De mujeriego empedernido a prostituto gay

Ricardo miraba aún incrédulo desde la vereda, cómo Melina arrojaba sus cosas por la ventana, mientras seguía gritándole. Esta vez había sido demasiado para la paciencia de la chica. Llegar al departamento que compartían, y encontrarlo en la cama con una de sus propias compañeras de facultad, y que tuviera el descaro de decirle que ella lo había provocado. Eso sumado a los seis meses que llevaba buscando trabajo, sin conseguir nada. Bueno, tampoco es que se hubiera esforzado demasiado por conseguirlo. Así que esta vez, la chica se hartó y lo echó del departamento. Cuando él se dio cuenta del nivel de exasperación de ella, agarró la playstation y salió corriendo con lo que tenía puesto. Ella se ocupó de arrojarle el resto de sus cosas desde el primer piso que habían compartido.

Cuando pudo juntar todo y acomodarlo en dos bolsos y unas cuantas bolsas de residuos, partió, aunque sin rumbo fijo, sabiendo que no tenía donde ir. A poco de andar llegó a una plaza, donde se sentó en uno de los bancos, presintiendo que allí debería pasar la noche. En ese instante, su teléfono celular sonó, mostrando en la pantalla la foto de Ezequiel, el hermano de Melina. “Genial, ahora tengo que aguantarme el sermón y las amenazas del hermanito…”, pensó Ricardo. Atendió, esperanzado que tal vez las largas horas compartiendo partidas en la playstation hicieran que el hermanito tuviera piedad con él.

“¿Qué hiciste, boludo?”, soltó Ezequiel, tan pronto como Ricardo atendió. “Sos tarado, eh? La tenías a mi hermana comiendo de tu mano, encima te mantenía con la guita que nos dejaron nuestros viejos, y la pasabas fenómeno. ¿Qué te tenías que coger a su amiga?”. Ricardo intentó una defensa: “es que no eran amigas. Era una compañera de facultad, nomás.” Ezequiel respondió irritado: “no podés ser tan boludo, chabón. Bueno, ya fue. ¿Tenés dónde quedarte esta noche? Venite a casa y dormís en el cuarto de huéspedes.” Ricardo agradeció profundamente la invitación, y se dispuso a caminar las 30 cuadras que lo separaban de la casa que el chico había heredado de los recientemente fallecidos padres.

Cuando llegó, sintió lo mismo que la primera vez que había ido. Era una mansión impresionante, y le daba algo de temor, por lo sombría que parecía. Llamó a la puerta, y rápidamente Ezequiel abrió, vistiendo sólo un calzoncillo tipo bóxer, que mostraba todo el cuerpo velludo y musculoso de este chico de apenas 25 años. En el sillón del living, dos chicas desnudas jugueteaban entre ellas, pero con una mirada Ezequiel cortó cualquier idea loca que hubiese cruzado por la cabeza de Ricardo. Entendiendo el mensaje, se fue a la habitación de huéspedes, escoltado por el chico, y se acomodó, como para quedarse allí por la noche. “Imagino que mañana tampoco tendrás dónde dormir, así que hagamos una cosa. Ya que esta habitación sobra en ésta casa, quedate un tiempo hasta que vuelvas con mi hermana o te encuentres otra cosa. Eso sí, mañana vas a ir a laburar. Yo no tengo la paciencia de mi hermana. Acá tenés una dirección de un sex-shop que busca empleado para el mostrador. Me la pasó recién un amigo que trabaja en otra división de esa empresa, según me dijo.”

Trabajar en un sex-shop era demasiado poco para él, pero ante la perspectiva de dormir en la calle, aceptó la tarjeta agradecido por lo que Ezequiel estaba haciendo por él. Después de todo, aquellas maratónicas sesiones de playstation entre ellos mientras Melina estudiaba, habían servido para establecer un vínculo de amistad que ahora era lo que lo salvaba de deambular por la calle.

Según le dijo Ezequiel, mañana debería presentarse con esa tarjeta a las 9 de la mañana (casi de madrugada, para él), así que se dio un baño y se acostó a dormir, mientras en el living se escuchaban las risas y los ruidos de sexo entre el dueño de casa y las dos chicas.

Ricardo llegó 9:03, y se encontró con un señor de unos 50 años, canoso, buen estado físico para su edad, que estaba abriendo la puerta del local. Enseguida, le mostró la tarjeta y le dijo que era amigo de Ezequiel y que venía por el trabajo. “Llegás tarde”, dijo el hombre. Ricardo pensó que se refería a que ya habían contratado a otra persona, así que, resignadamente dijo: “ah, perdón. Pensé que Ud. era el dueño. Ya lo contrataron a Ud.?”. El hombre lo miró con una leve molestia en el rostro, y respondió: “no, boludito, te digo que son las nueve y cinco. Abrimos a las nueve. ¿Tu primer día y ya llegaste tarde? Vas mal, nene”. Ricardo no estaba acostumbrado a que lo trataran así, pero dada la informalidad del negocio, supuso que era normal. Cuando terminó de entender lo que el tipo le había dicho, se sonrojó bastante, entendiendo que era su primera falta, pero sonriendo a la vez por saberse contratado.

Osvaldo, el dueño del local, le hizo una recorrida por las estanterías, los percheros y las vitrinas donde se exhibían toda clase de productos relacionados con el sexo. Realmente, nunca se hubiese imaginado que existiesen algunos de esos juguetes. El tamaño de algunos consoladores (“dildos”, lo corrigió el propietario) era asustador. ¿Habría alguna mujer con semejante tamaño de concha? “En general los compran los gays, el culo dilata mejor que la concha, nene. ¿Cogiste con un hombre alguna vez?” Visiblemente contrariado, Ricardo respondió con un rotundo: “¡NO!” Osvaldo hizo una mueca rara, que Ricardo creyó hasta identificar como sarcástica. Seguramente habrá sido sólo una impresión, pensó el flamante empleado. Finalmente, llegaron al mostrador, debajo del cual estaba el banco alto que Ricardo debería usar para permanecer sentado prácticamente todo el día. Bajo el mostrador, en un estante, estaba el reproductor de DVD. “Todo el tiempo tenés que estar pasando películas porno, ¿entendés? Vas a la sección de videos, agarrás cualquiera y la ponés acá. En todos los televisores se va a ver. Es bien fácil. Además, tu horario de almuerzo es de 1 a 2 de la tarde. Si querés, podés salir a comer, o quedarte acá comiendo algo que te traigas, o pajeándote mirando películas en la salita íntima. No me importa. Pero dos cosas: que no te vean los clientes que estás adentro comiendo o lo que sea, y no abrís, y que a las 2 en punto vuelvas a abrir. ¿Estamos? Finalmente, recordá que para muchas personas entrar a un sex-shop es traumatizante. Dales confianza, se amable, gentil. No te pases, pero tampoco seas cortante. Si te preguntan por algún producto, explicá como si lo usaras vos mismo, para que sientan complicidad, ¿entendés?”. El dueño agregó que estaría todo el tiempo en una oficina cercana, y le dio un número de teléfono para contactarse en caso de que tuviese cualquier duda. Volvería a las 7 de la tarde, para cerrar, si todo resultaba bien. “Ah, una última cosa: ves esas cajas apiladas en el mostrador? Eso llegó anoche, justo cuando nos íbamos. Es una línea de productos nuevos. A mí me parece demasiado fuerte el nombre, pero a los fabricantes les gusta. Se llama CuloHambriento. Tienen desde geles hasta dildos enormes con diferentes funciones. Se supone que sirven para despertar en la gente el deseo de tener sexo anal. Incluso, para aquellas personas que son muy estrechas. No creo en nada de esas cosas, pero me lo dejan en consignación, así que no tengo problema. Mirá un poco, poné algo en exhibición arriba del mostrador y el resto guardalo en el depósito, allá atrás”, dijo señalando una puerta en el fondo del local. Ricardo se quedó mirando las cajas, sin advertir la sonrisa macabra en el rostro de Osvaldo, que salió del local y se metió por una discreta puerta cercana, en una lujosa oficina, equipada con monitores de TV en los cuales podía ver todo el local y, especialmente, a Ricardo.

