Dominadas por un negro

Soy Vanessa, una mujer de 35 años de edad. Actualmente soy divorciada y este es un punto clave en mi primer relato.

Cuando mi relación se acabó por completo me mudé con mi única hija a otra ciudad, cerca del Caribe. Quería olvidar mis problemas y trataba de que mi hija saliera adelante conmigo. Tuve a mi hija a los 16. Ella (Miranda) es muy jovencita tan solo 19 años de edad, tiene el cuerpo como yo en mis años mosos: Una estatura baja (1.62) un par de tetas no muy grandes pero que son nuestro mayor atractivo y un culo sensualón mas un tanto pequeño.

Miranda llevaba días algo seria pues abandonamos una vida de ciudad de varios años y la cambiamos drásticamente en un lugar cerca del caribe. Un buen día decidí que era una buena idea pasar la noche en un salón de baile por donde en eso días pasé cerca con el coche. Ella en un principio no quería; sin embargo logré convencerla y de un momento a otro la ayudé a arreglarse para ver extremadamente sexy para esta noche, un escote pronunciado por supuesto no podía faltar para presumir nuestro mayor atributo. Ella usaba unos leggins que se le miraban muy bien y hacían resaltar su culo, más de lo que podría haber imaginado. Yo usaba un vestido de noche y zapatillas altas.

Para ser sincera, me sentía un tanto urgida pues llevaba casi un año sin tener sexo con mi marido y a decir verdad, él era bastante bueno (obviamente no terminamos por falta de buen sexo). Es un hombre con un atributo bendecido por los dioses. Es un sujeto moreno, no muy delgado pero sí sabrosón, su verga era de unas dimensiones perfectas para mí, 19 cm de largo y un grosor que mi mano apenas y cerraba al tomarlo. Duraba bastante tiempo bombeando y lo mejor es que era ingenioso para las posiciones sexuales. Me movía a su gusto y a mí me encanta ser sumisa.

Al momento de salir pasamos por una calle llena de hombres de alrededor de unos 20 años antes de llegar al auto. Todos sin excepción voltearon a ver a mi hija que se sentía apenada en exceso, o al menos eso noté yo, y le lanzaron piropos; uno de ellos, no supe cual, me soltó una tremenda nalgada que me hizo exaltar y voltear. Sólo escuché una voz que decía – Te gustó, zorra?… La verdad es que me encantaban los azotes y las palabras denigrantes hacia mí, me gusta ser una gata. Pasamos de largo y mi hija volteó a decir cuando estábamos en el auto:

Miranda: Mamá, tremendos hijos de puta con los que nos hemos topado, pero vaya que les llamaste la atención a pesar de tu edad.

Yo: Ay cállate, que no son más que unos cerdos (siendo que yo comenzaba a excitarme recordando como mi ex esposo me daba azotes y me gritaba mientras me metía su delicioso falo)

Llegamos al salón después de un camino lleno de risas tontas y pláticas sin sentido sólo para pasar el rato. En la entrada estaba un guardia alto, negro. Le calculo unos 190 cm. cubano (lo noté en su acento cuando dijo):

Guardia: No pueden pasar. Está lleno.

Miranda (con una sonrisa picarona y agitandose lentamente de un lado a otro como queriendo hipnotizarlo con el movimientos de sus tetas): Ay, pero por favor. Venimos con muchas GAAANAS de bailar.

Después de eso, ella volteó a verme con cara de complicidad mientras estaba muy pegada con el guardia dándole la espalda. Se meneó un poco y me di cuenta que le estaba frotando el CULO!!! Quedé anonadada con ello, no podía creer que mi joven hija estuviera actuando como una puta y frente a mí.

Por fin el guardia accedió y nos dejó entrar. Yo comenzaba a ponerme cachondísima de recordar la nalgada que me dieron en la calle, que me hayan llamado ZORRA, recordar lo que me hacía mi ex esposo y ahora ver a mi hijita con toda la disposición de ramera.

