Dando la vuelta al mundo con Sofía

Cuando Paz me dejó, me rompió el corazón, de hecho tardé años en olvidarla del todo. Viéndolo hoy, creo que aquello fue un capricho de juventud que duro un poco de más. La típica negación de la realidad y la esperanza a que se produjese lo imposible, que ella volviese a mi.

Conocí a Paz en el instituto y después de cortejarla durante algunos meses conseguí que la chica empezase a salir conmigo.

Paz era alta, con un cuerpazo que ocultaba sobre ropa demasiado holgada, y una cara preciosa. Paz era muy conservadora, un poco chapada a la antigua que llegó a decir la madre de ella en un día de confidencias, pero muy inteligente, simpática y espontanea.

Tardé más de dos años en poder tocarle las tetas, lo pienso hoy y no me lo creo, pero si. Dos años de intentos y ningún éxito. Cierto es que nos dábamos auténticos atracones de morreos, pero Paz paraba mis manos una y otra vez con sus brazos, codos y manos. Me costó un triunfo meter mi mano dentro de su sosten, y realmente cuando lo hice y a pesar de conseguir más de un suspiro de Paz al hacerlo la cosa salía ser corta pues enseguida mi novia se recomponía y me desalojaba de aquel lugar.

Todo se vino a bajo la noche de fin de año, después de muchas copas y una vez empezado el lote, logre que Paz me acompañase a mi casa aprovechando la ausencia de mis padres. Empezamos por los acostumbrados morreos. No me dijo ni mu cuando le toqué las tetas y ante mi sorpresa no dijo nada cuando por primera vez metía mi mano por dentro de su pantalón. Paz estaba borracha, pero no inconsciente y aunque empezó resistiéndose un poco finalmente, dejó que mi mano llegase a su rizada pelambrera. Estaba evidentemente calada y no hizo falta mucho para que empezase a gemir ante el desplazamiento de mi torpe dedo sobre su hinchado clítoris. Paz tenía sus tetas al aire, su falda levantada y mi mano dentro de sus bragas. Mi novia se corrió como una posesa abrazada a mi, tensando sus músculos y abriendo su boca sin poder besarme.

Deje que descansase un poco y cuando volvimos a besarnos intenté ponerle la mano en mi paquete, pero aquello ya iba muy lejos y ni siquiera llegó a posar la mano sobre mi pantalón.

Tardé un par de días en saber de Paz, por alguna razón nunca la localizaba en su casa y fue solo al recibir una llamada de ella en mi casa, recordamos que de aquellas no había teléfonos móviles, en la que me emplazaba a vernos esa misma tarde cuando supe de ella.

Me pasé la tarde pensando que de nuevo volvería a acceder a su coño y con un poco de suerte y paciencia a lo mejor podría hacerle el amor como llevaba años esperando.

– Hola cielo. ¿Qué tal estos días? – y le intenté besar, pero ella por algún motivo solo me dio un pico.

– Hola Jose. Tenemos que hablar – tormenta, esas palabras nunca son buenas. En ese momento estaba seguro que me iba a echar en cara haberla masturbado estando borracha. Todo mi trabajo echado por tierra.

– Si dime cielo – dije con miedo.

– He estado pensando mucho sobre lo nuestro y he pensado que esto no puede seguir.

– Peroooo, ¿qué quieres cambiar? – dije en voz baja.

– No es que quiera cambiar nada, es que creo que debemos dejar de vernos. Ósea que te quiero dejar.

– ¿Pero por que?

– No es que me haya sentido sucia todos estos días por haberte debajo llegar a lo que no deberías, no es que te haya odiado por haberte aprovechado de mi en mi estado. Es algo más profundo. No he dejado de quererte, pero ni tu eres para mi ni yo soy para ti. Yo tengo unos valores religiosos que tu no tienes, tu solo quieres eso y yo soy mucho más romántica. Además en seis meses tu te iras a Barcelona y yo a estudiar a Madrid y es mejor que lo dejemos ahora.

– Pero… – balbuceé – demosno una oportunidad.

– Es mejor así Jose – y se alejó de mi para siempre.

Pase los peores cuatro meses de mi vida. Al principio salía de casa, pero cada vez que me cruzaba a Paz se me rompía el corazón y finalmente opte por solo salir de casa para hacer mi exámenes en el instituto haciendo tiempo para irme a la universidad a empezar la carrera y olvidarme de ella.

No logré quitarme de la cabeza a Paz durante los cinco años universitarios. Me pregunté que sería de ella, si tendría novio, y alguien disfrutase de su cuerpo como yo no pude hacer en su momento.

Llegar a Barcelona fue mi despertar sexual, el primer fin de semana, en la primera fiesta universitaria me follé a una estudiante de Murcia a la que seguí follándome durante unos meses más. Fue bastante fácil perder la virginidad, mucho más de lo que esperaba. Yolanda fue la que me entró, Yolanda fue la que me propuso ir con ella a su piso y Yolanda fue la que se metió mi polla en su boca y posteriormente se empaló con ella metiéndosela en su mojado coño.

Lo lógico hubiese sido pensar al notar la lengua de Yolanda en mi prepucio en el tiempo que había perdido con Paz, pero no, en lo más profundo de mi me jodía no compartir con ella aquello que durante tanto tiempo había querido perder. Mi virginidad.

Tuve una carrera universitaria muy sexualmente activa, no me puedo quejar de mi etapa posterior. Me convertí en un revienta bragas y me las follaba sin miramientos. Aquellas relaciones duraban lo que duraban. Sin más. De Paz me había olvidado para cuando acabé la carrera, pero me había costado.

Profesionalmente las cosas habían ido bien. Al principio de mi carrera profesional se iniciaba internet y por tanto había mil y una oportunidades en ese sector. Tenía algo de dinero ahorrado después de trabajar salvajemente en una consultora durante tres años y no desaproveche de mandar a tomar por el saco a aquello que me esclavizaban y contratando a un publicista de verdad, montar una agencia de publicidad online.

La agencia al ser tan especializada, pronto se convirtió en la líder de Barcelona, después de Cataluña y por último de España. Cuando la vendí por 60 millones de euros no había pasado más de 12 años desde que empezamos.

El día que salí del notario sin trabajo pero muchos millones más rico, miré a la calle y me pregunté que hacer con mi vida. Ni lo había pensado durante las negociaciones de venta.

Pensé en volver a Palencia y vivir un poco con mis padres, pero antes de lograr parar un taxi para volver a mi casa ya había desechado la idea, les amaba y podían venir cuando quisiesen a mi casa, ¿pero yo a Palencia?, ¿a que? ¿a aburrirme?. Pensé, pensé y pensé y solo cuando metía la llave en la cerradura de mi casa, decidí que me compraría un barco y daría la vuelta al mundo.

Había navegado bastante poco en mi vida ,por lo que me vi obligado el siguiente año en contratar a marineros profesionales que me enseñasen como se hacía aquello. En 365 podemos decir que lo sabía todo lo que hay que saber de cómo llevar un barco y había consagrado mi vida a hacerme un experto marinero.

