Echando una cana al aire

Me llamo Antonio, soy un hombre de 36 años. Me dedico a temas de importación y exportación en una empresa mediana. Mi trabajo me permite llevar una buena vida, además, soy de gustos sencillos por lo que no tengo problemas económicos. Estoy casado con María, es una mujer de 31 años, de estatura media y delgada. La relación que tenemos sería perfecta si no fuera por una razón: el sexo.

Cuando éramos novios, teníamos unas relaciones más o menos normales. No hacía ningún alarde especial aunque yo se lo pedía con frecuencia, pero al menos la frecuencia llegaba al mínimo: un par de veces a la semana. A medida que pasaba el tiempo, esta frecuencia y la calidad fue decayendo. Sobre todo a partir de tener los niños, que decayó hasta casi cero. Actualmente lo normal es hacerlo cada dos o más meses, cosa que me tiene desesperado. He intentado hablar con ella del tema, pero dice que no tiene ganas y que no le gusta hacerlo. Que lo hará de vez en cuando para cumplir, pero siempre recalca que no le gusta, es más, que le desagrada mucho.

La verdad es que ya estoy dando por perdido el tema, y le he comentado que si ella no me da de comer, tal vez me den fuera… pero parece que no le importa. Lo peor no es la poca frecuencia si no la calidad, que los polvos son de puta pena. Tan penosos que casi prefiero masturbarme. Por supuesto cuando quiero sexo siempre tengo que empezar yo, después de intentar que se anime un poco mediante masajes, masturbación manual, oral, etc… le tengo que coger la mano para que me ponga ella a tono y joder… parece que le da alergia tocar, estoy seguro que un manco lo haría mejor. Una vez cada dos años me da un par de chupadas, una para arriba y otra para abajo, y ya. Y a la hora de empujar, pues se pone de lado. Encima no, que tendría que moverse y debajo tampoco, que si empujo encima le molesta el peso. Después, un poco por detrás a lo perrito y ya. Todo esto dentro de un tiempo limitado, porque si se alarga un poco, se cansa… En fin, como decía antes… de puta pena.

El caso es que tengo bastante claro que nuestro matrimonio tiene fecha de caducidad, pero no quiero separarme siendo los niños tan pequeños. En caso de separación seguramente se irían con ella, y no podría vivir sin ellos… Como en el resto de cosas la relación entre nosotros es relativamente buena, voy a aguantar todo lo posible.

Después de la introducción, os cuento la historia. Un día, después de la enésima discusión por el tema del sexo, estaba tan harto que decidí que no iba a soportar más esa situación. Si no follaba con mi mujer, lo haría con otras y me apunté a una web de contactos.

Al rellenar la ficha en la web, rellené todos los datos. Puse un par de mentirijillas: que estaba separado, y la foto, ya que puse una que encontré en google de un tío que se daba un aire a mí.

Los primeros días envíe bastantes mensajes, siempre a mujeres de entre 28 y 35 años. La verdad es que contestaba una minoría. Y de esas pocas, tras cruzar unas pocas frases, conseguí 3 números de teléfonos para hablar por whatsapp. Hablaba de vez en cuando con las tres, no me llamaban mucho la atención, pero iba más caliente que el palo de un churrero. Un día mientras hacía búsquedas, me fije una chica guapísima que aparecía como sugerencia. Pulsé en su perfil y vi que tenía 22 años, ahí me di cuenta de que en las sugerencias no se aplicaban los filtros, decía que se llamaba Marta y que le gustaba viajar.

Le escribí un “Hola” sin ninguna esperanza de que me contestara, pero para mi sorpresa, al rato sí que contestó:

Marta: Hola, ¿qué tal?

Yo: Bien, ¿y tú?

Marta: Bien, aquí descansando… en nada otra vez al trabajo, ¿tú en qué trabajas?

Yo: Me dedico a importación y exportación, ¿y tú?

Marta: Soy auxiliar de farmacia

Yo: Ay es verdad, lo pone en el perfil

Yo: ¿De qué parte de Madrid eres?

