El establo y mi virginidad

Actualmente se que cometí una imprudencia, yo era el hijo del jefe y José solo un trabajador, él perdería mucho más que yo si se descubría lo del río por eso había tomado una nueva actitud conmigo.

Lo días fueron pasando y quería estar con José pero él se negaba. Yo debía disimular que quería algo con él pero era tan difícil, lo que me llevo a ignorarlo aunque lo que sentía adentro era un fuego que me estaba quemando.

Esas imágenes en el río no me abandonaban, imaginaba de nuevo su guevo duro y ahora no solo en mi boca sino en mi culo, cada vez que pensaba en esa vez terminaba botando la leche.

Casi un mes de aquel momento tan excitante en el rio, yo estaba bastante frustrado con José y eso hizo que mi excitación subiera y que las pajas ya no fueran suficientes.

Unos de eso días, creo que era martes entré al establo a echarle comida a los caballos y burros, me encontré a ese treintañero que me había quitado el sueño, andaba sin camisa mostrando sus pectorales llenos de pelos y aquellos músculos en sus brazos.

Yo no quería mirarlo, él me descolocaba es como si mi excitación no la calmaran mis pajas y el tenia la cura para ese sobrecalentamiento que estaba sintiendo pero hasta no tenerlo solo elevaba lo que estaba sintiendo.

-Buen día Toñito-Dijo José bastante amigable pero no consiguió respuesta de mi parte-No seas así carajito, tu sabes que es una locura.

-Si tu jefe se entera también es capaz de matarme a mí, me dijiste algo en el río y pensé que lo mantendrías.

-Toñito recuerda pueblo chiquito, infierno grande.

-Nadie se debe enterar, eso está más que claro, ojala que no sintiera esto pero ya estoy cansado y siempre que te veo término haciéndome una paja- Salió de mi boca y quede sorprendido de ello.

El ambiente estaba tenso, yo seguí con lo mío, le echaba la comida a los animales y lanzaba las cosas en su lugar. José me observaba pero era incapaz de decirme algo más.

El día transcurrió lento aunque los trabajadores iban y venían haciendo su trabajo con más entusiasmo que nunca ya que faltaba un día para las fiestas del pueblo.

Ese mismo día, acabando la faena se acerco a mi José con una gran sonrisa dejándome algo desconcertado.

-Prepárate que mañana, nos vemos a las 11 de la noche en el establo abandonado cerca del río.

-Está bien, nos vemos-Disimulando lo que sentía porque realmente quería brincar sobre él aunque lo único que brinco fue mi verga.

Mi cara seguía algo seria aunque una muy leve sonrisa me delato, directamente fui a mi cuarto y brinque como loco. Cerré la puerta y sin importar que mis padre o abuela me llamaran, me tumbe en la cama y empecé a menearme mi verga con una mano y con la otra me acariciaba el culo, hasta que acabe bañándome en semen, pecho y hasta la cara.

Había llegado el día luego de una noche sobre exaltada con sueños que me dejaron mas excitado en la mañana. Había soñado con un toro furioso violando a un caballo que no podía escapar pero no podía recordar todo y algo con una vaca joven.

Al despertar, una emoción corría por mi cuerpo aunque trataba de mantenerme sereno.

Salí con mis amigos del liceo un rato, luego mi madre y abuela quisieron que fuera a la misa cosa que me hizo mucho más lento el día y eso sumado a los quehaceres de siempre que me estaban desesperando, tenía que acomodarme bien la verga a ratos para que nadie notara la excitación que cargaba ese día.

Al anochecer mis padres salieron al pueblo a disfrutar de las fiestas, mi abuela se había quedado conmigo lo que complicaba un poco las cosas ya que yo había inventado que estaba enfermo.

A las 10:55 pm salí casi que volando por la ventana, cuando llegue al establo no había nadie. El silencio de la noche elevaba mis pensamientos y pensaba que José no llegaría.

Fue un largo rato el que espere casi dormido hasta que escuche unos pasos, me escondí y viendo por una rendija apenas pude ver a José sudado y algo agitado.

-Aquí estoy-Le dije.

-Toñito que alivio, disculpa que haya llegado tarde no encontraba como escaparme de la fiesta-Dijo con la respiración agitada.

-Yo acabo de llegar, tranquilo-Mentí.