La siguiente pregunta era a quien llevarme conmigo. Los amigos estaban descartados y entre las amigas solo una estaba dispuesta a pedirse una excedencia de un año y venirse conmigo. Ni siquiera se lo planteé, simplemente salió de ella.

Le había contado mi dilema cenando. Y mientras le hacía cabalgar encima mía en el camarote principal del barco esa misma noche, me propuso entre gemidos dejar su trabajo y venirse conmigo.

Sofía era azafata de Iberia, vivía como una reina, como viven todas las azafatas de Iberia. Solo trabajaba una vez a la semana. Volaba gratis a Madrid donde tenía un piso compartido con muchas chicas, el piso solo lo usaba si su vuelo salía muy temprano y no le daba tiempo a llegar, sino se cogía el puente aéreo y dormía en su cama la noche anterior a salir de viaje. Sofía solo volaba en vuelos transoceánicos de manera que salía un día, dormía una noche en destino y volvía al día siguiente a Barcelona. Me la había empezado a tirar gracias a una amiga que nos presentó, y aunque no era a la que más me follaba del mundo, me la follaba bastante.

Verla botar con sus pezones duros, casi rogándome que le permitirse hacer la locura de dejarlo todo un año y seguirme me puso super cachondo y aquella noche me la follé con ganas y fuerza. Parecía mentira lo que podía engañar la gente, nunca pensé que Sofía, una mujer escultural e inteligente dejase todo durante un año por vivir una aventura con bastante poco gramour.

Hicimos juntos los preparativos del viaje. En realidad Sofía me acompañó desde Barcelona a Las Palmas, primera parte del viaje y después regresaría a Barcelona para trabajar unos meses más. Hicimos una gran fiesta la noche antes de nuestra partida y cuando nos despertamos abandonamos el club náutico del Masnou para poner proa a esos mares de díos.

Sofía resultó ser una compañera ideal, hábil con el manejo del barco, buena conversadora y sobre todo una fiera en la cama cuando se aburría, que era muchas veces. No se ni las de veces que me la follé antes llegar si quiera a Gibraltar. Como digo follamos como animales durante la semana que tardamos en llegar a Canarias coronando aquello cuando a la luz de las estrellas y con todas las bombillas del barco apagadas y con este en piloto automátic,o sodomicé a la belleza que me acompañaba mientras la mantenía atada al palo mayor.

Gozamos como fieras.

En principio la parada en Canarias era para rellenar el deposito de gasolina, reponer algunos víveres y que Sofía pudiese bajarse para volver a la península donde tenía aun trabajo. Como digo, habíamos quedado que ella trabajaría un par de meses y yo la esperaría en el Caribe navegando de isla en isla y como quien dice haciendo tiempo.

Sofía salió del barco y tardó un par de horas en volver. Traía una bolsa negra de plástico.

– José, me ha encantado el viaje, mil gracias por proponérmelo.

– En realidad nunca te lo propuse, te apuntaste tu.

– No seas gilipollas.

– Vale, lo siento.

– Pues eso. Llevamos follando desde hace unos años, me gusta mucho hacerlo contigo aunque se que no hay amor por al menos tu parte, y que vamos a follar muchísimo más en el viaje que tenemos por delante, por lo que he comprado estas cosas para que podamos ponerle un poco de pimienta al asunto y no nos cansemos el uno del otro enseguida – y abrió la gran bolsa y empezó a sacar todo tipo de juguetes sexuales recién comprados – también te he grabado hace un par de días esto, para que te entretengas de aquí a Bahamas. Cuando nos volvamos a ver me lo devuelves.

A pesar de su insistencia, aquella ultima noche hice el amor a Sofía despacio, con calma. Disfrutando de su cuerpo y ella del mío. Creo que gimió mi nombre cuando se corrió.

Despedí a Sofía en el propio pantalán, no me apetecía dejar el barco solo para acompañarla al aeropuerto.

El viaje desde Las Palmas hasta el Caribe fue rápido, entretenido al ser la primera vez que navegaba solo en un barco tan grande y muy entretenido gracias al pendrive que me dejó Sofía donde ella aparecía masturbándose ante una cámara de video y mirándome a través de la pantalla, repetía que no quería que me masturbase durante ese tiempo pensando en otra que no fuese ella. Y lo que se dice masturbarme no lo hice.

Descasé en Nassau durante una semana después de mi llegada, aun quedaban cinco semanas para la llegada de Sofía y no sabía bien si quedarme allí y/o dedicar los 37 días que me sobraban a visitar islas. La decisión en realidad no la tomé yo, la tomaron las vecinas de pantalán, unas holandesas pelirrojas y de piel roja por el sol caribeño. Cuando llevas unas horas defensa contra defensa uno coge buen rollo con el vecino, pero cuando llevas cuatro días eres como de la familia.

Cenaba con ellas un noche cuando me comentaron que iba a ir a las islas vírgenes británicas en dos días y si no me animaba, realmente no tenía nada mejor que hacer y a la mañana siguiente allí nos dirigimos cada uno en su barco.

Pedimos en Spanish Town en Virgin Gorda el amarré un barco al lado del otro. Nos instalamos y después de descansar una noche, por la mañana fuimos a la playa los tres en mi barco. Al contrario que el las islas vírgenes americanas, las británicas permiten el topless, y no les faltó tiempo a las holandesas en sacar sus tetas a relucir.

Sinceramente no me sorprendieron un ápice, ni siquiera es que me fijase demasiado. Cuando uno ha estado casi una semana en bañador con dos chicas, entrando y saliendo del agua, bañándonos, al sol, etcétera es como si las hubiese visto desnudas.

Hicimos unos amiguetes suizos en la playa visitada. Ya había anochecido cuando decidimos coger de nuevo el barco para volver a nuestra marina y pasar la noche. Si sequiamos bebiendo era fácil que no fuésemos capaz de navegar la media hora que teníamos por delante. Maggy, la mas morena nos comunicó cuando casi estábamos a punto de subir al barco que ella se quedaba que necesitaba hablar de unas cosas con Peter, uno de los Suizos.

– La pobre, lleva un mes sin follar y se sube por las paredes – yo sonreí.

– ¿Y tu?

– ¿Yo?, algo menos, un par de días antes de conocerte me forniqué a uno de los guardas de la marina. Antes de eso, si, llevaba mis buenas seis semanas – y me reí aun más.

Llegamos a nuestra marina, “aparque” mi catamarán como pude y acompañe a Rose hasta su barco. Me dio un beso en la mejilla y se despidió de mi.

Como era mi costumbre, me desnudé, me puse una toalla y salí al exterior a fumarme un cigarro.

Mientras fumaba veía en el barco de las chicas como iba pasando Rose por delante de uno de los pequeños ventanucos. Primero con la parte de arriba de bikini, después sin él y por último desnuda.

Sonreí, tiré la colilla, apagué la lucecita y me fui a la cama.

