¿Cómo va la cosa, suegrito?

Pedro estaba en el salón, viendo la tele. Era una lluviosa y aburrida tarde de domingo. Lidia, su hija, su ojito derecho, había salido con unas amigas y su mujer dormía la siesta.

Su teléfono sonó con el clásico silbidito de un mensaje de whatsapp. Con desgana, cogió el aparato, lo desbloqueó y miró. Vio que salía un número de teléfono en lugar de un nombre, señal de que el mensaje lo enviaba alguien que no estaba en su agenda. La notificación decía: “¿Cómo va la cosa, suegrito?”

Se trataba, sin duda, de algún error. El no era el suegrito de nadie. Abrió el whatsapp y contestó:

-Creo que se equivoca de persona.

Iba a dejar otra vez el teléfono en la mesita de al lado del sofá, cuando recibió un nuevo mensaje de aquel desconocido.

-No me equivoco, suegrito.

Aquello empezó a molestar a Pedro. Respondió con enfado.

-Mire, caballero. No soy su suegrito ni su nada. Revise el número porque lo debe de haber apuntado mal. Corríjalo y déjeme en paz.

-Suegrito, que no me equivoco – contestó el desconocido, añadiendo una risueña carita que enervó aún más a Pedro.

Enfadado, bloqueó el teléfono y lo dejó sobre la mesa. Se dijo que lo mejor sería ignorar a aquel imbécil.

Pasaron algunos minutos, y cuando creía que ya se había librado de aquel tipo, dos nuevos silbiditos le hicieron coger el móvil con rabia, dispuesto a cantarle las 40 al capullo ese. Abrió el whatsapp y se quedó de piedra. El primer mensaje decía:

-¿Acaso no es esta tu hija, suegrito?

Y debajo, una foto. Pedro la miró. Parecía, efectivamente, una foto de Lidia. ¿Cómo tenía aquel tipejo una foto de su hija? Pulsó sobre la foto para ampliarla y cerciorarse.

No había duda. La chica de la foto era Lidia. Sonreía a la cámara, con los brazos abiertos hacia quien sacaba la foto. Encima, iba solo con ropa interior. Una pequeñas braguitas y un sujetador que no hacían más que resaltar su bello cuerpo.

-¿Quién diablos eres? – preguntó.

-Jeje, suegrito. Soy el que se folla a tu hija.

Pedro se quedó paralizado. ¿Cómo que el que se follaba a su hija? Pero si ella no tenía novio. Al menos, que él supiera. Tenía que ser mentira. Ese tipejo habría conseguido la foto de alguna otra manera. Quizás se las hicieron, jugando, entre el grupito de amigas.

-¿Cómo conseguiste la foto, cabrón?

-Se la hice antes de follármela.

-Hijo de puta. Bórrala.

-Ni loco, suegrito. Con lo linda que está en las fotos.

-¿Cómo fotos?

-Jajaja. Pues claro. Tengo más. Mira

Antes los ojos de Pedro apareció otra foto de Lidia. Ahora ella se tapaba los pechos con un brazo mientras que con la otra mano agarraba el sujetador.

-Está buena, ¿Eh? – dijo el desconocido.

Pedro recibió una foto más. Lidia, ahora de espaldas, tenía el culito hacia atrás, como si lo meneara ante la cámara. Pedro no pudo evitar mirar aquel redondo y tentador culete.

No era la primera vez que lo miraba, ni siquiera la primera vez que veía así el cuerpo de su hija. El verano anterior, sin ir más lejos, la vio muchas veces en bikini en la playa o en la piscina. Tenía un hermoso y torneado cuerpo, pero jamás la miró con ojos distintos a los de un padre.

Ahora, sin embargo, miraba una foto de su niñita en bragas, enseñando el culo hacia la cámara. Aún no había podido reaccionar cuando recibió una nueva foto. Lidia miraba a la cámara, con una sonrisa cautivadora, los brazos en jarras, con las manos apoyadas en sus caderas.

Era la primera vez que Pedro veía las tetas de su hija al natural, sin telas de por medio.

-Mira que tetas más lindas tiene. Y mira los pezones. Estaba tan cachonda que los tenía duros como diamantes.

Pedro no fue consciente de que había ampliado la foto hasta tener un primer plano de los pezones. Parecían, verdaderamente, duros.

-Los tiene muy sensibles. Gime como una perra cuando se los chupo y se los muerdo.

-Cabrón. Borra inmediatamente esas fotos. Como se te ocurra mandárselas a alguien, te mato.
-Tranqui, suegrito. No se las voy a mandar a nadie. Todo queda en familia… jajaja

Si Pedro cogía a aquel tipo en ese momento, la apretaría el cuello hasta que dejara de respirar. Estaba lleno de rabia.

La siguiente foto le hizo abrir los ojos. Lidia aparecía totalmente desnuda. No pudo evitar que sus ojos se clavaran en el pubis de su niñita. Con asombro vio que estaba totalmente depilada.

-Es preciosa, ¿Verdad? – preguntó el desconocido.

Pedro escribió ‘Sí’ como respuesta, pero cuando iba a pulsar el botón de envío, borró lo que había escrito.

“¡Pero qué coño! No voy a seguir hablando con este imbécil”, se dijo.

-No veas lo mojadita que estaba. Tenía el coñito chorreando. ¿Quieres verlo?
-¿Pero qué dices? ¿Estás loco?
-Mira…

Recibió una foto. Era un primer plano de un precioso coño depilado. Estaba abierto, y claramente excitado y brillante de jugos.

-¡Ja! – dijo Pedro – No es mi hija. Habrás sacado la foto de internet.
-Es ella, te lo aseguro.
-Sí sí.

Recibió otra foto. El mismo coño mojado, los mismos muslos abiertos. Pero ahora la foto era de cuerpo entero. Lida, su niñita, sonreía a la cámara con las piernas abiertas, mostrando su intimidad.

-¿Qué? ¿Es o no es tu hija la que tiene el coño empapado?

Pedro no contestó. Se quedó mirando la foto de su hija.

-Está buena, ¿Eh, suegrito?

Siguió mirando la foto de su hija. No solo era una mujer preciosa, sino que aquella pose tan sensual la hacía muy deseable.

-¿Ya se te puso la polla dura?

En ese momento Pedro fue consciente de que tenía una fuerte erección, que abultaba su entrepierna.

-Eres un hijo de puta. Te exijo que borres esas fotos ya.
-No pienso hacerlo, suegrito. Me encantan estas fotos. La que te voy a mandar ahora seguro que te encanta.
-No me mandes más fotos, cabrón. Te voy a poner en la lista de bloqueados.

Antes de que pudiese reaccionar, llegó la foto. Pedro estuvo unos segundos sin reaccionar a lo que estaba bien. Su polla si reaccionó, palpitando entre sus piernas. En la pantalla había un primer plano de Lidia, mirando a la cara con sus hermosos ojos avellana. Y en su boca, distendiendo sus labios, una gruesa polla.

-Uf, suegrito. No veas lo bien que mama tu niña. Es una comepollas de primera.

Siguió mirando la foto. Parecía una de aquellas fotos que solía mirar por Internet. Pero con la diferencia de que no era una desconocida la que se comía una buena polla, sino su propia hija.

-Venga, suegrito. Que no nos oye nadie. Confiesa que tu niña te pone la polla dura. Mira sus preciosos ojos como te miran. Imagina que es tu polla la que se está comiendo.

Pedro se lo imaginó. Aunque trató de no hacerlo, no pudo evitar imaginar a Lidia chupándole la polla, arrodillada entre sus piernas.

-¿No dices nada? Bueno, tú mismo. Me tengo que ir ya. Ella me espera y me la voy a follar bien follada. Te mando una última cosa. Chao

El siguiente mensaje era un vídeo. Le llegó el primer fotograma, borroso. Tenía que pulsar para descargarlo. Por esa borrosa imagen supo que el vídeo era de Lidia chupando aquella polla.

Cerró el whatsapp y tiró su teléfono sobre la mesita del salón.

-Hijo de puta. Cabrón. No me vas a hacer mirarla así.

Trató de serenarse. Se tuvo que colocar la polla de lado, pues le molestaba dura como estaba encerrada en los pantalones. Siguió viendo la tele.

+++++

Sobre las siete apareció su mujer, con las sábanas marcadas en la cara y bostezando.

-Hola cariño. Vaya siestecita más rica que me he echado.
-¿Siestecita? Pero si te oía roncar desde aquí.
-Quita, quita. Exagerao. ¿Ya volvió la niña?

