró un poco de timidez, pero enseguida recuperó la confianza al ver la cara que se le había quedado a Alberto y, sobre todo, la cara de asombro de Ana su rival otras veces.

Alberto: Joder, que sorpresa. Me parece que lo vamos a pasar muy bien esta noche…. Ángel, siéntate amigo me alegro de verte. Veo que la tienes bien enseñada. Jajaja. Ana, sirve unas copas a nuestros invitados.

Ángel se sentó en uno de los sillones individuales. Alberto no le quitaba el ojo a Patricia a ver qué hacía. Se sentó al lado de su chico, arrodillada en la alfombra y con las palmas de las manos en los muslos. Era una chica muy educada y nadie la había invitado a sentarse en el sillón. Ángel le acarició el pelo y le dijo algo al oído. Se le notaba orgulloso de que su chica había cubierto las expectativas.

Ana se fue a la cocina, con un buen enfado. Ésta hija de puta le iba a quitar todo el protagonismo. Qué zorra. Se había hecho la buenecita en la conversación de teléfono.

Sirvió las copas y las llevó en una bandeja al salón mientras Ángel y Alberto hablaban de sus cosas y Patri le acariciaba la polla a su chico por encima del pantalón.

Ana: Bueno, está visto que aquí la que no corre vuela….En fin. Aquí tenéis las copas. Ángel, ¿Patri va a beber?.

Ángel: Sí, sírvele un gin tonic bien cargado que lo va a necesitar.

Ana sirvió las copas incluida la de su amiga que la miraba desafiante. La última vez Ana la ridiculizó toda la noche por ir vestida de vaqueros y con una camiseta, a pesar de que sabía dónde iba. No conocía a nadie y se pasó toda la noche mirando. Todos incluso su chico habían pasado de ella y sólo al final consiguió que su chico le dejase comerse la polla que todas habían catado. Esta noche tendría su merecido.

Alberto: Ana, no te pongas celosa que todo puede ir a peor. A ver si llega Susanita que todavía te puedes llevar otra sorpresa…

En ese momento sonó el timbre. Ana se temía lo peor. Susana era siempre la número uno. Los mejores vestidos, la lencería más sugerente y una actitud arrolladora. Los chicos se ponían en fila para follársela y las demás se tenían que comer las migajas. Si aparecía como la otra vez, como una diosa, estaba perdida.

Abrió la puerta y apareció Christian.

Ana: Hola Chris, que tal?. Le besó en la comisura de los labios. ¿Y Susana? ¿Has venido solo?. Por un momento pensó que iban a tocar dos para tres…..

Christian: No. Susana ha dicho que llegará un poco más tarde. Se estaba arreglando y vengo directo de la oficina. Qué tal, ¿llegaron los demás?

Ana: Sí, pasa. Están en el salón. Ahora mismo te sirvo una copa.

Entró en el salón y saludó a los chicos. Patri estaba sentada en el sofá al lado de Alberto que le acariciaba las tetas. Sentada con las piernas abiertas y esa minifalda pudo ver su coño a través de las braguitas de encaje. Christian se quedó de pie para disfrutar de esa visión. Ángel bebía tranquilamente su copa.

Christian: Joder!. Vamos en serio esta noche, no?.

Ángel: Patri, saluda a Christian como es debido. Ya me entiendes.

Patricia entendió perfectamente. Miró a Alberto pidiéndole autorización y éste respondió con un gesto. Se acercó a cuatro patas al recién llegado, se sentó en cuclillas sobre sus tacones y comenzó a desabrocharle el cinturón. Le sacó la polla que se puso inmediatamente dura y comenzó a masturbarlo delante de todos.

Alberto: Eso, hay que tratar bien a los invitados no como tu amiga Ana que no sé dónde coño está.

Ana respondió enfadada

Ana: Estoy aquí, de camarera. Alguien tiene que poner las copas no?.

Le acercó a Christian su whisky mientras Patri le comía la polla larga y dura. Con la mano izquierda le sujetaba los huevos mientras se metía su miembro hasta el fondo de la garganta. Intentaba salivar todo lo que podía para hacerlo más fácil. Recorría su capullo con la lengua una y otra vez. No hay nada que le guste más en el mundo que comerse una buena polla y se le nota.

Ana estuvo tentada de arrodillarse a su lado, pero sabía que nadie la había invitado a la fiesta. Le cogió de la cabeza a la amiga y la retiró de la polla para hacerle una coleta de modo que Christian pudiera ver mejor su cara. Seguía comiéndose esa polla como si fuera la última vez en su vida. Estaba cachonda. Ana le dirigía la cabeza de vez en cuando y la ayudaba a metérsela hasta el fondo mientras recogía los restos de su baba y se los daba a comer de sus dedos. Alberto y Ángel miraban el espectáculo. Christian estaba a punto de correrse cuando la apartó.

