Cuidando a la abuela.

Ya había discutido por esto, pero finalmente me tocó a mi cuidar a mi abuela, el resto de mi familia argumento que yo era la suficiente fuerte, como para llevar en brazos a mi abuela. Mido 1,90 y peso 95k, pero aunque fuera más delgado, mi abuela es delgada, no hacía falta 100 kilos de peso para cargarla, excusas que ponían para que yo me hiciera cargo. Yo vivía en un chalet, a las afueras de la localidad donde vivía mi abuela, decidí llevarla a vivir conmigo hasta que se recuperará su tobillo y pudiera volver a cuidarse sola, ella tenía 65 años y absoluta movilidad, pero esta lesión le hacía precisar de ayuda.

Era martes por la tarde cuando llegamos a casa, el cuarto donde dormiría ella estaba listo y además tenía baño propio.

– ¿Necesitas algo más? – Le dijo al entrar.

– No, así están bien. – Dijo ella. Se quedó viendo la televisión y yo aproveché para hacer ejercicio en mi gym personal, después de la gimnasia me di una ducha rápida y volví a donde estaba ella, al llegar al salón no la encontré, fui a la cocina tampoco estaba.

– Abuela, abuela. – La llame, pero no respondía. Fui a su habitación y escuché el agua de la ducha, entre al baño con gran dificultad estaba duchandose, agarrándose a la ducha y ambas muletas apoyadas sobre la pared del baño.

– Abuela, estoy aquí para estas cosas. – La sujete en la ducha.

– Pero… Estoy desnuda. – Dijo avergonzada.

– Soy tu nieto. – Le dije y le ayude a ducharse, enjabone su espalda, sus piernas y le lave el pelo. Al terminar, envuelta en el albornoz, la llevé en brazos hasta la cama y ahí le ayude a secarse y vestirte. Ella estaba sentada sobre la cama con sus pies rozando el suelo, yo me encontraba de rodillas en el suelo frente a ella, metí sus bragas por sus pies y las subí poniéndoselas, su pecho me llamó mucho la atención tras quedarme frente a ellos, pese a su edad lo tenía muy bonito, era pequeño y lo tenia muy recogido, con un pezon y un contorno pequeño rosado. Ella no me miraba mientras la vestía y después de acabar bajamos a cenar, en la cena si hablamos, después de cenar le hice las curas y nos fuimos a dormir. Así eran los días con mi abuela, trabajo, casa y cuidar de ella, pero las duchas fueron cambiando, me recreaba mucho más enjabonandola, primero fue inconscientemente, pero después disfrutaba manoseando su cuerpo, lo hacía dentro de los límites para que ella no sospechara y algunas noches acababa masturbandome en mi habitación.

Hasta que una tarde, después de ducharla, mientras la secaba sobre la cama, pase mi mano por su coño, mi palma de la mano y mis dedos pasaron por encima su raja, ella estaba con las piernas juntas así que sólo la toque por encima, volví hacerlo y ella cerró más sus piernas sin mirarme, después de esa reacción de ella no la toque más, pues estaba claro que no quería que lo hiciera, continúe secando su piel, me disponía a secar sus piernas, cuando ella entre abrió sus piernas, me encantó que hiciera eso, pues me estaba dando paso a que rozará su coñito y no iba a desaprovechar la oportunidad.

Volví a pasar mi mano por encima de su raja, no me miraba, pero abrió sus piernas un poco más, no estaban muy abiertas pero mi mano cabía a la perfección, fui al ventanal y eché las cortinas, pues aunque no tuviera vecinos, daba esa sombra a la habitación para que ella se sentiría más cómoda. Volví con mi abuela, la podía ver pero la absoluta claridad de la luz solar se había ido, al volver, me senté a su lado, fui derecho a su coño y volví a pasar mi mano varias veces. Abrí su rajita con mis dedos y con mi dedo corazón empecé a tocarle el clítoris, era incapaz de mirarme, pero estaba mojada y eso me hacía saber que le estaba gustando, seguí estimulando su clítoris para continuar mojandola y cuando sus fluidos mojaban toda su rajita y mis dedos, introducí uno de ellos, un leve gemido salió de sus labios y sus pequeños pezones estaban empitonados, le metía y sacaba mi dedo índice, mientras que con mi pulgar le estimulaba el clítoris con rapidez, cuando estuvo lo suficientemente mojada le metí también mi dedo corazón, para entonces ella no paraba de gemir, mis dos dedos estaban entrado y saliendo de su agujero, mientras mi pulgar se movía con rapidez sobre su clítoris, sus gemidos y su corrida, me indicó que había llegado al orgasmo, estaba agitada, sudada y muy mojada.

Seguía sin mirarme, ni decir nada, después la agarré en brazos y volví a lavarla, esta vez si manosee sus pechos sin esconderme, tras secarla y tocar su cuerpo, le puse su pijama y la dejé tranquila en su cama.

En cambio yo, me fui a mi habitación muy cachondo, me pajee varias veces esa noche.

Al día siguiente, acababa de llegar de trabajar mi abuela y yo no habíamos hablado de lo ocurrido, todo fue como un día más de tantos que habíamos pasado. Después de la cena llegó la hora del baño, volví a masturbarle después de la ducha hasta que se corrió, la volví a lavar, la dejé durmiendo en su cama y volví a masturbarme recordando lo sucedido y oliendo en mis dedos con el olor de mi abuela. Esto se convirtió en una costumbre, todas las noches después de cenar, una noche ella se encontraba desnuda sobre la cama y yo me disponía hacérselo una vez más, cuando ella comenzó a explicarse.