“¿La niña?” – pensé Pedro “Sí, sí. La niña. No veas como chupa pollas la niña. Ahora mismo ese tipejo se la estará follando”.

-No, no ha vuelto aún – respondió.
-¿Te apetece tortilla de cebolla para cenar?
-Ummm sí, sí. Con mayonesita.
-Ok. Voy a pelar las papas.

Pedro le miró el culo a su mujer mientras se alejaba hacia la cocina. La polla la tenía morcillona. Pero no era por aquel culo. Era porque no se sacaba de la cabeza la imagen de Lidia.

A la media hora oyó la puerta principal de la casa.

-Holaaaaaaaaaaa. Ya estoy en casa – gritó Lidia.

Pedro se estremeció. ¿Qué hacer ahora? ¿Hablar con ella? ¿Decirle lo que su supuesto novio le había mandado? Lidia ya era mayor de edad. Tenía el derecho de hacer con su vida lo que le diese la gana, y él no era quien para cuestionarla. Siempre había sido una buena chica. Jamás le había dado ningún problema. Su vida privada era de ella.

Así que optó por no hacer nada. Olvidarlo todo.

Pero no pudo. En cuanto ella entró al salón y se acercó a él a darle un beso, aquella foto volvió a llenar su mente. La foto de Lidia mirando a la cámara con una gruesa polla en la boca. La polla terminó de ponérsele dura del todo y tuvo que taparse con disimulo.

-¿Qué tal la tarde, cariño? – le preguntó inocentemente – ¿Te divertiste con tus amigas?
-Sí. Fuimos al cine. ¿Qué hay de cena? Me muero de hambre.

“¿De hambre? ¿Pero no te acabas de comer una buena polla?”

-Tu madre está preparando tortilla.
-¿De cebolla?
-Sí.
-Yupiiiii. Voy a echarle una mano

Los ojos de Pedro se clavaron en el precioso y cimbreante culito de su hija. Era la primera vez que la miraba así

-Joder Pedro – se dijo – ¡Qué es tu hija! Deja de mirarla así.

Lo intentó. Por supuesto que lo intentó. Pero no pudo. Durante la cena no dejé de mirarla con disimulo. Como se reía. Como comía. Como se mecían sus tetas tras la fina camisa que llevaba. Cada vez que ella se llevaba un trozo de tortilla a la boca él pensaba que era una polla. Su polla. Y encima, la mayonesa con que ella rebañaba cada trozo no hacía más que aumentar el morbo de sus pensamientos. La polla le dolía encerrada entre sus pantalones y se la colocó un par de veces.

Sus ojos se cruzaron con los ella en varias ocasiones. Ella le sonreía. Era tan linda.

Lidia era la viva imagen de su mujer a aquella edad. Preciosa, delgada, con un cuerpo espectacular. Con los años su mujer había cambiado. Su figura ya no era la misma. Sus tetas estaban caídas y había cogido bastantes kilos de más. Los años no pasan en balde. Ni por supuesto, para él. Pedro también había cogido sus kilitos. Tenía lo que su mujer llamaba su ‘redondita barriga cervecera’. Tenía bastante menos pelo en la cabeza. Pedro se miraba a veces en el espejo y se decía que para tener 50 años tampoco estaba tan mal.

Después de la cena fue peor. Lidia se puso un pijama cortito que no hacía más que resaltar sus encantos. Pedro lo pasó fatal. Ese cabrón que lo llamaba suegrito le había jodido el día.

Terminada la película Lidia se despidió de sus padres y se fue a la cama.

A los cinco minutos Pedro no pudo ya más. Cogió una de las manos de su mujer y la llevó hasta su polla.

-Uf, cariño. ¿Qué te pasa? – preguntó ella, apretando la dureza.
-Que estoy cachondo.
-Ya lo noto – dijo su mujer, retirando la mano.
-¿Echamos un polvo? Hace mucho que no follamos.
-Estoy cansada, Pedro.
-¿Pero si te has pasado la tarde durmiendo?
-No tengo ganas.
-Joder, Maruca. Nunca tienes ganas.
-Y tú siempre estás cachondo.

Pedro se lo vio venir. Si seguían así, empezarían con la discusión de siempre, que no les llevaría a ningún lado. Estarían enfadados unos días y al final todo quedaría como siempre.

-Está bien. Dejémoslo – dijo, resignado.

Siguió viendo la tele hasta que al rato su mujer se levantó.

-Me voy a la cama, cariño. Hasta mañana.
-Hasta mañana – respondió, seco.

Se quedó solo. Solo con sus pensamientos. Solo con su polla… dura. Se la empezó a acariciar sobre el pantalón. Sabía que terminaría haciéndose, como habitualmente, una buena paja para relajarse y dormirse a gusto.

Un bip bip de su móvil, que seguía en donde lo había dejado por la tarde, le sobresaltó. Miró y vio que era solo un correo de gmail. De publicidad, encima. Fue a dejar otra vez el teléfono sobre la mesa cuando se acordó de lo que allí había.

Dudó. Luchó consigo mismo, pero abrió el whatsapp y puso a pantalla completa la foto de Lidia mirándole con la polla en la boca. Y sin dejar de mirarla, siguió tocándose la polla por encima del pantalón.

-Joder, mi niña. Qué bien mamas – susurró.

Se bajó la bragueta y se sacó la polla. Y empezó a hacerse una paja mirando la foto de su hija. Subió y bajó su mano sin apartar los ojos de los de ella.

-Uf…Lidia…tú sí que sabes comerte una polla como es debido.

Si bien Lidia era la viva imagen de su mujer a esa edad, su mujer nunca fue ni remotamente tan lanzada como parecía ser su hija. No follaron hasta la noche de bodas, como mandaban los cánones. Y le costó muchos años conseguir que le chupara la polla. Pero nunca se la llegó a chupar como Lidia. Así, mirándole a los ojos, tan sensualmente, tan eróticamente.

Entonces se acordó del vídeo. Ese vídeo que su yernito le mandó y que no había querido bajarse. Ahora necesitaba verlo. Minimizó la foto y pulsó sobre el vídeo para que comenzara a descargarse. Se quedó mirando como la ruedita verde se iba llenando.

Cuando se completó, la borrosa imagen se transformó en una nítida foto de Lidia mirando a la cámara con aquella polla en la boca. Solo que ahora tenía un triangulito de play encima. Pedro lo pulsó y giró el teléfono para poner en horizontal.

Lo que siguió fue lo más caliente que Pedro había visto en su vida. Lidia, su niñita del alma, sin dejar ni un instante de mirar a la cámara, y con una lentitud exasperante, subía y bajaba su boca a lo largo de la afortunada polla. Se la metía más de tres cuartas partes antes de sacarla lentamente, hasta casi la punta. Y gemía. Hacía un ‘ummmm ummmm’ que erizó el vello de Pedro.

Con la boca abierta, casi babeando, Pedro sostenía el teléfono con la mano izquierda mientras con la derecha se pajeaba furiosamente mirando la mamada perfecta que Lidia realizaba antes sus ojos. La polla del video se fue poniendo brillante gracias a la saliva. La polla de Pedro se puso brillante gracias a la babilla que destilaba por la punta.

-¿Te gusta mi polla? – dijo el hombre del video. Pedro pensó que la voz no parecía la de un chico joven.
-Ujum – respondió Lidia con la boca llena de polla.
-Pues dímelo. Dime que te gusta mi polla.

Ella se sacó la verga de la boca y con voz mimosa dijo

-Umm, me encanta tu polla. Es tan grande y tan dura.

Se la pasó por la cara. La llenó de besos que retumbaban en la cabeza de Pedro. Con la lengua dio vueltas y vueltas alrededor del grueso capullo, haciendo gemir al hombre.

-Aggg, Lidia. Nadie mama como tú. Me vas a hacer correr.
-Ummm, sí, sí…. córrete. Llena mi cara de leche caliente y espesita….Dámela toda.

Aquello fue demasiado para Pedro. Su cuerpo se tensó y un tremendo chorro de leche salió disparado de su polla, manchando su camisa y sus pantalones. Fue seguido por varios más. Se corrió intensamente, apretando los dientes y sin dejar de mirar la pantalla de su móvil, en donde Lidia mamaba ahora más deprisa.

-Aggg… ya…. ya me corro… yaaaa

Lidia se sacó la polla de la boca y no cerró los ojos. Siguieron clavados en la cámara. Para Pedro era como si lo mirase directamente a él. Aun con los últimos espasmos de su corrida, Pedro se dispuso a ver como la cara de Lidia era cubierta del semen de aquel cabrón afortunado.

