El Desconocido Del Metro

Cuando logré darme cuenta la mano de Estéban estaba en mi muslo, sólo supe su nombre después de despertarme…

Iba en un colectivo, desde mi casa hasta la estación del metro, debía agarrar el primer tren si quería llegar a tiempo al trabajo, eran las 5:30. Pensé: Llego a la estación, agarro el tren, son 20 minutos, llego a la transferencia, pongamos que la espera, más el recorrido sean 2 horas… Llego a tiempo. En eso estaba cuando sentí la mirada de un jovencito, unos 20 años a lo mucho, que me observaba desde otra de las filas de espera para abordar el tren. Me dije: No le prestes atención, es sólo un niño.

Abordo el tren, y resulta que el niño toma un asiento junto al mio. Me sonríe, le sonrío de vuelta, me abrazo a mi morral, cruzo la pierna derecha sobre la izquierda y me dispongo a tomar una siesta hasta llegar a la estación donde debo bajarme, es el final del recorrido.

Al cabo de un rato empiezo a soñar que estoy recibiendo un masaje, bastante erótico por decir algo. Y de pronto siento como en mi pierna izquierda, en la realidad se desliza una mano como buscando mi entrepierna… ¿Qué rayos? Al abrir los ojos, era el joven, me dijo: Disculpa, pero es que no pude aguantar las ganas, me gustas… Me llamo Estéban, ¿A cuál estación te diriges? Eso no es de tu incumbencia, le respondí. El apartó la mano, me miró con cara de decepción. ¿Qué edad tienes Estéban? 25, sé que aparento menos, pero aquí está mi identificación, si lo deseas comprobar… Vivo solo, cerca de la última estación, podemos ir y conocernos… No me has dicho tu nombre… Alfonso, le respondí. Me encanta tu oferta, pero debo ir a trabajar, además, no me parece justo, si quieres, anota mi número de móvil, y me escribes después de las 14:00. Anotó y al ver, estábamos y próximos a llegar a la estación donde debía bajarme. Me despedí de él y me fui a trabajar.

El trabajo estuvo flojo, trabajo en un callcenter y no había llamadas. Al salir, enciendo mi móvil y recibo un mensaje: Hola Alfonso, te espero en el café de en frente a la estación. Estéban.

Sonreí, y fui al café… él estaba ahí, le saludé, vi que se había arreglado un poco, se lo hice saber, se sonrió. Le pregunté: ¿Por qué yo? Había sopotocientos hombres en la estación y me viste a mí… EL sonrió y me dijo: No me gustan los que me coquetean, sólo los duros de roer.

Levanté una ceja y me le acerqué a decirle: ¿Sabes que puedes estar jugando con fuego? Si, me respondió, pero no presumas de tu fuego si no has conocido como ardo yo… Así nos fuimos a su casa. Vivía en un apartamento modesto, dos habitaciones pequeñas, en una estaba su laptop, junto con el televisor, su consola de videojuegos, y otras cosas más de entretenimiento. Luego estaba su cuarto, bien ordenado, inmaculadamente aseado. Todo organizado con esmero, y no me van a decir que en 6 horas él solo hizo todo eso. La cocina, era pequeña, pero muy limpia y ordenada, el baño también.

Lindo lugar, le dije. Si, mi madre lo decoró antes de morir, vi sus ojos apagarse… casi como si fuera a llorar, le extendí los brazos y se acercó. Lo abracé fuertemente y le dije: Sé lo que es eso… Pero hay que seguir adelante. Dime, ¿quieres que conversemos, comemos algo, o de una al cuarto? Tengo sentimientos encontrados Alfonso, no quiero ser aguafiestas, pero no es algo que haga con frecuencia. En realidad decidí abrirme a esto de estar con hombres hace unos meses. Antes, sólo era con mujeres, pero tras desengaños reiterados, decidí alejarme de ese “mercado” y probar cosas nuevas. No es mucho lo que he experimentado, pero si he experimentado todo. Cuando digo no es mucho, es que han sido dos o tres hombres con quienes he estado, pero todos me han tratado como si fuera una puta… no sé si me explico… Asentí con la cabeza. Él prosiguió: Han venido, me ponen en cuatro patas, me meten hasta lo que no son bolas, y luego sacan, se quitan el condón, y se van apurados. No quiero seguir en eso, quiero saber si hay posibilidad de conseguir alguien con quien compartir más que sólo eso. Ya no quiero ser utilizado.

