Chico negro en el bar mientras ceno con mi novio

Vengo para contaros que sigo con mi (reciente) obsesión por los negros. Esta noche he ido a cenar con mi novio a un bar-restaurante, y me ha pasado una cosa que no podía esperar para contaros. Estábamos sentados en una mesa cercana a la zona del bar, mi novio de espaldas a la barra y yo enfrentada a ella. Al poco rato de sentarnos, apareció un chico negro (con pelo afro, estoy acostumbrada a verlos rapados) y se sentó a la barra. Pidió algo y cogió su móvil. Desde que lo vi entrar no pude apartar la vista de él, me sigo fijando obsesivamente en los negros últimamente, como os conté en el anterior relato.

Era un chico de unos 1,90 metros, vestía unos vaqueros holgados y una camiseta de rayas horizontales muy fina. Al entrar vi que la camiseta le marcaba los pectorales y los hombros. Esta es una de las cosas que más me están atrayendo de los negros (aparte de lo obvio), su musculatura. Parece que todos se machaquen en el gimnasio, aunque sus cuerpos son como tallados, nada exagerados. Este chico llevaba además el pelo a lo afro, en trencitas, y tenía unos labios gruesísimos.

Sin saber muy bien por qué, busqué una excusa para acercame a la barra. Le pregunté a mi novio si quería tomar algo mientras esperábamos, y me levanté a pedirlo a la barra. Me coloqué a dos taburetes de distancia del chico negro, y me senté tropezando antes con el taburete a propósito para llamar su atención. Yo llevaba puesto un vestido ajustado de colores llamativos, sin escote y un poco por encima de medio muslo. No era provocativo, pero sé que me marca mucho el culo, así que me aseguré que me sentaba de espaldas a él.

Le pedí a la camarera un par de refrescos, y me hice la tonta esperando a que me los pusiese en lugar de llevarlos ella a la mesa. Me apoyé en la barra con un codo, como queriendo acercarme a leer algo en la pared, así podía levantar el culo un poco. Tengo que decir que no soy nada provocativa cuando salgo, pero esto que me está pasando con los negros me está cambiando… Al incorporarme sobre la barra, desplacé el taburete un poco hacia atrás, para que hiciese ruido, y efectivamente, pude ver en el espejo de la pared cómo él se giraba instintivamente al oir el ruido, y rápidamente echaba un vistazo a mi culo. Me senté enseguida y le miré despistada.

Tenía unos ojos increíbles, profundísimos. Se debió de poner nervioso porque pude ver cómo empezaba a mover las piernas. Cuando estuve segura de que había puesto el cebo, me levanté (volviendo a hacer ruido con el taburete) y fui caminando hacia la mesa de mi novio. Esta es otra cosa que me está sorprendiendo: intenté caminar seduciendo, me aseguré de que mi culo se veía bien desde la posición del negro, caminé y me acaricié el culo como si quisiese desprenderme de algo que se me había pegado. No sé si me estaba viendo, pero me estaba sintiendo super guarra haciéndolo! Y me gusta!

Me senté en la mesa, y pronto empezamos a hablar mi novio y yo. De vez en cuando, levantaba la mirada hacia el chico negro, y varias veces le pillé mirando hacia nuestra mesa, pero parecía tímido. No podía dejar de imaginarme su pene, y si sería tan descomunal como el chico de la parada de autobús que os conté.

Como ya os dije, me sigue sorprendiendo (y gustando) este gusto por los negros. Si os parece bien, os seguiré contando si me siguen pasando cosas 🙂 La verdad es que me sienta bien a mí, no sé si es por el exhibicionismo o por qúe.

Besos,

M.

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