Pero de repente, el vídeo terminó.

-¿Qué? ¡Joder! Ahora no. Ahora noooo – casi gritó Pedro.

Le dio a volver por si había otro vídeo, pero no había más. Aquel cabrón solo le mandó ese. Y lo cortó en el mejor momento.

Se miró. Estaba sucio, lleno de lamparones de su abundante corrida. Si su mujer o su hija apareciesen en ese momento, no podría disimular aquello, así que se levantó y se fue al baño a lavarse. Entró y cerró la puerta.

Se quitó la camisa y los pantalones y los enjuagó en el lavamanos. Después los dejaría en el cubo de la ropa sucia.

Un silbidito en su teléfono le indicó que a acababa de llegar un whatsapp. Miró y vio que era aquel tipejo.

-Hola suegrito – le decía – ¿Qué te pareció el video? Y no me digas que no lo viste. Esto me marca que lo has bajado.

Estaba claro que aquel desconocido sabía que había descargado el video. No valía la pena negarlo.

-Borra ese vídeo. No tienes derecho a grabar a mi hija haciendo esas cosas.
-¿Cómo que no? Puedo hacer lo que me da la real gana. Además, ella está de acuerdo. Le encanta que la graben follando.
-¿Te la follaste hoy? – le preguntó de repente, sin saber por qué lo hizo. Quizás por pura envidia.
-¿Tú qué crees? Pues claro que me la follé esta tarde. ¿Ella te dio un besito cuando llegó a casa?
-Sí.
-Jeje, pues seguro que aún tenía en la boca el sabor de mi leche. Además de en la cara a tu hija le encanta que le llene la boca de leche caliente y espesa. Se lo traga todo y se relame con gusto.

La polla de Pedro se empezó a poner dura otra vez.

-¿Te hiciste una paja mirando como tu niñita me comía la polla, suegrito?

Pedro no contestó. A los pocos segundos llegó un nuevo mensaje.

-Venga, hombre. Entre tú y yo. ¿Me vas a decir que no te puso la polla dura ver como mama tu hija? ¿Me vas a decir que no te sacaste la polla y te cascaste un buen pajote mirándola?

Pedro siguió sin contestar. No iba a decirle a aquel tipejo que sí. Que se había corrido encima mirando como Lidia le mamaba la polla. Pero entonces recibió una foto que terminó de ponerle la polla dura del todo.

Lidia, su preciosa Lidia, miraba a la cámara con la polla en la boca. Pero su cara estaba cubierta de blanco y brillante semen.

-Uf, no veas vaya corridón que tuve, suegrito. Mira que linda la dejé. Aunque el vídeo está mucho mejor que esta simple foto.
-¿Vídeo? ¿Lo grabaste? – preguntó, aunque suponía que aquel cabrito no había dejado de grabar justo cuando se paró el vídeo que le mandó.
-Jeje, claro que lo grabé. Esta tarde te mandé el vídeo, pero lo corté justo cuando iba a correrme. ¿Quieres que te lo mande completo? ¿Quieres ver como le baño la cara a Lidia con una buena corrida?

El pulgar de Fernando se movió con rapidez hacia la S. Pero no la pulsó. Pasaron los segundos…

-Venga, suegrito. No seas bobo. Esto es solo entre tú y yo. Nadie lo sabrá nunca. ¿Quieres o no quieres ver el vídeo completo?

Cerró los ojos. Pulsó la S. Luego la i. Y apretó la flechita de enviar.

-Jeje, Lo sabía, suegrito. Lo sabía. Vale. Te lo mando… Pero antes…
-¿Qué?
-Confiésalo. Miraste el vídeo que te mandé. Y te hiciste una paja mirándolo.

Le acababa de pedir que le mandara el vídeo completo. ¿Para qué negar lo que él otro ya sabía?

-Joder, está bien. Sí, miré el vídeo…y me hice una paja mirándolo.
-Ummm, que rico. ¿Te corriste?
-Uf, como hacía mucho que no me corría.
-Conozco esa sensación. Así me corrí yo la primera vez que Lidia me comió la polla. Bueno, la verdad es que me corro así con ella siempre. Es la mujer más caliente y sensual con la que he estado. Bueno, te dejo ya. Chao. Te mando el vídeo. Que lo disfrutes.

Le llegó el mensaje con el vídeo y empezó a descargarlo. Su mano subía y baja a lo largo de su enhiesta polla. Se iba a hacer otra paja. Otra vez miraría a su hija mamando aquella polla.

En cuanto de descargó pulsó el play. Otra vez se repitió lo que ya había visto. Aquella sensual mamada. Aquella perfecta mamada. Pero esta vez el vídeo no se paró cuando la polla salía de la boca y aquel tipo anunciaba su inminente corrida. Esta vez vio como la mano del hombre agarraba la polla, la sacudía y como un poderoso chorro de leche se estrellaba contra la frente y la nariz de Lidia. Acompasó los movimientos de su mano a los de la mano del vídeo, imaginando que era su polla la que se corría sobre su hija. Y cuando el tercer chorretón caía sobre una de las mejillas de la ella, su polla estalló. Por primera vez en muchos años Pedro se corría dos veces seguidas. Con los dientes apretados, sin dejar de mirar como en la pantalla la carita de Lidia era cubierta de espesa leche, se vació en el lavamanos.

Se quedó jadeando, sin apartar los ojos de los ojos de Lidia, que con la polla ahora dentro de la boca, le miraba con el rostro bañando en semen. El video terminó con ella sacándose la polla de la boca, dándole un beso en la punta y sonriendo.

Pedro miró el lavamanos. Vio los lamparones de su corrida. Y se los imaginó sobre ella. La imaginó sonriéndole como en el vídeo.

Le entraron remordimientos. No estaba bien lo que había hecho. Había sido asqueroso. Enfadado consigo mismo, borró las fotos, borró el primer vídeo. Pero cuando en la pantalla del teléfono le indicaba que si estaba seguro de querer eliminar el segundo, pulsó que no.

-Cabrón – dijo, más refiriéndose a sí mismo que a su yernito.

+++++

Supo que ya nada volvería a ser como antes cuando por la mañana Lidia apareció por la cocina a desayunar antes de irse a clase. Supo que ya no sería como antes porque lo primero que pensó al verla era lo preciosa que estaría ella con su polla en la boca.

-Buenos días papi. ¿Qué tal dormiste?
-Buenos días, cariño. Muy bien ¿Y tú?
-Estupendamente.

Mientras ella desayunaba la miraba. Y la deseaba. Aunque sabía que solo podría hacer eso. Desearla en silencio. Era su hija, su niñita del alma. Lo que pasase dentro de su mente quedaría para él. Y de ahí no pasaría.

-Bueno, me voy a clase. Chao papá – le dijo ella dándole como cada mañana un beso en la mejilla.
-Chao tesoro.

Se quedó mirando como su redondito culete se alejaba por el pasillo.

Esa noche, cuando Lidia y su mujer se marcharon a dormir, Pedro se fue al baño. Puso el vídeo y se corrió con intensidad justo cuando ella sonreía a la cámara con la carita llena de leche.

Después, volvió el arrepentimiento. Ahora su parte ‘decente’ fue más fuerte que su parte libidinosa y borró el vídeo.

Aunque a la mañana siguiente, al verla a ella, regresó el deseo.

+++++

La tarde del miércoles, después de comer, mientras su mujer dormía la siesta y Lidia estudiaba en su habitación, sonó el silbidito. Era él, el tipejo.

-Hola suegrito. ¿Cómo estás? ¿Qué te pareció el vídeo?
-Lo borré. Y déjame ya en paz. Si me sigues molestando, hablaré con mi hija y le diré lo asqueroso que eres.
-Jajaja. No te aconsejo que hagas eso.
-¿Por qué no, cabrón?
-Porque si le dices algo, publicaré esos vídeos en Internet para que todos vean lo zorrita que es tu hija.
-Hijo de puta. Ni se te ocurra hacer eso.
-No es mi intención, suegrito. Pero no me obligues

Aquel degenerado lo tenía en sus manos.

-¿Por qué borraste el vídeo? – preguntó el hombre.
-No está bien que un padre vea esas cosas, joder.
-Jajaja. ¿No está bien? Pero si me lo pediste. Si te corriste mirándolo. ¿No volviste a correr, verdad? ¿Cuántas veces?

