El hombre que le gustaba verme masturbar

Ya no era una cría cuando conocí a Jorge.

Tenía 29 años cuando acudí a la enésima boda de una de mis amigas. No es que fuese la solterona del grupo, pero después de muchas relaciones cortas e insatisfactorias seguía compuesta y sin novio.

La boda fue una de tantas en las que las amigas de la novia quedabamos sentadas juntas y en la que empezábamos primero a criticar los vestidos de otras invitadas, después seleccionar los chicos que deberían ser solteros de la otra parte y por ultimo a darnos al alcohol.

Cenamos estupendamente y después del vals de los novios fuimos nosotras quien tomamos la pista de baile.

Como es habitual al principio los grupos no se mezclaban, pero después de múltiples viajes a la barra a por copas ibas conociendo poco a poco a gente del otro bando. Yo coincidí pidiendo un ron con un rubio de ojos penetrantes.

Nos sonreímos y yo me quedé paralizada. ¿Cómo no había visto a ese pedazo de hombre en toda la noche?. Me costó articular palabra.

– Hola – le dije

– Hola – contestó mirandome

– ¿del novio o de la novia?

– Sabes que soy del novio, porque no nos conocemos.

– Ah – y se dio la vuelta y se despidió. Me dejó planchada. Menudo tío más borde.

No le volví a ver hasta que la fiesta se empezó a despejar de gente, me lo volví a encontrar en la barra y esta vez fue él rompió el hielo.

– bueno, ¿y como te llamas?

– Roció, ¿y tu?

– Jorge.

– Y bueno Jorge, ¿me vas a volver a dejar con la palabra en la boca?

– Depende como te portes.

– ¿Tu eres siempre tan chulo?

– Hoy me estoy controlando.

– No se nota.

– Bueno, te cuento, en breve mi amigo se va a subir a la suite a metérsela a tu amiga en el coño por lo que hemos pensado que en breve nos vamos a ir unos cuantos a un bar que nos han recomendado aquí al lado.

– ¿No te parece una falta de respeto hacia los novios que nos vayamos de su boda?

– En la situación que van a estar cuando nos vayamos les va a dar si nos vamos o nos quedamos, absolutamente igual.

Nos tomamos un par de rondas más y tal y como dijo los novios se despidieron de todos y subieron a su habitación. Al final nos fuimos más o menos la mitad de los jóvenes. Jorge me invito a ir en su coche, con lo borrachos que íbamos no era exactamente una buena idea, pero ahí nos fuimos.

Jorge se pasó toda la noche conmigo. Nos bebimos el Nilo. La verdad es que no soy muy de follar en las bodas con desconocidos tal y como mis amigas solían hacer, pero Jorge me estaba empapando las bragas y solo una señal suya hubiese hecho que me fuese con él a donde quisiese. Bailamos toda la noche hasta que cerraron y sencillamente ya me veía penetrada por él cuando nos subimos en el coche de vuelta al hotel.

Me acompañó hasta mi habitación pero cuando esperaba que me besase y procediese, me cogió la mano, la besó y se despidió de mi.

Entré frustrada en la habitación, estaba salida como una esquina. Me arranqué la ropa, la dejé en el suelo y me tumbé en la cama abierta de piernas. Me masturbé como una loca hasta que con un ronco sonido de mi garganta anunció que un terrible orgasmo se aproximaba. Gemí mientras me corría.

Cuando bajé a desayunar busqué a Jorge con la mirada, él no estaba, pregunté por él a los invitados del novio que con cara de cansados desayunaban a mi lado. Se había vuelto a Vigo hacia media hora.

Pensé en preguntar por él, pero me pudo mi dignidad. Si no me había querido follar no iba a correr detrás de él.

Pasaron varios meses. Un sábado estando de compras por el centro y mientras veía un escaparate oí una voz.

– me resulta raro verte sin una copa en la mano y con una falda tan corta – miré a un lado y ahí estaba Jorge

– hombre, el desaparecido – le dije mientras le daba dos besos.