CAPITULO II

Ricardo recorrió los estantes de películas porno, y le llamó la atención que hubiese muchas más películas de temática gay que de las comunes. Incluso, había una gran sección de travestis. Pero con mujeres biológicas (así le habían explicado que tenía que referirse a las distintas identidades), había poco y nada. Hurgó hasta que encontró una que se llamaba “Placeres bisexuales”. Imaginó que las chicas se divertían entre ellas, así que la introdujo en el DVD, mientras abría las cajas de los productos que el jefe le había dicho.

Tal como Osvaldo comentó, frascos con geles de distintos colores llenaban la primera caja. Los nombres eran llamativos, aunque graciosos: “CuloHambriento Primera Vez – Para iniciar tu camino”, era el que había en mayor abundancia y variedad. “CuloHambriento Deseo Animal” y “CuloHambriento Perra Anal”, decían los otros. Decidió colocar un frasco de cada uno sobre el mostrador, y ver qué otros productos había en las otras cajas. Cuando abrió la más grande, encontró que dentro contenía otras cajas, que con excelente presentación decían “CuloHambriento Set de Iniciación”. Dejó una de las cajas sobre el mostrador, y luego llevó todo al depósito, guardándolo con cuidado. Se sentó en el banco alto, y trató de ver si la computadora tenía acceso a Internet, así podría entretenerse mientras no vinieran clientes.

Infructuosamente intentó navegar por algunas páginas de Internet, hasta que se dio por vencido. Sólo le quedaría mirar películas mientras no viniera nadie. Así que alzó la vista hasta la pantalla que quedaba frente al mostrador. En la película, uno de esos típicos morochos musculosos de las pelis porno se cogía a una rubia tetona en un banco de plaza. De pronto, un policía los sorprendía, así que la rubia se le ofrecía sugestivamente. Pero el policía la rechazaba. Lo que vino después, dejó a Ricardo sin habla. El morocho se arrodillaba frente al policía, y le empezaba a hacer una mamada descomunal. Nunca en su vida Ricardo había visto, ni en un video, a dos tipos teniendo sexo. Aunque fuese sexo oral. Se quedó inmóvil, hasta que el policía acabó en la cara del musculoso, que agradecidamente lamió los restos de leche de la pija del oficial de la ley. Ricardo estaba asqueado, realmente, y pensó en sacar la película. Pero recordó que la mayoría eran de gays, así que decidió dejar ésta, que por lo menos tenía mujeres. En la escena siguiente, dos chicas y dos chicos bajaban de un auto frente a una lujosa casa, y se acomodaban en un gran living. Las dos chicas empezaban un juego erótico entre ellas, por lo que Ricardo se alegró, y pensó que vendría la típica escena lésbica de las pornos. Para su sorpresa, la cámara cambió a los dos chicos, que se besaban ardientemente, y comenzaban a desnudarse mutuamente. Golpeando el mostrador, exclamó: “¿¡¿¡¿¡pero todos putos, son?!?!??!”. El golpe en el mostrador hizo que el frasco de CuloHambriento Primera Vez se volcara, dejando escapar un poco del aceitoso contenido sobre el vidrio. Ricardo se sobresaltó, y rápidamente tomó el frasco, tapándolo nuevamente y dejándolo donde estaba. Corrió hasta el depósito, donde había visto un paquete de servilletas de papel, y tomando varias, limpió como pudo el vidrio. Inadvertidamente, el aroma del producto iba penetrando en su nariz, y sin darse cuenta iba inhalando cada vez más profundamente. Cuando sacó todo del vidrio, se sentó nuevamente en el banco y tomó el frasco, abriéndolo bajo sus fosas nasales, e inhaló profundamente. Algo dentro de él lo obligaba a seguir oliendo, mientras en la pantalla veía cómo uno de los chicos cogía sensualmente al otro. Sin darse cuenta, su pija ya estaba erecta. Impulsado por alguna fuerza desconocida, dejó el frasco sobre el mostrador y abrió decididamente la caja que decía “Set de iniciación”. Pudo ver tres dildos: dos plugs de distinto tamaño y una reproducción de una pija. Sin pensarlo dos veces, untó el plug más pequeño con el aceitoso gel, y vigilando la puerta para que no lo descubrieran, bajó sus pantalones y su bóxer, introduciéndose el plug en su propio culo. Semidesnudo como estaba, volvió a sentarse en el banco, sabiendo que el propio mostrador lo ocultaría de la mirada de cualquier cliente que fuese a entrar, y siguió con atención cómo los chicos de la película gozaban uno con el otro, acariciándose, besándose, mamándose, penetrándose mutuamente hasta la extenuación. De la escena ya habían desaparecido las dos mujeres, pero eso no le importaba a Ricardo, que gemía tímidamente mientras su culo se retorcía contra el banco, empujando más y más el plug hacia adentro suyo. Inconscientemente, su mano había envuelto su propia pija, y estaba ahora haciéndose una paja descomunal, mientras los gemidos habían ido creciendo en intensidad hasta convertirse en expresiones de placer, que concluyeron en un formidable orgasmo, que desparramó gran cantidad de leche sobre el mostrador. Con cuidado, puso pausa en la película para no perder detalle, y se dispuso a limpiar el enchastre que había hecho. Cuando sintió el aroma de la leche de sus dedos, no pudo contenerse y comenzó a pasar la lengua por sobre el mostrador, lamiendo todo resto que hubiera podido quedar, hasta que todo estuvo limpio. Secó con unas servilletas de papel, y cuando estaba por subirse el pantalón, con el plug aún dentro, miró la caja abierta, y decidió reemplazar el plug pequeño por el siguiente. Sin pensarlo, sacó el pequeño de su culo, untó el otro con el lubricante, y se lo metió hasta el fondo, haciendo que un nuevo chorro de leche saliera de su pija. Sin darle importancia, se subió el bóxer y el pantalón, y se sentó para que el plug se hundiese bien hasta el fondo de su culo. Cuando todo estuvo en su lugar, volvió a presionar play en el reproductor de DVD y se dispuso a disfrutar el resto de la película, donde los dos chicos ahora estaban acostados en una gran cama, cubiertos en sudor y leche, cuando llegaban otros dos chicos que se sumaban a la fiesta. Ricardo no pudo contenerse y metiendo su mano dentro de su pantalón, comenzó a pajearse nuevamente, mientras su goloso culo era alimentado por el plug intermedio.

En ese preciso instante, la puerta del local se abrió y dos chicos jóvenes, de no más de 20 años, entraron alegremente al local. Ricardo sacó su mano del pantalón, como pudo, y disimuló estar mirando la película, cosa que no ayudaba mucho dado el cuadro de cuatro tipos cogiéndose entre ellos sin remordimientos. Uno de los clientes miró la pantalla, y sonriente le dijo al otro: “ay, ¿te acordás de esa peli? Es ¡re-cachonda! Me encanta cómo se cogen al rubiecito, ¡mirá!”. Ricardo comprendió inmediatamente que no tenía motivos de preocupación con estos clientes. Eran evidentemente gays y podrían entender perfectamente que él estuviera dominado por la calentura de ese video. Los chicos le dijeron que sólo querían una botella de CuloHambriento Perra Anal, cosa que extrañó a Ricardo, porque se suponía que era un producto nuevo, pero ya los clientes lo pedían por el nombre. Y sabían dónde venir a buscarlo. Extraño. Pero sin pensarlo más, colocó un frasco dentro de una bolsa, les cobró y agradeció la compra. El chico más atrevido, se acercó por encima del mostrador, y le susurró: “lindo, con el perfume que hay en el aire, ya sé que tenés puesto un plug en tu culito. Cuando quieras, me llamás y vengo a cogerte, ¿sabés?”, y le extendió un papelito con un teléfono. Ricardo no supo ni cómo responder. En primer lugar, él no era puto, así que no se iba a dejar coger por uno. Aunque tampoco entendía cómo sabía ese chico que él estaba usando un plug. Y pajeándose por una porno de putos. ¿Eso lo hacía puto a él también? No, imposible. Pero entonces ¿cómo explicaba su enorme erección ante la propuesta del hermoso chico? Sólo atinó a darle un beso en la mejilla, y el chico se fue, tomando de la mano a su novio, pero no sin antes dedicarle un guiño de ojos y un besito en el aire.

