Cuando Luna me folla con fuerza.

El verano es horrible, no paras de sudar todo el día, sales de la ducha o de la piscina y enseguida el cuerpo empieza a sudar como si estuviera llorando de sufrimiento de tanto calor.
Después de todo el día, por fin los niños se habían dormido y podía darme una ducha de agua fría, relajante y renovadora.

Todos mis músculos hechos polvo, demacrados y acabados se relajaron un poco para encontrarme mejor.

Salí al salón y Luna estaba allí sentada tranquila, viendo la tele.

– Ven cariño – me llamó con su dulce e insinuante voz -, ven aquí conmigo.

Cuando llegué estaba allí, sentada en el sofá, desnuda y tan guapa como siempre. Sus enormes senos me volvían loco, cada vez que los veo me hecho encima de ella a besos y lametones, intentando no hacerle daño en los pezones, de lo ansioso que me hecho encima de ella.

– Ven aquí ahora que te huela recién duchado – me dijo.

Me acerqué delante de ella para que me tuviera a su mano, ella me agarró de la mano y me acercó más frente a ella.

Soltó mi toalla de la cintura dejándola caer al suelo.

Me acercó un poco más hasta chocar mis rodillas contra las suyas.

Me agarró con una mano cada muslo y se acercó hacía mi, quedando su cara a la altura de mi cintura.

– Uuuummmmmm,… Que bien hueles, ven separa las piernas un poco…

Siguió jalando de mí hasta que yo puse las rodillas sobre el sofá.

Siguió oliendo mi cuerpo, por mi firme pecho peludo, hacía mi cuello.

– Me encanta tu olor corporal. Hasta recién duchado, tu olor hace que mi sexo se empape.

Bajó sus manos hasta agarrarme por detrás de las rodillas y me arrimó más hacía ella.

– Como puedes oler tan bien. Me dan ganas de lamerte y comerte entero.

Empezó a pasar su lengua por mi cuello, dándome escalofríos por todo el cuerpo.

Levanté la cabeza para dejarle que me lamiera por todo el cuello y me mordiera toda la piel.

Me acerqué hacía ella con la cabeza ladeada hacía la derecha para que ella siguiera chupándome y mordiéndome por la yugular, por la nuca, por el lóbulo de la oreja.

Bajé mis ojos y vi como mi verga completamente dura estaba colocada entre sus enormes y tersos pechos.

Fue subiendo sus manos por mis piernas hasta llegar a los glúteos y apretarme más hacía ella.

Siguió bajando sus manos por mis glúteos y separando los hasta abrirlos del todo.

Lamió su dedo indice y empezó a estimularme el ano, a darle vueltas con su saliva en la yema del dedo y a meterlo para dentro.

– Parece que este culo está muy caliente. ¿Que has hecho dentro de la ducha? ¿Te lo has estado limpiando con tus dedos?

– Solo lo justo mi vida, no me he masturbado ni nada.

– Pues vamos a tener que hacerle algo, no?

– Si, lo que tu quieras, ya sabes que a mi me gusta lo que me haces siempre.

– Psssss – me puso el dedo indice en mi boca y me hizo callar.

Del cojín de al lado sacó un lubricante y se puso un poco de liquido entre sus dedos corazón e indice. Los colocó en mi ano y volvió a dilatarlo, y empezó a meterlos los dos dedos hasta llegar a la mano.

– Te gusta, eh, cochino. Te gusta que te masturbe por el culo eh!

– Si mi amor, me encanta.

Con la otra mano cogió mi verga dura de entre sus tetas y empezó a masturbarme.

– Mira que te gusta que te follen. Disfrutas como un cerdo revolcándose por el barro.

Metía sus dedos al mismo tiempo que me masturbaba, como si en cada movimiento follara y me follaran.

Me estiraba el cuerpo hacía atrás y hacía arriba de placer. No podía parar de gemir y disfrutar de su orgasmo anal.

Metió la punta de mi capullo en su boca y la lamió. Con las gotitas de liquido dulce y trasparente que iban saliendo del placer que ella me provocaba.

Separó las piernas, y noté un golpe en mis glúteos.

Llevaba puesto uno de nuestros arnés dobles dentro y en cuanto separa las piernas se levantó hacía arriba como si fuera mi verga, excitada y tiesa.

Me la colocó en la punta del ano con un poco más de lubricante, y me tiró hacía abajo.

– Esto era lo que querías verdad, una buena polla dentro de tu culo.

– Siiiiiii, yaaa sabes que meee gustaaaa. Sentirlaa dentro como si me poseyeras tuuu. Ooooh.

