Dos SUPERMADURAS excepcionales.

Después del fabuloso bautizo, toco volver a Alicante, a la rutina estudiantil habitual. Cuando llegué me encontré que en la universidad se estaba preparando la fiesta de navidad, bueno exactamente era una cena con el profesorado. La responsable de los preparativos era la enigmática Morgana. Que salvo el trato de sus clases y que mi tía no la tragaba, poco sabíamos. No era tan cercana como el resto de profesores. Por lo que oíamos era por el posesivo y celoso marido. Como en la comisión de fiestas tenía que haber estudiantes, no tarde tiempo en ofrecerme y la gente me eligió, quedando conformada la comisión por Morgana, Luisa (otra profesora de unos 45-50 años, muy normalita) Jordi (alumno y aunque ocultaba que era gay, se le notaba demasiado), Lorena (alumna de último curso), Marga (alumna de 3º) y yo. Quedando en reunirnos al día siguiente sin falta.

Pero también en la parroquia se estaban preparando actos para las navidades, desde participar en un concurso de villancicos a una cabalgata de reyes para los niños del barrio. Me llamo el párroco y tuvimos una larga conversación por teléfono, tenía mucho interés en que estuviera participando en los actos, sobre todo en lo de la cabalgata, que tenía mucho trabajo y sabía que, si yo estaba, arrastraría a gente joven para que me ayudase. Pero al final le dije que no, poniendo mil excusas.

Por la noche cuando estaba en casa sonó mi teléfono y era Pablo, el marido de Eugenia. Por lo que se ve, el párroco les llamo para que me trataran de convencer. Me disgusto que no lo hiciera la propia Eugenia, que era lo que yo esperaba cuando le di mi negativa al párroco. El trato de convencerme y como le dije que en ese momento me pillaba mal, para poder hablar, el me invito al día siguiente a cenar. Yo me excuse y me deje medio convencer, de tal manera que le dije que mañana le contestaría.

Ya eran casi la una de la mañana, yo estaba terminando un trabajo de la universidad, que era el último que me quedaba y ya estaría todo libre. Cuando sonó el teléfono, inmediatamente y por la hora pensé en mi padre.

-Dígame… (Con nerviosismo)

-Soy Eugenia, perdóname que te llame a estas horas tan intempestivas. Pero no he podido antes, que Pablo estaba despierto.

-Joder, Eugenia que susto me has dado. ¿Qué es tan importante para llamar ahora?

-Lo primero que vengas a cenar mañana, que Pablo ya está montándose películas de porque no quieres venir a cenar.

-Pero las películas son… ¿Sobre ti y sobre mí?

-No que va. Que piensa que te cae mal.

-Si no voy es por ti, no quiero que te sientas mal. Tú me evitas y yo te respeto. Así de sencillo.

-Si me aprecias ven.

-Ya sabes que si te aprecio y más.

-Pues entonces ven y déjate convencer por Pablo.

-Me pides demasiado. Y más después de decirme ya nos veremos y luego evitarme.

-Lo hice por bien para todos.

-Habla por ti. Porque a mí me supo a poco. (Se quedó en silencio un rato) Bueno como no me dice nada colgare.

-No es eso, es que no sé qué decir.

-Pues dime como estas vestida ahora mismo, por ejemplo.

-Con un pijama.

-Imagina ahora, que yo llego por detrás, te abrazo te como el cuello, notas mi lengua recorriendo todo tu cuello. Mientras no paro de tocarte las tetas por encima del pijama. Luego meto una mano por debajo de la chaqueta del pijama y llego a tus tetas, Cuando notas mis dedos aprisionar tus pezones y acariciarlos, notas como se te ponen durísimos. A la misma vez notas como mi polla va creciendo y la notas apoyada en tu culito. Te meneas…

-Para por favor.

– ¿Por qué?

-Porque no está bien.

-Dime que no estas deseando que vuelva a pasar, dime que no has pensado en mi durante todo este tiempo, dime que no te has masturbado tampoco… (Me interrumpió)

-Pues te equivocas, no he pensado en nada de eso y mucho menos me hice nada.

-No me gustan que me mientan. Así que terminemos la conversación.

-Espera, espera… lo mismo si paso algo de todo eso, pero me lo quiete rápido de la cabeza.