La película siguió un rato más, con escenas exclusivamente de hombres, cada vez más lindos, musculosos, fornidos, viriles, mientras Ricardo movía acompasadamente su culo, intentando sentir ese plug como si fuese una pija de las de esos adonis. Cuando miró el reloj de la pared, vio que faltaban 5 minutos para la 1, así que rápidamente buscó en el estante de películas gay y encontró una que le fascinó: “Cazadores de héteros”, cuyo argumento contaba que era un grupo de machos gay bien activos que se dedicaban a cazar y coger hombres hétero, hasta dejarlos convertidos en putitos pasivos. Era exactamente el tipo de película que necesitaba ver. Así que la introdujo en el DVD, cerró la puerta del local con llave, y tomando el dildo grande de la caja, lo untó con abundante lubricante, y se encerró en la sala íntima a ver la película.

CAPITULO III

Eran las dos y veinte de la tarde, cuando Osvaldo abrió la puerta del local con su llave. La única señal de actividad en el negocio era la película en las pantallas destinadas al público. De adentro de la salita íntima, una voz imploraba: “metemela, bien adentro, hasta el fondo… cogeme bien, soy tu putito…”. Osvaldo, sonriendo satisfecho, caminó sigilosamente hasta entrar en la sala, donde Ricardo estaba totalmente desnudo, arrojado sobre el sillón, con sus piernas totalmente abiertas, y su mano derecha bombeando incansablemente el dildo dentro de su culo, mientras su mano izquierda acariciaba una semi-fláccida pija, agotada por las innumerables acabadas que había soltado sobre su propio pecho y abdomen. Ricardo no pudo parar de pajear su culo cuando vio a Osvaldo acercarse sonriente. Sólo atinó a decirle: “perdón jefe, quise parar para abrir a las 2 pero no pude. No sé qué me pasa. Quiero pija. Por favor, cójame. Deme bien duro. Lléneme el culo con su carne, y bombéeme hasta llenarme de leche.” Osvaldo acarició la cabeza de Ricardo, y con un hábil movimiento abrió su bragueta, extrayendo una potente y erecta pija de 22 cm. No tuvo que decir nada, y un segundo después el empleado mamaba como todo un experto, mientras el jefe gemía ruidosamente, disfrutando de la boca angurrienta del joven. Cuando estaba próximo a acabar, detuvo el movimiento tomando fuertemente del pelo a Ricardo, y extrayéndole la pija de la boca, le dijo: “prepará tu culito, que voy a hacerte mío”. Una enorme sonrisa se apoderó del empleado, que usó sus manos para ayudar a sus piernas a abrirse aún más, mientras el maduro galán se apoderaba del ardiente culo, rellenándolo con su carne. Cuando Ricardo sintió la invasión de una pija por primera vez en su vida, sus gemidos de placer fueron rápidamente reemplazados por sonoros ruegos por más, implorando que el poderoso hombre lo cogiera profundamente. Osvaldo no se hizo rogar, y comenzó a bombear su pija dentro del culito de Ricardo, que lloriqueaba de placer. Cuando se acercaba al orgasmo, disminuyó el ritmo, y le dijo: “¿querés que te llene con mi leche? Te advierto que si te acabo adentro vas a ser totalmente puto, no vas a tener vuelta atrás, ¿eh?”. Ricardo gritó: “siiiiiiiii, por favor, llename y haceme tu puto… no me importa nada… quiero pijas todo el tiempo… ¡¡¡¡¡¡¡no pares por favor!!!!!!”. Acto seguido, Osvaldo llenó el culo de Ricardo de leche, sellando el destino del joven empleado, para siempre.

Permanecieron allí por unos diez minutos, acariciándose, besándose, tocándose. A medida que la temperatura de los arrumacos iba subiendo nuevamente, Osvaldo se acomodó de forma tal de quedar a escasos centímetros de la pija de Ricardo, y mientras la tomaba con su mano, lo miró a los ojos y le dijo: “ahora yo voy a ser tu putito, y te voy a chupar la pija y me vas a coger como yo hice antes, así aprendés cómo se goza entre hombres”. Ricardo sólo atinó a sonreír, hasta que sintió la cálida boca de Osvaldo envolviendo su durísima pija, que comenzó a mamarla con increíble destreza. En unos pocos segundos, ya estaba cerca del orgasmo, así que tomó la cabeza de su jefe, y le dijo, “date vuelta, quiero cogerte”. Osvaldo no necesitó que le repitieran el pedido, y girando sobre sus talones, bajó rápidamente sentándose sobre la enhiesta pija de Ricardo que se hundió en el entrenadísimo culo del maduro hombre, comenzando luego un frenético sube y baja que hizo acabar al inexperto joven en cuestión de segundos. Nuevamente se quedaron inmóviles, uno tendido sobre el otro, el olor de la leche y la transpiración invadiendo sus fosas nasales, disfrutando mutuamente de sus cuerpos.

Para cuando eran las tres de la tarde, abrieron nuevamente la puerta del local, esperando que llegara algún cliente. Ricardo dijo: “Osval, no te vayas. Quedate conmigo. Me escondo bajo el mostrador y te la chupo, si querés.” El jefe se rio, pero declinó la invitación: “tengo que ir al centro a hacer unos trámites. Como ya usaste esa caja de iniciación, llevatela. Tal vez tengas un amigo a quién prestársela. Y además podés jugar con el dildo grande. Eso sí, llevate un frasco de Deseo Animal, así vas entrenando mejor ese culo hermoso que tenés. Si seguís así, te puedo poner a trabajar en mi exclusivo club para caballeros. Ojo, no uses el frasco de Perra Anal, si no querés venir mañana con tacos y maquillada, jajajajaja. Ah, una cosita más: ahora sos mi Ricky, nada de Ricardo, ¿entendiste, putito?”. “Sí, Osval”, fue la perfecta respuesta de Ricky. ¿Cómo sería eso del club para caballeros?, se quedó pensando, mientras Osvaldo se subía a su auto y se iba con rumbo desconocido.

Pasó media hora mirando otras pelis muy cachondas de chicos cogiendo entre ellos, cuando la parejita que había estado a la mañana volvió a entrar al local. Ricky miró al chico que le había dejado el teléfono, pero ésta vez su mirada fue claramente expresiva, como implorando que el pendejo se lo cogiera sin piedad. Si el novio quería, él le podía chupar la pija mientras tanto, así no se ponía celoso. Un par de minutos después, en la sala íntima, Ricky estaba en cuatro patas, sobre el sillón, con la pija del pendejo en su culo y la del noviecito en su boca, disfrutando de su primer trío gay.

En una oficina, no lejos de allí, Osvaldo miraba en un monitor cómo se cogían a Ricky, mientras su mano subía y bajaba por su terriblemente dura pija. En otros monitores, se veían otros locales, similares al de Ricky, también propiedad de Osvaldo. En ellos, otros chicos como Ricky atendían a diversos clientes. En uno de ellos, Osvaldo vio cómo el empleado le entregaba a un cliente una caja del CuloHambriento Set de Iniciación. En otro, vio como el cliente era llevado hasta el CuloHambriento AutoCogedor, su más nueva invención. Mañana a primera hora debería mostrarle a Ricky cómo funcionaba, aunque por lo visto, Ricky se podría volver peligrosamente adicto a la máquina, y abandonar totalmente su trabajo. Pero no importaba demasiado, ya que en unos pocos días lo tendría trabajando en su club de hombres. Crear ese club había sido una idea brillante, pensó. “Con la constante provisión de chicos hot que estoy consiguiendo con los productos CuloHambriento, puedo satisfacer la demanda de mis clientes tranquilamente”, pensó. Incluso, más de un cliente le había pedido que le cediera alguno de los chicos en forma “permanente”, pero eso no sería ético. Así, como prostitutos de lujo, estaban más que bien, y a ellos les encantaba el trabajo. No en cualquier lado podrían recibir pijas y coger culos masculinos todo el día, sin remordimientos, y que encima les pagaran por hacerlo.