Con la poca claridad que nos daba la luna, pude notar que venía con una camisa con algunos botones desabrochados y una franelilla abajo. Estaba bastante sudado y tenía un olor que me servía de afrodisiaco aunque no lo necesitaba.

Nos acercamos y sin esperar nos dimos un beso, que no tenía nada de delicado sino lo contrario. Nuestras lenguas jugaban como locas y hasta algunas mordidas a los labios lo que me ponía mas a su merced. Pude notar el sabor a ron en la boca de José.

Con sus grandes y fuertes manos empezó a tocar por debajo de mi pantaloncillo mis nalgas y con un dedo la entrada de mi ano.

Yo acariciaba su abdomen, los músculos de su brazo que tanto me excitaban y su verga que salía por encima del jeans botando el líquido preseminal.

José estaba fuera de sí, me empujo a una pared de madera y agarrándome de los muslos me levanto, empezando a restregarme su paquete en el mío que ya estaba duro.

Sus besos salvajes me tenían casi sin respiración, yo desabroche su jeans para acariciar mejor aquel pedazo de carne largo y caliente que tanto había deseado.

Me soltó para bajar su pantalón y ropa interior completamente, yo hice lo mismo. Con sus manos me empujo hacia abajo, tuve que arrodillarme hasta tropezar con su verga que tenía un olor fuerte a sudor.

Esa noche José no era el mismo, aquella vez en el rio estaba excitado pero mantenía cierta serenidad que me tranquilizo pero esta vez era diferente, esta vez si venia por mí boca y mi culo deseoso de ser desvirgado.

Me la metí en la boca, probé el salado de su sudor y pre seminal lo que me excito más.

Comencé a masturbarlo con mi mano mientras mamaba la parte de su verga que podía tener en mi boca. José cada vez aumentaba su ritmo dejándome a veces sin respiración y no podía ni quería huir de ese macho.

Hizo que me levantara y me dio un beso tan sabroso que me hizo dejar atrás al inocente Toñito. Tomo de mi mano y me dirigió a un cuartico donde antes estaba la reserva de comida para los animales aunque todavía quedaban algunos sacos, yo mientras tanto con mi otra mano le masturbaba la verga.

Masturbaba aquella enorme verga llena de mis babas que palpitaba, ya el momento de la verdad se estaba acercando y yo no hacía más que desearlo.

-Mámamela-Ordenó José-Si quieres ser mi perra entonces vas a tener que aprender.

Ya en el pequeño cuarto, me volví a arrodillar y volví a meterla. Mis babas corrían por sus bolas y mi cuello, trataba de meterla lo más adentro posible para darle placer a mi macho.

José me agarro por la parte de atrás del cuello y empezó a meter su verga, ahora sí, hasta el fondo lo que me estaba provocando arcadas.

-Así, una buena perra tiene que tragársela toda-Me decía mientras gozaba de mi boca inexperta.

Ese macho estaba fuera de sí mismo, metía su verga lentamente hasta el fondo y luego la sacaba sintiendo cada rincón de esa verga en mi boca y garganta por un rato.

Saco su verga de mi boca y con sus manos, hizo que me colocara en los sacos que servían de cama dejando mi culo parado y listo para que me cogiera.

Pensaba que me iba a penetrar pero no, era su lengua ahora la que besaba mis nalgas, sentía como su lengua quería entrar más y más en mi, sentía su barba raspándome las nalgas y sus dedos que llenos de su saliva iban y venían en mi agujero.

Me levanto para darnos otro beso con sabor a culo pero inmediatamente me empujo, caí en los sacos y luego el encima de mí. Nos volvimos a besar sintiendo esas cosquillas en la lengua que me volvían loco. Luego quito mi camisa al igual que la de él y empezó a morderme y mamarme las tetillas casi haciéndome gritar de dolor y placer.

Beso cada rincón de mi pecho, axilas, abdominales hasta llegar a mi verga que seguía tan dura como al principio. Abrió más mis piernas, coloco especie de una grasa que saco de un lado de los sacos y la puso en mi culo y acomodándose, enseguida sentí su lanza apuntando a mi culito virgen.

Aunque estaba excitado no les puedo negar que estaba muy nervioso, había soñado una y otra vez que él me desvirgaba pero la realidad era diferente y José estaba fuera de sí.

Iba metiéndola lentamente haciéndome sentir un dolor casi insoportable y aunque trate de alejarme el me sujeto fuerte, inmovilizándome hasta que su verga llego a cierto punto que realmente me sentía lleno y con bastante dolor.