Yo estaba asombrado por lo que me contaba. ¿Y… ves posibilidad de eso en mi? Si, desde luego, de lo contrario, no estarías aquí. Eres mi último cartucho. Espero no equivocarme. Espero no te estés equivocando Estéban, le respondí. Me ofreció café, bebimos sendas tazas, luego de unos cigarrillos y conversaciones me dijo: ¿Quieres darte un baño? A lo que le pregunté: ¿Huelo mal? Jajajajajaja no vale, sólo que hace calor… me respondió. Anda, yo pongo a lavar y secar tu ropa…

Me desvestí, entré a ducharme, al rato entra Estéban al baño y me dice: Con permiso… Recogió mi ropa, se la llevó y escuché la lavadora… al rato oigo la tv encendida, esto es para rato… pensé…

Salgo de bañarme, envuelto en la toalla, y me dirijo a donde está mi anfitrión. ¡Listo! Le digo. Ven, estoy empezando a ver una película, aquí estaremos bien un rato. De hecho, ya la he visto un par de veces y me gusta… Si no es inconveniente, yo también voy a ducharme. Se levantó, me quedé solo en la sala de entretenimiento, al poco tiempo oigo el agua de la ducha correr, y me dispongo a ver la película, trataba de dos militares, uno cincuentón, y uno de unos veintidós, el general, le dice al teniente que debía ser mas aseado, que debía tener más cuidado en su imagen personal, y poco a poco empieza a desvestirlo, reprochándole lo mal que estaba su uniforme… el muchacho al verse desnudo, sólo en unos bóxer blancos, se siente apenado, y cuando intenta recoger la ropa el maduro le ordena que lama sus botas… el muchacho empieza a lamer las botas de su superior mientras este le dice que ya se imaginaba lo sumiso que era… luego, le ordena ir quitándole el uniforme, empezando por las botas, el cinturón de campaña, y así le fue ordenando lo que debía hacer. Hasta quedar también en unos bóxer blancos igual que él, no se quita la gorra, su cuerpo peludo y musculado contrasta con la imagen del joven que somete, eso me gusta… y a mi entrepierna le entra un cosquilleo.

Estaba concentrado en la película y no me di cuenta de la presencia de Estéban, quien me dice: Veo que tenemos los mismos gustos… ven. Lo sigo a su cuarto, y él se acuesta sobre la cama, boca arriba. Ven, me dice nuevamente. Me quito la toalla, y mi verga apunta al techo, como nunca, ese muchacho me puede hacer perder el control. Es impresionante lo bello que es, desnudo, vestido, sus modales, sus hábitos, me encanta. Me lanzo encima de él, y nos fundimos con un beso, su barba y la mía se rozan, me da cosquillas, pero negar que me gusta es absurdo, acaricio su pecho, su abdomen, sus huevos, su verga, su culo, bajo hasta su verga, me la meto en la boca, le doy una mamada que lo hace gemir muy sonoramente, casi a punto de gritar, en una de esas dice: Papá, lámeme el culito, anda, lámele el culito a tu nené… le sigo el juego, no lo interrumpo, y le levanto las piernas, el abre sus nalgas y me expone el más hermoso hueco… meto mi lengua hasta más no poder y el grita como un loco: ¡Si! ¡Si! ¡Si!… Dame más papá, los dedos, mete dedos en mi culo, que me voy a correr…. Le zampo dos dedos de una vez, y grita… Aaaaaaaaaay…. ¡Coño! ¡Duele! Yo le suelto un: ¡Cállate la boca cabrón! Tú querías esto, ¿lo olvidaste? El gemir se repite, intenso… le meto otro dedo y se mueve como una culebra. Cuando me percato tiene en una mano un envase de lubricante, me lo pasa, y me unto en la mano… así voy dándole más y más a ese culito delicioso. Que no deja de pedir. En eso mi compañero se retuerce otra vez y saca un condón, lo destapa y me dice: ¡Cógeme! Me lo pongo y de una vez le meto todo, hasta las bolas, él se pone rojo, y le salen lágrimas, pero no dice ni pio.