Marta: De Moncloa, ¿y tú?

Yo: De Majadahonda

Yo: Veo que te gusta viajar, ¿no?¿dónde has ido últimamente?

Marta: Jajajaja no he viajado mucho fuera de España

Yo: ¿Y qué te gusta hacer en tus ratos libres?

Marta: Tomar algo con los amigos, ir de compras, alguna vez a la disco, ir al cine, correr…

Marta: No tienes muchas fotos… ¿no¿ puedes subir alguna?

Yo: Pues estoy en el trabajo y aquí no tengo.

La verdad es que no tenía intención de subir más fotos falsas.

Marta: Ah, ¡pues me las mandas luego!

Yo: Si quieres dime tu teléfono y hablamos mejor por whatsapp, que además no entro mucho en la web…

Marta: Una cosa… ¿eres gordo?

Yo: jajajajaja

Marta: Jajajajaja

Yo: ¿No te gustan los gordos?

Marta: ¿Entonces lo eres?

Yo: No

Marta: Dame tu número. A ver si eres guapo…

Yo: Soy normal. Mido 190 y peso 85 kg.

Yo: Si hablamos por whatsapp puedes ver otra foto que tengo en el perfil. También te puedo mandar alguna para que te quedes tranquila, pero eres un poco cruel con los gordos…

Marta: A ver … yo no me rio de nadie pero si no me atrae un hombre para que vamos a perder el tiempo…

Marta: Encima… a mi me aplasta jajaja

Marta: ¿Y tú tienes 36? Me gustan más mayores y te he visto interesante.

Yo: jajaja

Marta: Soy muy sincera. Y a mí, que la grasa se mueva no me va

Yo: Sí, tengo 36. Y tú 22, supongo.Yo: ¿Entonces no me vas a decir tú número?

Marta: Bueno vale te lo daré, es el 6xxxxxxxx

Marta: Si no te contesto es que estoy trabajando.

Total, que tenía su teléfono, pero pocas esperanzas de que me hiciera caso. Al día siguiente, sobre las 19:00, cuando llegué del trabajo y me duché me puse a trastear con el teléfono. Abrí el whatsapp para leer algunos mensajes, y me animé a escribir a Marta:

Yo: Hola, ¿Qué tal?¿trabajando?

No contestaba, así que supuse que estaría trabajando sin estar atenta al teléfono, o que me había bloqueado. A las dos horas contestó:

Marta: Siiiii, estaba liada. ¿Tú qué tal?

Yo: Bien, ya en casa descansando.

Marta: Acabo de salir y voy a tomar una cerveza.

Yo: Eso está bien, ¿has quedado con alguna amiga?

Marta: No, voy sola. Suelo ir a un bar que hay junto a mi casa.

Se me pasó por la cabeza ir a verla en ese mismo momento, pero ya en pijama y con mi mujer y los niños en casa era imposible.

Yo: Hoy no puedo, pero otro día te acompaño.

Marta: ¡Vale!

Para que no se enfriase el tema, pensé en proponerla ya mismo una cita para ver cómo respondía:

Yo: Oye, pues el domingo por la tarde mismo.

Marta: Bueno, ya te digo algo el fin de semana.

Yo: Vale.

Ahí se quedo la conversación. Yo seguía con pocas esperanzas de quedar con ella. Llegó el fin de semana, y con él, el domingo por la mañana. Me acordé de Marta y fui preparando el camino por si acaso sonaba la flauta, y le dije a mi mujer que por la tarde iría a echar una pachanga de fútbol con unos amigos. Como lo hacía de vez en cuando, se lo creyó sin problemas.

Volví a escribirle:

Yo: ¿Qué tal? ¿Me invitas a la cerveza esta tarde o no?

Marta: Pues salgo a comer fuera… luego te digo algo

Yo: Venga vale, pero no tardes.

Me pareció que me estaba dando largas, así que no insistí más. Sobre las 16, y para mi sorpresa, me escribió:

Marta: Hola, ya he terminado.