– Ja ja, me tuve que ir, tenia que comer con mis padres. Pensé que ni te darías cuenta.

– La verdad es que no – mentí.

A pesar de estar pensando en irme le acompañé a comprar ropa, la verdad es que me encantó poder aconsejarle e incluso entrar en los probadores cada vez que se probaba algo. Se nos pasó la tarde y cuando llegó la hora de cenar me propuso ir a un restaurante que él conocía.

– ¿pero con estas pintas? – dije.

– Metete en el baño y ponte algo de lo que te has comprado.

– Pero no he comprado nada para salir – espera un segundo, y salí corriendo hacia Zara y en 10 minutos salí vestida para matar.

Nos subimos en un dos caballos, si, un dos caballos del año catapum. Por lo visto al señorito le gustaban los coches “de época”. Yo hubiese dicho los coches viejos. La verdad el 2cv tenía gracia, pero hasta ahí. Los asientos son incomodos, hace un frio que pela y no anda nada.

Me llevó a un restaurante francés en Malasaña, desde luego yo era la más arreglada del local. El cabrón me había dejado ponerme mona cuando no hacía falta para el tipo de local al que pensaba llevarme.

Me resultó más encantador que en la boda, era un tipo interesantísimo. Entre la cena, el vino y la conversación nos dieron la una de la noche.

– ¿Y ahora que hacemos?

– Vamos a tomar algo – pidió la cuenta, pagó y nos levantamos.

Nos metimos en una especie de garito donde la música era atronadora. Yo estaba fuera de lugar y él estaba encantado. Bebimos y bebimos hasta que cerraron el local.

– ¿a tu casa? – me dijo cuando nos subimos al dos caballos.

– ¿así?, ¿sin más?

– Ah perdona. ¿A tu casa a hacer marranadas?

– ¿Peeeero? ¿Pero tu que te has pensado que soy?

– La que va a venir conmigo a su casa esta noche a hacer marranadas – la verdad es que estaba deseosa de pasar la noche con él, pero me esperaba algo como que me besase, no sé. Algo mucho más romántico. No dije nada.

Jorge condujo hasta mi casa, aparcamos cerca del portal. No me besó como esperaba en el ascensor. Hice ademán de poner unas copas. Me cogí de la mano y me abriendo las puertas de las habitaciones del pasillo y mirando en ellas, me metió en la mía cuando la localizó.

– desnúdate y túmbate en la cama.

– ¿cómo?

– Que te desnudes y te tumbes en la cama.

– Pero… ¿ni un beso ni nada?

– Tu déjate llevar, desnúdate y ábrete de piernas.

A pesar de las copas me moría de vergüenza, pero aun así podían más conmigo las ganas de tener a este hombre dentro de mi que mi amor propio.

Jorge ni pestañeó mientras me desnudaba. Intenté besarle ya desnuda, pero el me rechazó.

– Túmbate en la cama y abre las piernas.

Me sentía vulnerable allí desnuda y con mi intimidad a la vista de ese chico.

– tócate.

– ¿cómo? – pregunté ofendida.

– Que hagas como el día de la boda, que pongas tu mano en tu potorro y empieces a tocártelo.

– ¿tu que te has pensado que eres?

– Soy a quien llevas deseando desde que coincidimos en la barra de la boda de tu amiga Bea. Tócate el coño.

No lo pude evitar, suspiré y empecé a tocarme el coño poco a poco, le miraba a los ojos y él me miraba a mi. No me di ni cuenta pero empecé a correrme como una loca, no sabía el tiempo que llevaba masturbándome pero me corrí como una autentica loca retorciéndome encima del edredón.

Estaba aun jadeante con la mano y el coño llenos de flujo cuando oí a Jorge hablarme.

– ¿dónde tienes los vibradores?

– ¿perooo, que te has pensado que soy?. No tengo

– Ah, creo que tengo delante desnuda y recién masturbada a la primera mujer en España que no tiene un vibrador guardado en la mesita de noche.

– Pues yo no.

– ¿Lo busco?