En eso estamos cuando de pronto siento su culo contraerse, veo sus bolas subirse y explotar como un géiser de semen que se esparce por todo su torso y llega a su cara… lamo lo que ha emanado de este niño, y le digo: ¿Dónde quieres la leche de papi? En la boca, me dice poniendo sus ojitos como de cachorrito… me salgo de su culo, tiro el condón, y lo pongo a mamar… esas mamadas que enamoran, esas mamadas profundas que hacen cosquillas en la cabeza de la verga con el roce de la garganta abriéndose… y él respiraba con tranquilidad a pesar de todo… unos minutos después le digo: Mierda! Voy a acabar hijo…. Bebe la leche de papi… AAAAAAAAAaaaaaaaaaaaaaahhhhh…

Bebió cada gota como si su vida se fuera a acabar si no lo hacía. Me quedo ahí tendido junto a él, él aún con mi verga en su boca, hasta que fue bajando la erección, yo me conozco, después de una buena corrida, viene una buena meada, y esta vez no sería distinto. Intento zafar mi miembro de su boca, y él no deja. Me estoy meando le digo, él se encoge de hombros, y dejo que las cosas sean… Suelto mis meaos en su garganta, él los disfruta, los traga, después los saborea, y me dice: ¡Eres el mejor! Nos abrazamos, nos besamos y nos dormimos.

Al rato me despierto, ya era de noche, oigo ruido en la cocina, y veo que viene con una bandeja de comida: Para mi semental, me encantó estar contigo, y quiero más… pero come para que repongas fuerzas. Comimos, después otra ducha, y a la cama nuevamente. No pasaron 10 minutos cuando ya estaba erecto otra vez… él se percata y se pone a mamar, de lo más natural, como si lleváramos años en esto, como si me conociera. Lame mis bolas, las chupa, me muerde la cabeza de la verga, ufffffffff…. Que delicia… Me dice: ¿A papá le gusta lo que hace su nené? ¡Mucho! Le respondo. Coloco mis manos detrás de la cabeza y lo dejo hacer lo que desee… pellizca mis tetillas, las lame, las muerde, me besa el abdomen, me vuelve a mamar la verga, las bolas, y de pronto decido darle más acceso, me acomodo para que me lama el culo… él me mira dudoso, y le guiño un ojo, se pone a lamerme el culo como nunca nadie lo había hecho, todo un experto… Que divino sentir esa lengua taladrando mi ano, sin mediar palabras, me mete un dedo, tímidamente, al ver que me acomodo, mete dos, luego tres… uffffffffff…. ¡Que rico! Busca el lubricante y un condón, me embadurna bien el culo, se pone el condón, lo unta bien, y para dentro.

Sus movimientos sinuosos, casi como una serpiente, me hacen prácticamente desmayar de placer… y al cabo de unos veinte minutos dice: ¡Papá! ¡Papá! ¡Me corro! Lo halo hacia mí lo beso y siento su verga convulsionando dentro de mi culo, su abdomen aprisiona la mía contra el mío, su sube y baja me hace acabar también… Aaaaaaaaaaaaaaaaaahhhhhhhhhhhhh gritamos los dos. Y nos quedamos ahí, abrazados, hasta dormirnos.

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