El amigo de mi hermano II

– “¿Mejor que mi hermanita”? – Pensé. ¿Qué pasaba aquí? Acaso el chico que me acaba de poner a 100, de recorrer cada cm de mi cuerpo y también había hecho lo mismo con mi hermana. Sin embargo, la idea de que hubiese estado con mi hermana me cabreaba y me excitaba a partes iguales.

Pasó una semana y no volví a saber más Marcos.

Hasta que un día mientras me encontraba tumbada tomando el sol.

– Plaaaaaasss. – Sonó como alguien me daba una tremenda nalgada, dejándome el culo rojo.

– Ahhhh – Grité yo, girándome para ver quien me había nalgueado, observando que había sido Marcos. ¿Pero que hacía él otra vez en mi casa? ¿Y si nos pillaban? La otra vez estuvieron muy cerca y hoy además también estaba mi madre en casa.

– ¿Que ha sido eso? – Pregunto mi madre preocupada desde dentro de la casa.

– Nada mama, Marcos y yo hemos chocado las 5. – Fue la mejor excusa que se me ocurrió, y coló.

– Ni se te ocurra empezar con el jueguecito de la semana pasada eh. – Le dije.

– Vaya yo que me había venido un poquito antes para jugar contigo…

– Eres amigo de mi hermano, comportate como tal y vete con él.

– Pero es que a mi me gusta jugar contigo. Me lo decía mientras se sentaba a mi lado y empezaba a rondar con sus dedos mi culo. – Seguro que esto te esta gustando, y seguro que te mojaste toda cuando te di el cachete. – Pasando su dedo por la zona del bikini de mi rajita y comprobando que a estas alturas un poco mojado si estaba.

Él sabía que a mi me estaba gustando y puesto que no decía nada y no ponía resistencia echó la braguita a un lado y empezó a acariciarme mi coñito, luego me metía un dedo, acariciaba mi clitoris, me volvía a meter dos dedos, e incluso me presionaba el ano con otro dedo.

– Como te gusta eh, guarrilla. – Recalcando lo de guarrilla. Bajando mi braguita a la altura de mis rodillas.

– Mmm… siii. – Fue lo único que conseguí responder.

Aunque mi cabeza a pesar del placer, se preguntaba como me dejaba hacer y llevar por este muchacho, y como era posible que habiendo tanta gente en casa nadie nos pillase…

– Bueno zorrita, te dejo que tu hermano me debe de estar esperando. – Volviendo a hacer hincapié en lo de zorrita. Despidiéndose de mi dándome rápidas nalgaditas en mi culo expuesto al aire.

Y allí me quedé yo tirada, tomando el sol, y empapada. Me dormí.

Al rato me despertó mi madre histérica

– ¡Ángela que tenemos invitados! – Gritaba mi madre.

– ¿Ya y que? – No entendía porque me gritaba, estando las dos tan cerca.

– ¿Como que y qué? Me parece muy bien que no te gusten las marcas del bikini, pero al menos cuando haya invitados no te desnudes.

En ese momento recordé que después de que Marcos me hiciese correrme no me volvió a subir el bikini, y solo pude responder con un “lo siento mama”. Me subí la braguita y avergonzada seguí tomando el sol.

Al rato aparecieron mi madre, mi hermana y mi hermano y su amigo, dispuestos para bañarse. La primera en salir fue mi madre, que llevaba la braguita de su bikini un poco descolocada, me extraño un poco pero tampoco le di muchas vueltas.

Al rato salieron los otros tres y se tumbaron conmigo a tomar el sol. Cuando ya llevabamos un rato tostándonos bajo el sol fueron mi hermano y Marcos a por unos refrescos para todos. Cuando los traían, Marcos me dió el mío, diciéndome:

– Hay que ver como sois las mujeres de tu familia, se os pegan y os manosean y no decís ni mu. – Me dijo al oído.

¿¿¿¿Cómo??? ¿Que habría hecho con mi madre en el agua? ¿mi hermana, yo y ahora mi madre? No entendía nada.

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