– En el primer cajón, debajo de las medias – efectivamente, Jorge abrió la puerta del armario abrió el cajón y sacó mi vibrador rosa y dándose cuenta que no tenía pilas salió de la habitación con él en la mano. Volvió con él encendido, le había quitado las pilas al mando a distancia de la tele. Lo tiró al lado mía.

– Métetelo.

– Métemela tu – le dije con voz aterciopelada.

– Que te lo metas.

– Métemelo tu – me miró fijamente y muy a mi pesar me lo metí. Y digo muy a mi pasar porque me hubiera gustado ser destrozada por aquel maravilloso cuerpo que apoyado en la pared me observaba. Me hubiese dejando sodomizar, se la hubiese comido si él hubiese querido, me hubiese dejado hacer de todo, pero él solo me miraba.

Me masturbe duro, no es que quisiese impresionarle, sino que estaba completamente salida y no me podía controlar a pesar de que me hubiese gustado hacerlo.

Me corrí como una bestia, un orgasmo tremendo invadió mi cuerpo, mis pezones se pusieron en punta y mi piel se erizó. Quedé rendida, abierta de piernas con el vibrador en mi coño y sudada hasta las cejas. Jorge, se apartó de la pared, se dio la vuelta y se fue. Me dejó perpleja, el tío me dejaba en la cama sin follarme. Cuanddo oí la puerta cerrarse casi me pongo a llorar.

Me costó muchísimo dormir, di mil y una vuelta en la cama. Jamás me había pasado algo así, bueno en realidad alguna vez había dejado a tu tío con las ganas, pero nunca me habían dejado así. Me sentía utilizada. Ya era de día cuando logré dormirme.

Desperté con una polla en mi coño. No daba crédito a mi ojos cuando vi a Jorge desnudo que me penetraba con fuerza mientras me tocaba las tetas. Por un momento pensé que estaba soñando, pero aquella polla que taladraba mi coño y era real.

– ¿cómo has entrado en casa? – le dije entre gemidos.

– Me llevé las llaves – me dejó perpleja.

Jorge sacó su polla de mi encharcado coño y poniéndose de rodillas me la metió en la boca. No soy muy de chupar pollas, pero aquella polla la deseaba, y tanto la deseaba que me la metí en la boca y empecé a lamer como si lo fuesen a prohibir.

No sé el tiempo que duró hasta que Jorge sacó su polla de mi boca y me volvió a tumbar. Subió mis piernas sobre sus hombros dejándome a su disposición, me la volvió a meter hasta los cojones, una corriente de placer recorrió mi espalda casi provocándome un orgasmo. Casi me muero de placer. Jorge empezó a penetrarme con fuerza, yo veía como mis tetas se movían al compas de sus embestidas. Me jodió como un loco hasta que ambos nos corrimos juntos quedando muertos y abrazados encima de la cama.

La verdad es que no sabia que pensar pero Jorge me despejó las dudas a base de polvos durante todo el fin de semana. Para ser la primera vez que nos acostábamos no puedo decir que ni uno de los polvos fuesen algo parecido a un desastre, todo lo contrario, a cada polvo la cosa mejoraba y los orgasmos eran más intensos y placenteros. Aquel recordado fin de semana apenas salimos de la cama. Jorge mi hizo masturbarme para el, me comió el coño, me hizo comerle una y mil veces su poderoso apéndice, me penetró en todas las posiciones y finalmente cuando estaba ya pensando en irse me sodomizo por primera vez en mi vida.

El sexo con Jorge era increíble, bueno la vida con Jorge era increíble, pero el sexo era la máximo. Jorge disfrutaba viéndome disfrutar, le encantaba ver como me masturbaba, como disfrutaba de mi cuerpo delante de él, Jorge me contemplaba con devoción para luego tomar mi cuerpo al asalto para verme ver las estrellas orgasmo tras orgasmo.

Nuestro noviazgo fue corto e intenso, para cuando me di cuenta era yo, acompañada del amor de mi vida, quien después de despedirnos abandonábamos nuestra propia boda para ir a cumplir lo que se espera de una pareja en la noche de bodas.