Pedro no respondió. Pero el que calla, otorga.

-Tranquilo, suegrito. Ya te dije que esto es solo un juego entre tú y yo. Todo quedará entre nosotros.
-¿Por qué haces esto?
-Pues… la verdad. Porque puedo. Y si te soy sincero, porque me pone cachondo. Me da morbo saber que te calientas mirando a tu hija. ¿A que ahora cuando la miras piensas en cochinadas con ella?

Silencio

-¡Ja! Bueno. No hace falta que digas nada. Lo sé. Las cosas prohibidas son siempre las que más nos atraen. ¿Y qué más prohibido que un padre desee follarse a su hija?

Más silencio.

Y entonces, llegó una foto. Era un primer plano de una chica con las piernas abiertas y una gruesa polla clavada más de la mitad en su coño. Pedro supo que era Lidia.

-Mira como me la follo. Me encanta follarme a tu hija. Tiene el coño tan apretadito…. ummmmm

Pedro miró la foto, notando como su polla comenzaba a presionar sus pantalones.

-Lo grabé en video. Se oye como ella gime como una perra, como me pide que le clave la polla hasta el fondo. Me corrí dentro de ella y cuando le saco la polla se ve como mi lefa le escurre coño abajo. ¿Quieres que te lo mande?
-Hijo de puta.
-Jajajaja. Sí, un poco, lo reconozco. ¿Pero te mando o no te mando el vídeo, suegrito?

Después de unos segundos de lucha, Pedro escribió un simple Sí

-Jeje, lo sabía. Eres tan salido como yo. Ahí va, suegrito. Que lo disfrutes. Chao.

Llegó el aviso y descargó el vídeo. La polla le dolía, encerrada en sus pantalones, así que se levantó y se fue al baño porque Lidia o su mujer podrían aparecer en cualquier momento. Cerró la puerta, se bajó la bragueta, se sacó la polla y pulsó el play.

Los siguientes minutos fueron intensos. La cámara de vez en cuando enfocaba la cara de Lidia, que gemía de placer y le pedía a su follador que le clavase la polla hasta el fondo. Estaba tan sensual, con el cabello alborotado, los labios resecos, las mejillas coloradas, los ojos entornados. También enfocaba sus lindas tetas, que se movían al compás de los fuertes envites que la empotraban una y otra vez contra el sofá en donde estaba siendo follada.

Pero sobre todo, lo que más se veía en el vídeo eran primeros planos de la polla entrando y saliendo del precioso y depilado coño de su hija. Aquella gruesa polla entraba hasta el fondo y salía mojada, brillante por los abundantes jugos que ella destilaba. Una y otra vez, sin descanso, barrenaba sin compasión aquel delicado coñito. Y ella no dejaba de gemir, de pedir más y más polla.

En un momento dado el hombre, sosteniendo el teléfono con el que grababa, filmó como con su mano izquierda apretaba con fuerza una de las tetas de Lidia. Al ver aquel brazo, Pedro se quedó estupefacto. No era el brazo de un hombre joven. Era un brazo peludo y claramente se distinguían algunas canas entre el resto del vello negro.

-Joder. ¡Pero si es un viejo! – exclamó Pedro, sin dejar de pajearse.

Cuando la cámara volvió a centrarse en como la polla entraba y salía del coño, Pedro se fijó mejor. Y comprobó que aquel tipo que se estaba follando a su hija tenía una prominente y peluda barriga. Más incluso que la de él.

-Pero… ¿Qué coño? ¡Si podría ser su padre! ¡Si podría ser… yo!

En ese momento sonó la voz del hombre. Y no había dudas. No era la voz de un jovencito.

-Aggg, me voy a correr, preciosa. ¿Quiere mi leche? ¿Quieres que te llene el coño a rebosar de leche de macho?
-Siiiiiiiiiiiiiiiii córrete dentro de miiiiiiii… llenameeeeeeeeeeeee.

La polla desapareció dentro de su niñita. Por los gemidos del hombre Pedro supo que se estaba corriendo como un burro dentro de ella. Y cuando tras largos segundos la polla salió del coño, rojo y abierto, y vio con un reguero de semen escurría en abundancia y se perdía entre las nalgas de Lidia, Pedro se corrió. El primer chorro fue tan fuerte que se estrelló contra el espejo del baño. El resto los dirigió hacia el lavamanos. Seis o siete espesos chorros de leche salieron de su polla mientras él miraba como el coño de Lidia se vaciaba poco a poco.

Se quedó sin respiración cuando ella, con una mano, recogió parte de la corrida del tipo y se la llevó a la boca. Con una amplia sonrisa, se chupó con gula los dedos.

-Me encanta tu leche – dijo.

El vídeo terminó. Pedro aún jadeaba. En ese momento, alguien tocó a la puerta.

-¿Papi, eres tú? Me meo – dijo la voz de Lidia al otro lado de la puerta.
-Joder – dijo Pedro entre dientes. – Ya voy. Un segundo.

Estaba de pie delante del lavamanos, con la polla fuera y el lavamanos lleno de su reciente corrida. Con rapidez se guardo la verga, limpió el semen y cuando se disponía a abrir la puerta se acordó del espejo. El primer chorro aún estaba allí, empezando a gotear sobre el lavamanos. Lo limpió y abrió la puerta.

-Uy, uy, papi. Que me meoooo

Ella con rapidez se dirigió al wáter. Cuando se empezó a bajar los pantalones, Pedro salió del baño y cerró la puerta,

-Mierda. Casi me pilla. Joder, joder.

Volvió al salón. Cogió el móvil y escribió en el whatsapp del tipejo.

-¿Qué edad tienes, cabrón?

Esperó la respuesta. Pero no llegaba.

-¿Estás ahí? Contesta, hijoputa.

Nada.

Enfadado dejó el móvil y trató de ver la tele. Oyó como Lidia salía del baño y volvía a su cuarto. Cerró los ojos y la imagen de ella chupándose los dedos llenos de la leche de aquel tipo llenó su mente. Su polla volvió a dolerle encerrada en sus pantalones.

Su mujer, que apareció bostezando por la puerta le sacó de sus lúbricos pensamientos.

-¿Me acompañas al súper? Tengo muchas cosas que comprar.
-¿Cuándo?
-En 15 minutos.
-Vale. La tele es una mierda.
-Me visto y salimos.

+++++

Medio hora más tarde Pedro empujaba el carrito de la compra mientras su mujer iba llenándolo de cosas. El teléfono, que tenía en el bolsillo del pantalón vibró y silbó. Miró y había un mensaje del yernito.

-52 tacos, pero bien llevado, suegrito 🙂

“¡52!. ¡Pero si el muy hijo de puta es mayor que yo! Ese vejestorio se está follando a mi niña. “, pensó, con rabia contenida.

-¿Qué? ¿Soy demasiado viejo? Pues te aseguro a Lidia le encanta como me la follo. No deja de decirme que los chicos de su edad no saben follar. Que solo los maduritos como yo le dan lo que ella necesita. Te aseguro que no soy el primer carrozón que se la tira.

Su mujer lo vio aborto en el móvil.

-¿Quién es? – le preguntó.
-Nah, boberías de los chicos de la oficina. Un chiste malo.

Pulsó en la barra de notificaciones y puso el móvil en silencio. Se lo guardó nuevamente en el bolsillo.

Durante el resto de la compra, de vez en cuando notaba una vibración. Sabía que aquel hombre seguía escribiéndole, pero tuvo que esperar a llegar a su casa y guardar toda la compra para poder leer los mensajes. Se sentó en el salón, en su sofá, y abrió el whatsapp.

-No pude creerme la suerte que tuve aquel día cuando le dije un piropo por la calle. Las otras chicas o pasaban de mí o me decían de todo. Ella no. Ella se giró y me sonrió.
-Yo me envalentoné y la invité a una copa en mi casa, imaginando que me diría que no.
-Pero me dijo que sí.
-Joder, suegrito. Creí estar en el cielo, te lo juro. Jamás pensé que una chica tan joven y tan hermosa accedería. Estaba tan cachondo esa primera vez que en cuanto me sacó la polla me corrí en sus manos. Ella me dijo que así le gustaban las pollas. Grandes y gordas. ¡Joder suegrito! ¿Sabes lo que hizo? Se agachó y me limpió la polla con la boca. Se tragó toda mi leche y me puso la polla como una piedra otra vez.
-Se quitó los pantalones y las bragas y se sentó sobre mí, clavándose mi polla hasta el fondo de su estrechito conejo.
-Me estuvo cabalgando ni sé el tiempo. No paraba de correrse. Me hizo sentir como un superhombre. No paró hasta que me vacié otra vez y le llené el coño de leche caliente.
-Jeje, ese día volvió a casa rezumando leche de macho, suegrito.