Cuando miró el monitor del local de Ricky, vio que ahora era él quien se cogía a uno de los de la parejita, junto al otro, dándole una doble penetración de esas que pocas veces se ven. Sin duda, este Ricky había sido todo un hallazgo. Pero, a él le habían hablado de un tal Ezequiel, que era justamente el tipo de muchacho que él buscaba. Musculoso, velludo, morocho… el típico oso. ¿Cómo habría llegado la tarjeta a manos de este Ricky? ¿Se la habría dado el propio Ezequiel? ¿Podría Ricky traer a Ezequiel, llegado el caso? Mañana, después de someter a Ricky a una intensa sesión de AutoCogedor, tendría que hacerle un breve interrogatorio, a ver si podía conseguir al osito, ese tal Ezequiel.

CAPITULO IV

Cuando llegó a la casa, Ricky deliraba de calentura. El viaje desde el trabajo se había hecho eterno, sin ninguna pija que lo cogiera, o una boca que se la chupara, o algo. Se sacó la ropa y se quedó desnudo frente al espejo del baño, mirándose, mientras sus manos abrían el frasco de CuloHambriento Deseo Animal. El olor golpeó su cerebro como una trompada. Inmediatamente su pija respondió saltando a la máxima erección posible. Inconscientemente, sus manos untaron el dildo grande que había traído, y se lo metieron en su dilatadísimo y ansioso culo. El reflejo de su rostro, feliz por la invasión del juguete, demostraba cuán puto era ahora. Tenía que hacer que Ezequiel sintiese lo maravilloso que era ser puto. Así que no perdió tiempo, y le mandó un mensaje de texto, donde decía: “Invité dos amigas para agradecerte por darme casa. Llegan a las 11. Te espero”. Después de una ducha relajante, durante la que el juguete permaneció dentro de él, Ricky limpió todo el baño y acomodó el Set de Iniciación, de forma tal que Ezequiel no tuviese más remedio que tocarlo para usar el inodoro. Se cercioró que la botella de Primera Vez estuviese mal cerrada y totalmente cubierta en el aceitoso líquido. Sería imposible que Ezequiel no sintiera ese increíble aroma. “Y una vez que lo huela, estará perdido”, pensó, excitadísimo, Ricky.

Ezequiel leyó el mensaje y se quedó pensativo. Este pibe Ricardo es un putaniero. Se la pasa de joda. Con razón mi hermana lo rajó. Pero bueno, mejor así. Si le trae dos pibas, mejor. Saludó a todos sus amigos, y subiéndose a su auto, salió hacia su casa. Con esa invitación, Ricardo le había ahorrado el trabajo de levantarse dos minas, como era su costumbre.

Llegó a su casa, y llamó a Ricardo. No hubo respuesta. Tal vez salió a comprar algo, para recibir a las chicas. “Qué boludo que no me preguntó”, pensó Ezequiel, ya que siempre hay de todo en la casa, para no tener que preocuparse a último momento.

Al llegar a su cuarto y quitarse la campera, se dio cuenta de que le vendría bien un baño. Además, le serviría para relajarse y de paso ir preparándose para la llegada de las dos minas, pensó. Se terminó de sacar toda la ropa y se metió al baño. Allí, encontró unos juguetes sexuales y un frasco que decía CuloHambriento Primera Vez. Extraño. ¿Es que acaso Ricardo lo había traído del sex-shop? ¿Sería para jugar con las chicas? ¿Por qué “Primera Vez”? Nuevamente llamó a Ricardo, sin recibir respuesta. Se miró al espejo, y vio su pija semi-erecta. ¿Por qué? Nuevamente miró el frasco en su mano. Se dio cuenta de que estaba mal cerrado, y perdía líquido. Trató de cerrarlo pero el líquido era muy aceitoso y no le permitía hacer fuerza con la tapa. Pensó en lavarse las manos, así que dejó el frasco y fue hasta el lavatorio. Allí, pudo verse nuevamente al espejo. Su pija, totalmente erecta, reclamaba su toque. Su pecho, con sus músculos claramente marcados, era envuelto por una densa capa de vello corporal. Bien masculino, como a él le gustaba. Su abdomen con sus músculos claramente marcados, y su justa cintura, descendían hasta el nacimiento de sus piernas perfectamente delineadas. Sus bíceps se marcaban claramente, y el vello de sus antebrazos no podía esconder los trabajados músculos. Volvió a mirar su pija, y notó las gotas de presemen que ya asomaban en su punta. ¿Se estaba excitando con su propio cuerpo? Ridículo, pensó. Pero su pija no paraba de gotear, y su respiración agitada y dificultosa le indicaba que su excitación era enorme. Su mano, cubierta del aromático lubricante, envolvió su pija y comenzó con un vaivén que le resultaba delicioso. Sabía que no tenía que pajearse, porque eso afectaría su rendimiento con las chicas que Ricardo le había prometido, pero la sensación de placer era más fuerte que él. El movimiento se hizo más rítmico, al tiempo que el agarre de su pija se hizo más firme. En cuestión de segundos, ya era una paja con toda la intención, mientras seguía admirando su cuerpo frente al espejo. Separó un poco sus piernas, y apoyó su mano en el lavatorio. Sus pectorales se marcaban claramente, y sus pezones estaban duros como piedras. Su mano sacudía su pija con violencia, pero algo le faltaba. Por el rabillo del ojo vio el espejo lateral del baño, y notó su redondeado culo. Nunca le había prestado atención, pero ahora lo intrigaba. Y lo atraía. Con su mano libre, la izquierda, comenzó a acariciar sus nalgas. Las recorría, primero una, después la otra, y subía y bajaba por entre ellas. Sus dedos cubiertos del lubricante jugaban ansiosamente, hasta que sintió uno de ellos rozando su ano. Un gemido intenso se escapó de su boca. Sus ojos miraban su propio reflejo, sorprendidos. Tomando coraje, el dedo finalmente se hundió en su culo. Sus pupilas se dilataron, y el brillo intenso de las luces lo cegó, pero eso no impidió que su dedo siguiera explorando, jugando, ayudando a dilatar más y más ese agujero que le estaba proporcionando un placer desconocido. Intentó otro dedo, y otro más. Su goloso culo engullía los tres dedos, que entraban y salían con facilidad. Volvió su vista hacia los juguetes que había visto antes. No pudo resistirse. Tomó el más chico, lo untó rápidamente con lubricante, y se lo introdujo totalmente. Cuando llegó al fondo, su pija explotó. Fue tal la fuerza de la eyaculación, que gruesos chorros de leche cubrieron el espejo. Se quedó mirando su reflejo, a través de la leche que resbalaba, mientras jadeaba intentando recuperarse. En la habitación, Ricky sonreía mientras se pajeaba, sabiendo lo que sucedería en pocas horas más.

La película que pasaba en su TV LED no era ninguna de las que él tenía, pero igual lo mantenía tremendamente excitado. Seguramente la habría puesto allí Ricardo, aunque no entendía por qué una película porno gay le gustaba de ésta forma. En su culo, el plug intermedio llenaba su necesidad de ser penetrado, mientras su mano seguía pajeando incesantemente su pija, permanentemente dura. Cada vez que acababa, su mano izquierda juntaba la leche y se la llevaba a la boca, saboreándola junto al lubricante. Luego acomodaba un poco el plug y continuaba con la rutina.