Yo: Muy bien. Pues estoy yendo a Madrid para llevarle un libro a un amigo (era mentira, estaba en casa). Si quieres me paso por tu barrio y nos vemos.

Marta: ¿Y nos tomamos algo en un bar por aquí?

Yo: Sí, claro, donde quieras. ¿Quedamos a las 17?

Marta: Venga vale.

Yo: Vale pues quedamos en la parada de Metro.

Me puse un poco nervioso. Todavía no me creía que iba a quedar con una preciosidad de 22 años. En el whatsapp tenía puesta una foto mía real, y no me había comentado que era diferente a la de la web, no sé si no se dio cuenta o se hacía la tonta… Cogí la bolsa de los trastos del fútbol y me fui a mi cita.

Cuando llegué allí, evidentemente aún no había llegado, así que le mandé un mensaje indicándole que ya estaba allí. Me contestó que estaba de camino. A los 5 minutos se presentó:

Marta: ¡Hola! ¿Eres Antonio?

Yo: Sí, y tu Marta, ¿no?

Marta: Siiii… uy que alto eres.

Yo: Ya te lo dije… y ves que no estoy gordo…

Marta: jajajaja

Nos dimos dos besos y comenzamos a hablar mientras me llevaba a su bar favorito. Vestía con unos vaqueros desgastados, zapatillas y una camiseta de media manga con un escote importante. Sus pechos no eran grandes, pero los tenía bien firmes y se apreciaban bastante bien bajo su camiseta. Me gustó nada más verla en la web, y lo confirmé en persona. Tenía unos ojos verdes grandes, labios bien marcados, media melena morena, y era muy guapa.

Cuando llegamos al bar, nos sentamos en la terraza y estuvimos comentando muchas cosas: cuanto tiempo llevábamos en la web, experiencias con otras personas, gustos, aficiones, trabajo, etc… Cuando le pregunté si vivía sola, me dijo que no, que lo hacía con sus padres:

Marta: ¿Y tú vives solo?

Yo: No, con mis padres desde que me separé. – Dije esto porque si me la ligaba, lo normal sería ir a mi casa… y eso no era posible.

Marta: ¿Qué?¿estás separado?

Yo: Sí, ¿no has leído mi perfil?

Marta: Un poco por encima…

Yo: Pues prepárate… además tengo dos hijos pequeños…

Ella puso cara de sorpresa. Lo tenía puesto en mi perfil, pero al parecer, no lo había leído. En ese momento me di cuenta de que perdí varios puntos, pero no se me da muy bien mentir, y cuantas menos mentiras diga, menos posibilidades tengo de meter la pata.

Después de eso, hablamos de mis hijos, de sus planes de futuro y otras muchas cosas… en fin… la verdad es que la tarde estaba siendo entretenida y lo estábamos pasando bien. Cuando nos dimos cuenta, habían pasado tres horas, así que como al día siguiente teníamos que trabajar, le dije que ya tenía que irme.

Mientras íbamos a mi coche, le pregunté que cómo se lo había pasado y que le había parecido yo. Me contestó que muy bien, que le parecía un hombre simpático, agradable y muy atractivo. Me alegró mucho oír eso, y cuando se me acercó para darme dos besos, me fui directamente a sus labios y comenzamos a besarnos.

Estuvimos un minuto aproximadamente besándonos. Cuando nos separamos, le dije que si quería podía quedarme un rato más. Pero con cara contrariada me dijo que no, que mejor quedábamos otro día. Así que nos despedimos y me fui.

Mientras conducía a casa, pensé en la cara que puso tras besarnos, y creo que pese a yo le gustaba, recordó que tenía 14 años más que ella, y dos hijos. Y eso es algo que echa para atrás… y mucho.

Ya por la noche, en casa y tras cenar y ducharme, le escribí diciéndole que lo había pasado bien y que me gustaría repetir. Ella contestó confirmando la impresión que me había llevado tras el beso: no quería complicarse la vida. Le dije que lo entendía y que no había problema. Aunque me fastidiaba, porque esa tarde me había sentido como el rey del mundo con 20 años.