Jorge me introdujo en la habitación en sus brazos tal y como mandan los canones. Llevaba un mes soñando que Jorge me tumbase en la cama se metiese bajo mi falda y me comiese el coño. Parecía que había leído mi mente porque según entramos me lanzó sobre la cama y apartando el tanga metió su cara entre mis piernas. Yo me tocaba los pechos por encima del blanco vestido mientras mi ya marido me comía el coño como a mi me gustaba, esto es con chupadas cortas seguida de lenguazos que recorrían mi coño desde el clítoris hasta mi ano. Me moría del placer.

Para cuando me corrí mis tetas estaban fuera del vestido y del corsé, Jorge apareció fuera de la falda con la cara llena de mi caliente frujo.

– tengo una sorpresa mi amor – me dijo.

– Miedo me das – le dije riendo.

– Haces bien en tener miedo.

Me quité el vestido quedando solo con el corsé que mantenían mis tetas al aire por encima. Mi culo y coño estaban también al aire.

No me había fijado pero la habitación estaba llena de consoladores de ventosas repartidos por la habitación. A pesar de los pocos meses juntos, yo sabía de sobra lo que quería. Miré a mi ya marido y moviendo mi desnudo culo me acerque a uno fijado en la puerta del baño. Me puse a cuatro patas delante del aparato y abriendo mis labios vaginales me empecé a meter el bicho en la vagina con cuidado que no se despejase.

– dale sin miedo, están pegadas con superglue.

– Pero vas a joder la muerta – le dije mientras empujaba la polla de goma hasta el fondo de mi ser.

– Que se jodan, una noche es una noche.

Empecé a mover mi culo metiendo y sacando el consolador de mi cuerpo, pronto empezó a darme un placer increíble. Jorge me miraba sin pestañear yo hubiese matado porque me la metiese en la boca o me tocase mis colgantes tetas, pero a él le gustaba verme disfrutar.

No quise alcanzar el orgasmo, simplemente, me saqué aquello de mi coño y a gatas fui hasta un gran falo pegado en el suelo al lado de la cama. Me puse de cuclillas y poco a poco me empecé a meter el segundo bicho en mi coño. Otro gran placer, Jorge se tocaba la polla por encima del pantalón pero no se la sacaba, ni se la sacaría hasta estar listo para follarme. Me corrí después de más de 15 minutos cabalgando la polla de goma, me pellizqué los pezones mientras saltaba sobre aquel proveedor de placer. Por la cara de Jorge sabía que tenia que probar todos y uno a uno de ellos. Fui metiéndome uno tras otros los consoladores que él había colocado en distintas zonas de la habitación. Se debía de haber gastado una pasta en juguetes, pero estoy seguro que le estaba valiendo la pena. Probé un consolador colocado a los pies de la cama, otro enfrente del espejo de un armario y por ultimo otro enfrente de la tele donde había colocado una cámara de video.

Jorge no permitió que me descabalgase del ultimo juguete, me metió un dedo en el culo y con él dentro me hizo moverme hasta la cama donde a cuatro patas y tras quitar el dedo de mi ano me metió su rabo sin miramientos.

Por mi cabeza pasó la idea de que una no se espera de joven ser sodomizada en su noche de bodas, sonreí y abrí mis nalgas con mis manos para que Jorge pudiese ver mejor donde metía su polla.

Follamos como locos hasta el amanecer y volvimos a follar al despertarnos. No se puede decir que no habíamos cumplido como un matrimonio recién estrenado y para cuando salimos de la habitación a ambos nos temblaban las piernas.

Nunca nos dijeron nada sobre las marcas dejadas por los consoladores cuando los quitamos.

Puedo asegurar que yo Roció Pérez Puga era la mujer más feliz del mundo. Jorge no solo me daba seguridad y amor sino que a nivel sexual me tenía en la gloria bendita. Jorge me follába como un loco en cualquier momento y cualquier lugar. El sexo me gustaba antes de conocerlo, desde luego, pero Jorge me había mostrado una tipo de vida que nunca me hubiera imaginado tener. Me volvía loca por follar con él y me volvía loca aceptar cada una de sus exigencias. Jorge pedía y yo cumplía encantada. Cada semana mi marido me sorprendía con algo nuevo y nunca imaginado por mi.