Los gemidos habían dejado lugar a ahogados gritos: “cogeme, llename, dame pija, quiero que me llenes el culo”, era lo que podía escucharse desde afuera de la habitación. Ricky estaba totalmente desnudo, y absolutamente listo, con su pija terriblemente tiesa, así que fue hasta allí, sabiendo que su excuñado ya estaba listo. Se quedó parado en la puerta de la habitación, mirando a un desorbitado Ezequiel, que hacía unos minutos ya bombeaba su culo con el dildo más grande, mientras su pija no paraba de soltar chorros de leche sobre su propio cuerpo. Su mirada perdida, y su boca babeante, claramente dejaban entender que Ezequiel ya no tenía control de sus actos. Ricky se paró junto a él, y acercó su pija a la boca del musculoso chico, que en un acto reflejo repitió lo que veía en el video, y se la engulló toda. El ritmo con el que bombeaba el juguete adentro suyo se intensificó mientras saboreaba la primera pija de su vida. Cuando Ricky estaba a punto de acabar, le sacó el enhiesto pedazo de carne, y le susurró al oído: “ahora te voy a coger. Voy a llenar tu culo con mi pija, y te voy a bombear hasta llenarte de leche, ¿sabés?”. Ezequiel balbuceó un “sí” como única respuesta, y sonriendo vio como Ricky retiraba el juguete de su culo, y en su lugar iba metiéndole lentamente la pija, lo que hacía delirar al musculoso osito. Cuando llegó al fondo, Ezequiel supo que eso era lo que quería. Comenzó a gemir inmediatamente, y luego a implorar: “cogeme, por favor, llename el culo con tu carne. Dame bomba y llename de leche, puto”. Ricky sonreía cada vez más, mientras bombeaba despiadadamente el hambriento culo de Ezequiel. Cuando estaba por acabar, le dijo lo mismo que Osvaldo le había dicho esa tarde: “¿querés mi leche? Mirá que si te lleno, vas a ser puto para siempre, ¿eh? Nunca más una concha. Sólo pijas y culos de hombres. ¿Estás seguro?”, remarcó. El grito de Ezequiel no se hizo esperar: “¡¡¡¡siiiiiiiiiiiii, llename, quiero ser puto para siempre, no aguanto más!!!! DAME LA LECHEEEEEE”, y mientras gritaba sintió la leche de Ricky llenándolo, y su propia pija expulsando los últimos restos de leche que su agotado cuerpo había podido producir.

Se quedaron abrazados, besándose, por horas. Ricky y Ezequiel se acariciaban, se daban piquitos y se reían. Sus labios se entrelazaban y sus lenguas jugueteaban en sus bocas. Cuando sentían recuperar sus fuerzas, se chupaban las pijas mutuamente, o se cogían el uno al otro. Al amanecer, Ricky dormía sobre el pecho de Eze, que roncaba profundamente.

A las 8, el despertador de Ricky sonó, haciendo que Ezequiel se sobresaltase, y ambos se metieron al baño, a ducharse juntos, casi como noviecitos adolescentes.

CAPITULO V

A las 9 en punto, en la puerta del local, Ricky y Eze esperaban la llegada de Osvaldo, besándose y jugueteando a la vista de todo el que por allí pasara. El maduro hombre se quedó impactado por Eze. Claramente, éste era el osito del que le habían hablado. Pero cómo llegó hasta acá, hoy, y tan putito que se lo veía, mimándose con el recién convertido Ricky. Eran muchas preguntas, pero nada que no pudiera esperar para tener ese tremendo pedazo de hombre dentro de su culo. Osvaldo saludó a Ricky con un beso de lengua, y luego miró a Ezequiel, que se entregó inmediatamente para recibir su propio beso del nuevo jefe de su amante.

Ricky los observaba deslumbrado, entusiasmándose con la idea de entrar directamente a la sala íntima y hacer un trío con esos dos hombres hermosos. Cada uno tenía lo suyo, pensó. “Osval es tan señor, tan serio, tan sexy en su madurez. Eze es el prototipo del oso masculino, morrudo, compacto, macizo, musculoso, peludo…”, era lo que cruzaba por su cabeza mientras su pija se ponía más y más dura. Se imaginó siendo penetrado por Eze mientras él se cogía a un delicioso Osvaldo. Su excitación era incontrolable, así que apartó a los dos recién presentados amantes y giró las llaves para terminar de abrir la puerta. A su lado, Osvaldo y Ezequiel se besaban ardientemente, impertérritos, mientras sus manos recorrían los cuerpos calientes del otro. Osvaldo frotaba intensamente la pija de Ezequiel, que amenazaba romper la bermuda que lucía, mientras Ezequiel apretaba alternadamente las nalgas del maduro. En su cabeza, Ezequiel sólo quería penetrar a esa maravilla de pelo color plata, y bombearlo hasta hacer suyo ese culo firme pese a los años, que se adivinaba tremendamente goloso.

Entraron al local, e inmediatamente Osvaldo llevó a Ezequiel a la sala íntima, ordenándole a Ricky que acomodara todo para empezar a atender, y se ocupara de los clientes. Ricky se deshizo en desazón, pero quería obedecer al jefe, ante la posibilidad de que lo llevara a trabajar a ese club de hombres que le había contado. La posibilidad de coger durante todo el día con desconocidos, y encima ganar plata por eso, lo fascinaba. ¿Eso lo convertiría en prostituto? La sola idea lo excitaba, y su pija ya mostraba signos de eso, soltando densas gotas de presemen. En la sala íntima, Ezequiel bombeaba despiadadamente a Osvaldo, que echado de espaldas sobre el único sillón disponible, miraba extasiado el cuerpo del maravilloso osito que ahora quería incorporar a su club. La expresión en el rostro del chico lo fascinaba, porque claramente indicaba el enorme placer que estaba sintiendo al tener sexo con otro hombre. Todavía no sabía cómo había llegado hasta él este espécimen de macho, pero no pensaba desaprovecharlo. Sintió como Ezequiel se acercaba al orgasmo, con sus enormes músculos contrayéndose, y su pija poniéndose totalmente tensa, así que mirándolo a los ojos le dijo: “llename, bebé, dame tu leche, ¡llená el culo de este daddy que está hambriento de vos!” Ezequiel no esperó un segundo, y soltó dentro de Osvaldo toda la leche que había logrado acumular desde esa mañana, después de la maratónica noche de sexo que había tenido con Ricky. Por un segundo, se preguntó desde cuándo lo atraían así los hombres, y porqué le gustaba tanto la pija. El pensamiento se desvaneció tan rápido como había llegado, y miró sonriendo a Osvaldo, mientras se dejaba caer suavemente sobre el cuerpo del maduro, para quedar abrazados, bañados en sudor, besándose apasionadamente, mientras la pija de Ezequiel se iba desinflando, hasta que salía de dentro del culo de Osvaldo que goteaba la leche que el osito le acababa de regalar.

Pasados unos minutos, Osvaldo le pidió que se sentaran en el sillón, porque quería charlar sobre un tema. La idea era seducir a Ezequiel para convencerlo de trabajar en su club de hombres. El jóven entendió las señales equivocadamente, y al quedar sentados lado a lado, llevó su cabeza hasta el regazo de Osvaldo, y sin darle tiempo a reaccionar, se metió la pija del maduro a la boca. Con lo aprendido en la noche anterior con Ricky, no demoró demasiado en conseguir una perfecta erección en Osvaldo, que disfrutaba incrédulo de la mamada que el chico le estaba haciendo, imaginando que, si Ezequiel aceptaba, se convertiría en la estrella de su club en poco tiempo. Se relajó y dejó que el joven osito lo mamara hasta que no pudo contenerse y acabó copiosamente en la boca del chico, que tragó golosamente toda la leche del maduro.

Cuando pudo recuperarse, Osvaldo miró sonriente a Ezequiel, que se había acurrucado contra su pecho, y acariciaba suavemente sus piernas. Suavemente, le susurró: “me encantó lo que hiciste, pero en realidad, yo quería hablarte de una propuesta.” Ezequiel levantó la vista hasta encontrar los ojos de Osvaldo, y no pudo resistirse a estrechar sus labios contra los del maduro. Lo besó por un rato, hasta que el canoso rompió el beso, y sonriendo le dijo: “basta, divino, me encantás pero ¡dejame hablar!”