Intente olvidar el tema y seguir mi vida con normalidad. De vez en cuando me acordaba de ella pero no le escribí, ni ella a mí.

Un par de meses después, organizamos una cena los amigos del equipo de fútbol. El plan era cenar en algún sitio y después alguna copilla. Cada vez que salimos nos lo pasamos estupendamente, recordamos las viejas anécdotas y hay mucho cachondeo. Aquella noche no fue una excepción y durante la cena, a pesar de haber algunas bajas, éramos 6 los que nos habíamos animado a salir, comimos, bebimos y reímos hasta reventar. Cuando salimos del restaurante, íbamos ya un poco contentos. Decidimos ir a un garito que conocíamos de otras veces pero estaba algo lejos, así que necesitamos coger un par de taxis. Mientras íbamos por la calle buscando taxis libres, uno de mis amigos llamado Julio y yo, nos rezagamos un poco mientras charlábamos de lo poco que follábamos. Él también estaba casado y aunque se quejaba, follaba más que yo.

Yo le estaba comentado algo y vi que no me estaba haciendo ni puto caso y miraba al frente. Cuando miré hacia adelante yo también, comprobé que estaba mirando a dos chavalas que estaban hablando en medio de la acera. Mientras pasábamos a su lado, me quedé mirando a una de ellas… me resultaba familiar… ¡Joder, era Marta! Sujeté ligeramente a Julio del brazo y le dije que esperase un momento mientras me acercaba a las chicas.

– Hola… ¿Marta? – le dije mirándole a los ojos.

– Hola – me dijo entre sorprendida y cortada.

– ¡Qué casualidad! ¿Cómo estás? – le pregunté.

– Muy bien gracias – contestó

– Bueno este es mi amigo Julio. Y yo soy Antonio. – me presenté a su amiga

– Yo soy Lucía – dijo la amiga

Comenzamos a hablar de que si salían mucho por esa zona, que donde iban, etc… Mientras tanto me sonó el móvil. Lo miré y era un mensaje de Alberto, un compañero del equipo, que ya habían cogido un taxi y nos esperaban allí. Le dije que nosotros iríamos en un rato.

– ¡Julio! Que nos han abandonado. Estos se han pirado al garito ya… – le grité.

– Joder, no esperan nada… – contestó.

– Nos vamos a tener que quedar con estas dos bellezas – dije riéndome.

– Habrá que conformarse – replicó mientras nos reíamos los cuatro.

– No sé si vamos a ser mayores para tomarnos una copa con estas chavalitas – le dije mirando a Marta.

– Aunque seáis unos viejos, por tomar una copa tampoco pasa nada – dijo Marta.

– Venga vamos, que os lo vais a pasar cien veces mejor con nosotros que con los niñatos con los que os juntáis – dijo Julio.

Julio, tenía la misma edad que yo, y era un tío muy divertido. Podías pasarte la noche entera riéndote con él. Yo además le seguía bastante el rollo, así que siempre nos lo pasábamos de lujo.

Fuimos los cuatro a un garito que estaba cerca. Nos tomamos un par de copas cada uno. No parábamos de hablar, hacer el tonto, bailar y lo estábamos pasando genial. Sobre todo las chicas, no estaban acostumbradas a salir con gente algo más mayor de cachondeo, y se notaba que teníamos bastante más rodaje que ellas, y que los chicos con los que solían salir.

Mientras bailábamos no teníamos ningún reparo las agarrábamos de la cintura, pegándola a la nuestra. De vez en cuando, les tocábamos el culo pero no le importaba, se lo estaban pasando como nunca. Julio y yo nos mirábamos, sabiendo que esa noche íbamos a triunfar.

Eran las 3 de la madrugada y el garito cerró. Mientras andábamos por la calle yo iba hablando con Marta, y Julio un poco más adelante con Lucía. Con la tontería iba diciéndole que era una mujer guapísima, y tenía un cuerpo espectacular (era cierto), mientras le agarraba de la cintura, o le pasaba el brazo por los hombros. En un momento que nos quedamos mirándonos, me lancé a su boca y la besé. Volvía a sentir esa sensación de ser el puto amo del universo.

