Doguin

Tuvo que venir Internet para saber que lo que hicimos en lugares apartados en el coche aquel verano se llamaba “doging”.
Pasábamos los veranos en la Costa Brava en un pequeño apartamento con los padres de mi mujer, después de cenar en algún restaurante siempre nos íbamos con ellos a ver los espectáculos que entre varios bares y restaurantes montaban en una especie de
plaza interior en Ampuriabrava donde no cabía un alfiler.
Tras el espectáculo de esa noche, cuando ya no había casi nadie, mientras mi mujer y yo apurábamos los cubatas y los camarero comenzaban a recoger el tinglado de sillas y mesas se acerco uno de ellos con el que habíamos entablado cierta confianza y al que mis suegros solían dejar buenas propinas. Como ya no quedaba casi nadie se sentó con nosotros un rato y nos pidión un par de consumiciones, después de charlar un rato con él nos invitó a ir a una discoteca de moda, en plena playa, muy cercana, mi mujer y yo dijimos que sí y decidimos adelantarnos andando a esa discoteca de luces azuladas en la que nunca habíamos entrado mientras él terminaba de recoger.
Estuvimos esperando un ratito en la puerta hasta que nuestro amigo camata llegó en un destartalado BMW 323 con matrícula de Granada, pasamos dentro sin pagar, nos buscaron una mesa en el centro y nos sentamos, sin pedir nada nos trajeron nuestras consumiciones habituales, las que solíamos pedir en la plazita; el camata desaparecía y volvía con nosotros intermitentemente, parecía conocer a todo el mundo y tener éxito con las chicas. Estuvimos bailando en la pista con él y con su grupo y al volver a la mesa nos sorprendió ver una gran hielera con una botella de cava dentro a un lado de la mesa y tres copas, no una sino dos fueron las botellas que nos sirvieron, en cuanto se acabó la primera nuestro amigo puso la botella del revés dentro de la hielera y de inmediato trajeron otra. Entre tanto se sentaron con nosotros otros trés amigos, uno de ellos era chaparro pero fuerte con una camiseta negra que casi reventaba y que llevaba estampada la palabra “seguridad” en letras verdes fosforescentes, otro el hermano del camata de veintidós años según nos dijo al presentarnos, parecía el mas sobrio de todos, y el otro un amigo del hermano que había venido a visitarle desde Granada, uno de ellos se animó con el cava y los otros siguieron con sus bebidas. El hermano y el segurata se alojaban en el apartamento alquilado del camarero y el otro en un camping al otro lado del río, habían pasado el día los tres juntos en la playa del camping y se habían venido cruzandolo a media tarde por la playa, por un lugar de la desembocadura que no cubre mas de medio metro.

A eso de las dos y media nos propusieron cambiar de sitio y de paso devolverles al camping, junto a este había una discoteca que cerraba bastante tarde y además quedaba cerca de la playa, una playa con dunas que mi mujer y yo conocíamos por ir de vez en cuando a pasar el día y donde hacíamos nudismo, en realidad es la misma playa de la disco donde estábamos pero asilvestrada.
Al volante del coche puso el hermano del amigo camarero que era el que menos había bebido, el segurata paso el primero al asiento de detrás junto a la puerta izquierda, yo después, mi mujer se sentó sobre mis rodillas con el trasero adelantado y nuestro amigo camarero paso el último, de copiloto iba el chaval que vivía en el camping, llevava encima un pedal considerable, mi mujer estrechaba mis piernas por cada lado de las mías y se tenia que agachar un poco para no darse con la luz del techo, sus manos estiraban la minifalda del vestido amarillo estampado con flores que ceñía y que tenía tendencia a subirse a cualquier movimiento que hacía y enseñar más de la cuenta, el coche arranco, mis manos sujetaban sus caderas.
Al salir a la carretera animado por el cava seguramente y la situación, dejé resbalar mi mano derecha disimuladamente hasta posarla sobre el muslo de mi señora, mientras con la otra empecé a tirar hacia arriba de la falda muy despacito, tire hasta que la falda sobrepaso el elástico de la braga y seguí hasta liberar esa parte del vestido que hasta entonces había permanecido sujeto por mi pantalón y su peso, cuando parte de la cacha quedo al aire la volví a agarrar por la cadera, pude notar su piel y la depresión que el elástico de la braga dejaba sobre su piel. Mi mujer entre los vapores del alcohol y sobre todo del cava viendo perdida la batalla dejo de sujetar el vestido momento que aproveché para introducir con descaro la otra mano entre los muslos ligeramente abiertos, mis propias piernas no la permitían cerralos más.