Ezequiel se sentó a su lado y se dispuso a escuchar. Osvaldo continuó: “no sé si te lo comentó Ricky, pero yo tengo un club exclusivo para hombres. Es gente muy importante, por eso es muy selecto y discreto. Allí trabajan chicos a los que les gustan los hombres, como vos, y hacen muy buena plata por hacer lo que más les gusta. O sea: coger con hombres. ¿Te interesaría trabajar para mí?”. El chico respondió que no necesitaba trabajar porque sus padres le habían dejado dinero suficiente para no tener preocupaciones de por vida. Ezequiel se quedó pensativo un rato. Y finalmente, agregó: “¿y si fuera tu socio? Yo trabajaría atendiendo clientes cuando yo quiera y a quien quiera, pero como socio tuyo. ¿Me vendés la mitad del club?” Después de pensarlo un poco, Osvaldo hizo una propuesta a Ezequiel, y ambos cerraron el trato sellándolo con un ardiente 69.

Cuando salieron de la sala íntima, Ricky miraba aburrido una película porno donde varios musculosos enfiestaban a un flacucho pijudo, mientras se manoseaba la pija desinteresadamente. Cuando vio a Ezequiel, sus ojos se iluminaron. La maratón de sexo lo había impactado en más de una forma. Osvaldo le dijo que se iba con Ezequiel a mostrarle el club, y además le comunicó que oficialmente, a partir del día siguiente, Ricky sería una más de las estrellas del antro. Ricky se entusiasmó con la idea de ejercer la prostitución con hombres. ¿Le pedirían siempre que fuese pasivo? ¿O algunos lo preferirían activo? ¿Su técnica de chupar pijas lo haría famoso, o tendría que mejorarla aún más? Ezequiel se despidió de él con un tierno beso de lengua, que dejó descolocado a Ricky. ¿Será que a él también le “pasa algo” conmigo? Por un instante se quedó pensando en todo lo que había pasado en su vida en las últimas 72 horas. Cómo de ser un mujeriego incurable, echado de la casa de su exnovia por cogerse a una mina cualquiera, había terminado acá, a punto de ser un prostituto en un exclusivo club gay, y medio enamorado del hermano de su exnovia. Su cabeza divagaba por esos pensamientos, cuando notó que frente a él un joven cliente lo miraba esperando ser atendido.

“Perdón, estaba distraído”, dijo Ricky. El chico lo miró tímidamente, mientras los gemidos de la película tapaban las tenues palabras que salían de su boca. Ricky presionó Mute en el control remoto y, pidiendo disculpas, le dijo que no había entendido. Pero antes de que el chico pudiera hablar, Ricky le dijo: “perdoname, pero ¿qué edad tenés? No está permitido el ingreso de menores.” Es que el chico era claramente muy joven, y su delgado cuerpo, sumado a su carita de ángel, sin rastros de vello facial ni corporal en las partes que podían verse, el pelo delicadamente rubio y los ojos celestes bien claros, sugerían que no tenía más de 15 ó 16 años. “Tengo 18, recién cumplidos, ¿quiere ver el documento?” Ricky asintió, y el chico mostró su DNI, dónde podía verse que acababa de cumplir los 18 hacía menos de una semana. Ahora que corroboraba que fuese mayor de edad podría atenderlo, y mientras tanto fantasear un poco con el chico. Mientras lo observaba detenidamente, de pies a cabeza, se imaginaba su cuerpo desnudo, sometiéndolo mientras el rubiecito gemía incontrolablemente. El chico habló y sacó a Ricky de su trance. Casi en un susurro, el rubiecito dijo “necesito algo para mi novia. Yo le pedí… ehhmmm… quiero que… ehhmmmm… o sea, me gustaría que ella me entregara… ehhmmmm…”. Ricky, notando la dificultad del chico en expresarse, tal vez por vergüenza, completó la frase, más por la emoción de la posibilidad que se le abría que por otra cosa: “querés que te entregue la cola pero a ella le duele, ¿no? No te preocupes, tengo algo justo para ayudarte.” El chico bajó la mirada, totalmente rojo de vergüenza, y trató de contestar: “no, no… bueno, sí, pero en realidad…”. Ricky lo tomó del brazo y su cabeza estalló de excitación, pero la idea era serenarlo. Esa acción tomó al chico por sorpresa, que rápidamente movió el brazo como para zafarse, pero sin demostrar enojo ni molestia. Finalmente, reconoció: “sí, bueno, es eso. ¿En serio hay algo para ayudar?” Ricky se sonrió, con algo de malicia, y respondió: “claro, precioso, dejame que te muestre.” El chico lo miró extrañado, pensando: “¿me dijo precioso? ¿Este tipo es puto? ¿Yo le gusto?”. Ricky abrió la caja del CuloHambriento Set de iniciación, y le explicó con alto nivel de detalle, sin poder ocultar su ansiedad y excitación, sabiendo que si el chico se llevaba el set, volvería al día siguiente buscando desesperadamente ser cogido. El chico miraba tremendamente avergonzado, un poco por el producto y otro poco por la forma poco sutil en que el vendedor trataba de seducirlo, con insinuaciones, mínimos toques en los brazos y manos, y hasta con sonrisitas y guiñadas de ojos. Tratando de acelerar el tema para sacarse de encima al vendedor, el chico preguntó el precio, que aunque le resultaba extremadamente caro para su magro bolsillo de adolescente, pagó, ilusionado con la posibilidad de que su novia finalmente le entregara el culo que a él tanto le gustaba. Mientras se iba, Ricky lo desvestía con la mirada, e imaginaba cómo se lo cogería mañana cuando ese angelito rubio volviese buscando pija. “¡Mañana! ¡Mañana ya no voy a estar trabajando acá, sino en el club! ¡Me voy a perder ese culito hermoso! Tengo que hablar con Osval. Pedirle que me deje quedarme un día más, y después sí empezar en el club. Quiero cogerme a este pendejito hasta volarle el cerebro. Quiero ese culo, y quiero chuparle la pija, y quiero que él me coja.”

Osvaldo llegó al local junto con Ezequiel cuando faltaban 10 minutos para cerrar. La ansiedad de Ricky para ese momento era insoportable. En cuanto llegó, le contó del chico que se había llevado el set, y le imploró que lo dejara trabajar un día más en el sex-shop. Osvaldo se aprovechó de la situación, y exigió una mamada, que Ricky hizo con más ganas que nunca. Tan buena fue, que Osvaldo no pudo rechazar el pedido de Ricky, así que acordaron que al día siguiente aprovecharía para entrenar al nuevo vendedor, mientras esperaba que llegara el chico, y que una vez que se lo cogiese iría para el club, para comenzar sus nuevas tareas. Ricky agradeció con un profundo beso de lengua, en el que Osvaldo pudo saborear los restos de su propia leche. Ezequiel los miró, sin decir nada, aunque era notorio que algo le molestaba.

Durante todo el camino de regreso a casa, Ezequiel no dijo palabra. Ricky jugueteaba con él por momentos, pero el osito lo rechazaba secamente. Cuando llegaron a la casa, Ricky finalmente le preguntó: “¿te pasa algo? ¿Estás enojado?” Ezequiel permaneció en silencio. Ante el asedio de Ricky, terminó cediendo, y dijo: “me molestó verte chupándosela y besando a Osvaldo. Me dio celos.” La confesión dejó mudo a Ricky, que se dejó caer sobre el sillón. Se quedó en silencio, mirando la ensombrecida cara de Ezequiel. Finalmente, dijo: “a mí también me pasan cosas con vos. Pero tenés que pensar que ahora voy a ejercer la prostitución, y vos también, de vez en cuando, así que no podemos estar celosos. Lo que hice con Osvaldo fue casi una transacción. Hoy vino un pendejito y le vendí el set de iniciación, y quiero estar mañana cuando venga hambriento de pija, para cogérmelo. Me encantaría que vos también estés y lo cojamos juntos, amor”. Cuando terminó de decir la palabra, se dio cuenta de lo que había hecho. Ezequiel se quedó mirándolo. Ricky bajó la vista y musitó: “perdón”. El osito corrió a abrazarlo, y besándolo tiernamente, le dijo: “yo también te amo. Pero tenés razón, no podemos sentir celos si vamos a coger con cualquiera por plata. Y mañana voy a acompañarte para enfiestar a ese chico y dejarlo tan putito como nosotros. Besame, divino.” Y se fundieron en un beso prolongado, tierno, que paulatinamente fue aumentando la temperatura, hasta que terminaron sobre el sillón del living, cogiendo salvajemente como si el mundo fuese a acabar.