Christian: Vale, vale….que queda toda la noche por delante y aún no ha llegado Susanita. Muchas gracias por el recibimiento Patri!. Venga, vuelve a tu sitio anda.

Ana se alegró. Anda, te jodes. Patri se volvió disgustada. No había conseguido que se corriera a pesar de todo el empeño y se lo tomaba como un fracaso. Volvió de rodillas hacia el sofá grande enseñando su culo a Ana y a Christian. Alberto la cogió de la coleta.

Alberto: Patri, no te disgustes que vas a comer polla toda la noche. Venga empieza por Ángel y esmérate que luego voy yo.

Ana le miró enfadada. Se supone que le tocaba a ella, pero no. Parece que iba a ser la camarera toda la noche y eso que aún no había llegado Susana. Casi estaba resignada a servir de comparsa. Qué putada. En su propia casa…..

Alberto: Ana, creo que he oído el timbre vete a ver.

Toda elegante con sus sandalias de tacón fino y su ropa carísima se dirigió a abrir la puerta. A ver qué le esperaba ahora.

Cuando abrió la puerta se encontró a Susana en el felpudo. De rodillas, con un collar y pulseras de cuero en las muñecas y los tobillos miraba hacia el suelo. Llevaba un abrigo de piel por encima.

Ana: Pero Susana? Qué haces?

Susana no levantó la mirada, sino que se quedó fijamente mirando las sandalias de Ana como una perra que espera autorización de su amo para hacer algo. Ana estaba tentada de cerrar la puerta, pero entonces apareció Christian con una correa negra de cuero en la mano.

Christian: Ponle la correo y hazla pasar. De rodillas.

Dicho eso volvió al salón. Ana hizo lo que se le había ordenado y enganchó a su amiga de la correa. Se preguntaba cómo había llegado hasta allí.

Susana había salido desnuda de casa. Descalza por la calle, a la vista de todo el mundo pero tapada con un abrigo falso de pieles cogió un taxi que la dejó en el portal de la casa. Ana entró en el salón con Susana de la correa, como si fuera una perra.

Christian: Alberto, qué hacemos con esta. Lo que tú digas estará bien. Llevo toda la semana entrenándola y creo que os va a gustar el resultado. Viene cenada, por lo que se puede dedicar a comer polla toda la noche.

Alberto: jajaja. Joder, sois geniales. Al final el único que tiene una novia medio normal soy yo.

Ana le miró con odio. Medio normal dice. Llevaba toda la semana haciendo todo lo que se le ocurría sin preguntar ni quejarse de nada. Se había pasado horas masturbándose sin que su chico la dejara correrse ninguna vez en toda la semana. Estaba totalmente salida y con el espectáculo que estaban dando sus amigas, todavía más cachonda.

Alberto: Venga Ana, decide tú qué quieres de tu amiguita Susana. Te dejo llevar el mando.

Estaba rabiosa.

Ana: Se puso en cuclillas para que su amiga la oyera bien. “Venga puta. Mira qué sandalias llevo. No te las pagas con el sueldo de un mes. Quiero que me las dejes limpias como cuando las saqué de la tienda”.

Se levantó de nuevo y tendió su pie hacia los labios de su amiga. Susana entendió la orden inmediatamente y comenzó a pasar su lengua húmeda por los dedos del pie de su amiga.

Ana: No!. Te he dicho las sandalias, limpia la suela!. Y la elevó un poco la suela para que la tuviera delante de sus labios.

Los chicos se reían a carcajadas. Nada mejor que un pique entre mujeres desnudas y en celo deseando ser cada cual más guarra que la otra. Patri le trataba de comer la polla a Ángel y le miraba a los ojos buscando aprobación, pero éste no prestaba atención. Prefería ver el espectáculo de Susana chupando las suelas de las sandalias nuevas de Ana.

Ana: Ya está bien puta, que me las vas a desgastar…

Se empezaba a sentir mejor en su papel de dominante de Susana y había descubierto cómo utilizarlo para neutralizar a las otras chicas.

Ana: Ven, ponte aquí en medio.

La llevó al centro del salón y retiró la mesa auxiliar que había entre el sofá y la chimenea.

Ana: Vamos, cómele el culo a Patri.

Le quitó la correa. Patri seguía arrodillada enfrente de Ángel y Susana se acercó olisqueando como una perra por detrás, para comerle el culo a la amiga. Ángel agarró a Patri de la cabeza, la apartó de su polla y le obligó a levantarse.

