El Mediterráneo

Los primeros años de matrimonio fueron tiempo de felicidad, me encantaba escuchar el llavín de la puerta, no esperaba más, enseguida me lanzaba a sus brazos,cualquier lugar era bueno, mientras dejaba sus abrigo ,ya le había bajado las cremallera y le frotaba su polla hasta ponerla bien dura, me encantaba ponerme de rodillas y metermela en la boca, saborearla, acariciarla con la lengua, oía su gemido, y en¡seguida sus manos sujetaban mi cabeza. Acabábamos en la cama, o en el salón , incluso a veces no daba tiempo a llegar y toda la descarga caía en mi boca allí mismo. Pero pronto iba cambiar todo, dejó su trabajo y con un socio montó una empresa de exportaciones cuyo destino principal era Rusia. Cada vez pasaba menos tiempo en casa y cuando llegaba siempre estaba cansado, apenas los fines de semana tenía tiempo para hacerme el amor, siempre rutinario como un autómata, casi ni se le ponóia dura. Durante el último había empezado también a viajar, y cada vez pasab más tiempo sola.

Fue en el verano que cumplí los 33, cuando lleno de contento me anunció unas vacaciones en una isla especial del Mediterráneo,

– Ya verás estaremos casi solos, sin prisas, sin que nos moleste nadie, quince día para ti y para mí. Te lo debo, – me dijo mostrándome las reserva

Llegamos en un pequeño avión reservado por el hotel con otros pasajeros con el mismo destino. El Hotel ocupaba la parte norte de la sila y se componía de pequeños bungalows de lujo, un salón, una pequeña cocina, el dormitorio, acceso directo a la playa. El sielncio era total. Ciertamente estábamos solos, nadie podría importunarnos.

Nada más llegar Vístor, me besó apasionadamente.

– ¿ Te gusta?- me preguntó mientras me volvía a besar

Afirmé con la cabeza mientras sentía como su mano se introducía por debajo de mi falda, me acarició las nalgas, al tiempo que deslizaba mis bragas hasta las rodillas, abrí las piernas para dejarle maniobrar, acarició mi sexo, despació, abriéndolo ligeramente, me llevó hasta la cama, y me tumbó. Su lengua recorríar mis muslos, despacio, demorándose, dejando un rastro de saliva húmedo y algo pegajoso, abría las piernas, su lengua lamía suavemente las ingles y se acercaba hasta la vulva, con suavidad primero, luego en grandes lametones fue abriéndo la raja, introduciendo la punta de la lengua hasta subir alrededor del clitorix en lametazos fuertes, cont¡nuos, arqueé mi cuerpo de placer, junto a su lengua empecé a notar sus dedos que se abría paso hasta introducirlos en la vagina, su lengua, los dedos entrando y saliendo, notaba mi respiración acelerándose, sentía unas enormes ganas de gritar, terminé de quitarme el vestido, y el sujetador, mientras él seguía maniobrando, notaba mi boca seca, casi sin poder decir una paabara. Victor, seguía recorriendo mi cuerpo con su lengua, le vi ponerse de pie, su miembro estaba duro, y rojo, me separó las piernas y noté como entraba rozando mi clitorix, en ese momento me corrí o me oriné, no sabría decirlo, él siguió sin parar, entraba salía con tal fuerza que mis tetas bailaban a su ritmo, le oí un pequeño grito, un gemido y noté su descarga bien dentro, aún siguió un poco más. Pensé que después de eso, aquella isla volvería a unirnos.

Los primeros días los pasamos en la habitación cuando no estábamos haciendo el amor, comiamos, o nos bañábamos en la playa. Víctor se mostraba plenamente activo, y con una intensidad que me llenaba de alegría. Después de varios días, nos acercamos una noche al restaurante a cenar, el poder ver a otra gente nos llenó de extrañeza, los hermitaños folladores, dijo Víctor sonriente. Después de cenar fuimos hasta el bar que estab en la playa, había música y la noche era espléndida, desde una mesa una pareja que reconocimos del avión nos hizo una seña amistosa. No me apetecía mucho, pensé que acabarían arruinándonos las vacaciones, pero Víctor , tan social, tan extrovertido, no dejó pasar la oportunidad. Eran simoáticos, ella se llamaba Olga , era holandesa y él se llama Roberto, era argentino pero vivían también en Madrid. Nos pasamos la noche charlando animadamente, ellos, según nos contaron, iban todos los veranos, era la manera de recuparar el tiempo perdido. Los inviernos acaban matando la pasión, dijeron. Quedamos para cenar la noche siguiente.

Cuando volvimos al bungalow, estaba muy excitada, tal vez el alcohol, tal vez la luna inmensa cayendo sobre el mar, la humedad y el calor, frente a Vícto sentado en la cama, me desnudé, hizo un amago de acercarse pero le detuve, no me apetecía todavía. Comencé a recorrer mi cuerpo con mis manos,me acaricié los pechos primero después los estrujé suavemente, pellizqué los pezones hasta que se pusieron duros, me senia tan excitada, el sudor ayudaba a que mis manos se delizasen con suavidad sin problemas, me acaricié el vientre, el ombligo , hsta llegar al sexo, me puse de rodillas, y comenzé a frotarlo con ambas manos, lo notaba húmdo, caliente, mis manos subían y bajaban, excitando mi clitrorix, me separé las nalgas y comencé a frotarme también el orifició del culo. Estaba casi fuera de mí, me acerqué hasta Victor abriendole la cremallera y bajándole lso pantalones, tenía la polla tan dura, me la metí en la boca, mientras no dejaba de fortarme el sexo y el culo, su polla me pareció que crecía aún más dentro de m bocam la tenía caliente, la empaé de saliva, y la chupé con fuerza, dentro, fuera, le noté dejarse caer en la cama, y soltar un gemido, que coincidió con su descarga en mi boca.Casi toda la noche estuvimos follando.