Empece a jugar con los dedos sobre la fina tela de sus bragas, los paseaba de arriba abajo o presionaba suavemente, como algo casual provocado por el movimiento del vehículo, notaba perfectamente la raja. Ella se agarraba a los asientos delanteros y parecía dejarse hacer por mi con disimulo pues no paraba de hablar animadamente con todos nosotros, sobre todo con los chicos más jóvenes de delante, note que se había humedecido y di un paso más, introduje mis dedos por debajo de la braga, la abrí los labios del coño y tras acariciar un rato la zona la metí un dedo en la vagina, al sentirlo su trasero se retrasó presionando contra mi barriga buscando mi polla, momento que aproveche para liberar la otra parte de la falda y subirle el vestido un poco por detrás, la podía ver la braga. El movimiento de mi mujer al correrse hacia atrás no había pasado desapercibido a los acompañantes que llevábamos a cada lado.
Entramos por un oscuro camino de tierra lleno de baches, tendríamos que recorrer unos cuatro kilómetros hasta llegar al sitio en una oscuridad total, de pronto mis dedos chocaron contra la mano de nuestro acompañante situado a nuestra izquierda, el de seguridad, su mano derecha estaba posaba también sobre el muslo de mi esposa a la entrada de la entrepierna pero inmóvil. Un acto reflejo o quizás el temor de que esa mano se fuera al notar mi mano me hizo recoger los dedos evitando así el contacto, yo ya temblaba pero en menos de un minuto decidí ir mas allá, busque sus dedos disimuladamente y tire un poco de uno, bueno, solo fue un leve roce, el primero que encontré, aunque tardo un poco en reaccionar su mano fue avanzando hasta nuestros nudillos chocaron, comenzó a rozar los dedos sobre la braga, mi mujer seguía su charla con los demás, tenia la lengua pastosa y a veces se le trababa, con la otra mano estiré del elástico hasta conseguir que la tela se le metiera dentro de la raja, aparte a la vez la prenda y los labios del húmedo coño a un lado, noté como el segurata introducía todo el canto de la mano a lo largo de la abierta y caliente raja, podía notar como la deslizaba de arriba abajo y le metía los dedos en la vagina uniéndolos a los míos, mi mujer de nuevo aplasto el culo contra mi barriga y polla y se acomodo mejor sobre mi al tiempo que yo la obligaba a abrir las piernas algo mas. Faltaba poco para llegar cuando el socio de la derecha decidió unirse a la fiesta utilizando la misma táctica de acercamiento que el otro, saque mi mano de la entrepierna para dejar sitio y que pudiera tocar aplacer, mi mano fue sustituida por la suya, note un respingo de mi mujer y volvió la cabeza para mirar a la cara al dueño de la nueva mano que se hundía en su sexo, miro al camata unos instantes y al momento me aplasto el trasero lo mas que pudo aplastándose contra mí, enseguida los movimientos de mi esposa se hicieron rítmicos, de alante y atrás, e intensos, incluso yo que la tenia agarrada por las caderas sintiendo su piel sentía el cada vez más frenético movimiento de los dedos sobre el sexo de mi esposa su falda arremolinada sobre las dos manos saltaba, ya no hablaba sino al contrario parecía tratar de impedir que los sonidos la delataran…. Pero no pudo, justo al coger el ultimo recodo que nos acercaba a la playa un sitio repleto de coches en los que seguramente las parejas iban a arrullarse mi mujer exploto, entre resoplidos y fuertes gemidos hecho su cuerpo atrás aplastándome, cerro sus piernas, que ella misma había abierto más para franquear mejor el acceso a su coño, sobre las miás como un resorte

El coche se detuvo a unos quince metros de otro coche que tenia la luz interior encendida.