– ¿Quieres que mañana vaya a cenar?

-Si.

-Con dos condiciones.

– ¿Cuáles?

-Te las diré, pero no me contestes ahora. La primera, que mañana lleves falda y no lleves nada de ropa interior. La segunda, que te la meteré, aunque solo sea una vez. Mañana durante la mañana, como no poder cogerte el teléfono que estaré en clase, solo tienes que mandarme un mensaje. Si aceptas me pones a la hora que tengo que estar y si no lo mandas, pues es que no aceptas. Que duermas bien y consúltalo con la almohada. Adiós, buenas noches.

-Adiós… (Con voz de querer decir algo, pero no atreverse)

Una vez terminamos la conversación, no me quedo claro y lo digo de verdad, que es lo que podría ocurrir. Pero al día siguiente saldría de dudas.

Por la mañana en el descanso de media mañana, mire el teléfono, pero no tenía ningún mensaje. Y así paso el resto de la mañana, sin noticias. Comí en la universidad y tampoco. Luego me fui a la reunión de la comisión de fiestas y ya entendí, que no tendría cena.

En la reunión estaba claro que la voz cantante la tenía Morgana. Trataba de hacerse la amable, la simpática. Pero se la notaba demasiado forzada. El que se pegó a mí, antes de entrar a la reunión fue Jordi. El tío me entraba por todos los lados o por lo menos lo intentaba. Lorena y Marga, que eran dos pivonazos, que las conocí a raíz de la comisión de fiestas, me miraban, se sonreían y me guiñaban el ojo. Pero reconozco que Jordi además de persistente era muy simpático. Bueno, una vez en la reunión, Morgana se puso a leer unos papeles que llevaba, donde nos iba diciendo como seria todo, el presupuesto que había, lo que tendría que poner cada uno que fuera a la cena, ya que la universidad solo subvencionaba una parte muy pequeña.

También nos contó las actividades y las fechas en las que se harían. Cuando termino de soltarnos todo el rollo, se dirigió a luisa la otra profesora, preguntándola si ella tenía algo que añadir. Luisa con cara de pasota, dijo que no, que no tenía nada que añadir. Yo pedí la palabra y ojiplatica, Morgana me pregunto… “¿Qué duda tienes?”, me lo pregunto con cara de extrañeza.

La conteste… “No tengo ninguna duda. Todo lo que ha dicho usted, ha estado más que claro y no creo que ninguno tenga una duda. Solo es que no entiendo, para que se forma la comisión de fiestas, para que se nos reúne, si ya está todo más que programado y nuestra opinión no vale para nada. Como no lo entiendo y me parece una falta de respeto, por lo menos para mí. En este mismo momento paso de estar en esta comisión.”

La cara de Morgana, era como si oyera llover, la daba exactamente igual. No así la de la otra profesora, que me miraba sorprendida. Cuando Morgana me vio ponerme de pie, vi que iba a decir algo. Pero entonces Jordi se puso de pie y largo sin ningún tipo de miramientos lo más bonito que se podía decir. Desde que era una tomadura de pelo, a que se nos había faltado al respeto a todo el alumnado, ya que nosotros los representábamos. Me apoyo en todo lo que yo dije y fue más duro que yo.

Las dos chicas también se levantaron y dijeron que estaban con nosotros. Que nos íbamos y que mañana informaríamos de esta afrenta al alumnado. Yo lo hice para hacerme notar un poco ante Morgana, pero me di cuenta de que la había liado.

Al día siguiente, toda la universidad sabia lo ocurrido y yo sin buscarlo me hicieron un “héroe” y demasiado conocido. Algo que no me gustaba. A mitad de la mañana y nunca ocurrió en el curso anterior, apareció por mi clase mi tía y pidió que saliera. La bronca fue monumental, en ese momento también apareció mi tío y venia furioso también. Yo les explique “a mi manera” lo ocurrido y que yo no daría más problemas, que no iría a más reuniones, porque me había retirado de la comisión. Pero al unísono los dos me dijeron que, de eso nada, que ahora tenía que seguir y buscar la forma de arreglarlo. Mi contestación fue y era por ellos, que trataría de arreglarlo, que ya buscaría la forma de hablarlo con la profesora, pero nuevamente al unísono, me dijeron que ella estaba en una de las salas de alumnado, eran salas donde los profesores recibían a los alumnos. Eran unas salitas con una mesa y tres sillas, con una cristalera frontal, que todo el que pasara podía ver, pero no oír lo que allí dentro pasaba.

