El baño

Entro sigilosa en su habitación, me siento en la cama y la observo dormir. No me atrevo a ponerle una mano encima, necesito pedirle permiso a sus ojos abiertos. Así es que permanezco sentada a sus pies mirándole unos minutos, exalando deseo.

– ¡Buenos días perezosa. He traído unas rosas para el baño”.

El sol entra por la ventana mientras nos desnudamos para meternos en la bañera. Deshago sobre el agua las rosas que he cortado del jardín y los pétalos flotan entre nuestros cuerpos.

Me gusta contemplarla desnuda como una Venus impúdica, Ella no dice nada mientras la miro. Sólo sonríe traviesa y mientras me acaricia los pezones con sus delicadas manos, yo contemplo embelesada sus hoyuelos.

Hago como si le lavara la espalda, pero me olvido de la esponja y aprovecho para tocarla del cuello al culo. No necesito disimular. Ella me enseñó a tomar el baño de esta forma tan deliciosa, así es que mi actitud es sólo una pose para que dure más. Pero ella tiene su propio sentido del ritmo y sus dedos ya se enredan en el vello de mi sexo mientras su boca juega con mis pechos.

Yo la retiro un poco: no tan deprisa, quiero que dure más. Pero sé que no puedo luchar contra su apetito y mis ganas y me dejo hacer mientras me saca a rastras del agua y me ayuda a tenderme sobre un montón de sábanas secas.

Se tumba a mi lado y pega su cuerpo al mío. Nos besamos, nos hacemos cosquillas y nos acariciamos. Hace un segundo estaba mojada, pero ahora mismo sólo es mi sexo el que está húmedo. Hunde su lengua en mi vagina, me relajo y me dejo hacer. Sé que estoy limpia, que huelo bien, que le gusta, que disfruta como lo haré yo dentro de unos segundos cuando pueda meter mi boca entre sus piernas.

Adoro su coño. Es tierno y rosado, pero sus labios son enormes y cuando se pone de pie sobresalen de su vello rizado, tupido, negro. Estoy al borde del orgasmo. Mis dedos se crispan aferrándose a las sábanas y dejo que su boca se llene de mi flujo. Un segundo después de correrme no consiento abandonarme a la inconsciencia y rápidamente maniobro para colocarme de tal forma que sus pechos y su sexo sean míos. Beso su delta de Venus, aspiro la fragancia del jabón con notas de rosa. Sus labios están tan hinchados y tan húmedos que no la hago sufrir más y penetro su coño con mi lengua.

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