– Cariño, se que esto no está bien. – Dijo sin mirarme. – Pero hacia tantos años que no me tocaba un hombre, desde que murió tu abuelo ni uno. – Aclaró ella, que para su mala suerte mi abuelo murió joven.

– Y tu abuelo no me hacía estas cosas. – Se puso roja y era incapaz de mirarme.

– Bueno, son tu nieto, estoy para cuidarte y no hay nada de malo en que tengamos un secretillo tú y yo ¿No? – Le dije.

– Cariño, esto no está bien. – Seguía sin mirarme.

– Nadie se enterará de esto y tú tienes derecho a sentirte deseada, has guardado mucho luto al abuelo. – Le dije.

– No se lo dirás a nadie nunca ¿Verdad?

– Descuida abuela. – Le acaricie la pierna y subí hasta su rajita que estaba húmeda, manche mis dedos.

– Mira como te pones solo de pensarlo. – Ella miró mis dedos y los vio manchados de sus fluidos. Empecé a tocar mi paquete, comencé meterle mis dedos y estimular su clítoris.

– Aaargg… Ahh… Cariiiiño… Aaargg… – Ella gemía. Baje el elástico de mi pantalón y mi bóxer, dejé mi polla al descubierto.

– Espero que no te importe abuela, pero no soy de piedra. – Le dije y comencé a pajearme con suavidad, mientras la masturbaba, tenía los ojos cerrados, los abrió y miró mi polla. Estaba masturbandola y pajeandome cuando su mano me agarró la polla, comenzó a pajearme con la misma suavidad que yo lo estaba haciendo.

– Dime abuela ¿pajeabas al abuelo mientras follabaís? – Le pregunté sin dejar de masturbarle.

– Sí hijo. – La paja que me estaba haciendo, aumento el ritmo y mi polla estaba lubricada.

– Umm… Así que bien lo haces abuela. – Le dije disfrutando de la paja.

– ¿Él no te hacía estas cosas? – Le dije morboso.

– No cielo, él se preocupaba de disfrutar él solo. – Dijo entre gemidos. Seguimos masturbandonos, hasta que nos corrimos los 2, después nos lavamos juntos y dormimos en la misma cama y eso fue lo que se convirtió en rutina masturbarnos mutuamente hasta corrernos y dormir desnudos, otro día más, ella me pajeaba con fuerza y yo tenía tres de mis dedos entrando y saliendo de su coño, estaba muy cachondo. Saqué mis dedos y quité su mano de mi polla.

– ¿Qué pasa? – Preguntó entre jadeos.

– Voy a follarte, estoy harto de solo tocarte.

– No, meterla no. – Dijo negándose.

– ¡¡Mira que mojado esta tu coño!! – Le dije metiendo cuatros dedos en su raja con absoluta facilidad.

– Ya, pero una cosa es tocarnos y otra eso. – Me dijo.

Abrí sus piernas y me puse entre ellas, con mi rabo tieso apuntando a su agujero, puse el glande pegado a su raja.

– No, eso no. – Intentó cerrar sus piernas, pero se las mantuve abiertas a la fuerza.

– Mírame abuela. – Le dije mirándola a los ojos.

– Soy yo, tu nieto David, el que va a follar.

– N…..o – No terminó de decir esto, cuando le había metido mi rabo por completo, lo dejé dentro sin moverme por unos momentos.

– ¡Joder, abuela! ¡Tienes un coñito de categoría! Mmmmm… – Le dije disfrutando.

– ¡He dicho que no! Aaaargg… Cerdo… ummm… – Me dijo ella, empecé a moverme en su coñito con suavidad.

– ¡Esto te gusta! Mmmmm… – Le dije.

– No… Aarggg… Mmm… Aaah… Umm… uff… – Gemia sin parar.

Continúe follandomela, viendo como mi polla entraba y salía de su agujero, la tenía sujetaba de la cintura y mi rabo venoso entraba y salía con mayor rapidez, cada vez más.

– ¡Para ya! Ah… Sacala… Aaargg… No la metas más… aaarggg… aaah… Es la polla de mi nieto…. aah… ah… ah… ah… uff… No… Aargg… aaarggg…. AAAAAAAAAAAAAH! – Chilló al correrse, momento en el que mi polla comenzó a salir y entrar desenfrenadamente, follandomela de manera violenta.

– Este coño estaba a falta de unos buenos pollazos. Ummm… si. – Le dije mientras me la follaba destrozando su coñito, continúe metiendosela durante largo rato, intervalo de tiempo en el que ella se corrió cuatros veces más.

– Pa… aaaah…ra , pa… ra, pa… pa… ra! Ah… aaaah… – Me pedía, su coñito estaba muy hinchado, palpitante, paré en seco dejando mi polla dentro, ella abrió sus ojos mirándome.

– Nooo, eso no.

– Aaaargg… – Empecé a correrme dentro de su coñito.

– Umm… ¡Qué coñito! ¡Apretalo vamos! Arrrg – Le dije mientras me corría dentro de ella, aunque no paraba de pedirme que parará, hizo caso y apretó su chochito dándome un mayor placer. Los dos estábamos agitados sobre la cama.

– Voy a comerte este chochito tan delicioso que tienes. – Le dije, metí mi cabeza entre sus piernas y comencé a chupar su rajita como un loco, lamiendo sus fluidos y mi semen, estuve comiendoselo hasta que me regaló otra de sus deliciosas corridas en mi boca, después de eso los dos nos quedamos dormidos.

Y eso fue una de tantas experiencias que tuve con mi abuela, hasta que nos pilló mi hermano el mayor, pero eso es otra historia…

Leave a Reply

*