Estaba quedando dormido cuando oí un ruido extraño dentro de la cabina del barco, mantuve la calma pues aunque hay siempre cierto peligro en las islas vírgenes, la marina estaba bien vigilada. Se abrió la puerta de mi camarote y a través de la luz que pasaba por mi ventana pude ver como Rose desnuda se apoyaba en la quicio de la puerta y se pasaba un dedo por su duro pezón.

– ¿pensabas dormir solo?

– No creo que tu quieras dormir.

– No, realmente no – y se acercó a mi.

Al principio todo fue muy sensual. Rose con su mano en mi pecho me pidió que no me incorporase. Se agacho sobre mi polla y aun flácida se la metió en la boca empezando a lamer hasta que esta se puso “palote”. Rose subió una de sus piernas sobre mi y sin usar sus manos se fue metiendo en su desnudo y pelirrojo coño mi dura polla. Su vagina pareció engullir mi nabo hasta el fondo, la holandesa estiró su cuerpo y se agarró sus blanquecinas tetas mientras miraba hasta el techo del camarote. No emitió ningún gemido hasta que después de cabalgar durante más de diez minutos su piel se cubrió de “piel de gallina” y fue entonces cuando soltó un largo suspiro al tiempo que su cuerpo se convulsionaba. Tenía un correrse precioso. No sabía si apurar mi movimientos para correrme yo también o simplemente metérsela en la boca y hacerle que me la chupase con ganas.

– Dame por el culo, al negro de Nassau no le cabía – me dijo, rompiendo mis dudas.

Aquello era otra historia. Rose se puso a cuatro patas, tumbo su cara contra la almohada, abrió sus cachetes con sus manos y dijo:

– a dentro.

Y adentro que fue. Quizás estaba un poco cansado, un poco bebido y un poco con ganas de dormir, pero darle por el culo a una tía es algo que es superior a mi. Apunté mi nabo, lo metí ante los gritos de la tulipán y cogiéndola de las caderas empecé a darle con saña. Rose gritaba como una loca mientras yo pistoneaba su ano, lo que había sido una niña buena, silenciosa y educada se había convertido en la más salvaje de las hembras cada vez que mi rabo entraba en su ano.

Ambos nos quedamos dormidos después de largos orgasmos de la pelirroja y de que yo le regase las entrañas.

Maggy apareció ya entrados en el mediodía. Buscó a su amiga en su barco y como no la encontró, pasó a nuestro barco como la cosa más normal, le parecía lo más lógico pasar a despertarnos. Por un momento pensé que habría un segundo asalto mañanero pero en esta ocasión con Maggy acompañando. Nada de eso. Rose me dio un beso, me invitó a comer a su barco y salió meneando su culo desnudo.

Me follé durante un par de semanas a Rose, incluso una vez a Maggy, sexo por compasión decía ella, pero nada de tríos, orgias o cosa que se pareciese. Las chicas no era bolleras sino dos amigas con pasta que navegaban en su año sabático a la espera que sus novios viniesen a verlas. Viajábamos en los dos barcos fondeando en calas o amarrando en marinas, saltábamos de isla a isla con la alegría que tiene el que sabe que el tiempo no importa. Por la noche hacíamos vida en común los tres y por las noches me follaba a la más pelirroja que siempre imploraba ser sodomizada antes de quedarse dormida.

Fue a falta de 10 días para que Sofía llegase que cuando estando en Martinica y después de cenar le dije a Rose lo de todas las noches.

– ¿Vienes? – dije mientras me levantaba de la mesa.

– Hoy no – y viendo mi cara sorprendida me dijo – luego me paso y te explico.

Y asombrado me fui a mi barco. Rose tardó una media hora.

– Perdona Jose, pero me enteré ayer y no me diste tiempo a decírtelo. Mañana vienen nuestros novios en viaje semi sorpresa y por alguna razón no quiero serle infiel la noche antes de él venir.

– Ya.

– Tienes que comprender, tu esperas a una chica que no es tu novia, pero Peter es mi novio y aunque liberales, hay ciertas cosas que no puede pasar, y una de estas es sabiendo que viene no reservarme para él – y volvió a su barco.

Las chicas salieron hacia el aeropuerto muy nerviosas, me preguntaron si las acompañaba, pero yo estaba de más en aquel momento.

Cuando llegaron ya anocheciendo yo estaba con un libro y un ron, las chicas llegaron a su barco y no sabían si presentármelos o ir directamente a copular. Pesó más la educación que la lujuria y pude hablar con ellos 10 minutos antes de que con la típica excusa mala se retirasen al interior del barco. Peter el novio de Rose era un tío alto, bien parecido y un muy buen porte.

Ni 10 minutos habían pasado cuando Rose gritaba a pulmón vivo en una esquina del barco y Maggy gemía de placer en la otra esquina. Tome la decisión de separarme de ellos mientras me la meneaba con ganas. Una cosa ser yo quien daba serenatas y otra ser yo el espectador de los conciertos de gemidos ajenos. Solo faltaban pocos días para Sofía.

Al día siguiente Rose, Maggy y demás familia salían a un pequeño viaje de una semana para enseñarle a los chicos otras islas, me propusieron unirme, pero con la excusa que tenía que subir hasta Bahamas a por Sofía me evité oírles a los cuatro follando por más tiempo.

Navegue ese día hacía el norte hasta las islas vírgenes americanas. Dude entre ir hasta St Thomas a la civilización o a Star Resort, a tomarme una piña colada con Paul, el camarero que mejor me había caído desde que salí de casa.

Fondeé en un “Muerto” del resort, al atractivo precio de 20 dólares solo por atar tu barco (y pasar la noche, claro esta) en una bolla. Me duché, cambié de ropa y salí con la zodiac hasta el bar del hotel. Paul estaba en su salsa, era Spring Break y aquello estaba lleno de estudiantes. Al ser territorio de Estados Unidos, no había estudiantes de instituto, como si pasaba en las británicas, temas del alcohol y sus leyes.

Acabe la noche dándole duro a una profesora universitaria que había acudido allí con dos compañeras y que le había parecido fascinante que tuviese un barco y pensase cruzar el mundo con él. La tía estaba buena y follaba mejor, pena que yo fuese la traca final de sus vacaciones, no quería ni pensar como se podría esta a nivel sexual subida en el barco, solo de mentarlo se volvió una maquina del amor.

Navegué hasta San Juan de Puerto Rico, quería visitar a un amigo en Caguas y todavía tenía unos días. Ver a Juan Palacios fue una alegría, bebimos, recordamos viejos tiempos y por último, me ayudó de vuelta en San Juan a llenar al barco de provisiones.

Llegue a Nassau a escasas horas de la llegada de Sofía.

Siesta, roncito con cocacola. Hay que ver por dios lo bueno que esta el ron Cuzan y en taxi al Lynden Pindling, el aeropuerto local.

Esperé poco hasta que vi a mi azafata particular, salir de la puerta de llegadas, tirar sus bolsas de mano y agarrándose a mi cuello comerme a besos. Me dejó un poco cortado al principio pero he de decir que aunque llevaba dos meses arreglándomelas muy bien solo, estaba bien tener a alguien querido cerca.