Me cogía de las caderas y me iba subiendo y bajando poco a poco. Era la más gorda, la polla de 22 cm. que a ninguno de los dos nos cabía entera.

– Ya lo veo, que te gusta mucho.

– Si, me encaanta que la metas y la saquees entera. Aahhhh.

– Me encanta ver como disfrutas, como cochino salido que eres. Me encanta que me manches las tetas todo el rato con el semen. Me encanta agarrarte de las caderas y follarte entero como tu me hacer a mí.

Miré mi verga y estaba completamente mojada del liquido preseminal, era tanto el placer que me daba su manera de follarme que no podía dejar de echarlo. Muchas veces, decía que parezco multiorgásmico, porque me corro y mientras tanto me da muchos espasmos musculares y grito de placer y grito porque es como si me volviera a correr aunque ya no eche semen.

Pues ella lo conseguía también con aquella enorme polla. Me penetraba tan virilmente, me follaba tan bien que no podía parar de disfrutar.

– Hoy vas a batir un record. Te la voy a meter entera – subió sus manos por mi espalda, hasta poner sus manos sobre mis hombros -. Vas a saber lo que siento cuando me metes toda esa enorme polla de semental que tienes, cuando me la metes hasta el fondo y golpeas mi útero apartándolo a un lado.

Tiró de mi hacía abajo y noté como se me levantaban los intestinos por dentro. Tiré hacía arriba y ella volvió a bajarme hasta el fondo.

– Más lento.

– Si, más lento, es lo que te digo yo, pero tu no lo haces – me la metió de nuevo hasta el fondo – y yo te lo agradezco, porque me encanta. Cada vez que me follas así de salvajemente tengo cientos de orgasmos.

– Ahhhh, si si sigue… pero duele… Aaaaahhhh

– Vamos, correte, disfrutando de mi polla enorme dentro de ti. Me encanta verte como disfrutas, como salta tu semen de la polla a chorros mientras te corres con mi enorme polla descomunal abriéndote de par en par.

– Follame, luna, follame…

– Me encanta que me llenes de gotas de semen sin parar, calientas mis tetas con esas ricas gotas que no dejan de salir.

– Sigueeeee, sigueeee, sigueeee…

– Me encanta verte como disfrutas como un cerdo, con lo salido que estás. Venga, muévete tu sólito ahora. Demuéstrame cuanto te encanta la verga dura en el culo.

Mientras yo seguía subiendo y bajando entero sin su ayuda, disfrutando de su enorme rabo dentro de mi ella volvió a cogerme la polla y a masturbarme entre tus tetas. Las apretó y así con mis movimientos, iba saliendo y entrando de su tetas preciosas y enormes.

– Venga, córrete que lo estás deseando. En el placer de tu cara se veo que estas ansioso por echarme tu semen entre las tetas.

Me cogió de nuevo de las caderas y me ayudó a hacer más rápidos mis movimientos, porque yo no podía bajar tanto. Hasta el fondo, hasta conseguir que con el semen echara un grito de placer salvaje.

Me tuve que quedar tumbado sobre ella, con la verga en mi culo completamente agarrada del orgasmo. Había cerrado tanto el ano del placer que no se había ni salido.

– Te quiero mi vida, pero tu no has tenido lo suficiente – le dije besandole en los labios -. Limpiala un poquito – le acerqué la polla a la boca para que la chupara unos segundos.

Una vez limpia, ya la tenía un poco dura, los orgasmos anales no me tardan tanto en poner a mil de nuevo.

– Por favor, ponte a 4 patas.

Ella accedió enseguida, me coloqué detrás de ella, le saqué el arnés de su coñito sabroso y empecé a masturbarle con la lengua. Pasando la lengua por toda su rajita. Me paraba en su clítoris y lo absorbía después de lamerlo. Me paraba en su coño lo lamía, metía mi lengua todo lo dentro que podía para escucharla gemir y luego cuando la sacaba le absorbía el chocho. Luego por su ano lo mismo, lo lamía con la punta de la lengua y lo abría un poco para que disfrutara de mi lengua humeda.

– Que rica que estás.

Seguía lamiendo de arriba abajo e iba estimulándole el ano con los dedos mientras le lamía el clítoris o el coño. Seguía lamiéndole agujero a agujero y metiéndole el dedo cada vez más a dentro.

Me coloqué entonces yo el arnes. Lo metí por mi ano dejando la polla colgando, las dos pollas enteras colgando, gordas y calientes. Les puse lubricante a las dos y me coloqué detrás de ella. Primero le metí la mía por la vagina, poco a poco, para terminar de ponerla completamente dura. No hay nada como el flujo y el calor de mi mujer para que el roce del glande lo ponga enorme como un fresón.