Venga vamos dijo el que se encontraba en el asiento del copiloto mientras abría la puerta. Las demás puertas se abrieron dejándonos solos a mi mujer, a mi y al camata. Con decisión se encaminaron hacia el coche el ultimo en bajar se volvió – venga veniros-, dude, pero el calentón de lo que pudiera pasar dejándolos solos pudo mas que yo y le dije a mi mujer que esperara y baje del coche, cuando llegamos a las proximidades distinguí a una pareja dentro, ella le hacia una mamada estaba a cuatro patas subida sobre su asiento y con los vaqueros bajados hasta las rodillas, su pareja tenia corrido completamente el asiento hacia atrás, el tipo nos dejo contemplar la escena durante un rato, hizo un ademan con la mano, yo no entendí pero Pedro, que así se llamaba el hermano, se había sacado su miembro por la bragueta, como los otros dos, se acerco a la ventanilla, metió la mano y se la puso encima de la cabeza a la tía, su pareja le aparto los pelos, vimos su cara, el novio o lo que fuera la metió varios dedos en la boca y ella respondió chupándolos, mientras tanto yo no paraba de volver la cabeza mirando a nuestro coche, me imaginaba de todo, miraba a nuestros anfitriones y al rato a nuestro coche, mi calenton era tremendo, temblaba a pesar del calor y mi pene palpitaba con vida propia, miraba a la tía esa lamiendo pensando lo guarra que era, Antonio el segurata rodeo el coche, se masturbaba lentamente frente a la ventanilla de ella, la miraba el culo mientras ella chupaba, automáticamente se abrió el cristal hasta abajo, invitación inequívoca a manosear su culo, el compañero, ligue o lo que fuera manejaba los tiempos y con delicadeza le fue bajando las bragas, primero de un lado y luego del otro, hasta las rodillas, después abrió el pestillo y Antonio la puerta, la empezó a manosear, ella se dejaba hacer. Su dueño la levanto la cabeza y la chica engancho la polla de Pedro con la mano, le atrajo hacia si al mismo tiempo que sacaba la cabeza por la ventanilla, se metió la polla del desconocido en la boca, primero esa y luego la primera que vino y luego otra y otra mientras Antonio la ensartaba por detrás.
Yo estaba como hipnotizado mirando pero en un momento de lucidez decidí volver al coche, lo rodee por detrás, había una vomitona en el suelo arenoso y abrí la puerta sorteando la pota, mi mujer recostada a lo largo del asiento se movió como un resorte para dejarme sitio, vi sus bragas blancas sobre el asiento y una botella de agua mineral medio llena pero hice como que no me daba cuenta y me senté sobre ellas rozando el culo a mi esposa y tire la botella al suelo, el otro ni se molesto en quitar la mano del regazo, vi que dos dedos, los que se alzan para llamarte cornudo, sobresalían entre los muslos de mi mujer, los del medio, los que se cierran para lo mismo estaban dentro de ella. Tampoco su otro brazo que tenia descansando sobre el cuerpo de ella y cuya mano sobaba el trasero desnudo se movió, con la cabeza algo agachada la besaba el cuello, tenia la polla fuera y ella le bajaba y le subía el pellejo con una mano muy lentamente, necesitaba todos sus dedos y aun así le faltaban por lo menos dos centímetros o más para rodearla por completo.
-Cuanto has tardado, vamonos ya- me dijo con voz de borracha al sentirme.
Sin casi darla tiempo a terminar la frase, el otro sacando la mano de la entrepierna, hizo que volviera la cabeza hacia él para meterla un morreo de impresión mientras sus dedos se volvían a incrustar en la vagina. Durante el morreo sentí la mano de mi mujer bajar la cremallera de mi vaquero y luego maniobrar dentro de mis calzoncillos hasta sacar mi pene que se alzo como un resorte, su mano lo rodeo esta vez de sobra. Siguieron besándose, la mano libre de el lo mismo subía para jugar con las tetas que volvían al trasero o se juntaban con las del chocho, en una de esas la subió hasta ponérsela detrás del cuello.
-Hazme lo de antes-.