Ni siquiera cuando ya llevábamos dos años casados podía decir que Jorge había dejado de sorprenderme. Después de ese tiempo seguía mojando las bragas al recibir un sms suyo. Aquel día estaba a punto de salir del trabajo cuando recibí un sms de mi marido. Jorge se había cogido la tarde libre y se había ido a La Guardia a ver aun amigo.

– cariño, tengo ganas de montarte

– hombre, que novedad – bromeé.

– Quiero que vayas a casa te quietes los pantalones y las bragas, te tapes los ojos, te metas un vibrador en el culo y me esperes así a cuatro patas. Yo salgo ahora y te la voy a meter en cuanto llegue.

– Cuidado con el trafico.

– A cuatro patas, en una hora estoy en allí.

Creo que fui dejando un rastro de flujo por el camino a casa, 10 minutos andando, de lo excitada que estaba debía de estar causando estragos en la acera. Ya en casa intenté relajarme. Me puse un poleo, revise las facturas y cuando vi que el tiempo se me echaba encima me preparé. Como siempre que me pedía estas cosas entré en la habitación quitándome la ropa y dejándola tirada en el suelo. Me puse las venda en los ojos, me puse a cuatro patas y poco a poco me metí el rabo de goma en mi curtido ano. Jorge tardaría otros 15 minutos en llegar, me relajé y disfrute de la vibración del aparato en mi culo.

Pasaron 15 minutos, 20 minutos y hasta media hora, el cabrón de él se retrasaba. Mi móvil empezó a sonar pero pasé de cogerlo para que al llegar Jorge no me encontrase como me había pedido. Tuvo que pasar casi una hora y un montón de llamadas hasta que me decidí a contestar a mi móvil.

Mi mundo se me cayó encima cuando me dieron la noticia, Jorge había tenido un accidente de trafico, su coche había caído al mar y aunque se veía perfectamente como la parte de atrás salía, no había rastro de él. No me lo podía creer, no era posible, pero si lo era. Buscaron su cuerpo durante dos semanas, el coche había caído en el Atlantico y ahí las aguas podían llevase el cuerpo hasta dios sabe donde.

La casa se me cayó encima cuando entré después del funeral por su eterno descanso, con 32 años no estaba preparada para ser viuda, no estaba preparada para no volver a verle. Jorge me había dejado con un montón de deudas que yo desconocía, por lo visto debía millones de euros por negocios de los que yo no tenía noticia, me quedé en la calle al estar casados en gananciales. Me dejó en la calle pero yo le seguía amando y le amaría toda la vida.

Me ausenté de mi trabajo durante tres meses, no salí de mi nueva casa en todos aquellos días, estaba completamente deprimida y no encontraba sentido a mi vida.

El volver al trabajo no me ayudo nada, pero debía volver a la normalidad porque Jorge no iba a volver. La verdad es que fueron 2 años del trabajo a casa y de casa al trabajo. Mis amigas insistían en sacarme, pero yo no tenia ni ganas y encontraba una buena razón para hacerlo.

Bea vino un día a visitarme, se había divorciado de Juan, me resultaba incluso gracioso que yo hubiese conocido a Jorge el día de la boda de estos dos.

Como buena recién divorciada Bea no perdonaba ni un fin de semana.

– te tienes que venir Rocío una noche, no he follado más en mi vida. No sabes como son los hombres a estas edades.

– Para conocer a otro estoy yo Bea, compréndelo. Te agradezco la visita, pero permite no te acompañé.

Bea vino a visitarme un montón de veces, la verdad es que me alegraba el día cada vez que venía. Me hacía mucha gracia que me contase como no paraba de ligar y raramente dormía sola los viernes o sabados. Yo jamás había sido así por lo que me chocaba y me hacía gracia a la vez.