Con resignación y sin saber que decir me dirigí para allí. Nada más llegar vi que estaba en la sala 6. Cuando me acerque y sabía que me había visto, hacía rato, aunque se hacia la tonta, llame y pedí permiso para entrar. Me hizo una seña con la mano de que pasase. Y así lo hice.

-Si lo que vienes a pedir disculpas, que sepas que estuvo muy mal lo de ayer. Pero en consideración a tus tíos, esta vez lo dejare pasar. (Lo dijo una forma muy displicente)

-Pues debe de existir algún error, porque yo no he venido a pedir disculpas, de nada. Porque nada hice para tener que hacerlo.

– ¿Cómo qué no? Y entonces que fue lo de ayer. (Con voz subida de tono)

-Tranquilícese usted, no me de voces. Lo de ayer fue una diferencia de opiniones. Simplemente eso.

-A mí nadie me dice que me tranquilice.

-Pues usted misma.

-Entonces… ¿Se puede saber que puñetas haces aquí?

-Como ha dicho usted antes y es por lo que veo en lo único que coincidimos, por consideración a mis tíos, he venido para tratar de solucionar lo que paso ayer, que por lo que veo ha sido la hecatombe. (Yo seguía con voz tranquila)

-Pues no le veo solución.

-Pues llegados a este punto, si usted no ve la solución y yo tampoco… pues me voy.

-Bueno, pero podemos encontrarla. (Ahora con voz más tranquila)

-Pues busquemos.

Estuvimos hablando, durante un rato. Lo que estaba claro que ella quería quedar como el aceite en un vaso de agua, por encima. Quería verse la ganadora de la batalla. Yo buscaba algo en que los dos saliéramos bien parados y a ser posible como amigos, pero no la veía a ella dispuesta. Con su sonrisa trataba de embaucarme para salirse con la suya. Yo me dejaba comer un poco de terreno, para luego volver a mi punto de partida.

-Vale Carlos, dime hasta donde estás dispuesto y lo hablamos.

-Mire usted, sinceramente a mi todo esto me da igual. Para que engañarnos. Puede decir lo que quiera, siempre que añada que ha sido consensuado. El resto me la… bueno que me da igual.

-Y entonces lo de ayer, ¿A que vino?

-No sé, lo mismo porque es usted muy estirada, porque siempre tiene que estar por encima de los demás, porque no empatiza con el alumnado, porque es muy distante, porque parece… bueno muchos por qué. La lista sería interminable.

– ¿Así se me ve?

-Para mí sí y para los que yo conozco también. Parece que tiene la misma edad que su marido. Que en él es más comprensible. (En eso último, me pareció que hable de mas)

-Entonces quedamos en eso, yo digo que ha sido consensuado y tú me apoyas.

-Usted no se preocupe, que la apoyare. Y me marcho que no estoy para perder clases. (Cuando ya iba a abrir la puerta)

– ¿De verdad se me ve tan mayor? (Lo dijo como con cierta pena)

-Si le soy sincero… SI. Y que conste que no es por como viste, no se confunda, es por su manera de actuar.

– ¿A mi vestuario le pasa algo? (Su cara fue de disgusto)

-No que va, viste estupendamente. Pero en lo otro lo mismo me excedo. Pero júntese de vez en cuando con gente joven, que se le pegara algo, no se… bueno me voy que al final la vuelvo a liar.

Regrese a mis clases y a la hora de comer, llame a mi tía. Estaba muy contenta. Por lo que se ve Morgana le dijo que todo estaba arreglado y que tenía un sobrino muy majo. Yo estaba con una sonrisa oyendo a mi tía, cuando finalizo la conversación diciéndome… “A esa ni agua” Mi gozo en un pozo.

Esto hizo que fuera en poco tiempo muy popular y se acercaran sobre todo chicas, alguna de ellas muy tentadoras. Al día siguiente de la fiesta me iría para Madrid. Para pasar las navidades en familia. Además, serian unas navidades multitudinarias. Habían alquilado una casa rural en la sierra y vendría mucha familia, yo no sabía en concreto quienes.