La verdad es que la tía venia preciosa, parecía recién salida de la peluquería, bien arreglada y encima comparado conmigo que ya estaba integrado en el medio. Camiseta roída, bermudas, chanclas, el pelo largo y barba de esos dos meses, la chica parecía un modelo de pasarela.

Cogimos un nuevo taxi y mientras yo subía sus maletas a bordo, ella se metía en el interior del barco para aparecer en pocos minutos con un minúsculo bikini. La tía estaba impresionante.

Se volvió a agarrar a mi cuello y me volvió a besar.

– gracias

– ¿por qué? – contesté.

– Por hacer posible esto.

– ¿El que?

– Pasar un año contigo.

Empezaba a anocher y juntos vimos el sol ponerse. Le preparé una maravillosa cena a base de pescado y después abrí una botella de champan. Nos pusimos unas copas y me contó sus viajes de trabajo, sus semanas en Barcelona y la envidia que daba a todo el mundo cuando les contaba en que aventura se embarcaba.

Le propuse ir a dormir pero me sorprendió con un, “espera aquí, entra en cinco minutos”.

Me puse una copa y no esperé cinco, sino diez, el tiempo en acabármela.

Cuando entré en mi camarote me la encontré desnuda, con sus piernas abiertas y sus manos esposadas al cabecero de la cama con los ojos tapados por un antifaxz. Un vibrador rojo salía de su coño y dos pinzas amarraban sus rosados pezones. Ni me acordaba de los juguetes que hacía dos meses la tía había comprado en Las Palmas. Una nota descansaba sobre su agitada barriga. Me acerqué y la cogí.

“Jose, gracias por permitirte acompañarte en la aventura de tu vida, espero ser una buena acompañera de viaje y que juntos pasemos grandes momentos. ¿Y que manera de empezar un viaje que marcará nuestras vidas que con el mejor polvo de nuestras vidas? Haz conmigo lo que quieras.

Sonreí al ver sobre la mesa del camarote una gran cantidad de vibradores, plugs anales, bolas para la boca, cuerdas, esposas y todo tipo de utensilios. Mire a Sofía con una sonrisa y acercándome a ella le besé dulcemente en los labios mientras me desnudaba. Le quité el antifaz, Sofía vio mi polla dura cerca de su boca e intentó subir la cabeza para darle una chupada, la paré. Le solté las pinzas de los pezones y con la llave que estaba a la vista le solté las esposas. La penetré suavemente y empecé a moverme despacio dentro de ella.

– no te preocupes que te voy a follar duro y además muchas veces, pero quiero que el primer polvo sea un polvo sentido y suave – Sofía encharcó mi pelvis con su flujo, se había corrido de golpe con solo notar mi polla y oír mis palabras.

– Aggggg, no sabes las ganas que tenía de tenerte dentro.

– Ni tu las que tenía yo de verte – se volvió a correr.

Follamos durante horas a la luz de la luna hablando a ratos y corriéndonos a otros ratos. Se corrió conmigo cuando yo llené su coño de esperma.

Nos levantamos pronto y pusimos rumbo a Cuba. Sofía quería ver a una amiga de Iberia que iba a pasar una noche en la Habana y si nos apurábamos podíamos coincidir. Su amiga viajaba con una tripulación y casualmente íbamos a estar en la capital cubana el mismo día.

Llegamos de noche cerrada a la isla, cosa que a las autoridades no les suele gustar. Nos tocaron los cojones todo lo que quisieron hasta que les deslice un billete de veinte dólares a cada uno de los agentes de aduanas. No parecían muy contentos hasta que le solté 100 a su jefe y les hizo “alegrarse” con una orden tajante de tratarnos como lo que éramos. Invitados.

Dormimos como lirones ya que estábamos cansados del largo polvo y el madrugón y nos levantamos a mediodía.

– el vuelo de iberia aterrizó a las 9. ¿Vamos a verles al hotel?,

– ¿por qué no vas tu y les ves, y luego les invitas a que vengan a cenar? Yo preparo la cena y aprovecho el tiempo para arreglar papeles y comprar puros.

– Me parece estupendo – me dijo mientras se levantaba

Sofía se vistió y salió de la marina para coger uno de los taxis que esperaban en la puerta. Yo a su vez salí a recoger nuestros pasaportes y saludar a mis “amigos”. Después me fui hacía La Habana Vieja a visitar a un contacto que me habían dado.

Como no puede ser de otra manera el contacto me ofreció puros, coca, mujeres y no me ofrecieron que me comprara la casa donde estaban porque sabían que al día siguiente nos íbamos del país. Muy simpáticos estos cubanos. Mucho.

Pasé por el mercado de pescados y compre una docena de salmonetes y seis langostas. Paré en un paladar del que me habían hablado y aparte de comer mientras leía el Granma, les pedí que me preparasen los alimentos y me los llevasen al barco para la cena.

Me puse una copa, abrí un libro y me puse a leer.

Sofía llegó dos horas después acompañada de dos amigas, obviamente azafatas y un chico que deduje nada más verlo que debía de ser el piloto o el segundo, típico chulito.

Al principio no la reconocí, pero ella a mi si. Cuando Sofía me la presentó ella me dijo que ya nos conocíamos, y si, efectivamente, se trataba de Aurora una azafata que hacía como diez años cuando empezábamos con la agencia me follaba en mis viajes a Madrid. Una guarra en la cama según recordaba. No creo que me la follase ni cuatro veces, pero hay cerdas en la cama que uno recuerda toda su vida, esta era una de ellas.

– si joder Aurora, ¿qué es de tu vida?

– Pues poca cosa, sigo de azafata. ¿Y tu?

– Pues en paro.

– Que cara tienes, ya nos contó Sofía, lo que pasa es que ni idea que tu eras tu.

– Pues ya ves.

La cena se desarrolló increíblemente bien. Nos reímos, nos contamos anécdotas, chistes, tuve que poner un par de veces en su sitio al engreído segundo del avión, pero en general todo fue muy bien. Aurora se insinuó un par de veces llegándome incluso a decir al llevar los platos a la cocina que si lo hubiese sabido se hubiese apuntado ella.

Ana y el segundo se despidieron después de un par de copas y me dejaron solo con las dos chicas.

– menuda geta tienen estos dos – dijo Aurora.

– Si, je je, se les nota a leguas que están liados desde hace tiempo – dijo Sofía.

– ¿Pero no están casados ambos? – dije yo.

– Si lo están, pero ya sabes, cuando se vuela lo que pasa en destino se olvida al llegar a casa – dijo Sofía.

– Ah cojonudo – dije yo.

– Bueno, en general la gente es discreta, pero ya sabes… menudas juegas nos hemos corrido esta y yo – dijo de nuevo Aurora mientras Sofía la miraba con ojos asesinos.

– Prefiero ni saberlo – contesté mientras rellenaba las copas.

– Pues lo que te pierdes – dijo de nuevo Aurora.

Pasó una hora y viendo que aquello decaía les propuse jugar al típico juego de verdad o prenda. Sofía temiéndose lo peor, no estuvo loca de alegría, pero Aurora estaba loca por la música e insistió en que lo hiciesemos.