Ella me abrazó por el cuello y yo puse mis manos en su culo, juntándola a mi cuerpo. Nuestros sexos se juntaron a través de la ropa. Se me puso dura en un segundo, volví a apretarla contra mí para que notara el bulto, y lo notó, porque me miró a los ojos mientras sonreía.

Cuando miré hacia adelante buscando a Julio y Lucía, comprobé que ellos también se habían lanzado, y estaban comiéndose la boca mutuamente. Se lo dije a Marta y sonrió al verlo. Mientras nos acercábamos a ellos, vi cómo hablaban algo entre ellos. Al llegar a su altura, Lucía nos dijo que podíamos ir a su casa a tomar la última, que sus padres estaban en el pueblo y no habría problema. Por supuesto, aceptamos su propuesta, y cogimos un taxi hasta su casa.

Una vez allí, nos sentamos en el sofá mientras Lucia nos preparó unas copas. Cuando nos quisimos dar cuenta, nos estábamos enrollando las dos parejas, cada una en un sofá. Miré de reojo a mi amigo, que tenía a Lucía sentada encima suyo a horcajadas. Marta les miró también e hizo lo mismo, se subió sobre mi y agarrándome del cuello me besaba como una posesa.

Tenía la polla a reventar. Metí las manos por debajo de su camiseta, y le subí el sujetador, dejándolo por encima de las tetas. Me encanta cuando tienes a una hembra con el sujetador así. Volví a mirar a Julio que ya tenía una mano metida dentro de las bragas de Lucía, mientras que ella miraba al techo extasiada.

Nunca había vivido una situación tan morbosa. Estuve a punto de decirle a Marta que nos fuéramos a la habitación, pero lo pensé mejor y me di cuenta que una experiencia así no la repetiría nunca, así que le quité la camiseta dejándola en tetas y comencé a chupárselas. Miraba a Julio de reojo que nos miraba mientras seguía masturbando a Lucía. Él también estaba flipando.

Parecía que aquello no tenía vuelta atrás y Julio con la mano libre, le levantó la camiseta a Lucía. Yo, descontrolado ya de lujuria, le cogí las manos a Marta, acompañándolas a mi cremallera. Ella me desabrochó el pantalón mientras se bajaba de mi arrodillándose en el suelo. Sacó mi polla y empezó a masturbarme lentamente con una cara de lujuria que hacía que se me pusiera aún más dura. Le hice una señal insinuándole que me la chupara. No se lo pensó se la metió en la boca.

Miré a Julio, y estaba con la cabeza entre las piernas de Lucía, mientras ella, recostada en el sofá, se acariciaba las tetas. No las tenía muy grandes, al igual que Marta, pero también las tenía firmes. Me centré en el place que me estaban dando. Marta pasaba su lengua a lo largo de mi polla, de arriba abajo, y cuando llegaba al capullo, daba lengüetazos en circulo a su alrededor. Se notaba que había practicado bastante.

Yo estaba decido a hacer todo lo que se dejara, así que la agarré por la cabeza y empecé a empujar hacia abajo, haciendo que se engullera mi polla poco a poco. Dándose cuenta de mis intenciones, me quitó la mano de la cabeza y me dijo que sabía hacerlo sola. Empezó a meterse la polla poco a poco, cuando llevaba más de la mitad, noté que ya le estaba costando, pero aún siguió. Era muy excitante ver como se notaba que mi polla llegaba a su garganta y notar como su cuello se ensanchaba al paso de mi polla.

Se la sacó de golpe dejando un rastro de babas. Esta chica era una zorra de cuidado. Le hice una mueca para que se la metiera otra vez, me sonrío y se dispuso a hacerlo. Mientras miré a Julio que estaba mirándonos y flipando mientras Lucía se la chupaba a él. Ella lo hacía de una manera más normal. Julio me sonrió, agarró de la cabeza a Lucía y comenzó a mover la cadera… estaba follándole la boca. Lucía no protestaba, simplemente puso su mano en la base de la polla de Julio para que no se la metiera demasiado.