-A ver si voy a vomitar como antes-
-Venga hazme lo de antes-
Ella se acurruco en el asiento y de nuevo me estrujo, esta vez contra la puerta restregándome su culo desnudo, empezó a subir y bajar la cabeza suavemente de un lado a otro con movimientos circulares al mismo tiempo, mi mujer se centro en su trabajo y dejo de agarrame a mi para agarrar el pene que chupaba con ambas manos, una encima de la otra, a un par de palmos de mis ojos tenia el culo completamente desnudo de mi esposa, un par de dedos del hombre desaparecían por completo dentro de un ano que brillaba probablemente por la saliva aplicada antes de mi llegada, entraban y salían despacio mientras giraban, con la otra mano mantenía la media melena rubia de mi mujer fuera de su cara casi recostada sobre el bajo vientre de él mostrándome una verga fuerte, venosa, empapada y brillante que iba y venia entre los labios de mi niña deformando su cara ritmicamente, el silencio solo era cortado por el chapoteo de la mamada, el jadeo de los dos amantes y por las arcadas causadas por una penetración excesiva, entonces me di cuenta de la luz, yo no había reparado antes ni sé desde cuando llevaba la luz del techo encendida, cuando llegue estaba apagada la excitación y el alcohol me creaban lagunas en la mente seguramente y pensé que debía haber sido al empezar la mamada, enseguida me di cuenta que no estábamos solos, alrededor del coche se distinguían varias sombras algunas tan cerca como los tres o cuatro que junto a las ventanillas se masturbaban, dos de ellas de se empezaron a acercar, algunos simplemente habían sacado la polla por la bragueta mientras otros tenían bajados los pantalones a medio muslo, me dio un nuevo subidon de adrenalina cuando dos de ellas se acercaron hasta mi ventanilla, otro miraba con descaro desde la del conductor y otros dos más se centraban en el lado opuesto fijándose en la cara de mi mujer que seguía chupando y jugando con aquella tranca entre sus labios pero ni él macho se inmuto ni mi mujer se había dado cuenta pues disfrutaba con los ojos cerrados, entonces yo también me masturbe y la masturbe, mi mano libre busco el óvalo que forman las ingles al rodear el sexo de la mujer y abrí la carnosa y resbaladiza raja y estire las nalgas para que pudieran contemplar el ano abierto pero ocupado por los dedos del macho que sometía a mi esposa. La sombra que se masturbaba junto a mi se acerco aplastando el miembro contra el cristal, le vi la cara y decidí enseñarle el agujero de la vagina estirando de los labios rojos con los dedos indice y pulgar, le metí un par de dedos, los saque y se los acerque, relucían, escribí en en cristal – TU PUTA-, en mayúsculas y empezando por la -A-, tuve que meter varias veces los dedos en la vagina por que con el calor que hacia se terminaban secando para escribir cada letra.
No se que paso pero abrí la puerta del coche con cuidado, el tipo se aparto y me deslice fuera del coche despacio.
-Que haces ¿Adonde vas?- Acertó a preguntarme mi mujer antes de ser obligada a continuar la mamada.
– Ha hacer pis – No la mentí del todo aunque mi intención era otra.
Me puse de pie sin mirar apenas la cara a ninguno de los desconocidos que se masturbaban con la mirada clavada en la tía, en mi mujer, que mamaba una polla recostada sobre el asiento trasero del coche con las piernas encogidas exponiendo a la vista de esas sombras sin saberlo el culo y el coño. Absurdamente sentí pudor y me aleje tras un árbol a hacer pis mientras el de la ventanilla se quitaba los pantalones y los dejaba sobre el techo del coche, al volver me miro con una sonrisa cómplice y se deslizo sobre el asiento, recogiendo las bragas y estrujándolas entre sus dedos, se pego todo lo que pudo a las nalgas desnudas de la hembra y se recostó como pudo sobre ella adaptándose al cuerpo de esa desconocida mientras se agarraba la polla con la mano izquierda, la vista del trasero de mi mujer fue sustituido por un culo peludo de un tipo al que calcule unos cincuenta años, mi mujer se debió dar cuenta del cambio obviamente porque yo soy lampiño, pero o estaba muy a gusto debido al alcohol o ya no le importaba nada de lo que pudiera pasar y había decidido entregarse sin oponer resistencia, el caso es que se dejo levantar la pierna que aprisionaba su sexo y dejo maniobrar al hombre con su mano permitiendo que este alcanzara con su miembro el objetivo, todos los mirones supimos que se la había metido hasta el fondo por el salvaje golpe de caderas que dio el desconocido, el