Con el marido de mi amiga

Esto que les voy a contar pasó hace algunos meses ya, mi amiga y yo salíamos de una reunión en la que había habido bastantes alcohol, a mí me gusta el trago pero no soy de emborracharme, así que iba bastante más sana que mi amiga, nos dirigíamos a su casa, era el cumpleaños de Antonio, su marido, que ya estaba celebrando desde hacía rato con unos compañeros de trabajo, y me había invitado, ya que por otro lado Antonio y y somos buenos amigos también, Carolina y yo nos conocemos desde niñas, así q que no es raro participar en nuestras reuniones familiares.

Ese día llevaba puesto un vestido bastante corto, no era ceñido pero si dejaba cree mi figura, y con los tacones que tenía se marcaba aún más mi trasero grande y parado, que a más de uno le gustaría probar. Carolina tiene la mala costumbre de siempre beber de más, y esta vez no fue la excepción, pronto ya estaba borracha y tuvo que ir a recostarse para descansar. Para evitar que el esposo de mi amiga y los invitados se sintieran incómodos, decidí hacer de anfitriona, y lo hacía con gusto, atendiendo a todos y disfrutando de la reunión, hasta que en algún momento Antonio se acercó a a mí sin ningún disimulo y mirándome a los ojos fijamente me dice “qué lindo vestido” a la vez que trataba de levantarlo como hacen los nenes cuando quieren molestar a alguna niña, yo solo sonreí nerviosa y respondí “y eso que no haz visto lo que hay debajo” Antonio rió de buena gana, pero yo me quedé inquieta, asumí que su comentario era producto del alcohol, pero no pude evitar sentir un cosquilleo entre mis piernas.

La reunión siguió con aparente normalidad, pero de vez en cuando podía sentir la mirada de Antonio, que no volvió a preguntar ni a a extrañar a su esposa, al igual que los demás invitados. Poco a poco todos se fueron retirando, afortunadamente con comentarios positivos hacia la anfitriona improvisada. “Qué guapa, así vamos a que venir siempre” . No soy una gran belleza, pero siempre llamó la atención, soy guapa, con cabello largo y siempre bien cuidado, tengo una cintura estrecha que no he perdido a pesar de ser mamá, y unas caderas y un trasero prominente, que más de uno quisiera disfrutar.