Al entrar al salón nos sentamos en unos sillones mientras tocaban salsa. Era increible cuánta gente asistió, pero más increible fue ver a otro negro (vaya suerte había tenido hoy en toparme con dos de ellos) que venía hacia nosotras. Éste no era tan alto como el guardia ni fornido. Era más bien delgado atlético y de cara de muy buen ver. Me sonrió y estiró su mano en señal de que salieramos a bailar. Yo me sentía un poco apenada de dejar sola a mi hija pero ella misma me animó. Comenzó diciendome que su nombre era Nelson. Pude percibir que también era cubano, muy probablemente por la cercanía con el caribe. Me tomó una mano y la otra la posó sobre mi cadera con parte de sus dedos tocando mi culo, pero me sentía un poco excitada con todo lo que había estado pasando. Comenzamos a bailar y era excelente, me movía a placer y en un momento inesperado me dio la vuelta y rápidamente se pegó a mi cuerpo mientras yo quedaba de espaldas a él. Mis ojos se abrieron pues en la división de mis nalgas quedó posado un pedazo de carne que no me lo podía creer ¡Cómo podía sentirse así con el pantalón puesto! quedé inmovil y Nelson rió. En ese momento yo ya no escuchaba la música sólo sentía ese trozo frotándose sensualmente contra mí, sentía una humedad tremenda que hacía mucho no la sentía, la piel de mis piernas quedó de gallina y mis tetas quedaron contraidas y con los pezones duros como rocas, sentía cómo mi cuerpo comenzaba a cubrirse de sudor y por mi muslo caían lentamente pocas gotas de mi sexo.

Nelson: Desde que te vi me pareciste una madurita muy linda y quería sacarte a bailar, mami.

Yo ya no volvía de mi estado de excitación, no sé cuánto tiempo pasó pero volteé a ver a mi niña y estaba ebria gritándole a otra muchacha que se encontraba cerca. Rápido fuimos Nelson y yo a calmarla, y pronto entró el guardia y nos pidió que saliéramos pronto luego me sorprendí de lo que le dijo Nelson.

Nelson: Tranquilo, bro. Vienen conmigo, no pasa nada.

Guardia: Hermano, ya sabes que si vas a traer amigas debes cuidar que se comporten.

Yo: Disculpen, ya nos vamos para la casa.

Nelson: Tranquila, mami. Que podemos ir para la mía y seguir la fiesta nosotros tres y que en una hora se una mi hermano.

Me quedé sorprendida que ellos eran hermanos y supongo que esa hora era para que se desocupara el guardia y llegara a casa.

Miranda (borracha): claro! vamos que me hace falta desestresarme.

Guardia: Vaya, nosotros somos expertos en desestresar… Y acercándose a ella le dijo.- Si quieres llegando te doy un masaje… Mientras le sobaba los hombros y con sus largos dedos apenas rozaba sus senos.

Accedimos y subimos al coche de Nelson quien mientras conducía con una mano me acariciaba las piernas un poco antes de llegar a mi vagina, me tenía completamente excitada, apenas si habíamos hablado y yo ya me sentía con la urgencia de saltar sobre él. Me ponía mucho saber que mi hija nos observaba mientras cachondeábamos. Llegamos por fin y entramos en su sala, nos ofreció algo de tomar y puso algo de música. Ahora él invitaba a Miranda a bailar. Yo me puse celosa epro lo dejé pasar. Comenzaron a bailar y al poco rato estaban sudados y la verdad es que hacía mucho calor.

Nelson: Mami, creo que tendré que quitarme la camisa, no te molesta?

Miranda: Para nada y para estar parejos… interrumpió lo que decía para retirarse su blusay dejar al aire su par de tetas sostenidas por le brassier.

Nelson: Ja Ja Ja, vaya vaya que estás rica, niña.