Bea finalmente me convenció a salir un día con ella. Me hizo darme la vuelta y cambiarme de ropa, yo me veía ridícula vestida para matar sobre todo cuando no pensaba matar, pero Bea insistió.

Cenamos en un restaurante pequeño donde me hizo reír mucho.

– a ese camarero me lo follé el mes pasado – me contaba como confidencia – un picha corta, la verdad.

– ¿tan corta?

– Decepcionante.

El propio camarero nos invito a una copa en la mesa y me imagino que se llevó una decepción cuando nos despedimos sin preguntarle que iba a hacer después del trabajo.

Pasamos por un par de bares antes de irnos a una discoteca que había conocido Bea un par de meses antes. Para mi sorpresa todo el mundo era de nuestra edad y todos con ganas de ligar con nosotras. Bea se dejaba querer, yo me dedicaba a apartar moscones, Bea se liaba con uno, otro se intentaba liar conmigo. Bea los invitaba a tomar una copa con nosotras en su casa. Mientras Bea se follaba al suyo yo me dedicaba a quitarme de encima al que me tocaba en suerte.

Al principio eran pocas las veces que salía con mi amiga, pero pasado los meses esa historia era una costumbre. Lo fácil hubiese sido abrirme de piernas y dejarme follar por uno de esos chicos amigo de los que se follaba Bea, pero sinceramente no me imaginaba notar otra polla en mi coño, por lo menos no por ahora.

A veces me masturbaba pensando en Jorge, otras veces de los polvos que pude haber echado y que no eché. No me veía siendo follada por uno de esos hombres, pero si embargo me ponía sentirme deseada.

Se lo confesé a Bea y esta me prometió encontrar una solución.

– nos vamos a Brasil.

– ¿cómo?

– Nos vamos a Brasil

– ¿a que?

– A tomar el sol, a tomar caipirinhas y que un mulato te quité las telarañas del coño.

– No seas bruta.

– En serio, te va a venir bien, follamos con hombre jóvenes a los que nunca más vas a volver a ver y cuando volvamos a Vigo, estoy segura que se te habrá acabo la tontería.

– ¿Qué tontería?

– Mira Rocío, Vigo es una ciudad pequeña y la razón que creo que te pasa es que a todos los conoces de vista y los comparas con Jorge.

– No hago eso.

– Veremos.

Salimos del aeropuerto de Madrid un día a las doce de la noche, la cutre de Bea había cogido un vuelo híper económico y híper incomodo. Llegamos molidas. Llegamos al hotel sin dormir pero ni nos lo pensamos, dejamos las maletas y nos bajamos a la piscina. Bea iba fichando entre los clientes y camareros.

Efectivamente esa noche en la discoteca del hotel Bea ya conocía a todo a quien había que conocer, desde los que ponían las copas hasta los que se las tomaban.

De verdad que no daba crédito cuando dos mulatos pasadas las cuatro de la mañana y con la discoteca ya cerrada nos follaban a ambas cada una en su cama individual. Jamás había visto a nadie follar y menos a una amiga, me impresionaba como Bea totalmente desnuda saltaba sobre la impresionante polla de su chico, Bea gemía como si el mundo se fuese a acabar. Una podía pensar que debíamos estar molestando a los vecinos, pero todo el mundo estaba igual en cada habitación, las paredes de papel dejaban poca intimidad a las parejas. Por mi parte me dolió tanto físicamente como moralmente cuando mi mulato me la metió poco a poco. Estos chicos no hacían otra cosa que trabajar por el día y follarse turistas por la noche y sabiendo de las trancas que manejaban tenían mucho cuidado al meterle la polla a una nueva chica, no querían quejas en el hotel por desgarros vaginales.

He de reconocer que el dolor físico rápidamente se cambió a un placer inmenso, el dolor del alma se me pasó en cuanto empecé a excitarme y disfrutar de aquella carne joven y tostada que tanto placer me estaba dando.

Bea se corrió dando gritos y rápidamente hizo parar al suyo, por nada del mundo iba permitir que se corriese.

Se levantó totalmente desnuda, se abrazó al que me bombeaba y mordiéndole la oreja le pidió que cambiase de montura.