Ángel: Quítate las bragas.

Patri obedeció al instante. Estaba deseándolo.

Ángel: Ábrete de piernas, queremos ver cómo te come el coño tu amiga Susana.

Y allí estaban las dos chicas. Susanita totalmente desnuda con sus accesorios de cuero rojo comiéndole el coño a Patri. Se ayudaba de las manos para llegar mejor con la lengua a su clítoris y se lo chupaba con movimientos circulares. Estaban disfrutando las dos y los chicos encantados con la visión. Patri comenzaba a dar signos de estar a punto de correrse.

Ana las miraba con envidia. No estaba segura de haber acertado al ponerlas juntas. Ninguno de los chicos la reclamaba a ella y encima tampoco podía participar en el juego, a pesar de que le encantaría ser una de ellas.

Alberto: Ana, ven aquí.

Por fin!. Se acercó al sofá, rodeando a las chicas y se arrodilló frente a Alberto dispuesta a abrirle la bragueta a su hombre y hacerle la mejor mamada que sabía hacer.

Alberto: Qué haces?

Ana levantó cabeza.

Ana: Perdona, que no te he pedido permiso. ¿Te puedo chupar la polla? Por favor, déjame, me muero de ganas.

Alberto: ¿Qué dices?. ¿Nos piensas dejar sin cenar?. Anda, vete a la cocina y prepara la cena en el comedor. Déjanos disfrutar de tus amigas.

Ana: Sí, como tú digas.

Se levantó con toda la dignidad que pudo. Pensaba que los demás la estarían mirando, pero no. Miró de reojo a Christian y Ángel que estaban con sus pollas en mano disfrutando la escena de sus chicas comiéndose el coño. Alberto se levantó y comenzó a masturbarse delante de sus dos amigas. Ahora sí que eran ellas las protagonistas.

Susana y Patri ya se conocían de hace tiempo y estaban rememorando su etapa universitaria. Se habían puesto a hacer un sesenta y nueve y se corrieron la una en la cara de la otra. Los chicos las levantaron y se descargaron en su cara. Alberto también. Las chicas se limpiaron mutuamente la corrida y se retiraron a los pies cada una de su hombre. Ana preparaba la cena en la cocina. Necesitaba correrse. Estaba frustrada y no podía reaparecer en escena cachonda como una perra. Tenía que hacer algo para llamar la atención.

Todos estaban sentados en el comedor como si nada hubiera pasado. Era una cena de lo más normal, con el detalle de que una de las chicas estaba totalmente desnuda y la otra casi. Alberto había servido unas copas de vino y comían los aperitivos. Entonces entró Ana llevando una bandeja con una sopera que contenía una crema de primer plato y dos cuencos. Sirvió los platos de los chicos y rellenó dos cuencos que dejó en el suelo de sendas esquinas de la habitación.

Ana: Ahí tenéis vuestra cena perras. Venga, no os hagáis las señoritas que sé perfectamente cómo os tratan en vuestra casa.

Las chicas se miraron entre ellas. Ana había asumido un papel que se supone que no le correspondía, pero eso lo debía decidir Alberto. Entonces todos le miraron.

Alberto: Ya la habéis oído. Ana, encárgate de que no dejan nada en el plato.

Por fin se sintió satisfecha. Había encontrado su papel Tendió la mano a las chicas para que se levantaran de la silla y las colocó enfrente de los cuencos. Les corrigió la postura para que se les viera bien el coño abierto y chorreante mientras se comían su crema a lametones. Susana lo tenía asumido, pero Patri no estaba ya tan a gusto.

Entonces supo como atraer la atención hacia ella. Se desnudó delante de todos y se quedó con sus sandalias de pulsera. Se apoyó en la mesa y dejó su culo expuesto al lado de Christian que sabía le tenía muchas ganas.

Alberto: Fóllatela. Lo está pidiendo desde hace una semana y te aseguro que le hace falta, a ver si se le quita esa cara de ajo.

Ana apoyó su cabeza contra el mantel esperando la embestida de esa polla inmensa de Christian que se levantó, se desabrochó el cinturón y eligió darle por el culo.

Primero le metió un dedo para dilatarlo, luego el segundo y entonces comenzó a bombearla.

No sabría distinguir si sus lágrimas eran de dolor o alegría. Después llegaron los demás. Uno tras otro se la fueron follando repetidamente. El último fue Alberto que a punto de correrse la agarró del pelo y le dijo al oído: “me encantan tus sandalias”. No podía ser más feliz. Lo había conseguido.

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