rimo de bombeo, los gemidos y la respiración entrecortada de mi esposa que chupaba con ansia y seguía penetrada por esos dedos. Antes de que ella llegara al orgasmo el desconocido paro el vaivén, durante unos segundos se quedo muy pegado al culo en un último movimiento, mi mujer instintivamente como casi siempre hace cuando la follo en esa postura y nota la corrida trato de “sujetarme” contra ella alargado el brazo que tenia libre y que topo con ese cuerpo velludo que evidentemente no era el mio, su mano subió, bajó y palpó el muslo del peludo cincuentón que acababa de inseminarla, este tras unos momentos y algunos empujones más se sentó jadeante y sudoroso mientras se limpiaba la polla con las bragas que había conservado encerradas en su puño para luego dejarlas sobre el vestido arremolinado en la cadera de mi niña que permanecía sin moverse como esperando algo más mientras su vagina rezumaba semen. El camarero la estiró del pelo obligando la a soltar la presa de la boca y la sentó el tiempo suficiente para que todos pudiéramos ver los chorretones blancos casi ya licuados mezclados con saliva que manaban de la boca, mi mujer aprovecho este instante para limpiarse un poco los labios con el dorso de la mano sin poder impedir que algunas gotas de lefa resbalaran pringando su cuello antes de perderse entre los pechos a la vez que lanzaba una mirada de sorpresa al peludo, no pude más y me corrí con fuerza al mismo tiempo que en el interior del coche mi señora era obligada por el camata, sin miramientos de una forma casi violenta, a comerle la polla al tipo que se la acababa de follar. Fue cuando mi mujer empezó a lamer cuando nuestro amigo camarero salió del coche y la puso a cuatro patas sobre el asiento con el culo en pompa, la agarro de la parte superior de los muslos, casi de las caderas, y estiro hacia él con fuerza, las rodillas se apoyaban al límite del asiento y las pantorrillas quedaron al aire fuera del coche, ella perdió el equilibrio involuntariamente al no darle tiempo a sujetarse con las manos y casi inca una rodilla en el marco de la puerta, momento en el que el camata la propino un fuerte azote que hizo que mi mujer saltara, gritara de dolor y se enderezara buscando apoyo, sacando los pies del coche tan deprisa que volvió a resbalar; tres fueron los azotes casi seguidos que le dio entre risas y comentarios obscenos salidos de la oscuridad, cuando logro una cierta estabilidad apoyada en el asiento sobre sobre sus manos las nalgas sobresalían respingonas, otro azote más en el interior de un muslo hizo que mi mujer recolocara los pies separandolos entre sí, bien abierta de piernas el semen inoculado empezó a salir del papo goteando mientras el peludo se deslizaba sentado por el asiento bajo su cara, la obligaba a apoyarse con los codos y a continuar la limpieza de la corrida.
No se por qué, quizá fuera alguna norma del juego, pero sin que nadie dijera nada tras un par de minutos de mamada el peludo se aparto para ser sustituido inmediatamente por otro tipo surgido de la oscuridad que se agarraba la polla con la mano izquierda, este seguro que pasaba de los sesenta, ademas me sonó su cara de haberlo visto tomar el sol en pelotas con una mujer, sesentona también, a su lado y que en cuanto se sentó obligo la cabeza de mi esposa a bajar hasta meter su nariz entre la mata de pelos, primero con una mano y luego con las dos.
Por detrás varias manos hurgaban y sobaban los genitales y las nalgas de mi querida mujer, otras se perdían dentro del vestido hacia los senos que colgaban, el camarero puesto a un lado de su cuerpo, de espaldas al coche con el culo apoyado en la carrocería, le abría las nalgas y después de haberle dado un suave masaje en el ano, al que previamente le había untado saliva la introducía dos dedos de cada mano hasta los nudillos estirando el esfinter en direcciones opuestas, acerco la cara al culo y se dedico a lanzar escupitajos en el interior dejando resbalar la saliva desde su boca, las sombras se acercaron cada vez más y una de ellas se puso en cuclillas y sin dejar de meneársela como un mono metió su cara en el coño que le ofrecía la desconocida , al rato ha juzgar por los gemidos que la hembra soltaba la debía estar matando a lenguetazos sin importarle las otras manos que jugaban en el mismo sitio. El tipo cayo de culo al correrse, cuando se apartó otro tipo se acercó hasta que metió su rabo entre las nalgas, apretando con fuerza y rapidez, comenzó a restregarse de arriba abajo, se masturbaba.