CAPITULO VI

La mañana los encontró durmiendo abrazados, Ricky con su cabeza en el pecho de Ezequiel. Se despertaron con mimos y caricias, y se besaron tiernamente, para terminar en un 69. Luego de eso, se bañaron juntos, y partieron para el sex-shop. Llegaron antes de las 9 menos cuarto y se dispusieron para recibir al nuevo empleado que se haría cargo del local en reemplazo de Ricky, y para esperar al angelito rubio del que tanto le había contado a Ezequiel.

Cuando faltaba un minuto para las 9, llegó Matías, el nuevo empleado. Ricky se presentó como la persona que le dejaba la posta, y luego le presentó a Ezequiel como su pareja, cosa que dejó sorprendido a Matías, que no esperaba tanta franqueza, tal vez por falta de costumbre por no conocer gente gay. Pocos minutos después llegó Osvaldo, y junto a Ricky se dedicaron a mostrarle el local y los diferentes productos. Obviamente, hicieron especial hincapié en los productos CuloHambriento, aunque claramente ese chico no era material para el club de hombres, meramente por falta de atractivo físico.

Rato después, Osvaldo partió hacia el club, dejando a Matías en compañía de Ricky y Ezequiel. Los tortolitos se acomodaron tras el mostrador, y se quedaron mimándose y besándose, cosa que incomodaba levemente a Matías, que no esperaba tener que presenciar eso en forma casi permanente. No es que tuviera algo contra los gays, pero era la primera vez que veía dos hombres besándose, y le resultaba extraño.

Ricky puso un DVD con una porno de osos, y con Ezequiel se entretuvieron mirando. A Matías no le interesaba en lo absoluto. Algún que otro cliente fue matizando la mañana, y ya para el mediodía el nuevo empleado era capaz de atender sin ayuda, así que Ricky y Ezequiel estaban totalmente enfrascados en lo suyo. Matías pidió poner una porno con mujeres, a lo que la parejita sólo respondió con una carcajada. Justo en ese momento, la puerta del local se abrió, y el angelito rubio hizo su entrada. Ricky se relamió, sabiendo lo que vendría a continuación, y volteó la vista hacia Ezequiel, que miraba la escena muy divertido. Mientras Matías estaba distraído, Ricky dejó caer unas gotas del gel “Primera Vez” sobre el mostrador, y dejó el frasco mal cerrado, en la misma posición anterior, tendiéndole una trampa al homofóbico empleado nuevo.

El rubiecito se acercó a Ricky discretamente, y le dijo al oído: “disculpame, necesito hablar con vos”, y tomando a Ricky del brazo, lo llevó a la sala íntima. El chico miró a Ricky a los ojos, y luego bajó la cabeza. Trataba de decir algo, pero nada salía de su boca. Finalmente, comenzó a murmurar: “…no se qué me pasa… yo… yo… es que… nunca imaginé… no quiero ser… no quiero…” Ricky disimuló como pudo las enormes ganas de sonreír y comerle la boca al chico. Manteniendo la compostura como pudo, le dijo: “calmate, lindo, no te preocupes. Quedate tranquilo y explícame con calma. ¿Probó tu novia el juguete nro. 1?”, sabiendo que la respuesta sería totalmente distinta. El chico temblaba, y comenzó a llorar, soltando un: “nunca llegué a lo de mi novia. Estaba en casa, preparándome, y siguiendo tu consejo abrí la caja y leí las instrucciones, después abrí la botella de gel, y para cuando quise acordar, estaba tirado en la cama, con las piernas abiertas, y el juguete nro. 3 pajeándome el culo. Yo no soy puto, pero no puedo resistirme al deseo. Ya no me satisface el juguete. Lo tengo puesto desde anoche, pero ya no me calma, y quiero más. ¿Qué me está pasando?” Ricky abrazó al chico, que se sintió muy extraño. Otro hombre lo abrazaba y lejos de sentir rechazo deseaba ese contacto. Deseaba esa intimidad, el calor de ese cuerpo. Él también abrazó a Ricky, y apoyó su cabeza sobre el hombro del otro hombre. “Me llamo Tomás. ¿Vos cómo te llamás?”, preguntó el chico, secándose las lágrimas. Las manos de Ricky recorrían suavemente la espalda de Tomás, que devolvía el abrazo cada vez con más intensidad. “Me llamo Ricky, precioso. ¿Sabés que sos hermosísimo? Cualquiera se volvería loco por vos. Por besar tus labios, comerte esa boca divina.” Tomás se sonrojó, pero lo que escuchó lo fascinó. ¡Ricky lo encontraba atractivo! ¿Cómo debería responder? “Vos también sos hermoso. Y muy dulce. Gracias por contenerme. Me hacía falta”, dijo, apartándose un poco del hombro de Ricky. Esto le dio la posición justa para quedar cara a cara, a escasos centímetros, mirándose a los ojos. Ninguno de los dos pudo, ni quiso, evitar el beso que vino después. Los labios de ambos se cerraron sobre los del otro, y las lenguas comenzaron un erótico baile entrelazándose, mezclando sus salivas, invadiéndose mutuamente en una lucha que Ricky comenzaba a ganar. Tomás sintió cómo las manos que lo abrazaban iban bajando lenta y sugestivamente, hasta que llegaron a su culo, y comenzaron a acariciarlo de una forma que lo erotizaba tremendamente. Su pija estaba como una piedra, y sentía como el juguete de su culo se movía. “¡El juguete! ¡No! ¡Qué vergüenza!”, pensó, e instintivamente empujó a Ricky para separarse del abrazo. Comenzó a llorar nuevamente y cubriéndose la cara, exclamó: “qué vergüenza. Perdón, me tengo que ir.” Ricky lo envolvió nuevamente en un abrazo, y acercando su boca al oído del chico, le susurró: “no tengas vergüenza, precioso. Todos lo hicimos alguna vez. Cuando uno descubre que tiene una cola golosa, al principio no sabemos muy bien qué hacer. Relajate, que yo te voy a enseñar.” Tomás dejó de llorar instantáneamente, y volvió a abrazar a Ricky, que rápidamente llevó sus manos al culo del rubiecito, que ahora aceptó de buena gana que lo acariciaran de esa forma. Las bocas nuevamente se enlazaron en un húmedo beso, mientras ambos se desabrochaban mutuamente los pantalones y se los bajaban. Ricky, obviamente más experimentado, dejó al chico sin ropa interior. Tomás no se animó a quitarle el mínimo slip que su amante llevaba. Enseguida, la mano de Ricky masajeaba la pija erecta y durísima de Tomás, que tímidamente comenzó a retribuir la caricia erótica. La sensación de una pija en su mano se volvía más y más excitante a cada segundo. Pronto, Tomás estaba totalmente entregado a sentir una pija bien dura en su mano, a la que pajeaba con torpeza primero, hasta que iba encontrando la forma de hacerlo y se concentraba en darle placer. Separó su cuerpo del de Ricky lo suficiente como para admirar ese hermoso pedazo de carne que le resultaba terriblemente tentador y excitante. Comenzó a imaginarse cómo sería tenerlo en la boca, saborearlo, chuparlo y darle el placer que se merecía. Sin pensarlo, se arrodilló, y tímidamente comenzó a pasarle la lengua por la cabeza enrojecida. Ricky sólo atinaba a gemir y a acariciar el pelo del angelito rubio. Ezequiel, que había estado observando todo por la cámara de seguridad, entró sigilosamente a la sala íntima, y quitándose la ropa, se paró junto a Ricky, dejando su propia pija a escasos centímetros de la cara de Tomás, y besó a su novio ardientemente mientras él también le acariciaba la cabeza a Tomás, que ya había comenzado a chupar como podía la de Ricky. Cuando abrió los ojos, al sentir otra mano en su cabeza, miró con sorpresa que al lado de la pija que ya estaba chupando, había otra que se le ofrecía. Soltando la primera, miró a ambos, que se besaban apasionadamente, así que siguió con la mamada mientras con su mano comenzaba a pajear la otra pija. Cada vaivén de su cabeza le imprimía en su mente más y más la sensación de sentirse todo un chupapijas. El placer que experimentaba al tener esas dos pijas iba incrementándose exponencialmente, hasta que toda duda que hubiera podido tener se había disipado, haciendo que se sintiera todo un mamador de pijas, como si lo hubiese hecho de toda la vida. Sintiéndose totalmente confiado, fue chupando más y más intensamente, alternando jugueteos con la lengua, hasta que sintió como Ricky se ponía tenso, y la pija comenzaba a latir, hasta que en su boca pudo saborear la leche de otro hombre por primera vez, lo que le produjo su primer orgasmo de puto. Apenas terminó de tragar, se metió la pija de Ezequiel a la boca, hasta que un minuto después también hacía acabar, confirmando en su cabeza que esto era lo que quería para siempre.