Llego el día de la fiesta. Mi intención era hacer acto de presencia, una hora máxima y luego, marcharme al club liberal, a tratar de pasar esa noche bien, para el día siguiente dirigirme a Madrid.

La fiesta estaba entretenida. A nuestro grupito se acercaban de vez en cuando profesores y profesoras, nos hacíamos bromas, chascarrillos, mil tonterías. Pero había buen filling con ellos. Cada vez que me fijaba en la zona que estaban el profesorado. Veía a Morgana allí, tiesa junto a su marido, yo pensaba en que cuando empezaran de nuevo las clases, iría a por todas para follarme a Morgana. Mientras su marido que oteaba todo lo que ocurría, aunque no perdía tampoco de vista la bandeja con canapés y siempre con una copa en la mano.

Nos pilló a todos por sorpresa, se acercó a nuestro grupo Morgana. Venía a tratar de hacer como los profesores que se acercaron, unas risas, unos comentarios… Pero fue como si llegara la peste. Uno a uno, incluido dos profesores que ya estaban con nosotros, se fueron yendo, con distintas excusas, hasta que nos quedamos solos. A ella se la veía con una sonrisa fingida, apretando la mandíbula y con la cara un poco congestionada por lo sucedido.

-Vaya ridículo que he hecho.

-Que va, no le salido bien del todo la primera vez, pero poco a poco ya vera usted como lo consigue.

-Si se han ido todos en segundos. Y tú te habrás quedado por pena.

-Si me he quedado, precisamente no ha sido por pena.

-Ah no, y entonces ¿Por qué?

-Si de lo digo ya sabría tanto como yo. Y cuide a su marido, que veo que se está poniendo “bien”

-Por eso yo tomo nada más que refrescos, para luego poder conducir.

-Una pena. Ya no puedo emborracharla… Jajaja.

– ¿Y para que ibas a querer emborracharme?

-Era una broma. Ves hasta en eso está usted tiesa. A la defensiva.

-Me vuelvo con mi marido. Que no crea que le he abandonado.

-Ahora soy yo el abandonado, todos me han dejado solo… un drama. Jajaja

-Jajaja, pero por lo que he visto lo que llevamos de noche, rápidamente estarás acompañado.

-En un ratito me marcho.

– ¿Y eso?

No respondí y ella se fue junto a su marido. Que estaba todo el tiempo rodeado de profesores, no siempre los mismos se iban turnando. Pero el parecía el dueño y señor de todo, los demás rindiéndole pleitesía. Se acercaron mis tíos, hablamos un rato y les dije que me iría ya mismo. Mientras hablaba con ellos, veo a Morgana cerca de su marido, pero este estaba absorto hablando con otros profesores.

Vi como Morgana trato de acercarse a dos grupos distintos de alumnos y le paso lo mismo, pero esta vez no hubo quien se quedara con ella. Eso sí, aguanto el tipo estupendamente, como si no hubiera pasado nada. Luego volvió junto a su marido, que seguía a lo suyo. Ella dejo el vaso que tenía en la mano y se encamino hacia una puerta y desapareció por ella.

Yo que seguía con mis tíos, me despedí de ellos y me encaminé hacia la misma puerta. Era un pasillo que daba a la zona del profesorado. Pero una vez que llegue allí, no había rastro de ella. Fui en varias direcciones, pero nada. Hasta que vi en un pasillo, la señal de los aseos. Me acerqué y entre en el de mujeres, tampoco estaba allí, pero oí como un lamento. Estaba allí. Me acerqué a la única puerta que estaba cerrada y di un par de golpecitos, una voz dijo…

-Ocupado (Era Morgana, se notaba que hizo un esfuerzo para decir eso y que no se notara nada en su voz, pero se le notaba, estaba como mínimo dolida)

-Soy Carlos, ¿Se encuentra bien?

– ¿Qué haces tú aquí? Es el aseo de mujeres y solo para las profesoras.

-Déjese de tonterías, ¿Se encuentra bien?

– ¿Porque no lo iba a estar?

-Porque he visto como todos esos gilipollas la han dejado tirada.

– (Después de un pequeño silencio, pero muy intenso) ¿Se notó mucho?

-Qué más da. Si abre la puerta lo hablamos.