-sácalo José, me duele demasiado.

-Tú querías guevo entonces vas a tener guevo así llores y patalees-Susurro a mi oído con autoridad.

Sentí su pelvis chocar con mis nalgas, no podía hacer nada, estaba absorto al placer extraño y ese dolor que hacia mi cuerpo convulsionar. Nuestros cuerpos estaban bastantes sudados y eso que apenas estaba comenzando.

-Ay José, con cuidado…. Ay-Gemía.

Sentía como su verga entraba y salía lentamente pero igual me dolía, cada movimiento amplificaba las sensaciones, José empezó a masturbarme hasta que sintió que mi verga estaba dura de nuevo y comenzó a ir y venir más rápido.

Agarro unas de mis piernas y levantándola siguió con sus embestidas, yo estaba sintiendo toda esa verga de mi macho en mi culo. Nunca había sentido algo asi, a pesar de sentir dolor lo mezclaba con ese placer tan extremo y solo queria estar a merced de ese macho.

-Ay José ay, ufff

Agarro mis dos piernas y las unió, aumentando la fricción haciéndome gemir más fuerte. Este macho me estaba volviendo loco.

-Te gusta Toñito, yo sabía que te iba a gustar, de ahora en adelante vas a hacer mi puta

-Si, me gusta tu verga, me gusta ¡ay!

-Yo sabía que tu iba a ser mi puta, vas a tener que poner el culo y tomar mi leche cuando yo quiera-Decía José fuera de sí mismo-Ponte en 4.

Agarro mis nalgas, apretándomelas fuertes y de una metió su verga.

-AHHHHH JOSÉ

-Tu querías guevo ahora aguanta que esta noche te voy a coger las veces que quiera y como quiera.

El establo se llenaba de los sonidos de la pelvis del moreno con las nalgas mías, estaba como un toro José.

Las sensaciones eran tan fuertes y habían sido tan prolongadas por ese macho que sentía que yo iba a acabar sin tocarme.

Mis brazos no pudieron resistir más por la fuerza de penetración y caí directamente contra los sacos y con la cintura levemente levantada dándole mejor acceso a José que estaba hecho un loco en mi culo.

-Ay así José así, me vas a matar.

Mis nalgas revotaban contra su pelvis, algo incomodo por el tamaño de la herramienta pero a la vez placentero. José no bajaba la velocidad en ningún momento y de verdad sentía que iba a acabar.

Sus movimientos eran tan bruscos que me agarraba de los sacos para no chocar contra la pared.

-¿Quién está ahí?-Se escucho la voz de Teodoro el vigilante de la hacienda.

José me tapo la boca con una de sus manos y me dejo su guevo adentro, se acostó encima de mí y con una tela que había cerca nos tapo.

Me seguía penetrando suavemente sin hacer nada de ruido, los perros llevaban ratos ladrando y aunque estábamos excitados también estábamos nerviosos.

De repente se abrió la puerta del cuarto donde estábamos y Teodoro levantó la tela.

-Pero que carajos ¡TOÑITO! ¡JOSÉ!.

-Yo te lo puedo explicar-Respondió José que de un salto ya estaba frente al vigilante.

-Yo… noo…-Balbucee.

-Coño Teodoro, yo sé que es…

-Yo no quiero que me expliques nada-Interrumpió Teodoro agarrándose el guevo duro debajo de su jean-Tengo rato escuchándolos y quiero unirme a cambio de no decir nada.

José al principio se quedo sorprendido pero luego agarro la mano de Teodoro y la puso en su verga que estaba lleno de nuestros líquidos mientras lo masturbaban, el saco la verga del vigilante que según lo que pude ver por la poca luz era impresionante tenía un glande enorme rojizo.

-Hazle un cariñito con la boca José-Ordeno Teodoro.

Pensándolo un momento, mi macho se agacho y se metió esa verga en la boca.

Yo aproveche también y me coloque al lado de mi desvirgador, para mamar juntos esa cabeza impresionante y luego yo chupaba las bolas mientras él se encargaba del tronco.

-Este machito que se cogía las empleadas en el monte y ahora me anda mamando el guevo. Que putas son ustedes-Gemía Teodoro.

-Cuidao con lo que dices Teodoro-Replico José.

-Tranquilo Joseito, yo no diré que eres un maricon-Respondió Teodoro.