“Tommy, vení, parate que te presento a mi novio”, dijo Ricky, que ayudó al rubiecito a pararse. Con gran satisfacción, vio como Tommy le comía la boca a su novio Ezequiel, mientras él se concentraba más y más en manosear las nalgas del apetitoso culo del angelito, que gemía sin parar, ante la perspectiva de tener su agujero rellenado por pijas verdaderas. Ricky fue muy cuidadoso y tierno, arrodillándose tras de Tommy para ir lamiendo primero su agujero, preparándolo para lo que vendría. Tommy gemía cada vez más intensamente y sentía su culo totalmente dilatado y listo para la pija de Ricky, que no se hizo esperar. Forzándolo a quebrar un poco la cintura, de forma de exponer más su culo, Tommy quedó totalmente entregado para recibir la durísima pija de Ricky, que lo invadió con ardiente entusiasmo. El rubiecito deliraba de placer, y murmuraba cosas ininteligibles, mientras Ricky y Ezequiel le susurraban frases que lo excitaban cada vez más. “¡Cómo te gusta la pija, bebé! ¡Qué lindo sos, y qué hermoso verte así, entregado a las pijas! Tu culo es maravilloso, te lo cogería todo el día”, y muchas otras cosas, que no hacían más que grabarse a fuego en la mente del adolescente. Ezequiel fue empujando suavemente la cabeza de Tommy hacia abajo, hasta que quedó nuevamente a la altura de su propia pija, y Tommy entendió el mensaje inmediatamente, comenzando a mamarlo nuevamente. Unos segundos después, el angelito rubio era todo un demonio hambriento de pijas, con su culo siendo bombeado por Ricky y su boca por Ezequiel. Cuando ya estaba por acabar, Ricky le dijo la consabida frase: “¿querés mi leche? Mirá que si te acabo adentro vas a ser puto para siempre, ¿eh?” El chico, con la boca ocupada y extasiado por el placer, simplemente asintió con la cabeza, con lo que tanto Ezequiel como su amante acabaron, dándole a Tommy el placer de sentir la leche por ambos lados, al mismo tiempo. Se arrojaron sobre el sillón, y así quedaron por varios minutos, tratando de recuperar el aliento, hasta que Tommy les dijo: “gracias, nunca imaginé que me gustaran los hombres. De hecho, compré esto para mi exnovia y terminé usándolo yo, pero me ayudó a descubrir que lo que me gusta es la pija. ¡Y cómo me gusta! Gracias de nuevo, chicos, por ayudarme.” Ricky lo abrazó, y lo besó tiernamente en los labios. Ezequiel estaba un poco celoso, pero la belleza del adolescente le hizo olvidar eso rápidamente, y en pocos segundos estaba acariciando el cuerpito del chico, que nuevamente estaba totalmente excitado. Cuando Ricky vio la pija endurecida del chico, no pudo contenerse y se zambulló directamente a chupársela, mientras Ezequiel le metía primero uno y después dos dedos, hasta dilatarlo nuevamente, preparándolo para penetrarlo. Cuando estuvo listo, lo ayudó a pararse, mientras Ricky permaneció sentado en el sillón, mamándole la pija a Tommy mientras Ezequiel lo fue penetrando suavemente, hasta llegar al fondo, y luego comenzar a bombearlo, despacio primero, paulatinamente aumentando la intensidad, hasta volverlo loco de placer. Tommy no pudo contenerse mucho y acabó en la boca de Ricky, mientras Eze le llenó el culo con su leche. Después de eso, Ricky lo miró fijamente a los ojos y le pidió que lo cogiera, por lo que Tommy pudo experimentar por primera vez el placer de penetrar un culo de hombre. El resto de la tarde lo pasaron entre penetraciones, mamadas y pajas mutuas, que Tommy aprendió a disfrutar rápidamente. Cuando faltaba poco para cerrar el local, Tommy comenzó a sollozar. Ricky y Ezequiel, preocupados, trataron de averiguar el porqué. El adolescente les contó que cuando en su familia se enteraran de su nueva orientación, tal vez no reaccionarían bien. La madre no era mayor problema y el padre había muerto hacía varios años. Pero él tenía un hermano gemelo, que por conversaciones que habían tenido era bastante cerrado y homofóbico, y eso lo aterraba. La mirada de Ricky y de Ezequiel se iluminó. “¡Un hermano gemelo!”, pensaron ambos. Ezequiel ya los imaginaba como una atracción principal para el club. ¡Era la fantasía de tantísimos hombres! Dos hermanitos iguales, hermosísimos, y bien putitos. Entre los dos calmaron al chico, y le sugirieron cómo actuar. Mientras Ricky explicaba, Ezequiel entendió que le estaba enseñando al chico cómo hacer lo mismo que le había hecho a él hacía dos noches. Y si con él había funcionado, con el gemelo del angelito seguramente también funcionaría. Distraídamente, miró hacia la cámara, sabiendo que Osvaldo lo estaría viendo, y le guiñó un ojo, lo que hizo que, del otro lado, Osvaldo sonriera. La última instrucción fue que al día siguiente llevara a su gemelo a la casa de Ezequiel, donde terminarían la tarea comenzada por el set de iniciación.

Detrás del mostrador, Matías se pajeaba por enésima vez, alternando las porno de gays con la cámara de seguridad de la sala íntima, mientras en su culo el plug nro. 1 del set de iniciación CuloHambriento, lubricado con el gel, lo hacía disfrutar como nunca antes lo había hecho. Ricky le dijo que se llevara el set a la casa, ya que lo había empezado a usar, y que podía elegir algunas pornos para llevarse y verlas mientras se entretenía, y se despidió de él con un pico en los labios, que el nuevo empleado no supo cómo responder.

Al abrir el local al día siguiente, Matías eligió una porno gay bien hot, se acomodó detrás del mostrador, y se dispuso a atender a los clientes que vinieran, esperando que alguno fuese lo suficientemente lindo como para llevárselo a la sala íntima y chuparle la pija hasta que le diera la leche que tan ansiosamente quería saborear.

Poco después de las 10 de la mañana, en la cama de Ezequiel, dos hermosísimos angelitos rubios estaban en cuatro patas, con sus culos siendo bombeados por las pijas de Ricky y del dueño de casa, que luego de unas horas de sexo desenfrenado los llevaría al club de Osvaldo, donde seguramente, en poco tiempo, se convertirían en las estrellas del lugar.

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