Abrió la puerta y estaba sentada sobre la tapa del wáter, tenía los ojos rojos. Me atreví, la acaricié la cabeza y la animaba. Su cabeza se apoyó en mi cadera, estaba a punto de llorar, pero la hice reír con dos tonterías y eso evito que llorara. La puse de pies la abracé y la seguí animando. Ella tenía su cabeza en mi hombro. La aparto para darme las gracias y sin buscarlo nos besamos. Fue en un principio un beso dulce, tierno. Hasta que nuestras lenguas se tocaron. Entonces paso a ser un beso ardiente, con mucho deseo.

En ningún momento, paro, ni dijo lo típico de estoy casada, esto está mal… nos abrazábamos con mucha pasión, de eso había mucho. En un momentin de cintura para arriba estábamos desnudos. Tenía unas tetas con una forma muy bonita, pezones rosados, pequeñitos. Cuando mi boca los chupaba, ella apretaba mi cabeza, la acariciaba. Mientras yo, metía mi mano por debajo de su corta falda, pero me encontré lo que no me gusta, llevaba pantys.

Los rasgue y se los rompí, ella ni protesto, solo dijo que cerrara la puerta. Lo siguiente que dijo fue, cuando me desabrocho el pantalón y saco mi polla. Me dijo que todo yo, era una sorpresa. Se sentó en la taza del wáter y me empezó a comer la polla. Sabía muy bien lo que hacía y lo hacía con muchas ganas. Estuvo así un buen rato, hasta que se quitó y me hizo sentarme yo. Abrió sus piernas se acercó a mí, me agarro por el cuello y se fue sentando poco a poco, solo decía… “Qué maravilla…” y se iba dejando caer poco a poco, pero sin ninguna prisa, de vez en cuando se la sacaba un poco y luego volvía a metérsela, estuvo un rato, con ese sube baja, hasta que la noto toda dentro, donde me dijo al oído… “Es una barbaridad, como se nota, que gusto” y yo la decía… “desde el primer día que la vi, he soñado con esto, con follarla hasta agotarnos”, mordiéndome la oreja me replico… “Creo que es hora de que me tutees, ¿No crees?”

Empezó a subir y bajar con más rapidez, hasta que se oyó que alguien entraba. Eran tres mujeres, por lo que pudimos comprobar pos sus voces. A una la distinguí bien, porque me daba clases. Morgana no paro, bajo solo la intensidad, pero seguíamos follando. Hablaban precisamente de ella. De cómo vestía, de que las tetas seguro que no eran suyas (Doy fe, de que eran totalmente naturales y muy ricas) de que seguro que era frígida.

Nos mirábamos, nos sonreíamos y seguíamos follando, suavemente, pero no parábamos. Aproveche, que no podría protestar y la toque la entrada de su culito, metiéndole muy suavemente un dedo dentro. Note que ella estaba cerca de correrse, porque trato de pararse, pero yo seguí suavemente moviéndome. Y al final, tapo su boca con la mía y se agito, tenso sus piernas y notaba como se estaba corriendo, se aguantaba para no hacer el más mínimo ruido.

Se relajó un poco, pero yo seguí moviéndome y no dejaba de comerle las tetas. Ella poco a poco volvía a estar a tono. Se oyó cuando se fueron. Y otra vez cogimos el ritmo, ahora éramos salvajes. Me puse de pies y ella se apoyó en la pared, se la volví a meter y tenía una visión privilegiada de su culo, era una preciosidad. Me mojé bien los dedos con saliva y se los introduje en su culito. Como se movía, la gustaba mucho. Yo estaba ya que me corría y la garre bien de las caderas y mis embestidas fueron brutales, lo reconozco. Pero me corrí con una “rabia” tremenda, que gusto. Ella me decía… “Sigue, sigue… no pares que me corro otra vez” y así fue. Nos quedamos en esa posición unos minutos, ella me dijo que esperase un momento. Cogió papel higiénico y mientras se la sacaba, lo puso para no mancharse. Y solo me dijo… “Joder, tío, me has llenado, pero bien” cogiendo más papel para limpiarse. Me volvió a sorprender cuando me dijo…

-Ya no me acordaba de lo que era una buena follada. (Su lenguaje había cambiado)

– ¿Arrepentida?

-Arrepentida… ¿De qué? Ha sido genial.

