El calor de una madura

Y por fin llego diciembre, mes que en Argentina empiezan los
primeros calores, en mi ciudad, Miramar, la gente mayor aprovecha para ir a la
playa, todavía no muy concurridas, pues no ha comenzado el verano y los
adolescentes siguen concurriendo a la escuela.

Harto de ver televisión, me pongo la maya y voy a la playa,
habría unas siete personas.

A lo lejos, divise una mujer de unos 63 años, que tomaba sol,
vestía una maya enteriza , y tenia un cuerpo escultural que el paso de los años
no habían podido marchitar , unos pechos enormes y unas caderas grandes, que me
hicieron poner al palo. Me situé cerca con la sola idea de mirarla, al poco
tiempo de mirarla, ella me devolvió la mirada, Me acerqué con la tonta excusa de
preguntarle la hora, y agregue lindo día, si me respondió ella, y comenzamos a
conversar de temas generales, me contó que se llamaba Cristina y era viuda.

Me preguntó si estaba esperando a mi novia y le dije que no
tenia, me dijo que debía ser duro para un hombre joven estar sin una mujer, le
pregunté a que se refería, me refiero al sexo, hasta yo que tengo 65 años tengo
deseos sexuales, dijo Cristina,

En tono de broma le dije que mi amiga manuela me solucionaba
el problemita, en franca alusión a la masturbación

Odio que se desperdicie un hombre, dijo, clavándome la
mirada, sobre todo con tanta mujer necesitada

Si conoces alguna avísame, dije yo.

¿ te gustan las mujeres mayores?, dijo, mientras apoyaba sus
manos en mi entrepierna, no me contestes, tu tremenda erección, ya me contesto y
agregó vivo cerca y en casa nos podemos divertir mucho.

Entonces no perdamos tiempo dije yo, apenas traspasamos la
puerta de su casa, me acaricio las mejillas y me besó, su lengua calida
serpenteaba en mi boca, mis manos bajaron a sus caderas y mis dedos se hundieron
en su ardiente vagina, que se encontraba empapada de tanta excitación, un
suspiro de placer escapó de sus labios.

Se sacó la maya y su cuepo desnudo quedo a la vista, el
tiempo había sido muy generoso con ella y sus anchas caderas lejos de
disgustarme me excitaba mas y mas. Se arrodilló ante mi, tomó mi miembro erecto
y mojado de liquido preseminal y lo envolvió con su boca ardiente, su lengua
subía y bajaba y se detenía en el glande, me llevaba a la locura, no aguante mas
y eyacule en su boca, Cristina tragó todo mi semen, luego dijo viste como la
abuelita se traga tu lechita, también me la voy a tragar por la cola bebito

Se acostó en la cama y empecé a chuparle la concha, primero
pasé mi lengua por los labios mayores de su vagina, y hundí mi lengua en busca
del clítoris, lo presionaba con mi lengua, mientras ella, me acariciaba la nuca
con sus dedos y jadeaba y pedía ser penetrada, la puse en posición y de un solo
golpe la penetre, la cabalgaba con furia, con frenesí , sus músculos vaginales
me ordeñaban el pene y el calor de esa vagina era único, no aguante más y
eyacule, tuve un orgasmo impresionante, se me aflojaron las piernas

Nos quedamos en la cama besándonos con pasión y ternura, era
insaciable y yo estaba completamente entregado, hubiera hecho todo lo que ella
me hubiera pedido

La acosté boca abajo y empecé a hacerle masajes en la
espalda, ella correspondía con suspiros a cada beso que le daba en la nuca, mi
lengua recorría toda su espalda de arriba hacia abajo, en un momento me detuve
en su cola y pase mi lengua por su orificio anal, nunca lo había hecho y me
pareció algo muy sensual, tomé un pote de vaselina e introduje un dedo en su
ano, luego dos, con mi otra mano le estimulaba el clítoris, ella me respondía
con frases obscenas, me decía rompele el culo a la abuelita, vamos ,vamos , si,
si ,ha, ha ha mi miembro había alcanzado un tamaño descomunal, apoye la punta de
mi pene en su orificio y empuje hasta que entró todo, empecé a moverme despacio,
y luego a un ritmo intenso, los gritos y jadeos de Cristina iban en creyendo,
hasta que acabó de una forma estrepitosa al segundo eyacule yo, mi miembro
estaba enrojecido de tanto sexo. Nos encontramos seguido e inclusive me presento
a unas amigas, una de ellas de 71 años tan fogosa como ella, por eso cuando veo
una mujer madura, trato de llevármela a la cama, el esfuerzo vale la pena

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