Saqué unos dados y el peor de tres tiradas perdí, y el mejor imponer pena. Ante la sugerencia de Sofía bajamos a la cabina.

Tiramos los dados, perdió Aurora, se quitó las sandalias

Perdí yo, me quité las chanclas.

Perdió Sofía se quitó las sandalias (que se acaba de poner para el juego)

Perdió Aurora, se quitó el sujetador.

Perdió Sofía, la imitó.

Perdí yo, me quite la camisa ante los vítores de las chicas, puse otra copa.

Perdió Sofía, metió las manos dentro de su vestido y se quito un tanga negro.

Perdió Aurora y también se quitó el tanga. Blanco con puntitos rojos.

Perdió de nuevo Aurora, se quitó el vestido y se quedo en pelotas. Recordaba perfectamente aquellas tetas con ese tan característico lunar al lado del pezón derecho.

Volvió a perder Aurora, ya no tenía nada que quitarse.

– condición – dije adelantándome a Sofía.

– Que remedio – dijo Aurora.

– ¿Cuándo la liaste con Sofía más gorda?

– Ni se te ocurra contárselo – dijo Sofía apurada.

– Tiene que hacerlo – le puntualice.

– Fue hace un año – dijo

– Joder si ya follábamos juntos – dije riéndome, a Sofía no le hacía ninguna gracia.

– Conocimos a unos suecos una noche en un vuelo a Johannesburgo. Después de un par de horas de copas y cuando ya nos los habíamos repartido, el que le tocaba a tu amiguita se despidió y se fue. ¿Y tu te crees que tu amiga se retiró? Pidió una ronda más, se la acabó y le dijo al sueco que le íbamos a follar entre las dos.

– No me jodas – dije sorprendido.

– ¿Y os lo hicisteis entre las dos o solo os folló una tras otra?

– Solo es una pregunta – dijo Sofía agitada

– No, tiene que contar la historia entera.

– Jooooo – protestó mi compañera de viaje

– Calla y que hable – dije.

– Pues, ¿tu que crees?, pues claro. ¿qué íbamos a hacer? Una mirar mientras se folla a la otra?, pero que conste que ella fue la primera que metió la cabeza entre mis piernas.

– ¿Y?

– ¿Y?, pues nada no le dejamos ni una gota de leche en los huevos y no paramos hasta que ambas quedamos saciadas.

– Pues conociendo a Sofía y recordándote a ti, el tío debía de ser un superhombre

– Que va, nos folló lo que pudo y cuando se fue seguimos nosotras solas. No veas como de agotadas llegamos al vuelo.

– Me imagino

Tiramos y Aurora volvió a perder, si no le veo hubiera pensado que lo hacía adrede, pero no, los dados son independientes y ecuanimes.

– Cómele el coño a Sofía.

– ¿Cómo? – dijo esta.

– Que te va a comer el coño – Aurora me miró con su penetrante mirada, miró a su amiga, se levantó. Se arrodilló delante de Sofía y levantando su vestido y dejando a la vista su magnifico coño embutió la cabeza entre sus piernas. Sofía me miraba con cara sería hasta que la lengua de su compañera de trabajo tocó ese punto que lo cambia todo y dio un largo suspiro.

Aurora lo debía de hacer muy bien porqué Sofía tiró de su vestido para abajo y empezó a tocarse los pechos mientras recibía la lamida de su vida. Ya había tenido un par de orgasmos mientras yo observaba el culo que también había conocido años atrás abriéndose a mi vista.

Aurora levantó la cabeza con su cara llena de restos de flujo de su amiga.

– ¿No me vas a follar mientras le como el coño a esta?

Mire a Sofía como buscando autorización y después de pensárselo unos segundos, le bajo la cabeza a su amiga, levantó un poco la pelvis y me hizo un gesto afirmativo.

Desabroché mi pantalón y me puse de cuchillas detrás de la morena. Pasé un dedo por su expuesta raja y la metí de un golpe secó. Evidentemente Aurora no se había estado quieta aquellos años ni mucho menos, movió su cadera hacía mi como una experta que busca facilitar las penetraciones por recibir y una vez la polla colocada apretó su esfínter para dar mayor sensación a mi polla y a su cuerpo. Se la metí hasta el fondo y contrariamente a lo que pensaba esta no dejo de chupar sin pausa y solo lo hizo cuando un fuerte orgasmo invadió su cuerpo y venció su voluntad.

Fue Aurora la primera que se levanto y sin que nadie se lo dijese se dirigió a mi habitación y abierta de piernas nos esperó a ambos en mi cama. Sofía se recompuso como pudo y quitándose le vestido me cogió de la mano y me llevó hasta el camarote.

No hubo ni una sola palabra. Sofía se puso a cuatro patas frente a su amiga que abierta de piernas esperaba buena respuesta a su comida anterior. Su cuerpo descansaba sobre el respaldo de la cama. Al ver a mi acompañante mostrándome su abierta raja simplemente metí mi polla ella y agarrándola por las caderas empecé con el bombeo.

Era fascinante follar aquel coño mientras veía la cara de Aurora desencajándose a base de las lamida de la otra azafata, por un momento me recordó cuando yo me la follaba en mi habitación de hotel. Tenía unas tetas prodigiosas, tal y como recordaba y se las tocaba con maestría.

Me las follé toda la noche, a ratos dejaba que ellas, usando el arsenal de Sofía se entretuviesen para yo poder coger fuerzas. Al principio llevaba la cuenta de los orgasmos de una y otra, pero tuve que dejarlo por imposible. Acabé la noche siendo mamado por las dos y corriéndome en sus caras.

No empezaba mal el viaje.

Despedimos a Aurora muy temprano después de dormir un par de horas abrazados y pospusimos nuestra salida de Cuba un día para poder descansar. Pasamos casi toda el día tirados y solo nos arreglamos para salir a cenar a un pequeño restaurante “revolucionario”.

Dormimos la siguiente noche como angelitos y partimos hacía Jamaica, donde pasamos tres maravillosos días a base de copas y porros.

Follamos colocados las tres noches y de nuevo en una cala fondeados en la isla de Navasa, una reserva natural a medio camino entre Jamaica y Haití. Íbamos sin prisa y eso se notaba.

Estamos en la cubierta follando como locos con Sofía encima mía cuando la rubia me soltó a bocajarro.

– ¿a cuantas te has follado en mi ausencia?

– Ah, ¿es que había exclusividad? – y Sofía se quedó callada – ¿dime, lo había?

– No – dijo como un poco avergonzada.

– Ah, pensaba. ¿Y tu? – se quedó callada – venga no puedes preguntar y no estar dispuesta a contestar.

– Me acosté una noche con un viejo amigo. Algo muy sencillo, un polvo rápido, el tío lo necesitaba.

Le di la vuelta, la pusé a cuatro patas y después de meterle un dedo en el culo, le metí la polla en él sin contemplaciones.

– ¿Así te la metía? – le pregunté

– Solo tu me das por el culo

– No me pareció eso la primera vez que te di.

– Pues ahora si.