Pedro leyó aquellas palabras, excitándose con ellas. Vivió en su mente las escenas que el hombre describía.

-Esta tarde he quedado con ella. Me la voy a follar en tu honor, y lo voy a grabar todo. ¿Quieres que le haga algo en especial? Pide por esa boquita. Me da morbo pensar en que te la macharás luego viendo el vídeo.

El último mensaje era de 15 minutos después del anterior.

-¿Qué? ¿No pides nada? Bueno, ya se me ocurrirá a mí algo. Te dejo, que ella está a punto de llegar. Chao, suegrito.

Pedro se dijo que ese vejestorio se estaría follando en ese preciso instante a su hija. Lo odió con todo su ser. Pero sobre todo, lo envidió.

+++++

Lidia llegó a casa sobre las 8 y media de la noche. Venía fresca, como si nada. Pero Pedro sabía de donde venía

-¿Qué tal la tarde, cariño? – le preguntó.
-Bien. Fui con las chicas al centro comercial a tomar un refresco.

“Sí, sí, las chicas. Un refresco. Has estado follando con ese cabrón, con ese viejo”.

Cenaron los tres más tarde. Pedro no se podía sacar de la cabeza imágenes de su hija. Ahora, allí cenando parecía tan angelical, y sin embargo después en los vídeos era tan caliente y sexual.

Por primera vez desde que todo empezó, deseó que su yernito le escribiera. Deseó que le mandara más vídeos.

Esperó nervioso a que llegara la hora en que siempre le había escrito, cerca de las 11 y media de la noche. El reloj marcó las 11:35… las 11:40… las 11:50… pero nada. Ningún mensaje.

-Mierda. Y ahora ese cabrón desaparece.

Cogió el móvil y le escribió él.

-¿Estás ahí? – preguntó.
-Hola suegrito. Sí. Aquí estoy. ¿Qué quieres?
-¿Cómo que qué quiero? Ya lo sabes.
-No. No lo sé si no me lo dices.
-No juegues conmigo, cabrón
-Jajaja. Me encanta jugar contigo, suegrito. Pero lo tienes fácil. Solo pídeme lo que deseas y lo tendrás.
-Está bien. Quiero me mandes el vídeo de esta tarde.
-¿Sí? ¿Quieres que te mande el video que grabé esta tarde mientras me follaba a tu hija?
-Que sí, coño.
-Y te vas a cascar un pajote mirándolo.
-Sí.
-¿Y eso no te hace sentir un poco pervertido, suegrito? ¿No te da vergüenza pajearte mirando como se follan a tu hija?
-¿Me lo vas a mandar o no? Joder.
-Jajaja. Te noto desesperado, suegrito. El vídeo te va a encantar, te lo aseguro. Es el más caliente que he grabado. Es en tu honor.
-Pues déjate de tanta palabrería y mándamelo ya.
-Jijiji. Pos no, ea
-Cabrón.
-Jajaja. Es broma, suegrito. Ahí va. Que lo disfrutes. Aunque no será tanto como disfruté yo, te lo aseguro. Hoy vas a dormir relajadito y con los huevos vacíos. Chao.

El vídeo llegó y mientras se descargaba fue directo al baño. Cerró y se sentó en la taza del wáter, bajándose antes los pantalones y los calzoncillos.

Tardó en llegar. Parecía más largo que los anteriores. Se desesperó mirando como la ruedita verde se llenaba poco a poco.

Respiró hondo y pulsó play. La polla ya le babeaba cuando en la pantalla apareció Lidia, vestida tal y como había estado esa misma tarde.

-¿De dónde vienes a estas horas? – dijo la voz del hombre, que no aparecía en la pantalla.
-Fui a dar una vuelta con las amigas.
-¿Con las amigas?
-Sí papi.

“¿Papi? ¿Dijo Lidia papi?”, pensé Pedro abriendo los ojos.

-¿No me estarás engañando, verdad Lidia?
-Claro que no, papi. No te engañaría.

Si, Lidia había dicho papi, claramente.

-Sabes que a papi no le gusta que le cuentes mentiras. Sabes que tendré que castigarte si me mientes.

Y ahora el tipo aquel actuaba como si fuera él.

-No te miento, papi lindo. Fui… con mis amigas.
-¿Con quién?
-Con… Susana.
-¿Con Susana? Pues la llamé antes y no te ha visto en todo el día.
-Oh… papi…yo….
-Eres una mentirosa, Lidia.
-Perdóname papi. No lo haré más.
-Tendré que castigarte. Lo sabes ¿No?
-Si papi. Me lo merezco.
-Ya sabes lo que tienes que hacer

Lidia se arrodilló en el suelo. El teléfono se movió para que la cara de Lidia quedara bien enfocada y centrada en la pantalla. Sonido de pasos y aquel hombre apareció en escena. No se le veía entero. Solo de medio pecho hasta las rodillas. Se acercó a la arrodillada muchacha. Al estar de perfil con respecto a la cámara, la barriga era ahora claramente visible. Aquel tipejo tenía más barriga que él. Y era más viejo. Y se follaba a su niña. Lo maldijo mentalmente.

-Venga. Sácale la polla a papi – ordenó el hombre.

Mirando hacia arriba, hacia donde estarían los ojos del tipo, Lidia llevó sus manos a la bragueta, la bajó, metió la mano y sacó la gruesa y dura polla.

-Uf, papi. Qué dura tienes la polla. ¿Te pongo yo la polla dura?

Casi al unísono el hombre del vídeo y Pedro dijeron que sí. Lidia, mimosa, empezó a pajear la dura barra, sin dejar de mirar hacia arriba.

-Aggg, eso es. Hazle una paja a papi.
-¿Te gusta que tu nenita te haga pajas? A mí me encanta hacerte ricas pajitas, papi lindo
-Claque me que me gusta. Y también me gusta que me hagas mamadas.
-¿Sí? ¿Quieres que tu niñita te haga una mamada ahora?

El sí lo dijo Pedro. El hombre del video se limitó a acercarse más a Lidia, cogerla por la cabeza y acercarle la polla a los labios. Ella abrió la boca y la polla se coló dentro.

Durante los siguientes minutos Lidia mamó aquella polla como ella sabía. Lentamente, despacito, lamiéndola, besándola. Se la pasó por la cara. De vez en cuando miraba a la cámara y sonreía.

-Sabes hacerlo mejor. Demuéstrale a papi lo bien que sabes comerte una polla.
-Ujum…

Lidia se colocó mejor. Se agachó un poco y levantó la cabeza. Y antes los asombrados ojos de Pedro, empezó a tragarse la polla. Pedro se quedó atónito, viendo como toda la polla, centímetro a centímetro, fue entrando en la boca de su hija. Por fuerza tenía que tenerla alojada en la garganta, pero ella siguió tragándola hasta que su nariz chocó con el pubis de aquel jodío suertudo.

-! Joder ¡ – Exclamó Pedro cuando Lidia se quedo unos segundos quieta.

Después, tan lentamente como se la había tragado, se la fue sacando de la boca. Pero el hombre la agarró con fuerza por la cabeza y le clavó la polla hasta el fondo. Empezó entonces a follarle la boca. Con dureza, con fuerza. Lidia tosió un par de veces, pero si mantuvo quieta, estoica.

La follada bucal duró casi dos minutos más. Pedro estuvo a punto de correrse en un par de ocasiones, pero se soltó la polla y consiguió retenerse. Quería ver más. Necesitaba ver más.

De un tirón su ‘yerno’ le sacó la polla de la boca a Lidia, que se quedó jadeando, tragado aire.

La hizo levantar y la besó, aunque eso no se veía, ya que de hombros hacia arriba quedaban fuera de plano.

-Casi me vacío en tu garganta, mi niña. Cómo me gusta follarte la boca.
-Ummm, Papi… ¿Por qué no te corriste? Ya sabes como me gusta tragarme tu lechita.
-¿Quieres tragarte la leche de papi?
-Siiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii
-No te preocupes, que te la vas a tragar toda. Pero primero papi te va a follar bien follada.
-Papi…papi…. estoy muy cachonda…Fóllame bien dura…méteme toda la polla hasta el fondo de mi coño. Llénale a tu niñita el coño con tu dura polla.