Miranda se movía de manera que cualquier hombre habría desmoronadose con el movimientos de sus chichis, Nelson no pudo aguantar y se abalanzó a comerle los labios, la besaba fuertemente y comezó a estrujarle una de sus tetas. Miranda estaba ida disfrutando la manera salvaje en que fajaban. Vi cómo bajaba su mano pequeña y aprensaba ese monstruo, que sospechaba yo, tenía en las piernas. se hincó Miranda como esperando para hacerle un oral y Nelsón lentamente como queriendo excittarnos con el misterio, sacó la verga más grande que jamás haya visto, era enorme, fácilmente podría abarcar toda mi cara, era negra con el glande rosado que parecía morado, a punto de estallar, tenía venas muy saltadas y gruesas, estaba palpitante y de él pendían unos huevos negros que parecía que apenas con las dos manos podría sostenerlos. Mi pequeña estaba frente a eso tan descomunalcon su mano rodeándolo, no podía cerrarla era extremadamente grueso y cuando ella quiso lamerlo llegó el hermano de Nelson diciendo:

Guardia: Apoco empezaron la fiesta sin mí?

Nelson: Este par de putas que desde hace horas quieren una dosis de polla

Guardia: A mí déjame a la jovencita, quiero destrozarla por dentro

A cada palabra yo me excitaba más, sentía un cosquilleo en mi vagina y ganas de que me llenaran. Jamás había sentido esta urgencia! Vi cómo el hermano de Nelson tomó a mi pequeña de la cadera y comenzó a lamer sus pezones mientras su mano se introducía por sus leggins y jugueteaba con su clitoris. Yo en cambio, un tanto nerviosa, no quería sensualidad ni juegos previos, necesitaba que me desprotaran y así se lo pedí a Nelson después de que me subió a un sofá, me levantpi en vestido, hizo a un lado mi tanga y comenzó a lamer mi clitoris y la entrada a la gloria.

Yo: Por qué no me cojes de una puta vez?! necesito sexo, necesito verga!

Nelson: Quieres polla? quieres que destroce tu pequeña vagina?

En seguida puso mis piernas en sus hombros y con su enorme falo comenzó a pasarlo por toda mi rajita. Me sentía debil, pequeña e indefensa al lado de ese pito escultural, me hacía sufrir de ganas con cada movimiento que hacía. Miré a mi pequeña nena que al otro lado de la sala le lamía el trozo al guardia, era muy parecido al de su hermano pero sin venas texturizándolo.

Nelson hizo un movimiento salvaje que lo hizo entrar casi por completo de golpe, ayudó mucho que yo estaba chorreando flujos. Rápidamente comenzó a bombear si que entrara hasta el fondo, yo sólo sentía un dolor inefable ya que mis labios estaban abiertos al máximo rodeando ese pene, pero pronto comenzó a ser puro placer y sentía contracciones de mi vagina todo el tiempo, como si estuviera en un orgasmo permanente.

Yo: aaaaaahh síiiii necesitaba una vergota, una verga negra y gruesa como la tuya

Nelson: Vaya si eres puta, AAAGH estás mojandome todo maldita perra en celo

Yo: Destrózame, quiero que me cojas como nadie nunca me ha follado!

En ese momento empujó fuertemente y sentía cómo me desgarraba por dentro y llegaba a un lugar donde jamás había sentido yo sensación alguna.

Al otro lado de la habitación escuchaba – AAAAAHH sí papi, métela toda enfrente de mami, te gusta exhibirte con mi madre negro hijueputa?, aaaaahhh sí, quiero que te corras dentro de mí, lléname de tu leche caliente, quiero sentirla en mis entrañas hijo de puta, más rápido acaso eres marica? cógeme como me merezco, como a una zorra.

Al unísono se escuchó un : AAAAAAAAAAAHHHHHH SÍ!… Yo sentía cómo su verga se expandía aún más y comenzaba a inundarme de semen, chorros y chorros escupía y no dejaba de bombearme mientras de mi vagina salía una cantidad enorme de squirt.

Todos caímos rendidos y al día siguiente hubo otra sesión de salvaje y libertino sexo.

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