Ese macho cincuentón con su piel rojiza se veía imponente frente a nosotros, el campo lo había transformado en una mole.

José algo molesto acostó al vigilante en los sacos y le saco el pantalón, la mamada seguía en un dueto aunque luego de un momento bastante largo nos retiramos para que no acabara.

-Encárgate de las tetillas Toñito-Me ordeno José. Yo no sabía mucho pero me convertí en un bebe y hasta le mordí unas cuantas veces lo que le gusto al cincuentón.

Así estuve un rato turnándome entre las dos tetillas y su pecho lleno de un pelo espeso que me causaba mayor excitación.

-¡Hijo de puta! ¿Qué me estás haciendo? Nadie me había hecho eso, sigue-Decía Teodoro.

Bastante curioso baje la mirada y encontré que José le estaba metiendo los dedos en el culo, esa verga chorreaba liquido preseminal como un volcán y ese macho se estaba revolcando entre los sacos.

-Toñito mámale de nuevo la verga-Ordeno José-Cuando te diga tratas de tragártela toda-Me susurro.

José se levanto, busco un envase con una grasa y se la unto en la verga, levanto las piernas y se fue con su lengua a darle placer anal y aprovechando el descuido, esa verga fue entrando arbitrariamente por ese culo mientras yo tragaba hasta lo que podía.

-¿Qué carajos? Eso no AAAAAAAAAY-Grito el cincuentón-Sácamela maricon.

Trato de quitarme de su verga pero no pudo y con la fuerza de José asumió su destino, su culo también estaba siendo desvirgado esa noche.

Yo no dejaba de masturbarme esta sería la noche más morbosa de mi vida y aprovechando que Teodoro tenia la boca abierta libere su verga y fui por el placer a la mía.

Ese macho cincuentón no sabía en lo que se estaba metiendo y termino desenfrenado recibiendo una verga enorme y chupando como nunca lo había hecho.

José ya había dejado la compasión y el culo de Teodoro recibía esa verga con fuerza, todos sudábamos a litros y el olor a macho inundo la pequeña habitación.

-Los maricones son los que se dejan romper el culo y yo veo que te está gustando bastante-Le dijo José a Teodoro.

Yo me agarraba del cabello de mi mamador para afincarme mucho más y hacerlo tragar hasta el fondo lo que le causaba arcadas pero al rato no daba tanta resistencia.

José empezó a masturbar a Teodoro a toda velocidad y con tremenda verga metida en el culo no pudo soportar más.

Unos chorros de leche espesos y blanquecinos empezaron a llenar la mano de José y el cuerpo de Teodoro.

-Te acabas de correr como las putas macho-Dijo José.

-Nunca imagine que algo así pasaría, que hijos de putas son ustedes-Respondió Teodoro todavía desfalleciendo.

Los tres quedamos echados en los sacos escuchando el sonido de algunos perros y de los animales nocturnos, descansando un poco de la actividad pero José y yo no habíamos terminado. Aunque sentía que habían pasados 5 minutos de todo esto se que llevábamos un buen rato cogiendo.

-Me voy, el jefe puede venir y no encontrarme-Dijo el vigilante-supongo que nada de esto saldrá de aquí porque nos meteríamos en el problemón del año-Hablo con cautela-Todos asentimos.

Quedando los iniciadores de esta noche loca, José volvió a coger el mando. Con ese olor tan característico del sexo entre hombres, la temperatura del lugar y nuestras gotas de sudor corriendo por nuestros cuerpos.

Pegamos nuestros cuerpos y luego de darnos un beso sin limitaciones donde mi boca completa fue recorrida por su lengua sensación que nunca había sentido e imitándole probé su boca también, nuestra excitación se elevo.

Quede de espalda y mordiéndome los hombros clavo su verga en mi culo suavemente hasta el fondo.

-Quieres que te de mas verga ¿verdad?

-Sí, cógeme como tú sabes.

Sacaba su verga dejándome su glande en la puerta y la clavaba completa lentamente lo que me originaba sensaciones que todavía no se describir.

-Ayyy affff

Me mordía la oreja y me besaba el cuello, sentía su sudor corriendo por mi cuerpo lo que me excitaba mucho más.

-Toma carajo, tú querías que te cogiera ahora vas a ver-Me decía al oído.

Sus caderas empezaron a moverse más rápido y con ellos aumento el sonido de la cogida, yo estaba ido de este mundo sentía que iba a botar la leche a cada metida.