Cuando nos quedamos solos empecé a levantar un poco el desorden, aunque en verdad. No tenía ganas de irme, las miradas, los roces y los comentarios de Antonio me habían dejado inquieta, y con la entrepierna caliente. Nos sentamos en el sofá con una copa de vino en la mano, estuvimos conversando largo rato de cualquier cosa, Antonio no mencionaba para nada a Carolina, era como si los dos quisiéramos olvidar que ella estaba a allí, a escasos metros sin sospechar lo q estaba pasando entre nosotros. Y eso, nos excitaba más. Todo entre nosotros había cambiado, los gestos, las palabras, las miradas estaban cargadas con una tensión sexual, hasta que Antonio ya no aguanto más, puso su mano sobre mi muslo descubierto y dijo mirándome “que ricas piernas tienes” yo sólo le miré la boca, moría de ganas de probarla y él lo supo de inmediato, se acercó a mí y nos besamos, su lengua invadió mi boca, yo respondí a su beso con pasión, lo estaba deseando desde hacía mucho rato, era un beso húmedo, ardiente, cada centímetro de mi piel lo sintió, podía sentir como mi respiración se agitaba igual que la de el, como mi concha se iba calentando y mojando más, nuestras lenguas se enredaban, a ratos mordía sus labios, me aferraba a su espalda, el besaba mi cuello, lo lamia y trataba de morderlo, su mano subió debajo de mi vestido y llegó hasta mis nalgas, que apenas llevaban un hilo negro, “qué tal culazo” alcanzó a decir “gózalo con ganas si te gusta” le respondí, “claro que me gusta, desde que te vi me encanta tu culo” eso solo hacía que me arrechara más, no aguante más, puse mi mano en su entrepierna, sentí una pinga rica, grande, con una erección que prometía mucho placer, empecé a amasarla con gusto mientras Antonio seguía adueñándose mis nalgas. Su lengua recorría mi cuello, mi cara, yo me aferraba a él, ya nada nos importaba, solo el placer que estábamos sintiendo, me arrodillé frente a él como pude, quería ver esa pinga, no tardó en bajarse el pantalón y el bóxer, y esa verga saltó, era tal y como Carolina la había descrito, larga, gruesa, venosa y con una cabezota, estaba dura, un mástil digno de reverencia, la vi y se me hizo agua la boca, y la Concha, “chupala” dijo Antonio, como si hubiera necesitado pedirlo, acerque mi cara, la olí, olía fuerte producto del sudor y la agitación de la fiesta, pero ese olor lejos de molestarme me excitaba más, la acaricie en todo el largo y metí su cabeza en la boca, ummmm una verga de esas que me gusta mamar, la acaricie con mi lengua, lamí el frenillo, la chupé con ganas, levante la vista y ahí estaba Antonio viendo cómo se la mamaba, disfrutando de cada lamida, cogí sus huevos con una mano y con la otra empecé a tocar mi chucha, el hilo dental completamente empapado con mis jugos, Antonio respiraba fuerte, aguantando los gemidos, estuvimos así un rato, disfrutando de su pene en mi boca y el viendo el espectáculo, “para, despacio que me voy a venir y todavía falta” me puse de pie frente a él y me quite el vestido y el bra, quede en tacones con el hilo puesto, el también se desnudó por completo, me di la vuelta y mi trasero quedo a la altura de su cara, “esto es lo que quieres ver?” “que tal culazo, es más rico de lo que me imaginaba” mientras pasaba sus manos por mis caderas y mis nalgas, se acercó y empezó a besarlas, despacio primero, luego con fuerza, las besaba, las lamía y las mordía, de un tirón arrancó el diminuto hilo, su mano empezaba a buscar mi chucha, yo no podía creer el placer q estaba sintiendo, me sentía en la gloria, mi concha ya escurría en jugos, “ummmm que rico té haz mojado ” yo sonreía, “para que veas como me tienes arrecha desde hace rato ” otra vez me di vuelta, mi vagina recién depilada frente a él, me agarro de las nalgas y metió su lengua entre mis pliegues, “ummmm así Antonio, así, sígue, sigue no pares ummmm q rica lengua tienes … Ahhhhh” podía sentir sus dedos hurgando en mi huequito, yo me apretaba las tetas y peñiscaba mis pezones que estaban más que duros, y vino mi primer corrida, mi cuerpo se tensó, mi respiración se corto, mordí mis labios para no gritar, esa manera de Antonio de comer una chucha Carolina nunca la había comentado, que cosa tan rica “ahhhhhh ummmmm ” mi corrida completa se la tomó, su cara quedo empapada con mis jugos, se paro y me puso en cuarto apoyada en el respaldo del sofá. “Te gustó, ahora quiero ver cómo te mueves” y me dio la estocada, certera, sin piedad, brutal, me llenó la Concha con su verga en una sola embestida, y yo la sentía tan rico, me llego hasta el fondo, que verga más deliciosa me estaba comiendo, empecé a moverme y el a darme duro, “ummmm así perra, así quería darte, así, toda te la comes, que rica chucha tragona tienes, toma mamona…” Sus palabras, sus insultos, lo único que conseguían era excitarme aún más, Antonio que siempre guardaba las formas era un macho caliente que me estaba haciendo delirar de placer, “hace rato que quería cacharte, ummmm cómetela toda perra ahhh hhh ummm” mi concha se mojaba más y más, estaba más caliente que nunca, el me partía aferrado a mis caderas, me la metía y sacaba hasta dejar solo la punta, para volver a meterla, así estuvimos un rato, yo sentía que me partía en dos, pero como lo gozaba, “dame más, así, así dale, que rica verga tienes Antonio… Ummmm así así dame dame toda así lléname sigue Antonioooooooo” y sentí como me estremecía… “Déjala ahí déjala ahiiiiii al fondoooooo” y el pegado a mis nalgas, su verga clavada hasta el fondo de mi concha, y me vine riquísimo, temblaba de tanto placer, mi cuerpo tenía espasmos, y entonces sentí su pinga hincharse más todavía, sentí su leche inundarme toda, “ahhh ahhhh ahhhhhh que rica conchaaaa” cada chorro de leche caliente pude sentir dentro mío, que sensación tan deliciosa, sentir esa leche tibia en el fondo de mi chucha era indescriptible, nos quedamos pegados unos minutos, hasta q su pinga poco a poco empezó a bajar y a ponerse flácida, caímos rendidos, sudados, agitados, nos besamos unos minutos más hasta que recobramos el aliento, cada uno fue a limpiarse y a vestirse. Entonces muy oportunamente llego mi taxi, Antonio me acompañó hasta la puerta, se despidió de mí con un beso de lengua en la boca “la próxima te evento este” dijo mientras tocaba mi culo “cuando quieras es tuyo ” alcance a decir. Ummm y vaya si lo reventó, pero eso se los cuento después.

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