– Yo me estuve follando varias semanas a una holandesa, de hecho cada noche le rompía el culo.

Y Sofía estalló en un tremendo orgasmo anal que la hizo casi desfallecer.

Echamos una siesta abrazados. Cenamos y dormimos de nuevo abrazados. Me daba un poco de rabia que se la hubiesen follado, pero sabía que ella se moría de celos al saber que la había roto el culo a otra.

De Haití pasamos a Puerto Rico, de Puerto Rico a las Islas Vírgenes, de ahí a la cadena de islas formadas, por Guadalupe, Granada y mil y una islas estado tan poco visitadas y con tanto que ofrecer.

En cada sitio nos quedábamos un par de días y cuando nos apetecía levábamos anclas. Dudábamos sobre pasar un par de meses de isla en isla o cruzar al otro lado del continente a través del canal de Panamá. La duda se disipó cuando nos encontramos de nuevo en Martinica a Rose y Maggie. Sofía se subía por las paredes del barco cuando se las presenté y más aun cuando las invité a cenar abordo. Le hubiese planteado un trio a las dos, pero hubiese afectado el resto de viaje seguro. Me quedé desde luego con el mail de las dos y me deje convencer por Sofía de que cruzásemos al otro lado. Evidentemente la catalana pensaba que con Rose cerca cualquier momento podría dejar de ser ella mi favorita.

Pedimos hora para pasar el canal de Panamá y nos dijeron que al mediodía pasaban los veleros. Nos quedamos de piedra al llegar a las 11;30 y que nos dijesen que allí el mediodía era a las 14. Esperamos pacientes con una cerveza en la mano y un libro en el otro hasta que al final emprendimos el viaje.

La verdad es que fue una experiencia única recorrer los 150 kilómetros de canal, le dedicamos casi todo el día, pero valió la pena sin duda, una experiencia única. Desde luego.

Parecía una chorrada pero nuestra idea era bajar a comernos un ceviche a Lima. Queríamos bajar hasta Perú, de ahí volver sobre nuestros pasos, ver un poco de Centroamérica, baja california y por último entrar en Estados Unidos. De ahí descansaríamos unos días y enfilaríamos rumbo a Hawaii.

Desde el canal emprendimos rumbo sur hacia Colombia, donde después de un par de días de navegación llegamos a Puerto Reyes, un pueblo de marineros sin nada más que su aparente tranquilidad.

No nos quedamos mucho, dormir un día, recargar fuel, comida y emprender rumbo hacía Esmeraldas en Ecuador, ya una ciudad más seria con puerto deportivo y donde podíamos dormir sin miedo a robos o cosas peores.

Descansamos dos días seguidos que los dedicamos prácticamente a dormir, bueno dormir y follar, pero siempre en la cama. Sofía quería dejar claro que el único coño era el suyo y se esforzó no solo en hacerme gozar sino en darme un espectáculo día si y día también con los distintos juguetes canarios.

Gobernar un barco entre dos es algo muy complicado, sobre todo si vas cerca de la costa. En principio siempre tiene que haber una persona despierta para divisar posibles peligros. Cuando cruzas un océano, aunque sea una burrada para un purista, sencillamente te puedes meter en la cama a la hora de dormir y despertarte por el día dejando que el barco haya avanzado con el piloto automático, es difícil chocar con otro barco en la inmensidad, o con un tronco o un contenedor. Pero bordeando la costa, la cosa mas difícil. Es más fácil topar con obstáculos, entre ellos, la propia costa, es muy habitual que haya otro barcos, en muchas ocasiones sin luces, troncos flotando, sobre todo en las salidas de los ríos, en fin. Hay que estar muy atento. Son días duros porque siempre tiene que estar alguien despierto y generalmente solo.

De Esmeraldas salimos hacía Puerto López, acababa de empezar la temporada de el avistamiento de ballenas y quería verlas con Sofía. Según bajábamos sur la chica se tuvo que ir olvidando de su inacabable colección de bikinis y taparse un poco más. Hacía un frio de escandalo y a cada grado sur aumentaba.

Fondeamos en el puerto pesquero, le di una propina de 200 dólares al encargado del puerto por vigilar nuestro barco con la promesa de otros 200 a nuestra salida si todo había ido bien.

Nos alojamos en Mandala, el primer hotel con clase del pueblo y de hecho el que más demanda seguía teniendo. Había cambiado muchísimo desde mi última visita años antes y con una mochila en la espalda. En recepción seguía Aurelio al mando, habían pasado años como digo, pero después de un par de referencia se acordó de mi, y no solo es que me lo dijese sino que me lo demostró horas después cuando apareció con el libro de dedicatorias y con la mía en él. La verdad es que la habíamos notado buena yo y mi acompañante.

Pensábamos pasar tres días. El primero de relax entre el hotel y la playa, el segundo viendo ballenas y el tercero visitando el parque nacional de la zona.

La primera noche fue un poco movida por el alcohol, Aurelio y su mujer se unieron a nuestra mesa y solo cuando caímos los cuatro rodando nos fuimos a la cama.

No nos levantamos temprano porque había organizado una excursión privada y no colectiva a ver ballenas. En otro caso hubiésemos estado haciendo el tonto para que la agencia de viaje pudiese justificar el viaje antes de ir a ver ballenas, pero nosotros fuimos directos al lio y nos ahorramos tiempo y cansancio.

Yo las había visto un par de veces antes, pero Sofía no. Se quedó flipando, alucinada de verlas saltar, alucinada de ver estos seres tan majestuosos saltando ante nosotros. Fue un día memorable.

Llegamos rendidos al hotel, ni nos duchamos, dejamos las cosas en nuestra cabaña y fuimos a cenar ligero para irnos a la cama. Un poco de conversación con Aurelio, un pisco sour para despertar el sueño y a la cama.

Yo ya estaba desnudo en mi cama viendo desde ella como Sofía en bragas y con una camiseta se lavaba los dientes de espaladas a mi en el baño. Fue como una regresión, como lo que había pasado años antes cuando visité el hotel Mandala acompañado de una abogada de Bilbao que por aquel entonces me follaba. En la cabaña de al lado se empezaron a oír gritos salvajes de placer. Dos follaban como condenados y la tía no se cortaba un pelo. 10 años antes en mi viaje con la vasca pasó exactamente lo mismo y justo al volver de las ballenas. Mi polla se puso como un mástil, veía a Sofía quieta con el cepillo en su boca simplemente escuchando, justo como Itxaso años antes. Me levanté. Apoyé la cabeza de Sofía sobre el espejo, abrí un poco sus piernas, rasgue sus bragas y la penetré analmente con cierto cuidado de no hacerle daño. Justo como pasó en mi visita anterior.

Sofía llevaba un par de días sin ir al baño y justo cuando ella se empezaba a correr mi polla empezó a salir marrón de su ano y el mal olor envolvió la habitación. No nos cortó un pelo, ni a ella ni a mi. Cuando empiezas a follar duro con alguien dejas a un lado este tipo de chorradas y simplemente disfrutas. Con Itxaso había pasado lo mismo exactamente 10 años atrás aunque con ella no llevaba tanto tiempo follando como con Sofía, la tía era una cerda de manual, una de esas vascas que en su casa no rompe un plato, pero cuando nadie la ve. Arrasa con todo.

