Depilación a domicilio

Pasado el tiempo desde el inicio de nuestra relación secreta, de un tiempo a esta parte fantaseaba con que la depilación de mis genitales me la realizaras tú… no sabía bien como plantear el tema, pero un día mientras tomábamos un café comenté lo difícil que resultaba realizársela uno mismo por la nula visión directa que se tiene de algunas partes, lo extremadamente sensible que es la piel de los testículos a la cuchilla de afeitar – con el consiguiente riesgo de cortes- y lo embarazoso que me resultaría ir a un establecimiento a hacerla… medio en serio medio en broma te sugería que fueras tú la que me depilara en mi casa dado la absoluta confianza que tengo contigo, y tú entre sonrisas pero levemente sonrojada me decías que no te fiabas de mis intenciones…. Mirándote a los ojos te dije que si ese era el problema me dejaría atar a la cama para no poder echarme encima de ti, y tú acabaste aceptando…

Llegamos a mi casa, y para vencer tu nerviosismo – era la primera vez que venías a ella- te preparé un café, y mientras lo paladeabas yo fui a preparar la espuma y la cuchilla de afeitar, el agua caliente, la toalla y demás enseres… cuando todo estuvo dispuesto te llamé desde el dormitorio y cuando entraste casi te atragantas con el último sorbo de cappuccino al verme sobre la colcha completamente desnudo, con los brazos y piernas en cruz atados a los extremos de la cama por un kit de sumisión que comprara en el sex-shop, con mi miembro erecto reposando sobre mi vientre… te detuviste en el umbral de la puerta como si no supieras que hacer, rabiosamente guapa y sexy aún sin pretenderlo, con tus leggins moldeando tus piernas torneadas y tu culo prieto, firme como el de una veinteañera, mientras tu camiseta deportiva ajustable resaltaba tus caderas, tu vientre plano y la forma de tu busto… Con la cabeza te señalé a mi derecha el taburete donde tenías todos los instrumentos necesarios para proceder a mi depilación, mientras con voz extrañamente ronca te decía

– Como ves, he cumplido lo prometido

Asentiste con la cabeza, como si de repente te hubiesen quedado los labios pegados, y apenas empezaste a moverte hacia allí, te sugería te pusieses cómoda para poder moverte a tu antojo sobre la cama y a mi alrededor, y para que no manchases tu ropa – mi mente calenturienta ya imaginaba tu tanga humedecida por momentos, y soñaba con ver esa mancha de flujo extenderse a través de las mallas hasta aparecer a mis ojos- te dije que cogieses del armario adyacente una camisa mía y que te cambiases. Aceptaste la idea con rapidez – lo que me llevó a pensar que igualmente tú tampoco querías manchar tus leggins- pero para mi desgracia fuiste a cambiarte al baño. Verte salir vestida únicamente con una camisa blanca que transparentaba tu silueta a contraluz, que apenas te llegaba a cubrir medio muslo y cuyos botones superiores estaban desabrochados lo justo para esconder tu sujetador a la vez que me dejaba intuir tu escote me puso en modo “palitroque total”, y lo mejor estaba por llegar…

Empezaste a humedecer con agua caliente mi bajo vientre, mis testículos y la cara interna de mis piernas mientras me comentabas que nunca habías hecho nada ni remotamente parecido, lo que a mí me puso más a tono si cabe. A continuación empezase a enjabonarme suavemente, recreándote en el movimiento de tus manos, buscando que el jabón llegase a cubrir todas las partes que debía, deslizando las yemas de los dedos hasta el glande… yo ronroneaba de gusto y colaboraba contigo levantando la pelvis y abriendo las piernas lo más que podía, mientras tú me enjabonabas concienzudamente y, con la cara pegada a mis huevos, me decías