El chico ni se lo pensó, yo me quedé a cuadros, sacó su polla de mi coño y apartando a su compañero abrió las piernas de Bea y se la metió hasta el fondo, ella me sonrió. El amigo de mi ex amante como la cosa más natural del mundo, se subió encima mía y me la metió de un solo golpe. Me gustó mucho como entró bruscamente en mi, y mas cuando el tío empezó a darme caña. No fui consciente cuando Bea a cuatro patas se arrastró hasta mi cama quedando de rodillas en el suelo y con sus manos apoyadas en mi cama. El mulato le daba desde detrás y ella no dejaba de gemir. Bea se metió uno de mis pezones en la boca y aunque la intenté parar, ella se adueñó de mi pecho y empezó a lamer mis tetas. Jamás me hubiera imaginado que una mujer me comería las tetas y menos que fuese mi amiga.

Nos corrimos los cuatro a la vez, para ese momento yo también había tocado a mi amiga aun sin ir más allá.

Una vez los chicos se hubieron ido nos dormimos con las típicas bromas muy de Bea.

– Ya lo tengo, me dijo Bea la mañana siguiente después de volver de coger una caipirinha en el bar de la piscina.

– ¿qué tienes reina?

– Que vamos a hacer esta noche

– ¿Y se puede saber que vamos a hacer?

– Los chicos de ayer.

– Que sorpresa – le dije con sorna.

– Calla boba, nos van a llevar a un sitio.

– ¿Y a que sitio es ese?

– A un sitio que te va a gustar.

– ¿No me cuentas?

– Paciencia – me dijo mi amiga guiñándome un ojo.

Pasamos el día en la piscina, comimos, echamos una siesta y volvimos a la piscina. Nos duchamos, nos arreglamos y esperamos que los dos mulatos nos recogiesen. Tenían su tarde libre.

Como era de esperar no tenían coche por lo que tuvimos que coger un taxi.

Nos llevaron a cenar a un restaurante muy cutre, el típico restaurante al que nunca iría un turista, pero estaba claro que esos dos no era la primera vez que llevaban a unas turista por lo que los parroquianos no nos miraban raro.

La cena fue a base de un maravilloso pescado y caipirinha tras caipirihna. Ambas salimos dando tumbos.

– te va a gustar donde te vamos a llevar zorrón – me vacilaba Bea.

– ¿a dónde vamos?

– Ya lo veras.

Fuimos a un par de locales que obviamente no frecuentados por turistas, seguimos dándole a la cachaça en todas su variantes.

Para cuando nos dirigimos al lugar secreto, íbamos todos borrachos como piojos. Es alucinante la diferencia de conocer la parte turística de una ciudad que viajar guiados por nativos. Los mulatos nos decían que allí no iban turistas porque no saldrían muy bien parados pero que nosotras estuviésemos tranquilas porque con ellos nos respetarían.

Personalmente y recordando la follada de la noche anterior me daba un poco igual a donde nos llevaban, yo casi prefería que pasásemos de todo e irnos a fornicar al hotel como el día anterior, pero Joao, el que llevaba la voz cantante insistió en que fuésemos a Depravações, un local que según insistía nos iba a gustar, Romario sonreía, Bea se relamía y yo no sabía porque.

Un taxi nos guió hasta una calle sin iluminar, había bastantes coches aparcados por los alrededores, pero nadie en la puerta.

– chegamos un pouco tarde – dijo Romario.

– No pasa nada – contestó Joao.

Pagué el taxi y bajamos.

Joao llamó a la puerta y en pocos segundos nos abrió un negro de dos por dos. No dijo nada, conocía a los chicos, nos dejó pasar.

Dentro era un contraste total con lo que había fuera, un local lleno de luces, color, espejos y sobre todo gente no solo desnuda sino que follando por todas las esquinas.

– ¿qué coño es esto Bea?

– Un local de desenfrene

– Eso ya lo veo, pero ¿qué coño es?

– Un local de intercambios brasileño y por lo que veo mucho más divertido que los españoles.