La noche siguiente cenamos con Olga y Roberto, y después fuimos a una pequeña discoteca que estab a un par de kilómetros, eran simpáticos, y enseguida simpatizamos.La noche la pasamos bailando y después, en cuanto nos quedamos solos, Víctor y yo, nos lanzamos otra vez al sexo, cada noche me sentía más excitada.

A la mañana siguiente llegó la mala noticia. El botones del hotel le dio un recado a Víctor, era de susscio algo había fallado y era urgente que viajase a Rusia. Grité, le insulté, le amenacé, todo inútil. Sólo serían unos días después recuperarían los días perdidos. Hizo su maleta y aquella misma mañana se volvió a Madrid.

Pasé el día sola, tomando el sol y bañándome. Estaba realmente enfadada, por un momento pensé en regresar a Madrid, pero aquel sitio era verdaderamente cargado de belleza. Por la noche fui al restaurante del hotel , allí estaban Olga y roberto, les conté lo sucedido, se quedaron contrariados, pero prometieron no dejarme sola, salvo que así lo quisiese yo. Aquella noche fuimos a bailar, nos reimos, y lo pasamos bien. Cada noche cenábamos y saliamos por ahí, eran simpáticos y atentos. Una tarde habíamos quedado para ir a ver el crepúsculo sobre un monte que quedaba un poco alejado. A las seis me aceru´qe hasta su bungalow, me abrió Olga en albornoz,se disculpó por no estar preprados pero se habían quedado dormidos. Olga se fijó en mí, elogió mi vestido, una pieza sencilla, ligera. de algodón en tonos verdes.

– Te queda muy bien- me dijo, haciéndome girar .

Sí, es perfecto, repitió acercándose hasta mí, y apoyando sus manos en mis caderas, te ciñe resaltando tu bonita fihgura, dijo mientras acercándose, juntaba sus labios con los míos en un beso que no esperaba. Me sorprendió, pero no aparté los labios sino al contrario, prolongué aquel beso húmedo, salado cargado de morbo. Noté como su mano se introducía debajo de mi falda. la miré, el albornoz se había abierto y mostraba sus pechos pequeños, duros, con unos pezones marrones muy oscuros. Me quitó el vestido, hasta dejarme desnuda, me acariciaba el sexo, con delicadeza pero firmemente. En un momento vi a Roberto sentado en un sillón observándonos sonriente, llevaba también un albornoz. Olga me llevó hasta él, me puso de rodillas, y siguió masturbándome, me sentía extraña y excitada al mismo tiempo. No decía nada, me dejaba hacer. Roberto se abrió el albotnoz, mostrando su polla ante mi cara. Vamos, me dijo Olga, me agaché un poco e introduje la polla de Roberto en mi boca, estaba fresca y húmeda por la ducha recién tomada, agradecía ese frescor, estaba sudando, excitada . Olga seguía masturbándome, mientras la polla de Roberto entraba y slía de mi boca, así seguí un rato hasta que noté que Olga ya no me tocaba. Mira que belleza, me dijo Roberto levantándome y mostrándome a Olga tumbada en la cama con las piernas abiertas, me llevó hasta ella. Tenía un cuerpo menudo pero firme, nunca me sentí atraida por una mujer hasta aquel momento, me tumbé y desde los pies fui lamiéndola, hasta llegar a su sexo, estaba húmedo y caliente, lo lamí con fruición, la frotba con la mano, y con la lengua . De repente noté la mano de Roberto separándome las pierpas y levantándome la grupa, frotó mi sexo con su mano, y me penetró con fuerza. No pares, me dijo,ese coño tienes que comertelo enterito. Me sorprendió ese tono vulgar, pero aún me excitó más, mis labios y mi lengua se pegaron más al sexo de Olga, largas pasadas por su clitorix, y penetraciones con los dedos. La separé las nalgas y lami ligeramente su culo, ser retorcióde placer. Roberto mientras tanto seguía follándome con fuerza, hasta que un azote en el culo me indicó su descarga. Se salió, y se dejó caer jadeando. Olga me levantó la cabeza, los hombres aguantan menos. Me besó, y dirigió nuevamente mi cabeza a su sexo, apenas un rato después noté como se corría. Me dejé caer a su lado, pasé mi brazo por su cadera y la besé, ella me devolvió el beso apasionado y caliente.

Durante unos días más seguimos con nuestroas visitas. Me encantaba aquel juego especialmente con Olga, aunque Roberto empezó a introducir pequeñas variantes y Olga empezaba a prescindir de él. Pero eso es otra historia, el final de las vacaciones habían llegado. Víctor llegó justo para acompañarme en el regreso, Olga me dio su número de teléfono. Aquella historia seguro que tendría nuevos capítulos en Madrid.

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