La imagen de tener a Marta con mi polla completamente dentro de su boca, con sus labios tocando mi pubis, mientras Julio se follaba la boca de su chica con una mano en la nuca y la otra recogiéndole el pelo se quedará grabada en mi retina para siempre.

Ya no aguantaba más, necesitaba penetrar a esa chica. Me levanté y la puse sobre el sofá a cuatro patas. Tomé mi polla y con la punta, empecé a tantear su coño. Pasaba la punta de mi polla sobre su clítoris, de arriba a abajo, ella gemía cada vez más fuerte. No tenía condones, no sé si ella me diría algo por metérsela a pelo, y tampoco tenía ganas de preguntarle, estaba demasiado excitado.

– Venga, por favor – me dijo Marta mientras giraba la cabeza mirándome a los ojos.

– ¿De verdad la quieres? – le contesté.

– Siiiiiii, por favorrrrr – me suplicaba

Confirmé que ella estaba más cachonda que yo así que no aguanté más y se la clave de un golpe hasta el fondo. Dio un gemido que hizo que nuestros amigos nos miraran. Julio tampoco se lo pensó y puso a Lucía sentada en el sofá, se puso de rodillas entre sus piernas, y cogiéndola la atrajo hacia él. Se la metió sin ningún miramiento. Comenzó a bombear mientras le estrujaba las tetas. Lucía también gemía como una loca.

Yo agarré fuerte de las caderas a Marta y notando que ya iba a terminar, empecé a empujar más fuerte. Era muy excitante notar cómo se escuchaban los gemidos de los cuatro junto a los golpes de cadera de ambas parejas.

Marta empezó a hacer gemidos más cortos y rápidos, mientras arqueaba la espalda. Creo que se estaba corriendo. A mí me faltaban segundos.

– ¡Me voy a correr en tu coño! – le dije agarrándole el pelo con una mano y tirando hacia atrás.

– Haz lo que quieras pero no pares ahora – me contestó

Volvía a agarrarla de las caderas y a empujar como un poseso. Ella tenía los ojos en blanco del placer que estaba sintiendo, cuando noté que empezaba a eyacular. Eché un primer chorro dentro acompañado de un grito afónico, a continuación otro, y otro y otro… Me estaba corriendo como nunca lo había hecho. Ella se había desplomado sobre el sofá, excepto por el culo en pompa que yo levanta con mis manos.

Cuando terminé de correrme, me desplomé sobre ella y le di unos besos en el cuello. Seguía con la polla dentro de ella, y en esa postura miramos a nuestros amigos, y vimos como Julio aceleraba sus embestidas, en la misma postura que estaban antes pero con las piernas de Lucía levantadas y apoyadas en sus hombros.

Supongo que al haberme visto correrme dentro de mi acompañante, a él se le quitaron las dudas e hizo lo mismo. Golpeaba aún más fuerte con sus caderas en la parte posterior de los muslos y el culo de Lucía, cuando miró al cielo y empezó a resoplar. Bajó el ritmo, pero manteniendo la violencia en sus embestidas. Se estaba corriendo. En cada golpe de cadera salía un chorro de semen disparado en lo más profundo del coño de Lucía.

Yo seguía tumbado sobre Marta, con mi polla aún dentro. Seguía teniéndola dura, no me extraña, con la excitación que tenía encima, tendría que correrme dos o tres veces para calmarme. Me incorporé mirando como mi polla salía del interior de Marta. Ella se levantó un poco también, y empezó a salir de su coño un chorrillo de semen que caía en el sofá:

– No te preocupes que tomo precauciones – me dijo sonriendo

– Estupendo – contesté

Nos sentamos en el sofá. Nuestros amigos hicieron lo mismo. Empezamos a comentar lo sucedido. Ninguno había tenido una experiencia similar, y a todos nos había gustado. Tras limpiarnos, seguimos con las copas y más sexo durante toda la noche.

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