Me corrí en su culo y llenos de mierda nos besamos muertos de risa, en la cabaña de al lado la chica seguía siendo partida en dos y no dejaba de gritar y gemir en alemán. Nos duchamos juntos, nos volvimos a reír y nos fuimos a dormir.

De Puerto López subimos a Guayaquil donde pudimos pasar un par de días en su puerto deportivo sin demasiada incidencia más que una corta visita a su paseo marítimo y su estatua de Bolívar y San Martin.

Dejamos la ciudad ecuatoriana para navegar hasta Trujillo, una ciudad maravillosa en la cosa Peruana, nos quedaba solo dos días de navegación para llegar a Lima. Pasamos en Trujillo un par de días disfrutando de sus monumentos, restaurantes y vida nocturna. Casi nos dio pena dejar la ciudad cuando pusimos proa a la capital peruana.

Dejamos el barco en el club de regatas de Lima, lo más pijo de la ciudad con la mayor cantidad de pijos por metro cuadrado del país, pitucos para ellos, me encanta la palabra. No les podía gustar más a esta gente la idea de conocer a dos ricos con buena pinta, con un muy buen barco, anclados en el puerto más exclusivo del país y que encima se estaban dando la vuelta al mundo.

Solo desayunamos el primer día en el exclusivo restaurante del club. Lima esta lleno de buenos restaurantes y Sofía los conocía todos de sus vuelos a la ciudad.

Disfrutamos mucho de todos y cada uno de ellos. Sofía me contó que aunque todo el mundo en las tripulaciones de Iberia había ido alguna vez a los más famosos, no era lo habitual pues en realidad no eran mucho más baratos que un restaurante bueno en Madrid y la gente no iba a los sitios de vacaciones, sino a currar. Me contó que había escrito a amigos de la compañía pero nadie estaba en esas fechas en la ciudad.

Nos metimos en el bar del hotel Hilton en San Isidro y cuando ya llevábamos una buena ración de alcohol encima Sofía me comentó.

– Estoy caliente como una burra.

– Pues vamos al barco.

– No, antes vamos a tomar la ultima a un sitio al que he ido un par de veces, nos ponemos un poco a cien y luego vamos a follar a casa.

– Miedo me das.

– Haces bien en que te de.

Y salimos, llamamos un Cabify. Sofía le dio la dirección. No solía hacer estas cosas, pero empezó a sobar mi paquete según el coche avanzaba camino de Barranco.

Llegamos a una especie casa señorial mal iluminada.

– ¿qué coño es esto? – le pregunté a mi segundo de abordo.

– Calla tonto y ahora lo veras – evidentemente no era una discoteca pues no había movimiento fuera.

Cuando entramos ante mi se abrió una inmensa barra con todo tipo de gente, evidentemente de una clara buena posición socia,l que tomaban copas.

El ambiente era distendido y pronto vinieron a tomarse una copa con nosotros una pareja local. Sofía destacaba y en situaciones como esta, siempre se acercaba gente a hablar con nosotros.

Nos invitaron a unas copas y nos pusimos de chachara con ellos. Cuando ya habíamos cogido cierta confianza lo solté a bocajarro.

– Pero vamos a ver. ¿Qué coño es esto? – todos se quedaron mirando.

– ¿Cariño?, ¿no te has dado cuenta? – me dijo Sofía tocándome el cogote.

– No.

– Esto es un club de intercambio. ¿No tienen esto en España? – me dijo mi nuevo mejor amigo.

– Pues me imagino que si, pero nunca he ido a uno.

– Pues este es uno de estos. Y hay gente como nosotros que venimos pero es raro que pasemos a las salas, otra gente va directa, ni pasa por el bar.

– ¿Y que hay que hacer para entrar? – pregunté.

– Pues primero pagar, después desnudarse en el vestuario y por último pasar. Puedes follar o no, nadie te obliga, pero cuando entras a mirar es imposible que no acabes follando. Solo entran parejas – me explicó Sofía

– ¿Y tu con quien entraste?

– Con el comandante – me dijo riéndose.

– Hoy de hecho hay un grupo de españoles – dijo la mujer de mi nuevo mejor amigo.

– ¿Si? – preguntamos Sofía y yo a la vez.

– Si, creo que trabajaban en una línea aérea.

– Porrrrfa Jose, vamos a entrar a ver quienes son – yo me la quedé mirando

– ¿no prefieres esperar a ver quien sale por esa puerta?

– Venga porfa entramos, vemos quienes nos calentamos un poco y nos vamos a follar al barco – no soy de difícil convención. Simplemente me levanté pedí la cuenta, pague la entrada y le hice un gesto con la cabeza a Sofía.

Sofía se levantó rápido y corrió hacia la puerta, se metió conmigo en un vestuario y en segundos se quedó como su madre la trajo al mundo, pero con más tetas y pelo en el coño, pelo que por cierto necesitaba un repaso.

Salimos los dos envueltos en una toalla, cada uno en la suya. La sala era inmensa y a los lados habían habitaciones con camas redondas, cuadradas, de agua, con grilletes colgando. En fin, el paraíso de los salidos. La gente follaba con saña por todo el lado, no sé, debía de haber más de cien personas desnudas dándose placer, para mi lo nunca visto.

Aunque había mucha gente Sofía enseguida descubrió a los españoles, por lo que me dijo, el sitio había pasado de ser un lugar secreto a un secreto a voces entre las tripulaciones de la compañia.

Por lo visto estaban seis de la tripulación. Conocía a cuatro de ellos y supo reconocer a dos más. Ninguno follaba entre ellos aunque todos estaban bien ocupados.

Sofía con una copa en su mano y tapándole la cara con ellam me iba contando.

– Ese es Juan Luis Portanet, el comandante, creo que le queda poco para jubilarse. Tiene fama de putero. La verdad es que si te digo la verdad no me extraña verle aquí.

– Ya – contesté.

– Mira. Esa es Julia

– ¿La jovencita?

– Esa, lleva pocos años en la flota transoceánica, he volado con ella un par de veces, la verdad es que la creía más recatada que para venirse aquí.

– Pues con esa polla en el culo no parece muy recatada. Oye, ¿Y esa?, la de la doble penetración.

– Ni idea, no la conozco ni de vista, pero si, tiene toda la pinta de ser de Iberia.

– ¿Y esa?

– María José Santos, un putón verbenero. Yo creo que esta entro en iberia para pillar a un piloto y a falta de ellos se ha llegado a follar hasta a pasajeros.

– ¿Y ese?

– Rodolfo, un segundo, es buen tío. Y su novia también, es amiga mía por cierto.

– Ja j aja. ¿No dirás nada? ¿No?

– Pues no debería. A ver como justifico yo estar aquí. Es lo que tiene estos sitios, si alguien te ve, ese alguien se calla.