Una vez así, metí el pollón del arnés por su coño y la metía hasta el fondo dos o tres veces con cuidado, mientras mi polla entre tus glúteos se masturbaba.

Le puse el glande en la punta del ano y gracias al lubricante entró sin problemas.

Una vez dentro empecé a moverme con mis dos pollas dentro de ella, enteras y duras, sin terminar de sacarlas del todo pero sin parar de moverme adelante y atrás.

– ¿Te gusta así? ¿O quieres más fuerte?

– Asííííí.

Me saqué la polla del ano y se la metí con el arnes por el coño.

– ¿Seguro que no prefieres así? Que tu coño es más grande y le caben dos buenas pollas.

– Siiiii, siiiiiigueeeee siiiiiigueeeeee siiiiigueeeeee….

Después de varios minutos volví a meterle mi polla en su ano.

– Aunque este está más chiquitín y se roza mejor por dentro, no?

– Sigue….. Ooohhhh… Ooooohhh. Para, para, para….

Ella se echó hacía delante porque estaba llegando al orgasmo. Pero yo me fui detrás de ella sin sacarlas.

– Nooooo, sabes que me gusta que te corras más…..

– Aaaaahh, aaaaah, para, para… Que me corro.. que me meo… Para….

– No me convencer aun. Te puedes correr más, vamos sigue.

– No, no, para, aaaaahhhh, ahhhhh.

Se giró a la izquierda y acabamos los dos rodando en el suelo….

– Jajajaa, si te pido que pares es porque no puedo correrme más veces.

– Ya lo se que no puedes correrte más, pero a mi me encanta que te corras más. Y aún no te has meado nunca del orgasmo, jejejeje.

– Eres un cabrón, pero me encanta follar contigo. Te quiero.

– Pero no querrás acabar por hoy no? Yo aún puedo correrme otra vez, jejejeje.

– Con que aún te queda algo de semen ahí dentro, eh! Pues lo vas a echar enseguida.

Me quitó el arnés y se lo colocó de nuevo ella dentro de su coño, dejando que lo bultitos para masturbar el clítoris estuvieran en contacto.

– Vamos, amor. Ven aquí, súbete encima mio y cabalga.

Sin mediar palabra, me coloqué sobre ella, en esa posición que tanto nos gustaba. Me senté dejando que entrara de nuevo el arnes en mi culo.

– Venga muévete, siéntela dentro de ti de nuevo.

Así de rodillas, me eché hacía atrás, arqueé mi cuerpo y apreté el arnés hacía su clítoris. Ella agarrándome de las caderas me ayudaba con mis movimientos, tirando mi cuerpo adelante y atrás, sintiendo moverse la polla dentro de mí.

– Venga más rápido, más rápido.

Me agarró la verga enorme y dura mientras sentía el arnés moverse en mi trasero. Me pajeó con fuerza y no tardé en empezar a correrme. Como con el calor y la pasión ella no se daba cuenta siguió pajeándome mientras me corría.

– Aaaaah, aaaaah, aaaaaaah.

Empecé a chillar para que entendiera ella que me estaba corriendo. Pero ella no se enteró. Se estaba corriendo al mismo tiempo por la vibración de su clítoris y no paraba de masturbarme y mi culo se iba cerrando con el orgasmo, hasta tenerlo completamente incrustado dentro. Me seguía moviendo mientras ella me masturbaba, pero apenas se movía dentro de mi culo. Al revés, era yo quien lo estaba moviendo más, haciendo que el pene que tenía luna entre sus piernas se moviera más y los bultos del clítoris le rozaran más.

Ella también empezó a chillar del placer, pero no paraba de masturbarme, como si supiera que su orgasmo se lo estaba dando yo son el arnés. Y ya sin una sola gota de semen el ano se había cerrado tanto que no podía ni moverse. Y Luna seguía masturbándome y chillando hasta que terminó de correrse.

Cuando por fin conseguí escaparme de aquella enorme polla porque mi ano se había relajado un poco me quedé tumbado en el suelo a su lado.

– Jajajaja.

– ¿De que te ríes cariño?

– Ya lo sabes, del orgasmo que me acabas de dar. Ha sido brutal.

– Pues ahora si que tendrá que ser mañana más, porque me has destrozado de la follada que me has pegado.

Y allí nos quedamos unos minutos, tirados en el suelo, descansando, echos mierda de tanto sexo, pero siempre con ganas de más.

Menos mal que al menos no se habían despertado ninguno de los niños, porque así igual podíamos aprovechar cuando nos metiéramos en la cama para meter otro.

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