Oír a su hija decir aquellas cosas, aunque no estuviesen dirigidas hacia él, fue demasiado para Pedro. Se tensó y estalló con fuerza contra el lavamanos, que se había convertido en los últimos días en el receptáculo de su placer. Fue un orgasmo intenso, poderoso, que hizo que los chorros golpearan con fuerza en la fría loza.

En la pantalla, que seguía mirando sin apartar los ojos, Lidia se estaba desnudando. Volvió a maravillarse con el precioso cuerpo de su hija, que una vez totalmente desnuda besó al hombre mientras le agarraba la polla.

-Fóllame ya papi…no puedo más….

El hombre la agarró con fuerza, le dio la vuelta, pidiéndola de frente a la cámara y la acercó hasta la mesa en donde debería estar apoyado el móvil y la hizo recostar. En la pantalla quedó ahora un primer plano del bello rostro de Lidia. Sus ojos brillaban. Tenía los labios entre abiertos.

Por la cara que puso, mordiéndose el labio con fuerza, Pedro supo que el hombre le acababa de clavar la polla hasta el fondo de su coño.

-Agggggggggggggg papiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii.

Pedro se estremeció de arriba a abajo. Con un hilillo de semen aún colgándole de la punta de la polla, se volvió a pajear con fuerza. En la pantalla, la cara de Lidia vibraba con cada pollazo que le daban

Y entonces, mirando a la cámara, ella empezó a hablar. Era como si le hablase a él.

-Papi… tu polla….. cómo siento tu polla. Me llenas toda…sigue… fóllate a tu niñita con fuerza. He sido mala y me lo merezco.

Oyó un golpe seco. Ella cerró los ojos y apretó los labios Aquel jo’puta le había dado una fuerte nalgada.

-Agggg, papi lindo… sí… sí… he sido mala….Castígame… castígame… pero no dejes de follarme.

Otra nalgada. Y otra. Y otra. La cara de Lidia reflejaba el intenso placer que estaba sintiendo en aquel momento. De repente, se quedó quieta. Apretó los ojos, abrió la boca y emitió un sonido gutural.

Pedro jamás iba a olvidar la expresión de su niñita mientras se corría siendo follada brutalmente por aquel hombre. Más de diez segundo de pura agonía, que terminaron con un grito que erizó el vello de Pedro.

-Papiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii

Lidia apoyo la cabeza, de lado, sobre la mesa. No dejó de mirar a la cámara, ahora con los ojos entrecerrados. Y su follador no dejó de embestirla. Hasta el teléfono vibraba con los tremendos empujones que le daba. Ella empezó de nuevo a gemir, a entrecerrar los ojos.

-Umm, Papi…me vas a matar de placer….Nadie nunca me ha follado como tú, papi…papiiiii.

Un nuevo orgasmo estalló en el cuerpo de su hija. Entonces se oyó la voz del hombre de nuevo.

-¿No querías la leche de papi?
-Sí sí sí.
-Pues tómala.

Lidia se arrodilló. El hombre la sujetó por el cabello y se pajeó con brío mientras ella, mirándole a los ojos, abrió la boca.

El gemido de placer del tipo aquel anunció la corrida. Puso la polla a menos de dos centímetros de la ofrecida boca y empezó a correrse a borbotones. Al tercer chorro, de la polla de Pedro salió un fuerte disparo y acompañó con su propia corrida a la de la del vídeo. Todos y cada uno de los más de siete chorros que salieron de la polla del desconocido terminaron dentro de la boca de Lidia. Los suyos se sumaron a los que ya bañaban el lavamanos.

El hombre se apretó la polla desde la base hasta la punta para que un último chorrito de semen se sumara al resto. Y entonces, Lidia se levantó y se acercó a la cámara. Abrió la boca para que se viera claramente la tremenda cantidad de semen que la llenaba. Apenes se distinguía su lengua en aquel blanco mar.

Cerró la boca y, haciendo ruido, empezó a tragar. Abrió la boca y la mostró, ahora, vacía.

-Ummm, que rica la leche de papi – dijo, relamiéndose los labios y sonriendo.

El video terminó. Pedro seguía jadeando.

Si hija era la mujer más caliente que había conocido en su vida, incluyendo a las innumerables cuyos vídeos veía en Internet.

Daría cualquier cosa por poder follársela. Pero no podía hacer eso. Era su hija, su niñita. Solo podía hacer lo que hacía. Masturbarse mirando como aquel cabrón se la follaba a placer.

Limpió el lavamanos y se dispuso a irse a la cama cuando un silbidito sonó en su móvil. Supo que era él.

-¿Te gustó el video, suegrito?
-Joder. ¿Tú qué crees, cabrito?
-Jajaja. Creo que te ha encantado. ¿Te gustó que le pidiera que jugáramos a padre e hija, no?
-Uf…
-¿Te corriste a gusto?
-Dos veces.
-Wow. Dos veces. Eso es que te calentó mucho que ella no dejase de decir papi.
-Eres un completo hijo de puta, seas quien seas. Pero si, joder, sí.
-Jeje, Será tu hija, pero es un peazo mujer.
-Ya te digo. Está más buena que el pan.
-¡Suegrito, por dios! Qué estás hablando de tu niñita.
-Sí, ya. ¿Pero qué más da ya? Me acabo de correr dos veces mirando como te la follabas.
-Y deseando ser tú el que se la follaba.
-Sí – contestó Pedro sin pensar en lo que decía.
-Vaya vaya con mi suegrito pervertido. Que quiere follarse bien follada a su niñita querida.
-Yo no dije eso.
-¿Cómo que no? Suegrito, que estás hablando conmigo. No tienes por qué ocultar tus deseos. Te quieres follar a tu hija.

Pedro apretó los puños. Y estallo.

-Sí, joder. Me quiero follar a mi preciosa hija. Me gustaría ser yo en vez de tú el que le folla la boca, el que le llena el coño de leche. Pues sí. Claro que quiero follármela. ¿Qué hombre no querría follarse a una mujer tan bella y caliente como ella? ¿Era eso lo que querías oír?
-Sí. Jeje. Justo eso.
-Pues ea, ya lo sabes. Pero eso no va a pasar nunca.
-¿Por qué no?
-¿Estás loco? Pues porque no. Porque estaría mal. Nunca podría volver a mirarla a la cara. Que es mi hija, joder. ¿Qué pensaría ella de mí si supiese todo esto?
-Pues… no lo sé. Si quieres… le pregunto.
-No… por favor. No lo hagas.
-Está bien. No le preguntaré nada, suegrito. Pero…. ¿Y si ella no sabe que eres tú quien se la folla?
-¿Qué? No te entiendo.
-Como te dije, no soy el primer madurito que se la tira. Mira el video que te mando. Está montado para hacerlo más corto.

Pedro no entendía nada. Pero descargó el vídeo que le mandó y empezó a verlo.

Lidia aparecía acostada en una gran cama. Parecía una habitación de hotel. Estaba desnuda, con los ojos vendados y las manos atadas al cabecero de la cama.

Un hombre, en la cincuentena, pero claramente otro distinto al de los videos anteriores, aparecía en escena y se desnudaba. Se tumbaba en la cama e iba directamente con su boca hacia el coño de Lidia. Se lo comía y ella se retorcía de placer, aunque el video no tenía sonido.

Pero Pedro vio claramente como ella se corría contra la boca de desconocido. Su espala se arqueó sobre la cama y sus manos se agarrotaron.

Tras un corte en el video, lo siguiente que se vio era como el hombre estaba encima de Lidia, follándosela con ganas. Ella, con las piernas abiertas, recibía las fuertes estocadas revolviéndose de placer. Él le mordía los pezones, la besaba en cuello y la boca. Y no paraba de follarla.

En el siguiente corte, el hombre, arrodillado en la cama, se corría sobre las tetas de su hija, llenándoselas de largos lamparones de leche. Ella, sonreía.

El vídeo terminó.

-¿Quién era ese? – preguntó.
-Un amigo mío. Le dije a ella que un amigo me dijo que era una chica preciosa y que daría su brazo izquierdo por poder follársela. ¿Sabes que me contestó ella?
-¿Qué?
-Pues que mi amigo era muy amable, y que no hacía falta que se cortara el brazo. Que se dejaría follar por él, pero sin saber quien era. Que le daba morbo estar atada y que un completo desconocido se la follara.
-¡Coño!
-Jajaja. Eso mismo dije yo. Pero soy tan pervertido como tú y me puso cachondo perdido la idea. Así que lo arreglamos todo y mi amigo fue feliz, inmensamente feliz, por un buen rato. Lo grabamos sin que él lo supiera. Así que si quieres, podemos repetirlo igual. Te la ato a la cama, le tapo los ojos, entras y te la follas a saco. Ella nunca lo sabrá.