– Mmmmmmm, creo que habrá que depilar también el acceso a tu culito

Acto seguido cogiste la cuchilla y con movimientos calculados, suaves como caricias, empezaste a afeitarme: primero fue el bajo vientre, luego la cara interna de los muslos, dejando de forma intencionada para el final la polla y los testículos…. Mientras lo hacías yo apenas apartaba los ojos de tu cara, en la que se reflejaban a partes iguales la concentración y el cuidado que ponías en no cometer un error con la cuchilla como el morbo que te producía la situación, y que veía reflejado en tu cara sonrojada, tu boca entreabierta, y en los involuntarios mordiscos que dabas a tus labios. Yo procuraba alentar tu celo y tu confianza diciéndote

– La verdad es que da gusto que lo depilen a uno, pareces una profesional, hasta tendré que pensar en ponerte una tarifa…

Tú mientras tanto me apretabas la polla para tirar de ella hacia arriba y pasar lentamente la cuchilla por la parte inferior, masajeándome ¿involuntariamente? Los huevos con la excusa de retirar los restos de espuma que te impedía comprobar que estaba quedando limpio de pelos… lentamente, recreándote en la suerte, pasaste una toalla húmeda por mis partes para comprobar el resultado del afeitado, y dándome un pequeño apretón en los huevos que casi me hace eyacular, me dijiste

– Ahora tendré soltarte un momento para darte la vuelta y depilarte el culito, pórtate bien, relájate y disfruta…

Volviste a atarme a la cama – boca abajo en esta ocasión- y me pediste que levantara el culo para proceder a separarme las nalgas, enjabonarme mi orificio anal y proceder acto seguido a rasurarme alrededor del mismo… Una vez terminado de hacerlo, mientras me limpiabas los restos del jabón aprovechaste la ocasión para juguetear con las yemas de tus dedos entorno a mi ano mientras me decías

– Nunca había visto un culo de hombre tan limpio y cuidadito, y viéndote se me ocurren un par de cosas…

Yo, al borde mismo del orgasmo, te pedí que me relatases esa fantasía tuya, pero negándote a ello me volviste a colocar en mi posición inicial – boca arriba y atado de pies y manos en forma de X- mientras me decías

– El afeitado ya está hecho, pero hay que evitar que la piel se irrite, y para ello voy a hidratarla convenientemente… no soy amiga de after-shaves ni aceites corporales, sino que creo que lo mejor en estos casos es una buena ración de leche hidratante…

Acto seguido, y tras desabotonarte por completo la camisa – para estimularme, citando tus palabras textuales- te pusiste a cuatro patas entre mis piernas, dirigiste tu mano izquierda hacia mi culo y la derecha a mi polla, y comenzaste a masajearme simultáneamente ano, testículos y glande, mientras yo empezaba a bufar de gusto sin apartar la vista de tus tetas, apenas tapadas por el sostén de encaje negro, a través de las cuales los pezones se adivinaban duros como piedras-. Sin prisa pero sin pausa proseguiste con mi lenta tortura, y mientras con un dedo follabas ano y con la otra mano masajeabas deliciosamente mis cojones simultáneamente empezaste a chupar mi falo mientras sin dejar de mirarme me decías lascivamente

– Venga córrete, que necesito una buena ración de leche para terminar

La visión de tu cara desencajada con mi polla enterrada hasta las amígdalas y tu culo levantado apenas cubierto por el tanga de hilo dental hizo que toda la tensión sexual acumulada explotase en un monumental orgasmo… tú me succionabas casi con rabia, sin dejar de chupar y tragar, extrayéndome hasta la última gota de semen, ajena a mis alaridos de gusto, y cuando me hubiste ordeñado a conciencia te sentase a horcajadas sobre tu vientre, te despojaste de toda tu ropa mientras golosa relamías unas gotas de semen de la comisura de tus labios, e inclinándote lentamente sobre mí acercaste tus labios a mi oreja, y mordisqueándome el lóbulo me dijiste

– Lástima, creo que me he bebido tu tratamiento hidratante… por cierto, son 50 euros

– por la depilación, doy por supuesto, contesté divertido

– Pues claro, no iba ser por la mamada… no soy una puta, aunque en la cama me encanta comportarme y que me traten como a una cualquiera…

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