El manoseo del coño surtió efecto, uno de los hombres hacia un rato que le daba un magreo descomunal mientras ella ayudaba, o no lo podía evitar, al que tenia pegado a su culo moviendolo de un lado al otro y presionando contra el nabo de su contrincante. A “la zorra” se le doblaron las rodillas, intento cerrarlas sin mucho éxito entre jadeos y resoplidos aunque para no caer de rodillas tuvo que hacer lo contrario, separar aún más los pies entre sí , miro hacia atrás dejando la mamada por unos instante.
Yo hacia mucho que no pensaba, tenía el pensamiento perdido entre las piernas de mi mujer, me gustaba que mi mujer fuera eso, una zorra y que los hombres supieran que yo estaba casado con ella, una mujer deseada sexualmente, un coño unas tetas una boca y un cuerpo que sabía como dar placer a un macho, me gustaba que me envidiaran a mí por estar casado con esa hembra.
De la polla del desconocido comenzaron a salir potentes chorros que aterrizaron en la grupa de la mujer y que el camata amigo limpió con el vestido, después el mismo sustituyo al otro. La gruesa polla desapareció en la vagina, mi mujer por delante mientras, tenia un nuevo amante, me pareció un chaval muy joven, era el hermano del camarero que tumbado a lo largo del asiento mantenía la cabeza de mi mujer atenazada entre los muslos mientras la follaba la boca a golpe de caderas aprovechando a la vez los embates de su hermano. Me cambie de lado para ver bien como lo hacía y la cara de mi esposa encerrada en ese cepo, en eso estaba cuando la zorra empezó a resoplar y a mover el trasero con nerviosismo, note también que los empellones del camata iban cesando y se espaciaban cada vez más, finalmente cesaron, inmediatamente volví a cambiar de lado y otras dos sombras me siguieron, mientras los hacíamos resonaron los estampidos de dos fuertes azotes, en el interior del coche mi mujer era fuertemente sujetada y fuera un par de sombras la sujetaban a su vez por las caderas y habrían las nalgas a la zorra desconocida, el amigo camata había conseguido introducir parte del glande por el ano que comenzaba a dilatarse ante la inexorable embestida. En menos de un minuto todo el aparato desapareció en el recto y tras unos momentos de descanso y de suaves movimientos de va y ven, en los que mi mirada estaba clavada en el anillo marrón de entrada que abrazaba con fuerza la verga siguiendo el movimiento de esta, la empezó a sodomizar cada vez más rápido, los que sujetaban las caderas lo dejaron de hacer, no hacía falta, la yegua ya estaba domada, con el recto adaptado al calibre del nabo se dejaba encular a buen ritmo. Cuatro o cinco minutos tardo en volverse a correr el camarero en la cavidad, corrida de la que disfrutó hasta es final, cuando decidió sacársela, arrastrando parte de la lefa inyectada, ya tenia el miembro casi en reposo, los que habían estado disfrutando del espectáculo la fueron rodeando, un par de ellos dejaron su regalo sobre la espalda de la desconocida, otro más atrevido se la metió breves momentos bombeándola un poco,como quien hace una cata, y dos más se limpiaron también con la falda del vestido como había hecho el camarero después de acariciar con las cebollas las nalgas y caderas de la desconocida.
El camarero, el hermano y el segurata nos devolvieron a nuestro apartamento cuando las luces del amanecer se perfilaban en el horizonte, al llegar mi mujer soltó otra vomitona. Ayudado por el de seguridad que cogió a mi mujer en brazos nos acompañó hasta la misma puerta del quito piso, nos despedimos con un hasta mañana, ya estaba casi de vuelta al ascensor nuestro samaritano cuando volviéndose se acerco a mi y me dijo:
-Toma, las redondas rosa del dibujito son para ti y tu mujer, la verde mejor que te la tomes tu solito, y que folleis bien, jaja-.
Lleve hasta la cama a mi mujer, la acosté y me fui un momento al baño, al volver respiraba profundamente, aproveche para hacerme una paja y con la otra mano hacer lo mismo con ella, me corrí y se corrió, no se dio cuenta de nada, nos dormimos.

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