La cabeza de Pedro le daba vueltas. ¿Era eso posible? ¿Podría follarse a su preciosa hija sin que ella lo supiese? Se quedó quieto largos segundos.

-¿Qué? Te lo estás pensando, ¿a que sí, suegrito?

A pesar de sus dos recientes corridas, la solo idea, la sola posibilidad de poder follarse a Lidia sin que ella lo supiera, le puso la polla dura otra vez.

-¿Y? ¿Te decides o no, suegrito? Imagínatela debajo de ti, gimiendo mientras le clavas la polla hasta el fondo. Imagínatela corriéndose como una perra sin saber que es su padre el que le está dando polla.
-¿Seguro que ella no sospechará nada?
-Claro que no. Le diré que eres un amigo mío. Seguro que accede. Mientras no hables, ella no podrá reconocerte. ¿Qué? ¿Lo preparo todo?

El corazón de Pedro latía descocado. Aquello era una locura, pero era tanto el deseo que escribió.

-Sí. Jodió yernito, me la quiero follar. Prepáralo todo.
-Perfecto. ¿Mañana por la tarde te va bien? A las cinco.
-Sí. Me podré escapar.
-Pues hecho. Le diré que tienes una hija de su edad y que tienes la fantasía de follártela. Que te diga papi.
-Uf.
-Jeje. Bueno, pues mañana te whastappeo el hotel y el nº de habitación. Te dejaré a puerta entreabierta. Entras y te follas a tu niña.
-Tú… ¿Estarás allí?
-¿Quieres que nos la follemos los dos a la vez? Eres más pervertido de lo que yo creía, suegrito
-No.. no es eso. Es que preferiría estar solo.
-Ah, por mi vale. Esperas en la recepción y te mando un mensaje cuando esté todo listo. Yo bajo por las escaleras y así no nos vemos. Cuando termines, te vas y cierras la puerta. Me mandas un mensaje y yo subo. ¿Ok?
-Ok.
-Pues nada, suegrito. Descansa bien que mañana te vas a follar a tu hija. Chao.

+++++

Pedro apenas durmió esa noche. Su cabeza no le dejaba de decir que aquello era una locura. Que lo cancelase todo. Pero al mismo tiempo, otra parte de él le decía que no fuera idiota. Que jamás se le iba a presentar una oportunidad como aquella.

Terminó de convencerse cuando por la mañana Lidia le dio un beso en la mejilla y sintió la calidez de su piel, el suave perfume que ella usaba.

Tenía que follársela. Aunque solo fuera una vez.

Se pasó la mañana esperando el mensaje de su yerno, que no terminaba de llegar. Se empezó a poner nervioso. Pero más nervioso se puso cuando su teléfono silbó y leyó el mensaje.

-Todo arreglado, suegrito. Hotel Catalina, en el centro. Habitación 152. A las cinco en punto. ¿Irás?
-Iré
-Bien. Jeje. Que disfrutes… pervertido. Chao.

Durante el almuerzo Pedro no se podía creer que aquella linda chica, tan normal, tan decentita que estaba en frente suyo comiendo, fuera la misma de los vídeos. Aquella caliente y sexual mujer iba a ser suya en menos de tres horas.

Apenas pudo comer.

Sobre las cuatro de la tarde Lidia se despidió de sus padres diciendo que se iba a dar una vuelta con sus amigas. A los pocos minutos, Pedro le dijo a su mujer que él también se iba a dar una vuelta.

-Seguro que te vas con Raúl. No te pases con las copas.
-Que no mujer. Solo una cervecita.
-Y no me llegues a las tantas.
-Que noooo. Para la cena ya estaré de vuelta.
-Eso espero.

Sintió un poco de remordimientos cuando cogió las llaves del coche, pero respiro hondo y se marchó.

A las 5 menos días estaba aparcando cerca del hotel. Y a las cinco en punto estaba esperando en la recepción. Al minuto recibió un whatsapp.

-Listo suegrito. Ya puedes subir.
-Voy.

Durante los dos pisos del trayecto aún estuvo a punto de echarse atrás, pero cuando las puertas se abrieron, salió al pasillo y buscó la habitación. Miró hacia todos lados por si alguien lo veía, pero estaba todo desierto.

Vio la habitación. La puerta no estaba cerrada del todo. Se acercó y entró, cerrando tras de sí. Había un pasillo y al fondo la habitación. Solo se veían los pies de la cama. Se cercioró de que en el baño no había nadie y se acercó a la habitación principal.

Allí, tal y como estaba en el video, estaba Lidia. Desnuda, con los ojos vendados y las manos atadas al cabecero.

-Hola – dijo Lidia.

Pedro casi contesta. Hubiese sido su perdición.

-Ya me dijo Luis que no eres de muchas palabras. Lo que si me dijo es que eres un pervertidillo que se quiere follar a su hija.

Luis. Así que el cabrón de su ‘yerno’ se llamaba Luis.

-Bueno, la verdad es que tiene cierto morbo eso, no te lo voy a negar.

Lidia abrió las piernas, que mantenía juntas, mostrándole al amigo de su novio su coño.

-¿Te gusta mi coñito, papi? Mira lo mojadito que está. Ummmmm, cuando supe que me querías follar me puse muy cachonda. Y así, atada,… no me puedo tocar…

Pedro se acercó a la cama y el acaricio los pies. Lentamente, subió la mano por la fina y sedosa piel hasta las rodillas y de allí, lentamente, hasta aquel tentador y prohibido coñito.

Lo empezó a acariciar, a pasar sus dedos a lo largo de la raja. Las yemas de sus dedos se mojaron

-Aggg, que rico papi…sigue… no pares… hazme…una paja… haz que me corra con tus dedos.

Pedro se tuvo que sacar la polla. Estallaba dentro de sus pantalones, constreñida. Llevó de nuevo los dedos al coño de Lidia y empezó a acariciarla con más intensidad. Ella mecía las caderas, gemía…. y le mojaba más y más los dedos

-Ummm, papi, que bien me tocas. Me tienes tan cachonda…Vas a hacer que me corra enseguida.

Le clavó dos dedos dentro de la vagina al tiempo que estimaba el clítoris con el pulgar. Lidia empezó a subir y bajar el culo, hasta que un fortísimo orgasmo atravesó su cuerpo y la dejó varios segundos con la espalda arqueada y sin respiración. Luego calló, jadeando, sobre la cama

-Papi….me has hecho correr…. ha sido maravilloso.

Pero ya no podía más. Se arrodilló al lado de la cabeza de Lidia y le acercó la polla a la boca. Le rozó los labios con ella.

-Ummm ¿Es tu polla, papi? ¿Quieres que tu niñita te coma la polla?

Pedro no dijo nada. Solo empujó y miró, embelesado, como Lidia abría la boca para dar paso a su polla. Ese preciso instante, cuando Lidia empezó a mover la lengua alrededor de su polla, se le quedó grabado a Pedro en la memoria para siempre.

Le empezó a follar la boca. El placer era infinito, sublime. Lo único que le faltaba eran sus ojos. Que e mirara con sus bellos ojos mientras le follaba la boca.

Notó que estaba a punto de correrse, pero no quería que todo acabara tan pronto, así que le sacó la polla de la boca.

-Ummm, Papi…vaya polla que tienes. Me encanta. Es tan gorda y grande. Dámela…dámela…fóllame la boca.

Antes de volver a metérsela en la baca, Pedro se recreó la vista pasándose la por la cara. Ella simplemente se dejaba hacer con una amplia sonrisa en los labios. A veces sacaba la lengua y lamía el grueso tronco.

Pedro se colocó mejor. Ahora le iba a follar la boca como es debido. Le giró un poco la cabeza hacia él y le dio la polla. Lidia abrió la boca y Pedro empujó.

La sujetó por la cabeza y empezó a moverse, adelante y atrás, metiéndole cada vez más la polla en la boca. Sabía que ella se la podría tragar toda, pero no en aquella postura. Se tendría que conformar con darle solo media polla o un poquito más.

Pero eso fue más que suficiente para que minutos después, reprimiendo un grito, la polla de Pedro estallara dentro de la boca de su hija y le lanzara con fuerza chorro tras chorro de espeso y amargo semen contra la lengua y el paladar.