– Beeeea – le dije sorprendida,

– ¿qué quieres hija? Una es divorciada y joven y cuando voy a Madrid he ido a estos sitios.

– ¿Y en que se diferencian?

– En España en un lado de se toma copas y en otro se folla, aquí veo que se folla en todos lados. Esto te va a quitar la tontería guapa.

Los dos mulatos iban saludando a unos y otros, a ellos les daban la mano y a ellas largos morreos.

Yo estaba alucinando. Nos acercamos a la barra y pedimos unas caipirinhas. Nos dimos cuenta que a Romario una chica le tocaba el paquete por encima del pantalón, pero este la rechazo, era obvio que a ella se la podía follar cuando quisiese y esta era nuestra noche.

Mi coño se empezó a licuar. Ver a tanta gente a mi alrededor gozando a una le pone, no lo puedo evitar. Allí se veía de todo, desde gordos y gordas en pelotas follando como locos a chicos y chicas con increíbles cuerpos dando rienda suelta a su imaginación. Jamás había visto un trio y en ese momento a mi alrededor había unos cuantos. Desconocidos que follaban con desconocidos, parejas intercambiadas, chicas con chicas, hombres dándose por el culo. Era empezar a contar y no parar

A la segunda ronda Joao y Bea había desaparecido, apuré los posos de mi bebida y cogiendo de la mano a Romario le pedí que me llevase a ver el local que por lo visto era inmenso.

Pedimos unas nuevas copas en otra barra y empezamos a circular de sala en sala, definitivamente quería que Romario me follase en medió de toda esa gente, pero antes lo quería ver todo.

Nos encontramos a la guarra de Bea completamente en pelotas dando botes sobre un rubio de muy buen cuerpo y una apreciable polla y con Joao sodomizandola por detrás mientras le agarraba sus pequeñas tetas. Ella me vio y como pudo me sonrió, no estaba Bea para mucha mueca en aquel momento. Yo tuve una sensación encontrada entre escandalo y envidia, Bea gozaba como una loca y hacía gozar a sus acompañantes que daba gusto verlos.

Seguimos dando vueltas y viendo lo que había. La siguiente vez que vi a Bea se la estaba chupando al rubio mientras Joao se la metía y sacaba de su abierto culo. Necesitaba ser tomada por Romario por lo que empezamos a buscar un hueco entre camas y sofás, me daba igual ser follada al lado de otra gente, pero no me negaba a follar en aquel suelo lleno de mierda como hacían otras parejas y tríos.

No lo pude evitar y empecé a tocarme el coño mientras andábamos cogidos de la mano buscando el ansiado hueco.

En una esquina una chica se masturbaba completamente abierta de piernas y a punto de llegar a un orgasmo, delante suyo y de espaladas a mi, un hombre con una copa en la mano la observaba. Su espalda me resultaba familiar. A pocos metros de ellos una esquina de un sofá quedaba libre. Le pedí a Romario que se sentase y sacase su polla, yo metí mis manos bajo mi minifalda y que quité mis bragas que me metí en el bolsillo. Me quité mi camisa y sujetador y levantando la falda me senté sobre aquella polla parda que entro hasta el fondo de mi ser. Di un respingo al notal el calor de aquel pedazo de carne en mi interior. Aspiré profundamente a apoyada en la rodilla de Romario empecé a moverme como si no hubiese un mañana. Era la primera vez que follaba en publico, bueno la segunda y nadie me hacia ni puto caso.

A nuestra alrededor la gente gemía y gritaba de placer, pero la chica de la esquina daba auténticos berridos, me fijé como de su coño al correrse salió una especie de Geiser que literalmente duchó a mucha gente a su alrededor, a nadie le importó todo el mundo siguió a su faena. El hombre que la contemplaba giró su cabeza y me quedé de piedra cuando vi la cara de Jorge el cual se levantaba para llevarse sus manos a su pretina y empezar a sacar su polla de su pantalón como tantas veces había hecho delante mia.

Me quedé paralizada hasta que empecé a gritar.

CONTINUARA…

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