-Tócate el culo, ve lo abierto que ya lo tienes-Dijo mi macho retirando su verga-Dale, tócate no te de pena que igual ya te estoy cogiendo-Ahora aguanta porque te lo quiero llenar de leche.

Estaba sorprendido del diámetro que ya había agarrado, nunca pensé que esa verga iba a entrar pero los milagros existen.

-Abre las piernas-Me ordeno.

Yo quede boca arriba con las piernas abiertas y de nuevo metió su verga, esta vez sin pausa. Sentía como entraba completa, hasta que hacia tope adentro.

No sabía que tenía tal flexibilidad cuando empujo mis piernas hacia mi pecho quedando totalmente mi culo a su disposición.

Yo sentía morir de tanto placer y ese macho tenía un aguante, metía su verga como loco y por un rato.

-¡Ay Toñito! Te voy a dar la leche en el culo-Gritaba-Te voy a dejar preñao, toma ¡AAAAAAAAAHHHHHH! AFFF AAFFF AFFFF afff afff aff.

Yo agarre mi verga y empecé a masturbarla como loco, nunca la había tenido tan dura. José seguía en su mete y saca, yo solo pensaba en acabar y les mentiría si tarde. No fueron más de 10 sube y baja cuando mi leche empezó a salir bañándome la cara, pecho y pelvis.

-AAAFFFF mierda.

No recuerdo cuantos chorros fueron, lo que si es que perdí toda mi fuerza y José seguía jugando con su leche en mi culo lo que hacía más extrema mi corrida.

El cayó al lado mío y nos abrazamos, con nuestras respiraciones agitadas y con nuestros cuerpos pasando ese éxtasis que te deja sin energía, ambos estuvimos un largo rato, quedándonos dormidos.

José me despertó y ambos salimos casi que corriendo al rio a lavarnos, ya casi amanecía.

Con el agua fría y de madrugada nos bañamos y despidiéndonos con un beso cada quien agarro por su lado. Lamentando que no pudimos aprovechar mas el tiempo.

Estuvimos hasta las 3 de la mañana en ese establo que guarda tantos recuerdos de mi vida en el campo.

Al día siguiente me levante tarde y hecho trizas pero contento, con el dolor de culo que cargaba no me quedo de otra que fingir que seguía enfermo pero sin arrepentimiento. Mi sueño se había hecho realidad.

FIN

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La hacienda estaba algo lenta ya que los trabajadores estaban enratonados por las fiestas y Doña Laura la abuela de Toñito como todos los días se había despertado a hacer los quehaceres y desde su ventana observo al señor Teodoro caminando algo raro.

-Señor Teodoro, ¿Qué tiene?-Pregunto la Doña preocupada.

-Ay doñita anoche me resbale y me quedo una pierna medio jodida pero ya se me está pasando-Respondió el vigilante.

-Si quiere agarre unas hojas de estas y se las pone donde le duele para que se cure más rápido mijo-Le recomendó la doña.

-Tranquila doñita, no es mucho tampoco.

José que estaba pasando justamente por ese lugar escucho la conversación y una sonrisa salió de sus labios.

Observo al vigilante y con una mirada quedo implícito todo mientras se rascaba una bola.

”De nuestras bocas no saldrá lo que paso anoche o si no te cojo de nuevo y esta vez sin cariñitos”.

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Que bueno que hayas llegado hasta aquí, como siempre agradecido de que hayas leído este relato.

Sé que escribiré más sobre Toñito pero esta temporada de 1 relato por semana acabará dentro de 15 días. Mi próxima publicación será un relato sin continuación pronto colocaré titulo en mi perfil y el otro una gran sorpresa para los que siguen mis trilogías (algunas inconclusas).

Agradecidos por todos aquellos que me escriben al correo, comentan y valoran lo que hago. Yo disfruto cuando escribo y cuando se que a las personas de distintas partes les encanta lo que hago, yo también me he hecho una paja (y recordando) con mis relatos así que los entiendo.

A los lectores que son muy cultos y que valoran con pocas estrellas agradecería que me dieran consejos para cambiar cosas que a lo mejor estoy haciendo mal o los que simplemente los esta carcomiendo la envidia muchos besos y abrazos desde Cumaná ojala que estén cerca para romperles el culo y se les quite lo amargados jaja para que vean que tengo buen corazón.

Las mejores vibras, bye.

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