Extasiado, en pleno orgasmo, aún con su polla palpitando y escupiendo más leche, la oyó tragar. Vio como su tráquea se movía, bebiendo su néctar. Y volvió a tragar cuando la boca se le llenó otra vez de semen.

Un último trago y la polla dejó de manar. Ni una sola gota había abandonado la boca. Se quedó quieto y gozó de la visión de su polla dentro de la boca de Lidia.

Se la sacó y le soltó la cabeza.

-Ummm, papi…cuanta lechita me has dado. Y qué rica.

Pedro se agachó y la besó con pasión, buscando la lengua. Ella le devolvió el beso, gimiendo en su boca. Gemidos que se transformaron en quejidos de placer cuando él le acarició las tetas y le pellizcó los pezones.

-Dios papi…fóllame ya. Méteme esa gorda polla tuya hasta el útero. Fóllame por favor…

¿Así que Lidia quería que se la follara? Pues eso iba a hacer. Para eso había ido allí. Se desnudó, lanzando la ropa al suelo y se puso entre las piernas de Lidia, que las abrió para mostrarle su plena disposición.

Cuando Pedro le clavó la polla de una sola estocada hasta el fondo del coño, los dos gimieron de placer. Ella al sentirse totalmente llena de polla. Y él al notar como aquel cálido coño se amoldaba a su polla, atrapándolo y estrangulándolo

Se dejó de delicadeces. Se la empezó a follar con fuerza, con ímpetu salvaje, a fondo. La cama entera se movía al ritmo de las poderosas embestidas. Le comió la boca, le mordió las orejas. Le pellizcó los pezones y el estrujó las tetas. Y todo ello sin dejar de martillearla una y otra vez con su polla.

Lidia se tensó, estirando el cuello. Pedro notó con claridad los espasmos de la vagina de su niñita, que se corría debajo de él. La besó, sellando sus labios con los suyos y redobló la fuerza de su follada.

-Agggg, papáaaaa….que bien me follas…no pares…no pares… sigue follándomeeee

Un nuevo orgasmo atravesó el cuerpo de la joven, que no dejaba de gozar de la intensa follada a la que estaba siendo sometida. La dura polla la atravesaba una y otra vez, sin descanso, sin tregua. haciéndola correr sin solución de continuidad. Orgasmos cada vez más poderosos.

Pedro nunca llegó imaginar que el sexo podía ser tan increíble como aquello. El deseo lo invadía, y con cada orgasmo que arrancaba del cuerpo de Lidia más la deseaba, con más fuerza de la follaba.

Hasta que notó que su propio orgasmo se acercaba galopando. Apretó los dientes y dio las últimas y más poderosas embestidas hasta que clavó su polla en lo más profundo de su hija y estalló. Su polla empezó a llenar la acogedora vagina con numerosos lleretazos de incestuoso semen.

Quedó agotado, jadeando sobre Lidia, casi sin poder moverse.

-Ummm, papi… nunca me habían follado así, con tanta fuerza. Casi me matas de placer.

La miró. Sintió deseos de quitarle la venda de los ojos, pero rechazó la idea. La besó, ahora con delicadeza, con mimo. Hubiese querido quedarse así para siempre.

Pero tenía que irse. Ya había cumplido su mayor deseo. Ahora debía volver a la realidad. Ahora todo tenía que ser como antes.

Se levantó y la miró una vez más. Era tan preciosa.

-Papi…cuando quieras volver a follarme, díselo a Luis. Me encantará sentir tu polla dentro de mi otra vez. Y beberme tu lechita.

Pedro se estremeció al oírla. ¿Volver a follarla? Pero si estaría toda la vida follándola. Pero no podía ser. Solo había sido esa vez.

Recogió su ropa, se vistió, le dio un último beso en la boca a Lidia y se marchó. Sabía que los próximos besos serían en las mejillas.

Se marchó, cerrando la puerta y le mandó a Luis un mensaje.

-Ya está. Me voy
-¿Todo bien suegrito?
-Sí, todo bien. Luis, ¿No?
-Vaya. Ya se fue de la lengua tu niñita.
-Mira, Luis. Esto ha sido una locura. Una maravillosa locura, pero tiene que acabar aquí y ahora. Por favor, no me mandes más videos. No me escribas más.
-¿Estás seguro?
-Sí. Muy seguro. Adiós.
-Como quieras, suegrito. Adiós.

Pedro se fue a tomar una copa, solo, y después regresó a su casa. Cuando Lidia, que ya había vuelto, le saludó, casi no pudo mirarla a la cara. Hacia un rato que le había follado la boca y le llenado el coño de leche.

Había sido lo más caliente que le había pasado en la vida. Pero ahora estaba arrepentido. Al menos ella parecía no saber nada. Estaba como siempre. Era la misma chica de siempre.

Más tarde, ella y su madre se fueron a la cama, dejándolo solo en el salón. Solo con sus pensamientos. Con los recuerdos que por una parte lo llenaban de excitación y por otra lo atormentaban.

Sobre las 11:30 sonó el silbido.

-Joder. Ese cabrón. Pero si le dije que me dejara en paz – masculló cogiendo el teléfono.

Miró de quien era el mensaje y efectivamente era el tal Luis.

-Cabrón. Te dije que no me mandaras más mensajes.
-Lo sé, suegrito, lo sé.
-Y deja de llamarme suegrito, coño.
-Jajajaja. Vale, no te llamaré más… eso. Te prometo que no te molestaré más, pero tengo un último video para ti.
-Ya te dije que no me mandaras más videos.
-Lo sé. Pero te aseguro que este tienes que verlo. Te juro que será lo último que te mande.
-¿Qué es?
-Bueno, tú míralo y lo comprenderás. Chao… Pedro.

Apareció el video. Pedro dudó en si bajarlo o no, pero la curiosidad pudo más que su determinación.

La ruedita verde llegó al final y pulsó el play.

Ante sus ojos, apareció Lidia, amarrada a la cama, con los ojos vendados. Y él, vestido, se agachaba y le daba un beso antes de desaparecer de la imagen

-Ese hijo de puta lo grabó todo. Lo mato. Yo lo mato – farfulló entre dientes.

Segundos después se oyó la puerta de la habitación cuando él se marchó.

-¿Pero por qué me manda el final del video? ¿Por qué no me lo manda desde el principio?

Entonces, con asombro vio como Lidia, con un giro de muñeca se liberaba una de las manos. Y con esa mano se soltó la otra. Se levantó de la cama y se acercó hasta donde estaba escondido el teléfono con que se había grabado todo.

-Uf – dijo ella – Tengo el coñito lleno de leche. Mira

Vio como Lidia llevaba la mano derecha entre sus piernas y la volvía a llevar hasta la cámara, para que se viera bien como una mezcla de semen y jugos mojaba sus dedos. Y mirando fijamente a la cámara se llevó los dedos a la boca y se los chupó.

-Ummmmm, que rica leche… suegrito.

Pedro dio un respingo en el sofá. ¿Suegrito? ¿Cómo que suegrito?

-Joder papi. Vaya polvazo que me acabas de echar. Si llego a saber antes que tenías una polla tan gorda te habría follado antes y me hubiese ahorrado tantos jueguitos. Jeje, pero la verdad es que me ha encantado jugar contigo… suegrito. Estos días se te salían los ojos mirándome.

Pedro no daba crédito a lo que oía. ¿Acaso todo había sido un juego desde el principio?

-El otro día, cuando entré a hacer pis y te marchaste del baño, aún olía a tu corrida. Me encantó saber que te corriste por mí.

Lidia llevó su mano otra vez hasta su coño y la trajo con más leche. Se relamió los dedos.

-Como me gusta tu leche, papi. Espero que ya se te hayan recargado los huevos, porque te estoy esperando en mi cama, con las piernas abiertas y el coño empapado. Ven a follarme, papi lindo. Ven a follarte a tu niñita. Hoy quiero dormirme con el coñito rebosando tu leche. No tardes.

El video terminó. Pedro aún no había reaccionado. Su polla sí.

Cuando lo asimiló todo, se levantó y fue derecho a la alcoba de Lidia Entró sin llamar. Ella estaba como le había dicho. Desnuda y con las piernas abiertas.

Cerró la puerta, se desnudó y se acercó a la cama de su hija.

Esa noche ella durmió como había pedido. Con el coño rebosando el semen de su padre.

Esa noche y muchas que le siguieron.

FIN

Leave a Reply

*