Diario De Una Lesbiana

¿Han visto esas tontas películas americanas donde una forastera llega al instituto y de pronto ya tiene un puñado de amigos?

He dejado de contar el número de veces que me ha tocado cambiarme de escuela, mis tácticas son diferentes pero el resultado es siempre el mismo. Al final, no importa lo que haga o lo que diga, siempre termino marginada en un rincón.

He aprendido a quedarme callada y ver las cosas sentada en mi sitio sin hablar con nadie, no es que importe realmente, al final mi madre siempre termina mudándose de infierno.

Aunque todo indica que esta vez tengo que lidiar sola con los engendros de satán por que estaré como en la cárcel toda la semana y solo la veré a ella sábados y domingos. Bien, que se prepare, porque he comprado una libreta donde pienso hacer una lista de razones por las que no debo estudiar en un internado y se la leeré completa cuando la tenga de frente. Con suerte estaré una semana aquí, solo para ser una buena chica y luego esta gente no me volverá a ver en su pedacito de averno.

Lo irónico del caso es que este nuevo infierno tiene cruces de madera e imágenes religiosas en donde sea que ponga los ojos.

He aprendido que no existen ángeles, solo algunos demonios están más desquiciados que otros. Y no sé por qué sospecho que he venido a dar a un sitio con demonios bastante peligrosos.

Lo primero que no me gusta. Tengo que reportarme con una tal Elizabeth Villagómez para añadir unas tontas orientaciones al horario… se supone que en esta escuela, aparte de las clases y las misas hay que asistir una vez por semana con una psicóloga. Ni siquiera sé si la iglesia católica cree en los psicólogos realmente o sólo es para joder a sus estudiantes.

Tengo cerca de diez minutos sentada en la hilera de bancas afuera de la oficina y la dichosa Elizabeth Villagómez no se ha tomado la molestia de recibirme, todo indica que llegaré tarde a mi primera clase y eso significa que miraditas cargadas de curiosidad me acribillaran en cuanto ponga un pie en el aula. Eso no iba a ayudar en mi plan de ser invisible.

Otros diez minutos y nada.

Lancé un bufido y saqué mi mochila. Ellos se lo buscaron.

Anoté en mi libreta nueva.

Pésimo servicio.
Impuntualidad.
Subraye dos veces la palabra impuntualidad.

No sé qué diablos estaba pensando mi madre.

Yo no estaba preparada para un internado, no estaba preparada para una escuela católica, no estaba preparada para ir dejando vidas a medias y empezar de nuevo una y otra vez…

Alguien se aclaró la garganta. Levanté la cabeza.

― ¿Señorita Álvarez?

Elizabeth Villagómez. Yo no estaba preparada para ella.

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