– Muy buena reflexión

– Mira, aquella atada a los grilletes del techo es Paz, creo que es de Palencia como tu.

– ¿Paz? – dije mientras algo se movió dentro de mi.

– Si, la pitica niña pija que entro en Iberia por enchufe. No pegaba ni con cola. Imagínate una del opus dei en una flota con este ambiente que ves. Un muermo de mujer. Estaba casada con otro opusino que iba camino a llenarla de hijos cuando a Paz le cancelaron un vuelo y volvió a su casa a deshoras.

– Y se lo encontró con otra tía…

– Noooo, con un tío.

– ¡!No me jodas!!.

– Si hijo, se encontró a su marido siendo sodomizado por otro del opus.

– ¿Y?

– La tía se desquitó. Creo que se ha debido de follar a toda la flota, y no de uno en uno precisamente

Me acerqué a donde un tipo moreno estaba follándose salvajemente a la tía tumbada en la cama y cuyos dos brazos colgaban de unas cadenas que venían del techo. La historia coincidía, pero no podía ser mi Paz.

Pensaba dejar sola a Sofía un segundo mientras me dirigía a la cama… según me acercaba era obvió que hablábamos de la misma persona. Era obvio que quien me dejó cuando tenia 18 años por tocarle el coño y quien ahora gemía de placer era la misma. Sus tetas que nunca olvidaré, su cara, su pelo, su figura, todo era de ella.

Por un segundo me vi al lado de la pareja mirando y solo rompió mi ensimismamiento que el que se la follaba me dijese.

– métasela en la boca a esta puta española – mientras me señalaba su cabeza con la mano – le va gustar, no se preocupe, se la ha chupado a varios antes.

Y dejé caer mi toalla y apuntando mi dura a su boca, se la metí hasta el fondo de un golpe, bueno, en realidad se la metió ella misma al verla, y sí, se la comió de un solo golpe.

Era obvio que no me reconocía, el pelo largo, la barba y los años no facilitaban el trabajo.

Paz chupaba como una loca mientras se retorcía de placer, la muy puta no lo hacía nada mal, me imagino que habían pasado kilómetros de pollas por su boca en este tiempo. El acompañante de Paz se corrió y se retiró, dejando el condón tirado en una papelera..

Ante sus protestas, retiré mi polla de su boca, Paz pasaba de tener dos pollas en su cuerpo a no tener ninguna.

Le solté las muñecas, la puse a cuatro patas y le metí la polla en su coño mientras con un dedo empecé a tocarle el ano.

– por el culo barbudo, dame por el culo – exigió mi ex novia que para ese momento no pedía las cosas por favor.

Y por el culo se la metí hasta que mis cojones tocaron con su coño. Aquel coño que fue mi perdición y que fue la causa de mi abandono. Empecé a follármela con fuerza mientras Paz gritaba de placer. Estuve dándole por el culo durante más de media hora con pequeñas paradas por mi parte para no correrme. Un par de personas vinieron en ese tiempo y le metieron el churro a mi exnovia en la boca. Paz chupó con ansía a cada uno que supo su polla a su servicio.

Le di la vuelta cuando acabó de chupar una de las pollas. Paz se volvió a abrir de piernas como diciendo – tu de aquí no te vas –y yo le clavé la polla por primera vez cara a cara y en su coño. Paz gemía y no paraba de gozar, tampoco paraba de mirarme a los ojos.

– Jose. ¿Eres Jose?, no puede ser – me dijo mientras se corría. Oír mi nombre hizo que mi orgasmo se acercase y que me concentrarse en no irme dentro de ella..

Saqué mi polla de su coño, me arranqué el condón y se la metí en la boca.

Me corrí abundantemente en esa boca que tan loco me volvió, Paz recibió mi lefa sin perder una gota hasta que caí derrotado a su lado.

Me miró y espero a que volviese a ser persona. Cuando me recuperé, hablé.

– Si, soy Jose, mira que hace años.

Hablamos un rato de banalidades y le propuse irnos a duchar, yo buscaría a mi acompañante y nos podríamos tomar una copa.

Sofía había desaparecido, y Paz apareció en un segundo en la barra de bar.

La tía seguía estando buenísima, los años le habían hecho incluso mejorar. Hablamos durante horas, le conté mi vida en Barcelona, la venta de mi empresa, el viaje alrededor del mundo, le hable sobre Sofía a la que ella conocía. Paz me hablo de sus hijos, de su desengaño amoroso, del alejamiento del opus, de las obvias perdidas de prejuicios, evidentemente no me contó que era una de las más puta de Iberia, pero eso ya lo vi yo.

Le propuse que viniese al día siguiente al barco a comer, pero me dijo que salían a primera hora de la tarde rumbo a Madrid y le era imposible, Aun así repasó mentalmente su plan de vuelos para los próximos tres meses y me comentó que iba a estar en L.A. y Tokio, dos ciudades que sin duda íbamos a visitar. Para Tokio no había fecha, pero en L.A. podíamos estar en un mes.

Volví con la polla hecha un trapo en un taxi hasta el Club de Regatas. Sofía no estaba en el barco y de hecho no apareció hasta pasada la hora de comer del día siguiente.

– ¿Pensaste que era tu el único que te podías follar a alguien? – me dijo con unos claros celos y un poco de chulería.

– No me importa con quien hayas follado, me importa que este bien, me tenías preocupado – Sofía me miro fijamente, le cambio la cara, empezó a llorar y se me abrazó fuertemente

– perdona, perdona, perdona. Me volví loca cuando vi como te follabas a la zorra de Paz y me dejabas a mi de plato de segundo gusto. Me gustas mucho Jose, y no me gusta verte follar con otras, y menos con una que según la ves, vas como una bala a meterle la polla en la boca.

– A ver… tiene explicación.

– No seas cabrón, ¿que explicación va a tener? – me dijo llorando

– Paz, fue mi primera novia en Palencia. Aquella chica que te conté que me dejó porque un día le toqué el coño e iba contra su moral. Aquella que no me pude quitar de la cabeza. Lo de ayer fue una terapia, sodomizar a la chica perfecta que me dejo por no permitirle ser tan pía como ella espera ser a base de mis dedos.

– No me jodas.

– Luego.

– Sigue y no seas tonto

– Pues nada que la vi ahí tan puta que me tuve que acercar a ver si era ella, porque todo cuadraba. Y lo era, y una cosa por la otra, acabé follándomela por todos los agujeros y corriéndome en su boca. Siento haberte fastidiado la noche, pero era un poco de despecho.

– Lo siento yo, de verdad no tenía que haberme puesto así.

– No pasa nada. ¿Y tu?, ¿quien te ha follado?

– La pareja con la que tomamos las copas. Me puse tan celosa, que volví al vestuario, me cambie, salí, me los encontré y les propuse que me llevase a su casa a follarme duro. No sé a cual de los dos les hizo mas ilusión.

– ¿Le comiste mucho el coño a la morena?

– No pare.

– Por cierto, que sepas que he invitado a cenar en el barco a Paz cuando coincidamos en Los Ángeles – la cara de Sofía era un poema.

CONTINUARA.

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