-Me gusta que te haya sentado bien.

-Me ha sentado muy bien, pero seguro que me podía haber sentado mejor. (Sonriendo)

-Me alegro.

-Me entere por tus tíos, que vives solo.

-Si.

-Pues espero que me invites algún día a tu casa. Y esto lo podamos mejorar. (Volvió a sonreír)

-Si te parece bien, antes del fin de año estaré aquí.

-Ideal, porque con las disculpas de las compras de regalos y esas cosas…

Por la mañana me llamo Eugenia y me pidió de por favor que fuera a comer, que ya le había dicho a su marido que iría. La dije que solo me contestara a una pregunta, ella me pregunto cuál era la pregunta y la dije… ¿Cumplirás con mis condiciones? Después de un pequeño silencio dijo un seco “SI”.

A la hora de la comida llegue a casa de Eugenia, me abrió el marido que me saludo muy efusivamente y desde el primer momento ya estaba tratando de convencerme. Le pregunte por Eugenia y me dijo que preparando las cosas en la cocina. Le dije que un segundo que iba a saludarla. Una vez en la cocina y en voz que se me pudiera oír, la di los buenos, días y las gracias por la invitación a comer. Mientras lo hacía ya había metido mi mano debajo de su falda y uuuhhhmmmmmm, había cumplido, la toque un rato y vislumbre en su cara una muesca de placer.

Regrese al salón y los niños estaban alborotados. La comida fue tranquila. Constantemente salía el tema de la parroquia para tratar de convencerme. Yo me hacia el duro y Eugenia me miraba con cara de, déjate convencer. Los críos seguían dando la lata, porque querían ir a casa de unos vecinos, que tenían hijos de la misma edad. Eugenia le dijo a su marido que ya la tenían muy nerviosa, que llamara para saber si ya habían acabado de comer. El partido llamo por teléfono y cuando colgó, dijo ahora subo. Se llevó a los niños. No me lo pensé la atraje hacia mí y me saqué la polla que esta dura como una piedra, ella sabía de sobre lo que tenía que hacer y lo hizo, se sentó metiéndose mi polla.

Entro sin ningún problema, estaba bastante mojada ya. Se movía con mucha rapidez, decía que nos diéramos prisa, que no nos fuera a pillar. Cuando se oyó meter la llave, ella se quitó rápidamente y yo casi me la pillo con la cremallera. Pero lo peor era que los pantalones vaqueros, estaban con una gran mancha en la bragueta. Hice lo único que se me ocurrió, dejar que el vaso de agua me cayera accidentalmente y así disimular la mancha. Todo salió perfecto.

Eugenia fue rápida y con una servilleta quiso arreglar el desaguisado. Pero la muy modosita, al principio sin querer, pero luego queriendo, me paso la servilleta por todo lo largo de mi polla. Lo pagaría caro.

Eugenia se fue a la cocina, quedándose allí trasteando. Al final me deje convencer y el marido se puso muy contento. Yo saque el tema de la pesca y le dije que de buena gana me iría, pero que no tenía cañas ni nada. El enseguida me dijo que él me podría dejar alguna. Se puso a buscar en un cajón y cogió unas llaves, diciéndole a su mujer que iba al trastero a por unas cosas.

Según cerraba la puerta yo estaba ya en la cocina y Eugenia apoyada en la encimera, levanté su falda y se la metí sin más. Ella se movía con ganas, me decía que no parase. Mientras la comía el cuello y tocaba sus tetas, la hice prometerme que el primer día que volviera, iría a mi casa para follar a gusto. Ella me dijo… “Si, te lo prometo” y acto seguido se corrió. Se quitó se puso en cuclillas y me la mamo hasta que me corrí en su boca.

Regreso su marido y dijo que no había nada de lo de pescar y Eugenia le recordó que se lo llevo todo a la casa de la playa. Que, si se lo hubiese preguntado antes, se lo hubiera dicho.

Me despedí, porque tenía que preparar el viaje a Madrid, le dije que no se levantase que no hacía falta. Pasé por la cocina y me despedí de Eugenia con un buen morreo. Ella me dijo al oído, que ya tenía ganas de que volviese. Yo conteste que esperaba que no huyera como la última vez. Ella me contesto, que ya lo vería.

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